Capítulo 9.
Después de salir del consultorio de psicología, Karl Heinz Schneider caminaba por los pasillos del hospital sintiéndose mucho peor que antes, le comenzaba a doler de nuevo la cabeza de manera insistente y la plática lo había dejado muy decaído después del último roce que había tenido con Elieth, por lo que se repetía una y otra vez que había sido una pésima idea el haber ido a la terapia, por razones como éstas era que se negaba a hablar de estos temas con alguien más; sin embargo, por otro lado había algo en su interior que le insistía en que no se había equivocado en ir y que debía confiar en la rubia, que quizás ella podría ser quién finalmente consiguiera ayudarlo a mejorar su estado ánimico y así volver a concentrarse en su vida de antes, no lograba entender el por qué tenía este presentimiento pero en su interior cada vez era más fuerte esa sensación de que ella podría ser su salvación.
- ¡No lo sé!.- se dijo finalmente después de un gran suspiró, al tiempo en que se frotaba la sien-. ¡Ya no sé ni que pensar de todo esto!.- se repitió a si mismo, mientras continuaba su camino sin un rumbo fijo.- ¿Será que debo seguir mi instinto? ¿O quizás sólo es que sí hubiera sido mucho mejor que yo también estuviera muerto?
Lo cierto es que había muchas cosas que meditar antes de decidirse cuáles de sus sentimientos eran los que tenían la razón, había sido un largo día y necesitaba refugiarse en su cuarto a solas y sin que nadie lo molestara para poder meditar y tranquilizarse, y quizás con un poco de suerte, sus malestares también desaparecerían; así pues, con estos pensamientos en la cabeza el alemán se dirigía a su habitación sin fijarse mucho el rumbo que llevaba por lo que no se dio cuenta de cuándo o cómo fue a parar al área de urgencias del hospital y quizás ni hubiera notado en dónde se encontraba a no ser porque fue casi literalmente atropellado por un par de paramédicos que entraban a la sala a todo correr, empujando una camilla para ingresar a un paciente gravemente herido.
- ¡Muévete!.- le gritó uno de ellos, sin deternerse ni un segundo a ver al alemán-. ¿Qué no ves que traemos a una persona grave?
- ¿Qué?.- ante estos gritos, Karl volvió a la realidad y trató de ver de dónde provenía tanto escándalo, él no sabía quién le hablaba y mucho menos respondía a la situación.
- ¡Qué te muevas imbécil!.- le gritó el otro paramédico al momento de empujarlo para pasar-. En verdad que hay gente tan idiota que no se fija ni por donde anda, éste no es un parque.
Más por instinto que por el propio empujón o por la agresividad recibida, Karl se apartó del camino sin decir ni una palabra para alejarse del alboroto que generaba la llegada de los paramédicos, pero continuó siguiéndolos con la mirada hasta que éstos desaparecieron en una de las áreas de trauma cercanas al lugar en donde él se encontraba; una vez pasado el caos el alemán observó su entorno muy desconcertado y sin ubicarse.
- ¿En dónde demonios estoy?.- se preguntó.
Sabía muy bien que continuaba estando en el hospital pues a donde miraba seguía estando lleno de personal médico; al observar a su alrededor con más detenimiento, pudo ver que el sitio tenía un módulo de recepción con algunas enfermeras atendiendo y algunas otras charlando en la parte más pegada a la pared, por el área común, habia varios médicos y algunos otros que sabía que eran personal del hospital pues portaban sus respectivos uniformes, además de las personas que esperaban ser atendidas, sentadas en sillas o camillas y quienes comenzaban a verlo insistentemente y a cuchichear entre sí; después de un rápido pero detallado análisis del entorno pronto encontró respuesta.
- ¿Cómo es que llegue aquí?.- se preguntó, tratando de recordar cuáles habían sido sus pasos desde que salió del consultorio de la señorita Shanks.
Justo en el momento en que veía un pasillo que él suponía debía de haberlo traído a este lugar, frente a él y no muy lejos de dónde se encontraba parado, había una sombra negra, no muy bien definida, que comenzó a deslizarse hacia una de las salas de trauma.
- Se parece un poco a lo que vi aquella vez.- pensó, recordando la escena de aquella noche en Cuidados Intensivos-. Pero, ¿qué carajo es eso?
Ya fuera por curiosidad o por alguna otra razón que no supo explicarse, el alemán decidió seguir a aquella sombra que se movía sigilosamente y que al parecer nadie más notaba, tenía que averiguar de una buena vez que demonios era eso. Karl caminó siguiendo la sombra hasta la sala de trauma en donde la vio entrar, al llegar a la puerta, vio como dentro del área los médicos se encontraban alrededor de una camilla tratando de resucitar a un paciente que había entrado en paro. Schneider se quedó parado en la puerta viendo la escena con detenimiento: en la cama se encontraba un hombre adulto de unos 30 o quizás 40 años de edad quien al parecer acababa de sufrir un accidente pues sus ropas se encontraban manchadas de sangre; el lugar estaba lleno de médicos, que trataban de reanimar al paciente y por las expresiones en sus rostros, pudo deducir enseguida que se trataba de algo grave. Estaba tan intrigado con lo que sucedía en el interior, que no se percató cuando una de las enfermeras salió en busca de un equipo médico.
- Lindura, será mejor que te muevas, aquí no hay nada que ver.- le dijo ésta, al verlo parado en la puerta.
Karl solo atinó a moverse unos cuantos pasos a su izquierda permitiéndole que saliera pero sin poder articular ni una palabra, era demasiado su interés en lo que ocurría allí adentro, que una vez que la mujer se retiró, él de inmediato, volvió a tomar su posición anterior.
- Tengo que saber, ¿qué es esa cosa de ahí dentro?.– se dijo a si mismo en un susurro.
Cuando regreso a la posición en la que se encontraba al inicio y volvió a ver al interior de la sala, él se llevó una gran sorpresa.
- ¡Pero qué demonios!.- exclamó saltando sorprendido al ver a la sombra parada junto al paciente-. ¿Es qué acaso nadie la ve?
Se notaba que los médicos hacían su mayor esfuerzo por salvar la vida del hombre pero ninguno parecía percatarse de la presencia del ser que se encontraba ahí, parado junto a ellos. En ese instante, la sombra salió rápidamente del lugar y pasó a un lado del alemán sin detenerse. Karl la siguió con la mirada mientras ésta pasaba a su lado, su curiosidad por la sombra era demasiada que luego de verla salir de la sala de trauma y dirigirse hacia uno de los pasillos ubicados al final de la sala, decidió ir tras ella.
El alemán se encaminó entonces rumbo al mismo pasillo por donde se había ido la sombra y caminó hasta llegar al final del mismo en donde constató que no había ninguna salida posible, el pasillo no tenía más que una puerta al final con un letrero de almacén, el rubio intentó abrirla pues pensó que la sombra podría haber entrado allí, pero ésta se encontraba cerrada con llave por lo que no existía otra salida o ruta para continuar y no veía a la sombra lo que le causó extrañeza, sabía bien que ésta había entrado a ese pasillo y que no había pasado en sentido contrario pero tampoco estaba ahí.-
- ¿En dónde se habrá metido?.- se preguntaba.
Luego de constatar que la cosa que había estado siguiendo no se encontraba ya en ese sitio decidió regresar; sin embargo, al girarse se llevó una sorpresa mayor pues se la topó de frente.
- ¿Pero qué…?.- exclamó sorprendido.
Karl tuvo la impresión de que la sombra lo estuviera viendo detenidamente aunque de inmediato se dijo que eso no era posible pues no tenía forma definida como para tener un rostro que lo mirara y dio por hecho que solo era más bien su imaginación.
- ¡Esto no es posible!.- se repetía una y otra vez-. En definitiva que no lo es.
No daba crédito a lo que sus ojos miraban, aunque pensándolo bien, ¿qué era lo que sus ojos miraban? Sólo una sombra, sí, la cual parecía tener forma humana pero sin rasgos definidos y que sentía él que lo estaba mirando detenidamente pero no sabía bien por qué tenía esa sensación. Karl pensó que quizás era producto de su problema de visión mezclado con un poco de su imaginación, aunque ésta ya había mejorado notoriamente, o quizás era cuestión de la mala iluminación del pasillo y era alguna otra cosa más, pero en ese instante notó algo que no había visto antes, detrás de la sombra había algo más, algo que le dejó helada la piel. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo, no sólo veía a la dichosa sombra parada frente a él sino que también estaba el mismo hombre que segundos antes había visto sobre la camilla en la sala de trauma.
- Esto no puede ser verdad.- rio nervioso y un tanto desconcertado-. No puede ser cierto, tiene que ser algún tipo de broma.- él se negaba a aceptar lo que sus ojos veían.
Schneider no podía entender lo que sucedía, ese que se encontraba allí parado frente a él no podía ser el mismo hombre que hace unos momentos había visto allá atrás desangrándose en la sala de traumas sobre la camilla, eso no tenía nada de lógica.
- ¡Ok, ya me volví loco! ¡Eso es, estoy loco y por eso ya alucino!.- se dijo el ojiazul, tratando de justificar lo que sucedía.
Pero mietras más veía al hombre y a la sombra parados frente a él, más se convencía de que ésa no era la respuesta correcta, que no era verdad que estaba loco y que no estaba viendo visiones, ese hombre que se encontraba parado frente a él, sí era el mismo que había visto antes en la sala de trauma, aunque su apariencia no era la misma, sus ropas ya no se encontraban manchadas de sangre y su expresión era muy tranquila y serena como si nada le hubiera pasado, es más, como si tuviera una paz inmensa. Cuando Karl al fin acepto lo que veía, se quedo sin habla, no sabía cómo reaccionar ante lo que estaba sucediendo, dudaba si acercarse más a ellos o quedarse donde se encontraba, esto es a unos metros de distancia, sin embargo, no tuvo tiempo de decidirse pues en ese instante la sombra se desvaneció ante sus ojos, lo que volvió a sorprenderlo y comenzó a sentir algo de miedo, el hombre que se encontraba detrás de las sombras, sólo le sonrió e imitó la acción de la primera.
Fue en ese instante que el rubio al fin reaccionó, giró su cabeza hacia todos lados con la esperanza de encontrar a alguien que le pudiera corroborar lo que había visto pero se encontraba completamente solo en ese pasillo, él estaba muy desconcertado al respecto y el dolor de cabeza había aumentado al grado de ser insoportable, no sabía que pensar sobre lo que acaba de suceder por lo que decidió que lo mejor sería irse de allí.
Durante el resto de la tarde, Karl se estuvo preguntado si lo que había visto en el pasillo habría sido producto de su imaginación, no le encontraba lógica a lo sucedido por lo que luego de haberlo analizado por horas, llegó a la conclusión de que era imposible y absurdo lo que había creído ver, así que de inmediato decidió que olvidaría el asunto y así no daría pie a que lo creyeran loco e internaran en un hospital psiquiátrico, suficiente tenía ya con sus problemas depresivos como para que además le agregaran alucinaciones. Mucho rato después, cuando por fin el dolor de cabeza había cesado y ya era entrada la noche, el joven alemán por fin había olvidado lo ocurrido y se había quedado dormido cuando una vez más comenzó a tener aquel sueño recurrente que ya había dejado de perseguirlo desde hacía varios días.
Una vez más se soñó en aquel bosque que tan conocido ya le era por todos los sueños anteriores, se encontraba caminando de nuevo por el sendero, entre los grandes árboles y con la neblina bajando hasta el suelo y un helado viento soplando cada vez más fuerte, no se podía escuchar nada allí, ni animales ni ruidos externos había en el lugar, sólo el crujir de las hojas al momento de pisar sobre ellas. Karl comenzó a avanzar atravesando los inmensos pinos que lo cubrían todo con su sombra y estaba dando vueltas sin sentido, rodeando todo de nuevo pero sin llegar a ningún lugar.
Esta vez, el comenzó a gritar a ver si alguien lo escuchaba, pero nada, ni un solo sonido a su alrededor, lo que lo intrigaba aún más, ¿cómo es que siendo un bosque no se pudiera escuchar ni un ave? Karl siguió caminando, buscando cómo salir de ahí, pero mientras más caminaba, más se perdía, a su alrededor no había otra cosa que no fueran esos enormes pinos. Y de pronto esa voz de nuevo, esa voz ya tan conocida que lo llamaba.
- Karl….- volvió a llamarlo.
- ¡De nuevo tú! ¿En dónde estás?.- el alemán comenzó a gritar hacia todos lados por no saber de dónde procedía esa voz.
- Karl….
- ¿En dónde estás?.- repitió la pregunta al tiempo que comenzó a correr sin rumbo fijo en búsqueda de esa voz.
- Por aquí, Karl…
- ¡Muéstrate! ¡Aparece de una buena vez!.- le exigió el rubio quien ya comenzaba a desesperarse de esta situación.
- Karl, por aquí.- la voz que lo llamaba reía como si se tratase de un juego de escondidas.
- ¡Ya basta de juegos, Hedy! ¡Sé que eres tú! ¡Déjate de tonterías y muéstrate de una buena vez!
De pronto, la silueta de una hermosa mujer rubia pero de piel sumamente pálida, comenzó a aparecer frente a él, quien al verlo sólo le sonrió sin decir ni una palabra para luego darse la media vuelta y empezar a caminar por una pequeña vereda que se abría entre los enormes árboles. El delantero por un momento dudó en si debía o no seguirla, pero sabía muy bien que esto no acabaría hasta no saber qué es lo que Hedy quería o pretendía, así que echó a andar por el mismo camino, siguiendo los pasos de la rubia. Mientras iban avanzando la mujer de vez en cuando se volvía a mirarlo como dando a entender que esperaba que él siguiera tras ella. Karl continuó caminando hasta que se encontró en una parte del bosque que jamás había visto antes en sus sueños, aunque al mismo tiempo, él tenía la sensación de ya haber estado ahí antes.
- Se me hace muy familiar este lugar.- pensó al tiempo en que veía a su alrededor.
Schneider se encontraba muy intrigado por el lugar a donde había llegado, tenía la extraña sensación de que él ya había estado ahí en alguna otra ocasión lo que hacía que su curiosidad aumentara más, se encontraba demasiado ansioso por saber qué era este sitio y cual era la relación que tenía con él que ya no prestó atención a nada más.
- ¡Karl, por aquí!.- le llamó Hedy, al ver que él se había distraído.
La voz de su ex lo regresó a la realidad y se concentró de nuevo en seguirla. Un poco más adelante Karl vio que la chica se detenía y lo esperaba con una sonrisa en los labios, por lo que apresuró el paso para llegar a su lado. Al llegar ahí lo que pudo ver fue que se encontraban en la orilla de lo que parecía ser un caudaloso río. El alemán no entendía muy bien que estaba pasando pero de algo estaba seguro, Hedy deseaba que él fuera hacia el sitio en donde ella se encontraba, lo que él no entendia bien era el por qué. ¿Cuál era la razón de llevarlo hasta ese río? Era algo que se preguntaba y que era un misterio más que debía resolver.
- ¿Qué es lo que prentendes?.- le preguntó él-. ¿Para qué me has traído hasta aquí?
La chica sólo le sonreía como una adolescente quien está junto a su ser amado o jugando a las escondidas, cosa que al alemán comenzaba a exasperarle, pues por más que le preguntaba una y otra vez que es lo que quería ella no decía nada.
- ¡Demonios, Hedy!.- le dijo él irritado después de un rato-. ¡Déjate ya de tonterías y dime de una buena vez por qué demonios estoy aquí! ¿Por qué te me apareces en sueños? ¡Tú ya estas muerta! ¡No debes estar ya aquí! ¡Ya déjame en paz!
Al decir estas palabras, el espectro borró su sonrisa y se dio media vuelta, dando la cara hacia la orilla del río, y dirigiendo su mirada hacia el suelo, como si estuviera contemplando algo tirado ahí. A Karl no le pasó desapercibida esa acción y también dirigió su mirada hacia el sitio. De pronto allí en ese lugar comenzó a brillar algo.
- ¡Qué…! .- exclamó él, sorprendido.
Pero justo en ese momento y sin tener más tiempo para reaccionar o ver algo, Karl despertó de su sueño sin saber muy bien qué es lo que Hedy trataba de decirle o mostrarle. En esta ocasión, a diferencia de las veces anteriores en las que a él le habían llegado a asustar los sueños, había despertado más bien con la intriga de saber su significado, quería llegar al fondo de todo y saber de una buena vez que es lo que ella quería de él.
- ¿Por qué tengo este sueño tan recurrente?.- se preguntó-. ¿Por qué sueño con ella y con ese lugar una y otra vez? Y ahora ese río, ¿qué significa todo esto?
Schneider se encontraba inmerso en sus pensamientos cuando de pronto de la nada y en medio de la obscuridad saltó sobre sus piernas una pequeña sombra no muy grande que hizo que el alemán brincara del susto; sin embargo, no tardo mucho en reconocer a un pequeño bulto blanco peludo con cola y orejas que era el intruso de su habitación.
- ¡Káiser!.- exclamó el alemán más tranquilo al momento en que le acariciaba la cabecita al minino-. ¡Qué susto me metiste!.- continuó charlando con el pequeño gato que ronroneaba alegremente.- ¿Estás sólo?.- quizás por insitnto, quizás por reflejo o quizás fue su deseo oculto de que alguien más estuviera ahí, que fue que Karl miró hacia la puerta de entrada a la habitación sin saber bien que esperar-. ¿Es acaso que te olvidaron? ¿Te dejaron aquí castigado? ¿O será que vives aquí?
Schneider continuó acariciando al pequeño gato que ya se habia hecho bolita entre las sábanas y que claramente no tenía la menor intención de marcharse de la habitación, su mente lo había traicionado por lo que se sorprendió mucho al darse cuenta de que ésta había viajado de inmediato a la dueña del pequeño animal peludo, se preguntó si sería posible que en ese mismo instante ella apareciera por esa puerta buscando a su mascota y se sorprendió aún más al notar que en el fondo él en verdad deseaba verla; sin embargo para su mala suerte, ella no apareció por lo que rato después el sueño comenzó a vencerlo y se hizo a la idea de que su amiguito felino se quedaría toda la noche con él.
