Mi hijo

Momentos.

El castaño volvía a esquivarle la mirada, pero como siempre no dijo nada, sabía que cuando él estuviera listo le contaría que lo preocupaba… pero ahora no solo le esquivaba la mirada, sino que también se alejaba de él.

Así pasaron uno, dos, tres días y Aone simplemente ya no lo soportaba. No entendía porque Futakuchi lo esquivaba. Había notado la tristeza bajo esa máscara de alegría, y en verdad le molestaba que el castaño mostrará esa sonrisa tan falsa.

Lo había decidido, ese día lo secuestraria de ser necesario, pero Kenji le daría una explicación. Lo siguió al salir del colegio. Sabía muy bien que ese no era el camino que acostumbraba a usar, es más ni siquiera estaba en dirección al hogar del castaño. Mantuvo su distancia para no ser notado y se escondió en un callejón cuando lo vio sentarse en la mesa de un bar que ocupaba un pelinegro… no tuvo problemas para saber quién era y en cuanto lo reconoció quiso gritar "¿Por qué él?" Pero no lo hizo, en vez de eso observó cada detalle de ambos, no tenía forma de saber de qué hablaban, pero era más que evidente que a Futakuchi no le gustaba nada estar allí, quitó sus manos las dos veces que el pelinegro intentó tocarlas, el pelinegro sólo mostraba esa sonrisa maliciosa y cuando nuevamente intentó tocar al castaño este se puso de pie muy molesto, arrojó un sobre a la mesa y sin cambiar la expresión comenzó a alejarse. El pelinegro dijo algo que hizo que Futakuchi se detenga, pareció escupir una respuesta sin ganas y finalmente se alejó caminando tan rápido como sus piernas se lo permitían.

Aone salió de su escondite y comenzó a correr, creía saber a dónde iba el castaño.

En aquel parque podían verse niños jugando y sus madres vigilando. El castaño estaba sentado en un banco con la vista perdida en las ramas de los árboles, estaba tan concentrado en eso que no notó la presencia del albino a su lado, hasta que esté se sentó y lo sujetó del brazo para que no escapara. Entonces sus ojos se encontraron y Kenji sintió mucho dolor al ver la tristeza en esos ojos grises.

—¿Qué hacías con Makoto? —la voz de Aone sonó muy fría y Futakuchi supo que debía responder con la verdad, ya no podía escapar.

—Mi padre tiene una enorme deuda, se fue… y ahora yo debo ocuparme… lo siento, no quería alejarme de ti pero por alguna razón a él le molesta que esté contigo…

—Es mi medio hermano, por eso le molesta —murmuró el peliblanco frunciendo un poco el ceño, mientras el castaño se mordía el labio inferior y bajaba la mirada— ¿De cuánto es la deuda?

—No debes preocuparte por eso… yo me ocuparé —intentó sonreír para calmarlo pero esa sonrisa falsa despareció de sus labios al ver la molestia en aquellos ojos grises, sabía bien que a Aone le molestaban sus sonrisa falsas, soltó un suspiro y continuó—… demasiado… seré su esclavo el resto de mi vida a menos que…

—¿A menos que… qué? —indagó Aone interrumpiendo la pausa que el castaño había hecho.

—Quiere que le dé un hijo —murmuró mientras su cuerpo comenzaba a temblar de solo pensar en ello.

Aone lo rodeo con sus brazos y beso la frente del castaño. No iba a dejarlo solo y menos si su hermano estaba interesado en él...

—Aone…

La voz de Tendō lo sacó de sus recuerdos, pero sus ojos seguían centrados en el paisaje nocturno de la ciudad que le ofrecía la ventana de su habitación, desvió un poco la mirada y encontró el reflejo de Tendō en el vidrio, a un lado de su propia imagen.

—¿Era él? —una sonrisa bailó en los labios de Satori y él solo asintió—, lo supuse, nunca te ví mirar así a nadie… pero la mirada de recién si la he visto antes… nunca quisiste hablar de ello y todavía no puedo leer mentes… eso no es justo, tú lo sabes todo de mí —se quejó el pelirrojo inflando los cachetes—… sé qué sueles ser muy callado, pero…

—Se llama Futakuchi Kenji —murmuró Aone volviendo a centrar sus ojos en un punto lejano en el horizonte—, nos conocimos en secundaria, él se acercó a mí, no me temía y con el tiempo se volvió la persona más importante para mí, pero su padre se endeudó con las personas equivocadas y luego escapó dejándolo con una enorme deuda, así conoció a mi hermano Makoto Ryo Hanamiya, quien se interesó demasiado en Kenji —soltó un suspiro y luego continuó—… hice un trato con mi padre para salvar a Kenji de Makoto… le devolví el 5% de las acciones de una empresa, pero él no está dispuesto a dejarlo así como así, y siguió persiguiendo lo, finalmente Kenji se fue del país en cuanto terminó la secundaria y luego de un tiempo yo también me fui, pensé en ir tras él, pero conociendo a Makoto no lo dejaría en paz, si yo lo seguía él también lo haría… por eso elegí Francia y te conocí a ti… y ahora tú estás en problemas por mi culpa.

—Te alejaste de la persona que amas para liberarlo de tu hermano… ¿Qué fue esa tensión de hoy? No se separaron solo como amigos ¿Verdad? —preguntó Satori consiguiendo que esos ojos grises se centrarán en él.

—Se me confesó antes de irse, quería que me fuera con él —susurró el peliblanco bajando la mirada…

—Ahhh, no me digas más… todos cometemos idioteces, y luego nos lamentamos y sufrimos… ¿Sabes qué? —añadió palmeando el hombro del albino—... Creo que todavía tienes oportunidad, se nota en sus ojos.

Aquel lugar era realmente hermoso, pero él sólo podía pensar en su hermoso Akaashi que estaba a miles de kilómetros de distancia, soltó un suspiro sin darse cuenta y al instante escuchó es risa tan característica y que tanto extrañaba.

—En verdad Akaashi te tiene totalmente cautivado hermano —rió ante el comentario y centró sus dorados ojos en el peligris de ojos verdes que estaba a su lado.

—Hikaru, si te vas a quejar, recuerda que no eres el más indicado, te quedaste en Rusia por una mujer a la que todavía no conozco.

—No me quejo, estoy feliz por ti, porque encontraste alguien a quien amar y que te ama —comentó todavía con una sonrisa antes de soltar un suspiro y mirar aquel bello paisaje—… en cuanto a Maia tuvo que irse a cuidar a su madre, si mejora pronto seguro la conocerás antes de irte… ¿Vas a estar todo el mes aquí verdad?

—Sip, el equipo tiene programadas tres semanas de actividades y nos van a dejar una libre antes de irnos.

—Genial te llevaré a conocer un montón de lugares… Kōtarō ¿Te gustaría quedarte aquí? Podrías jugar en un equipo aquí y…

—Hermano, no te gastes, sabes que eso no pasará… uno Akaashi está en Japón, dos Akaashi todavía no termina su carrera y yo tampoco, tres juego en el equipo nacional, cuatro —dijo mientras miraba sus dedos e iba bajando uno con cada punto nombrado—… dudo que Akaashi quiera dejar Japón, cinco este país es demasiado frío —levantó la otra mano para seguir contando, su hermano soltó una carcajada y Bokuto se detuvo y volvió a centrar sus ojos en él…

—Está bien, está bien, ya entendí, te quedarás en Japón solo por Akaashi…

—Yo no dije eso, hay muchos otros motivos —se quejó Kōtarō inflando los cachetes cual niño pequeño…

—Hermanito, de cinco motivos tres fueron Akaashi y el quinto una mentira… a ti nunca te disgustó el frío o el calor… acéptalo Akaashi es el centro de tu vida, ya te olvidaste de tu hermano mayor —dijo Hikaru fingiendo que lloraba, con lo que logró que Kōtarō se desesperara un poco...

—Claro que no, no, no —se apresuró a decir el de ojos dorados mientras se movía delante de su hermano para llamar su atención…

—… ya no me quieres —agregar el mayor inflando los cachetes para esconder la risa…

—Sabes que te quiero… eres mi hermano y nadie cambiara eso… es solo que —se notaba la desesperación en la voz del más joven y como sus ojos comenzaban a nublarse, eso hizo sentir un poco mal al mayor y decidió dejar de torturarlo. Soltó una carcajada y abrazó con fuerza a Kōtarō…

—Lo siento, era broma… sé que amas a Akaashi, nunca te ví así de feliz con nadie más y eso de verdad me hace feliz, además sé que estás en muy buenas manos —la sonrisa de Hikaru era radiante y él no pudo hacer más que sonreír en respuesta...

Su corazón dolía, las lágrimas rodaban sin control alguno por sus mejillas, su voz que había roto y sus oídos habían dejado de escuchar después de que su padre dijera aquellas palabras. Su mente sólo pensaba en la sonrisa de su hermano, el brillo alegre en aquellos ojos verdes y en la alegría de su voz cuando le dijo por videollamada que iría a Japón y que tenía una gran sorpresa para él.

No era posible tenía que ser mentira… hacía menos de 24 horas, le había mandado un mensaje avisando que estaba subiendo al avión… y ahora… no podía ser… su hermano no podía estar muerto.

Sintió unas monos que sujetaban sus mejillas y como si fuera un eco lejano, una voz que lo llamaba.

—… tarō… Kōtarō… amor? —la voz se escuchaba algo ahogada, pero supo quién era…

Se forzó por centrar sus ojos y frente a él pudo ver la borrosa imagen de su amado Keiji, sus grises ojos se veían preocupados y llenos de lágrimas.

—Kei… Keiji —logró murmurar con bastante esfuerzo e inmediatamente sintió que esos brazos lo envolvían, escondió su rostro en el pecho del pelinegro y siguió llorando mientras ese olor a cítrico inundaba sus fosas nasales—… no… Hika...ru… no…

—Shhhhh… lo siento tanto amor —murmuró Akaashi antes de dejar un beso en la cabeza del peligris, mientras acariciaba su espalda…

Despertó con lágrimas recorriendo sus mejillas y podía sentir ese dolor nuevamente en su pecho. Hacía mucho que no pensaba en aquello, que no se sentía así, por eso odiaba Rusia, porque todo allí le recordaba a su hermano.

Miró el reloj y bufo molesto al ver que todavía faltaban 15 minutos para las 6 de la mañana. Volvió a cerrar los ojos Intentando dormirse nuevamente pero era imposible, su mente seguía recordándole la muerte de su hermano. Luego de unos minutos decidió poner música para despejar un poco su mente, tenía un buen rato para esperar pues recién a las 8 servían el desayuno y a las 9 tenía que salir con Himuro.

En lo que iba de la semana ya lo habían hecho atender varios asuntos de la empresa, cosas de las cuales no sabía demasiado pero su abogado lo guiaba en todo. Arreglaron varios asuntos que habían quedado pendientes con la muerte de su hermano y ahora sólo quedaba una cosa más, que al parecer eso era lo realmente importante. Himuro había estado dando vueltas al asunto y todavía no le decía de que se trataba, lo cual estaba llevando al límite su paciencia.

Ya duchado y vestido se tiró en la cama a esperar que Himuro llamará a la puerta para bajar a desayunar, tomó su celular y llamó a Akaashi, después de todo con seis horas de diferencia en Japón ya debiendo ser más de 13:30.

—Akaasheeeeeeeeeeee —dijo en cuanto escuchó que atendían, el sonido de una leve risa llegó hasta él y eso fue suficiente para dibujar una sonrisa en su rostro.

—Hola Kōtarō… que raro llamando a esta hora.

—Ahhh un sueño me despertó y ya no me pude volver a dormir —dijo casi sin darse cuenta, e inmediatamente se arrepintió, no quería preocupar al pelinegro—… pero no es nada, ¿Cómo estás?

—Bien —respondió luego de un pequeño silencio—, acabo de almorzar con Iwa y Oikawa… y ahora estamos por ir al festival del colegio de los niños, Daichi, Kuro y Suga nos invitaron, así que no podemos faltar…

—Ahhhhhh —se quejó el peligris—… y yo me lo perderé por estar aquí… extraño a Tobio, a Shoyo y mucho más a tí —agregó haciendo un puchero al final y pudo escuchar la suave risa de Akaashi, seguramente por imaginarlo así. Los golpes en la puerta llamaron su atención y soltando un suspiro se despidió—, ya vino Himuro por mí, te llamo luego, te amo…

—Te amo, le enviaré saludos a todos de tu parte.

—Gracias, te amo mucho, mucho, mucho —Escuchar nuevamente la risa de su pelinegro y terminó la llamada mientras abría la puerta.

—Buen día Bokuto —saludo el pelinegro antes de inspeccionarlo con la mirada de pies a cabeza—, wow ya estás listo, ¿Como amaneciste?

—Buen día —respondió sin ganas—, ya quiero irme… odio Rusia —agregó mientras comenzaba a caminar por el pasillo junto a Himuro.

—Bueno, solo nos queda una cosa por arreglar y puede que se tarde un poco todo el papeleo, pero estoy haciendo todo lo posible para que no sea tanto.

Bokuto soltó un gruñido como respuesta. Desayunaron y luego salieron.

Suga despertó con la alarma de su celular. Miró a su alrededor y definitivamente esa no era su habitación, entonces recordó que se había quedado en casa de Daichi.

Esa noche hicieron pizzas para que los niños ayudarán a elaborarlas y se animarán un poco después del paso de Yui. Cenaron y Daichi y Tobio insistieron para que se quedarán esa noche, inmediatamente Shoyo se sumó a ellos y Suga simplemente no pudo negarse, finalmente tomaron el helado mientras veían una película los cuatro sentados en el sillón, luego de un rato ambos niños se durmieron inclinados sobre Suga.

Daichi cargo primero a Tobio y luego a Shoyo, hasta la habitación del pequeño pelinegro, luego guío a Suga a la habitación de huéspedes y le prestó un pijama para dormir.

No hablaron sobre lo sucedido, el ambiente había quedado algo tensó después del paso de Yui. Suga alegó cansancio para poder encerrarse en la habitación y meditar con calma lo sucedido, después de todo no había dejado de pensar en aquel beso, desde que sucedió.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del peligris al levantarse y ver su reflejo en el espejo de cuerpo entero que había en un rincón. En verdad aquel pijama le quedaba enorme, al punto de que esa camisa le llegaba a la mitad del muslo. Tomó el pantalón, a juego con la camisa, que había quedado a los pies de la cama y luego de meditar un momento volvió a dejarlo allí, no lo había usado porque le quedaba muy grande y se le caía y era más que evidente que eso no había cambiado en el transcurso de la noche.

Salió así como estaba y se encaminó a la cocina, pero sus pies parecieron echar raíces en la sala, cuando sus ojos se encontraron con aquella hermosa imágen.

Daichi estaba en la cocina y solo vestía un pantalón holgado y una toalla blanca la cual restregaba en su cabello.

Suga había notado que el pelinegro tenía un buen cuerpo pero nunca espero confirmarlo de esa manera. Sintió como sus mejillas ardían y eso lo hizo reaccionar. Soltó un suspiro y en ese momento Daichi se giró y una sonrisa apareció en su rostro al ver al peligris con aquel lindo sonrojo.

—Buen día… espero no haberte despertado —dijo quitándose la toalla de la cabeza.

—Buen día —murmuró el peligris devolviéndole la sonrisa.

—Si gustas ducharte hay toallas limpias en el baño y puedes tomar algo de mi ropa, siéntete como en tu casa.

—Gracias, aunque creo que será mejor duchar primero a los niños.

—¿Necesitas que te ayude? —pregunta el pelinegro acercándose a Suga.

—Ah, no te preocupes, si puedo con Shoyo, Tobio no va a ser ningún problema —respondió mientras Daichi se acercaba más a él y el recuerdo de aquel "beso" volvía a su mente.

—¿Seguro? —insistió moviendo un mechón de cabello gris, consiguiendo aumentar el sonrojo de Suga y un leve asentimiento—… ok, terminaré de acomodar todo lo que tenemos que llevar y prepararé el desayuno —murmuró sin despegar sus ojos de los rosados labios del peligris—… definitivamente tu y yo tenemos que hablar —murmuró antes de acortar la distancia y volver a rozar esos tentadores labios con los suyos.

—Definitivamente —susurró Suga completamente rojo, pero feliz.

un capítulo mas y nos acercamos al drama y a mas DaiSuga...

espero les haya gustado.