Hola a todos ¿Cómo están? Espero que bien. Empecé mis vacaciones así que se viene maratón de actualizaciones... Por fin tendré tiempo para poder terminar algunas de las historias que penden de un hilo para el final.

Quería agradecerles los comentarios a Guest, a Solitario196 y a Narsil40.

Narsil40: Acerca de los diálogos en negrita... pues... en un principio los ponía porque al poner el guión del comienzo, por alguna razón fanficion no lo guardaba por ende era complicado entender cuando se estaba hablando y cuando era relato. Entonces comencé a ponerlo en negrita, ahora fanfiction si deja el primer guión, por suerte. Aun así, si el diálogo está en negrita y el relato en letra normal, siento que se hace más sencillo de leer y menos agotado.

No lo sé. ¿Qué opinan ustedes?


Kaya y Usopp festejarían la boda en un gran terreno que pertenecía a la familia de la rubia. Sus padres tenían una gran mansión que habían remodelado para que funcionara como hotel en la montañas, pero a pedido de su hija, estos lo habían cerrado por un fin de semana. El fin de semana más importante de su pequeña. La celebración duraría tres días. Tres días donde los invitados disfrutarían de todas las comodidades del hotel mientras se divertían, y el último día sería la gran boda. Algo completamente original que serviría como vacaciones para muchos de los invitados.

Luego de que Luffy metiera la ropa rápidamente en un bolso, se dispusieron a salir. Tenían que llegar a la casa de sus hermanos para que la pelinaranja pudiera recoger sus pertenencias, después de todo era una dama de honor.

Se subieron al vehículo del morocho y salieron mientras la ciudad descansaba, después de todo, era un domingo por la mañana. Quienes no estaban dormidos, yacían en sus hogares desayunando y mirando la televisión.

No había vehículos en la calla, razón por la que llegaron tan rápido. Cuando por fin estacionaron frente a la casa, notaron que el garaje exterior de sus hermanos estaba en movimiento. Ace yacía cargando pequeña valijas que al parecer pertenecían a Edward y Anne.

Al bajar del coche, los niños corrieron hacía ellos con una sonrisa en el rostro. Estaban vestidos con camperas gruesas para protegerlos del frío, parecían muñecos de nieve.

- ¡Tío! - La pequeña pegó un salto que el morocho tuvo que atajar para que no se golpeara contra su cuerpo.

- ¡Ya nos vamos, ya nos vamos! - Edward parecía completamente emocionado.

- ¿Nami? - Nojiko apareció en el umbral de la puerta - ¿Dónde estabas? Ya me estabas preocupando... - Al desviar la mirada notó que su pequeña hermana había llegado en el mismo coche que Luffy.

La pelinaranja salió corriendo hacía el interior de la casa.

- ¡Debo buscar mis cosas! ¡Tomará un minuto! - Exclamó

Luffy se acercó a su hermano con Anne en brazos. El mayor terminó de colocar la última valija y se giró hacía él. Apoyó la mano en el baúl y alzó una ceja.

- ¿Y bien? - Preguntó sin quitarle la mirada de los ojos.

- ¿Y bien que? - Al notar que su sobrina intentaba jugar con Edward, la dejó en el suelo.

- Nada - Soltó un gran bufido, era imposible hablar seriamente con él.

Nojiko bajó los pequeños escalones de la fachada y caminó hacía ellos. Posó los ojos en los dos pequeños que no paraban de correr y tirarse bolas de nieve entre ellos, soltó un suspiro. Tendría que amarrarlos a los asientos para que no comenzaran a pegarse.

- Oi, oi, oi, oi - Luego de pegarle con una bola de nieve en la cara a su hermana, Edward corrió hasta Luffy y posó sus grandes ojos negros en él - Mamá y papá no me dejan ir en el asiento de adelante -

- Ese asiento es de tu madre y punto - Ace se llevó una mano a la frente - Ya hemos hablado de eso -

- ¿Puedo ir contigo en el asiento de adelante? - Los ojos del niño brillaban emocionados.

- Oi, Edward - Su padre frunció el ceño - Ese asiento es para Margaret, no irás adelante -

- En realidad... - Luffy se rascó la nuca algo nervioso, soltó una gran sonrisa y cerró los ojos con fuerza - Nosotros ya no estamos saliendo -

- ¡¿Qué?! - Dijeron los hermanos mayores al unísono.

- ¿Estás hablando en serio? - Al ver que su hermano menor asentía, posó sus ojos en la mujer.

- ¡Eso significa que puedo ir! - Edward no parecía entender la reacción de los adultos, pero estaba feliz.

- Claro - Luffy sacudió sus cabellos.

- ¡Yo también quiero ir con el tío! - Anne apareció con el cabello cubierto de nieve.

- Bien... - Ace soltó un gran suspiro - Supongo que si no te molesta -

Se dividieron de esa forma. En un vehículo viajaban Luffy junto a los dos pequeños, mientras que en el otro, estaban los dos hermanos mayores y Nami. La pelinaranja posó sus ojos en la ventanilla. No podía creer que ese día había llegado. Pensar que se había puesto tan contenta cuando recibió la invitación a la boda. Soltó una sonrisa al imaginarse los nervios de Usopp. Todo debía salir perfecto.

- Oi, Nami - Su hermana se giró en el asiento para poder contemplarla a los ojos - Quería preguntarte... Eh... - Desvió la mirada un par de veces hasta que se animó a preguntar - Pasaste la noche en su casa ¿Verdad? -

Ella asintió lentamente.

- Entonces - El morocho la contempló por el espejo retrovisor - ¿Es cierto lo de Margaret? -

- Anoche luego de la boda, me contó todo - Soltó un pequeño suspiro - Parece que las cosas terminaron bien después de todo -

- ¿Y cómo te sientes con eso? - Se hermana se arrimó a ella para que no pudiera desviar la mirada hacia otro lado.

- ¿De qué estás hablando? - Sus mejillas se tornaron rosadas y sacudió la mano restandole importancia al asunto - Solo somos amigos -

- Mmmh... - Nojiko volteó y se acomodó en su asiento.

La pelinaranja retuvo un suspiro. No estaba del todo segura que eran... Pero no quería ilusionar a todos sus amigos para que luego lo suyo terminara en nada. Lo mejor sería actuar normal, además... Ese fin de semana era de Usopp y Kaya, no podía permitirse llamar la atención de todos los presentes con semejante noticia. Tragó saliva y posó sus ojos en la carretera. Ni faltaba mucho para llegar. Solo esperaba que Luffy no lo echara a perder.

(...)

El hotel era pequeño, debía tener tres pisos, pero bastante lujoso. Tenía un gran terreno, con viñedos, un campo del golf y una pileta techada para épocas como esas. La vista era más increíble, al estar en la cima de una montaña, se podía ver el gran lago congelado. Los pinos estaban cubiertos de nieve junto con los techo, dándole un aire mucho más cálido. Los dos vehículos estacionaron en un parque techado. A juzgar por la cantidad de coches, habían sido los últimos en llegar.

Nami bajó y contempló la gran casa con una sonrisa. Por fin. Se acercó al baúl del coche y tomó su valija. Estaba ansiosa por ver a sus amigos.

Los seis ingresaron por la gran entrada y caminaron hasta el lobby, en los sillones, todos los esperaban. El hogar de piedra emanaba un agradable calor que los abrazó en cuanto llegaron a la entrada. El olor a madera quemada era suave.

- Llegan justo a tiempo - Sonrió Usopp mientras señalaba aun joven camarero repartiendo bocadillos dulces.

- ¡Genial! - Luffy soltó su valija y salió corriendo para poder tomar varios antes de que el resto se los quitara.

- ¡Mira esto! - Edward salió corriendo hacía el gran ventanal y tenía vista al lago, su pequeña hermana lo siguió de cerca.

- No puedo creer que hayamos llegado luego que Zoro - Nami se dejó caer en uno de los sillones, junto a Vivi.

- Cierra la boca, mujer - El peliverde soltó un quejido.

- Robin-chan ha sabido ubicar al idiota - Soltó Sanji desviando la mirada.

- ¡¿Quieres que te mate?! - Zoro se puso de pie y estuvo a punto de acercarse hacía el rubio, pero Robin colocó una mano en su brazo y lo detuvo.

- Se supone que estamos aquí para divertirnos - Murmuró la morocha con una sonrisa.

- Como sea... - El peliverde se alejó dando veloces pasos.

- Ves lo que te digo - El cocinero alzó los hombros con indiferencia.

- Nami - Koala, quien cargaba a la pequeña Rina, se sentó a su lado - He visto el traje que usaste en la gala del viernes, estabas bellísima -

- Gracias - No pudo evitar sonrojarse.

Un joven que ofrecía chocolate caliente se arrimó a ellas y les tendió la bandeja para que pudieran deleitarse. Nami tomó una taza y le agradeció con una sonrisa.

- Oi, oi, oi... - Vivi codeó su brazo con disimulo - ¿Ya viste como te miró? - Una pícara sonrisa se formó en sus labios - Parece que saldrás de aquí con un nuevo novio -

La mujer se llevó la taza a los labios y escondió el nerviosismo de manera disimulada. Sabía perfectamente que Luffy había escuchado eso, y se había volteado para clavar los ojos en pobre chico que solía hacía su trabajo. Robin se acercó a ella lentamente.

- ¿Y bien? ¿Vas a contarnos cual es la relación con aquel modelo con el que te vimos en la televisión? -

Estuvo a punto de atragantarse con el chocolate, pero se mantuvo relajada. ¿Por qué tenían que hablar sobre ese tema?

- Nosotros no estamos saliendo -

- Pero él dijo que no se descartaba la posibilidad - Repitió Vivi mientras pensaba las exactas palabras, había quedado completamente impactada cuando lo escuchó.

- Pues descarta la posibilidad - Se puso de pie y apoyó la taza en la pequeña mesa ratona que tenía delante - Lo hemos dejado en claro luego de eso -

- Oh... - La peliceleste soltó un gran bufido - Es una pena -

- Oi Luffy - Sabo quien había estado cerca del fuego todo este tiempo, frunció el ceño - ¿Dónde está Margaret? -

- ¿Mh? - El morocho giró hacía su hermano y golpeó su pecho para poder tragar toda la comida que se había llevado a la boca - Nosotros rompimos -

Un incómodo silencio inundó la sala. Todos habían quedado atónitos. Nami bajó la mirada, esperando que nadie notara su nerviosismo. Ace y Nojiko intercambiaron una mirada. No había duda que algo como eso dejaba a todos pasmados, después de todo había sido una larga relación de ocho años. Además... se habían comprometido y parecían estar a gusto el uno con el otro. Eran dos figuras públicas y el año pasado habían salido como la pareja favorita en las redes sociales. De golpe, todo había acabado.

- Debes estar bromeando... - Murmuró Usopp pasmado.

- No - Su rostro se tornó serio - Es en serio -

- Vaya, es una pena - Añadió Kaya. Al notar que el clima se estaba poniendo demasiado tenso, contempló las escaleras del salón - ¿Quieren que les enseñe las habitaciones? -

Los dormitorios eran igual de acogedores y lujosos. El suelo era de madera y todo estaba pintado de unos tono hogareños tales como amarillo pastel, marrón claro y blanco. Sin lugar a dudas combinaba perfectamente con el ambiente de la quinta. Las camas eran amplías y altas, con mantas de plumas y almohadas esponjosas. Las mesas de luz eran de pino y las luces eran igual de cálidas. Todas las habitaciones tenían dos sillones tapizados en colores pasteles para que los invitados pudieran relajarse a la hora de leer un libro o tomar algún trago. La televisión era plana y alargada, digna del valor de la noche. También había un armario con perchas y varias repisas.

Los baños también eran increíbles. Tenían ducha y bañera, para relajarse mientras se bañaban. La porcelana de las vajillas era importada y los jabones tenían aroma a pino.

Se dispuso una habitación para cada pareja. Sanji y Vivi por un lado; Zoro y Robin por otro; Ace, Nojiko, Edward y Anne ocupaban un cuarto cuádruple para que pudieran tener el suficiente espacio para estar con los niños; En el caso de Sabo, Koala y Rina, se les había dispuesto una de las cunas que tenía el hotel para casos como esos; Dado a que Margaret no había dio, Luffy tenía la habitación toda para él; Y Nami también. Usopp y Kaya se habían apoderado de la suite principal dada la ocasión.

Nami cerró la puerta a sus espaldas y abrió la valija. Sus amigas le habían dicho que irían a la piscina para poder hablar y reír un poco. Sonaba bien, no tenía la más mínima intención de quedarse allí. Sacó la malla negra y la dejó sobre la cama.

Inesperdamente, alguien llamó a la puerta. Se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y corrió para poder ver de quien se trataba.

- ¿Qué estas haciendo aquí? - Susurró al ver el rostro de Luffy.

La mujer lo tomó de la remera y lo jaló hacia dentro.

- ¿Qué quieres? - Dijo al cerrar la puerta a sus espaldas.

- Quería hablar contigo - Sonrió mientras se acercaba a uno de los sillones y tomaba asiento - Sobre lo de anoche y todo eso -

- Escucha... - Bajó la mirada y la depositó en el suelo - Creo que no deberíamos tomarnos las cosas tan a la ligera... Se que lo de anoche fue... - Lo había besado, sin previo aviso. Y eso había sido muy descuidado de su parte... Pero... Había esperado eso por años - Apresurado -

El morocho se puso de pie y se arrimó a ella en silencio. Tomó su mentón y lo alzó con cuidado.

- Además... No quiero quitarle el protagonismo a Kaya este fin de semana... - Soltó un pequeño suspiro - Pase lo que pase entre nosotros... ¿Podríamos mantenerlo en secreto? Aunque sea por un tiempo -

- Bien - Le dio un sonoro beso en los labios.

La mujer quedó helada. Él si que sabía como dejarla muda. El hombre la soltó y caminó hasta la puerta, la abrió y abandonó la habitación en sumo silencio. Al menos había comprendido. Desvió la mirada hacía el bikini y apretó sus manos con fuerza. Todo lo que estaba pasando era muy confuso pero no tenían que precipitarse, no ahora que las cosas se estaban acomodando lentamente.

Se vistió con velocidad, necesitaba ir a esa piscina, necesitaba relajarse, necesitaba estar con sus amigas y poder pensar las cosas e frío. Tomó la toalla del hotel que disponía para ir al área de spa y se dirigió a ese lugar. Caminó con la cabeza baja, pensando en todo lo que estaba pasando. Quizás era un maldito sueño... Eso sería lo más lógico.

Ingresó a la sector de la piscina, sus paredes y techos eran de vidrio para que pudieran observar los paisajes exteriores. Sin embargo, como en los últimos días había nevado demasiado, el techo estaba cubierto de nieve, generando una agradable oscuridad. Se acercó a sus amigos y soltó una sonrisa. Si lo pensaba fríamente, necesitaba esa tranquilidad. Se aceró al agua y se sentó en el borde de losa, metiendo las piernas en la tibia piscina. Notó que a su lado Sanji estaba realizando unos masajes improvisados a Vivi y sonrió.

Todo parecía estar en paz, ser completamente normal. Recordó los años que habían disfrutado juntos en el instituto, cuando apenas eran unos críos. Habían pasado años de eso. Pensar que habían vivido tantas aventuras juntos... Le generaba cierta nostalgia. Habían pasado tantas cosas desde entonces... Contempló a su hermana quien sostenía a la pequeña Anne para que no se hundiera en el agua. Zoro yacía sumergido hasta el pecho y parecía relajado, Robin estaban sentada al borde la piscina a su lado. También notó que Sabo y Koala se animaban a sumergir a la pequeña Rina, quien reía por la sensación del agua en sus pies. Y como olvidar de la razón principal por la que se encontraban allí, Usopp y Kaya iban a casarse. Soltó un suspiro. Demasiadas cosas .

- Oi ¿Quieres un masaje? - Vivi se enderezó y le regaló una sonrisa.

- No quiero quitar tu paz - Bromeó mientras le guiñaba un ojo.

- Anda, vamos, puedo tenerla en cualquier momento - La peliceleste le hizo señas al rubio para que atendiera a su compañera.

- Pero... -

- Tranquila - Sanji se acomodó detrás suyo - Solo relájate -

Cuando el hombre clavó el dedo en su columna, sintió cierta satisfacción. El calor que generaba la fricción ablandaba sus músculos. Cerró sus ojos con lentitud. Podría echarse una larga siesta y no sentir para nada molesto eso. Sin lugar a dudas sabía donde apretar y en que momento detenerse, no le generaba dolor alguno. En el momento que Nami abrió los ojos, quedó hipnotizada.

- ¡Ven, tío! - Edward jalaba de la mano de Luffy con fuerza.

El morocho mayor era casi arrastrado por el niño de ocho años, quien quería meterse a la pileta en ese mismo momento. Pero lo que captó su atención no fue el menor, recordaba haber visto a Luffy con el torso completamente desnudo en aquella horrorosa sesión fotográfica donde había pasado la vergüenza máxima, pero... Sintió como sus mejillas se encendían y por más que quisiera, no podía quitar la mirada de él. Lo siguió con la mirada hasta que Edward logró su propósito, tirarlo al agua. El salpico proporcionó un grito por parte de Anne cuyos cabellos se habían mojado levemente.

- ¡Nami! - El grito de Vivi la obligó a voltear.

Al notar que su amiga se quedaba mirando fijo a un punto, giró hacía el otro lado. El mismo joven camarero que les había llevado el chocolate caliente cuando llegaron al hotel yacía de pie junto a ella. Su mirada estaba pasada en el suelo y jugaba nerviosamente con sus manos. Sorprendida, se puso de pie.

- Disculpe - Notó la intranquilidad en su voz - Usted es Nami ¿Verdad? La modelo -

- Eh... - Se rascó la nuca nerviosa - Si, soy yo -

No podía creer que alguien fuera de su entorno la reconociera de esa manera. Suponía que eran las consecuencias de aparecer en algunas revistas y en la televisión. Aunque... no le agradaba mucho la idea de que la fueran reconociendo por la vida.

- Yo... - El chico no debía tener más de 20 años.

De hecho, por como se expresaba, resultaba bastante tierno. Se notaba que estaba un tanto nervioso.

Luffy salió del fondo de la piscina. No cabía dudas que Edward era bastante rápido a la hora de nadas, una vez más, se le había escapado. Se pasó la mano por los cabellos para quitarlos de su frente y, al notar que todos estaban mirando en una misma dirección, volteó hacía esa. Notó el mismo joven de antes, y de nuevo se encontraba frente a Nami. Frunció el ceño y nadó hacía ellos.

Ese niño no terminaba de caerle bien. Subió por el borde de la piscina y se paró junto a la pelinaranja. Al notar su presencia, está la contempló pasmada.

- Quería saber si... - Sus mejillas estaban completamente rojas.

- Oi ¿Podrías traer más comida? - Preguntó en voz alta antes de que pudiera seguir hablando.

- ¿Eh? - Posó los ojos en el morocho, y bajó la mirada - Claro -

Nami se mordió el labio inferior. No podía creer que estuviera actuando de esa manera frente a un chico de su edad... Respiró con profundidad y cuando vio que el camarero se alejaba, desvió la mirada hacia Luffy. Lo peor... Todos estaban admirando aquella escena... Se supone que iban a mantener todo eso en un secreto... ¿Por qué demonios estaba haciendo una escena de celos frente a todos?

- ¿Qué es lo que te pasa ahora? - Preguntó seria. Tenía que hacerles creer a todos que en verdad estaba furiosa, aunque... en realidad... lo estaba.

El morocho la contempló con el rostro sobrio. Pero no emitió palabras, simplemente estiró su mano y la empujó hacía la piscina. Antes de que la mujer pudiera reaccionar, sintió el agua en todo su cuerpo. ¡¿Qué demonios estaba haciendo?! Rápidamente nado fuera de la piscina. Sus cabellos estaban pegados a su rostro y no podía ver nada. Escuchó la carcajada de varios de sus amigos y sintió como la vena del cuello se le hinchaba. Iba a asesinarlo...

El Luffy maduro que había visto la noche anterior, se había esfumado... Apretó sus puños con fuerza. En verdad había pensado que había madurado... pero de maduro no tenía nada. Se quitó los cabellos con cuidado y fulminó al morocho. Éste no parecía parar de reír.

- ¡Bien hecho, tío! - Oyó a Edward.

El niño también recibiría un poco de justicia... Se salió de la piscina y caminó hasta su toalla. No podía creer que había pensado que había cambiado.

- Na... Nami... - Vivi la contempló avanzar hacía la salida - ¿Estás bien? -

No. No lo estaba. Si se quedaba en aquel lugar, mataría a alguien.

(...)

Se dio una larga y relajante ducha. Después de todo el cloro que había caído sobre sus cabellos, tuvo que higienizarlos. De lo contrario le quedarían duros como la paja. Los cepilló durante varios momentos hasta que sus bucles tomaron la forma de siempre. Se vistió con una camisa blanca y unos pantalones negros. Al menos iría a tomar un café junto con Robin. La morocha la había invitado para apaciguar el estrés luego de esa escena tan vulgar.

La puerta sonó varias veces y corrió para poder hacer ingresar a su amiga.

- Ya casi estoy, Robin, solo me falta... - Al notar el rostro de Luffy, frunció el ceño - ¡¿Qué quieres ahora?! -

- Oi, lo siento por lo de antes - Le regaló una sonrisa.

- ¿Lo siento? - No podía creer lo que estaba escuchando - ¡Me empujaste! -

- Entré en pánico - Alzó sus brazos para expresar lo que había sentido en ese momento.

- ¿Pánico? - ¿En verdad no se le ocurría nada mejor?

- Dijiste que lo mantengamos en secreto y entonces yo... -

- ¿Secreto? - La voz de Robin dejó a ambos helados - ¿Qué cosa es un secreto? -

Ambos se giraron hacía la morocha con desesperación. ¿En qué momento había llegado? Intercambiaron una mirada agobiada. De todas las cosas que habían dicho... tenía que haber escuchado justo esa. Nami sacudió sus manos y negó con la cabeza.

- ¿Secreto? ¿De qué hablas? Él no dijo eso ¿Verdad? - Golpeó con el codo al morocho para que continuara con la improvisación.

- Dije... - No era bueno para mentir, mucho menos para inventar palabras - Portaobjeto -

- ¿Portaobjeto? - Preguntó la mujer mientras alzaba una ceja.

- Claro, dijo que deje el bikini secando con el portaobjeto - ¿Qué demonios estaba diciendo?

- ¿A sí? - Robin se llevó un dedo al labio de manera pensativa.

- Así es, además - La pelinaranja comenzó a empujar al hombre - Él ya se iba -

- ¿Qué? - Al notar la fuerza que hacía la mujer el hombre se giró hacía ella - Pero, Nami... -

- Ya vete - Lo empujó con más fuerza hasta que logró correrlo de la puerta de su habitación - Anda, Robin, pasa - Rió nerviosa - Tengo que hacer algunas cosas todavía -

Luego de que la morocha ingresara, le hizo señas al morocho para que se fuera, y cerró la puerta a sus espaldas. Soltó un silencioso suspiro y giró con una sonrisa. Sabía perfectamente que de todas sus amigas, ella era la menos idiota. Los claros ojos de la mujer estaban puestos en ella. Robin se dejó caer en el pequeño sillón y sus labios se curvaron hacia arriba.

- ¿Dejar el bikini secando con el portaobjeto? - Repitió de manera burlona - ¿En verdad no se te ocurrió algo mejor, Nami? -

La pelinaranja apoyó la espalda contra la puerta y se dejó caer al suelo.

- ¿Y bien? ¿Cual es el secreto? - Preguntó traviesa.

- Calculo que a estas alturas ya no es un secreto - Soltó frustrada. Había querido mantenerlo en privado, aunque sea hasta después de la boda, pero luego de la actuación de Luffy... Dudaba que alguien se tragara eso - Digamos que... Decidimos intentarlo de nuevo -

La morocha sonrió.

- Bingo - Se acomodó los cabellos con indiferencia - Lo sabía, aunque no creo que nadie más lo haya visto -

- Mi hermana también lo sospecha - Recordó la extraña pregunta que le hizo Nojiko en el coche mientras viajaban hacía la quinta.

- Ninguno de los chicos debe imaginárselo - Le explicó seria - Kaya esta muy ocupada en su boda, y Vivi parece estar en otro planeta -

- Solo espero que el otro idiota no lo diga... - Podía imaginarse a Luffy diciendo a todos lo que estaba pasando.

- Oi - Robin se puso de pie y se acercó a ella - ¿No se supone que están volviendo a intentarlo? Deberías confiar un poco más en él -

- Claro que confío - Y lo hacía - Es solo que es un poco idiota -

- ¿Tu crees? - Se acuclilló para poder mirarla a los ojos - No creo que quiera perderte de nuevo, ya lo arruinó una vez, no lo hará de nuevo -

Nami alzó sus ojos y la contempló fijamente. Tenía razón. Lo primordial era confiar en el otro. ¿Qué clase de relación era si no había confianza? La morocha volvió a ponerse de pie y se acercó a la ventanilla para poder admirar el paisaje.

- Solo quiero hacerte una pregunta - El rostro de Nami se tensó ante esas palabras - ¿Por qué mantenerlo en secreto? -

- Pues... - Era tan complicado de explicar - Para empezar, lo de Margaret fue muy pronto y no quiero parecer... -

- La tercera de la discordia - Terminó la morocha al notar que su amiga se trababa.

- Exacto - Se sentó en el borde de la cama y comenzó a colocarse los zapatos - Y también... Este fin de semana es de Usopp y Kaya, no quiero ser el centro de atención. Sé que es algo que todos esperan, pero tendrán que esperar un poco más. Aunque sea, hasta que la boda termine -

- Para ser sincera, es un pensamiento muy noble - Murmuró y volteó para poder mirarla.

- Por eso, Robin, no digas nada - Sabía perfectamente que podía confiar en ella - Ni siquiera a Zoro -

(...)

Luffy caminaba por uno de los pequeños pasillos del hotel. No podía creer que el único momento que había tenido para disculparse por lo de la piscina, había sido interrumpido. Ni siquiera había tenido tiempo de poder terminar su explicación. Soltó un suspiro y dobló a la derecha. Simplemente quería llegar a su habitación, ordenar algo para comer y tirarse en la cama.

Pero antes de poder llegar a la puerta de su dormitorio, divisó a sus dos hermanos de pie en el pasillo, bloqueando la entrada. Parecían estar hablando entre ellos, de algo serio.

- ¡Ace! ¡Sabo! - Alzó la mano para saludarlos.

Ambos hermanos voltearon y posaron sus ojos en el menor, acto seguido, lo tomaron por los brazos y lo obligaron a ingresar a una de las habitaciones vacías.

- Oi ¿Sucede algo? - Preguntó confundido.

Tanto el rubio como el morocho, lo arrojaron contra la cama y se pararon uno en cada lado para evitar que escapara. Luffy se enderezó y los contempló algo perplejo.

- Escucha, Luffy - Comenzó Sabo y se sentó en la cama para estar más cerca de él.

- Somos tus hermanos, así que más vale que nos digas la verdad - Continuó Ace mientras se cruzaba de brazos.

- Queremos saber... - Respiró profundamente - ¿Qué está pasando entre Nami y tu? -

- Pues - Comenzó a sudar frío.

Las palabras de la pelirroja pidiendo que se mantuviera todo en secreto caían sobre sus hombros cual piedras de tres toneladas. Nunca había sido bueno para guardar secretos, mucho menos a sus hermanos. Ellos siempre sabían lo que pasaba, y sabían como quitarle la información. Desvió la mirada hacía Sabo, el rubio parecía estar preocupado. Su ceño fruncido era de pena y curiosidad, en cambio, el ceño de Ace, demostraba que estaba algo enojado. Posiblemente porque no le estaba queriendo contar, sabía que su hermano mayor se frustraba con facilidad.

- Nosotros estamos comenzando de nuevo - Soltó luego de varios segundos de incomodidad.

- ¿En serio? - Sabo arqueó una ceja.

- Si, aunque es un secreto - Lo contempló fijamente.

- ¿Un secreto? - Ace soltó un suspiro.

- No lo sé, Nami quiere tenerlo en secreto - Alzó los hombros con indiferencia - Dijo... - Se llevó la mano al mentón de manera pensativa - Que no quería algo apresurado y no quería quitarle el protagonismo a Kaya y Usopp -

- Entiendo - El rubio dejó escapar el aire de sus pulmones - Menos mal, creí que estabas echando todo a perder de nuevo -

- Bien... Eso explica las cosas - El morocho se rascó la nuca agotado - Bueno debo irme a ayudar a Nojiko, dejarla con esos dos es como mandarla al muere - Comenzó a camiar a la puerta.

- Yo también, Koala necesita ayuda para bañar a Rina - Soltó una carcajada - Es demasiado traviesa -

- ¿Todavía no sabes a quien sale? - Murmuró Ace mientras ponía los ojos en blanco de manera cómica, pero antes de atravesar el umbral de la puerta, volteó hacía el menor de sus hermanos - Oi, Luffy, no lo eches a perder. No ahora -

El menor lo contempló en silencio.

- Ace tiene razón, echarlo a perder ahora significará que la perderás para siempre -

El menor quedó en silencio. Contempló como sus hermanos se alejaban mientras compartían anécdotas de sus pequeños. Desvió su mirada hacia la ventana. El sol estaba comenzando a caer lentamente en la montaña. Perderle para siempre, se dijo a sí mismo. No era algo que podía permitirse. ¡Yo te amo!. Recordó las exactas palabras que la pelinaranja había dicho en la cena cuando viajaron a la playa. Habían pasado 12 años de eso y jamás la volvió a oír decirlo. Ni siquiera ahora que estaban comenzando una relación de nuevo... Si, anoche lo había besado. También esa mañana en la habitación del hotel, pero... No la había oído decir eso de nuevo. Quizás estaba asustada, quizás tenía miedo de que las cosas salieran mal de nuevo. Perdón, que él arruinara las cosas de nuevo.

Ace tiene razón, echarlo a perder ahora significará que las perderás para siempre. No. No podía permitirse echarlo a perder. Luffy era consciente de que siempre arruinaba todo, de que a veces su ingenuidad y su inocencia lograba que las cosas no salieran como lo esperaba, sin embargo... También sabía que no cometía el mismo error dos veces. Se puso de pie y caminó hasta la ventana. Si algo había aprendido durante esos doce años, era que ciertos errores se pagaban caro. Y por mucho tiempo había creído que había perdido a la pelinaranja para siempre... El destino le había dado otra oportunidad. Y no lo iba a echar a perder.

Cierto movimiento llamó su atención. Ajustó la mirada y notó que Vivi, Kaya, Robin y Nami estaban caminando por el sendero nevado. Las cuatro iba bien abrigadas y parecía como si la rubia les estuviera realizando un circuito guiado por la finca, posiblemente se adentraran en el pequeño bosque de pinos. Soltó una sonrisa.

Se le acababa de ocurrir una gran idea.

(...)

Las cuatro chicas caminaban por el camino congelado. Todavía quedaba algo de luz por lo que el camino no era peligroso, además Kaya lo sabía de memoria. No había nada porque preocuparse. El objetivo de la caminata era poder admirar los viñedos de noche, según la rubia, una experiencia única. Sobre todo esa noche que habría una interesante luna casi llena.

Caminaron observando los pinos, las flores y el paisaje rural. Algo que, después de convivir con las brillantes luces de la ciudad, le agradaba a cualquiera.

Llegaron a los viñedos, las uvas eran de un tono carmesí muy bonito y al parecer estaban en el comienzo de su desarrollo. Kaya se acercó y tomó una fruta para cada una y se las dio para que probaran el sabor.

- Cuando era niña y no me dejaban salir de mi casa, me escapaba y venía aquí - Recordaba que había habido una época donde estaba muy enferma, por suerte ya lo había superado.

- Son muy ricas - Sonrió Vivi.

Nami dio un mordisco y mientras saboreaba el dulce sabor, contempló el cielo. Las estrellas invadían el lugar mientras que la luna les proporcionaba la luz necesaria. Le agradeció a los Dioses que no estuviera nevando para poder disfrutar aun más de ese espectáculo.

- ¿Verdad? - Preguntó la rubia amigablemente.

Una fría ventisca sacudió los cabellos de todas las presentes. Había un mito acerca de aquellas montañas, el invierno sin nieve era más gélido que cuando los copos invadían los cielos. Bueno... Lo estaban comprobando. No estaba cayendo una sola gota de nieve, pero el frío polar era terrible.

- Lo mejor será volver -

Emprendieron la vuelta. Dado a que el camino entre los pinos era muy angosto, debían caminar de uno en uno. A la cabeza de la fila iba la dueña del recinto, conocía tan bien sus caminos que no había manera de perderse. Detrás la seguía Vivi, tan energética como de costumbre, le preguntaba diferentes cosas acerca de la uva que solían cultivar los padres de Kaya en esa posada. Robin le seguía en silencio, la mujer parecía estar escuchando cada respuesta que la rubia daba con el fin de aprender más, algo típico en ella. Nami iba al final, varios metros más atrás. Había quedado atrás dado a que, cuando sus amigas comenzaron a volver, ella aun estaba mirando los cielos, completamente petrificada. Tuvo que oír la voz de Kaya llamándola.

Alzó sus ojos con sorpresa.

- ¿Estás bien? - Dijo la rubia en tono preocupado.

- Claro, no te preocupes - Sonrió - Estaba pensando en lo que decías -

Kaya emitió una pequeña sonrisa y continuó con la explicación, Vivi se giro hacia ella con emoción y la siguió de cerca. Pero Robin se detuvo dos segundos a contemplarla, la pelinaranja alzó los hombros y le hizo señas para que siguieran caminando. El frío ya comenzaba a petrificarle los huesos.

De repente, escuchó cierto crujido entre el bosque. Nami se detuvo en seco, pero se percató que ninguna de sus amigas lo había notado. Frunció el ceño mientras la adrenalina trepaba por su espalda. Kaya había dicho que animales en esas zonas eran comunes. Quizás se trataba de un ciervo... o de un lobo... Posó sus ojos del lugar donde había venido el sonido y se acercó lentamente. Si era un animal salvaje, no podía permitirse que la tomara de golpe. Se acercó a una rama que estaba a media cubrir por la nieve y la tomó con fuerza. Intentaría asustarlo para no tener que lastimarlo.

Avanzó lentamente, intentando que sus pasos en la nieve fueran lo más silencioso posibles. El sonido venía de detrás de un árbol. Tragó saliva y se arrimó lentamente. Alzó el palo más arriba, tenía que estar preparada para lo que sea. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Luffy salió de su escondite y le tapó la boca para evitar el grito que la pelinaranja estuvo a punto de soltar.

El morocho la apoyó contra el viejo tronco donde había estado escondido todo ese tiempo y apoyó la frente en la de la mujer. Poco a poco, el hombre le destapó la boca.

- ¡¿Qué demonios...?! - Pero antes de que pudiera seguir hablando, le cubrió los labios de nuevo.

- Oi, no quieres que se enteren ¿Verdad? - Sonrió y al notar que las pupilas de la mujer se tranquilizaban, le permitió volver a hablar.

- Aun así... ¿Qué es lo que te pasa? - Preguntó furiosa pero en un susurro.

- Tengo una idea - Le dijo con cierta emoción en su voz.

- ¿Una idea? - La ira en su rostro se desvaneció, y apareció la curiosidad.


Hasta aquí hemos llegado. Espero que les haya gustado. Las cosas a partir de aquí ya no serán las mismas, estaré ansiosa por leer sus comentarios.

¡Nos leemos pronto!