Hola a todos ¡¿Cómo han estado?! Espero que bien. Aquí he vuelto con otro capitulo. Espero que no hayan tenido que esperar mucho... (x.x no se ni para que digo esto).

Quería agradecerles los comentarios a Guest, a Solitario196, a Ayame, a Lollyfan23, a Yarelis, a Lizy, a Zar y a magical moza. ¡He tenido muchos comentarios con muchos ánimo! Sin lugar a dudas, son lo mejor.

Aquí se los dejo:


- ¡Luffy! - Alcanzó a decir.

Había quedado estática ante la reacción del morocho. Jamás lo había visto tan furioso, no veía esa mirada desde hacía mucho tiempo. Cuando sus manos comenzaron a reaccionar, se acercó a ambos. El hombre había tomado a Smoker por la camisa y lo había estampado contra la pared del salón. La pelinaranja agarró el brazo de Luffy esperanzo que ante tal acto reaccionara.

- ¿Qué le has hecho? - Preguntó ignorando completamente que tenía a su amiga al lado.

- ¿De qué demonios hablas? - Con el fin de que no le rompiera su ropa, el peligris tomó la tela e hizo fuerza para que dejara de estirarla. Pero no quitó la mirada seria de los ojos del morocho.

- No me ha hecho nada - Se apresuró a afirmar Nami.

¿Qué estaba pasando en aquella casa? Comenzó a sudar frío mientras intentaba asimilar lo que estaba sucediendo. ¿En verdad Luffy había reaccionado de esa manera por una cosa tan simple? Sabía que el morocho tenía temperamento, pero solo si te metías con alguien de sus seres queridos. Si los agredías, insultabas o algo parecido. Pero... ¿Dónde estaba la agresión? ¿Dónde estaba el insulto?

¿Acaso la estaba "protegiendo" de un hombre? Su rostro de sorpresa, cambió. Su ceño se frunció con brusquedad. Él no era su padre, ni su hermano, y mucho menos su novio. Entonces... ¿Por qué estaba teniendo una reacción tan protectora?

- ¡Ya déjalo! - Exclamó mientras la furia comenzaba a trepar por su cuerpo - ¿Qué es lo que te pasa? -

El morocho desvió la mirada hacía su compañera. La contempló por pocos segundos, pero fue suficiente para darse cuenta de que estaba metiendo en embrollo sin causa. Respiró profundamente y soló la prenda del peligris. Éste se acomodó la camisa y se enderezó, era mucho más alto que el morocho y su contextura física era mucho más grande.

- No puedo creer que sigas comportándote de esa manera - Comentó Smoker serio.

- ¿Está todo en orden? - Margaret quien había estado en su cocina, husmeando algún jarabe casero para la resaca, había escuchado los aumentos en el tono de voz de los presentes y había decidido ir a ver que sucedía - ¿Qué ha pasado? -

- Oi, Maggy - El peligris contempló a la rubia - Tendría que haberme ido antes, gracias por la invitación - Luego desvió la mirada hacía la otra mujer - ¿Quieres que te lleve? -

- Yo... - Intentó responder de manera cortes.

- La llevaré yo - El morocho se apresuró a responder y para fortalecer más sus palabras, apoyó su mano en el hombro de la pelinaranja.

- Ya veo - Soltó un suspiro.

El hombre se arrimó a la puerta y la abrió, abandonando aquel departamento en cuestión de minutos. Margaret se acercó dando fuertes pasos, contempló al hombre quien esperaba en elevador y volteó hacía Luffy.

- ¿Qué hiciste? - Colocó los brazos en jarra.

- Él comenzó - Respondió cual niño pequeño cuando intenta culpar a su hermano.

La rubia puso los ojos en blanco y avanzó hasta la puerta.

- Lo acompañaré hasta el estacionamiento, ya vuelvo - Cerró la puerta a sus espaldas.

Pese a que dos de las cuatro personas no se encontraban en el piso, la tensión seguía a flor de piel. Nami volvió en sí en el momento que la puerta se golpeó contra el marco. Desvió la mirada hacía la derecha y notó que la mano del hombre seguía puesta en su hombro. Sacudió su cuerpo con brusquedad y posó sus grandes ojos castaños en él.

- Puedes explicarme ¿Qué fue eso? - Su tono de voz no era, precisamente, dulce.

El morocho desvió la mirada y soltó un gran suspiro. Caminó hasta el sillón más cercano y se dejó caer. Había aguantado correr durante noventa eternos minutos pero no podía soportar una mera conversación como esas, se llevó la mano a la cabeza e intentó ignorar el dolor que latía con fuerza. Cuando sintió la mirada fija de la mujer, posó sus ojos en ella, pero continuó mudo.

- ¿No vas a decir nada? - Nami había aprovechado esos momentos de tranquilidad para terminar de abotonarse la camisa y ganar mucha más seriedad.

- Es complicado - Murmuró.

- ¡¿Complicado?! - No podía creer lo que estaba escuchando - Tu eres el que reaccionó como un loco - Cerró sus puños de la impotencia - Yo no reaccioné así cuando apareciste con tu noviecita en la universidad -

Supo que esas palabras lo dejaron en silencio. Sus ojos se abrieron más de lo que ya estaban y podía sentir como la incomodidad trepaba lentamente por su espalda. Había dado en el clavo, con las palabras justas. Pero no se había sentido mal, ya estaba cansada de ser siempre la que tenía que ver como las cosas sucedían sin poder hacer o decir nada al respecto.

Luffy se puso de pie y se acercó a la mujer lo suficiente. Su mirada estaba reservada y sus labios no cedían ante la presión.

- Tu no sabes nada -

- ¿Nada de qué? - Odiaba cuando se ponía tan misterioso ¿Cuantas vueltas más quería dar?

- Él ha salido con cada una de las modelos que trabaja o trabajó en la revista - Soltó de una vez por todas, cuando vio la cara impactada de su mejor amiga - También intentó invitar a salir a Margaret -

- ¿Qué? - El hecho de que saliera con otra mujeres no le sorprendía. Después de todo era un hombre y estaba en todo su derecho, además parecía ser el típico casanova. Pero invitar a Margaret a salir... Sabiendo que estaba a punto de casarse con el morocho... Respiró profundamente intentando digerir esa información.

- ¿Y eso que tiene que ver conmigo? - Desvió la mirada - Nosotros no estamos saliendo ¿Acaso no puedo ver a otros hombres? -

- No, digo si - Se pasó una mano por la cabeza - Si puedes ver a otros hombres pero ese no es el caso. Me refiero a que quiero que sepas que tipo de persona es -

- Puedo averiguarlo sola, gracias - Fue sarcástica. No necesitaba que él la cuidara. Había aprendido a cuidarse sola hacía mucho tiempo.

Nami se puso de pie. Quería irse lo antes posible. Antes de que la rubia volviera. Pero antes de que pudiera avanzar hacía la puerta, sintió como el morocho la tomaba de la camisa y la arrastraba hacía su asiento.

- ¿Qué demonios haces? - Preguntó frustrada por no poder escapar - ¿Quieres que llame al 911? -

- Dije que te llevaría -

Él también se puso de pie. Caminó hasta la puerta mientras metía la mano en su bolsillo y sacaba las llaves del coche. Estaba cansado, completamente agotado. Se había llevado una desagradable sorpresa en su casa y para peor... Había comenzado una interminable discusión con su mejor amiga. ¿Qué más podía salir mal? Abrió la puerta y le hizo señas para que pasara. Nami avanzó con gusto, pero con el ceño fruncido. Llamó al ascensor y cuando lograron ingresar, un incómodo silencio los invadió. La música era la típica en elevadores, molesta, aburrida y repetitiva. Algo que no ayudaba. Y para peor. Tenían 75 pisos por delante. Luffy alzó la mirada hacía el techo.

- Les pedí que cambien esa música muchas veces -

- Me recuerda a las viejas películas de Hollywood - Añadió para que el silencio no lo hiciera más incómodo.

- Oi, respecto a lo de arriba - Ambos estaban rígido, sin poder contemplarse el uno al otro - No quise decir nada malo -

- Lo sé - Soltó un bufido. Le molestaba que la tratara como una niña - Solo quieres cuidarme -

- Solo quiero que seas feliz - Murmuró y posó sus ojos en el piso.

- ¿Qué te hace pensar que no lo soy? -

Ante esas palabras, el hombre volteó a mirarla. No tenía una respuesta a esa pregunta. Tampoco había querido insinuar eso... El se refería a un futuro lejano. Respiró sin hacer ruido y bajó su mirada. Una vez más, la había cagado.

Por fin el elevador llegó al subsuelo y ambos bajaron. Para cuando arribaron a la playa de estacionamiento, Smoker ya se había ido. Y Margaret posiblemente había subido en uno de los cuatro ascensores disponibles. El morocho caminó hasta su auto de última generación. Con un botón, quitó la alarma y destrabó las puertas. La pelinaranja quedó completamente pasmada. ¿Ese era su vehículo? El coche era rojo, el color favorito del morocho, de dos puertas y cuatro asientos. Modelo 2017. Completamente envidiable. Vio como Luffy se subía y lo siguió a paso lento. En verdad no lo creía. Pensar que la última vez que lo había visto, apenas tenía una simple cuatriciclo que su abuelo le había regalado con mucho esfuerzo. Nami abrió la puerta con sumo cuidado y se sentó en el asiento del acompañante.

- Esto es increíble - Susurró incrédula.

- ¿Verdad? - Sonrió - Lo compre hace unos meses -

- ¿Y tu conduces? - Estaba pasmada. ¿Tantas cosas habían pasado desde que ella se había ido?

- Tuve que hacer el curso unas tres veces - Rió y arrancó el motor.

- Eso no me deja más tranquila - Rápidamente se colocó el cinturón de seguridad - ¿Estás seguro que puedes manejar esto? -

El morocho colocó primera y avanzó a gran velocidad. La mujer se aferró al asiento mientras el auto se elevaba por la abertura de salida. Abandonaron el edificio a gran velocidad y comenzaron a circular por las pobladas calles de la ciudad.

Nami tenía que admitir que había madurado, bastante. ¿Luffy conduciendo? ¿Quién lo hubiera dicho? Contempló por la ventanilla, varios ojos se posaban en el coche, intentando ver quien lo conducía. Ella desvió la mirada e intentó taparse con su cabello. No quería que los vieran juntos, tenía que recordar que el morocho era una persona famosa ahora, y por ende todo el mundo quería saber de su vida privada. No estaba preparada para tener un escándalo.

En el momento que dejaron las calles de la ciudad, para dirigirse a la zona residencial, el joven desaceleró violentamente.

- ¿Pasó algo? - Preguntó sorprendida antes su cambio de actitud.

- Aquí estamos más tranquilos - Sonrió - ¿Quieres ver algo genial? -

Tocó un botón blanco que yacía junto a la radio. Y el techo desapareció. Nami volteó y contempló como la cubierta se doblaba y se guardaba en una pequeña abertura del baúl. El sol iluminó su rostro de estupor.

- ¿Verdad que es genial? - El morocho estaba emocionado.

- Ya lo creo... - Susurró y posó sus ojos en el frente.

Llegaron a la casa de su hermana a los pocos segundos. Estacionó como un rey, no había dudas de que había tenido que ir tres veces a la escuela de manejo. Luffy se desajustó el cinturón y bajó. La pelinaranja hizo lo mismo. Seguía sin poder creer lo que había pasado recién. Mientras caminaba hacia la casa, tuvo que voltear varias veces para convencerse de que no era un sueño. ¡El auto era real!

- Bien, hasta aquí llegamos - Dijo el hombre cuando se encontraron delante de la puerta principal.

- Gracias - No estaba segura si estaba agradecida o enojada.

- Y recuerda, ten cuidado - Su sonrisa se esfumó.

Nami asintió e ingresó en la casa. Había sido una mañana larga, y la cabeza todavía le daba vueltas. Cerró la puerta a sus espaldas y cuando giró hacía el interior de la morada, divisó a la pequeña Anne corriendo hacía ella.

- ¡Tía! - Sonreía la pequeña morocha mientras extendía los brazos.

La mujer se agachó y aceptó el cariño. Era reconfortante. La piel de la pequeña era suave y su cuerpo era demasiado frágil. Al menos ya no era tan delicada como cuando recién había nacido. Para entonces ella estaba terminando otro de sus estudios en el exterior y apenas había tenido tiempo de verla. Habían utilizado las aplicaciones nuevas donde podías realizar una vídeo llamada, pero no era lo mismo. Se arrepentía de no haber podido sostenerla en brazos durante sus primeros meses de vida.

Cuando Anne la soltó, ella se puso de pie. La niña, con toda esa energía, desapareció en la cocina y al parecer les dijo a sus padres que ella había llegado. Su hermana, Nojiko, apareció a los pocos segundos. En su brazo izquierdo sostenía un boul de vidrio con fuerza y con su mano derecha mezclaba crema.

- Nami, ¿Estás bien? - Preguntó al verla con el rostro serio - Anoche te fuiste y no volviste -

- Yo... - No tenía ganas de explicar todo lo que había pasado esa noche - Estuve en lo de Robin - Desvió la mirada y contempló las escaleras - He dormido poco, iré a descansar -

Subió a paso acelerado. No tenía ganas de lidiar con eso. Estaba cansada, con los efectos secundarios del alcohol y completamente pasmada antes la extraña situación que se había dado en la casa de Luffy. Cerró la puerta a sus espaldas y se dejó en la cama. Las cosas habían cambiado demasiado y ahora la confusión volvía a asaltar sus pensamientos. ¿Si comenzaba a salir con ese hombre, haría lo correcto?

(...)

- ¡Nami! ¡Nami! -

Su hermana la sacudió varias veces hasta que la pelinaranja reaccionó. La joven abrió sus ojos y frunció el ceño. Estaba teniendo un hermoso sueño donde se encontraba explorando la Antártida. Se pasó la mano con el rostro para poder despabilarse y se sentó.

- ¿Sucedió algo? - Murmuró.

Nojiko le tiró el periódico del día. Nami la tomó con ambas manos e hizo foco en el título. "La extraña mujer que hace furor en la moda". En la portada estaba ella, en una de las fotos que le habían hecho el día anterior en la sesión de Margaret. Sus ojos se abrieron como platos y no pudo evitar soltar un chillido.

- No me dijiste que te dieron el trabajo - La mujer se sentó junto a su pequeña hermana.

- Lo siento, yo... - ¿Acaso se había olvidado de comentarle a su hermana? - Lo olvidé -

- Margaret acaba de llamar - Le informó con una sonrisa - Quiere que estés en su casa antes de las diez -

La pelinaranja se puso de pie de un salto. ¡¿Antes de las diez?! Contempló el reloj que yacía colgado en la pared. Nueve y media. Maldición. Corrió hacía la valija y comenzó a sacar prendas. Ahora que la rubia era su jefa, no podía ir mal vestida. Pero... Ella no tenía ropa muy femenina. Comenzó a tirar remeras por los aires, pero no encontró nada.

- Nami... - Murmuró Nojiko al verla en ese estado de desesperación - Dijo que no te esmeres mucho, ella te dará ropa -

(...)

Margaret le abrió la puerta con una gran sonrisa en su rostro. Sabía que con el lanzamiento de la revista, la llamarían del canal de televisión más famoso para hacerle una entrevista tanto a ella como a su modelo. Cuando Nami ingresó se quitó el abrigó y lo colgó en el perchero, pese al frío del exterior dentro hacía mucho calor. Casi como si estuvieran en verano.

- Que suerte que llegas - Murmuró la rubia y se sentó en los sillones.

En la pequeña mesa ratona había una tetera, tres tazas y unos cuantos bocadillos de chocolate. La pelinaranja hizo exactamente lo mismo y contempló el paisaje que se abría a través del gran ventanal. Era como estar en Nueva York.

- ¿Quieres té? - Sin siquiera esperar que la mujer le responda, le sirvió una taza.

- Gracias... - Nami tomó la porcelana con sumo cuidado, ni si quiera podía imaginar cuanto había costado ese juego de té.

- Escucha, en una hora tendremos una entrevista en vivo con el canal de moda - Al ver los ojos pasmados de la joven, agregó - El canal de moda y chismes, el canal trece -

- Si, se cual es pero... - Apoyó la taza en la mesa al notar que las manos le temblaban - ¿No crees que es muy pronto? - No sabía si tenía miedo o ansiedad - Me refiero... Apenas salí en una tapa de una revista, nada más -

- Saliste en la tapa de mi revista - La rubia sacó el ejemplar de debajo de la mesa ratona y lo colocó frente a la pelinaranja - La revista más famosa y con mejores críticas del país -

- Lo sé, pero -

- Escucha Nami - El rostro de Margaret se tornó serio - Entiendo tu punto, pero debes comprender que me han llamado por ti - Dio un pequeño sorbo a su té - Es como dice tú, has aparecido en una tapa de una simple revista - La sonrisa volvió a dibujarse en su rostro - Y el mismo día de publicación me han llamado para poder hablar contigo. Jamás me había pasado con una modelo -

La cabeza comenzó a darle vueltas. ¿Fama? No estaba preparada para afrontarla. Ella era una simple científica que había intentado un curso de modelaje. ¿Por qué? Ni ella estaba segura, quizás pensó que sería gracioso, quizás para probarse a sí misma. O quizás porque quería ahorrar algo de dinero en sus vacaciones de la base. Respiró profundamente y posó los ojos en la revista. Ni siquiera se reconocía. La mujer de la portada parecía ser extrovertida, sin temor alguno, dispuesta a tomar riesgos. Y ella... ella era completamente diferentes.

- Iré a buscar algo para que te pongas, termina tu té - La rubia se puso de pie y se alejó hacía la habitación donde guardaba sus diseños.

En el silencio de la casa, Nami pudo escuchar el latido de su corazón. Todavía tenía la oportunidad de salir corriendo, desvió la mirada hacía la puerta y notó que la llave estaba puesta. Correr, tomar su abrigo, abrir la puerta y esperar el maldito ascensor rogando porque llegara antes de que Margaret se de cuenta. ¡¿Pero qué estaba pensando?! Ella podía irse cuando quisiera. Era una mujer libre, adulta y soberana. Estaba en su derecho decir no. ¿Entonces por qué no lo hacía...? Dio un sorbo al té. Era de limón, algo no muy placentero para sus papilas gustativas.

- ¿Nami? -

Al oír su nombre, volteó con brusquedad. Tal y como esperaba, era Luffy. Pero nunca pensó que lo vería así. Sus mejillas se pigmentaron y desvió la mirada de manera incómoda. El joven había salido de darse una larga ducha, el vapor que salía del baño lo delataba. Al parecer, no se había vestido todavía puesto que llevaba un toallón envolviendo su cadera y una pequeña toalla sobre sus cortos cabellos.

- Luffy, creí que entrenarías - Murmuró para dispar la tensión del ambiente.

- Acabo de volver, nos dan un par de días libres - Sonrió y al notar la comida sobre la mesa agregó - ¿Son de chocolate? -

La mujer posó los ojos en la mesa y notó los bocadillos.

- Si ¿Quieres uno? -

Estiró su brazo y agarró uno con sumo cuidado, la idea era simple. Darle el bocadillo y que se alejara. Al menos que se pudiera ropa interior. No pedía nada más. Pero cuando sus dedos sintieron la humedad del chocolate, su cuerpo notó como el almohadón en el que se encontraba, se inclinaba hacía la derecha. Su cuerpo se tambaleó hacía ese mismo lado y contra su brazo sintió la humedad del cuerpo del morocho.

Automáticamente y sin pensarlo mucho, se tiró hacía el otro lado. Ahora, su hombro también estaba mojado.

- ¿Qué demonios haces? - Preguntó mientras fruncía el ceño.

En sus dedos, seguía incrustado el bocadillo. De hecho, no se le había caído al suelo de milagro.

- Vine a desayunar - Sonrió y se frotó la toalla por los cabellos para luego dejarla caer al suelo.

- ¿Qué te parece esto? - La rubia apareció con una sonrisa en sus labios.

Había traído un vestido corto rosa, con unos zapatos violetas y cartera haciendo juego. Parecía entusiasmada, al parecer era otro de sus diseños.

- ¿No crees que hace un poco de frío para eso? - Susurró algo pasmada.

- Es lindo - Acotó el morocho con varios bocadillos en la boca.

- Mmm... Tienes razón, iré por algo más de estación - La rubia desapareció detrás de las paredes.

Todo eso se estaba volviendo más y más raro. ¿Cómo demonios había terminado en esa situación?

- Oi... - La voz de Luffy la sacó de sus pensamientos - ¿Vas a comer eso? -

El morocho señaló el bocadillo que todavía tenía en su poder. La pelinaranja se había olvidado por completo y el chocolate había comenzado a derretirse.

- Maldición - Soltó al ver que su mano se embarraba en cacao - No, no voy a comerlo... -

La mujer estiró su brazo nuevamente, esta vez con la intención de que el morocho tomara el dulce y se lo quitara de una vez por todas. Pero para sorpresa de la pelinaranja, el joven no lo tomó, él simplemente lo comió de su mano. Al sentir la humedad de su boca en los dedos, dio un salto hacía atrás.

- ¡¿Qué demonios te pasa?! - Exclamó y rápidamente tomó una servilleta para poder limpiarse.

- ¿Mh? - Preguntó mientras masticaba el último bocadillo.

- Dios... - Suspiró y desvió la mirada.

- ¿Y esto? -

La rubia volvió a aparecer con otro conjunto. Esta vez era un vaquero ajustado con una remera marrón, cuyo escote era prominente. La rubia sacó de una caja un par de botas castañas para hacer juego con todo el estilo.

- Eso también es lindo - Comentó el morocho con la boca llena.

- ¿Crees que le quede bien? - Preguntó mientras contemplaba a la pelinaranja, examinándola.

- Claro que le quedará bien - El joven se puso de pie y comenzó a caminar hacía su habitación - Si es hermosa -

La pelinaranja quedó muda. ¡¿Qué es lo que acaba de decir?! El hombre simplemente se retiró a sus aposentos. Y a sus espaldas dejó el silencio incómodo que inundó a las dos mujeres. Nami bajó la mirada y notó que la rubia pegaba media vueltas y volvía a su estudio.

- Iré por una cartera - Murmuró - Puedes ir vistiéndote -

¿Acaso estaba de bromas? ¿Cómo tenía el coraje de decir semejante cosa delante de la que era su novia? Tomó la ropa que Margaret había dejado en el sillón y caminó con paso decidido hacía la habitación del hombre, abrió la puerta y con brusquedad y lo encontró sentado en la cama. El morocho ya se había colocado los vaqueros y estaba amarrando los cordones de sus zapatillas. Al notarla, la contempló confundido,

- El baño está por allá - Señaló hacía la puerta continua.

- ¿Cómo puedes decir eso delante de ella? - El enojo trepaba por su espalda - Es tu novia ¿O no? -

- ¿A qué viene eso? - Se puso de pie y la admiró pasmado.

- Se supone que si tienes una novia, no puedes decirle a otra mujer que es... - Sus mejillas se tornaron más rosadas.

- ¿Hermosa? - Tomó la remera que había dejado sobre la cama y se la colocó - Es un adjetivo exclamativo -

- Calificativo - Lo corrigió. ¿Cómo demonios había ingresado en la Universidad?

- No significa nada - Al oír esas palabras, la pelinaranja dejó escapar todo el aire que había contenido en sus pulmones.

Sus brazos se aflojaron y sus ojos se desviaron avergonzada. Decirle a una mujer hermosa delante de su novia, era casi tan doloroso como decirle a una mujer hermosa y luego afirmar que no significaba nada.

- Además - Continuó - Suelo decirle otras cosas -

Automáticamente, la mujer puso lo ojos en blanco. Hacía años había escapado de ese juego. Ese juego de idas y venidas, ese maldito juego que tanto la enloquecía.

- Has lo que quieras -

Pegó media vuelta e ingresó baño. El vapor invadió sus pulmones en el momento que cerró la puerta a sus espaldas. ¿Cómo podía volver a caer tan bajo? Estaba muy molesta. Cuando era más chica solía tomarse todo muy a pecho y recordaba, más de una vez, haber terminado llorando. Ahora con sus 26 años, no tenía más ganas de llorar. Se quitó su vieja remera de algodón y se colocó la que la rubia le entregó. Olía a flores, tal y como ella. También se quitó los vaqueros para ponerse unos más nuevos y modernos. Y sus desgastados zapatos, los cambió por unos tacones bastante altos. Se contempló al espejo por unos segundos. Con ese estilo podría atraer la mirada de cualquiera... Entonces... ¿Por qué le importaba tanto lo que Luffy le decía?

Respiró profundamente y abandonó ese refugio. Caminó hasta el sillón y se sentó a esperar.

- Estas perfecta - La sonrisa de la diseñadora le reconfortó - Te he traído un bolso y un abrigo -

- Gracias - Murmuró apenada.

- Te haré un peinado rápido y luego te haré un maquillaje sencillo -

Le amarró el cabello en una alta coleta sencilla. Era un estilo elegante pero informal a la vez que hacía resaltar sus mejillas. Sus párpados fueron delineados con una delgada capa de pintura y sus labios pintados de un rosa opaco. Si, no había dudas de que tendría la atención de cualquiera. Bajó la mirada cuando notó que la puerta de la habitación se volvía a abrir.

- Oi, Lu. Ya nos vamos - La comentó la rubia. Ella también se había producido.

- Bien, buena suerte -

No hacía falta voltear a ver para saber que el hombre había caminado hacía ella y le había dado un pequeño beso en los labios. Simplemente, prefirió ignorar el hecho. La pelinaranja respiró dos veces y volteó con brusquedad, clavó sus ojos en el hombre y agregó:

- Muchas gracias -

Dio pasos firmes hasta la puerta de salida y cuando por fin se cerró, soltó todo el aire contenido como si de un globo se tratase.

(...)

La gente había quedado fascinada y de hecho, ella también. Jamás se imagino hablando en público de esa manera, con cientos de espectadores contemplándola y realizandole preguntas vía Twitter. La confianza que había tomado antes de abandonar el departamento la había ayudado a enfrentarse a las masas televisivas. Y según Margaret, lo había hecho bastante bien.

El vehículo que las había trasladado a set de grabación, las devolvió al gran edificio. Una vez allí, la pelinaranja se quitó los zapatos y masajeó sus doloridos pies.

- En verdad has estado fabulosa - Sonrió la rubia - Todavía no puedo creer que en tu primera entrevista, así improvisada, hayas hablado tanto -

- Yo tampoco lo creo - Al divisar sus prendas, se puso de pie - Iré a cambiarme -

Desde que había vuelto, no había rastros de Luffy. Y a decir verdad, prefería escapar antes de que lo viera. Ingresó al baño y rápidamente se cambió.

- Bueno, me voy - Comentó y rápidamente tomó su abrigo - Tengo un par de cosas que hacer y... -

- Te llevo -

Su rostro palideció. Había estado tan cerca, tan cerca de la puerta que se maldijo por quedarse contemplando el extraño jabón en forma de elefante que había en el baño. Si hubiese sido más ágil, más rápida y menos influenciable, ya estaría bajando por el ascensor a toda velocidad. Al voltear, lo encontró todo mojado.

- Solo dame un momento - Murmuró con una sonrisa.

- ¿Te caíste a la piscina? - Preguntó mientras arqueaba una ceja.

- No, solo me tiré a nadar - Comentó confundido.

- ¿Con remera...? -

- Hace frío - Se justificó.

Respiró profundamente y desvió la mirada. Todo lo que había creído sobre la madurez del morocho, se desvanecía poco a poco. Ahora entendía porque ninguno de sus amigos había destacado ese cambio en él. Parecía más maduro pero en el fondo, seguía siendo el mismo mocoso de siempre. La pelinaranja alzó la mirada y contempló el gran balcón. Se acercó varios pasos y apoyó las manos en el ventanal. Estaba nevando otra vez. Frunció el ceño y notó como los techos de los edificios se tornaban blancos. Era algo hermoso... Oh... Pero hermoso no significaba nada, se dijo a sí misma.

- Listo -

El morocho apareció en el pasillo terminando de abrocharse los vaqueros. Se acercó a la mesa y tomó sus llaves.

- Recuerda mañana ser puntual, la sesión de fotos será espectacular. Ya verás -

(...)

Nadie le había dicho que la próxima sesión era sobre ropa interior. Según Margaret ahora que las navidades se acercaban, eso motivaba a muchas mujeres a comprar ropa interior para seducir a sus hombres. Y gracias a ello, ella tenía que modelar ropa interior extremadamente delgada, roja y con un sombrero de Santa en la cabeza. Soltó un gran suspiro cuando se encontró delante del espejo. No podía creer que estaba a momentos de que medio set la viera en ese estado. Es solo una foto, es un trabajo, es solo una foto, se repetía una y otra vez.

Por fin tomó coraje y abandonó el camarín. Tomó aire y caminó con los altos tocones entre la gente que iba a venía.

- La musa se convirtió en Diosa -

Se giró rápidamente. Al divisar a Smoker soltó una sonrisa. Él también yacía vestido para una sesión fotográfica, también con ropa interior roja. Al parecer no era única que se encontraba en ese estado de vulnerabilidad, pero al hombre parecía no importarle mucho. Suponía que estaba acostumbrado.

- Lamento lo de del otro día, y por cierto brillaste en la entrevista - Añadió.

- Gracias - Alzó su mirada y lo contempló a los ojos - Y sobre el otro día... -

- Escucha, estoy seguro de que Luffy te contó varias cosas - Se cruzó de brazos y soltó un gran suspiro - Solo espero que no tomes la palabra al pie de la letra -

- No voy a juzgarte por lo que me dijo alguien, ni siquiera te conozco - Comentó mientras analizaba la expresión de su rostro - Además no importa lo que haces con tu vida -

- ¿Alguna vez te dije que me gustan las chicas así? - Sonrió - ¿Por qué no vamos a tomar algo luego de esto? Yo invito -

Contempló el escenario que habían montado los expertos mientras ella se vestía, pero no pudo evitar pensar el la oferta. Una mueca de satisfacción apareció en su rostro.

- Acepto. Te veo después -

Caminó hacía el fotógrafo y entró el escena. Había algo en su interior que, cuando la hacía entrar en confianza, se transformaba en una mujer diferente. Posó para varias fotos mientras su mente pensaba en otra cosa. Finalmente había aceptado una cita con ese misterioso hombre, pero lo que más le gustaría era poder ver la cara del morocho cuando se enterara.

- Hoy estás más feliz de lo normal - Comentó Margaret mientras se acercaba a retocarle el maquillaje - ¿Sucedió algo? - El notar que la pelinaranja negaba con el rostro, continuó - Bien, pasa Smoker -

Su rostro cambió totalmente. Su sonrisa se esfumó y quedó boquiabierta. ¿Qué? ¿Se suponía que tendría que sacarse fotos con él? Comenzó a sentir el rubor trepar por su espalda y, si no existiera su sentido de la cordura, hubiera salido corriendo en ese mismo momento. El hombre caminó hasta ella y estiró su mano, la mujer la aceptó luego de contemplarlo por unos segundos.

- Tranquila, solo serán una fotos - Le apretó la mano con cuidado.

Se intentó calmar. Caminaron hasta un pequeño escenario de madera que habían colocado mientras retocaban su estilo. El peligris pasó una mano por su cadera y la atrajo a su cuerpo. Al sentir la firmeza de su cuerpo, se sintió completamente avergonzada. Eso no estaba dentro de los planes. Le tomaron un par de fotografías con mucha iluminación colorida, todo representando la navidad. Incluso tiraron copos de nieve artificiales para aparentar que se encontraban en una paisaje nevado. Pero el hervor de su sangre llegó a su punto máximo cuando tomaron la segunda fotografía. El hombre se sentó sobre una mesa que simulaba ser el trineo del hombre más esperado por los niños, y ella tuvo que colocarse en sima.

En ese momento las voces de los presentes desaparecieron y cuando lo miró a los ojos, tuvo que apretar la mandíbula. No estaba hecha para eso. El fotógrafo les dijo que miraran a la cámara, y así lo hicieron. Fue entonces cuando notó que la rubia comenzaba a hablar con tono serio a su compañera. Comenzó a mirar hacía atrás y pese a que Nami también quería saber que pasaba, no pudo dado a los grandes focos de luz que apuntaban a su rostro. Notó que los presentes se disipaban y que solo quedaban unos pocos a su alrededor.

- ¿Ha pasado algo? - Preguntó Smoker cuando por fin fueron liberados.

- Nami - Una de las tantas mujeres que frecuentaban el estudio le tendió otra prenda - Ponte esto, haremos unas fotos más -

- Claro... - Murmuró confundida mientras tomaba el nuevo conjunto y contemplaba como la chica desaparecía entre las personas - ¿Ha sucedido algo? -

- Iré a averiguar - Le dio un pequeño beso en la sien - Tu ve a vestirte -

Cuando lo vio alejarse, se llevó la mano a su rostro. Tocó el exacto punto donde el hombre le había besado y sintió como el calor trepaba por su rostro. Apretó la prenda con fuerza y se retiró a su vestuario. No cabía duda que algo estaba pasando. Incluso Smoker lo notó y eso que estaba allí hacía años. Cerró la puerta a sus espaldas y se quitó el sostén, el nuevo era mucho más delicado. De encaje y escotado. Y las bragas no solo eran más transparentes, también más delgadas. Soltó un bufido, algo perturbada. ¿En serio iba a salir en una revista con ese atuendo? Ya podía imaginarse la expresión de su hermana, incluso de sus amigas. O peor... Dentro de diez años sus sobrinos verían a su tía como una especie de pervertida.

Se contempló en el espejo fijamente. Pensar que de pasar a ser una mujer normal, ahora era un icono de la moda... ¿Estaba haciendo lo correcto con su imagen?

Alguien tocó la puerta y la sacó de sus pensamientos.

- ¿Estás lista? - Era la voz de Margaret.

Nami abrió la puerta y la contempló algo preocupada.

- ¿Ha pasado algo? -

- No, tu tranquila - Emanó una gran sonrisa que le transmitió confianza - Tendrás otra sesión doble -

- Bien... -

Sin lugar a dudas la sonrisa de la rubia la había tranquilizado. Y mientras se dirigían al ser no pudo evitar pensar como aquella mujer que hacía ocho años era su enemiga, se había transformado en una compañera sincera. Volvió a las cámaras con algo de espanto. ¿Qué tendría que hacer ahora? Desvió la mirada y entre la muchedumbre, contempló a Smoker. Vestido y listo para abandonar el lugar.

- Margaret ¿Qué hace Smoker así? - Preguntó curiosa - Creí que dijiste sesión doble -

- Si, pero no con él - La mujer volteó - Espera aquí un momento -

Una vez más, desapareció. ¡¿Nadie le podía decir que estaba pasando?! Si no estaban dispuestos a decírselo, lo averiguaría por sus propios medios. Frunció el ceño y avanzó a gran velocidad para poder alcanzar al peligros. Antes de que el hombre abandonara la habitación, lo tomó de la mano y lo obligó a voltear.

- ¿A dónde vas? - Posó sus pardos ojos en él.

- Iré a fumar un cigarro, tranquila, no me he olvidado de nuestra cita - De hecho ya tenía el cigarro en la boca, solo faltaba encenderlo.

- Pero creí que tendríamos otra sesión - Murmuró algo perdida.

- No - Soltó un suspiro - Tienen a alguien que vende más -

- ¿Alguien que vende más? -Repitió desconcertada.

- ¡Oi, Nami! - La voz de Margaret captó su atención.

- Vamos, ya está listo - El hombre jaló de su brazo para poder soltarse y se alejó dando un paso lento y desganado.

La pelinaranja lo vio meter la mano en su bolsillo y sacar el encendedor. Una vez que traspasó el umbral, no lo vio más. Fue entonces cuando se decidió a volver, volteó y caminó hasta la rubia.

- ¿Estás lista? - La mujer acomodó sus anaranjados cabellos.

- Supongo que sí - Susurró desconfiada.

- Anda, sube -

Nami contempló el escenario. Su rostro palideció y su corazón comenzó a latir con fuerza. Incluso tuvo la impresión de que se iba a desmayar en cualquier momento. El hombre con el que se sacaría las fotos, era nada más que su amigo Luffy. Y lo peor era que él también yacía en ropa interior. ROPA INTERIOR ROJA. De hecho... esos boxers eran mucho más pequeños de los que había modelado Smoker. Respiró profundamente al notar que el resto de las personas lo contemplaban. Y con las piernas temblorosas comenzó a subir los pequeños escalones.

No. Eso no podía estar pasando. Tenía que ser un chiste, uno de muy mal gusto.

Cuando el morocho volteó, la mujer pudo divisar su rostro. Él estaba igual de perplejo que ella. Al parecer la idea tampoco le gustaba, pero cuando notó su presencia, esos grandes ojos negros se posaron en ella de manera atenta. Supo que la estaba examinando porque sus pupilas iban y venían por todo su cuerpo.

Se mordió la lengua. Luego de las fotos, lo golpearía y muy fuerte.


Bueno hasta aquí hemos llegado hoy. Espero que les haya gustado. Voy a esperar ansiosa sus comentario sobre el capítulo de hoy.

¡Prometo no tardarme tanto en la próxima!

¡Nos leemos pronto!