Hola a todos. ¿Cómo han estado? Aquí he vuelto con el último capítulo de esta entrega. Estoy emocionada por compartirlo con ustedes y espero que sea de su agrado.


10 años más tarde...

Nami terminó de decorar el pastel con unas pequeñas flores rosas. Soltó una gran sonrisa y admiró su obra de arte con entusiasmo. Se pasó el brazo por la frente para limpiar el sudor, hacía tiempo que se había enamorado de la pastelería. Desde que había decidido abandonar su carrera profesional para dedicarse a la casa, pensó que jamás se acostumbraría. Desde la muerte de su madre, junto a su hermana habían tenido que vivir muchas cosas. Cuando eran pequeñas vivían de una pensión que les daba el gobierno, después de todo eran huérfanas y no tenían a nadie más que las mantuviera. Pero luego, cuando ambas cumplieron los 21 años, comenzaron a trabajar para mantener sus propios gastos. Con la mayoría de edad, la mano que les había dado el estado desapareció. Y tuvieron que empezar a vivir por sus medios. Para ese entonces ambas eran jóvenes profesionales y habían hecho una buena carrera.

Todo lo que Nami y Nojiko tenían, lo tenían por haberlo ganado con sudor y lágrimas. Habían estudiado, habían trabajado y habían logrado vivir sus vidas como quisieron. Y ahora... Varios años más tarde, seguían haciendo lo que querían. Se giró hacía la ventana y admiró el precioso rosal que descansaba en su patio frontal. La entrada quedaba mucho más linda, mucho más estética. Desde que se habían mudado de ese moderno apartamento, podía jurar que era mucho más feliz. A pesar de poseer una gran ubicación y ser una de los edificios más modernos del país, ella era consciente de que había sido comprado cuando Luffy y Margaret todavía salían. Era un recuerdo algo molesto que se transformó en incomodidad al recordar que en la misma cama que ella dormía, había estado la rubia. Por eso, poco después de oficializar su relación, se decidieron a mudar a otro departamento y vender todos los viejos muebles para comprar otros. Su boda había ayudado, recordó. Todos sus amigos y parientes habían juntado dinero, y le habían regalado muchos muebles que necesitaban, muchos electrodomésticos de los que la pelinaranja tuvo jamás. De pequeña había sido tan humilde que jamás creyó tener tanto. Tanto lugar, tantas cosas, tanta fama, tanto amor.

Soltó un pequeño suspiro y tomó el pastel, lo guardó en la heladera y se lavó las manos con agua tibia. De hecho, su primer apartamento en Londres había sido del tamaño de esa cocina. ¡Era una locura! Pensar que alguien podría sobrevivir en tan poco lugar, le recordaba sus orígenes. Algo que no debía olvidar. Que no se permitiría olvidar. Se secó las manos en un pequeño pañuelo de colores y abandonó la cocina. Su casa era tan grande que habían tenido que contratar a dos chicas para que la ayudaran con la limpieza. En un principio se había negado, pero luego de estar casi quince horas seguidas limpiando, Luffy la convenció. Y a decir verdad, no había sido una mala idea. Ella tenía más tiempo para descansar, para estar con los niños. E incluso le ofrecían trabajo a jóvenes humildes que necesitan el trabajo para poder mantener a sus hijos.

Caminó hasta el gran salón y confirmó que la gran mesa estuviera perfecta. Todos sus amigos vendrían a almorzar, nada podía salir mal. Al confirmar que todos los platos estaban excesivamente pulcros y ningún tenedor faltaba, se giró hacía el pequeño estudio que le pertenecía. Los estantes estaban llenos de libros y mapas que había coleccionado a lo largo de los años. Allí realizaba sus investigaciones meteorológicas y escribía en una revista online acerca del clima y los diferentes fenómenos, también tenía una sección de cartografía. Algo que adoraba desde pequeña. Sonrió al divisar el gran mapa mundial que el morocho le había regalado para Navidad. Era tan grande, que habían tenido que enmarcarlo en un gran porta retrato y colgarlo en una de las paredes más vacías.

Escuchó varios gritos y se giró hacía las escaleras. Si seguían así, le explotaría la cabeza. Frunció el ceño y dejó escapar un gran bufido. ¿Hasta cuando pensaban seguir jugando de esa manera tan violenta? Se apresuró a subir. Estiró sus piernas y subió de dos en dos, necesitaba hacer que se callaran antes de que su paciencia colmara. Llegó al primer piso en el momento que las voces cesaron. Curiosa, soltó una pícara sonrisa y caminó en puntas de pie hasta la habitación más cercana. Era la galáctica habitación de Reizo. Ingresó lentamente, buscando a los causantes de tal alboroto. Nada.

Reizo apenas tenía ocho años, pero ya sabía que sería astronauta. Estaba tan obsesionado con el espacio como ella lo estaba con el clima. Algo que posiblemente lo había heredado de ella, tal y como su anaranjado cabello. Las paredes eran blancas, sin embargo el techo estaba puntado con un azul oscuro que le daba el aspecto de la soledad del espacio. Además, Nami se había dedicado a pintar pequeñas estrellas blancas en todo el techo para darle más realismo. Había sido un trabajo duro, pero había aprovechado que el niño se había ido a un campamento con la escuela. Se acercó a la cama y se agachó para poder buscar debajo, las sábanas también eran azules oscuras.

Volvió a escuchar los gritos, se puso de pie y puso los ojos en blanco. ¿Acaso se estaban escondiendo de ella? Algo cabreada, abandonó la habitación y echó una mirada al pequeño gimnasio que poseían. Pese a que ya estaba acercándose a los cuarenta, el físico y la salud de Luffy seguían igual que cuando tenía apenas dieciocho años, y tanto el equipo como sus fanáticos lo seguían apoyando para que juegue. Algo que había sorprendido a muchos puesto que el morocho no veía la hora de retirarse para poder hacer lo que quisiera, cuando quisiera. Mientras tanto, pensó buscando con la mirada a los pequeños, el gimnasio se quedaría. Era algo esencial para el entrenamiento diario del morocho. Al no encontrarlos, se mordió el labio inferior. La cabeza estaba a punto de estallar.

Se acercó a la habitación rosada, aquella que pertenecía a Kaori y a Naomi. Cuando ingresó, tuvo que admitir que jamás se esperó que las camas estuvieran hechas. La última vez que le había permitido a los diablillos jugar en sus habitaciones había terminado haciendo camas, juntando juguetes e incluso reponiendo una lampara. Se pasó la mano por la frente y agradeció que hubieran elegido otro lugar para jugar. La alfombra rosa estaba perfectamente limpia y las almohadas blancas estaban en su lugar. Se acercó al armario y controló que todas las prendas estuvieran planchadas. Las gemelas habían sido algo inesperado. Nami cerró el armario y se apoyó contra la madera. Quedar embarazada con solo un hijo no era tan dramático. Después de todo, era la segunda vez, eran jóvenes y tenían bastante dinero para mantener otro hijo. Pero no estaba en sus planes que ese pequeño repollo se dividiera en dos. ¡Dos repollos! Se maldijo por estar comparando a sus pequeñas con repollos, pero... ¿Con qué otra cosa lo haría? Alzó los hombros y abandonó la habitación. Fue una gran sorpresa saber que eran gemelas, pero lo que más le impresionó fue ver que eran tan parecidas. Las dos con un sedoso cabello oscuros y ojos tan negros como la noche. Y para colmo, ninguna de las dos quería cambiar el look. Ambas querían ser iguales, para no ser reconocidas... Lo que Reizo había sacado de su madre, las niñas lo habían sacado de su padre. Eso incluía el gusto por hacer bromas...

Al oír la voz de Naomi, Nami se giró hacía su habitación. O quizás es Kaori, se dijo mientras caminaba, Maldición, no estoy segura. Apoyó la mano en la puerta de su habitación y la abrió lentamente. Escuchó otra risa y no pudo evitar sonreír. Divisó los pies de Kaori debajo de la cortina. O quizás eran los de Naomi... Se quitó esos pensamientos de la cabeza y avanzó lentamente. Desvió la mirada y notó que las zapatillas de Reizo estaban aun lado de la cama. No cabía dudas, estaba debajo. Y... Naomi... Señaló detrás del sillón y lo corrió con gran velocidad. La niña soltó un grito cegado de emoción y comenzó a correr, pero la pelinaranja fue más veloz. La tomó de la cadera y la arrojo sobre la cama.

- Una manos - Dijo mientras se acercaba a la cortina y hacía exactamente lo mismo con Kaori - Y por último... - Se agachó junto a su cama y tomó a Reizo por sus pies.

Hizo fuerza y lo arrastró fuera. El niño comenzó a reír mientras la mujer soltaba un gran suspiro. Emocionadas, las niñas comenzaron a saltar de una punta a la otra.

- Oi, ¿Qué les he dicho de saltar en la cama? - Preguntó mientras se cruzaba de brazos - Le diré a su padre que no se están portando bien - Se quedó en silencio cuando recordó que no tenía la más pálida idea de donde estaba Luffy - ¿Dónde esta su padre? -

Los tres niños señalaron en armario con una sonrisa en sus labios. Nami puso los ojos en blanco y se acercó al ropero para abrir las puertas. De entre los vestidos, los sacos y los pantalones apareció el morocho, quien se abalanzó emanando una gran carcajada. Tomó a Nami por los hombros y cuando las niñas salieron corriendo, la empujó hacía cama.

- Luffy... - Murmuró cuando el morocho se dejó caer sobre su cuerpo - Oi, Luffy... - La notar que la miraba, no pudo evitar sonrojarse - Eres pesado ¿Lo sabes? -

- Oh, lo siento - El hombre se hizo aun lado y se sentó en la cama - Les dije que mi lugar era el mejor para esconderse -

- Naomi y Kaori le tienen miedo al guardarropa... - Comentó algo pasmada.

- Lo sé, pero Renzo no - Soltó otra carcajada que retumbó en toda la casa.

- Oi, recuerdas que hoy es el quinto cumpleaños de tus hijas ¿Verdad? - Nami alzó una ceja.

- Claro - Sonrió el morocho.

- Pronto llegarán todos, quiero que estén presentables... - Aunque sabía lo difícil que era eso.

- Oí que Kaori se quiere tiara a la piscina - Añadió de manera indiferente.

- Acabo de peinarla - Bufó mientras se ponía de pie.

- Le dije que esperara hasta que el sol se escondiera - Al notar la sonrisa de aprobación de Nami, se animó a agregar - Pero con la condición de que la dejaríamos tirarse con el vestido -

- ¿Qué? - ¡¿Con el vestido nuevo?! - Oi, ¿Sabes qué? No importa - Se resignaba - Que haga lo que quiera -

Cuando la pelinaranja estuvo a punto de abandonar la habitación, Luffy se puso de pie y la tomó de la mano. Jaló de ella y la atrajo hacía sí. Posó sus oscuros ojos en ella y le quitó el flequillo del rostro. Recordó lo bella que se había visto el día de su boda, con aquel largo vestido blanco. Con la tiara de flores anaranjadas... Con su sonrisa.

- Deberías relajarte un poco - Dijo tranquilo.

- Tienes razón, lo siento - Murmuró avergonzada por dejarse llevar por sus dotes maternales.

- No tienes que disculparte - Insistió y acarició su mejilla con sumo cuidado. Seguía viéndose igual de hermosa, solo que con un dote más maduro - Solo quiero que disfrutes de ellos -

- Lo hago, créeme - Sonrió - Incluso más de lo que te disfruto a ti - Rió.

- ¡Oi, eso no es justo! - La atrajo más, apretando su cuerpo con el suyo.

Estuvo a punto de dejarse llevar. De aprovechar ese momento para estar con el hombre de sus sueños. Sin embargo, cuando se dispuso a darle un beso, el timbre sonó. La sonrisa del morocho se esfumó e hizo un pequeño berrinche. Ella rió. Ya tenía suficiente con los tres niños como para tener que lidiar con uno más...

Antes de salir, le guiñó un ojo. Bajó las escaleras a toda velocidad y se acercó a la puerta. Antes de abrir la puerta, notó como la fuerte mano del hombre se apoyaba en su hombro. Cuando el umbral se abrió, los divisó a todos. No pudo evitar sentirse aliviada. Todos se encontraban allí, todas las personas que querían. Nami no pudo evitar sonreír. Apoyó su mejilla contra la mano de Luffy y admiró esa postal por unos segundos.

Finalmente, y luego de mucho tiempo, las cosas habían terminado bien.


No puedo creer que luego de tantos años, las cosas hayan terminado. Siento cierta nostalgia... pensar que la historia la comencé en el año 2010... Recuerdo que la escribía en una pequeña agenda que solía llevar a todos lados. El tiempo pasa y demasiado rápido...

Quería agradecerles a todos los que se me apoyaron durante estos largos años de escritura. Ha sido increíble y he aprendido un montón. Cuando leo Believe y comparo con Affaire de Coeur, notó cuanto mejoré en el tiempo y estoy orgullosa. No habría sido posible sin ustedes, claro.

Quería avisarles que el fic de Roger y Rouge que prometí en Lovers estará subido para este momento. Sería la historia dentro de la universidad donde transcurre la segunda entrega de esta trilogía. Allí se cerraran varios cosas en relación a Ace, Teach y toda la universidad. Si les interesa, estaré ansiosa por encontrarlos allí.

¡Nos leemos muy pronto!