Mi hijo.
Cuidare de ustedes.
El pelirrojo estaba cansado y adolorido, su bebé se había movido toda la noche y todavía no se detenía.
—Taichi, mi cielo ¿Que te pasa? —murmuró el pelirrojo acariciando su abultado vientre de siete meses, mientras se levantaba para sacar el agua del fuego y hacerse un té.
Escuchó la llave abriendo la puerta y simplemente preparó otra taza más. Su bebé volvió a moverse y nuevamente acarició su vientre.
—Ha estado inquieto desde anoche, no me ha dejado dormir y casi no me ha dejado comer —dijo girándose con las dos tazas en sus manos, pero se congeló en su lugar al ver la mirada de su amigo albino…
Conocía a Aone Takanobu desde Japón, pero nunca habían interactuando demasiado. Al poco tiempo de instalarse en Francia, comenzó a trabajar como mesero en un café y allí volvió a encontrarse con el albino. Los encuentros se hicieron más constantes y su amistad comenzó a crecer. Cuando Satori comenzó a sentirse mal por el embarazo, el albino se preocupó y comenzó a pasar más tiempo con el pelirrojo, al punto en que terminaron casi viviendo juntos pues el grandulón pasaba más tiempo en el departamento del pelirrojo que en el suyo. Así llegaron a conocerse más que bien y está era la primera vez que Tendō veía aquella mirada.
Aone mantenía su expresión seria, sus labios estaban apretados y aquellos ojos grises parecían cargados de preocupación y miedo.
—¿Sucede algo? —murmuró Tendō sintiendo una corriente fría que recorrió su espalda.
Aone asintió. El pelirrojo dejó las tazas sobre la mesa y esperó, ver así al grandulón lo estaba preocupando. El timbre sonó y Satori dió un pequeño respingo del susto. El albino se alejó hacia la puerta sin decir nada. El pelirrojo se sentó y llevó las manos a su vientre, su bebé finalmente había dejado de moverse y ahora era él quien se sentía inquieto, levantó la vista al escuchar la puerta cerrarse y vio a su amigo albino en compañía de aquella bella mujer de 40 y tantos años, de ojos grises y cabello igual de blanco que el de su hijo.
—Hola Satori, ¿Cómo estás cielo? —saludo la mujer con una enorme sonrisa mientras se sentaba en la silla frente al pelirrojo.
—Bienvenida Mirah, en verdad no te esperaba —saludó a la mujer simplemente por su nombre, pues esta lo regañaba cuando usaba honoríficos.
—Takanobu, ¡¿No le dijiste?! —indagó mirando a su hijo quien había ido a la cocina a preparar otra taza de té—… ahh no tiene remedio… Satori, hijo, luces terrible —acotó volviendo a centrar sus ojos en el rostro del pelirrojo que estaba algo pálido y surcado por unas enormes ojeras…
—Ahhhh este bebé no me ha dejado dormir y casi no me deja comer nada, hace días que solo retengo en el estómago galletas, té y alguna que otra cosa desabrida preparada por Aone —comentó mientras el grandulón se sentaba en la cabecera de la mesa dejando una taza de té verde frente a su madre y un plato lleno de galletas delante de Satori.
—Ahh debes ser el único que puede retener la comida de mi hijo —dijo entre risas Mirah provocando una corta risa en el pelirrojo.
—Madre, está preocupado, ve al punto —murmuró Aone sin cambiar su expresión.
—Ok, ok —dijo la mujer antes de soltar un suspiro—… Satori, tú sabes que tengo muchos contactos, me pediste ayuda y alerte a los mejores para que estuvieran al pendiente… ayer me informaron que alguien te está investigando, más específicamente una persona poderosa y peligrosa —la respiración del pelirrojo se detuvo por un momento y se aferró con más fuerza a su vientre—. No DEBES meterte en un conflicto con esta persona, porque perderás sin importar nada —los rojos ojos de Tendō se nublaron y sintió unos fornidos brazos que lo rodearon torpemente, en un abrazo y lo único que pudo hacer fue aferrarse con todas sus fuerzas a esos brazos…
—Es mío, es mi bebé —murmuró casi sin darse cuenta.
—Lo sé y te prometo que mientras yo esté vivo nadie les va a hacer nada a ninguno de los dos —dijo en un susurro el peliblanco con una expresión que evidenciaba su determinación.
—Nosotros te ayudaremos Satori, después de todo ya eres de la familia —agregó la mujer sumándose al abrazo.
—Satori llegamos —la voz del grandulón lo trajo nuevamente a la realidad.
Sin decir nada bajó del auto y dio un vistazo a su alrededor, estaban en un estacionamiento rodeados de autos caros y muy elegantes, y no era para menos si aquel era unos de los edificios de departamentos más nuevos y caros de la zona. Levantó a Taichi mientras Aone sacaba las maletas del auto y luego se dirigieron al ascensor, el albino presionó el botón del último piso y aquel cubículo de metal comenzó a subir.
Miró las maletas y suspiró preguntándose si había olvidado algo, las había armado con tanta prisa que seguramente había olvidado más de una cosa… pero finalmente eso no le importaba tanto pues le aterraba más la posibilidad de que quisieran quitarle a su bebé.
—Mami, me apetas mucho —murmuró el niño.
—Lo siento —respondió el pelirrojo con una sonrisa trémula mientras aflojaba el agarre.
El ascensor se detuvo y siguieron al albino por un pasillo donde solo había tres puertas y se detuvieron ante la única puerta que había en la pared a su derecha. Aquel lugar era enorme y muy elegante, y Satori podría jurar que era más grande que su casa.
—Takanobu dime qué pudiste traerlos —la voz de mujer llamó su atención y un instante después vieron aparecer a Mirah con una expresión de preocupación en su rostro que cambió por una sonrisa en cuanto vio al pelirrojo con su pequeño en brazos—… Satori, Taichi —murmuró la mujer y corrió a abrazarlos como si hiciera una vida que no los veía.
—Abula —dijo Tai con una sonrisa y la mujer prácticamente le arrebató al niño de los brazos a Satori para llenarlo de besos y hacerle cosquillas.
—Ahh estás enorme mi bebé —dijo entre risas mientras bajaba al niño para luego centrarse en el pelirrojo—… y tú estás más delgado cielo —agregó abrazando a Satori, quien no dudo en corresponder el abrazo—… no me digas que extrañas la comida de Aone…
—Por todos los cielos no —respondió entre risas Tendō.
Luego de los saludos y de burlarse un rato de la comida del albino, recorrieron el lugar y si definitivamente era más grande que la casa de Satori, tenía tres habitaciones, un estudio donde estaban todas las cosas de trabajo del grandulón, living comedor, la cocina era espaciosa y estaba separada del comedor por una barra, tenía dos baños, un pequeño lavadero y otra habitación junto al lavadero que el peliblanco había convertido en gimnasio, todo el lugar estaba rodeado por enormes ventanales que daban a un amplio balcón repleto de plantas.
Ubicaron sus cosas y luego de un rato Aone salió con Tai a comprar lo que faltaba para el almuerzo.
—Mirah, ¿Me dirás qué sucede? —preguntó Satori desviando su vista de aquel precioso paisaje que le brindaban los ventanales para centrar sus rojos ojos en los orbes grises de la mujer—, ¿Por qué estoy aquí?
—Estás aquí porque el problema esta vez es más grande que el que tuvimos en Francia —una corriente fría recorrido el cuerpo del pelirrojo y se acercó al sillón para sentarse frente a la mujer—… te están buscando de vuelta y se están centrando en Tai, no sé si se lo crean o no… pero hay alguien que si se lo cree y ese alguien es aún más peligroso…
—No es posible, ya la habíamos convencido y había dejado de intentar.
—Hijo, si esa mujer fuera el problema ya te hubiera sacado del país y con mis contactos le llevaría años volver a encontrarte —Mirah hizo un momento de silencio y soltó un suspiro al ver la mirada confundida de Satori—… nunca te hablé del padre de Takanobu —el pelirrojo la miró aún más confundido pero no dijo nada y esperó que ella continuara—… él era un hombre alto, fornido, de cabello rubio, ojos verdes y expresión seria, cualquier mujer caía ante él con solo una mirada y yo no fui la excepción… lo diferente fue que él me buscó… en ese momento no supe que solo me quería porque necesitaba algo de mi padre… cuando lo descubrí ya estaba embarazada y decidí huir antes de que él se enterara, mi padre siempre se dedicó a la política, por eso tengo todos esos contactos que siempre me han ayudado, él era el heredero de una importante empresa, ya tenía un hijo y fue obligado por su padre a casarse, sino le quitaría todo lo que le correspondía, cuando se enteraron de mi embarazo quiso quitarme a Takanobu, lo que significó una lucha con abogados durante bastante tiempo, finalmente el abuelo de Takanobu decidió que lo mejor era que el niño se quedará conmigo, me dejó a cargo de lo que le correspondía a su nieto e hicimos un acuerdo para dejar de pelear en la corte… puedo decir que nuestra relación son saludos medianamente cordiales, no podía impedir que viera a su hijo, pero a medida que Takanobu iba creciendo notaba lo que sucedía y comenzó a rechazarlo…
—Mirah disculpa pero… no entiendo a qué vas con esto ¿Qué tiene que ver conmigo? —preguntó Tendō cuando la mujer volvió a hacer una pausa algo extensa.
—Creo que cuando Takanobu se enteró de tu embarazo y todo lo que te sucedió... sintió que mi historia se repetiría en ti, recuerdo que me dijo "no quiero que pasen por "eso", quiero ayudarlo como sea" te convertiste en parte de nuestra familia en ese momento y lo hice todo para ayudarte… ¿Recuerdas que decidimos que sería mejor que el mundo pensara que el padre de Taichi era Aone?
—Sí… y sé que si no fuera por eso ella habría hecho algo para quitarmelo —añadió el pelirrojo todavía sin terminar de comprender lo que sucedía.
—Tengo que disculparme contigo, no me di cuenta de lo que podría pasar al hacer eso —la mujer soltó un suspiro pesado y continuó—… el padre de Aone está detrás de ustedes… cree que Taichi es su nieto y tal vez piensa que… tú y Tai son el mejor camino… para llegar a Aone y volver a tener el completo control de sus empresas… hace tiempo que está detrás de Aone e intenta convencerlo de que se case con la hija de un empresario ruso, Takanobu le dijo que no, que ya amaba a alguien, entonces empezó a investigar y los encontró a ustedes…
—Mirah, no crees que sería mejor decirle la verdad.
—No nos cree… y Takanobu está muy preocupado porque te amenazó… solo necesitamos algo de tiempo para solucionar esto y podrás volvieron a tu vida, lo prometo.
—Voy a matar a Aone, en verdad me asusto.
—Pobre hijo mío, no puede evitarlo, la relación con su padre es demasiado tensa y ni hablar de su hermano… la verdad es que esos dos hombres parecen esforzarse para molestar a mi niño —dijo la mujer soltando un suspiro.
—Hay algo que no entiendo, ¿Por qué amenazarme? No gana nada con eso a lo sumo que su hijo se aleje más —comentó Satori rascándose la barbilla mientras miraba hacia arriba.
—Desde su punto de vista si tú no estás Aone se queda con Tai y si algo le sucede a Aone, Taichi será el heredero de todo y si obtiene la custodia de Tai será dueño de todo —dijo Mirah con expresión triste.
—No crees que son demasiados supuestos —murmuró el pelirrojo viendo algo incrédulo a la mujer.
—Tu no conoces a Masato Ryo…
El ruido de la puerta abriéndose hizo que la conversación terminará. Ambos miraron hacia la puerta y vieron al grandulón entrar sujetando a Taichi de una mano y cargando un montón de bolsas con la otra y se sorprendieron al ver aquella sonrisa en su rostro
—Quédate lo más que puedas, hacía demasiado que no lo veía así de feliz —murmuró Mirah al pasar a su lado para levantar a Tai y que su hijo pudiera ir a dejar todo en la cocina.
Tendō adoraba a los Aone, tanto al hijo como a la madre, como no hacerlo si esas dos personas lo habían ayudado cuando más lo necesitó, sin pedir nada , los amaba como a su verdadera familia. Sabía que Mirah había sufrido y que haría lo que fuera por la felicidad de su hijo y Aone, al igual que él, amaba a alguien a quien hacía demasiado tiempo que no veía.
"—Hola Taichi, soy tu tío Aone, yo cuidare de ti y de tu mamá, tú serás feliz lo prometo.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Tendō al escuchar esas suaves palabras y al entreabrir los ojos pudo ver al albino grandulón sentado en un sillón cerca de la cama de aquella clínica, sosteniendo un pequeño bulto entre sus enormes manos y mirándolo con una expresión llena de dulzura que encajaba muy bien con esa sonrisa."
El recuerdo fue fugaz y fue suficiente para que Satori tomará una decisión, esta vez sería él quien ayudaría a los Aone como fuera.
Soltó otro suspiro al atravesar aquella multitud de personas que hacían cola para subir a un juego, entonces vio a ese grupo tan conocido en las mesas de aquel lugar llamado "las margaritas." Volvió a suspirar y dibujó una sonrisa en su rostro. Asahi soltó un suspiro y negó con la cabeza al ver aquella sonrisa tan falsa, se detuvo y tiró de la mano de su esposo para detenerlo y acercarlo más a él. Acarició la mejilla del doncel y centró sus ojos marrones en esos orbes café que tanto amaba.
—Tranquilízate, todo estará bien… vas a preocupar a nuestro bebé con esa sonrisa falsa —murmuró acercándose hasta dejar un beso en aquellos labios.
—Lo siento —murmuró Noya, al terminar el beso y luego mostró una pequeña sonrisa, no era la mejor que tenía pero definitivamente era real y a Asahi le gustó mucho más que la anterior.
—No te disculpes, te amo —agregó el más alto viendo cómo esa sonrisa lentamente se ensanchaba.
—Te amo —dijo el doncel volviendo a besar a su esposo.
Finalmente se acercaron al grupo que ahora comía hamburguesas con papas. Asahi sabía que aunque Noya no estaba muy convencido de aquello, pronto lo olvidaría y volvería a ser su amado revoltoso de siempre. Tadashi comenzó a correr hacia ellos en cuanto los vio y la sonrisa de Yū se amplió un poco más. El doncel agarró al pequeño y lo levantó mientras dejaba muchos besos en esas pecosas mejilla, haciendo que Tadashi reía sin control.
Asahi amplió la sonrisa en su rostro, adoraba ver así a sus dos amores, aquella risa era música para sus oídos. Luego de un momento desvió la mirada hacia sus amigos que los observaban y no pudo evitar detener sus ojos en Takano, sorprendiendose con aquella expresión. Desde que conocía a aquel hombre siempre lo había visto con expresión seria, el ceño fruncido, gruñendo y gritando, recriminando, siempre decepcionado y muy pocas veces con una leve y fugaz sonrisa, por eso le sorprendió demasiado verlo con esa amplia sonrisa en su rostro y aquella mirada cargada de dulzura, centrada en Noya y Tadashi.
Pronto se unieron al grupo y un instante después también lo hicieron Kuro, Kenma y Kei, quien llevaba dos peluches con él, un dinosaurio y un gato. El pequeño rubio se disculpó con los otros niños y luego todos se dedicaron a comer.
Noya simplemente evitaba hablar o mirar a sus padres y como era su costumbre terminó corriendo y subiendo a todos los juegos con los niños, arrastrando a Suga y Kenma con él.
Asahi y los demás no podían evitar sonreír cada vez que los veían pues si los niños no tiraban de ellos era Noya quien lo hacía.
—Ahhh se parece tanto a mamá —aquel comentario llamó la atención de Asahi y al voltear a ver se encontró con Takano y Hanna, ambos con una enorme sonrisa en su rostro mirando a Yū.
—Asahiiiiiiiiiiiiii —el grito lo hizo voltear y sin necesidad de ver estiró sus brazos sabiendo lo que venía. Noya corría hacia su esposo y cuando estuvo lo suficientemente cerca saltó hacia aquellos brazos que lo recibieron sin ningún problema y se cerraron pagandolo a aquel cuerpo mientras ambos reían—… ¿Subirás conmigo? —murmuró en un tono meloso antes de dejar un corto beso en los labios de su esposo.
El más alto miró a su alrededor para tratar de descubrir a qué se refería su esposo, rogando que no fuera la casa del terror o algo por el estilo, pero para su sorpresa se encontró con la noria, esa enorme rueda que da una hermosa vista de la ciudad, amplió su sonrisa y solo asintió antes de volver a besar a Noya.
—En este podía subir todos aunque solo pueden ir cuatro por cubículo —dijo Suga acercándose al grupo.
—Asahi y yo vamos solos —se apresuró a decir Noya, sin soltar su agarre tipo koala de su esposo.
—Shoyo con nosotros —la vocecita de Tobio llamó la tensión de Suga y al bajar la mirada se encontró con el pequeño pelinegro que sujetaba con una mano los dedos de su papá y con la otra mano sostenía la manito del pelinaranja, que no dejaba de sonreír, lo que hizo que el peligris ampliará su sonrisa.
—¿Tadashi quieres subir con nosotros? —preguntó Kenma agachándose a la altura del pequeño pecoso, quien solo asintió.
—Y creo que nosotros tres subiremos en otro —agregó Hanna mirando a Takano y Momoi.
—Mejor suban ustedes, yo los espero por aquí, las alturas no me hacen bien últimamente —comentó Takano como si nada sin notar que los ojos de Noya se posaron en él por un momento.
Mientras todos subían Suga se encontró varias veces mirando a su alrededor, era como si buscara algo, se sentía observado y eso no le estaba gustando nada, pero al notar la mirada algo preocupada de Daichi, dibujó una sonrisa en su rostro y decidió ignorar aquella sensación. Desde que se habían mudado había dejado de sentir esa paranoia y la verdad no quería volver a sentirse así, sobre todo porque todos a su alrededor se preocuparían por él. Soltó un suspiro y se dijo a sí mismo que solo imaginaba cosas nadie lo estaba observando.
Estaba disfrutando ese paseo, los niños miraban asombrados por las ventanas, señalando todo. Sintió la mano de Daichi sujetando la suya y al mirarlo, la sangre se agolpó en sus mejillas, ese hombre en verdad era atractivo.
—¿Todo bien? —preguntó con una sonrisa que hizo que el peligris se sonrojo aún más
—Perfecto —murmuró luego de un momento de perderse en esos ojos cafés y ampliando su sonrisa entrelazo sus dedos con los de Daichi.
No podía dejar de pensar en aquel peligris, sus ojos color caramelo, ese pequeño lunar bajo el ojo izquierdo esa sonrisa, estaba seguro de que lo había visto antes… pero dónde.
Sacó su celular y revisó las fotos que le había tomado a escondidas en ese parque. ¿Por qué se le hacía tan familiar? Se preguntó mientras pasaba las imágenes y se detuvo en una donde el peligris estaba agachado hablando con un pequeño de cabello naranja completamente revuelto…
—No es posible… estoy enloqueciendo —exclamó mientras ampliaba la imagen para ver mejor a ese niño, e inmediatamente buscó entre las otra fotos que había tomado, hasta que encontró una donde el pequeño se veía bastante bien, sus ojos eran iguales que los del peligris, su sonrisa enorme y su cara… si sus ojos no fueran de ese color y si su cabello fuera rubio sería idéntico…
Eso no era posible, en verdad estaba alucinando. Se levantó de golpe y salió de su habitación, necesitaba alejar esas dudas…
otro cap, prufundizando un poco mas en la historia de Tendō... y acaba de aparecer un oersonaje misterioso, el cual seguira adi por unos caps más.nobpuedo adelantar demadiado pero estamos cerca de descubrir que le ha suscedido a nuestro querida Suga y de profundizar el DaiSuga, tqlvez en dos o tres caps mas.espero que les haya gustado.saludos y terminare diciendo...FELIZ CUMPLE LEV!!!!
