Capítulo 5.

Los días siguientes pasaron muy rápido y para suerte del alemán las cosas iban mejorando a grandes pasos, sus heridas menores se encontraban sanando muy bien y casi estaban restablecidas en su totalidad, por lo que sólo quedaba ya la lesión en su pierna, la cual iba recuperándose día a día con las sesiones de rehabilitación que llevaba; de igual manera, su visión había tenido un gran avance al grado de volver prácticamente a la normalidad, y lo mejor de todo, era que esas terribles pesadillas tan frecuentes antes ya no lo habían vuelto a atormentar durantes estos últimos días, por lo que ya se había olvidado del asunto o por lo menos la había catalogado como algo sin importancia, lo que lo había puesto de un mejor humor.

Sin embargo, y a pesar de que luchaba por regresar a su vida habitual, en parte gracias a la reciente amistad que había nacido con la doctora Del Valle, muy en el fondo Karl seguía ocultando sus verdaderos sentimientos y la gran depresión que aún tenía y que solía llegar en más de una ocasión al día; muchas veces ésta sensación aparecía por las tardes cuando ya se encontraba solo en su habitación y casi siempre llegaba por las noches, cuando se culpaba una y otra vez de la muerte de su ex novia. Su estado anímico y el gran temor que nació en él de lastimar a los demás, lo llevaba a siempre rechazar las visitas de cualquier ser que osara intentar acercarse, siendo cada vez más frío y distante con quien lo intentara.

Para la fortuna de él, o por lo menos eso pensaba en ese momento, el dichoso psicólogo que trataría de que él se abriera y expresara sus sentimientos al respecto, aún no había hecho acto de presencia; debido a que habían estado un tanto ocupados, según comentario realizado por la doctora Del Valle en una de las terapias que realizaba con la medico, ya que como le había dicho ella, tenía a algún conocido o amistad en el área en cuestión que le pasaba la información de primera fila. Karl por su parte, deseaba sinceramente que dicho departamento se quedara así de ocupado hasta el día en que le dieran de alta y, de este modo, ya no tendría que verles la cara jamás.

- No tengo la menor intención de hablar con nadie sobre lo que pienso o siento.- pensó el rubio-. Mis sentimientos pueden quedarse bien refundidos, justo en donde se encuentran ahora.

Por la tarde, luego de la sesión de rehabilitación, Karl volvió a su habitación como de costumbre y en este momento él se encontraba muy aburrido cambiando sin cesar los canales de la televisión cuando de pronto oyó que alguien tocaba a su puerta; el alemán ni siquiera se molestó en responder o preguntarse quién podría ser, pues dió por hecho de qué se trataba de algún empleado del hospital, quizás el de la limpieza, ya que poco a poco, sus compañeros de equipo y familiares habían comenzado a hacer menos frecuentes sus visitas o incluso algunos ya habían dejado de visitarlo, pues estaban cansados de su actitud tan negativa además de que el joven los había tratado muy duramente en las últimas ocasiones.

- ¿Se puede o no pasar?.- preguntó una voz muy familiar para él, después de estar tocando un par de veces más.

El alemán se sorprendió mucho al escuchar esa voz pues no esperaba que fuera alguién conocido para él y mucho menos que fuera esa persona la que estuviera ahí; hacía ya varios días que por fin lo habían dejado en paz y se habían cansado de estar tratando de animarlo y sin embargo, de repente resultaba que no era así, que él ahí estaba de nuevo.

- ¿Qué sucede? ¿Te encuentras bien? ¿Por qué carajos no respondes?.- preguntó el visitante al momento en que entraba a la habitación cansado de esperar una respuesta.

- ¿Wakabayashi?.- por fin atinó a responder el rubio, bastante sorprendido.

- ¿Te encuentras bien? ¿Por qué es que no respondías?.- inquirió el japonés algo preocupado.

- ¡Sí, estoy bien!.- respondió el Káiser tratando de tranquilizar a su amigo-. Es sólo que no esperaba a nadie y me ha sorprendido tu visita.

- ¿Y cómo se supone que ibas a esperar a alguien si los has corrido a todos?

- Ese no es asunto tuyo.- gruñó el alemán, mirándolo con enojo.

- ¡Lo es cuándo no se sabe nada de ti!.- respondió Wakabayashi-. Todos están muy preocupados por ti y tu salud.

- ¡Bueno pues ya me viste!.- Schneider se puso automáticamente a la defensiva-. Estoy perfectamente bien, aún no muero, así que ya te puedes ir.

Genzo se sentó en el sillón que se encontraba junto a la ventana e ignoró a propósito el último comentario de su amigo.

- Por cierto, te mandan saludos todos en el equipo.- continuó diciendo el japonés-. En especial Sho y Levin quienes ya se cansaron de la presión de tratar de llenar tus zapatos y ser los únicos responsables de anotar en cada partido.

- ¿A qué viniste, Wakabayashi?.- gruñó Karl, mirándolo con cara de pocos amigos.

- ¡Ya te dije!.- respondió Genzo con toda tranquilidad-. A ver como seguías, a traerte saludos del equipo y también a darte ésto.- agregó, lanzándole a la cama, una gran bolsa de papel con los colores del equipo y con el logo del bayern en el centro, la cual claramente provenía de la tienda de recuerdos de éste y que contenía en su interior una enorme cantidad de regalos-. Te los manda tu séquito de fans.- acompletó el guardameta-. ¡Ah! Y hay muchos más de éstos atascando tu locker, ¡así que ya vé a limpiarlo!

Karl sólo miró la bolsa por un segundo con una gran indiferencia.

- ¿Se puede saber para qué me traes esto?.- preguntó el delantero apartando la bolsa a un lado de él sin siquiera mirar en su interior.

- Para que recuerdes que aún hay mucha gente que se preocupa por ti y que quiere verte recuperado muy pronto.- respondió Wakabayashi, mirándolo muy serio a los ojos-. Para vacaciones creo que ya se extendieron mucho, ¿no crees? ¡Es hora de qué dejes este lugar y qué regreses al campo de juego!

- Eso no depende de mí.- se defendió el alemán-. Mejor ve y coméntaselo a mi médico.- agregó algo sarcástico pero de pronto recordó algo muy interesante y cambió la actitud hacia su amigo-. Por cierto, ¿sabes a quién tengo de médico fisioterapeuta?.- comentó como quien no quiere la cosa.

- ¿Y yo cómo debería saberlo?.- el japonés carraspeo y de pronto se separó de la cama para dirigirse hacia la ventana, fingiendo demencia.

- Yo hubiera creido que tu novia ya te lo habría contado, ¿o es qué acaso no se han visto últimamente? ¿O no se cuentan las cosas?

- ¿Mi novia?.- respondió Genzo tratando de que su voz no delatara la perturbación que tenía-. ¿Quién te dice que yo tengo novia?

- ¡Oh vamos! ¿Acaso te vas a atrever a negar a la doctora Del Valle?.- le retó Schneider a Wakabayashi-. ¿Qué dirá Lily cuando le cuente que la has negado?

- ¡Yo jamás la negaría!.- respondió Genzo al instante, mirando a su amigo sin poder contener una gran sonrisa en el rostro.

- ¿Así qué es cierto?.- sonrió el ojiazul-. ¡Quién lo diría, el SGGK está enamorado!

- ¿Qué te puedo decir?.- Genzo se encogió de hombros y puso su media sonrisa caracteristica-. Ella es maravillosa y única.

- De verdad te trae vuelto loco ¿no? No dudaste ni un momento en aceptarla cuando te acorrale.

- Sólo puedo decir que Lily del Valle es la mujer indicada para mí y qué jamás la dejaré ir.- respondió el portero.

- ¿Y tu sabías qué ella trabaja en el Bayern?.- le preguntó el alemán a su amigo-. ¡Pero qué estoy diciendo! ¡Es lógico que lo sabes! ¡Y eso ya lo sé! Fue ella misma la que me lo contó.

- Es la mejor médico que he conocido.- continuó alabándola el portero-. Desde que la conocí, me ha ayudado en un par de ocasiones con lesiones que ni el mismo doctor Stein había podido curar.

- ¿Y cómo es que no la conocía?.- preguntó el Káiser-. ¿Es acaso qué tú fuiste el único que conoció de su existencia hasta ahora?

- No creo haber sido el único, se ha comenzado a hablar por todo Säbener Strasse de lo buena doctora que es, aunque sí debo admitir que fui el primero en verla.- sonrió con picardía y nuevamente con su caracteristica media sonrisa.

- ¿Me estás diciendo qué soy el único que no la conocía?.- preguntó el delantero algo incrédulo.

- ¡Eso si no lo sé! Pero sí sé que algunos de los del equipo ya la conocen y prefieren tratarse con ella que con algunos de los miembros médicos que están en el cuerpo élite.

- ¿Cómo es entonces qué yo no la había visto antes en el Bayern?.– Karl estaba sorprendido.

- Supongo que a últimas fechas andabas algo distraído.- Genzo trató de no darle importancia al comentario-. No eras tú del todo.

- ¿A qué te refieres con eso?.- Karl pareció entender bien el sentido de la frase.

- Creo que tu atención se centraba en.., hmm.- Genzo dudó en como decirlo-. En otras cosas que no estaban relacionadas con el equipo o el fútbol soccer. Estabas un tanto ocupado en…

- ¡Dilo!.- acompletó el alemán-. En cosas frívolas y sin sentido, como en todas esas fiestas y reuniones a las que casi a diario Hedy me llevaba, ¿no?

- No quise decir eso.- trató de justificarse el japonés.

- Pero sabes tan bien como yo que es verdad.- suspiró el rubio a recordarlo-. Estaba tan inmerso en un mundo tan ajeno a mí y en el qué no sé como accedí a estar en primer lugar.

- Supongo que sólo era que ella no quería separse de ti ni un segundo.- sugirió el portero.

- A ella no le interesaba para nada el mundo deportivo, ¡ni siquiera le gustaba el fútbol! Aun cuando con la Paulaner tuvo que estar presente en muchos eventos del equipo; Hedy sólo quería qué yo pensara y que me gustara únicamente lo que a ella le gustaba y nada más; si hablábamos de otra cosa que no le agradara siempre terminaba cambiando el tema o sino terminábamos peleando. De puro milagro no me sugirió que dejara mi carrera para incursionar en la farándula.

- Te hubiera ido muy bien de modelo haciendo comerciales.- Wakabayashi no pudo evitar el comentario burlón-. Mira que a Kojiro Hyuga le va mejor en la tele que en la cancha.

- ¡Qué gracioso!.- gruñó Schneider-. Pero tienes razón en una cosa.- suspiró algo decaído-. Hedy sólo quería llevarme a todas las fiestas y eventos a los que asistía con un único motivo: el de mostrarme como su gran trofeo personal, del que podría presumir con todos sus conocidos. La verdad es que no sé como termine aceptando esa situación durante tanto tiempo.

- ¡Vamos! Supongo que así es el amor.

- ¿Y quién dice qué la amaba?.- refutó al instante el rubio y luego agregó pensativo-. La verdad no sé bien por qué anduve con ella en un principio, no teníamos nada en común.- suspiró tristemente-. Creo que al final de cuentas sólo soy un maldito infeliz superficial y merezco lo que tengo.

- Sabes muy bien que no eres así.

- ¿Ah no? ¿Y qué soy entonces?.- comentó el rubio algo alterado-. ¿La estrellita del equipo que lo tiene todo fácil? ¿El que según algunos dicen sólo ha llegado a la titularidad gracias a que su padre es el entrenador? ¿El ídolo de muchas fans?.- bufó enojado-. ¡Por favor! ¡Todos me ven sólo como alguién superficial! Sólo como una celebridad más a la que hay que conquistar o como una máquina de hacer goles, ni siquiera se toman un minuto en saber lo que en verdad siento o pienso.

- ¿Y cómo lo van a saber si tú no se los dices?.- lo confrontó el portero-. Deja de alejar a todos tus amigos en este momento y verás que le importas a muchos más de los que tú crees. Además, te puedo asegurar que nadie piensa eso de ti.

- ¡Sí, claro! Se nota, sobre todo con todas estas cosas por ejemplo, ¿no?.- le respondió el ojiazul con una mueca de fastidio y aventando al suelo la bolsa que contenía los regalos de sus fan y la cual había tenido a su lado-. No estoy de ánimo para que me estén compadeciendo.

- ¿Y cuándo sí lo vas a estar?.- el portero se comenzaba a desesperarse de la actutid de su amigo, no era del tipo de personas que compadecía a los demás-. Llevas días comportándote como un gran imbécil, es cierto que estuviste a punto de morir pero ahora tienes otra oportunidad de seguir, de disfrutar de tu vida asi que no la desperdicies con tonterías.

- ¿Y a qué precio la tengo?.- le recriminó Schneider-. ¿Tenía que morir alguien para que pudiera yo seguir con mi vida? No me parece justo. ¡Ella está muerta por mi culpa! ¡Debí haber hecho algo para detenerla a tiempo!

- No había nada que pudieras hacer para cambiar las cosas y lo sabes perfectamente bien, no es tu culpa lo que ha pasado.- respondió el portero, irritado-. Entiende de una buena vez que fue un accidente.

- ¿Y tú cómo lo sabes? Quizás sí había algo que pude haber hecho y no lo hice.- le gritó el rubio-. En primer lugar no debí dejar que fuera ella quien manejara.

- ¡Ya vas a comenzar de nuevo!.- dijo Genzo exasperado.

- ¡Pues si no te parecen las cosas que digo no deberías haber venido en primer lugar!.- le reclamó el delantero-. Nadie te pidió que vinieras por lo que eres libre de irte cuando quieras.

- Por supuesto que me iré pero sólo por un momento, ni creas que te libraras de mi tan facilmente.- le respondió el japonés dispuesto a salir de la habitación-. Voy a ver a Lily un rato y vuelvo luego, cuando se te haya pasado el mal humor.

- Eso no va a pasar.- le gritó el alemán, mientras veía como Genzo abandonaba el lugar.

Una vez estando a solas Karl nuevamente se recriminó por ser tan cortante y déspota con sus amigos y con quienes claramente se preocupaban por él, pero una voz en su interior le dijo casi al instante que esto era lo mejor pues así no lastimaría a nadie más, como ya había sucedido con Hedy, pensamiento que lo deprimió aún más.