Hola, aquí he vuelto. Sé que ha pasado tiempo pero por fin tengo tiempo para actualizar. No tengo mucho para decir, he estado con la universidad y buscando empleo por lo que no tengo mucho tiempo libre... También he estado trabajando en un proyecto personal que me ha quitado mucho ocio.

Quería agradecerle los comentarios a Ayame D. Moiruchi, a Narsil40, a Guest, a Myst, a Solitario196, a darkn3355, y a lolitadelavega.

Sin más que decir, aquí se los dejo:


Era como estar en un viejo cuento de hadas, Nami bajó la mirada, demasiado bueno para ser verdad. Respiró profundamente e intentó quitar todos los pensamientos de su mente. Volteó lentamente, dejando que los brazos del morocho abrazaran su cuerpo por la espalda. Estaba demasiado cerca, en otro momento eso la hubiese incomodado, pero en ese momento no le importaba. Cerró sus ojos y apoyó la cabeza en el pecho del hombre, escuchó sus latidos una y otra vez. Era reconfortante sentirse protegida.

- ¿No te importa que nos vean así? - Preguntó el morocho con una sonrisa.

- No hay nadie aquí... - Susurró mientras cerraba sus ojos.

Luffy comenzó a mecerse en silencio. Posó ojos en el espejo y contempló aquella escena. La oscuridad que apenas se veía interferida por la luz lunar que ingresaba por las ventanas. La habitación completamente vacía. El olor a los jazmines que habían colocado para perfumar el ambiente, lo embriagó. El silencio era interrumpido por las ráfagas de viento del exterior. Cuando la pelinaranja alzó la mirada para poder verlo a los ojos, él sonrió. Había anhelado ese momento por mucho tiempo. Estiró sus manos y tomó las rosadas mejillas de la mujer. Sin esperar a que reaccionara, deslizó sus labios hacía los de ella. Y le dio un delicado beso que duro varios minutos.

Al separarse, la contempló fijamente.

- ¿Lo has dicho en serio? - Los ojos de Nami se posaron en él y se separó un poco de su cuerpo.

- ¿Qué cosa? -

Bajó la mirada y apoyó su mano en el vientre. Quizás... quizás se lo había tomado muy literal. Se mordió el labio inferior e intentó ocultar la vergüenza que había comenzado a surgir bajo su piel.

- Oh... - El morocho estiró su mano y la apoyó justo sobre la de la mujer - Solo si tu quieres, claro -

Nami cerró sus ojos por unos segundos. No sabía que pensar. Tuvo un repentino viaje al pasado. Cuando apenas había comenzado a salir hacía doce años, en aquellas alocadas vacaciones, habían tenido un accidente automovilístico del que habían salido ilesos. Sus hermanos se habían peleado por la imprudencia de Ace al conducir y un extraño hombre los había acogido en su casa para pasar la noche. En un momento, cuando ambos estuvieron solos, Luffy se había puesto casi encima de ella, y ella le había dicho que estaba preocupada por sus hermanos. Pero justo antes de que pudieran seguir hablando, su Nojiko había aparecido y había dicho algo que la había dejado avergonzada. No quiero interrumpir nada... Pero el café está listo. Cuando la vio guiñar un ojo, Nami se había puesto bordó y recordaba haber pateado al joven mientras gritaba que no interrumpía nada. Soltó una pequeña sonrisa al recordar el rostro de perplejo de Luffy. No sé de qué te avergüenzas, si ya son novios. Es normal que tengan su intimidad. Esa frase había sido peor, y para colmo, Luffy ni siquiera entendía que era intimidad... Cuando la mayor los dejó solos, él le había preguntado que significaba intimidad y ella sin saber como explicarlo, se había arrimado a él. Aun así, ni siquiera llegó a decirle algo... Ace apareció para volverlos a irrumpir.

Al soltar una carcajada, Luffy arqueó una ceja.

- ¿Sucede algo? -

- Oi... - Nami apoyó una mano en su pecho con energía - ¿Ya sabes de donde vienen los niños, verdad? -

El morocho se cruzó de brazos, serio y contempló el techo con aire pensativo.

- Juro que Margaret me lo explicó, pero no hay muchas cosas que no entendí -

- ¿Qué acaso nunca cambias? - No podía creerlo, pero no estaba enojada. Más bien, sonreía.

- No exactamente -

Soltó un amistoso suspiro y lo tomó de la mano

- Vamos, te lo explicaré arriba -

(...)

Todo estaba más que listo. Las mesas habían sido colocadas a lo largo y ancho del salón. Los manteles eran blancos y dejaban ver la fina porcelana. Un pequeño centro de mesa con jazmines decorada con una cinta amarilla era lo que desviaba la atención. Las sillas estaban fundadas de blanco con moños rubios. Y el salón deslumbraba por su sencillez y buen gusto. El hogar estaba encendido para calentar el ambiente, fuera la nieve cubría el suelo. Sin embargo, no nevaba hacía varias horas y los encargados de acomodar el recinto para la boda, habían logrado barrer la nieve y colocar una gran carpa blanca para situar a todos los espectadores de la gran ceremonia. El altar estaba situado en una glorieta de mármol blanco situado en uno de los más bellos jardines del hotel. Las columnas estaban enrolladas con luces blancas y hacían todo más mágico.

Los invitados circulaban entre los asientos, hablando, riendo y contemplando el detalle en las decoraciones. Todos los hombres vestían de traje y todas las mujeres lucían bellos vestidos. Zoro yacía apoyado contra una de las columnas del la carpa, odiaba vestir de traje. Le resultaba incómodo, sobre todo cuando en vez de llevar corbata era obligado a llevar moño. Abrió los ojos cuando sintió la presencia de sus compañeros y divisó que Sanji y Luffy avanzaban hacía él. El rubio se acomodó la manga del traje, estaba acostumbrado a vestir de saco y camisa. En cambio, el morocho peleaba por acostumbrar su cuello a la presión del moño.

El peliverde desvió la mirada hacía Usopp, quien caminaba de un lado a otro con el rostro pálido. Soltó un suspiro y dijo:

- ¿Seguro que estará bien? - Esperaba que el morocho no muriera de un infarto antes de su boda.

- Solo está nervioso - Sanji sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió - Es normal - Dio una larga calada.

- Ya se le pasara - Sonrió Luffy al finalizar con su problema.

La gente comenzó a tomar asiento poco a poco. No faltaba mucho para que la boda comenzara. Los tres hombres contemplaron en silencio como todo iba tomando forma, en nada de tiempo, la novia y sus damas de honor aparecerían. Era hora de tomar sus lugares. Caminaron hacía la pérgola y subieron por los delgados escalones de mármol. Cada uno tenía un puesto designado que debía respetar. Debían formar una fila justo al lado del novio, pero un paso atrás. Junto a Usopp iba Luffy, a su lado Sanji y por último, Zoro. El morocho subió los escalones y con las manos temblorosas, se paró justo delante del cura. Estaba nervioso, todos podía ver eso, pero... ¿Quién no lo estaría?

Todos se pusieron de pie en cuanto el piano comenzó a sonar, el arpa acompañó la melodía mientras envolvía a todos los presentes en una bucle de nerviosismo, emoción y nostalgia. Usopp respiró varias veces intentando calmar su corazón. Llevaba latiendo con fuerza desde que había amanecido. Los tres compañeros se giraron y contemplaron la magnifica entrada.

El caminó por donde transitaban la novia y las damas de honor, estaba delineado por una camino amarillo. La nieve a sus alrededores le daba un toque místico. Era como estar dentro de una novela de princesas y hadas. La primera en ingresar fue Robin, pues era la que menos vergüenza sentía para ser el primer rostro que verían. Por medio de piedra-papel-tijera, decidieron que la segunda sería Vivi. La tercera, era Nami y la última, era la misma Kaya. Las tres damas tenían un perfecto vestido hecho a medida color amarillo. Cargaban un ramo de jazmines que iban desprendiendo su perfume en todos los presentes. Y sus cabellos iban recogidos en un rodete decorado con pequeñas flores de plata.

Una a una, fueron subiendo las escaleras de mármol hasta encontrarse frente a frente con el altar. Las damas de honor dejaron lugar a la novia, colocándose tal y como lo habían hecho Luffy y compañía.

La ceremonia comenzó cuando el cura comenzó a dar su típico discurso. Todos aguardaron en silencio mientras escuchaban lo que tenía que decir. Luffy tomó coraje y desvió la mirada hacía el lugar donde se encontraban las mujeres. Era increíble como un poco de preparación podía convertir a una mujer en una completamente diferente. La manera en como el vestido caía sobre el cuerpo de la pelinaranja era llamativo. No solo perfeccionaba su belleza, sino que ese color quedaba perfecto con su tez. Además... La manera en como contemplaba a los novios era envidiable. Ojala lo estuviera contemplando a él.

Al oír que el cura le pedía a los novios que aceptaran los votos del otro, volvió a posar la mirada en la atracción principal. Ambos dijeron que sí y se les dio el permiso para sellar su promesa en un largo y tierno beso, en el que todos aplaudieron. Cuando los novios, tomados de la mano, se dirigieron al interior de la gran casa, todos los siguieron.

La ceremonia, se había trasformado en una fiesta. Y como en toda boda... lo primero que se hacía era bailar el tan esperado vals.

La costosa orquesta que los padres de Kaya habían contratado comenzó a tocar los instrumentos en cuanto los novios se situaron en medio de la pista. Todos los ojos se posaron en ellos con alegría. Siempre era bueno ver un par de novios recién casados. Trasmitían lo que muchos no podían. El largos vestido blanco danzó por toda la pista mientras ambos intercambiaban comentarios graciosos que los hacían sonreír.

Fueron el centro de atención por varios momentos, hasta que la melodía cambió. En el segundo vals, Sanji aprovechó que varias parejas ya habían ocupado la pista para acercarse a Vivi. Tomó su mano con delicadeza e hizo una pequeña reverencia. La peliceleste volteó a contemplar a sus amigas con entusiasmo para luego asentir. Antes de desaparecer, el rubio le tendió una mirada de triunfador a su eterno rival. Zoro mordió su labio inferior y frunció el ceño. Era increíble hasta que punto podía ponerlo furioso. Soltó un suspiro y sin decir ninguna palabra, se acercó a la morocha. Desvió la mirada, avergonzado mientras le tendía el brazo. Robin soltó una pícara sonrisa y se alejó junto al peliverde.

Nami también sonrió. Todavía no podía creer cuanto había cambiado el peliverde, y todo por su amiga. Dejó su ramo en una pequeña mesa mientras contemplaba como sus amigas se divertían yendo de aquí para allí. Notó que hermana también estaba bailando con Ace, y que los niños intentaban imitarlos a un costado de la pista. Todo eso era locura, jamás había visto a sus amigos tan felices entre ellos. Desvió la mirada hacía la zona de sillas y mesas. Sabo y Koala también se encontraban juntos. Claro que no podían bailar, debían que cuidar de Rina. Aun así... también se veían felices. Soltó un suspiro e intentó buscar a Luffy con la mirada. Al menos podrían intercambiar unas palabras sin lucir sospechosos. Pero no lo encontró. Respiró profundamente y volvió a posar la mirada en la pista. Genial, hasta el morocho había encontrado a alguien con quien bailar mientras ella yacía allí.

Inesperadamente sintió como alguien le tocaba el hombro. Volteó sorprendida y al encontrarse de frente a Luffy, desvió la mirada.

- ¿Quieres ir? - Preguntó el hombre mientras se acercaba a ella. La música estaba tan alta que casi no podían hablar.

- Será muy evidente - Murmuró y se cruzó de brazos.

- Vamos, anda - Estiró su mano y la tomó - No se darán cuenta. ¡Mira cuanta gente hay allí! -

Nami contempló la pista de baile una vez más. Bueno... En realidad tenía razón. La cantidad de gente que había bailando era sorprendente. Lo volvió a pensar, pero terminó afianzando la mano. En ese preciso momento, como si fuese una señal del destino, la música cambió. Ambos caminaron tomados de la mano hacía lo más profundo de la pista. La mujer respiró profundamente en el momento que el hombre tomó su cintura. Y comenzaron a girar en círculos. Le dio cierta gracia saber que ni él sabía lo que hacía, simplemente iba y venía, giraba y contra giraba. Estuvo a punto de pisarlo pero fue más rápida y apoyó su zapato en otro lugar. Pero ni siquiera podía quitar la mirada de sus oscuros ojos.

- No es tan grave ¿Verdad? - Sonrió mientras la hacía girar como si estuvieran bailando rock clásico.

- No... - Dijo con sarcasmo mientras reprimía las ganas de reír - ¿Acaso nadie te enseñó a bailar? -

- Mi hermano intentó - Añadió pensativo mientras la volvía a tomar de la cadera.

- ¿Cuál? -

- Ambos - Recordó.

No había cambiado en lo más mínimo. Cuando los brazos del morocho se tensaron, sintió como la atraía a su cuerpo. Comenzó a sentirse algo incómoda, como si la estuvieran observando. Desvió la mirada hacía el resto de parejas que danzaban sin parar. Cuando los músicos hicieron la señal para cambiar de pareja, ambos se separaron. Nami sintió como alguien la tomaba del brazo y la arrastraba hacía su cuerpo, al alzar la mirada, notó que se trataba de su cuñado. Por la mirada de Ace, supo que estaba al tanto de la situación.

Por su parte, Luffy también tomó a la primera mujer que encontró. Posó los ojos en la peliceleste y al reconocerla, sonrió.

- ¡Vivi! -

- Dime que está pasando - El comentario de la mujer, lo dejó pasmado - Estaban bailando juntos -

- No es nada, nosotros... - Intentó excusarse.

- Solo dímelo -

El sonido de cambio volvió a resonar y el morocho aprovechó para escapar de esa situación tan incómoda. Se topó con Robin, quien le regaló una sonrisa.

- Necesito ayuda - Comentó mientras comenzaba a girar.

- ¿Ayuda? - La morocha alzó una ceja - Parecían divertirse hace unos momentos -

- Ese es el problema, creo que ya sospechan... - Susurró como si alguien más pudiera oírlos.

- Hace unos momentos estuve con Sanji-kun, y sí, él también sospecha - Le informó tranquila como si nada estuviera pasando - Y Usopp también les echó el ojo -

- Maldición... - Dejó escapar un suspiro.

- Tranquilo, todo irá bien - Robin señaló con la mirada hacía la derecha - Alguien también está siendo interrogada -

Cuando el morocho contempló hacía Nami, la vio hablando con el rubio. Sanji parecía mirarla fijamente mientras la pelinaranja se defendía con pequeñas palabras.

Afortunadamente para ambos, la música dejó de sonar y una voz informó que el primer plato se serviría en cuestión de segundos. Todos los invitados se abalanzaron hacías las elegantes mesas que habían dispuesto para la ocasión. Las grandes mesas tenían manteles blancos con pequeñas puntillas amarillas, las sillas estaban enfundadas en el mismo tono amarillo que Kaya había elegido para su color complementario. Y sobre la madera, un pequeño florero de vidrio contenía jazmines que perfumaban la sala. A diferencia de otras bodas, donde los novios compartían asiento junto a sus parientes, ellos habían optado por estar con sus amigos. Así, los ocho compartían una mesa redonda donde el centro estaba destinado a la pareja principal de esa noche. Del lado izquierdo yacían todos los hombres, mientras que del derecho, se ubicaron las damas.

Los camareros aparecieron de la nada, cargando brillantes bandejas de plata. En ellas, varios platos relucían con porciones de carne bañada en su salsa y pequeñas papas redondas. A simple vista, daba la sensación de ser una corte tierno y jugoso. En cuanto lo pusieron delante de sus narices, Luffy se arrojó sobre la comida. Sin siquiera masticar correctamente, engulló varias veces. Era lo más rico que había probado en días, no le extrañaba que Sanji hubiera supervisado la cocina antes de la fiesta. Todo estaba exquisito, tal y como solía hacerlo él.

En el gran salón, todos disfrutaron. Comieron mientras una gran nube de murmullos invadió los complacidos oídos de los novios. Cada uno de sus invitados parecía estar pasándolo bien, solo se veían sonrisas y se escuchaban alguna que otra carcajada. Kaya contempló a su alrededor con una sonrisa. No podía estar saliendo mejor. Su familia, sus amigos, todos allí reunidos. Anne y Edward corrían entre las mesas, riendo. Hasta los niños se divertían. Cuando posó sus ojos en sus amigos más cercano, no pudo evitar sentir tranquilidad en su corazón. Todo marchaba bien. Hacía años que no estaban todos reunidos en un mismo lugar, desde que Nami se había ido siempre había habido ausentes. Las reuniones perdieron su frecuencia y la universidad quitó tiempo. Pero luego de varios años... Todos estaban allí. Por ella, por ella y por Usopp.

Pasó sus oscuros ojos por cada uno de sus compañeros. Todos habían madurado, no solo físicamente, también psicológicamente. Cuando su mirada se posó en Nami, notó que la pelinaranja contemplaba fijo un punto. Curiosa, desvió la vista y siguió el hilo de sus ojos. Está mirando a Luffy, pensó y al divisar como una pequeña sonrisa aparecía en sus labios, se puso de pie. La mirada de todos se pusieron en ella, con sorpresa.

- ¿Estás bien? - Le preguntó Usopp.

- Quiero ir al baño - Tomó la punta de su vestido y soltó la sonrisa más amigable que pudo - ¿Pueden ayudarme? -

Las tres mujeres se pusieron de pie y se alejaron detrás de la rubia. Los hombres las contemplaron en silencio ya aprovecharon la ausencia para relajarse. Sus espaldas se destensaron y se apoyaron sobre el respaldo. Usopp soltó un gran suspiro.

- Las cosas están yendo bien ¿Verdad? - Preguntó un tanto nervioso por la respuesta.

- Claro, la comida es excelente - Sonrió Luffy mientras aprovechaba la ausencia de Vivi para tomar una papa que había dejado. Pero antes de que pudiera tomarla, Sanji le golpeó el brazo con fuerza.

- No hagas idioteces - Comentó con el ceño fruncido, pero su frente se tranquilizó - Aunque... - Murmuró - Oi, ¿Qué esta pasando entre Nami y tu? -

Un pequeño silencio se abrió paso entre ellos. Tanto los ojos de Sanji como los de Usopp se posaron en él. Zoro soltó un suspiro y desvió la mirada.

- ¿De qué estás hablando? - Preguntó intentando sonar lo más natural posible, aunque sabía que la palidez de su rostro lo delataba - Solo somos amigos -

- Pero estaban bailando hace unos momentos - Agregó Usopp mientras apoyaba los codos en la mesa y se acercaba - No recuerdo la última vez que tuvieron tanta confianza -

- ¿Confianza? - Luffy pestañeó dos veces - Es una fiesta, sería muy aburrido quedarnos sin hacer nada -

- Oi, de todas las mujeres que hay aquí - El rubio alzó la mirada y ojeó varias mesas donde las femeninas destacaban por ser mayoría - ¿Tenías que bailar con ella? -

- Ya te dije - El morocho volteó hacía el cocinero - Es mi mejor amiga -

- Eso dices hace años pero jamás la volviste a ver, nunca le hablaste, desde que te fuiste a la otra universidad - Sanji frunció el ceño.

- Además - Usopp captó la atención de ambos - Todos aquí sabemos que la seguiste amando -

Esperaron a que pudiera contestar, pero Luffy no dijo nada. Bajó la mirada y recordó todo lo que había pasado desde que había terminado su relación hacía más de diez años. Tragó saliva.

- Escucha... - Más tranquilo, el flamante esposo estiró su mano y la apoyó en el hombro del morocho - Cuando suene la siguiente pista musical, irás, la sacarás a bailar de nuevo y la besarás -

¿Besarla? ¿Acaso estaba mal de la cabeza? Los ojos de Luffy se abrieron grandes como platos.

- ¿Adelante de todos...? - Tartamudeó nervioso - No puedo... -

Era una locura. Nami lo mataría si hacía algo como eso. Se frotó la nuca sintiendo el dolor por adelantado. Pero no solo eso... Oi, Luffy, no lo eches a perder. No ahora, recordó que Ace le dijo. Nami quería mantener todo eso en secreto, y si él iba y la besaba delante de todos... Se enojaría muchísimo. Pero no sería un simple fastidio, el enfado sería eterno. Y la única posibilidad que había tenido para recuperarla, se esfumaría en un segundo.

- Claro que puedes - Sonrió Usopp. Inesperadamente, la música comenzó a sonar y las luces se apagaron con violencia - Vamos - Lo tomó del brazo y lo obligó a ponerse de pie - Llegó la hora -

(...)

Kaya ingresó en el baño con el paso rápido. Detrás, sus tres damas de honor la seguían de cerca. Habían atravesado toda la pista para poder ingresar a unos pequeños baños para los invitados. Pero antes de ingresar a un cubículo, la novia se detuvo y giró con brusquedad. Las tres mujeres quedaron pasmadas, sorprendidas ante su cambio de actitud. Se suponía que ayudarían a mantener el molesto vestido mientras iba al baño.

- No voy a ir al baño - Dijo con autoridad, algo extraño pues la rubia siempre solía ser muy dulce al hablar.

- ¿Sucedió algo? - Robin frunció el ceño.

- Sucede que... - La novia posó los ojos en Nami - Tienes que hablar ahora -

- ¿Hablar? - La pelinaranja sintió un sudor helado resbalando por su espalda - ¿Hablar de que? -

- Sabes perfectamente - El tono de voz de Kaya era algo que rara vez habían oído en sus labios - De Luffy - Añadió al notar su silencio.

- Oi, es verdad - Vivi también se giró hacía la pelinaranja con entusiasmo - ¡Estaban bailando! -

- Ustedes también bailaron con él - Afirmó y sus hombros se tensaron - Quiero decir... - No quería ponerse colorada, no quería que el rubor apareciera en sus mejillas - Es una fiesta -

- Vamos, Nami - Dijo la peliceleste con sarcasmo - De todas las personas que hay aquí... Y tu te pones a bailar con él -

- Él se ofreció - Se sentía acorralada.

- Y tu aceptaste - Insistió Kaya mientras se cruzaba de brazos - Oi... Yo entiendo todo lo que has pasado - La rubia se acercó a su amiga y acarició su mejilla con sumo cuidado - Pero somos conscientes de lo que sientes por él... Y... Estamos casi seguras... - Acomodó un pequeño bucle pelinaranja que se había salido del amarre - Que él siente lo mismo por ti - Al notar que Nami abrió la boca para decir algo, apoyó un solo dedo en sus labios - Eres nuestra amiga y queremos que seas feliz -

- Kaya tiene razón - Los ojos de Vivi brillaron con emoción - Tienes que ir y decirle todo lo que sientes -

- ¿De qué están hablando? - Era imposible ocultar la vergüenza que estaba sintiendo al hablar de ese tema - No puedo hacer eso -

- Claro que puedes - Reiteró Vivi con energía - Sé que puedes -

- Yo también creo en ti - Kaya le tomó la mano.

- ¡Robin! - Al darse cuenta que no había como escapar de eso, se giró hacía su amiga y le suplicó con la mirada - Diles que no puedo -

La morocha lo medito por varios segundos, sumida en el más incómodo silencio. Pero finalmente, sonrió.

- Lo que sucedió entre ustedes dos terminó en una fiesta como esta, creo que es el mejor lugar para iniciarlo de nuevo - Le guiñó un ojo.

- Pero... - Intentó excusarse la pelinaranja.

- ¡Bingo! - Vivi dio un ligero salto - Es unánime, tienes que hacerlo -

- Kaya... - Los ojos de Nami se posaron en su amiga. Se encontraba tan bella con aquellas sombras y los rosados labios - Es tu boda, yo no quiero desviar la atención de ustedes dos... Aun si... -

- ¿Crees que eso me importa? - Las palabras de Nami la habían tomado por sorpresa - Eres mi amiga, quiero que seas feliz y sé perfectamente como - Apretó la mano de la pelinaranja y sonrió - Consideralo como un regalo de bodas -

- Pero si acepta, nosotros... - Sabía que eso era algo que todos esperaban por años.

- Si acepta, haremos un brindis especial - El tono de la rubia se había tranquilizado - Si no... Iremos a tomar un par de tragos al bar más costoso y haremos un casting para conseguirte a alguien - Bromeó.

Nami soltó una tímida risa y respiró profundamente. La música comenzó a sonar en la pista y se comenzó a sentir tensa. Una cosa era estar con Luffy en secreto, escabullirse, negar todo... Pero... Demostrarle a todo el mundo lo suyo... ¿Qué tal si todo volvía a echarse a perder? ¿Si todo el sacrificio era en vano? ¿Si él lo volvía a estropear como la última vez? Deberías confiar un poco más en él, Robin había sido muy dura cuando ella estaba quejándose de Luffy.

Bien. Tenían razón. Todas tenían razón. Por más que le disgustara la idea, tenía que hacerlo... Tenía que afrontar.

Las cuatro avanzaron hacía la puerta y atravesaron el umbral. Todo estaba a oscuras, a excepción de las luces de colores que iluminaban la pista de baile. La multitud ya se había amontonado, todos reían, bailaban, se divertían como si no hubiera un mañana. Nami sintió una extraña sensación cuando divisó que sus cuatro amigos estaban del otro lado de la gente. Parecían buscarlas con la mirada. Intentó esconderse detrás de Robin, pero Vivi la sacó de un tirón y la empujó hacía adelante.

Sus pies comenzaron a caminar por sí solos. Sus manos sudaban y tuvo que limpiarlas en la larga falsa amarilla. Esquivó a varias personas que danzaban con brusquedad, parecían estar hipnotizados por la música. Las piernas comenzaron a temblar y agradeció tener el vestido que las ocultaran.

Se encontró en la mitad de la pista, rodeada de personas que reían y se divertían haciendo movimientos extraños, con Luffy. Desvió la mirada nerviosa, sabía perfectamente que los ojos de todas sus amigas estaban puestos en ella. Respiró hondo y aunque notó la tensión en los hombros del morocho, no se atrevió a preguntar.

- ¿Ha pasado algo? - Le preguntó el hombre al notarla algo nerviosa.

- Yo... - La cabeza le daba vueltas - Yo no quiero... -

- ¿No quieres...? - Preguntó intrigado.

- Escucha, porque no lo diré dos veces - Pensó en Kaya y en todo lo que le había dicho. Consideralo como regalo de bodas. - Yo... -

¿Cómo decir algo tan profundo? Algo que ni ella se atrevía a pensar. Si, estaba saliendo con él... pero... no había terminado de abrirse. Todavía faltaban muchas cosas que decirse, muchos sentimientos que confesar, como...

- Te Amo - Se escuchó diciendo en voz baja. Al notar que el morocho fruncía el ceño, recordó que la música estaba muy alta y que jamás lo escucharía si no elevaba la voz - Te Amo - Dijo con más fuerza.

Los ojos de Luffy se abrieron como platos. ¿En verdad estaba escuchando eso? ¿O su mente estaba tan desesperada, tan desamparada, que estaba imaginando cosas? Doce años, doce largos años habían pasado desde la primera vez que había aprendido el verdadero significado de esa palabra. Lo había aprendido por las malas, tenía que admitirlo. Pero en cuanto la asimiló corrió a decirle a la pelinaranja lo que sentía. ¿Me amas?, había preguntado esa noche en la playa. El gratificante sonido de las olas rompiendo en la costa y el húmedo olor de la sal, había llenado sus pulmones. Claro, sonrió él. Siempre lo hacía. Pero... Esas palabras... Ese Te Amo, era lo que más había esperado. Sintió cierta alegría y no pudo evitar tomarla por las mejillas y apoyar sus labios sobre los suyos. El deseo que había pedido la noche que vieron la estrella fugaz en la pequeña isla del lago, se había hecho realidad.

El calor de sus labios se apoderó de él. No era la primera vez que la besaba, claro. Pero por alguna extraña razón, esa vez fue diferente. Sabía que la pelinaranja se enojaría. Todavía estaba con el discurso de mantenerlo en secreto. No pudo aguartalo más.

Cuando se separaron, el morocho notó la mirada atónita de la mujer. No lo había esperado, jamás lo vio venir.

Inesperadamente, la habitación quedó oscura y una poderosa luz los iluminó a ambos. Se cubrieron el rostro con una mano e intentaron observar que estaba pasando. Vivi apareció en la oscuridad y los abrazó con fuerza, se colgó de sus cuellos como si fuese un columpio.

- ¡Por fin! - Exclamó.

- Vivi... - Alcanzó a murmurar Nami, sorprendida.

Las luces se encendieron para dejar ver a todos sus amigos de pie frente a ellos. El rostro de Nami se torno apenado y bajó la mirada. Al final... Todo había terminado como ella no quería. Cuando la peliceleste los dejó, la pareja estrella de la noche se acercó lentamente. Kaya tomó las manos de Nami con fuerza y sonrió dulcemente.

- No fue tan duro ¿Verdad? - Bromeó feliz.

- Kaya... - Susurró.

- Eso fue increíble - Usopp dio un ligero golpe en el pecho de Luffy - Te dije que era hora -

Luffy simplemente se rascó la nuca y rió.

- Estoy tan feliz por ustedes - Agregó la peliceleste con emoción.

Nami se comenzó a sentir espantosa. Hacía pocos días que salía con el morocho, pero no se había atrevido a decir una sola palabra. Ni siquiera a sus amigas, con las que compartía secretos y chismes. Respiró profundamente y apretó las manos de la rubia con fuerza.

- Kaya... Nosotros... En realidad nosotros estamos saliendo desde hace unos días... - Tartamudeó. Pero al ver el rostro de sorpresa de su amiga, se apresuró a decir - No quería que esto pasara, no quería quitarte el centro de atención, por eso nosotros... -

- Nami, estoy tan feliz - La novia se llevó una mano al rostro y limpió la lágrima antes de que pudiera caer y correr su maquillaje - Todos los presentes, son lo que más queremos - Desvió la mirada hacía su flamante esposo - Incluyéndolos -

- Es verdad, Nami, Luffy - Añadió el morocho mientras se acomodaba la camisa con una sonrisa - Hemos esperado esto por años, créelo, muchos años... -

- Doce para ser exactos - Se atrevió a decir Sanji con indiferencia.

- Y ahora... - La rubia tomó la mano de Luffy y los obligó a sujetarse con firmeza - Comienza la verdadera fiesta -

La música comenzó a sonar y la gente volvió a la pista. Nami se giró hacía el morocho y lo contempló con una tímida sonrisa. Quizás las cosas no habían salido como ella quería, pero no estaba tan mal. Cuando Luffy le sonrió, sintió que su corazón se derretía. ¿Quién iba a creer que doce años más tarde las cosas volverían a empezar? Recordó lo pequeña que era, lo ingenua. En ese tiempo solía tener el cabello más corto y el pecho más pequeño, era una niña que lo único que buscaba era el amor verdadero. Y por años creyó que eso era mentira, que tales cosas no existían. Pero como suelen decir... El verdadero amor nunca se olvida. Ella sonrió también. Había hecho todo lo que quería, había estudiado, había viajado, había trabajado en los mejores lugares del mundo... ¡Joder! ¡Había trabajado en la Antártida! ¡¿Qué más quería?! Recordó que cada vez faltaba menos para que sus vacaciones acabaran, luego volvería a Australia y de ahí volvería al continente blanco.

Pero... Examinó el rostro del hombre. No... No volvería. Por fin había encontrado su lugar. Se quedaría allí, junto a él. Para siempre.

(...)

2 meses más tarde...

El reloj estaba por llegar a 0, pero a Luffy no le importó. Corrió, corrió y corrió, y logró patear la pelota justo antes de que el pitido del árbitro retumbara en sus oídos. Cuando la multitud bramó supo que había dado en el arco. ¡El último gol! ¡El gol decisivo! ¡Habían ganado, y gracias a él! Soltó una sonrisa y dio un ligero salto. Lo habían logrado.

Cuando su equipo corrió hacía él y se abalanzó sobre su cuerpo, no pudo evitar soltar una carcajada. Las luces invadieron el estadio y el confeti voló por los aires. Las personas gritaban y reían, sacudían sus bandera con entusiasmo. Algunos lloraban, otros se abrazaban. Los niños no podían creerlo, los adultos tampoco. Sintió como un hombre lo tomaba de las piernas y lo alzaba sobre sus hombros. Y quedó extasiado por los gritos. Miró el cielo y notó que las estrellas brillaban con fuerza. Alguien le tendió la copa y la tomó con fuerza, para alzarla. Quería enseñarla, quería que todo el público viera lo que había conseguido para ellos. Le dio un ligero beso y su mirada se desvió hacía el área VIP donde todos sus amigos y hermanos aplaudían y sonreían, encantados. Pero sus ojos fueron directamente hacía Nami. La contempló por unos segundos. Ella lo miraba y sonreía. Se sintió en paz. Doce años, pensó, doce eternos años.

Hasta ese punto habían mantenido todo en secreto. Al ambos ser una figura pública, los rumores y los chismes serían insoportables si el mundo los veía juntos. Todos creerían que la causa de la separación entre Margaret y Luffy, sería la pelinaranja y todos hablarían pestes. Por eso se decidieron a esperar. Pero... Ya no podía tolerarlo más. Quería que el mundo supiera lo que sentía por ella, quería que todo el planeta lo oyera decir cuanto la amaba.

Le entregó la copa al arquero de su equipo, él también se la merecía. Si no fuera por él, el enemigo hubiera hecho muchos goles. Se bajó del cuerpo de su compañero y comenzó a caminar hacía esa pequeña terraza. No hacía falta ser inteligente para darse cuenta que todos los ojos estaban posados en él, que todas las cámaras apuntaban sus cañones a él. Seguramente se preguntaban a dónde iba, y por qué. El morocho se acercó lo suficiente y se subió sobre la pequeña reja que había debajo. De esa manera pudo alcanzar a todos sus amigos. Les regaló una sonrisa.

- ¡El partido a sido una pasada! - Exclamó Usopp con entusiasmo.

- Tiene razón, te has lucido - Añadió Ace mientras sostenía a la pequeña Anne en brazos.

Pero no pudo responder nada. Su mirada estaba fija en la pelinaranja. Y ella parecía estar igual de hipnotizada. Luffy estiró su mano y tomó la de la mujer con fuerza. Ella sonrió y se apresuró para descender del mirador. El morocho la tomó con fuerza y la ayudó a bajar hacía el campo, la sostuvo cuando se tambaleó de la baranda y ambos pegaron un gran salto hasta el áspero césped. Se pusieron de pie al unísono y se contemplaron con desasosiego. La chispa se reflejó en ambas miradas.

- Te Amo - Dijo el hombre mientras la tomaba por los hombros.

La garganta de Nami se hizo un gran nudo, pero tragó saliva para poder aclararla.

- Yo también Te Amo - Sonrió.

Cuando se sumieron en un tierno y corto beso, los espectadores vociferaron. Sin lugar a dudas, ese momento sería recordado por el resto de la historia.


Hasta aquí hemos llegado hoy. Como siempre, dejaré un pequeño epílogo para dar fin a esta "saga" que comenzó hace muuuucho tiempo y que por fin está llegando a su fin.

¡Nos leemos pronto!