Mi hijoHaciendo amigosShoyo estaba realmente feliz, en verdad le gustaba ese lugar. Las paredes estaban decoradas con flores y pájaros, y también podían verse muchas carteleras donde se exponían los dibujos de los niños, las puertas de los salones eran de diferentes colores. La muchacha qur lo llevaba de la mano, se detuvo ante una puerta naranja y esperaron. Escucharon la campana, unos segundo después se escuchó el murmullo de una canción y al terminar comenzaron a verse pequeños grupos que entraban desde el patio guiados por su respectiva maestra, en un momento una mujer alta de cabello negro y lentes se acercó hasta ellos, abrió la puerta y esperó a que los niños entrarán al salón, les pidió que se ubicaran en sus lugares y volvió a asomarse a la puerta. La joven que sujetaba su mano le dijo algo a la mujer y está solo asintió. Shoyo le sonrió a la bella pelinegra mientras la otra joven se alejaba, la mujer le sonrió y se inclinó un poco para saludarlo.
—Hola Shoyo, yo soy Kiyoko Shimizu y seré tu maestra, espero que te portes bien —dijo con una sonrisa mientras acariciaba el revuelto cabello naranja del pequeño, que asintió con una enorme sonrisa—, muy bien, entremos así te puedes presentar con tus nuevos compañeros.
El pequeño pelinaranja soltó un suspiro y volvió a sonreír antes de caminar tras su nueva maestra. El salón tenía tres ventanas muy grandes con cortinas naranjas, a un lado de la puerta estaba el perchero para los niños y luego podían verse una serie de estantes donde estaban los útiles para trabajar y una biblioteca repleta de libros infantiles, en el fondo del aula había un sector de juegos, repleto de estantes y cajas con juguetes, una alfombra naranja ocupaba casi un tercio del lugar y la otra parte del espacio era ocupada por cinco mesas pentagonales con sus respectivas sillas, donde ya estaban sentados los demás niños.
Shoyo observó a sus nuevos compañeros y noto la curiosidad en muchos de ellos.
—Niños, hoy tenemos un nuevo compañero, por favor saluden a Shoyo Sugawara.
—Hola Shoyo —dijeron todos en un cantito.
—Hola, espero que seamos amigos —agregó el pelinaranja con su habitual alegría.
—Buen Shoyo, siéntate en esta mesa junto a Tobio y Kei —dijo Kiyoko señalando la mesa donde se encontraban un niño rubio de lentes y ojos dorados y otro de cabello negro muy lacio y ojos muy azules, ambos con expresión seria. Shoyo se sentó junto al pelinegro y la maestra volteó a mirar a los otros dos niños—, espero que hoy no haya problemas.
Los niños se miraron de reojo y solo asintieron. Esa mañana fue más lenta de lo que el pelinaranja esperaba, sus compañeros lo ignoraban y en verdad parecían más centrados en discutir entre ellos por cualquier cosa. El resto de sus compañeros también parecían poco interesados en interactuar con él, por lo que finalmente terminó jugando con bloques en un rincón del sector de juegos, los demás niños jugaban a su alrededor pero ninguno se acercaba a él.
A la hora del almuerzo todos se dirigieron al comedor, un salón muy grande con largas mesas. La maestra los ubicó a todos en dos mesas y unos instantes después dos señoras pasaron sirviendo la comida. Shoyo probó aquellos macarrones con queso que acababan de servirle y decidió que no estaban mal, pero definitivamente prefería los de Suga. Miró a Tobio y Kei, que volvían a discutir, quién sabe por qué y la curiosidad fue más fuerte que él.
—¿Ahora por qué discuten?
—¿Qué te importa? —respondió al unísono.
—¿Por qué no te metes en tus asuntos enano naranja? —dijo el rubio mostrándole una extraña sonrisa a Shoyo, en ese momento Tobio intentó quitarle a Kei el vaso que sostenía, forcejearon un poco y finalmente el contenido del vaso terminó sobre el rubio. El pelinaranja no pudo evitar soltar una carcajada, con lo que se ganó una mirada furiosa de Kei y otra curiosa de parte de Tobio.
Al terminar el almuerzo, todos volvieron a sus aulas. Shoyo volvió a intentar jugar con sus compañeros, pero no consiguió nada de ellos, infló sus cachetes y se sentó sobre la alfombra algo molesto, en ese momento vio a Tadashi entrando en el aula y una sonrisa se dibujó en su rostro al ver al pecoso acercándose hacia él, inmediatamente Shoyo se puso de pie y dió unos pasos hasta quedar a solo un metro del pecoso. El pelinaranja estaba listo para gritar un saludo y saltar hacia su amigo, cómo era su costumbre, pero antes de que pudiera hacer cualquier cosa el niño rubio de lentes se acercó al pecoso.
—Tadashi llegaste muy tarde hoy —dijo Kei en un tono bastante serio, qué evidenciaba su molestia. El pecoso se detuvo al instante y dio un pequeño respingo al ver al rubio acercándose a él.
—Lo siento Kei —dijo rápidamente el niño de pecas antes de ser interrumpido por un grito.
—Dashiiiiiiiii —la voz de Shoyo se escuchó en todo el lugar, un momento después todos los presentes vieron al pelinaranja saltando para terminar en el piso abrazando a un sonriente Tadashi.
—¿Que haces? Lo vas a lastimar —se quejó Kei lanzándole una mirada asesina al alegre pelinaranja.
—No hay problema Kei —dijo el pecoso con su vocecita suave y alegre, lo que hizo que el rubio se molestará aún más.
—Dashi tu si vas a jugar conmigo ¿no? —preguntó Shoyo, una vez que se levantó, tendiendole la mano a su amigo para ayudarlo, acción que el rubio imitó.
—Sabes que sí —respondió Tadashi con una hermosa sonrisa mientras tomaba las manos de ambos niños, quienes tiraron de él para levantarlo.
El pelinaranja amplió su sonrisa y sin soltar la mano del pecoso volteó para volver al sector de juegos. Tadashi dió un paso y se detuvo al notar que el rubio todavía sugetaba su otra mano y no parecía querer soltarla, se giró para verlo y la mirada del niño de lentes hizo que su sonrisa desapareciera.
—Tadashi… —murmuró Kei y tiró de la mano del niño.
—Hey suelta a Dashi —se quejó Shoyo mirando serio al rubio mientras tiraba del pecoso.
—Tu suéltalo —contestó Kei funciendo el ceño y volviendo a tirar la mano de Tadashi.
Los niños que los miraban simpremente se quedaron en sus lugares, no dijeron nada y observaron, todos allí conocían el carácter del rubio, lo celoso que era con sus cosas y sobre todo con el pequeño pecoso.
Desde que Tadashi comenzó a asistir a aquel preescolar, de alguna forma que nadie podía explicar se había acercado a Kei, uno de los niños más uraños, quien lo acepto como su amigo y desde entonces el rubio se molestaba en sobremanera cada vez que alguien intentaba alejar al pecoso de él. Por lo tanto anticipando lo que podría pasar, el resto de los niños permanecieron quietos en sus lugares.
La mirada color caramelo chocó con aquella fría mirada dorada y en ese momento los dos niños comprendieron que el otro no iba a ceder. Ambos siguieron tironeando al pobre pecoso, quien se quejaba e intentaba soltarse de ambos agarres, cosa que le estaba resultando imposible, pues ambos niños ahora lo sujetaban de las muñecas y apretaban cada vez más fuerte.
Tanto el rubio como el pelinaranja seguían diciéndole al otro que soltará, pero ambos seguían haciendo oídos sordos. De los tirones pasaron a empujarse y entre una cosa y otra los tres terminaron enredados en una pequeña pelea que los hizo trastabillar y finalmente los tres niños terminaron sobre el pelinegro de ojos azules quien estaba pintando.
Tobio los había escuchado discutir pero prefirió seguir con lo suyo. Los sintió caer sobre él y cuando pudo levantarse vio que aquel dibujo en el había trabajado tanto estaba arruinado. Frunció el ceño y volteó a ver a los tres niños, Shoyo y Kei todavía sujetaban y tironeaban a Tadashi. En vista de que ninguno pensaba disculparse Tobio se molestó aún más y sin pensarlo ni un segundo saltó sobre los tres niños. En ese momento el rubio y el pelinaranja se alejaron volviendo a tirar en direcciones opuestas, motivo por el cuál el pelinegro cayó sobre el pecoso, liberandolo de ambos agarres y haciendo que los dos terminaran rodando en el piso.
Escucharon la voz que Kiyoko pidiendo que se detengan, pero ninguno hizo caso, pues el llanto de Tadashi fue más fuerte que la voz de la maestra. Kei se molestó más de lo que ya estaba, al ver los raspones en el brazo del pecoso y las lágrimas recorriendo las mejillas de su amigo y sin dudarlo saltó sobre Tobio. Shoyo se acercó a Tadashi mientras los dos niños rodaban tirándose golpes, intentó calmar al pecoso y cuando lo estaba consiguiendo, sintió que lo empujaban, al girar vio a Kei e inmediatamente se dispuso a devolverle el empujón, en ese momento Tobio volvió a aparecer y los tres terminaron enredados entre empujones y golpes nuevamente. De un momento a otro la maestra y su asistente los separaron. Los tres se miraron con rencor pero se quedaron helados al ver la mirada sería de la pelinegra.
Nuevamente estaba ante aquella puerta con flores y pájaros pintados. Los padres y madres hacían grupos y charlaban mientras esperaban la salida de los pequeños. Suga dió un rápido vistazo a su alrededor, noto como algunos se le quedaban viendo, pero decidió no darle importancia, después de todo no era como si pudiera hacer algo para evitarlo. Sus ojos color caramelo volvieron a detenerse sobre el cuerpo de aquel hombre de cabello negro y ojos cafés, que en ese momento mostraba la más bella sonrisa que el peligris había visto en su vida. El pelinegro hablaba cómodamente con otro hombre un poco más alto que el, pero igual o un poquito más fornido, también de cabello negro aunque un poco más largo y despeinado, con un fleco que caía cubriendo parte de su ojos derecho, su mirada era afilada y calculadora, y a penas se notaba el dorado de sus ojos. Suga desvió la mirada al notar que ambos lo habían visto y en ese momento un grito lo hizo dar un pequeño respirango.
—MamaSuga —la voz de Noya llamó la atención de muchos y al instante el peligris sintió un suave golpe a mitad de la espalda y al mirar a su lado se encontró con su amigo doncel, quien le mostraba una enorme sonrisa.
—Hola Noya —saludó, dibujando una sonrisa mientras intentaba calmar su corazón que brincaba como loco.
—¿Notaste que muchos se te quedaron viendo? —indagó el castaño en voz baja acercándose mucho al peligris.
—Si, es normal que les dé curiosidad un doncel magullado —murmuró Suga.
—¿Que estabas viendo tan concentrado? —preguntó curioso el más bajo volteando a ver hacia donde había estado viendo su amigo.
—Nada importante —dijo el peligris pasando rápidamente sus ojos por los dos pelinegros que seguían hablando.
En ese momento las puertas se abrieron y las docentes se asomaron para empezar a devolver a los niños y Suga agradeció internamente, porque conociendo a su hiperactivo amigo, no dejaría de insistir hasta que le dijera que miraba. Primero salieron los niños más pequeños mientras los adultos se agolpaban ante la puerta para recibirlos, luego de unos cuantos minutos casi todos se habían ido. Los dos pelinegros se acercaron a Noya.
—Hola Noya —saludaron al unisono.
—Hola —respondió con una sonrisa antes de mirar al peligris—, Suga te presento, ellos son Kuroo Tetsurō y Sawamura Daichi —agregó señalando primero al alto de ojos dorados y luego al pelinegro de ojos cafés, quienes inmediatamente le mostraron una sonrisa.
—Sugawara Kōshi un placer —dijo haciendo una pequeña reverencia que fue respondida por los dos hombres.
—El hijo de Suga va con los nuestros —cincluyó Noya viendo que ya sólo quedaban ellos y una madre más.
La maestra de cabello negro y lentes entregó a una niña y volteó a verlos con una expresión de pocos amigos.
—Sawamura, Kuroo, Sugawara y Asahi ¿podrian venir conmigo un momento?
Los cuatro se miraron y soltando un suspiro comenzaron a acercarse a la maestra.
—Otra vez —murmuró el pelinegro de ojos dorados mientras soltaba otro suspiro, antes de centrar sus ojos en Noya—… ¿que raro Tadashi?
—Completamente, ese niño tiene demasiado de su padre como para portarse mal —dijo entre risas el castaño.
Suga dibujó una pequeña sonrisa ante el comentario del doncel, pues en verdad Tadashi era un niño de lo más tranquilo al igual que su padre, y no pudo evitar sonrojarse al notar que Daichi, quien se le hacía sumamente sexy, lo estaba mirando.
La maestra entró a un aula de puerta naranja y los cuatro entraron detrás de ella. Luego de un rápido vistazo al rededor encontraron a los cuatro niños sentados en la alfombra de espaldas a una enorme biblioteca. Tadashi mostraba un puchero, una curita en la mejilla derecha y otras dos en cada brazo, mientras que Shoyo, Tobio y Kei se veían todos despeinados y desarreglados, también con alguna que otra curita y marcas rojas que prometían moretones.
Los niños miraron de reojo a sus padres y aquellas expresiones serias no les resultaron nada alentadoras. Tadashi y Shoyo se acercaron a sus progenitores quienes les acariciaron la cabeza.
—¿Ahora que sucedió? —preguntó Daichi, completamente serio, acercándose al pequeño de ojos azules, quien bajo la mirada por un momento para luego mirar con rencor a los otros tres niños.
—Fue su culpa, ellos comenzaron…
—Tu lastimaste a Tadashi —interrumpió el rubio poniéndose de pie.
—Kei —dijo Kuro en un tono realmente serio, el pequeño lo miró y se quedó en su lugar lanzándole miradas asesinas el otro niño.
—Dashi, cielo ¿estas bien? —preguntó Suga agachándose delante del pequeño pecoso, quien solo asintió y abrazó al peligris, quien se dispuso a levantarlo en ese momento, para consolar al pequeño como siempre lo hacia.
—Suga no —dijo repentinamente Noya asustando a todos los presentes—, recuerda que no puedes hacer fuerza por un tiempo —tanto Suga cómo Tadashi respondieron con un puchero.
—¿Que pasó esta vez? —preguntó finalmente Daichi, volteando hacia la maestra.
—Bien… Shoyo y Kei, cada uno quería jugar con Tadashi y comenzaron a tironearlo, de eso pasó a empujones y los tres terminaron sobre Tobio que estaba pintando tranquilo, entonces comenzó el caos, Tobio saltó sobre ellos y como se separaron cayó sobre Tadashi, quien se golpeó y raspó un poco en la caída y comenzó a llorar, lo que derivó en Kei peleando con Tobio a lo que después se integró Shoyo —los cuatro mayores escuchaban con atención y cada tanto le lanzaban miradas regañadoras a los pequeños—, la enfermera ya los revisó y están bien, necesito que firmen el acta antes de llevárselos… y espero que no se repita —concluyó la pelinegra mostrándoles un cuaderno a los padres mientras les daba a los pequeños una mirada que mostraba su decepción.
Los mayores firmaron el cuaderno y volvieron a acercarse a sus niños.
Suga centró sus ojos en el pelinaranja que estaba siendo abrazado por Noya
—¿Todo bien pajarito? —preguntó el peligris con una sonrisa acercándose al pequeño.
—Lo siento mamáSuga —murmuró el niño mientras asentía y el peligris lo abrazó mientras revolvía un poco más aquel descontrolado e incontrolable cabello naranja.
—No te preocupes… ¿ya te disculpaste con Tadashi? —Shoyo negó con la cabeza, se alejó un poco de Suga y se acercó al pecoso.
—Lo siento Dashi, yo solo quería jugar contigo —dijo el pequeño mostrándose realmente apenado, a lo que Tadashi respondió con una sonrisa y un abrazo.
—No hay problema.
Los dos niños rieron y comenzaron a caminar tras sus padres, habiendo ignorado la mirada molesta del rubio.
Una vez que todos estuvieron fuera del edificio los dos pelinegros miraron a sus niños.
—Bien, ¿que deben hacer ahora? —dijo Daichi mirando serio a los dos niños.
—Lo siento —dijeron al unisono los pequeños.
—Perdona Tadashi no era mi intención pegarte a ti —acotó Tobio, recibiendo una sonrisa como respuesta.
—¿Les parece si los invitamos un helado o algo para disculparnos? —preguntó Kuro con una sonrisa de lado.
Los niños gritaron un "Sí" al unisono. Suga y Noya miraron a los dos hombres que sonreían y luego a los pequeños, que se veían realmente felices, al punto que no parecía que se hubieran peleado hacia un rato. Finalmente ambos donceles sonrieron y asintieron.
Bien otro nuevo cap, espero les haya gustado.
En verdad no iba a publicar hasta la próxima semana, pero decidí adelantarlo por un motivo muy especial... Hoy 13/6 es el cumpleaños de nuestro hermoso Sugawara Kōshi.
MUY FELIZ CUMPLE MAMASUGA!!!!
Gracias a todos los que comenzaron a seguir esta historia y a aquellos que comentaron. Saludos
