Mi hijo

Él.

Los pasillos eran completamente blancos y todo el lugar olía a antiséptico. La mayoría de las personas allí se veían tristes y cansados muy pocos eran los que mostraban una sonrisa. Podían escucharse tenues ruidos de máquinas, llantos y murmullos. Ya habían subido tres pisos por las escaleras y él solo seguía a Himuro pues en verdad no tenía ni la más mínima idea de a dónde iban o porque estaban en aquel hospital. Atravesaron unas enormes puertas y el peligris soltó un suspiro al ver otro cartel en ruso, el cual no entendía.

—Himuro ¿Vas a decirme que rayos hacemos aquí? —dijo sin dejar de caminar a la par del pelinegro, quien simplemente pareció ignorarlo.

Caminaron un poco más por aquel desierto pasillo y se detuvieron ante una puerta.

—Tatsuya ya quieres dejar de dar vueltas y decirme de una vez las cosas —se quejó Bokuto mientras el pelinegro abría una puerta y entraba en una habitación.

Recorrió el lugar con la mirada, la habitación no era muy grande, había sólo una cama, varias máquinas funcionando, una mesita de noche, dos sillas y un pequeño armario de dos puertas.

En la cama podía verse a una mujer de unos sesenta o setenta años con un colorido pañuelo que cubría su cabeza. En una de las sillas estaba sentado un hombre de enorme complexión, cabello lila y ojos del mismo color que su cabello, el cual estaba comiendo una enorme barra de chocolate… pero los dorados ojos de Bokuto se detuvieron en el pequeño niño que estaba sentado en el borde de la cama, mostrándole un libro a la mujer…

"No puede ser" la frase Se repitió en su cabeza mientras sus ojos recorrían la figura de aquel niño, de cabello gris, ojos verdes un tanto gatunos, delgaducho y de extremidades largas, con una sonrisa idéntica a la de Hikaru.

—No puede ser —murmuró Kōtarō, de repente todo se volvió negro y lo siguiente que se escuchó en la habitación fue el ruido que produjo el enorme cuerpo del peligris al caer en el blanco piso.

Luego de desayunar y acomodar en el auto, todo lo que habían preparado, partieron. Debían pasar por la casa de Suga para que el peligris y Shoyo se cambiaran de ropa.

Daichi esperó en la sala mientras Suga y los dos niños subían las escaleras. El pelinegro caminó lentamente por el lugar mirando las fotos que decoraban las paredes y algunos estantes, en todas tanto Suga como Shoyo se veían felices. Finalmente se detuvo ante un portarretratos que descansaba en uno de los estantes de una biblioteca, junto a varios recuerdos que anunciaban diferentes lugares del mundo. Aquel portarretratos mostraba una foto de Shoyo en brazos de un pelirrojo, y eso despertó la curiosidad de Daichi… "¿Sería ese el padre de Shoyo?" Tomó el portarretratos y centró sus ojos en el rostro de aquel hombre, estaba de perfil, pero podía notar que sus ojos eran del mismo color que su cabello y por alguna razón se le hizo familiar… ya había visto a esa persona, pero no podía recordar dónde.

De repente sintió que tiraban de su remera y al mirar hacia abajo se encontró con Shoyo extendiendo sus brazos para que lo levanté, cosa que no dudo en hacer, dejo en portarretratos en su lugar y levantó al niño, este sonrió ampliamente y un instante después dejó un beso en la mejilla del pelinegro.

—Gracias —Daichi sonrió y antes de que pudiera preguntar por qué o decir cualquier cosa, el niño continuó—, mamá sonríe mucho cuando está contigo…

—No tienes que agradecer yo también soy feliz estando con tu mamá y contigo —murmuró Daichi antes de devolverle el beso el niño. El pequeño amplió su sonrisa y lo abrazó—… Shoyo ¿te puedo hacer una pregunta?… ¿quién es él? —agregó señalando la foto que había estado mirando.

—Es el tío Seijūrō —respondido el pequeño sin quitar su sonrisa.

—Bien, todo listo, ¿nos vamos? —la voz de Suga llamó la tensión de ambos y al voltear encontraron al peligris acercándose a ellos con Tobio en brazos.

—¿Seguro que ya puedes hacer eso? —pregunto algo preocupado el pelinegro.

—Estas como Asahi —comentó Suga ampliando su sonrisa—. No te preocupes ya estoy muy bien.

El tema quedó allí y volvieron al auto para ir al colegio, donde se realizaría el festival.

El tema de la sala naranja era cuentos de lobos y conejos, motivo por el cual los niños y los padres que ayudaban tenían que usar orejas y colas.

A Suga, Kenma, Asahi, Shoyo, Tadashi y Taichi les tocó ser conejos y servir en el café, mientras que a Daichi, Kuro, Noya, Tendō, Tobio y Kei les tocó ser lobos y coordinar los juegos que se habían preparado, siendo los niños los únicos que cambiarían sus posiciones acompañando tanto en los juegos como en el café.

El festival estaba teniendo mucho éxito. Había muchas personas paseando, comprando cosas y jugando. Tanto en el café como en los juegos apenas si tenían un momento para respirar.

Hacía ya un rato que Shoyo estaba acompañando a Daichi en uno de los juegos de puntería.

—Si voltea tres patos se gana un pastelillo o una caja sorpresa —dijo Shoyo con una enorme sonrisa a la pareja que acababa de preguntar para jugar.

El pequeño pelinaranja estaba sentado sobre la mesa a un lado de la caja de premios, a unos pocos metros de allí estaban Taichi y Tendō en otro juego y en frente Tadashi, Noya y Kuro.

Daichi le entregó tres pelotas al pequeño pelinaranja y él se las pasó a la pareja. Así pasaron un buen rato, hasta que el pelinegro notó que algo había llamado la atención de Shoyo. El pequeño había cambiado su alegre expresión y por un momento se aferró con fuerza al brazo de Daichi, pero de un momento a otro lo soltó, bajo de la mesa y comenzó a correr entre la gente hacia el café.

—Shoyo… Noya ocúpate del juego —fue todo lo que Daichi dijo antes de salir a toda prisa tras el pequeño.

Tobio llevaba una bandeja con unas cuantas galletas, las cuales dejó en la mesa donde Suga estaba sirviendo dos vasos de té helado. Las dos señoras sonrieron con ternura al ver al pequeño pelinegro y una de ellas pellizco su mejilla mientras decía que era "una pequeña hermosura" Tobio buscó refugio aferrándose al delantal de Suga, quien con una enorme sonrisa acarició la cabeza del pequeño.

—¿Te duelen las mejillas Chiky? —preguntó Suga entre risas mientras levantaba a Tobio y acariciaba la enrojecida mejilla del niño.

—Sí —murmuró el pequeño pelinegro asintiendo—… es peor que visitar a la abuela —Suga río y dejó un suave beso en la mejilla de Tobio, cosa que sonrojo al niño.

Bajó a Tobio y sin soltar su manito caminaron hacia el mostrador donde tenían la caja registradora.

—¿Podrían darnos una mesa? —Suga se volteó ni bien escuchó esa voz de mujer, pero sintió su cuerpo congelarse al ver a ese hombre.

Apretó la manito de Tobio y lo escondió detrás de él, mientras sentía como sus pies parecían echar raíces negándose a moverse.

—Hola mi rey, ¿no saludas a mamá? —saludó la castaña inclinándose para ver a Tobio que apenas se inclinó a un costado de Suga para verla.

—Hola —murmuró el pequeño sin soltar a Suga que seguía inmóvil, por lo que levantó la vista para verlo, entonces noto que sus ojos estaban clavados en aquel hombre.

El pequeño miró al hombre al lado de su madre, alto de cabello rubio algo oscuro, ojos grises de mirada fría que iban a la perfección con su expresión seria… de repente sus labios mostraron una sonrisa algo macabra y en ese momento Tobio sintió como Suga lo sujetó con más fuerza y retrocedió un paso siempre asegurándose de mantenerlo detrás de él.

—Sugawara Koushi, el mundo es un pañuelo... no esperaba verte aquí —dijo aquel hombre sin quitar sus ojos del peligris.

—Sadayuki ¿Lo conoces? —preguntó Yui desviando un momento su mirada hacia su acompañante.

—Si nos conocemos bastante bien, ¿No es así? —agregó el rubio acercándose un paso hacia Suga…

—Alejate de mi mamá —dijo Shoyo acercándose a toda la velocidad que sus piernitas le permitían, se detuvo delante se Suga y extendió sus brazos mientras miraba con odio a ese rubio que sólo sonreía sin despegar sus ojos del peligris.

—Shoyo —dijo entre dientes el rubio apenas desviando su mirada al pequeño pelinaranja.

—Shoyo —dijo casi al mismo tiempo Suga sujetando con su mano libre el hombro de su pequeño para pegarlo más a su cuerpo, mientras su expresión cambiaba a una de terror, en ese instante apareció Daichi algo agitado—… aléjate de nosotros —susurró el peligris con un leve temblor sin quitar sus ojos de aquel rubio que seguía acercándose, mientras con su mano intentaba alejar a Shoyo, sin éxito alguno.

Daichi sintió la ira crecer en su interior al ver el miedo en el rostro de Suga y sin dudarlo se interpuso entre ese hombre, Suga y los niños. Miró al rubio y a la castaña, sus ojos destilaban odio. Sintió las manitos de Shoyo aferrarse a su pantalón y el cuerpo de Suga pegado a su espalda, escondiéndose tras él y le fue inevitable notar aquel temblor en el cuerpo del peligris.

—¿Así que por esto no dejaste que me llevará a Tobio? Vaya tontería —murmuró la castaña ignorando el abrumador ambiente que se había formado—… Tobio, mi rey, ven a saludar a Sadayuki —dijo inclinándose para ver al pequeño pelinegro que seguía escondido detrás de Suga.

—No —murmuró Suga—, no te acerques a él —y con la mano que sostenía al pequeño pelinegro lo empujó para esconderlo más detrás de él.

—¡¿Y tú no vas a saludarme Shoyo?! —agregó el rubio con una sonrisa socarrona, mientras se inclinaba en busca de contacto visual con el pequeño que permanecía entre Daichi y Suga.

—Eres un… déjanos en paz —dijo Suga mirando con odio al rubio.

—Mizoguchi Sadayuki, tú no deberías estar aquí —dijo Asahi acercándose al grupo pues el ambiente estaba cada vez más tenso.

—Para su información no estoy aquí por ti —dijo el rubio mirando a Asahi, para finalmente volver a centrarse en Suga—, solo acompaño a mi prometida a ver a su hijo.

—¡¿Por qué haces esto una y otra vez?! —dijo un molesto Daichi pasando su mirada de Yui a Mizoguchi.

—Iwa llama a la policía, al parecer alguien está rompiendo su orden de restricción —el tono frío de Akaashi llamó la atención de todos los presentes y en cuanto Sadayuki centró sus ojos en él, agregó— ¿Crees que tus abogados estarán felices? ¿Tienes una idea de cómo llegamos a un acuerdo? —preguntó acercándose lentamente—… ¿sabes si quiera lo que perderás si pones un dedo sobre Suga o Shoyo? —la mirada de Akaashi, en ese momento podría aterrar a cualquiera.

—No se preocupe abogado, no voy a acercarme a su cliente —dijo el rubio en un tono de pocos amigos, y luego se centró en Yui—, nos vamos —ordenó, miró con desprecio a todos los presentes luego se volteó y comenzó a alejarse.

—¿Sadayuki? —murmuró la castaña sin entender lo que sucedía, pero lentamente comenzó a alejarse tras el rubio.

—Ten cuidado Yui —dijo Akaashi, la castaño sólo le lanzó una mirada fría y siguió su camino.

—¿Estás bien? —preguntó Daichi volteando y centrándose en los ojos de Suga que seguían llenos de miedo.

—Sí —murmuró antes de agacharse entre temblores y abrazar a ambos pequeños—, están bien, están bien, están bien —repetía una y otra vez sin soltar a los niños.

—Suga dime que no te hizo nada —dijo Akaashi agachándose para estar a la altura del peligris, quien sólo negó sin soltar a los niños.

—Solo me tomó por sorpresa…

—Si ese hijo de… te vuelve a poner un dedo encima me voy a asegurar de que pierda hasta las ganas de vivir —aseguró Akaashi sumándose al abrazo de Suga y los pequeños.

Daichi no terminaba de comprender que sucedía. No podía dejar de ver a los dos donceles unidos en aquel abrazo y la expresión de Suga que todavía no cambiaba, aun con la tranquilizadora voz y caricias de Akaashi. Los ojos cafés de Daichi se detuvieron por un momento en aquella cicatriz que el peligris tenía al final de la ceja y eso trajo a su mente la imagen de la primera vez que vio a Suga… su rostro tenía demasiados moretones y marcas, eso lo había intrigado desde el primer momento… quizás había llegado la hora de preguntar, porque si solo sigue esperando quizás nunca llegue una respuesta.

"—Hikaru más alto —gritó un Kōtarō de fiesta años mientras saltaba una y otra vez golpeando con fuerza los balones que su hermano le lanzaba.

—Hermano descansemos un momento —dijo el peligris lanzándole el último balón del canasto.

—Ohhh vamos unos cuantos más.

—Descansemos un momento luego seguimos —Kōtarō infló los cachetes y se dejó caer en el suelo cerca de su hermano que no tardó nada en imitarlo y tirarse a su lado—… no sé de dónde sacas tanta energía, dudo que alguien pueda seguirte el ritmo algún día…

—Solo espero no estar agotado como tú a los quince años —acotó entre risas el más pequeño.

—¡¿Qué?! —dijo en un tono serio Hikaru incorporándose y volteando a ver a su hermano—… ya verás tú pequeño hiperactivo —agregó antes de saltar sobre Kōtarō y comenzar a hacerle cosquillas.

Jugaron durante un buen rato en el pasto, tratando de escapar el uno del otro pero sin dejar de hacerse cosquillas y finalmente volvieron a quedar tendidos en el piso mirando el cielo mientras intentaban recuperar la respiración.

—Ahhh cuando tenga un hijo espero que tenga algo de tu alegría y energía —murmuró Hikaru con una sonrisa en su rostro.

—Si ahora estás cansado, no quiero imaginar cuando tengas un hijo —dijo el más chico riendo—… tendré que ser yo quien le enseñe todo…

—¿Y eso te molesta?

—Claro que no… todavía no lo tienes y ya amo a mi sobrino —ese comentario hizo reír con fuerza a Hikaru—… oye ¿Cuándo tendrás un hijo?

Hikaru volvió a reír con fuerza y Kōtarō lo miró algo extrañado, pero sin importar nada siguió preguntando, ahora quería un sobrino y más le valía a su hermano que eso fuera pronto."

Durante mucho tiempo "¿Donde esta mi sobrino?" Fue un reclamo constante que le hacía a su hermano… y ahora… todavía no lo habían dicho nada, pero no necesitaba demasiado para saber que ese pequeño era hijo de su hermano.

Estaba sentado en una de las sillas y sus dorados ojos no perdían de vista al pequeño peligris desde que recuperó la consciencia. El niño lo miraba con curiosidad medio escondido tras el pelilila.

—¿Bokuto en verdad estás bien? —preguntó un preocupado Himuro al ver que su cliente no respondía y casi no se movía, algo realmente raro en él.

En ese momento Bokuto pareció reaccionar y lentamente giró su cabeza para centrar sus ojos en su abogado. Soltó un suspiro y antes de que pudiera decir algo una vocesita llamó su atención.

—Babushka, él se parece al hombre de la foto que me diste —dijo el pequeño, en ruso, por lo que Bokuto no entendió nada.

—Mi cielo, él es el de la foto que te dí —respondió la mujer también en ruso, lo que hizo que Bokuto se centrará en ambos.

—¿Alguien me dirá que sucede aquí? —preguntó finalmente Kōtarō pasando sus ojos por todos los presentes.

—Atsushi, lleva a Lev a dar un paseo —ordenó la mujer, ahora en japonés para que todos entendieran, apenas mirando al pelilila.

—Vamos Lev compremos algunos dulces para babushka —dijo el más alto en un tono cansino mientras levantaba en brazos al pequeño y salía de la habitación.

—Bokuto Kōtarō, yo te explicaré todo...

Ok, eso fue todo por hoy, quería hacerlo más largo pero he estado algo ocupada.Espero que les guste.Los próximos días veré si me dedico un poco más a escribir, considerando que voy a estar unos días en el campo en un huyó sin internet puede que avance un poco más... Y si todo va bien estaré publicando para el cumple de Daichi, no prometo para navidad, porque como ya dije estaré en el campo.Feliz navidad a todos y espero publicar antes de año nuevo.Para finalizar solo me queda agradecerles a todos por leer y seguir esta historia, por sus comentarios, es genial saber cuánto les gustaAhora sí para finalizar...¡¡¡¡¡ FELIZ CUMPLE TOBIO !!!!!