Hola a todos. Aquí he vuelto. Sé que me he tomado mi tiempo, he estado con finales y estoy intentando tomarme las cosas con calma para no colapsar x.x

Quería agradecerles los comentarios a Monkey D Rodriguez, a Guest, a Guest 2 (xD), a Solitario196, a Melissa y a Guest 3 (?)


La noche del viernes llegó más rápido de los que esperó. Nami yacía de pie al gran espejo que su hermana le había prestado para terminar de prepararse. El vestido era largo y negro, se amoldaba a su cuerpo como si fuera parte de su piel. Era uno de los diseños exclusivos de Margaret, después de todo, ¿Qué mejor que mostrar sus diseños exclusivos con sus modelos exclusivas?. La tarde del día anterior, la pelinaranja había visitado la casa de la mujer para elegir uno de los nueve modelos que había hecho para esa noche. Incluso le había proporcionado joyas doradas y zapatos negros que combinaban con la tela de la prenda. Con ese corte, hazte un peinado recogido. Y lo había tomado en consideración. No estaba equivocada, le había dado al clavo. Pero no se extrañaba, era la diseñadora más codiciada del país.

Cuando terminó de aplicar el maquillaje, desvió la mirada hacía su cama. La invitación a la boda de Law y Bonney finalmente había llegado. 24 horas antes del evento, aunque... lo curioso era que la hubiesen mandado. Cuando esa tarde la invitaron a la ceremonia, simplemente creyó que era muestra de amabilidad. Pero semanas después, tenía la tarjeta en su poder. Meditaría si sería una buena opción ir, pero en ese momento sus nervios pasaban por otra cosa. La maldita fiesta. Puso los ojos en blanco y se contempló en el espejo.

Habrían miles de periodistas, celebridades y cámaras. ¿Cómo se suponía que tenía que reaccionar a eso? Respiró profundamente y tomo su bolso en forma de sobre donde no entraba más de lo necesario. Respiró profundamente y se dignó a abandonar sus aposentos. Bajó las escaleras lentamente, no quería torcerse un tobillo mientras rodaba hacía abajo. Se aferró a la baranda de madera con fuerza y bajó confiada.

- Luces hermosa - Su hermana la recibió con una sonrisa - Vas a destacar -

- No estaría siendo la idea - Bufó y desvió la mirada hacía la ventanilla de la puerta.

- Si no quieres ir, no tienes porque hacerlo - Nojiko descolgó el pequeño abrigo oscuro y se lo acomodó en sus hombros.

- Wow... - Ace apareció en el umbral de salón - No cabe duda que te has convertido en una mujer - Se acercó sonriendo - Recuerdo cuando eras una niña -

- Han pasado años - Suspiró, demasiados años, demasiado rápido.

Una bocina los alertó. La hermana mayor soltó una gran sonrisa.

- ¿Estás lista? -

La menor no respondió, se dignó a sonreír. Respiró profundamente y abrió la puerta con recelo. Cuando el peligris apareció frente a ella, quedó estática. El traje también había sido diseñado por la rubia. Aquella corbata gris con detalles plateados había sido diseñada por Margaret hacía varios días.

- Imaginaba que estarías hermosa, pero no pensé que sería posible superar mi mente - Murmuró sin quitarle la mirada.

La pelinaranja desvió la mirada nerviosa.

- Soy Smoker - El hombre le tendió la mano a la pareja que lo contemplaba con curiosidad.

- Es un placer - La mujer sonrió - Soy Nojiko, le hermana mayor de Nami -

- Lo sé - Soltó una pequeña mueca de simpatía, luego volteó la mirada hacía el hombre - Y tu eres el hermano de Luffy -

- Así es - El morocho lo contemplaba con el ceño fruncido.

- Bueno... - Smoker volteó hacía Nami - ¿Vamos? -

El paisaje nevado era mágico, las casa tenían todos sus techos cubiertos por un manto blanco, las luces navideñas lograban generar una imagen de cuento de hadas. En vehículo avanzó sin detenerse hasta llegar a una esquina desierta. Fue entonces cuando la pelinaranja se percató de que había estado todo el viaje dándole vueltas al asunto de la fiesta.

- ¿Estás bien? - El peligris la contempló fijamente.

- Yo... Estoy nerviosa - Soltó sin siquiera mirarlo, sus ojos estaba posados en la claridad de la nieve.

Smoker estiró su mano y acarició su suave tes con cuidado. Podía notar la tensión en sus mejillas, ni siquiera sonreía.

- Todo va a estar bien - Al ver que la joven no respondía, añadió - Escucha, tengo el tanque de gasolina lleno, si quieres podemos no ir a la fiesta e irnos muy lejos -

Ante esas palabras, sus ojos se posaron en el hombre.

- A donde tu quieras, a las montañas, a la playa, al bosque - Bajó su mano por el brazo de la pelinaranja y apretó su muñeca con suavidad - Solo tienes que pedírmelo -

Depositó su mirada en los fuertes brazos del hombre y desvió sus ojos hacía el exterior del vehículo. Quizás tenía razón, quizás lo mejor era irse de allí de una vez por todas. Sin embargo... Recordó todo lo que Margaret había hecho por ella. Esa noche era muy especial para la rubia y para ella también, tomó aire y dijo:

- Quiero ir -

- Bien - El peligris encendió el vehículo y continuó con el camino - Pero antes iremos a tomar un trago para apaciguar la ansiedad -

(...)

Luffy se pasó la mano por el cabello, estaba algo agotado y no tenía ganas de estar allí. Lo único bueno era que hacía pocos segundos habían comenzado a pasearse los camareros con las bandejas de comida. Ya había encontrado los puntos clave en el recorrido de los empleados y se había dedicado a vaguear en busca de más comida. Sin embargo, hacía pocos segundos Margaret lo había tomado de la mano y lo había arrastrado hacía los periodistas que ansiaban hablar con ellos. Miles de preguntas, preguntas personales, preguntas profesionales. Cosas de las que siquiera no se acordaba, o simplemente no quería hablar.

- ¿Y cuándo van a casarse? - Preguntó un hombre de lentes y cabello gris.

- Bueno... - La incomodidad de la rubia se hizo notar - No lo sabemos aún -

- Pero están prometidos hace tiempo - Acotó una mujer que iba vestida igual de llamativa que los invitados de la fiesta - ¿O lo están posponiendo por algo en particular? -

- Simplemente queremos no tomarlo a la ligera - Sonrió nerviosa.

- ¿Y que hay de tener hijo? - Insinuó otro mientras apuntaba con el micrófono al vientre de la mujer.

- Nosotros... -

Inesperadamente, todos comenzaron a voltear. A las exclamaciones y los murmullos, le siguieron las cámaras fotográficas y el amontonamiento de periodistas. La rubia alzó la mirada para poder ver que era lo que estaba pasando, pero cuando divisó al peligris y a la pelinaranja, sonrió.

Ambos ingresaron como dos super estrellas de Hollywood, tal y como si nada importara. El calor los envolvió junto con las luces de las cámaras.

Luffy la contempló fijamente y casi pudo entrever aquella escena en la playa, hacía doce años. Jamás se iba a olvidar de eso, era imposible para un hombre negar esos recuerdos. Un viento cálido soplaba desde el océano, el sonido de las olas yendo y viniendo hacía el interior del mar era lo único que se escuchaba, las luces provenientes de los locales frente a la costa era la única luz. Y él... luego de arruinarlo, por primera vez, había salido a buscarla. Recordó que fue la intuición la que lo guió hacía aquella playa. Y fue la misma intuición la que lo llevó a encontrarla en tanta oscuridad. ¿Me amas? Había susurrado con la expresión pasmada. Eran muy chicos y él era muy idiota. Jamás creyó que unas palabras tan simples podían afectar tanto a una persona, lo había aprendido con golpes y tropezones.

Y aunque los años habían pasado, desvió la mirada hacía Margaret, tampoco había sido consciente de las cosas.

Cuando notó que sus ojos y los de la pelinaranja se entrecruzaron, tuvo la necesidad de avanzar hacía ella pero la mano que la rubia sostenía fue suficiente para quedar en su lugar.

- ¿Qué es lo que te pasa? - Preguntó la mujer al notar que el morocho no se encontraba de todo consciente.

Pero el no respondió, simplemente se dedicó a guardar silencio mientras observaba a todos los interlocutores preguntando cosas a los recién llegados.

- ¿Entonces están saliendo? - Preguntó la misma mujer que había insinuado lo de los niños.

- Pues... - Smoker se rascó la nuca - Es complicado -

- No estamos saliendo - Afirmó la mujer dando un paso al frente.

- Pero no descartan la posibilidad ¿Verdad? - Otra voz se hizo oír.

- Claro que no - El hombre tomó la mano de la mujer con fuerza - Esas posibilidades nunca se descartan -

Nami sintió la incomodidad del momento al notar que las fotos que se publicarían el lunes serían sobre su supuesto romance, se fundamentarían en que iban tomados de la mano. Respiró lentamente y comenzó a empujar al hombre fuera del circulo de aquellos periodistas, quería ingresar a la parte de atrás del salón donde la exclusividad solo le permitía a periodistas discretos aparecerse.

Cuando por fin Smoker entendió la indirecta, avanzaron hacía las pequeñas escalera y luego de dar sus nombres, se les permitió la entrada. El salón era enorme y lujoso, jamás creyó ingresar a un lugar tan exclusivo como ese. Como se imaginó el lugar estaba infestado de actores, cantantes e iconos de la moda. Era increíble como de pasar a ser una persona más del mundo, ahora se encontraba en aquel lugar tan importante para el mundo del espectáculo.

La fiesta comenzó en cuanto el resto de los invitados llegó. Música, risas, fotos. Smoker la tomó de la mano y la llevó hacía la barra que se encontraba frente a la pista de baile.

- ¿Necesitas algo más para bajar los nervios? ¿O ya han pasado? - Preguntó mientras se dejaba caer en un taburete de madera.

- Ya estoy bien - Sonrió y posó sus ojos en un grupo de actores conocidos por interpretar varias comedias en la televisión - No me agrada la prensa -

- Son amigables, tuviste malas experiencias - Comentó mientras le señalaba el trago que quería al barman.

- Espero que lo estén pasando bien - La voz de Margaret los obligó a voltear.

Para sorpresa de la pelinaranja la rubia no estaba sola, divisó al que supuestamente era su mejor amigo contemplándola, serio.

- Te aseguro que esta vez es mucho mejor - Somker tomó el vaso que le tendieron desde la barra y dio un sorbo - Te has pasado con todo -

- Este año había mucho más presupuesto - Sonrió la mujer con entusiasmo.

El dj encargado de la música cambió el tema por uno de los más escuchados del momento.

- Oi, esta canción - El peligris dejó su bebida y le tendió la mano a la rubia - Quieres ir a la pista - Desvió la mirada hacía el morocho - Claro, si no te molesta -

Cuando divisó que Luffy simplemente alzaba los hombros, corrieron al centro del lugar asignado para bailar. Tal y como lo esperaban, se llenó de personas que tenían los mismo gustos musicales que él.

- ¿Sucedió algo malo? - Preguntó Margaret ante tal extraña reacción del hombre.

- Necesito que me des un consejo - Murmuró mientras simulaba una sonrisa para que nadie sospechara - Quiero pedirle que salga conmigo, de manera formal -

Cuando los vio desaparecer entre el gentío, Nami desvió la mirada. ¿Era necesario dejarlos solos? Sintió como el morocho se dejaba caer en un banco a su lado, pero dándole la espalda a la pista. Era demasiado incómodo, pero lo soportaría. Siempre lo hacía.

- Te ves hermosa - Murmuró.

Sus ojos se abrieron como platos. Definitivamente había escuchado eso, no importaba cuan fuerte estuviera la música o cuanto gritarán los fans del tema. Se giró hacía él y contempló su espalda con sorpresa. Quizás había escuchado mal, pero... lo había sentido tan real...

Cuando Luffy se giró hacía ella, sus mejillas se tornaron rosadas. ¿Qué era lo que quería ahora?

- En realidad, eres hermosa -

- ¿Qué estás diciendo? - Era la fiesta de su prometida, no podía decir semejantes estupideces.

La pelinaranja desvió la mirada algo frustrada, pero cuando volvió a posar sus ojos en aquellos grandes ojos oscuros, quedó petrificada. Las luces, la música, la gente. Esa situación era similar a la que habían vivido en la universidad. Con la diferencia de que ella no llevaba una máscara esa vez. Recordó cuando todos los chicos habían visitado un bar que era exclusivamente para hombres, donde las mujeres podían asistir con máscaras para no ser reconocidas y todos ellas había tomado la iniciativa de disfrazarse para poder espiar que era lo que hacían allí dentro. Era algo que nunca iba a poder olvidar. Su cuerpo había reaccionado solo y no había podido evitar darle un beso, recordó que en esos momentos estaba saliendo con Law y cierto dolor azotó su estómago. Desvió la mirada y comenzó a juguetear con su vestido.

El morocho estiró su mano y tomó la suya con fuerza.

- Nami... -

- ¡Oi, Nami! - Smoker apareció entre ambos - Ven - La tomó de la otra mano y la obligó a levantarse - Tengo que mostrarte algo -

Cuando su mano se soltó de la pelinaranja, el morocho quedó aturdido. Recorrió el camino con sus ojos hasta que los perdió de vista. Cuando Margaret apareció a su lado, se giró hacía ella.

- ¿Qué es lo que quiere ahora? -

- ¿Qué? - Se acomodó los largos cabellos rubios - ¿Hablas de Smoker? - Se dejó caer en otro taburete - Va a pedirle de ser la novia -

- ¡¿Qué?! -

El hombre se puso de pie e intentó recordar el camino que habían tomado. Esquivó a los camareros sin siquiera fijarse en lo que cargaban en sus bandejas, también pasó junto a un grupo de cantantes que le pidieron una fotografía juntos, pero él simplemente los ignoró. Arribó al pequeño pasillo que llevaba a los baños y tomó la segunda salida hacía el patio trasero. Pero antes de salir, los divisó allí, de pie. Frenó en seco y escondió su cuerpo detrás de un paredón.

El césped del patio estaba completamente verde, el techo de cristal protegía a las plantas de las heladas del invierno. Además, varias luces navideñas colgaban del techo dándole un ambiente más romántico y acogedor. Nami contempló el cielo y notó que los vidrios estaban tapados por la nieve. Simplemente era hermoso. En el centro del pequeño patio había una fuente que no dejaba de bombear agua fresca. Caminó hasta ella y metió la mano en el agua, sintió la pureza en su piel y sonrió.

- Es hermoso - Sonrió.

- ¿Verdad? - El hombre se acercó y se dejó caer en el borde de la fuente - Siempre me gusta venir aquí cada vez que Margaret festeja su fiesta de fin de año -

- ¿Solo? - Alzó una ceja con curiosidad.

- Sigues creyendo que soy un mujeriego ¿Verdad? - Al notar el silencio en el rostro de la pelinaranja, agregó - ¿Y si puedo demostrarte lo contrario? -

- ¿Cómo me demostrarías lo contrario? - Ya podía imaginar la cantidad de mujeres que habían estado en la misma situación que ella años atrás.

El peligris se enderezó y tomó su mejilla con la mano derecha. La acarició por unos segundos y se acercó a ella lentamente. Le dio un sonoro beso que la dejó completamente petrificada. Sus labios eran seguros y cálidos y se notaba que había planificado ese momento hacía un tiempo. Al sentir que el hombre se pegaba a su cuerpo y la tomaba de la cadera, comenzó a entrar en cierto pánico. Apoyó ambas manos en su pecho y lo alejó.

- ¿Qué clase de demostración es esa? - Frunció el ceño.

- ¿Quieres ser mi novia? - Los labios de Nami se abrieron pero su respiración se congeló - Prometo no traicionarte, cuidarte, amarte - Insistió mientras se acercaba a ella - Jamás había encontrado alguien con quien me sintiera más a gusto - Se pasó una mano por la frente - Siempre creí que jamás diría esto, pero en verdad quiero estar contigo. Para siempre. Quiero casarme, quiero tener hijos, quiero envejecer junto a ti -

Las palabras la abombaron. Se había quedado sin aires desde hacía varios segundos, pero esas afirmaciones no ayudaban. ¿Casar? ¿Hijos? ¿Morir? ¿Qué era lo que estaba diciendo? Sus ojos comenzaron a revolotear, intentando buscar una excusa para huir de ahí, pero todo estaba tan tranquilo que nada serviría de excusa.

- ¿Y bien? ¿Quieres? - Preguntó al notar que los segundos pasaban y no había respuesta alguna.

- Smoker... Yo... - Aclaró su garganta - En verdad, me siento alagada por todo lo que has dicho y me divertí mucho contigo, pero... - La imagen de Law apareció en su mente - Ya estuve con alguien sin amarlo, y no quiero volver a lastimar a nadie más - Frotó sus manos con inquietud - He decidido aprender de mis errores y no voy a salir con alguien por quien no siento nada más que una simple amistad - Al ver que el peligris bajaba la mirada completamente decepcionado, añadió - Lo siento, pero te mereces alguien mejor -

Nami tomó la falta de su vestido y aceleró el paso para poder abandonar ese momento incómodo. En el momento que subió los pequeños escalones para dirigirse al pasillo, notó que no se encontraban solo. Sus ojos se posaron en el morocho y frunció el ceño. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Por qué demonios los estaba espiando? Soltó un gran suspiro, pero no tenía ganas de discutir por eso. Puso los ojos en blanco y continuó su camino.

(...)

Margaret ingresó en el departamento y arrojó el bolso sobre la pequeña mesa que tenían para las llaves y objetos de salida. Caminó dando pasos fijos hasta el sillón y se sentó para poder quitarse los malditos tacos. Frotó sus pies con energía mientras esperaba que el morocho cerrara la puerta a sus espaldas. Cuando Luffy cerró el picaporte, se desajustó la corbata roja y se quitó el saco negro, colocandolo en la percha.

El hombre alzó la mirada y la posó en ella en silencio. La rubia ignoró el dolor de su cuerpo y se puso de pie. Caminó hasta el hombre, frenando unos centímetros antes.

- Desde hace varias horas me siento una completa tonta - Frunció el ceño pero no esperó respuesta alguna - Cuando la emplee, jamás creí que eso implicaría perderte - Cerró las manos en dos puños - Yo solo quería ayudar, yo solo quería que volvieran a tener la amistad que habían perdido hace años - Bajó la mirada - En parte por mi culpa... - Ella había sido la que había convencido a Luffy para abandonar sus hermanos, sus amigos y su querida ciudad natal.

- Lo siento - Estiró su mano y le quitó un cabello que había caído sobre su rostro.

- Lo nuestro ya no tiene salvación, y lo sabes - Comentó mientras le quitaba la mano de su rostro.

Él asintió con el rostro. La rubia soltó un gran suspiro, llevó su mano al anillo que decoraba su dedo anular y lo quitó lentamente. Se acercó al hombre y se lo colocó entre sus manos. La rubia dio un paso hacía atrás.

- Iré a hacer una valija y me iré de aquí -

Cuando la mujer desapareció en el umbral de la puerta de su habitación, Luffy se dejó caer en el sillón. Posó sus ojos en el gran ventanal y contempló el nevado paisaje. Las cosas estaban cambiando de una manera abrupta. Recordó la voz de Nami al negar la petición del peligris. Entonces... ella no lo amaba, ni tampoco había amado a Law cuando estaban la universidad. Respiró profundamente y sintió algo extraño en su pecho. La sensación era exactamente la misma que había tenido años atrás, cuando cayó en la cuenta de que seguía completamente enamorado de ella. Y pensar que en ese momento ni siquiera sabía que era lo que le estaba pasando. Solía ser tan idiota e inocente que le había llevado a hacer muchas cosas, de las cuales no se enorgullecía. Y estaba cansado de echar todo a perder.

Pero tal y como había dicho su amiga, él tampoco quería estar con alguien a quien no quería. Y habían tenido que pasar ocho años para percatarse de ello.

Cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse, volteó. Margaret apareció con una de las valijas más grandes que tenía. Se había cambiado, ya no vestía aquel vestido rojo que había utilizado para dirigir su evento. Un vaquero con un abrigo de lana blanco era más que suficientes. El morocho se puso de pie y se acercó lentamente.

- Volveré cuando encuentre un piso por el resto - Comentó la mujer mientras arrastraba su valija.

- ¿Quieres que te lleve a un hotel? - Preguntó serio.

- No, no, hablé con Aphelandra. Iré a su casa - Se acomodó el cabello y tomó su bolso - Pediré un taxi -

La mujer se acercó a la puerta, sacó su móvil y llamó a un coche. Acto seguido, abrió la puerta y sacó la valija. Pero antes de cerrar, se giró hacía Luffy.

- Espero que tengas una linda y prospera vida con la mujer que amas - Esas palabras lo dejaron completamente en shock - Y esta vez, no la dejes ir -

La puerta se cerró y el morocho quedó completamente solo. Un extraño vacío invadió su cuerpo, pero finalmente la presión que había mantenido durante ocho largos años había desaparecido. Respiró profundamente y se quitó los zapatos con cuidado. Arrancó la corbata y la tiró sobre la mesada. Caminó hasta la cocina y luego de tomar un vaso de agua fría, atravesó el pasillo. Abrió la puerta que conectaba con el balcón y pese a estar descalzo, salió a tomar aire. La nieve humedeció sus pies, pero no le importaba. Se apoyó contra la baranda y bajó la mirada.

Y esta vez no la dejes ir. No. Ya había aprendida esa lección.

Cuando los copos comenzaron a caer nuevamente, se apresuró a ingresar. Necesitaba dormir, solo rogaba de poder hacerlo. Faltaban pocos días para la boda de sus amigos y no quería estar de malhumor. Se quitó el cinturón, le pantalón y la camisa. Pero no encendió la televisión, se dejó caer en la cama y posó sus ojos en el techo. Hacía tiempo que no dormía completamente solo.

(...)

- Nami ¿Estás segura que quieres ir? -

Su hermana evitó que abandonara la casa. Había tardado dos minutos en arreglarse y lo único que tenía en la mano era la invitación a la boda.

- Solo serán unos momentos - Murmuró con el ceño fruncido.

- Pero no te hará bien y lo sabes -

- Escúchame, quizás no lo amo pero... - Una diminuta sonrisa se dibujó en sus labios - Si lo aprecio y quiero que sea feliz por siempre. Por eso iré a apoyarlo en esto -

La pelinaranja esquivó a Nojiko y abandonó la morada. La mayor soltó un gran suspiro y puso los ojos en blanco. Caminó a la cocina y se dejó caer en una silla.

- Ya déjala, sabe lo que hace - Ace, quien sorprendentemente se encontraba rebanando verduras, la contempló fijamente - Se que a veces es difícil asimilarlo, más siendo el hermano mayor, pero es una adulta -

- No quiero que se lastime - La mujer se puso de pie y contempló el trabajo que el morocho estaba haciendo - Así no se hace -

- ¡¿Qué?! - El hombre bajó la mirada y notó que los trozos de lechuga eran muy grandes y las zanahorias demasiado irregulares - Maldición -

- Déjamelo a mi - Le quitó el cuchillo de la mano y continuó con el labor - Fíjate si Anne esta bien o si Edward necesita ayuda con la tarea -

Antes de que cualquiera de los dos pudiera reaccionar, el teléfono sonó. Ace puso los ojos en blanco y se apresuró para poder atender. ¿Quién llamaba un sábado por la noche? Espera que no fuera nadie ofreciéndole malditos descuentos.

- ¿Diga? -

- ¡Ace! - Oyó la voz de su pequeño hermano.

- ¿Luffy? ¿Sucede algo? - Frunció el ceño y clavó su mirada en Nojiko, la mujer lo contemplaba atónita.

- Necesito hablar con Nami -

- Nami no está aquí - Comentó sorprendido ante el pedido de su hermano.

- ¡¿Qué?! ¿Dónde está? -

- Fue a la boda de Law, en la Iglesia Central -

- Bien, gracias -

Antes de que Ace pudiera seguir preguntando, Luffy cortó. El morocho colgó el teléfono lentamente, preguntándose que demonios acababa de pasar.

- ¿Para qué quería a Nami? - Nojiko arqueó una ceja.

- Quien sabe, no lo entiendo - Bufó.

(...)

El taxi no le salió tan caro como esperaba, pero con la noche helada, no podía viajar en transporte público. Cuando Nami llegó a la Iglesia, la ceremonia todavía no había comenzado. Ingresó con la cabeza gacha y se sentó en una de las bancas más alejadas del altar. No era familiar, no era amigo. Solo quería mostrar su apoyo y su aprobación asistiendo a la boda del que una vez había sido su novio. Alzó la vista para poder contemplar la decoración. Flores rosas y blancas, hojas de laurel. Todo encajaba de manera armoniosa. Se imaginaba a ella, eligiendo sus flores, sus colores. No, eso no iba a pasar nunca.

- Me alegra que hayas venido -

La voz de Law la sacó de sus pensamientos. Se giró hacía el hombre y le regaló una sonrisa. Con ese traje negro, el morocho había perdido todo indicio de médico. Más bien parecía un abogado. Law se sentó a su lado y contempló el altar.

- Es un placer - Nami notó que sus manos estaban inquietas.

- Tengo que admitir que jamás pensé que este día llegaría - Murmuró.

- Tranquilo, todo irá bien - La pelinaranja soltó una sonrisa - Te lo prometo -

Los presentes comenzaron a sentarse y el ruido se apaciguó lentamente.

- Debo ir al frente - Comentó y se puso de pie.

Pese a los nervios, sabía que todo iría bien. Law era un hombre fuerte, que sabía lo que quería y como lo quería. Sabía perfectamente que si él decía Si, era porque estaba seguro de sus decisiones. La música resonó y la novia ingresó al recinto. El vestido era blanco como la nieve del exterior, y su cabello resaltaba por ello. Había visto muy pocas veces a Bonney, pero jamás tan hermosa como esa noche.

La joven avanzó sin detenerse hasta el altar y cuando el cura comenzó a hablar, Nami notó que ambos hacían la pareja perfecta. El brillo que intercambiaban sus ojos eran genuino, y había pocas parejas que habían logrado encontrar el verdadero amor tan rápido.

- Hacen una linda pareja -

Al oír una segunda voz, se giró hacía la derecha.

- ¿Luffy? - ¿En que momento había ingresado? - ¿Cómo... cómo supiste que estaba aquí? -

- Hablé con Ace -

- ¿Con Ace? -

Antes de que la mujer pudiera seguir hablando, llegó el turno de dar el Si, razón por la que esperó en silencio como el resto de los invitados. Cuando ambos asintieron, todos aplaudieron y los novios abandonar la Iglesia por el largo pasillo. Luego de ellos, todos salieron al exterior para tirar arroz y flores. Y ellos no fueron la excepción, pero antes de que pudieran reaccionar, todos abandonaron el lugar para dirigirse a la gran fiesta. La Iglesia cerró sus puertas y apagó sus luces, y Luffy y Nami quedaron solos varados en la helada noche de invierno.

- Nami, yo quería hablar contigo - El morocho se acercó a ella con cuidado.

- ¿Qué es lo que quieres? ¿Puedes dejar de acosarme por todos lados? - Gruñó y puso los ojos en blanco - Tengo que volver a casa - Comenzó a caminar en la oscuridad.

- Te llevo, hace frío para andar por ahí - Metió las manos en el bolsillo de su saco y sacó las llaves de su auto.

- No quiero ir a casa - Soltó un quejido - Solo quiero algo caliente -

- Puedo hacerte un café - Sonrió.

Nami bufó ante la propuesta, pero finalmente decidió aceptar. No tenía ganas de caminar, hacía frío, era peligroso y por alguna extraña razón no se sentía tan molesta con el morocho por lo de la otra noche. Condujo hasta el estacionamiento del edificio y junto subieran por el ascensor. En sumo silencio. Bajaron en el último piso e ingresaron con cuidado. Las luces estaban totalmente apagadas cosa que le llamó la atención. Cuando el hombre las encendió, notó que la casa estaba en completa soledad.

Luffy dejó caer la llaves en la mesa junto a la puerta y caminó hacía la cocina. La pelinaranja lo siguió, pero se sorprendió al notar que el café no estaba hecho y que el hombre intentaba deducir como encender la cafetera. Ella dio un paso al frente y apretó el botón rojo. Cuando el café comenzó a caer en la jarra de vidrio, el morocho se hecho hacía atrás aliviado.

- Oi, ¿Estás bien? - Nami frunció el ceño, algo extraño había en todo eso. Se giró hacía el salón - ¿Dónde está Margaret? -

- De eso quería hablar - Murmuró apenado - Nosotros rompimos anoche -

- ¿Qué hiciste que? - ¿Cómo se había atrevido a terminar con una mujer tan dulce y buena como ella?

- Yo no hice nada - Se defendió el morocho - Ella terminó conmigo -

Los labios de la mujer se cerraron con firmeza. Margaret había terminado con él luego de ocho largos años de relación. Se llevó la mano a la boca, quería ocultar su expresión de incredulidad.

- En verdad lo siento -

Cuando el café estuvo listo, el hombre tomó una taza de té y lo sirvió lentamente. Nami estuvo a segundos de decirle que esa taza no era para café, pero prefirió obviarlo. No era el momento para algo tan tonto. El hombre llevó su café hasta los sillones y lo dejó en la mesa ratona.

- En realidad - Continuó Luffy cuando ambos ya estaba sentados - Nunca la ame - Posó sus ojos en los de la mujer - Comencé a salir con ella para evitar entrometerme en tu camino -

La pelinaranja estaba tomando un sorbo de la bebida caliente cuando él dijo esas palabras, casi escupe todo ante la sorpresa. Apoyó la taza con sumo cuidado y alzó su mirada.

- Y supongo que en cierto punto, ella lo sabía - Insistió el hombre - En cierto punto me alegra que todo haya acabado, desde hace años que estoy confundido con todo esto - Soltó un suspiro, hacía años que la mujer no lo veía tan serio - Hace doce años, cuando nosotros estuvimos juntos, ni siquiera tenía idea de lo que era gustar de alguien o estar enamorado. Acepté estar contigo porque pensé que sería divertido, pensé que como todo el mundo quería estar con alguien, yo también lo quería. Veía a nuestros hermanos y pensaba que ese también era mi camino - Antes esas palabras, los ojos de la pelinaranja se abrieron como platos - Fue por eso que te tomé a la ligera y no fue hasta que te perdí que me dí cuenta que en verdad te quería -

- Luffy... Yo... -

- Y cuando comenzamos con la universidad y tu llegaste con Law - Sacudió la cabeza, como intentando borrar esos recuerdos - Supe que había perdido mi oportunidad, actué como un niño - Lo sabía - De hecho, era un niño, uno muy estúpido. Me dejé llevar por la confusión, por esos sentimientos que no podía terminar de explicar y cuando noté que te estaba lastimando, quise alejarme - Su tono de voz había tomado un aire melancólico - Por eso comencé a salir con Margaret y por eso decidí irme. Cuando ella me ofreció hacer el intercambio, pensé... pensé que si habías conocido a Law cuando nosotros nos distanciamos, lo mejor para solucionar las cosas entre ustedes era estando lejos -

- Pero... - Intentó interrumpirlo de nuevo, pero era muy difícil. Él estaba completamente envuelto en su relato.

- Decidí sacrificar a mis amigos, mis estudios y mis hermanos por verte feliz - Se frotó un ojo con impaciencia - Cuando volví unos años después, me enteré que tu y Law no habían vuelto a estar juntos, y que tu habías decidido irte a estudiar, trabajar y viajar por el mundo - Tragó saliva para deshacer el nudo de su garganta - Pero al menos estabas contenta. Lo poco que sabía de ti, era por mi hermano. Pero sabía que habías visitado miles de lugares, obtenido honores en tu profesión y que trabajabas de lo que querías. Y con eso me bastó, entonces... -

- ¡Ya basta! - No podía seguir escuchando eso. Su corazón latía con tanta fuerza que en cualquier momento explotaría en mil pedazos - Yo... Toda mi vida pensé que eras un egoísta - Luego de que Luffy se fuera, había pensado muchas cosas, cosas horribles, de hecho, le había deseado lo peor - ¿Por qué no me lo hiciste saber? Todo esto... -

- Tu me pediste que te deje en paz -

Por unos segundos, la pelinaranja volvió al pasado. Recordó aquella mañana en el campus universitario cuando ella y Law había discutido. Ella estaba tranquila tomando una ducha, cuando Luffy ingresó. Y eso había desencadenado todo. Law había aparecido, habían discutido y ella le había gritado a su amigo de una manera muy grosera. ¡¿Por qué siempre tienes que arruinar todo?! ¡Ya lo hiciste hace tres años! ¡Déjame en paz!

- No pensé que eso... - Toda su vida creyó que él era el idiota, y comenzaba a darse cuenta que en realidad, era al revés.

Siempre había querido su final feliz. Conocer a alguien, enamorarse, amarse y tener la típica historia de amor perfecto. Tal y como su hermana. Pero... La vida no se lo había dado para nada fácil. Admitía que Luffy había sido el primero en meter la pata, pero de ahí en adelante... Fue ella quien lo hecho a perder, una y otra y otra vez.

Se llevó las manos a la cara y apretó sus ojos con fuerza. No podía creerlo. Ocho años... Ocho años sufriendo por unas simples palabras que tanto le habían afectado al morocho.

- Oi... Tranquila - El hombre se puso de pie y caminó hasta el sillón donde se encontraba - Eramos demasiado chicos y muy ingenuos -

Cuando sintió su cálido brazo sobre sus hombros, la mujer alzó la mirada. ¿Cómo era posible que alguien tan infantil e inmaduro como él, pudiera decir frases tan adultas?

- Eso significa - Continuó Nami pensativa - Que yo fui quien lo hecho a perder todo -

- Tu fuiste la que le dijo a Smoker que habías aprendido de tus errores, que no ibas salir con alguien a quien no amabas - Si, había escuchado toda la conversación esa noche - Y gracias a eso, me di cuenta que yo estaba haciendo exactamente lo mismo - Estiró su mano y tomó la de la pelinaranja con fuerza, enlazó sus dedos y la contempló fijamente - En otro momento de mi vida, ante la más mínima discusión con Margaret, pedía perdón e intentaba solucionar las cosas a como de lugar - Sin embargo todo había sido diferentes - Anoche supe que tenías razón y cuando todo acabó, la dejé ir. Ella también merece rehacer su vida con alguien que en verdad la valore -

- ¿Crees que Smoker...? -

- ¿Quién sabe? - Se mordió el labio inferior - Cuando intentó quitarla de mi vida, yo reaccioné como pensaba que tenía que reaccionar - Ni siquiera había estado celoso - Yo un completo idiota -

- No eres el único - Murmuró.

El silencio invadió la sala, sin embargo no era un silencio incómodo. La pelinaranja apoyó su cabeza en el hombro del joven, hacía tiempo que no se sentía tan cómoda consigo misma en una situación como esa.

- ¿Entonces? - Preguntó el morocho.

- ¿Entonces qué? - La mujer se enderezó y lo contempló fijamente.

- ¿Qué vamos a hacer con esto ahora? -

Ella bajó la mirada y respiró lentamente. Lo pensó dos veces, pero en ambas ocasiones llegó a la misma conclusión. Se giró y rápidamente hundió sus labios en los del morocho. Hacía tiempo que llevaba anhelando ese deseo. Lo había reprimido por años. Ocho largos años. Cuando lo había besado en el bar luego de tres años de no hacerlo, supo que no podría vivir sin aquella boca. El morocho la abrazó con fuerza y la pegó contra su cuerpo.

- ¿Sabes? - Dijo Nami cuando se separaron - ¿Recuerdas a la mujer que besaste en el bar de Solo Hombres Permitido? - Al notar la mirada curiosa del hombre, añadió - Era yo -

- ¡¿Qué?! - Sorprendido se tiró hacía atrás. Luego de ese beso había sentido que ya conocía esos labios, pero había preferido ignorar aquella intuición - ¿Qué hacías allí? -

- De hecho, estábamos todas allí - Sonrió relajada - Queríamos saber que hacían -

(...)

El sol ingresó por la gran ventanilla. Antes de acostarse a dormir habían olvidado cerrar las cortinas, prefirieron hablar y reír mientras contemplaban los copos de nieve caer junto con las brillantes luces de la ciudad. Nami abrió los ojos y se encontró acurrucada contra su pecho. Se enderezó y estiró sus brazos con energía. Al ponerse de pie, recordó que llevaba una de las remeras que el joven utilizaba para jugar en sus partidos. La tela era gruesa y mantenía el calor, además de que se había negado a ponerse una pijama de Margaret. Caminó descalza hacía el balcón y notó que la nieve se había derretido a causa del sol. Respiró el aire fresco de la mañana y posó sus ojos en la pileta. Recordaba que era climatizada y la tentación de saltar la animó.

- Puede saltar si quieres -

Le había leído la mente. Le regaló una sonrisa cuando lo vio abandonar el refugio de su hogar para acompañarla.

- ¿Y salir y morir de frío? - Preguntó con una carcajada - No gracias - Clavó un dedo en su pecho.

- Luego podemos volver a la cama - Acarició sus brazos y quitó sus largos cabellos del rostro, para luego darle un sonoro beso en los labios.

- Pero si es un domingo hermoso - Al oír sus propias palabras, quedó en silencio - ¡Domingo! - Tomó sus cabellos y jaló de ellos con fuerza - ¡Tenemos que ir a la quinta de Kaya! -


Hasta aquí hemos llegado hoy. Espero que les haya gustado. Ya era hora de que hubiera un LuNa más explicito. Lo necesitaba. Estaré ansiosa por leer sus comentarios.

¡Nos leemos pronto!