Mi hijoLa sonrisa de papá
Aquellos ojos color caramelo sonreían para él. Esa nívea piel se estremecía ante el roce de sus dedos y un hermoso tono rosado se apoderó de esas preciosas mejillas. Esos labios lo llamaban y quería probarlos con desesperación. Su mano derecha se detuvo en esa rosada mejilla y se acercó más a aquel precioso doncel.
Sus alientos chocaron y en ese instante Daichi supo que ya nada lo detendría. Rozó esos labios con la yema de sus dedos y acortó más la distancia… entonces un incesante pitido comenzó a escucharse, Daichi intentó concentrarse en esos labios que seguían llamándolo, pero el pitido no se detenía… el pelinegro volteó hacia la derecha y abrió los ojos para mirar con odio a su celular que no dejaba de sonar.
Apagó el celular y soltó un sonoro suspiro. Ese día se cumplía una semana que venía soñando con Sugawara Kōshi. Se habían conocido el lunes anterior y algo en aquel doncel le llamó mucho la atención y por alguna razón simplemente no podía dejar de pensar en él y la peor parte es que no sabía casi nada del peligris, pues éste parecía ser bastante reservado con su vida personal.
Luego de levantarse, asearse y vestirse, salió de la casa para hacer su rutina diaria, media hora corriendo por los alrededores para luego volver y hacer ejercicios con los aparatos que tenía en su casa. Luego de una hora de incontables ejercicios, si incontable ya que su cuerpo los hacía por inercia mientras su mente seguía perdida entre los ojos y la sonrisa de Suga. Se dió una rápida ducha y terminando de vestirse se dirigió a despertar a su pequeño Tobio.
La habitación del pequeño estaba bastante ordenada. Tobio dormía en su cama, boca abajo tapado casi por completo, solo se veía parte de la cabeza del niño y su pierna derecha hasta la rodilla, esa era una costumbre que el pequeño no se podía quitar, incluso en invierno sacaba una de sus piernas fuera de las sábanas y frazadas.
Daichi despertó a su niño, quien se removió en la cama y finalmente se sentó en ella.
—Buen día Tobio.
—Buen día papá —respondió el niño tapando un bostezo, mientras Daichi sacaba la ropa para el pequeño del armario.
—Tobio, tu vistete y yo preparo el desayuno —dijo el pelinegro mayor mientras le daba la ropa al niño, quien solo asintió.
Daichi se encaminó a la cocina. Sabía que Tobio se prepararia como acostumbraba y en unos pocos minutos estaría listo para desayunar. Se regañó mentalmente y se centró en lo que tenía que hacer, no podía estar todo el tiempo pensando en Suga… era realmente increíble nunca se había obsesionado tanto con alguien, ni siguiera con su ex, la madre de Tobio.
El pequeño de ojos azules, ya vestido y listo se sentó en la mesa a la espera de que su padre le sirviera su desayuno. Daichi dejó una taza de leche ante el niño y unas cuantas galletas, se sentó a su lado y se centró en su taza de café.
—Tobio —dijo llamando la atención del niño— ¿Te agrada Shoyo?
—Mmmm… no sé, es algo molesto… pero me gusta jugar con él —respondió Tobio inclinando la cabeza y mirando a su padre—… habla mucho —ese último comentario hizo que el mayor riera.
—¿Y de que te habla… su mamá… su papá? —el niño lo miró algo confundido y luego de dudar un momento respondió.
—Sobre su mamá, las cosas que le gusta hacer, Tadashi… y no sé muchas cosas… ¿Por qué preguntas papá?
—Ahhh… solo quiero saber sobre él y Suga —el niño dudó ante esa respuesta.
—Shoyo estaba preocupado el jueves porque Suga tenía que ir al doctor, pero parece que está bien, el viernes dijo que su mami ya estaba mejor y que estaba muy feliz desde que se mudaron porque ese hombre ya no lo molesta —respondió el niño luego de dudar un momento…
—¿Ese hombre… qué hombre? —preguntó algo ansioso Daichi.
—No sé papá, solo dijo eso… ¿Quieres que le pregunte?
—No hace falta cielo… bueno termina de desayunar y así vamos al preescolar —respondió Daichi luego de dudar un poco.
En cuanto terminaron Daichi levantó las cosas de la mesa y las dejó sobre la mesada, en eso su celular sonó y al ver el nombre que aparecía en pantalla soltó un insulto entre dientes y luego se encerró en su estudio para responder.
Tobio soltó un suspiro y entró en su habitación para tomar su mochila. El pequeño pelinegro sabía que su padre se encerraba en el estudio para atender llamados demasiado importantes o de esa mujer. Se puso la mochila y sujetó su perrito de peluche naranja, al cual abrazó con fuerza pues podía anticipar lo que vendría. Volvió a la sala sin soltar su peluche y vio salir a su padre del estudio, la sonrisa que había tenido durante el desayuno había desaparecido y eso solo podía significar que ella había llamado.
—Tobio vamos… ¿Llevarás a Otto? —preguntó al ver el peluche que su pequeño abrazaba. El pequeño pelinegro solo asintió y sin decir nada caminó junto a su padre hasta la puerta.
El viaje en auto hasta el preescolar fue rápido, pues no quedaba muy lejos, y demasiado silencioso. Al llegar los niños ya estaban entrando, bajaron y cuando Tobio estaba a punto de despedirse Daichi se agachó y lo miró serio.
—Tobio, hoy tu madre vendrá por ti, pasarás la tarde con ella y antes de la cena te llevará nuevamente a casa…
—Ahhh… pero hoy íbamos a ir a la librería —se quejó el pequeño pelinegro haciendo un puchero.
—Lo sé y lo siento… iremos mañana y te compraré lo que tú quieras ¿Sí? —preguntó Daichi dibujando una pequeña sonrisa en su rostro, Tobio dudó un momento y finalmente asintió, abrazó a su padre y luego ambos caminaron hacia la maestra que recibía a los niños en la puerta.
Daichi le informó a la joven que ese día la madre del niño lo recogería, luego acarició la cabeza de su hijo y regalándole una pequeña sonrisa se alejó dejándolo allí con la maestra quien le sonrió amablemente al niño.
Tobio escuchó la voz de Shoyo llamándolo y al voltear vio al pequeño pelinaranja acercándose a él con una enorme sonrisa, pero sus azules ojos miraron un poco más allá de su amigo y notaron la sonrisa de su padre mientras hablaba con Suga. Hacía mucho tiempo que no lo veía sonreír así y menos después de haber recibido una llamada de ella.
—Tobio… Tobio —lo llamaba el pelinaranja mientras zamarreaba el brazo derecho del pelinegro.
—Shoyo —se quejó Tobio zafandose del agarre del niño.
—¿Que veias? —preguntó el pelinaranja volteando a ver hacia donde veía su amigo y entonces noto lo feliz que se veía su mamá mientras hablaba con Daichi.
—Nada… entremos —respondió Tobio al ver que Kei se acercaba.
Tobio se mantuvo en silencio como siempre, no podía dejar de pensar en su papá, en las preguntas que le había hecho esa mañana y en aquella sonrisa. Sabía por su abuelo, que su papá no había sido realmente feliz con aquella mujer, pero de todas formas no pudo evitar preguntarse si alguna vez le sonrió de esa forma a ella, pues esa sonrisa era la más hermosa que le había visto, Daichi siempre fue serio y con quién más sonreía era con él, por ese esa sonrisa generaba mucha curiosidad en el pequeño Tobio.
La voz de Shoyo hablando con Tadashi trajo al pequeño pelinegro nuevamente a la realidad. Todos estaban dibujando. Centró sus azules orbes en su dibujo y allí estaba nuevamente su papá sonriendo y casi sin notarlo una sonrisa se instaló en su rostro.
—Wow, me gusta tu dibujo Tobio… tu papá se ve muy feliz —dijo el pelinaranja acercándose al pelinegro.
—Está feliz —murmuró en respuesta el ojiazul y en ese momento una idea se instaló en su mente "quiero que sonría siempre," volteó a ver al pelinaranja y aquella idea se afianzó aún con más fuerza al ver aquella enorme y radiante sonrisa que esté mostraba. Dudo un momento y finalmente decidió, que si su padre quería saber más sobre Suga y Shoyo, él lo ayudaría en lo que pudiera—… Shoyo ¿Y tu papá?
—No lo conozco... él nos dejó cuando supo de mí —respondió el pelinaranja luego de dudar un momento.
—Mi mamá también nos dejó —comentó Tobio como si nada antes de centrar sus ojos en el dibujo de Shoyo, donde se lo podía ver a él junto a su madre y un hombre y un niño pelirrojos—… ¿Quienes son?
—El es Taichi, un nuevo amigo —dijo el pelinaranja señalando al niño del dibujo— y él… no recuerdo su nombre… es un amigo de mamáSuga —concluyó señalando al hombre pelirrojo.
Tobio miró con desconfianza tanto al pelinaranja como al dibujo.
—¿Shoyo ese es tu papá? Se ve casi tan raro como tú —dijo entre risas el rubio ganándose una mirada molesta del pelinaranja y el pequeño pecoso.
—Kei no es gracioso —lo regaño molesto Tadashi levantándose de su lugar para acercarse a Shoyo y luego arrastrarlo al sector de juegos.
—Parece que Tadashi se enojó —exclamó el pelinegro volteando a ver a los dos niños que ahora se sentaban en la alfombra para jugar.
—Callate Tobio —respondió el rubio en un tono serio, sin quitar sus ojos del pecoso que en verdad se veía molesto.
El pelinegro, miró molesto a Kei, tomó su perro de peluche y sin decir nada se alejó para unirse a los otros dos niños que ahora jugaban con bloques.
—Me gusta tu perrito —comentó Shoyo tomando el peluche que Tobio había dejado a su lado.
—Es Otto, mi papá me lo regaló cuando nací.
—Yo tengo a Keko, es un conejo que mamáSuga hizo para mí —acotó Shoyo con una sonrisa, examinando aquel perrito naranja.
—Yo también tengo un conejo que me hizo Suga, se llama Mello —agregó Tadashi desviando su mirada hacia su mochila, donde estaba guardado su conejo.
—¿También te lo hizo Suga?
—Si, tío Suga hizo a Keko y Mello juntos —respondió el pecoso…
—MamáSuga es genial, nos cuida y quiere mucho a mí y a Dashi… y siempre hace cosas para nosotros.
Y continuaron hablando mientras construían con los bloques. Luego de un rato Kei también se acercó murmuró un lo siento y se unió al juego.
Suga como ya era su costumbre llegó bastante temprano y se sentó a esperar que llegaran los demás padres y que los niños salieran al preescolar. Su mente divagaba entre los detalles para su nuevo libro y la sonrisa de aquel pelinegro que por alguna razón no se alejaba de su mente. Nunca se había sentido así con nadie, le encantaba esa sonrisa, esos ojos color café… sabía muy poco de él y eso sólo aumentaba su curiosidad, quizás esa era la razón por la que no dejaba de pensar en él… aunque sí esa era la razón no se centraría tanto en lo sexi que era o en cómo sabrían esos labios… Y ahí estaba de vuelta su mente perdiendo el control y sus mejillas comenzando a tornarse rosadas.
—Suga —la voz de Noya lo trajo nuevamente a la realidad. Miró a su alrededor y vio a la pareja de castaños acercándose a unos cuantos metros.
—Hola Noya, Asahi —mirando a cada uno con una sonrisa—… que raro generalmente solo viene Noya a buscar a Dashi.
—¡¿No lo recuerdas?! hoy llegan mis padres, de aquí iremos al aeropuerto a recogerlos —respondió Noya sentándose junto al peligris. La sonrisa de Suga se desdibujó al escuchar la noticia y rápidamente centró sus ojos en Asahi quien lucía más nervioso que de costumbre.
—Asahi hacía mucho que tus suegros no venían…
—Bastante… solo espero que ya se les haya pasado el enojo y esas ideas, porque no se las voy a aguantarme —soltó el más alto junto a un suspiro.
—Ya te dije que dejes de pensar en eso… ¿Quieres ir por Tadashi? Porque todavía falta un buen rato para que salga y se nos va a hacer tarde —dijo Noya en un tono tranquilo, regalándole una sonrisa a su esposo para que se calmara un poco, Asahi solo asintió y sin decir nada se acercó a la puerta y tocó timbre.
—Hacia bastante que no lo veía así —comentó Suga viendo cómo el castaño entraba al edificio.
—Desde la última discusión con mis padres las cosas no han estado del todo bien entre ellos —respondió el castaño soltando un suspiro—… tienen algún motivo para venir y no sabemos cuál.
—Noya tranquilo… por más terribles que sean dudo que intenten hacer algo que te lastime —acotó el peligris apretando la mano de su amigo—… además sabes que por cualquier cosa también me tienes a mi —los ojos de Noya parecieron iluminar y ambos donceles se fundieron en un abrazo.
Suga sabía mejor que nadie todo lo que Noya había pasado con y por sus padres… y precisamente por eso le sorprendía la actitud vivaz y siempre alegre de su amigo. La sonrisa del peligris se amplió cuando Tadashi se acercó a él, saludó al pequeño y se despidió de la familia que llevaba prisa, aunque no sin antes volver a recordarle a Noya y Asahi que podían acudir a él por cualquier cosa.
Unos segundos después de que la familia se fuera en su auto Kuro se acercó al peligris y comenzaron a hablar de cualquier cosa mientras esperaban a que sus niños salieran.
En cuanto las puertas se abrieron y las docentes comenzaron a repartir a los niños, ambos se pusieron de pie y se acercaron.
—¡Que raro… Daichi todavía no llegó! —murmuró Suga volviendo a mirar a su alrededor.
—Oh… no te preocupes seguramente ella debe de venir por Tobio, sino Daichi me hubiera llamado para que me lo lleve —dijo Kuro antes de acercarse a la puerta seguido por Suga—… Yui por lo general llega tarde…
—¿Qué? Pero… ¿Cómo es posible?... Si te importa tu hijo no llegas tarde por él —se quejó Suga todavía sin poder creerlo.
La maestra Kiyoko se despedía de los pequeños con un beso y se los entregaba a sus padres. Kuro y Suga se detuvieron a esperar pues sus niños siempre eran los últimos en salir.
—Suga… la verdad es que Yui no es como cualquier madre, no es como tú que darías tu vida por Shoyo… pero te aseguro que Daichi ama a Tobio por todo lo que esa mujer no —acotó el pelinegro tratando de calmar a Suga que parecía que de un momento a otro correría a abrazar al pequeño pelinegro de ojos azules.
Suga recorrió con la mirada a los pocos niños que esperaban sentados a que la maestra los llamará y se detuvo en Tobio. El pequeño abrazaba un perro de peluche color naranja y sus preciosos ojos azules no se despegaban del piso. El peligris soltó un suspiro y entonces noto que su Shoyo estaba sentado junto a Tobio y lo miraba algo preocupado.
Kuro se acercó llevando a Kei de la mano y entonces Suga se percató de que ya sólo quedaban Shoyo y Tobio. Miró a su alrededor, todos se estaban yendo y no había señales de la madre de Tobio.
—Todavía no vino…
—Y puede tardar un rato más… Suga lo siento pero nos tenemos que ir, hoy no habrá juegos y café… no te preocupes, tarda pero llega —Suga intento dibujar una sonrisa, que no salió tan bien como quería—. Nos vemos mañana —y con esas palabras el pelinegro y su hijo se alejaron.
El peligris se acercó a la maestra y ambos se acercaron a los niños que seguían sentados en el piso.
—Shoyo vinieron por ti —dijo Kiyoko.
El pelinaranja miró a la mujer y a su mamá, para luego volver a centrar su mirada color caramelo en Tobio quien seguía inmóvil y apretaba cada vez más fuerte a su perrito de peluche. Se puso de pie, sujetó con fuerza la mano del pelinegro y jaló de él haciendo que este tambien se levante, para luego tirar de él hasta donde estaba Suga.
—Mamá, mamá… ¿Tobio puede ir con nosotros?
Bueno con este cap tarde un poco más, he estado algo ocupada, pero finalmente aquí está, espero que les guste.
muchas gracias por leer y comentar...
Bien ahora a las preguntas, lamento si quedo confuso lo de los donceles, pero en mi historia son de esa manera y no tengo otra forma más facil de explicar sin revelar la trama.
Wakatoshi, Daichi, Kuro, Akaashi y Iwaizumi son primos... creo que con eso ya, porque no te voy a revelar todavia lo de Wakatoshi pues ya pronto voy a comenzar a contar sobre las otras parejas.
Bueno creo que ya no me queda nada por responder, solo dejar en claro que las preguntas no me molestan, es mas muchas veces me ayudan a ver si no deje nada colgado por ahi... ahora si será para la próxima que espero sea en 15 días.
Saludos
