Capítulo 6.
Pocos minutos después de que Genzo Wakabayashi se hubiera marchado de la habitación, Karl aún se encontraba muy irritado, la cabeza nuevamente le punzaba con fuerza y tenía una actitud tan desesperante que sentía unas enormes ganas de seguir la pelea o de crear una nueva con la primera persona que se le cruzara en el camino cuando de pronto, se escuchó que alguien tocaba a la puerta de su habitación. Al estar tan molesto como estaba el alemán hizo caso omiso a la primera vez que tocaron a la puerta y continuó con su misma actitud, refunfuñando contra su amigo; al no recibir respuesta, volvieron a tocar una segunda vez. Schneider creyó que se trataba de Wakabayashi quién volvía y como seguía enojado con él, no dudó en comportarse como un idiota.
- ¡Lárgate de una buena vez!.- respondió el joven en un tono bastante grosero -. No han pasado ni cinco minutos que te fuiste, ¿y ya vuelves para fastidiar de nuevo?
En vez de obtener una respuesta por parte del japonés como él esperaba, al abrirse la puerta una hermosa chica de cabello rubio obscuro y ojos grises se asomó a la habitación.
- ¡Hola! ¿Perdón, puedo pasar?.- le dijó ella con una gran sonrisa-. Espero no sea un mal momento.
Karl miró hacía la puerta y se sorprendió un poco al ver que no se trataba de su amigo sino de otra persona que no conocía, sin embargó su sorpresa duró sólo unos cuantos instantes para luego dar paso a su actitud fría y déspota de siempre; tomó el control remoto del televisor que estaba junto a su cama y comenzó a cambiar canales sin sentido alguno, ignorando claramente a la chica. Ésta, al no obtener una respuesta decidió entrar y acercarse al jugador.
- ¿Hola?.- volvió a saludar la joven-. ¿Me escuchas?
Schneider la ignoraba por completo a propósito y miraba fijamente la pantalla de la televisión aparentando que no veía en absoluto y no porque estuviera muy interesante lo que se transmitia en el aparato, sino porque simplemente de éste modo, él podía hacer como si nadie estuviera hablandole.
- Buenas tardes.- se aventuró a decir nuevamente la chica con una gran sonrisa después de un suspiró de resignación-. Mi nombre es Elieth Shanks y soy del departamento de Psicología.
Al parecer la muchacha le hablaba a un témpano de hielo o quizás a un muro pues no recibió respuesta alguna, la chica pensó que quizás de alguno de los dos anteriores hubiera podido recibir mejor respuesta que del Káiser.
- ¡Hey, ya basta! ¡Házme caso!.- le dijó la rubia quitándole el control y apagando la televisión cansada de la actitud del otro.
- ¡Devuélvemelo!.- le exigió el alemán, quién por fin la veía a la cara y le lanzaba una de sus más frías miradas.
- En cuanto me escuches, con mucho gusto te lo regreso.- le respondió ella en actitud retadora.
- Pues habla de una vez, ¿qué es lo que quieres?.- el delantero nuevamente se acomodó en su cama y se dispusó a ignorarla por completo.
- ¡Ya vi qué no oíste ni una palabra de lo que dije!.- le reclamó Elieth enfadada de la actitud del otro, luego tuvo que suspirar una vez más para calmarse antes de continuar-. En fin, te decía que vengo del departamento de Psicología, lamento la tardanza pero es que estabamos muy saturados de trabajo.
- Por mí bien podrían no haber venido nunca y no me hubiera importado para nada su auscencia.- respondió Schneider, secamente.
- ¿Qué? ¿Por qué dices esas cosas?.- la chica se sorprendió un poco de la respuesta del alemán-. ¿Qué te hemos hecho para que digas algo así?
- ¡No importa!.- respondió, fastidiado-. ¿Qué es lo que quieres?
- Sólo venía a comentarte que a partir de mañana comenzarán tus pláticas con nosotros y también vine a ver a qué hora te parece mejor para agendarte.
- Si se trata de decidir, ¿qué tal nunca?.- respondió él, de mala manera.
- Esa no es una opción.- ella lo miró con cierto enojo y ya fastidiada.
- Entonces no tengo muchas opciones, ¿o sí?.- le respondió el jugador, altanero.
- Pues la verdad no.- respondió la rubia ya cansada y fastidiada.- Sino tomas las consultas de manera voluntaria, entonces incluiré en tu historial una recomendación de que por tu propio bienestar tanto físico como mental no seas dado de alta hasta que no pases por nuestro departamento y nosotros autoricemos el alta.- lo retó con la mirada fija en él-. Tú decides de qué modo se hacen las cosas.
- ¿Y por qué harías algo así?.- el ojiazul le reclamó enfadado-. ¿Quién demonios te crees que eres?
- Simplemente soy tu psicóloga a partir de hoy.- lo amenazó la rubia-. Te guste o no.
- Mmm.- gruñó el Káiser, haciendo muecas de disgusto y sabiéndose en desventaja-. Pues entonces que se haga como a tí se te antoje.- le rezongó-. La hora me da igual.
- Pues en ese caso.- ella comenzó a anotar algo en su expediente -. Te espero mañana, después de tu rehabilitación.
- ¡Cómo digas!.- respondió él, muy disgustado-. Y sí ya terminaste, ¡Márchate ya!
- Ya me voy.- le contestó la psicológa-. Aunque aún no entiendo, ¿por qué tienes tanta prisa de que me vaya?
- Ese no es asunto tuyo.
Antes de salir, la joven se percató de la bolsa que se encontraba tirada en el suelo muy cerca de la cama, la cual no era otra más que la misma que Genzo había llevado con los regalos de los fans, muchos de los cuales se encontraban regados en el suelo.
- ¡Vaya! Se vé qué te aprecian mucho.- comentó la rubia, sorprendida al tiempo que levantaba la bolsa y miraba algunos de los regalos.
- ¡Ajá!.- el rubio le respondió indiferente.
- Había estado preguntándome si me podría atrever o no….- comenzó a decir Elieth con algo de duda en su voz-. Pero al ver esto…
- ¿Qué?.- el delantero se giró a mirarla algo sorprendido por ese comentario.
- Bueno, lo que sucede es que a decir verdad, ehm.- prosiguió la chica, visiblemente apenada y mirando hacia el suelo-. Es que también te había traído un pequeño regalito.- confesó al fin, muy avergonzada.
Justo en ese momento, la chica comenzó a buscar en el interior de la mochila que había llevado consigo y al cabo de un instante sacó una bolsa de regalo no muy grande para luego presentarse a él.
- Debo admitir que también soy una admiradora tuya y no había tenido tiempo para venir a desearte una pronta recuperación.
- ¡Ay no, por favor!.- susurró el delantero claramente fastidiado.
Elieth no escuchó el comentario del alemán por lo que le extendió el regalo para que él lo tomara en sus manos; Karl se le quedo mirando atentamente de arriba abajo; ahora que por fin le prestaba atención podía ver que era una chica realmente bella, sus ojos grises eran muy hermosos y había algo en ellos que hacían que el se sintiera perturbado al verla y por un instante, su lindísimo rostro con esa mirada y esa tierna sonrisa que le mostraba en este momento le hizó olvidar todo; quizás en otra situación seguramente él se habría lanzado sobre ella al instante, tratando de conquistarla sin ningún problema, pero ahora las cosas eran diferentes él no tenía ganas de nada y mucho menos estaba para nuevos romances, así que de inmediato olvidó todo lo anterior y la miró fríamente, ocasionando que ella se sintiera un poco incómoda; luego sin decir palabra, agarró o más bien le arrebató el regalo para ocultar su turbación.
Una vez que abrió la bolsa que tenía en sus manos, Karl pudo ver que en su interior había un pequeño pero hermoso perro de peluche con ojos azules casi del mismo color que los suyos, el cual traía puesta la camiseta oficial del Bayern Múnich, con el pequeño escudo del equipo bordado en el frente y en la parte posterior de la misma el número 11, incluso también tenía su apellido bordado en ella; dentro de la bolsa, además, estaba una tarjeta en donde la rubia le deseaba su pronta recuperación.
Por un segundo Karl no supó bien qué hacer o decir; era cierto que le habían enviado muchos regalos durante su estancia en el hospital pero jamás se había tomado la molestia de verlos, sin embargo, él sabía muy en el fondo que ninguno de los anteriores regalos se le podría comparar a éste ya que, aunque lo negara mil veces, sabía perfectamente bien que le había encantado el regalo por cada uno de los detalles que contenía el mismo, como era el hecho de que tuviera su número de camiseta, su apellido y el logo bordados en vez de impresos lo que lo hacía ya tan diferente a otros tantos que había visto en venta en la tienda de recuerdos del equipo; pero quizás lo que más lo había fascinado era algo que pocos podrían haber sabido y no porque fuera un secreto sino porque ocurrió hace ya mucho tiempo atrás: el perro en cuestión se parecía mucho a su antigua mascota, "Sauzer", su gran amigo y compañero durante tantos años en sus idas y venidas al campo de entrenamiento en Hamburgo, su amigo fiel e inseparable en esos días de tristeza y soledad durante su adolescencia. En general, todo el conjunto de perro con el distintivo de su equipo hacía a este regalo muy tierno y especial. Estuvo muy tentado a sonreir por los recuerdos que el presente le generó pero su actitud volvió a cambiar al recordar que la rubia se encontraba aún esperando atentamente su reacción, por lo que volvió a adoptar su actitud fría y arrogante para mirarla de forma muy despectiva mientras aventaba el regalo al sillón.
- No necesito más tonterías como ésta, ¿no crees qué ya tengo suficientes?.- comentó Schneider, señalando todos los que se enontraban en el piso.
Elieth al ver la reacción del alemán sintió una fuerte opresión en el pecho, se sintió bastante herida con el desplante del Káiser, estaba muy decepcionada de él pues jamás creyó que fuera así de arrogante, frío y amargado, a pesar de los inumerables comentarios negativos que ya habia escuchado por todo el hospital sobre el trato que solía darle al personal; la joven se había negado a creerles a sus compañeros por lo que siempre que alguien se quejaba cerca, solia salir a defenderlo de manera sutil justificándolo con algún alegato psicológico, por lo que Elieth se había dicho que todo debía ser un error, que quizás lo malinterpretaban y que de seguro él sería diferente pero al ver su reacción, no supo bien por qué, sintió mucha tristeza y pena por el alemán pues era obvio que no era feliz.
- Es una verdadera lástima que estés tan amargado.- fue la respuesta que la rubia le dio con una mirada de tristeza.
Karl se sorprendió mucho por estas palabras, se esperaba de todo en su respuesta menos eso, nadie se había atrevido a decirle eso en su cara.
- ¿Qué dijiste?.- preguntó él.
- Lo que oíste.- le respondió la rubia, molesta-. Eres un malcriado y amargado, no mereces que la gente se preocupe tanto por ti.
- ¿Quién te crees que eres para decirme eso?.- gruñó el joven.
- Simplemente era una admiradora tuya, como muchas más que hay pero la verdad no sé si te lo mereces.- le dijo ella cruzándose de brazos.- ¿De qué sirve ser el mejor si no tienes empatía por los demás? A partir de ahora, ya no seré tu fan, buscaré apoyar a alguien con mejores sentimientos, quizás mejor apoyaré a Genzo Wakabayashi, él sí que es diferente, además es mucho mejor jugador que tú.
Karl no podía creer lo que la rubia le acababa de decir y mucho menos que lo comparara con Wakabayashi, y no por que eso le molestara o indignara, sino porque en ese momento él aún estaba muy enojado con su amigo como para que se lo vinieran a recordar, sobre todo alguién que ni conocía ni sabia nada de él, pero lo cierto era, que no sabía por qué ese comentario le habia calado profundamente y lo había dejado sin palabras.
- ¡Cómo te atreves!.- fue lo primero que se le ocurrió decir, después de algunos segundos de turbación.
- Sólo digo lo que pienso y siento.- le respondió la psicóloga, altanera.
Los ánimos en esa habitación comenzaron a encenderse, ambos jóvenes tenían caracteres explosivos y muy pronto éstos estallarían.
- ¡Vete ya! ¡Sal de mi habitación!.- le gritó el delantero, furioso.
- ¡Por supuesto que me voy!.- le gruñó la psicóloga igual de molesta-. No tengo por qué soportarte más que lo indispensable, todos tienen razón en decir que eres un altanero mal agradecido.
- ¿Y por qué lo soy?¿Se puede saber?.- el rubio se defendió-. Yo no les he pedido nada.
- Todavía que uno se preocupa por ti.- le gritó la chica-. ¡Eres un maldito grosero!
- ¡Pues no necesito qué nadie se preocupen por mí! ¡Ya te dije qué no necesito de más tonterías! Por mí bien podrían tirar todo esto a la basura y no me molestaria.- le gritó a su vez Karl, señalándole todo-. ¡Ya vete y déjame en paz!
Eli estaba hecha una furia, no le faltaban ganas de agarrarlo a golpes pero sabía muy bien que llevaría las de perder si no se controlaba, por lo que respiró profundamente un par de veces para luego mirarlo muy decepcionada antes de tomar la decisión de irse. Al salir, pasó junto al sillón en dónde se encontraba el muñeco que ella le había dado y que él había aventado al despreciarlo, entonces se paró un instante para tomarlo, lo contempló y acarició por algunos segundos. Karl sólo la miraba un tanto curioso de lo que haría y esperando a que se fuera de una buena vez.
- No sabes el trabajo que me costó conseguirlo.- comentó de repente.
Luego se giró para verlo directamente a los ojos y le lanzó una mirada desafiante, en sus ojos brillaba una chispa de furia que a Karl le sorprendió mucho; no supó bien por qué pero ver a aquellos ojos tan hermosos llenos de rabia lo hizó sentirse culpable, no le agradó para nada verla tan enojada y tuvo el impulso de disculparse con ella con tal de no verla más así. Sin embargo, él no tuvo tiempo de decir nada, pues en ese mismo instante la chica aprovechó la distración del jugador para tomar el peluche como si fuera un balón de americano o una bola de béisbol y lanzárselo directamente a la cara; Karl no tuvo ni tiempo de reaccionar cuando ya había recibido el golpe de lleno.
- Puede que seas guapo, rico y famoso pero aunque seas una estrella del fútbol o una gran celebridad, eso no te da derecho de ser majadero con las personas que te rodean, más vale que desinfles tu gran ego porque si no pronto te vas a estrellar o quizás alguien te va a desinflar.
Karl quedó muy sorprendido por la reacción de la rubia y no supo qué decir ni qué hacer; era la primera persona que lo ponía en su lugar y le importaba un carajo quién era él, vió como ella salía de la habitación muy molesta y cuando desapareció por el pasillo, él sólo atinó a contemplar el perro que tenía en sus manos.
- ¡Vaya qué las mujeres están bien locas! ¿Verdad, Sauzer?.- le dijó al peluche.
