Mi hijo
Mamá
—Mamá, mamá… ¿Tobio puede ir con nosotros? —preguntó Shoyo inflando un poco los cachetes.
—Shoyo, a Tobio lo vendrá a buscar su mamá —dijo la pelinegra mostrándoles una sonrisa a ambos pequeños.
—Pero… pero… no está aquí ¿y si… y si no viene? —indagó el pelinaranja volviendo a centrar sus ojos en Suga y sin soltar al ojiazul—… se quedará aquí solito…
—Pajarito, seguro que la mamá de Tobio llegará en cualquier momento —respondió Suga agachándose para estar a la altura y entonces noto que ambos niños inflaban sus cachetes. Soltó un suspiro, miró su reloj, luego a su alrededor y finalmente volvió a centrarse en la mirada triste de Tobio—… podemos quedarnos a hacerle compañía hasta que lo vengan a buscar —agregó el peligris obteniendo una enorme sonrisa y un abrazo de Shoyo, quien un instante después estaba jalando a Tobio hacia el patio para jugar— ¿No le molesta que estemos aquí un rato más?
—Claro que no es molestia, además tengo que estar aquí hasta que la señora Michimiya venga por Tobio y hacer un acta informando de su retraso —respondió Kiyoko con una sonrisa antes de voltear a mirar el reloj en la pared.
Suga se debatía entre preguntar o no, pero como la pelinegra había centrado su atención en el libro de actas, finalmente él fijó su atención en los dos niños que ahora jugaban con un balón.
¿Qué puede ser tan importante como para no recoger a su hijo? La pregunta se había instalado en la mente del peligris y por más que lo intentara no podía encontrarle una respuesta.
—Kiyoko será mejor que llames al señor Sawamura ya hace más de media hora que tendría que haber venido por el niño —la voz de la directora hablando con la maestra llamó la atención de Suga.
—Si eso iba a hacer en este momento —respondió la pelinegra tomando el teléfono.
Suga miró su reloj y si, hacía más de media hora del horario de salida de los niños. Se acercó a la oficina donde estaba la maestra y simplemente se detuvo en la puerta.
—Hola señor Sawamura, le habló del preescolar para informarle que nadie ha venido por Tobio —la pelinegra se detuvo un momento al escuchar la respuesta del otro lado—… puede enviar a alguien si usted no puede —Y nuevamente se detuvo, Pero esta vez al ver las señas que Suga le estaba haciendo.
—¿Me permitiría hablar con él? —preguntó el peligro acercándose a la mujer.
—Disculpe señor Sawamura, le pasó con el señor Sugawara —dijo la pelinegra y le entregó el teléfono el doncel.
—Hola Daichi…
—Hola Suga… ¿Sucede algo?
—Mira… sigo aquí porque Shoyo no quería dejar a Tobio solo… y bueno se me ocurrió que si no puedes venir por él puedo llevármelo a casa y luego vas por él
—La verdad estoy muy ocupado y me harías un gran favor si puedes hacer eso Suga… espero que no sea ninguna molestia…
—Tú no te preocupes estará bien… Entonces nos vemos luego.
—Gracias, hasta luego —fue lo último que escuchó el peligro antes de devolverle el teléfono a la maestra, quien habló unos minutos más con Daichi, luego hizo un acta la cual Suga firmó para poder llevarse a ambos niños.
Una sonrisa apareció en el rostro de Suga al escuchar el grito de alegría que dio el pelinaranja al saber que el ojiazul se iría con ellos y esa sonrisa se amplió aún más al ver cómo cambiaba aquella expresión triste del rostro de Tobio.
Hicieron el camino hasta la casa entre risas y correteos. Al entrar en la casa ambos niños dejaron sus cosas sobre el sillón y fueron detenidos por Suga antes de que corriera en el patio.
—¿Quieren ayudarme a hacer galletas para merendar? Luego pueden jugar.
—SIIII —gritó Shoyo mientras Tobio solo asintió con una sonrisa.
Eso tarde había sido extraña para el pequeño pelinegro, nunca se había sentido así con alguien a quien apenas conocía, pero la sonrisa y las atenciones de Suga lo hacían sentirse muy cómodo y feliz, algo que él solo había sentido junto a su padre.
Aquellas galletas estaban deliciosas, ya habían merendando, jugaron en el patio un buen rato y ahora estaba tirado sobre el pasto junto al pelinaranja, descansando mientras comían más galletas.
—Shoyo ¿Tu mamá siempre es así? —preguntó en un susurro..
—¿Así como? —preguntó Shoyo mirando algo confundido al pelinegro que volvía a abrazar a su perrito de peluche naranja.
—Así… se preocupa por ti, cocina cosas ricas, te acaricia y abraza… te llama de una forma especial —la risa del pelinaranja hizo y que Tobio se detenga y le lanzará a una mirada seria…
—Todas las mamás son así… al menos todas las que conozco —agregó al ver la cara de incredulidad de su amigo.
—La mía no es así… ella jamás cocina y cuando lo hace todo se quema, siempre que nos vemos me lleva a algún lugar aburrido y me deja solo casi todo el tiempo y… se nota que no le gusta que la toque —respondió el pelinegro centrando sus ojos en la galleta que estaba comiendo y rápidamente sintió como sus ojitos comenzaban a humedecerse.
—Eso es feo Tobio —murmuró Shoyo antes de detener con sus dedos una lágrima que acababa de escapar de los ojos del pelinegro—… sabes, puedo prestarte a mi mamá ¿Si tú quieres? —sugirió el pelinaranja ganándose la atención de Tobio y antes de que este pudiera responder, Shoyo se puso de pie de un salto y practicante arrastró a Tobio hasta la casa.
Suga ya había limpiado la cocina y estaba terminando de guardar los utensilios que habían ocupado para cocinar y merendar, cuando vio a los dos niños entrando nuevamente en la sala. Les dio una rápida mirada a ambos para verificar que todo estuviera bien y casi corrió hacia Tobio en cuanto noto las lágrimas en aquellos ojitos azules.
—Tobio, cielo ¿Estás bien? ¿Qué pasó? —preguntó casi atropellando sus palabras mientras se agachaba y abrazaba al niño, el pelinegro se quedó inmóvil y Suga miró a Shoyo esperando una respuesta.
—La mamá de Tobio es mala —dijo el pelinaranja inflando los cachetes.
—Claro que no, seguramente le surgió algo y no pudo ir por ti… ni avisar —respondió Suga sin soltar al pequeño, susurrando las últimas palabras más para sí mismo que para los niños.
—Se fue y nos dejó —la voz de Tobio salió algo ahogada, pues estaba escondiendo su rostro en la camisa de Suga.
—Papá también nos dejó y tío Noya dice que fue lo mejor —dijo Shoyo acercándose más a Tobio y logrando que éste se desplegará un poco de Suga y lo mirara de reojo.
—Un momento, un momento —interrumpió el peligris llamando la atención de los dos niños, quienes inmediatamente lo miraron. Suga soltó un suspiro y caminó hasta el sillón haciéndole una seña a los niños para que lo sigan—… Ambos vengan aquí y siéntense a mi lado —los niños obedecieron y Suga volvió a suspirar—… a ver, tengamos una pequeña charla… muchas veces las personas conocen a otras personas y deciden formar una familia, con el tiempo se dan cuenta que no son felices estando juntos y deciden separarse, es realmente muy común… Pero eso no significa que tu mamá no te quiere —agregó lo último centrando sus ojos en Tobio—… tu mamá lo está intentando, puede que no sepa demasiado de cómo es una familia o cómo se comporta una mamá pero seguramente te quiere mucho…
—El abuelo dice que solo se acerca para molestar a papá… ¿Soy raro, por eso ella no me...? —comenzó a decir Tobio pero Suga lo detuvo apoyando su dedo índice sobre los labios del pequeño…
—Claro que no, tú eres un niño maravilloso y es imposible no quererte —dijo el peligris antes de centrar sus ojos en Shoyo—… ¿Verdad?
El pequeño pelinaranja asintió moviendo su cabeza con efusividad provocando una pequeña sonrisa en Tobio.
—Bueno ¿Solucionado? ¿Que quieren hacer ahora?
—¿Nos lees un cuento? —preguntó Tobio dudando un poco y Suga respondió con una enorme sonrisa.
—Elijan un cuento.
Shoyo arrastró al pelinegro hasta la biblioteca y luego de discutir un rato volvieron con un libro, el cual Suga les leyó sin dejar de sonreír.
El cielo comenzaba a oscurecerse cuando el timbre sonó, al escucharlo Suga dejo el libro sobre la mesita de la sala y acomodo a ambos pequeños, que se habían dormido apoyados sobre él, en el sillón para luego levantarse y acercarse a la puerta. Por la pantalla del intercomunicador pudo ver a un preocupado Daichi y sin dudarlo abrió la puerta.
El pelinegro se estaba aflojando la corbata cuando Suga abrió la puerta. Aquellos ojos cafés recorrieron de pies a cabeza al peligris y por un momento la expresión algo preocupada de Daichi cambió.
—Hola Daichi, pasa… ¿Qué tal todo? —preguntó Suga con una sonrisa antes de hacerse a un lado para que el pelinegro pudiera ingresar.
—Hola Suga —respondió con una pequeña sonrisa mientras entraba en la casa—, lamento la molestia…
—Ah no te preocupes no es ninguna molestia, Tobio es un niño muy bueno.
—En verdad gracias, me salvaste, me era imposible salir antes de esa reunión y quiénes me suelen ayudar en esas situaciones también estaban ocupados —acotó Daichi caminando tras Suga hacia la sala, donde vio a Tobio dormido en el sillón junto a Shoyo.
—Merendaron, jugaron, tuvimos una charla sobre las familias, luego les leí un cuento y se durmieron —dijo el peligris siguiendo el camino hacia la cocina—… déjalos dormir un ratito más ¿Gustas tomar algo?
—Un café —respondió siguiéndolo hasta la mesada de la cocina, donde el peligris ya estaba encendiendo la cafetera—… ¿Cómo es eso que hablaron sobre familias?
—No sé si notaste cuanto afecta a Tobio la actitud de su madre —dijo Suga en un susurro acercándose al pelinegro, para que los niños no lo escucharan—… creo que él piensa que es su culpa que ella se haya ido y en verdad piensa que ella no lo quiere —la expresión de Suga era seria y en sus ojos se notaba la preocupación.
—Esa mujer no puede hacer una solo cosa por su hijo —murmuró Daichi y soltó varios insultos dirigidos hacia ella.
—¡Daichi! —exclamó el peligris tomando dos tazas antes de volver a mirar hacia la sala donde dormían los niños.
—Lo siento… pero en verdad es frustrante, ella llamó esta mañana para pedirme cambiar el día que le toca con Tobio por hoy, porque el miércoles no iba a poder, seguro luego va a llamar para darme alguna excusa, lo que seguro terminará en otra discusión —dijo en un tono cansado Daichi antes de soltar un suspiro.
—Yo no puedo dejar de preguntarme ¿Que puede ser tan importante como para dejar de lado a su hijo?
—Si la conocieras sabrías que cualquier cosa es más importante para ella —murmuró Daichi respirando profundo y lento para calmarse.
—¿Mamá? —la voz de Tobio llamó la atención de ambos adultos, quienes se apresuraron a acercarse al pequeño que asomaba la cabeza por el respaldo del sillón, mientras restregaba uno de sus ojitos y miraba a su alrededor, un instante después también se asomó la revuelta cabellera naranja de Shoyo.
—Hola cielo… mira quién vino por ti —dijo Suga acariciando el negro cabello del niño, quien lo miró con una sonrisa antes de centrar sus ojos en su padre.
—Hola chiky —saludó Daichi levantando a su niño y dándole un beso en la frente—… lamento lo que sucedió hoy… ¿listo para ir a casa?
—Ahh no, juguemos un rato más —se quejó Shoyo inflando sus cachetes y lanzándole una mirada suplicante a ambos pelinegros.
—¿Daichi qué te parece si ellos juegan un rato y nosotros terminamos nuestro café y nuestra charla? —sugirió el peligris con una sonrisa, que provocó un leve sonrojo en ambos pelinegros.
—¿Nos quedamos un rato más? —preguntó Daichi a Tobio, quien asintió con la cabeza efusivamente.
Daichi asintió, bajó a Tobio quien en unos pocos segundos corría con Shoyo a la habitación del pequeño pelinaranja, dejando solos a los dos adultos en la sala.
—Bien… Vamos por nuestro café —dijo el peligris caminando nuevamente hacia la cocina.
En aquella habitación había juguetes tirados por todos lados, con un rápido vistazo Tobio pudo ver varios estantes vacíos y otros con libros algo desordenados, pero lo que llamó su atención fueron los portarretratos que mostraban fotos de Shoyo y Suga, imágenes de cuando el pelinaranja era un bebé y cómo fue creciendo hasta ahora y también algunas donde aparecían Tadashi y sus padres. En su casa también había foto de él de pequeño y en su habitación tenía varias fotos con su papá y alguna que otra con su mamá.
Shoyo se sentó en el piso para jugar con algunos autos y muñecos, pero aquellos orbes color caramelo se centraron en el pelinegro que parecía estar analizando cada detalle de su habitación.
—¿Tobio vienes a jugar? —la pregunta devolvió al pelinegro a la realidad y se acercó para sentarse frente al pelinaranja.
—¿En verdad no conoces a tu papá? —el pelinaranja negó con la cabeza. Tobio dudó un momento y continuó— ¿Quieres tener un papá?
—Emmm no lo sé, siempre hemos sido solo mamáSuga y yo… y los que han intentado ser mi papá al poco tiempo se van… no sé si necesito un papá —respondió Shoyo dudando bastante— ¿Por qué? —preguntó centrando sus orbes caramelo en aquellos ojos azules.
—Mi papá me quiere muchísimo y a veces deseo una mamá que me quiera igual que él… creo que solo quiero saber si me pasa solo a mi —respondió el pequeño pelinegro tomando el conejo de tela azul que estaba en el suelo y abrazandolo…
—Daichi, lo siento, sé que no es mi asunto, apenas nos conocemos y no debo meterme en tu vida —se disculpaba Suga sugetaba con ambas manos su taza de café…
—Esta bien, no tienes que disculparte… ya te lo dije me salvaste a mí y a Tobio —dijo con una sonrisa el pelinegro—… ¿Sabes algo? Pocas veces lo veo sonreír como te sonrió a ti —esas palabras provocaron una enorme sonrisa en el peligris.
—Creo que Kuro tiene razón, se parece mucho a ti.
—Si, lo que sacó de su madre fue los ojos azules de los Michimiya… el abuelo materno de Tobio tiene los mismos ojos azules… por desgracia él es igual que Yui no le interesa demasiado Tobio.
—Michimiya Yui… ¿Por qué me suena ese nombre?
—Es modelo y la cara de varios productos en publicidades gráficas y para televisión
—Wow, tu si apuntas alto—murmuró Suga antes de tomar un sorbo de café.
—La única que apuntó fue Yui...
Aquella ruta era bastante tranquila a aquella hora. Asahi manejaba el auto, mientras intentaba que no se le notará la preocupación, cosa que era imposible de esconder, sobre todo cuando se trataba de su esposo y su hijo.
—Asahi cálmate, sabes que ya no es como antes, todo estará bien —murmuró Yū con una cálida sonrisa antes de centrar los ojos en su celular que acababa de sonar…
—Lo se, pero sabes que no me gusta verte mal y sabemos bien que de una forma u otra siempre te afecta.
—Si ustedes están bien me afecta menos, así que tranquilo y… cambio de planes, su avión llegó mucho antes de lo previsto nos esperan en el café del hotel imperial —Asahi soltó un suspiro y le dió una mirada seria al castaño.
Noya solo ignoró la mirada de su esposo y se centró en Tadashi quien iba atrás leyéndole un cuento a Mello, su conejo de tela azul. La sonrisa de Yū se amplió… su hijo y su esposo eran la luz de sus ojos y su motivo para sonreír cada día y el tiempo le había enseñado que podía enfrentar cualquier cosa mientras ellos estuvieran a su lado, y está situación no sería diferente, vería y escucharía a sus padres, sin importar el pasado… ya no podían hacer nada para dañarlo……
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hola, otro cap termina y como siempre espero que les haya gustado.
gracias por leer y comentar.
si todo va bien en 15 duas estare publicando el sig cap, que piedo adelantarles se centrafa mas que nada en Noya.
Saludos.
