Mi Hijo

Visitas

Hacia una semana que se habían instalado en esa casa. Shoyo se había adaptado bastante bien al preescolar, después de la pelea del primer día, el pequeño pelinaranja había comenzado a llevarse mucho mejor con Tobio y Kei y ya se había vuelto casi una costumbre llevar a los cuatro niños al parque para que jugaran un rato más, y el peligris al igual que su pequeño, se había adaptado bien al grupo de padres.

Era sábado y Suga estaba algo ansioso pues conocería al que, probablemente, sería su ilustrador. Ya había visto a otros dos que no le agradaron para nada y con este solo había hablado varias veces por teléfono hasta el momento.

Suga se limpió las manos, que se encontraban pegajosas por la preparación para las galletas que estaba haciendo, y tomó el teléfono que hacía un momento había comenzado a sonar.

—Hola ¿quien es? —preguntó antes de lanzarle una mirada seria a su pequeño pelinaranja que se estaba comiendo las chispas de chocolate.

—Hola, Sugawara, soy Tendō Satori.

—Ah hola Tendō ¿todo bien?

—Más o menos, sé que acordamos vernos hoy, pero me surgió un problema y no creo que pueda ir.

—Oh qué lástima, en verdad quería conocerte.

—Yo me siento igual, pero no tengo con quien dejar a mi pequeño así que…

—Un momento ¿es solo eso? Pensé que era otra cosa, tráelo, yo también tengo un niño y le encantará conocerlo.

—En verdad no quisiera incomodar…

—Para nada, los espero en un rato, nos vemos —y terminó la llamada sin esperar una respuesta de Tendō.

Volvió a acercarse a la cocina y entonces noto que quedaba poco menos de la mitad de las chispas de chocolate

—Shoyo… esas eran para las galletas, ahora no van a alcanzar —se quejó mirando serio al niño, pero no pudo mantener por mucho esa expresión pues la sonrisa manchada de chocolate que el pequeño le regaló lo hizo sonreír al instante.

Shoyo jugaba en el jardín, mientras Suga revisaba el último capítulo que había escrito, a la vez que esperaba que las galletas terminaran de cocinarse. Escuchó el timbre y se acercó al intercomunicador que tenía en la cocina. En aquella pequeña pantalla pudo ver al que supuso sería Tendō Satori.

Caminó hasta la puerta y abrió para recibir con una dulce sonrisa a sus visitas. Tendō era delgado y alto, de cabello rojo peinado hacia arriba, ojos grandes también de un color rojizo y una sonrisa algo extraña. Viendo sus facciones nadie diría que aquel hombre era un doncel. Junto a él había un niño de unos cuatro o cinco años, que era evidentemente más alto que Shoyo, su cabello también era rojo, pero más oscuro y tirando a castaño, sus ojos marrones oscuros mostraban una expresión seria.

—Hola Tendō, pasa —dijo Suga con una sonrisa haciéndose a un lado para permitirle el paso.

—Hola Sugawara, disculpa la tardanza y la molestia —respondió el pelirrojo entrando para luego hacer una pequeña reverencia y regalarle una sonrisa al peligris.

—Ah por favor solo dime Suga y no hay problema —señaló antes de volver a centrar su mirada en el pequeño—. Hola…

—Mamá —la voz de Shoyo llamó la atención de todos. El pelinaranja se acercó al peligris y con una enorme sonrisa miró al par de pelirrojos—. Hola.

—Hola, soy Tendō Satori ¿y tú? —saludó el pelirrojo mayor agachándose para estar más a la altura del pequeño.

—Sugawara Shoyo —respondió el niño ampliando su sonrisa, antes de centrar sus ojos color caramelo en el otro niño.

—¿Tai no vas a saludar? —preguntó Satori centrándose en su hijo.

—Hola, soy Tendō Taichi —se presentó finalmente el pequeño sin cambiar su expresión seria.

—Un gusto conocerte Taichi —agregó Suga—, Shoyo juega con Taichi mientras Tendō y yo hablamos ¿si? Luego habrá galletas.

El pelinaranja amplió su sonrisa y sin dudar o preguntar tomó la mano del otro niño y lo llevó hacia el patio. Taichi miró algo extrañado a Satori, quien le mostró una sonrisa y asintió antes de centrar su mirada en el otro doncel.

—No sabía que tuvieras un hijo Suga —señaló el pelirrojo siguiendo a Suga hasta la sala.

—Lo mismo digo… aunque no tenía por qué saberlo la información que recibí sobre ti es solo sobre tu trabajo como ilustrador, que básicamente es lo que debe interesarme...

—De todas formas son pocos los que saben de Taichi, solo mi familia —dijo algo nervioso Satori mientras sacaba unas carpetas de su mochila—… esto es lo que traje para mostrarte —agregó antes de centrarse en esos ojos color caramelo—… el padre de Tai no está con nosotros, bien… lo digo ahora para que no preguntes luego… la gente siempre pregunta y se sorprende al escuchar la respuesta —continuó diciendo, todavía en un tono nervioso.

—Tendō, tranquilo no te voy a juzgar ni nada, no soy quien para hacerlo, sé lo que se siente la gente suele ser descortés y mala… yo también lo vivo cada tanto…

La mirada de ambos donceles se cruzaron y una sonrisa apareció en sus rostros al darse cuenta de que tenían más en común de lo que pensaba.

Suga sacó las galletas del horno y mientras hablaba con Satori termino de ver las ilustraciones que esté le había traído como muestra, en verdad le gustaron y estaba seguro que ese era el estilo que quería darle a sus cuentos.

Daichi levantó dos almohadones que estaban en el piso y después de sacudirlos los volvió a ubicar en el sillón de aquella sala. Con un rápido vistazo a su alrededor pudo decir que todo estaba bien. Todo volvía a estar ordenado y en verdad agradecía que Tobio no fuera un niño tan revoltoso, pues eso le facilitaba mucho las cosas. Una empleada se ocupaba de limpiar todo por las mañanas y ellos solo debían mantener medianamente el orden.

Se acercó a la puerta que daba al jardín y observó a su pequeño jugando con un balón, haciendo tiros hacia la red que él había colocado para que Tobio pudiera jugar sin tener que ir cada cinco minutos a molestar a los vecinos para recuperar su pelota. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Daichi, adoraba ver a su hijo jugar y hacer aquella mueca que, en lo que iba de esta semana se había convertido en una pequeña sonrisa, desde la llegada de Shoyo increíblemente había visto a Tobio mejorar en su relación con los demás. Volvió a regañarse mentalmente por todo lo ocurrido, había sido un idiota al creer en aquella mujer y lo peor de todo era que el más afectado en toda esa situación había sido su pequeño Tobio. Frunció el ceño al pensar en eso, pero aquella mirada azul lo trajo nuevamente a la realidad. Soltó un suspiro y volvió a sonreír.

—Tobio ve a lavarte las manos y la cara tendremos visitas.

El pequeño solo asintió y sin decir nada o soltar su pelota volvió a entrar en la casa, para atravesar rápidamente la sala y perderse en un pasillo.

Daichi cerró la puerta al jardín y se dispuso a ir tras su hijo pero el sonido del timbre lo detuvo. Se acercó al intercomunicador más cercano, el de la cocina, y luego de mirar en la pequeña pantalla caminó hacia la entrada.

Al abrir la puerta se encontró con un doncel de cabello negro algo desordenado, ojos grises y expresión selria, acompañado por su pareja un hombre unos centímetros más alto que el doncel, de cabello blanco tirando más a gris con algunos mechones negros, de ojos grandes y dorados, que movía su mano a modo de saludo mientras mostraba una enorme sonrisa.

—Hola Daichi —dijo la pareja al unísono, aunque fue más que evidente la diferencia en ambos tonos, resaltando demasiado la efusividad del peligris.

—Bienvenidos, Keiji —respondió Daichi sonriendo primero al pelinegro y luego al otro—, Bokuto… por favor pasen —agregó moviéndose hacia un costado y haciendo un ademán para que la pareja ingrese a la casa.

La pareja ingresó y siguió al dueño de casa hasta la sala donde los tres se ubicaron en los sillones.

—Bien, dime Akaashi ¿qué sucede? —dijo Daichi yendo directo al punto.

—¿Por qué supones que sucede algo Daichi? —preguntó Bokuto con una expresión de sorpresa.

—Porque conozco a mi primo —respondió con una sonrisa el de ojos cafés antes de centrar su atención en el doncel.

—Es sobre tu ex…

—TOBIO —el grito de Bokuto interrumpió a su pareja y ambos pelinegros voltearon a ver al peligris que ahora estaba agachado abrazando al niño que extrañamente no refunfuño ante la actitud del mayor.

—Mejor lo dejamos para después —sugirió Daichi a lo que Akaashi simplemente asintió.

—¿Como has estado Tobio? ¿Practicaste lo que te enseño Akaashi? —preguntaba un más que alegres Bokuto sin despegar sus ojos del pequeño que asintió y apenas levantó la comisura de sus labios—. Genial. Sabes tengo algo para ti que —el peligris buscaba con la mirada a su alrededor pero al no encontrar lo que buscaba centró sus ojos, que comenzaban a empañarse, en el doncel—… Akaaaaaaaashiiiii —se lamentó…

—Kōtarō está en el auto, yo lo cargué —respondió sin cambiar su expresión y al instante una enorme sonrisa volvió a aparecer en el rostro del peligris, quien inmediatamente se puso de pie y cargó al pequeño sobre sus hombros para salir de la casa a buscar el regalo.

—En verdad le encantan los niños —murmuró Daichi y miró como el doncel asentía— ¿Cuando piensas darle uno? —Akaashi centró sus grises ojos en el pelinegro y suspiró.

—¿No te parece que tengo suficiente niño con él?

—Me parece que él te adora y tú lo amas tanto o más de lo que él te ama a ti —dijo Daichi con una sonrisa, poniéndose de pie para ir a la cocina— ¿gustas tomar algo?

Akaashi evitó la mirada de su primo y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, pues era verdad, por más de que se quejara de Kōtarō lo amaba demasiado y no podía vivir sin él. Centró sus grises ojos en la entrada y soltó un suspiro antes de ponerse de pie y seguir a Daichi.

—Té helado —respondió acercándose a la barra que separaba la cocina del comedor.

—Dos de azúcar —acotó Daichi mientras sacaba una jarra de té de la heladera— ¿qué tal todo en el bufete?

—Bien, siempre con mucho trabajo, pero qué te digo sí seguramente a ti te pasa lo mismo…

—¿El abuelo sigue molesto porque no me quedé con la familia? —indagó mientras dejaba un vaso con té helado frente a su primo.

—Un poco, tienes que recordar que él quería que todos sus nietos trabajemos en un bufete y lo hiciéramos más grande de lo que es.

—Bueno de cinco nietos tres salimos abogados y los otros dos están administrando empresas…

El sonido de la puerta abriéndose los interrumpió y al instante se escucharon los pasos de Tobio y Bokuto. El pequeño pelinegro se acercó a Akaashi y extendió sus brazos, mientras sostenía un libro, para que esté lo levantará. El ojigris lo miró algo extrañado, no era normal que el pequeño hiciera eso pero no dudo en levantarlo y sentarlo sobre la barra. La sorpresa se notó en el rostro de Akaashi cuando sintió que el niño dejaba un beso en su mejilla.

—Gracias tío Akaashi…

—De... nada Tobio, ¿te gustó el regalo?

En pequeño asintió y giró para ver a su padre y mostrarle el libro de cuento que le acababan de regalar.

—Viste Keiji te dije que le encantaría —dijo Bokuto acercándose a su pareja y abrazándolo por la cintura.

—Les puedo asegurar que lo adora, hemos leído ese cuento muchísimas veces, es su favorito y el que tenemos ya lo teníamos que cambiar, no hace mucho se le cayó un vaso de jugo encima y no quedo muy bien ¿verdad? —comentó Daichi y Tobio asintió mientras abrazaba el libro y miraba con desconfianza aquel vaso de té helado, haciendo que los tres mayores soltaran una carcajada.

—Ven Tobio-chan, ¿Quieres que lo leamos juntos? —dijo Kōtarō tomando en brazos al niño y encaminandose hacia la sala, donde ambos se sentaron sobre la alfombra, apoyando la espalda en uno de los sillones.

—Eso fue hermoso, y raro ¿Que pasó? —pregunto Keiji con una pequeña sonrisa quitando sus ojos del niño, que ahora retaba a Kōtarō por no leer el cuento cómo debía, para centrarlos en su primo que casi babeaba viendo a su hijo.

—En verdad no lo sé bien… pero desde que un pequeño pelinaranja entró en el colegio, Tobio ha mejorado muchísimo, juega más, ya no pasa tanto tiempo solo, puede que sea porque Shoyo prácticamente lo arrastra… incluso mejoró su relación con Kei, ya casi no se pelean —Daichi vio la sonrisa en el rostro de Keiji pero no le dió importancia—, es increíble cómo uno puede cambiar cuando alguien entra en tu vida…

—Ahh… hablando de que entren en tu vida ¿Te enteraste que Wakatoshi se casa? —interrumpió el ojigris, ganándose la completa atención de Daichi—… también por eso estoy aquí, me envió los papeles para que los revise y quería que tú también los veas.

—¿Qué?... No puede ser ¿me estás hablando de ese Wakatoshi?¿Qué papeles? —el pelinegro lanzaba una pregunta tras otra todavía sin poder creer lo que acababa de escuchar.

—Si te estoy hablando de Ushijima y obviamente está arreglado por su madre, la boda implica un buen negocio, así que hay un contrato de por medio.

—Ahh esa mujer no va a dejar que su hijo sea feliz jamás.

—Bueno él tampoco hace demasiado para cambiar eso —comentó Akaashi antes de voltear a ver al peligris que escuchaba como Tobio le leía, o contaba, el cuento y no pudo evitar recordar que él también había pasado por algo similar y que finalmente pudo ser feliz porque decidió arriesgarse y enfrentarse a quien fuera por aquel hombre que lo enloquecía.

—Ahora es raro que nos pida que revisemos los papeles, ¿no se ocupan de eso los abogados de la familia de su madre?

—Si, en verdad no sé en qué está pensando Wakatoshi, pero no pude decirle que no… iba a pedirle a Iwa que me ayude, pero está demasiado ocupado.

—¿Todavía tiene problemas con Oikawa?

—Los de cualquier pareja con una relación a distancia —respondió Akaashi reprimiendo una sonrisa al recordar a la molesta pareja de su primo lamentándose porque debía viajar por su trabajo—, además tiene unos casos algo complicados.

—Sabes que no hay problema, déjame los papeles y luego los veré…

—Akaaaaaaashiiiiiiiiiii —el llamado de Bokuto interrumpió a Daichi y ambos pelinegros voltearon a ver al peligris que se acercaba con un balón entre sus manos—, juega con Tobio y conmigo, tienes que enseñarle tus pases —dijo con una enorme sonrisa y su mirada suplicante. Akaashi miró a su pareja, al niño y luego a su primo.

—Bueno mientras ustedes le enseñan sus tiros y pases a Tobio yo voy a preparar la cena.

Luego de jugar por un largo rato y asearse todos tomaron su lugar en la mesa para cenar el pollo con papas que Daichi había cocinado.

—¿Daichi sabías que Ushijima se va a casar? —preguntó el peligris con su mirada curiosa.

—Me contó Keiji…

—¿Y también te contó que quiere que investigue a alguien? —agregó mirando de reojo a su pareja.

—Kōtarō —lo regaño Akaashi con una mirada seria.

—¿A quien quiere que investigues? —indagó Daichi ya curioso.

—En verdad todavía no lo sé, me preguntó si podía hacerlo discretamente y quedó en que luego se comunicaría, pero todavía no lo ha hecho —respondió Akaashi en un tono tranquilo mientras cortaba más pequeña la comida de Tobio.

—Yo creo que quiere buscar a su ex antes de casarse, quizás tiene algún contrato o algo con él y quiere arreglarlo antes de la boda —comentó como si nada Bokuto mientras tomaba la pata de pollo con la mano para comerla.

—Un momento… ¿Wakatoshi alguna vez estuvo en una relación? —preguntó Daichi bastante sorprendido, pues era difícil de creer que su primo, que vivió para el deporte por un largo tiempo y luego para la empresa de la familia, haya tenido una pareja estable en algún momento.

—Si, a mi tambien me cuesta creerlo, pero según Kōtarō…

—Cuando él estuvo en el equipo Nacional de vóley fuimos compañeros y les puedo asegurar que era feliz y que tenía a alguien, uno solo mira el teléfono con una sonrisa boba cuando recibe un mensaje a la persona que ama —dijo el peligris interrumpiendo a su pareja…

—¿Cómo es posible que no nos hayamos enterado? —preguntó Daichi centrando su mirada en su primo.

—En verdad creo que nadie lo supo oficialmente, a los miembros del equipo nunca nos dijo nada pero mientras todo fuera bien no nos importaba… y de repente un día algo cambió, su mirada se volvió fría y su juego más brusco, siguió así por una temporada y algunos notaron que su ánimo había empezado a decaer y llegó el día en el que finalmente dejó el equipo y nadie lo pudo hacer cambiar de opinión —concluyó Bokuto recordando la mirada vacía y sin vida que tenía Ushijima Wakatoshi la última vez que lo vio en el equipo.

Siguieron hablando un rato más del tema a los dos pelinegros les costaba creer aquello. Terminaron la cena hablando de otra cosa. Finalmente Tobio se despidió de todos y en compañía de Daichi se fue a dormir. Luego de algunos minutos el pelinegro volvió y encontró a la pareja lavando y secando los platos.

—No tenían que hacerlo.

—A Akaashi no lo gusta dejar los platos sucios.

Daichi río ante el comentario del peligris y se acercó a la pareja para ayudar guardando todo lo que ya estaba seco. Unos cuantos minutos después los tres volvía a estar en la sillones de la sala.

—Bien Keiji, volviendo al tema de mi ex ¿Que sucedió con ella?

—Estoy seguro de que va a intentar algo, buscó a Iwa para que sea su nuevo abogado…

—¿Qué?

—Casi le da algo cuando se enteró de que nadie allí la iba a aceptar como clienta porque tú eres uno de los dueños del bufete, aunque no trabajes con nosotros, solo dejó de insistir cuando me vio —comentó con una pequeña sonrisa el pelinegro de ojos grises.

—Definitivamente debe odiarte, y su abogado también.

—De seguro lo son los únicos, hace poco nos pasó algo similar con otra persona que también quería que Iwa lo represente, pero como iba en contra de un cliente mío, muy importante y con algunas acciones en el bufete nadie lo aceptó.

—Rayos, tendremos que esperar a ver qué hace — se quejó Daichi apretando los puños con fuerza.

—Tu no te preocupes, seguiremos documentando la situación y si sigue como va dudo que algún juez le condesa algo.

bien aquí otro capítulo, espero que les guste.

Quisiera aclarar algo que me preguntaron, en esta historia los donceles pueden tener hijos de dos formas, siendo ellos los que queden embarazados (luego de una relación con un hombre) o de la forma tradicional embarazando a una mujer.

Espero con esto haber respondido a la pregunta que me hicieron, y también es bueno que lo sepan para no tener que estar aclarandolo más adelante.

Saludos. Gracias por leer