Capítulo 8.

Al día siguiente, luego de su terapia de rehabilitación, Schneider se dirigió a su tan temida consulta en el departamento de Psicología, no le agradaba para nada tener que hacer esto pero le había quedado muy en claro que no le quedaba otra opción, la doctora lo había amenazado y, aunque no sabía bien por qué, la creía muy capaz de cumplir con lo prometido, por lo que ahí estaba, parado frente a la puerta de lo que se suponía era el consultorio que le habían indicado como el lugar de reunión, tratándose de dar el valor que requería para entrar o por lo menos para tocar a la puerta; teniendo además una extraña sensación de nausceas que recorrían su cuerpo, las cuales justifico al instante como que tenían que deberse por el estrés.

El alemán de pronto sintió un pequeño roce en su pierna lastimada lo que le provocó un ligero cosquilleo el cual no le dio mayor importancia pues estaba más interesado tanto en lo que sentía como en decidirse si iba a tocar a la puerta o daría la media vuelta y se iría por dónde había llegado, pero de nuevo volvió a sentir el roce en su pierna y esta vez, curioso a lo que sucedía, bajó la mirada para averiguar de dónde provenía ese cosquilleo, llevándose una divertida sorpresa, pues vio paséandose entre sus pies a un hermoso gatito blanco de ojos azules, quién portaba un collar en color morado y el cual al ver que el ojiazul le prestaba atención comenzó a ronronear alegremente, emitiendo a su vez ligeros maullidos de vez en cuando.

- ¿Y tú qué estas haciendo aquí?.- le preguntó al minino mientras que, no sin un poco de esfuerzo, se agachaba para acariciarle la cabecita; como respuesta, el peludito se comenzó a frotar sobre la mano del alemán y a ronronear más fuerte-. ¿Cómo es qué llegaste hasta aquí amiguito?.- continuó diciendo el rubio-. Si alguien te ve, seguro que vas a tener serios problemas.

- ¿Miau?.- el gatito pareció entender lo que el alemán le decía y le respondió algo dudoso, mirándolo directo a los ojos.

- ¿Sabías que tienes unos lindos ojos azules?.- le sonrió Karl-. ¡Vaya! Quien me vea dirá que en verdad estoy loco y que sí necesito la terapia, mira que hablarle a un gato.- agregó, mirando a su alrededor-. Y peor aún esperar a que me responda.

Al gatito pareció no importarle que su nuevo amigo estuviera tan loco como para hablar solo o con un pequeño animal como lo era él, pues continuó repegandose aún más al joven y parecía mantener una conversación con éste, respondiéndole a todo lo que le decía con pequeños maullidos. El delantero estaba tan entretenido acariciando al animalito que se sobresaltó mucho cuando se percató que de pronto la puerta del consultorio se abría y por instinto tomó al minino entre sus manos para pasarlo a su espalda en un intento de ocultarlo detrás de sus piernas. Del consultorio salió Elieth quién se sorprendió mucho de ver al rubio prácticamente tirado en el suelo.

- ¡Oh!.- exclamó sorprendida la rubia mirando hacía el suelo-. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Te encuentras bien?

- Sí, gracias.- respondió el ojiazul, más preocupado por ocultar a su amigo que porque lo hubieran hallado tirado en el suelo-. Estoy bien, no pasa nada.

- ¿Te caíste?.- continuó preguntando la chica preocupada-. ¿No te puedes levantar? ¿Necesitas ayuda?

- No, gracias.- respondió el joven avergonzado-. En serio estoy bien, no pasa nada.

- ¿Entonces, por qué estas en el suelo?.- inquirió la rubia desconcertada y arqueando una ceja.

Justo en ese momento, el gatito salió de su escondite detrás del alemán, lo que provocó que Karl pusiera cara de preocupación. El minino en cuestión continuó su camino alegremente hasta llegar a los pies de Eli quien no dudo ni un segundo en agacharse para cargarlo entre sus brazos.

- ¡Así que era ésto!.- comentó la chica arqueando su ceja-. De seguro lo estaba molestando ¿no?

- ¡Oye, no!.- respondió el Káiser automáticamente a la defensiva-. Yo sólo lo encontré aquí, fue él el que llegó a mí, no le hice nada y bueno, yo sólo trataba de...- él no sabía que decir, se sentía muy apenado, pero tampoco quería que ella creyera que estaba lastimando a un animalito indefenso-. La verdad es que….- suspiró-. Es que lo oculté porque no quería que tuviera problemas por estar dentro del hospital.- confesó al fin.

- Señor Schneider.- la rubia sonrió divertida al ver su cara de ofuscación-. No me refería a eso, lo que quise decir es que si esta bola de pelos.- comentó mientras acariciaba al gato-. Le estaba causando problemas a usted.- Eli le extendió la mano para que él se apoyara en ella y se pudiera levantar del suelo-. Conozco suficientemente bien a este peludito como para saber de lo que es capaz de hacer.- la chica entonces miró al gato directo a los ojos-. Y por cierto, tú te saliste sin permiso.- regañó al gato, mientras sacaba algo de su bolsillo y se lo ponía al cuello, era un tipo de identificación que era parecida a las credenciales del personal del hospital.

- ¿Miau?.- el gato parecía que entendía a la perfección el regaño pero prefereía fingir demencia como cualquier otro de su especie.

- ¡Qué miau ni qué miau!.- continuó la rubia con el regaño hacia el animalito-. Bien que sabes que no debes salir sin permiso.- continuó ante la mirada desconcertada del alemán-. ¡Perdón! Es que el muy travieso se escabulló para andar paséandose por ahí, de seguro se fue a molestar a los demás empleados.- la rubia le sonrió al alemán y sus miradas se encontraron.

- Al verse ambos jóvenes por primera vez directamente a los ojos, hubo un chispazo instantáneo entre ellos, algo que no necesitaba de mucha explicación para entenderse; a Karl le fascinaron esos hermosos ojos grises que podían expresar tantas emociones tan diferentes entre sí cada vez que los veía, que él deseaba conocer todo sobre ella, su hermoso cabello rubio dorado y ondulado caía sobre su blusa color púrpura resaltándolo y haciéndolo lucir sedoso y brillante, y al volver a mirarla con más detenimiento, debía admitir que tenía un cuerpo estupendo el cual estaba enmarcado en esa sensual falda negra entubada que le llegaba a la rodilla; la verdad es que toda la imagen de la chica era muy atractiva para los ojos del alemán.

Por su parte Elieth, al ver esos hermosos ojos azules como el cielo en un día soleado que le miraban fijamente, sintió que su mundo se derretía completamente; ese porte tan sexy que él tenía y que a pesar de sus heridas no había perdido, la hacía sentirse muy atraída hacia él, la verdad es que le gustaba Karl Heinz Schneider desde hacía mucho tiempo atrás y había anhelado poder conocerlo cuando se enteró de su estadía en el hospital y, a pesar de que ella lo había creído un patán engreído cuando por fin lo conoció, no pudo más que aceptar que quizás estaba errada pues nadie que fuese un idiota egocéntrico malcriado como ella creía que era él, se hubiera preocupado como el lo había hecho, por un animalito desconocido y del destino que este pudiera tener. Justo en ese instante, el gatito cortó el momento al maullar y con la patita jalar del brazo del alemán, lo que ocasionó que éste regresara a la realidad.

- ¿Cómo es que puede andar un gato en el hospital?.- le preguntó el delantero luego de desviar un poco la mirada y el rostro pues sentía que este último le ardía de vergüenza-. ¿Es qué acaso es de algún paciente privilegiado?

- No, para nada.- le respondió la joven, divertida-. Más bien es porque él es un empleado del hospital.

- ¿Un empleado?.- inquirió él, dudoso enarcando una ceja-. No entiendo.

- Deja que te presente, Karl, él es Káiser y es un gato terapéutico.- comentó la rubia sonriéndole y tomando una patita del pequeño gato y extendiéndosela hacía el joven-. El muy cínico y descarado se salió sin permiso y de seguro fue a rogarle a todo aquel empleado que se encontró en su camino para que le dieran algo de comer, todos incluso en el comedor lo suelen consentir y malcriar mucho.

- Mucho gusto.- respondió el rubio tomando la patita del animal y moviéndola como si lo saludara al tiempo en que acariciaba la cabecita de éste y él le soltoba un sonoro ronroneo feliz-. ¿Entonces es tuyo?

- Sí, lo es.- le respondió la joven mientras el gato se comenzaba a relamer una de sus patitas delanteras para luego limpiarse el rostro, una vez que termino de acicalarse salto al suelo para entrar tranquilamente al consultorio.

- Y con que se llama Káiser ¿no?.- sonrió el alemán muy divertido indicando al gato que se perdía dentro de la habitación y suponiendo el origen del nombre del animal

Por respuesta ella sólo atinó a sonreír algo sonrojada, pues sabía muy bien que el rubio había adivinado que el nombre provenía del apodo que él tenía en el campo de juego. Karl sintió como si ella ya hubiera olvidado el roce del día anterior y le estuviera mostrando una faceta muy diferente a la ya conocida, hasta podría decirse que le mostraba un afecto sincero, quedando un poco desconcertado por la actitud de la chica, pero a decir verdad le gustó mucho lo que vio y deseó que esto no se acabara nunca; Elieth también notó que el alemán se mostraba más agradable y amigable que el día anterior y hasta se podría decir que era más sociable, situación que de igual modo fue de su agrado, sin embargo recordó que debía ser profesional y dejar de lado todo lo demás por lo que decidió comportarse más seria.

- Ah, bueno.- comenzó a balbucear la rubia buscando una forma de cambiar el tema sin verse muy brusca-. Creo que es hora de que entremos, ya nos hemos retrasamos un poco.- continuó intentando ser y sonar más seria para poder concentrarse de nuevo en su trabajo-. Pase por favor, señor Schneider.- lo invitó a entrar señalando hacia el interior de su consultorio.

- Está bien.- respondió el alemán, algo desconcertado por el cambio de actitud de Elieth-. Pero por favor, deja de llamarme así, ¿quieres?

- Lo siento pero no puedo.- se disculpó la chica trantado de sonar seria para poner una barrera profesional entre los dos-. Le recuerdo que usted es mi paciente, no es correcto que lo trate con tanta familiaridad.

- Pero, ¿por qué no?.- él no comprendía la actitud de ella.

- Pase por favor.- repitió la rubia haciéndose a un lado de la puerta, extendiendo el brazo e invitándolo a que entrara con un gesto, pero no dando su brazo a torcer.

- Pues ya qué.- Karl solo atinó a suspirar sin terminar de entender ni comprender la situación.

Al entrar al consultorio, el alemán se quedó parado en el centro de la habitación observando atentamente cada uno de los detalles que el lugar tenía. El consultorio consistía en dos secciones muy bien delimitadas: la primera era como un tipo sala de estar en donde se encontraba un juego de dos sillones; uno de ellos, el más grande, era un sillón de dos lugares que se encontraba de espaldas a la puerta y frente a un gran ventanal; el segundo era de una sola plaza y se ubicaba a un lado del primero pero en un ángulo de 90 grados; bajo ellos había una alfombra y una mesa de centro de cristal completaba el diseño. En la segunda sección se encontraba un escritorio y detrás de él, un gran librero; sobre las paredes había un sin número de cuadros con diplomas y reconocimientos que obviamente pertenecían a la psicóloga, además de que en el librero se podían apreciar varios marcos más pero éstos contenían fotografías, en algunas solo aparecía la rubia y en otras más estaba ella con algunas personas, quienes claramente parecían ser sus amigos o familiares; o quizás alguno de ellos sería el novio, pensó el delantero, pues en varias fotografías aparecía la joven con alguno de dos chicos que más aparecían en las fotos. Karl observó detenidamente la oficina de pies a cabeza, había tantos detalles en la misma que le hablaban sobre la personalidad de la chica y quería conocer cada uno de ellos para poder saber más sobre ella. Estaba tentado a preguntar por varias cosas que le llamaron la atención cuando se percató de que Eli ya había cerrado la puerta del consultorio y se encontraba parada frente a él.

- Tendrá que disculparme...- comentó Elieth al interrumpir los pensamientos de Karl, por lo que el alemán se giró a mirarla-. Creo que Káiser ya ha tomado posesión.- comentó ella indicando hacia el sillón de dos espacios.

Entonces Schneider se giró a ver el lugar que la rubia le indicaba y pudo ver al minino echado en medio del mismo, hecho bolita y dispuesto a dormir la siesta.

- ¡Lo siento! Creo que tendrá que compartir con él.- continuó diciendo la joven mientras se acomodaba en el sillón individual.

Al ojiazul no le quedó más remedio que sentarse junto a su nuevo amigo, quién no dudo ni un segundo en moverse de su lugar para irse a acurrucar en las piernas del futbolista, el joven espero a que el felino ya estuviera cómodo para nuevamente acariciarlo y mientras esto sucedia la rubia los observaba con interés.

- ¡Mondrigo gato!.- susurró la francesa más para sí que para alguien más-. Eres un traidor de primerea.- suspiró para luego quedarse en silencio un momento antes de dirigirse al alemán-. Se ve que usted le cayó muy bien.

Karl se quedó mirando a Káiser mientras lo acariciaba y no pudo evitar suspirar algo decaído, no entendía muy bien porque pero no le agradaba para nada la forma tan seria que la joven había adoptado hacia él pero sabía que en el fondo todo era su culpa si no hubiera sido tan grosero el día anterior quizás ella no tendría que tratarlo de ese modo, por desgracia él no sabía como solucionar lo que había sucedido; una vez que se resigno a que no podría hacer nada al respecto, levantó la mirada para verla y continuar con la sesión pero cuando lo hizo sus ojos volvieron a encontrarse y ambos nuevamente sintieron ese chispazo de la vez anterior, esa extraña energía que los atravesaba por lo que ambos desviaron al instante la mirada avergonzados.

- Antes que nada.- comienzó a decir el rubio intentando comenzar una conversación nueva-. Quiero disculparme con usted, en verdad que lamento mi comportamiento de ayer.

- La que debe disculparse soy yo, señor Schneider.- ella también lucía muy apenada-. No debí haberlo golpeado, no fue ni ético ni correcto.

- Por favor, deja de llamarme así.- le pidió él una vez más-. Por favor, solo dime Karl.- agregó con un tono suplicante.

- Luego de haberlo meditarlo por algunos segundos y de suspirar ella terminó aceptando la solicitud del alemán, no sabía bien por qué pero algo en su interior le hizo sentirse mal con él; sabía muy bien que Karl no era el único culpable de todo esto, ella también tenía mucha de la culpa al no ser tan tolerante además había algo más en esto, no podía negar que había sentido algo por el alemán cuando lo vio a los ojos por lo que volvió a suspirar y le devolvió una dulce sonrisa.

- ¿Te parece que comencemos de nuevo?.- le propuso Elieth con una calida sonrisa.

- Por mi me parece perfecto.- Karl sonrió muy alegre-. Entonces borrón y cuenta nueva.

Eli procedió entonces a explicarle en que consistirían las dichosas terapias y el procedimiento que aplicarían durante la sesión; ella le hablaba dulcemente y le sonreía a menudo y él también había suavizado mucho su comportamiento. Ademas, Káiser era un gran apoyo en la sesión pues no se había apartado del alemán ni un instante.

En cierto momento, Karl se levantó del sillón comentando que le comenzaba a molestar la pierna y qué sólo necesitaba caminar un poco, por lo que se dirigió hacia el librero; al llegar ahí vió una foto que le llamó mucho la atención: se trataba de la rubia, quien se encontraba alegre en alguna playa, quizás del caribe, con una chica castaña que él conocía muy bien.

- ¿Qué ésta no es Lily?.- le preguntó señalando a la castaña de la foto.

- ¿Quién?.- la francesa se levantó de su asiento y se dirigió hacia dónde se encontraba el alemán para ver la fotografía-. ¡Ah, sí! Es ella.- sonrió divertida-. Esas si que fueron unas vacaciones geniales.

- ¿Entonces ustedes dos se conocen?

- ¿Qué si la conozco?.- rio divertida la Psicóloga por el comentario-. ¡Por supuesto que la conozco! Somos amigas desde que éramos unas niñas pequeñas y actualmente vivimos juntas.

- ¿Es en serio?.- comentó el futbolista, sorprendido-. Mira qué pequeño es el mundo o por lo menos en este hospital.

Entonces Karl se propuso tratar de averigurar algo más sobre Elieth, quien le respondía algunas de sus preguntas pero en otras le desviaba hábilmente la conversación negándose a contestar, sin embargo, esto no desalentó al alemán, pues se dijo que existía otro medio para saber las dudas que ella no quizo resolver, es decir, que después lo averiguaría con su fisioterapeuta. En algún punto, la conversación giró en torno a su rehabilitación.

- Y dime, ¿cómo te trata Lily?

- De maravilla.- sonrió el ojiazul-. Lo cierto es que Lily se ha convertido en un gran apoyo en mi rehabilitación, además de que es una gran amiga también y ahora veo que lo que decía Wakabayashi sobre su talento profesional no eran sólo piropos de alguien enamorado sino la verdad, es muy buena en lo que hace.

- Estoy completamente de acuerdo.- sonrió la rubia-. ¿Y para cuándo podremos verte de nuevo jugar en el Alianza?

- De eso aún no lo se.- respondió el sincero-. Pero me comentó que si sigo con el avance que ha habido hasta el momento, en cuestión de una o dos semanas ya me podrá dar de alta.- el alemán se notaba más animado con el tema-. Y los de Säbener Strasse tendrán que soportarme porque no los dejaré descansar hasta que haya recuperado mi nivel de antes.

- ¡Así se habla!.- sonrió ella-. Verás que pronto volverás a ser el excelente goleador de siempre.

La plática continuó y al dar un nuevo giro llegaron a la parte que el alemán más temía y había estado tratando de omitir, su relación anterior. Karl inmediatamente cambió de semblante, se volvió sombrío y su mirada volvió a tomar esa frialdad que tanto detestaba la joven, pero por más que Elieth trataba de que él abriera su corazón y se desahogara, lo único que estaba ocasionando era que él perdiera el control.

- ¿Por qué no me quieres contar?.- le volvía a insistir ella-. Se supone que de eso tratan estas sesiones de que me digas tus sentimientos y temores.

- Ya te dije que no pienso hablar de eso.- le respondió él en un tono un poco ya irritado-. Si quieres que hablemos ok, pero hablemos de otra cosa ¿quieres?.

- Karl, mira.- la rubia suspiró -. Pasaste por algo muy dificil en tu vida y creo que no te haría mal desahogarte. Además, como te dije antes ese es el motivo de estas sesiones, que puedas expresar lo que en verdad sientes.

- ¡Ya te dije que no!.- Karl ya estaba a la defensiva-. No tengo nada que decirte al respecto, no es algo que valga la pena decir.

- Yo decido lo que es o no importante y considero que el que haya muerto tu novia en ese accidente puede considerarse como algo importante, ¿acaso no lo es para ti?.- le soltó de repente algo sorprendida por la respuesta por parte de él, pero esa simple pregunta desencadenó muchas cosas en el interior del alemán y por fin explotó.

- Ok, si tu mandas y quieres que te diga algo ¡Bien, te lo diré!.- le respondió él exaltado-. ¿Qué es lo que pienso? ¡Pues que ella murió por mi culpa! ¿Es lo qué querías escuchar? ¡Pues ahí está! Y es más, te diré otra cosas, creo firmemente que soy un maldito asesino ¿Ya estás contenta? Ahora ya sabes la verdad.

Elieth se había quedado sin palabras pues estaba muy sorprendida por la confesión de Schneider, habría esperado de todo menos eso; todo el mundo sabía lo que había sucedido ese día pero jamás se imaginaron que él se llegaría a culpar de esa forma.

- ¿Cómo es que te puedes culpar por un accidente?.- le inquirió la rubia, aún muy sorprendida.

- Quizás porque yo provoqué ese accidente, yo le jalé el volante de sus manos y es por mi culpa que nos salimos del camino.- continuó, aún agitado-. Es por mí que ella murió.- acompletó más serio y triste.

Ella se sintió molesta y quizás no tanto porque él se hubiera exaltado sino porque no podía creer que Karl fuera tan irracional al creer semejante cosa.

- ¿Y de no hacerlo?.- le respondió seria la francesa-. ¿Qué hubiera pasado entonces?

Karl no supo qué contestar ante esta pregunta, por más que pensaba en algo que responderle a la psicologa en seguida lo desechaba por considerarlo incorrecto, abría y cerraba la boca sin pronunciar palabra pues no daba con la respuesta adecuada.

- ¿En verdad tú crees que hubieran podido sobrevivir al impacto directo y de frente de un tráiler?.- le continuó inquiriendo la rubia-. Yo no lo creo, ella estaría muerta de todos modos y tú, tú muy seguramente también lo estarías.

Karl la miró fijamente queriendo desmentirla o decir algo en contra, que estaba equivocada, que las cosas no hubieran sido así, pero sabía que ella tenía razón, sabía muy bien que él debería estar muerto al igual que Hedy por lo que sólo se limitó a suspirar melancólicamente.

- Quizás eso hubiera sido lo correcto.- comentó al fin.

Elieth no podía creer lo que sus oídos acababan de escuchar, se decía que quizás era un error, que había escuchado mal, que no había entendido la frase, o que se yo, pero no podía ser cierto lo que él había dicho; ¿Cómo carajos iba a ser mejor estar muerto que vivo? Esto sí que la terminó por irritar y es que durante su estancia en el hospital, ella había tenido la ocasión de presenciar a inumerables casos en donde las personas trataban inútilmente de aferrarse a la vida y al final no lo conseguían, pero él que tenía la dicha de seguir vivo lo despreciaba solo porque según no era lo correcto.

- Por favor, ¿es en serio lo que dijiste?.- comentó incrédula-. ¿Cómo va a ser mejor que hubieras muerto? ¿Acaso has pensado en el daño y sufrimiento que le hubieras causado a tu familia y a tus amigos? El 99% de los pacientes que están aquí se aferran por vivir, ¿y tú me sales con que hubiera sido correcto morir?.- continuó alzando la voz-. ¿Qué carajos te pasa? ¿Estás loco o que te pasa?

- ¡Ya déjame en paz!.- le gritó él desesperado-. No quiero seguir con esto, no voy a seguir hablando contigo sobre esto.

La rubia tuvo que respirar varias veces y hacer uso de su autocontrol para calmarse, sabía que las cosas no terminarían bien si se volvían a exaltar los ánimos entre los dos y en definitiva eso no le haría bien a él. Karl, por su parte, volvió a sentir esa sensación de tristeza y culpabilidad, lo que hizo que se deprimiera nuevamente.

- Ok.- comentó Elieth más tranquila-. Sé que has sufrido mucho últimamente y que crees que todo esta mal en ti, pero creeme no es así.- la rubia lo miró directo a los ojos mostrando un gran afecto hacia él-. Creeme cuando te digo que yo quiero ayudarte, ¡permítemelo, no te alejes por favor!

Al mirarla Karl no se pudó resistir a esa mirada, no entendía bien porque pero creía firmemente que al estar ella cerca las cosas podrían ser mejor.

- No sé que hacer.- susurró al fin algo decaído.

- Bueno, primero que nada.- comentó la rubia al momento en que se sentaba junto al joven-. Deja de tratar de alejar a los que te quieren y se preocupan por ti.

- Sólo quiero que me dejen de cuestionar lo mismo una y otra vez, ¿es mucho pedir?.

- Lo hacen porque están preocupado por ti, pero el que te moleste que te agobien con ese tipo de preguntas no te da el derecho de tratar mal a las personas.

- No quiero hacer eso.- se defendió el rubio-. En verdad que no quiero ser grosero con los demás, solo es que me sacan de quicio.

- Pues no lo hagas.- ella le sonrió-. Tendrás que empezar a hacer uso de tu paciencia y autocontrol.

El joven ya no dijo nada más al respecto y la rubia intentó animarle un poco cambiando el tema y prometiéndole que cuando él regresara a jugar, ella iría a verle a lo que el alemán prometió entonces que daría su maximo esfuerzo para que esto sucediera pronto y que le conseguiría asientos de primera fila. Elieth, un tanto entusiasmada, le dijo que no se perdería por nada del mundo su triunfante regreso a las canchas, asegurándole que eso sería más pronto de lo que él podría creer pues su recuperación estaba muy cerca. Karl deseó con todas sus fuerzas que ella tuviera razón.