El lunes volvieron a encontrarse en las puertas del preescolar. Los niños ingresaron y mientras los padres charlaban, vieron llegar un vehículo del cual descendieron dos hombres y un niño. Suga no pudo evitar desviar su mirada hacia ellos y vio que eran Tendō junto a Taichi y… no podía ser.
Una sonrisa se dibujó en los labios del peligris y se acercó a ellos. El albino notó al peligris y su expresión seria cambio por un momento antes de recibir un abrazo por parte del doncel.
—¡Aone! —exclamó Suga mientras el albino correspondía a su abrazo, apretandolo un poco y levantandolo del piso, todo bajo la atenta mirada de Tendō, Kuro y Daichi—, ¡cuánto tiempo sin vernos!
—Demasiado Koushi —murmuró el más alto volviendo a bajar al doncel.
—Wow, Aone, no sabía que tú y Suga se conocían —dijo el pelirrojo con una enorme sonrisa antes de saludar al peligris con un abrazo y un beso en la mejilla—, Hola Suga.
—Hola Tendō —saludó devolviendo el abrazo y el beso—... Somos primos, pero no sabía que ustedes —comentó suga con una sonrisa y se detuvo, porque su mente comenzó a atar cabos, entonces su mirada comenzó a pasar de Aone a Taichi y Tendō, una y otra vez...
—Oh, no, no, no… no es lo que crees —se apresuró a decir Tendō moviendo sus manos con algo de desesperación, por alguna razón no le gustaba nada la sonrisa pícara en el rostro del peligris.
—Satori —la voz del albino llamó la atención de ambos donceles, el pelirrojo lo miró y notó que este estaba viendo su reloj.
—Suga, luego hablamos y te explico todo, tenemos una cita y no quiero robarle demasiado tiempo —dijo Tendō con bastante prisa tomando la mano de su niño y la de Aone, para luego caminar arrastrandolos a ambos hacia las puertas del preescolar.
Suga los vio atravesar aquella puerta con flores y pájaros, sin quitar aquella sonrisa de sus labios. Su primo era una persona maravillosa, pero generalmente las personas le tenían miedo por su apariencia y poca expresividad. "¿Será?... Espero que sí, Tendō me cae bien y de seguro le hará muy bien al grandulón" pensó el peligris ampliando su sonrisa antes de volver a mirar hacia sus amigos para encontrarse con un Daichi con el ceño algo fruncido.
—Lo siento, es un primo que hace mucho no veía y… lamento no haberlos presentado, pero parece que estaban apurados —dijo Suga acercándose nuevamente a los dos pelinegros.
Al escuchar esas palabras la expresión de Daichi cambió a una más normal y relajada que hizo sonreír al peligris, aunque esa sonrisa duró muy poco, de repente Suga se encontraba mirando a su alrededor con una expresión seria. Nuevamente tenía esa sensación de que lo observaban. Sintió una mano sobre su hombro y dió un pequeño respingo.
—¿Suga estás bien? —preguntó Daichi con una expresión de evidente preocupación.
—Si… si, solo —murmuró volviendo a mirar de reojo hacia los lados—… ¿Daichi, si no es mucha molestia, podrías llevarme? tengo que ir a la editorial —concluyó dibujando una pequeña sonrisa en sus labios.
—Claro, me queda de paso —respondió el pelinegro antes de soltar un suspiro.
Era evidente que a Suga le sucedía algo. Se habían acercado mucho en esos días, pero al parecer todavía no confiaba lo suficiente en él como para contarle.
—Akaashi, no quiero irme —se quejó Bokuto inflando los cachetes, haciendo que los dos pelinegros dibujaran una pequeña sonrisa en sus rostros.
—Kōtaro, solo pon de tu parte y pronto estarás aquí devuelta, ¿No es así Himuro? —dijo Akaashi acariciando las manos de su pareja que lo abrazaba por la espalda apoyando la cabeza en el hombro del menor.
—Haré todo lo posible para que arreglemos todo lo antes posible —respondió en un tono suave Himuro, su cabello negro caía tapando su ojo izquierdo y bajo su ojo derecho podía verse un lunar.
—Todavía no entiendo porque no lo puedes solucionar tú solo, como con todo lo demás —volvió a quejarse el peligris volviendo a mirar a las personas que iban arrastrando maletas en aquel aeropuerto.
—Te lo dije, piden tu presencia y todavía no se bien que esperar —repitió Himuro, por quinta vez en esa hora que llevaban esperando que su avión saliera. En ese momento por los parlantes anunciaron que ya podían abordar el vuelo para Rusia—. Es el nuestro, vamos —agregó volviendo a mirar al peligris que ahora abrazaba con más fuerza a su pareja.
—Himuro, por favor cuídalo y cualquier cosa me llamas —el pelinegro del lunar asintió con una sonrisa y se alejó para que la pareja pudiera despedirse.
—Deberías venir conmigo, te voy a extrañar —murmuró Bokuto mientras el pelinegro se giraba, sin romper el abrazo, para quedar frente a su amado niño grande.
—Sabes que no puedo ir… hazle caso a Himuro… también te voy a extrañar —murmuró Akaashi muy cerca de los labios del peligris e inmediatamente se apoderó de aquellos labios en un beso dulce y suave, cargado de sentimientos.
Al separarse Bokuto comenzó a caminar con una expresión triste, hacia su abogado que lo esperaba unos cuantos metros adelante.
Cuando ya estuvieron ubicados en sus respectivos lugares el pelinegro soltó un suspiro y murmuró.
—Bokuto ¿Vas a estar así todo el viaje? —el peligris lo miró de reojo, se cruzó de brazos y agachó la cabeza tratando de esconder el rostro—… Dios, va a ser un viaje largo y no quiero imaginar lo que va a ser la estadía —murmuró el pelinegro antes de soltar un suspiro y sacar un archivo de su portafolio.
Aquella carpeta era de un celeste muy claro y en la tapa rezaba "Bokuto Hikaru." Kōtarō miró de reojo aquella carpeta y sin decir nada solo se volteó hacia el otro lado. No quería hacer ese viaje, no quería recordar.
—Suga, ¿en verdad estás bien? —volvió a preguntar Daichi mientras terminaba de estacionar el auto.
—Si, estoy bien —respondió el peligris volteando para ver a Daichi y sus palabras se detuvieron al ver aquellos ojos preocupados. Soltó un suspiro y acariciando la mejilla del pelinegro se acercó más a él—… solo fue una extraña sensación, pero estoy bien —murmuró antes de dejar un corto beso en la mejilla del pelinegro, que rozó la comisura de aquellos labios—. Gracias por traerme y por preocuparte —concluyó con una pequeña sonrisa antes de bajar del auto y alejarse dejando a Daichi con una expresión de sorpresa que pronto se convirtió en una enorme sonrisa.
Suga sintió sus mejillas arder, todavía no podía creer lo que acababa de hacer y hasta sus orejas ardieron cuando cayó en que aquel beso terminó allí porque estuvo a nada de besar aquellos labios, por alguna razón cuando lo vio así de preocupado por él, sintió ese deseo de besarlo hasta verlo sonreír.
—Rayos… ¿Que me esté pasando?... ¿Por qué hice eso? —se preguntó a sí mismo mientras entraba en aquel enorme edificio.
Los días pasan y Suga volvía a sentirse bien, ya no tenía esa paranoica sensación de que lo seguían o vigilaban, aunque puede que eso fuera solo porque su mente está invadida de preguntas y repetía una y otra vez aquel "beso" que le dió al pelinegro, motivo por el cual le era inevitable sonrojarse cada vez que lo veía.
—Suga ¿Estás bien? Tus mejillas están rojas —susurró Noya, tratando de no llamar la atención.
—Si, solo tengo algo de calor —respondió también en un susurro el peligris antes de hacerle una seña para que prestará atención.
Estaban en el preescolar escuchando a la maestra de sus niños, quién les contaba del festival que se llevaría a cabo ése sábado.
—A la sala naranja le toca coordinar una serie de juegos y tendremos un café, la temática es cuentos de lobos y conejos —dijo Kiyoko antes de levantar dos hojas—, necesitaremos ayuda para coordinar los juegos y para servir en el café, los que puedan hacerlo por favor anoten sus nombres en la planilla correspondiente —agregó dejando ambas hojas sobre la mesa—, y quiénes puedan venir el viernes para ayudar a decorar y preparar el lugar serán bienvenidos.
Noya, Kuro, Daichi y Tendō se anotaron para ayudar en los juegos mientras Asahi, Kenma y Suga se ofrecieron para servir en el café. Suga también se ofreció a preparar dulces y pastelillos para servir en el café, idea que inmediatamente fue apoyada por Tendō y Asahi, y sin dudarlo Daichi ofreció su casa para que se reunieran a cocinar.
—Daichi, te agradezco tanto que te hagas cargo de Shoyo…
—No tenés que agradecer, Tobio está contento de que se quede hoy en casa, aunque sigue preguntando porque no te quedaste tú también —la voz de Daichi se escuchaba tranquila. Suga miró a los lados y se encaminó hacia aquel edificio sin despegar el teléfono de su oreja.
—En verdad me hubiera gustado pero tengo algo importante que hacer... mañana temprano estaré por allí, cualquier cosa que suceda me llamas.
—Si, lo sé… a mi también me hubiera gustado que te quedarás… Te estaremos esperando.
—De nuevo gracias, nos vemos —respondió Suga antes de terminar la llamada.
Guardó el celular, entró al edificio y fue directo al ascensor. Luego de unos minutos bajó en el sexto piso y se detuvo en la puerta que anunciaba 36, golpeó y esperó. La puerta fue abierta por un castaño, bastante alto, de ojos color chocolate, bastante atractivo que por lo general muestra una enorme sonrisa, pero en esta ocasión no se veía nada bien, no había sonrisa y tenía unas marcadas ojeras, cosa que sorprendió a Suga, pues su primo jamás permitiría que nadie lo viera así.
—¿Tooru? —murmuró el peligris antes de ser abrazado y prácticamente arrastrado al interior de la habitación por el castaño—… ¿Estás bien? ¿Qué haces en este hotel?
—Suga no sé qué hacer…
—Dime que sucede —agregó Suga soltando un suspiro y acariciando la mejilla del castaño antes de sentarse junto a él en el sillón.
—Ahhh, Suga… tengo miedo, Iwa se va a enterar, me va a dejar y luego me matará —se quejaba el castaño con una voz chillona y los ojos llenos de lágrimas.
—¡¿Pero qué dices?! Claro que no, Iwaizumi te ama —dijo el peligris intentando calmar a su primo que volvía a aferrarse a él mientras escondía su rostro en el cuerpo de Suga…
—Ahhh, soy un tonto calenturiento que lo hizo todo mal… el destino me odia… voy a terminar solo, abandonado, horrible y muerto… y horrible —se escuchó la voz algo ahogada entre la ropa y los sollozos. Suga le dedicó un buen rato a tratar de calmar al llorón de su primo, mientras él sólo repetía una y otra vez "¡¿Que voy a hacer?!" "Iwa me va a odiar" "soy un idiota, idiota, idiota."
—¡Bueno basta! —exclamó finalmente el peligris alejando un poco a Tooru de su cuerpo y mirándolo serio, para que ya dejara de llorar—… llevas una hora así, si no te calmas y me dices qué sucede voy a llamar a Iwaizumi y que venga él a ocuparse —Tooru se quedó congelado al escuchar esas palabras, sabía que por lo general su primo no se molestaba pero esa mirada le decía que ya estaba agotando su paciencia y lo creía realmente capaz de hacer lo que acababa de decir y en ese momento lo que menos quería era ver a su pareja, por eso estaba en ese hotel—… ve a lavarte la cara, yo buscaré algo para que tomes y podremos hablar —agregó Suga dibujando una sonrisa en su rostro mientras se ponía de pie.
Unos minutos después los dos volvían a estar en aquel sillón. Los ojos chocolate de Tooru se veían rojos e hinchados, pero su respiración ya se había normalizado. En sus manos sostenía una delgada carpeta blanca y luego de soltar varios suspiros se la ofreció a Suga. Los ojos del peligris recorrieron varias veces aquella tapa que mostraba el logo y el nombre de un laboratorio bioquímico de Londres. Los ojos color caramelo se centraron en Tooru buscando alguna explicación y luego volvió a ver la carpeta y la abrió.
—Sé que me dirás qué un hijo es amor y felicidad… y es verdad… pero como se lo digo a la persona que amo… ¿qué hago si no lo acepta?... No es algo de lo que hayamos hablado demasiado, sé que Iwa ha estado ignorando el tema por mi, primero por mi carrera deportiva, luego por el modelaje… estoy seguro de que él amaría a un hijo nuestro pero... no sé… no cualquiera acepta un hijo de alguien más —los ojos de Tooru volvían a estar nublados por las lágrimas cuando los centró nuevamente en Suga…
—Sabes lo que pienso de eso —respondió Suga en un tono serio—… muchas veces las personas nos sorprenden, sobre todo cuando aman de verdad…
—¿Y si…?
—¿Y si…? NADA —lo interrumpió el peligris—… si no lo entiende o no lo acepta es porque no te ama —una lágrima se escapó de los ojos de Tooru al escuchar esas palabras y Suga se apresuró a secarla—… Iwaizumi te ama, te aseguro que todo estará bien… si no te amara no te hubiera aguantado tanto tiempo —concluyó entre risas el peligris consiguiendo que su primo finalmente sonriera—… creo que tienes mucho que contarme así que empieza a desembuchar, aprovecha que tenemos toda la noche para nosotros.
—¿Y Shoyo?
—Se quedó a dormir en la casa de un amigo.
—¿Un amigo?... No es posible tú nunca lo dejas a menos que sea con los Azumane… ¿Qué me ocultas Sugawara Koushi?
—No me cambies de tema, tú hablas primero y luego yo te puedo contar —y diciendo eso levantó la carpeta mostrándole una hoja a Tooru y agregó—… empieza por esto.
Daichi sintió un pie clavándose en su hombre y abrió los ojos algo perezoso, la luz de la mañana entraba por la ventana. Intentó mover el brazo y recién entonces notó que este estaba siendo usado como almohada. Miró hacia la derecha y encontró a Shoyo durmiendo bastante despatarrado, ahí estaba el dueño del pie que se clavaba en su hombro, la otra pierna la tenía flexionada, los brazos extendidos y la cabeza reposaba sobre el estómago de Tobio, quien usaba el brazo de Daichi como almohada y dormía plácidamente con los dedos de su mano derecha enredados en el naranja cabello de Shoyo.
Una sonrisa se dibujó en los labios del mayor, nunca pensó que vería a su niño tan encariñado con alguien que no fuera él y en verdad le gustaba ver esa pequeña sonrisa que aparecía en el rostro de Tobio cuando jugaba con el pequeño pelinaranja. Se movió con cuidado de no despertar a los niños y salió de la cama. Su celular marcaba las 8:45, cosa que sorprendió a Daichi, por lo general se despertaba incluso antes de que sonara la alarma, pero era más que obvio que se haya dormido después de todo estuvo jugando con los pequeños hasta tarde y como luego insistieron en ver una película, todos terminaron en la cama de Daichi, donde se rindieron ante el sueño a minutos de iniciada "buscando a Nemo." Evidentemente hoy no haría su rutina diaria, así que solo se vistió y se fue a la cocina para preparar el desayuno. Miró la sala y encontró juguetes, libros, hojas y crayones esparcidos por el lugar, lo que amplió su sonrisa, nunca había estado feliz de ver semejante desorden.
Decidió comenzar a juntar todo aquello antes de preparar el desayuno, después de todo los niños todavía no despertaban. Estaba apilando los papeles y libros cuando sonó el timbre. Dejo todo y al abrir la puerta se encontró con un sonriente Suga que llevaba un carrito de mandados que parecía a punto de reventar. Inmediatamente una enorme sonrisa apareció en el rostro de Daichi, y sin pensarlo siquiera se acercó y dejó un beso en la mejilla del peligris rozando peligrosamente la comisura de aquellos tentadores labios.
—Buen día Suga —murmuró todavía muy cerca del rostro del peligris, disfrutando de aquel rosado que se instaló en las mejillas del mismo.
—Buen día Daichi —susurró Suga cuando salió de la sorpresa mientras se adentraba en la casa.
—Déjame ayudarte —se apresuró a decir el pelinegro mientras sujetaba el carrito de Suga y se encaminaba hacia la cocina.
—Wow, definitivamente el huracán Shoyo pasó por tu sala —murmuró Suga al acercarse al lugar, y como si fuera su casa comenzó a juntar algunos de los juguetes esparcidos por allí.
—No hace falta ir hagas eso, yo puedo hacerlo —comentó Daichi volviendo de la cocina, se acercó al sillón tomó el canasto que estaba tirado a un lado y se lo acercó a Suga para que metiera los juguetes que sujetaba.
—Si lo hacemos entre los dos terminaremos más rápido y podremos desayunar, porque ¿no sé tú? Pero yo todavía no desayuné.
—Ok —fue toda la respuesta del pelinegro mientras se agachaba para levantar los autitos y crayones que habían terminado debajo del sillón.
—¿Y como te trataron los dos niños ayer? —indagó el peligris metiendo en el canasto varios balones de diferentes tamaños.
—Bien, increíblemente estando los dos solos se llevan bastante bien, cada tanto discuten por algo como que cuento querían que les lea o que película veríamos —respondió metiendo los crayones en una lata que estaba sobre la mesa ratona—, después de discutir un rato terminamos viendo buscando a Nemo, los tres tirados en mi cama y allí siguen durmiendo.
—En verdad se deben haber cansado por lo general a esta hora Shoyo ya desayuno y está jugando.
—¿Quieres despertarlos mientras yo preparo el desayuno? —y sin esperar respuesta comenzó a caminar nuevamente hacia la cocina—... ¿Té, verdad? —Suga solo asintió y se encaminó hacia el pasillo que daba a las habitaciones—, segunda puerta a la derecha.
Suga entró en la habitación e instantáneamente una sonrisa se dibujó en su rostro al ver a los dos pequeños durmiendo en aquella enorme cama, se acercó y acarició la mejilla de ambos antes de comenzar a mover sus dedos haciendo cosquillas en el cuello de Shoyo, quien no tardó en moverse y levantar los hombros para impedirle el acceso al cuello mientras empezaba a reír y a su vez Tobio despertó por la risa y los movimientos del pelinaranja, que había dormido sobre su estómago. Ambos niños centraron sus ojos en el peligris.
—¡Mamá! —gritó Shoyo mientras se apresuraba a dejar un sonoro beso en la mejilla del doncel.
—Buen día pajarito —saludó Suga devolviendo el beso antes de besar la mejilla del pequeño pelinegro—, buen día Chiky —murmuró con una sonrisa, haciendo que el pequeño se sonroje.
—Bu… buen día —respondió el pelinegro bajando un poco el rostro para esconder su sonrojo, era la primera vez que alguien que no era su papá lo llamaba así.
—Bien a lavarse la cara y vestirse, los esperamos en la cocina para desayunar —agregó Suga acariciando la cabeza de ambos niños, antes de ponerse de pie y encaminarse hacia la cocina.
El olor a café y chocolate inundaba el lugar, los pasos y las voces de los niños se escuchaban detrás de Suga y la sonrisa del peligris se amplió al ver a Daichi llevando una bandeja con galletas y tostadas a la mesa. Por alguna razón eso se sentía bien…
—Koushi, Saeko no corran —la voz de mujer hizo que ambos dejaran de correr en la sala para centrar sus ojos en la mujer que los miraba intentando reprimir una sonrisa—, a desayunar.La niña de 10 años tomó la mano de su hermano de 7 y caminaron hasta la mesa donde los esperaban unas tazas con chocolate y su papá se acercaba con una bandeja repleta de galletas.—Amor, ¿hoy si cenaras con nosotros? —preguntó el hombre dejando la bandeja sobre la mesa y abrazando la cintura de la mujer.—Por supuesto y en compensación por lo de ayer, el fin de semana iremos a Kyoto y tendremos los dos días solo para nosotros cuatro, lo prometo —dijo la mujer antes de dejar un corto beso en los labios de su esposo mientras ambos pequeños sonreían y gritaban de felicidad.
Aquel recuerdo llegó de repente… ¿Era posible que se sintiera tan feliz como en aquel momento?
Notó los ojos de Daichi sobre él e inmediatamente sintió calor en sus mejillas, pero no podía despegar sus ojos de aquellos orbes cafés, hasta que los dos pequeños corriendo hacia la mesa llamaron su atención.
—No corran se van a golpear —dijeron al unísono Daichi y Suga, y unos instantes después estaban riendo mientras compartían el desayuno.
Cuando estaban terminando de desayunar sonó el timbre. Daichi fue a atender y un momento después volvió en compañía de Asahi, Noya y Tadashi pero estos no alcanzaron a terminar de saludar a los presentes que el timbre volvió a sonar y esta vez los que llegaron fueron Kuro, Kenma y Kei. Tenían mucho que hacer el festival del colegio era al día siguiente y a ellos les tocaba preparar los dulces para la cafetería.
Capitulo un poco salpicado y disperso con bastante DaiSuga. Un recuerdo con nuevo personaje que pronto aparecerá más...Si sé que seguramente saltarán muchas preguntas por el fragmente de nuestra diva favorita y solo diré se van a enterar de los detalles junto con Iwa, muajaja.Y Boku, Boku... Pobre bebo...Para el próximo cap vamos a meternos un poco en el pasado y como se conocio cada pareja... con niños... Dudo que meta algo de los otros, aunque nunca se sabe.Como siempre espero que les haya gustado y gracias por leer y comentar.¡¡¡¡¡FELIZ CUMPLE TADASHI y KENJI!!!!!
