Mi hijo
Te contaré
—Bokuto Kōtarō, yo te explicaré todo —dijo la mujer volviendo a ganarse la atención del peligris—… yo soy María Haiba madre de Maia y ese pequeño que acabas de ver es Lev Haiba… hijo de Maia y Hikaru…
—Eso lo supe en cuanto lo ví, es idéntico a él —dijo Bokuto con una expresión seria—… pero lo que más me interesa saber es ¿Por qué no sabía nada de su existencia hasta ahora? —agrego en un tono realmente frío, cosa que sorprendió a Himuro ya que era realmente raro ver y escuchar a Kōtarō así.
—Debo decir… lo siento, eso es mi culpa —respondió María con una mirada triste—… cuando Hikaru se enteró del embarazo, se puso muy feliz, vinieron a verme y me contaron que se casarian… Hikaru quería volver a Japón para contarle todo a su familia, no quería hacerlo por teléfono, Maia iba a ir con él, pero yo me descompuse unos días antes, Hikaru quería cambiar la fecha del vuelo pero Maia insistió en que fuera —soltó un suspiro y centró sus ojos en sus manos—. Cuando nos enteramos lo del accidente ella estaba aquí conmigo… fue un golpe terrible, quedó muy mal, su mente se perdió… algunos de mis familiares vinieron a ayudarnos. Maia no reaccionaba y yo tenía que iniciar la quimioterapia…
—¿Por qué nunca nos buscó? Podría haber llamado y la habríamos ayudado —interrumpió Kōtarō con una mirada triste.
—Lo pensé y estuve a punto de hacerlo muchas veces, pero el miedo siempre me ganó, después de todo apenas si tú conocias a Maia, cualquiera creería que iba tras el dinero de la familia… cuando Lev nació yo estaba mucho mejor y la que empeoró fue Maia al punto en que tuvimos que internaron para que estuviera más vigilada… para mí era evidente que Lev se parecía a su padre, no tenía casi nada de Maia...lo ame desde que supe que existía y cuando nació supe que sería como Maia en su momento, sería mi nueva razón de vivir… Desde entonces me dió miedo que se lo llevarán, por eso seguí sin decirle nada a tu familia…
—¿Y por qué ahora me lo dice? —preguntó Kōtarō nuevamente con ese tono frío.
—Kōtarō —dijo Himuro dispuesto a regañar al peligris, sabía que lo que María hizo le molestaba, pero la pobre mujer no se merecía ese trato…
—Himuro esta bien, me lo merezco —interrumpió la mujer mirando con tristeza a los dos hombres—...Maia murió, se quitó la vida hace dos años, mi cáncer volvió y estoy peor que antes no voy a sobrevivir esta vez, antes temía que me lo quitarán, si iba a juicio o algo ustedes ganarían porque tienen lazo sanguíneo, yo soy madre adoptiva de Maia… los doctores dicen que con suerte me quedan dos meses, ese niño ha sido mi razón de vivir y no quiero que me vea muriendo… Hikaru siempre dijo que si tenía que confiarle su vida a alguien ese serias tu, por eso te pido que te hagas cargo de lo más importante que tengo, es todo lo que me queda y quiero que sea muy feliz.
—Kōtarō, tú y tus padres son la única familia de sangre que Lev tiene… Hikaru dejo todo lo que tenía para ti, y si hubiera previsto lo que venía creo que también te hubiera pedido que cuidaras de su hijo —dijo Himuro centrando sus ojos en un Bokuto que parecía algo perdido—… si no eres tú, serán tus padres y María te está facilitando el papeleo, aunque de todas formas haremos un análisis de ADN para evitar cualquier queja o apelación…
—Uno, claro que lo quiero, es mi sobrino y dos acabas de decir que somos su única familia ¿Quien podría apelar?
—Bueno… algunos de mis familiares no está de acuerdo, todos quieren mucho a Lev y han querido su tenencia desde que enferme… por eso mi hermana le pidió a su hijo Murasakibara Atsushi que venga para ayudarme, él se ha encargado de los abogados y de cuidar a Lev mientras estoy aquí, pobre ya hace casi un año que está aquí con nosotros —respondió la mujer regalándole una sonrisa al peligris.
—Ok el lunes haremos el análisis e iniciare con el papeleo, mientras tú tendrás tiempo para ir conociendo a Lev, en cuanto estén los resultados finalizamos el papeleo y podremos irnos —informó Himuro, obteniendo una media sonrisa de Kōtarō y antes de que esté pudiera decir algo agregó—… calculo que estaremos una semana más aquí.
Ahora si Kōtarō sonrió ampliamente, en verdad le parecía aceptable ese tiempo y estaba realmente emocionado, tenía un sobrino y podría comenzar a conocerlo, quería contarselo a Akaashi, finalmente tendrían una familia con todo y un pequeño. Sabía que su amado pelinegro era muy feliz cuando compartía su tiempo con los niños y estaba seguro de que Lev también lo haría muy feliz.
—¿Crees que estará bien? —preguntó Noya quitándose las orejas y centrando sus ojos en su esposo.
—Daichi dijo que se lo llevaría a su casa, no quería dejarlo solo en ese estado y cualquier cosa si sucede algo nos llamara —respondió Asahi mientras subía a Tadashi al auto.
—Pero que… como se atreve… si lo hubiera visto no se salvaba de unos buenos golpes —dijo el doncel mientras se movía hacia la puerta del auto y lanzaba puñetazos al aire.
—Noya —murmuró Asahi antes de soltar un suspiro cansado que evidentemente llamó la atención del doncel—… creo que tendríamos que preocuparnos por el almuerzo de mañana con tus padres… es evidente que algo está pasando…
—Amor ahora no —respondió Noya centrando sus ojos en Tadashi que jugaba con su conejo de tela en el asiento trasero del auto.
Asahi no insistió, conocía a su esposo y sabía que, más que por Tadashi quería evitar el tema por si mismo.
El trayecto hasta su hogar fue corto y Asahi no se cansaba de agradecer que finalmente hayan podido mudarse, pues realmente era cansador hacer aquel trayecto de poco más de una hora de ida y de vuelta todos los días. La casa todavía estaba algo caótica, pues no habían tenido mucho tiempo para acomodar.el cuarto de Tadashi era lo único que realmente estaba en orden en las otras habitaciones y en la cocina todavía había cajas por desocupar, motivo por el cual terminaron pidiendo comida esa noche.
Tadashi dibujaba en la mesita de la sala mientras Asahi y Noya acomodaban las cosas en la cocina, a la espera de que llegara su cena.
—¿Crees que ya sepa dónde vive Suga ahora? —preguntó Noya sacando los cubiertos de una caja para acomodarlos en un cajón.
—No creo, al parecer fue un encuentro realmente casual —respondió Asahi volteando a ver a Tadashi—… lo juro si vuelve a aparecer yo mismo llamó a Kaede, aunque Suga se moleste y no quiera hablarme más.
—Amor sabes que si llamas a su madre en verdad se va a enojar…
—Todavia no entiendo por qué no le quiere decir —agregó Asahi soltando un suspiro cansado.
—Eso es obvio… Kaede es demasiado controladora, sabes lo que hubiera hecho de ver a Suga en ese estado… si ella se entera seguro él deja de molestar, pero también es seguro que no veremos a Suga por un largo tiempo.
—¿Pero tú qué preferirías, volver a tener un Suga aterrado que ni siquiera puede salir de casa o que esté bien y seguro en cualquier lugar del mundo? —preguntó Asahi mientras se pasaba ambas manos por la cabeza.
—Amor —murmuró Noya acercándose y abrazando a su esposo—, fue difícil para todos, pero Suga es parte de nuestra familia, no quiero volver a verlo así, pero tampoco quiero que Kaede se lo lleve o lo rodee de guardaespaldas que no nos permitan verlo… entre todos cuidaremos de él —agregó antes de apoderarse de la boca de su esposo, finalmente terminaron el beso porque el timbre los interrumpió.
Suga se encontraba nuevamente en la casa de Daichi, sentado en el sillón, frente al televisor, con Tobio en brazos y a su lado estaba Daichi con Shoyo en brazos. Entre ellos había un enorme pote de helado, que ahora solo contenía un pequeño resto de helado derretido y cuatro cucharas.
Suga internamente agradecía el intento de Daichi por distraerlo, pero a pesar de todo no podía dejar de sentir miedo, de solo recordarlo, su cuerpo comenzaba a temblar. Había temblado durante todo el viaje hasta la casa, al llegar Shoyo y Tobio lo arrastraron hasta el sillón, se sentaron con él y lo abrazaron, y recién entonces pudo dejar de temblar.
—Creo que lo mejor será llevarlos a la cama —la voz de Daichi hizo que la mente de Suga volviera a su lugar. Miró a Tobio que ahora dormía entre sus brazos y luego a Shoyo que cabezeaba mientras los ojitos se le cerraban.
El peligris asintió, se levantó y siguió al pelinegro hasta la habitación de Tobio. Daichi sacó la cama que se guarda debajo de la de Tobio y dejó allí a Shoyo antes de ir hasta el armario en busca de una almohada y una manta, mientras Suga dejaba a Tobio en su cama, el pequeño pelinegro se despertó en ese momento, miró a Suga y le regaló una sonrisa.
—Buenas noches mi cielo, vuelve a dormir, que tengas dulces sueños —murmuró Suga antes de dejar un beso en la frente del niño y cuando estaba por rodear la cama para hacer lo mismo con Shoyo, sintió la manito del pelinegro que lo detenía—… ¿Sucede algo?
—Toma —dijo extendiéndole su perrito de peluche naranja—… lleva a Otto, te cuidará está noche.
—Muchas gracias mi amor —murmuró con una sonrisa casi sin poder contener la emoción, sujetó a Otto y dejó otro beso en la mejilla del pequeño, este le devolvió el beso, el peligris le acarició la cabeza y sin más rodeo la cama y le dió un beso en la frente a Shoyo— buenas noches mi pajarito, descansa y que tengas dulces sueños.
—Buenas noches, te quiero mucho mamá —respondió el pequeño abrazándose al cuello de su mamá y dejando un sonoro beso en su mejilla.
Suga se alejó lentamente y salió de la habitación mientras Daichi arropaba y saludaba a los niños.
—Buenas noches Chiky —murmuró dejando un beso.en la frente de Tobio, luego de arroparlo.
—Buenas... noches… papá —respondio el pequeño que ya no resistía el sueño.
—Buenas noches Shoyo —saludo al pequeño pelinaranja repitiendo el mismo proceso que con Tobio.
—Daichi, ¿cuidaras a mamáSuga? —murmuró Shoyo con una mirada suplicante.
—No te preocupes, yo lo cuidaré, descansa —agregó al pelinegro acariciando la mejilla del niño.
Apagó la luz y salió de la habitación arrimando la puerta. Buscó a Suga en la sala, la cocina y el baño, pero el peligris no estaba, entonces se encaminó al único lugar posible, la habitación de huéspedes, la misma que el peligris había usado la noche anterior. La puerta estaba arrimada, le dió un leve golpe y la empujó para abrirla… y allí estaba Suga, sentado en el borde de la cama, abrazando el perrito de peluche que Tobio le había dado, podía notar como temblaba y por su expresión supo que se estaba esforzando por contener las lágrimas. El pelinegro se acercó sin decir nada, se sentó a su lado y simplemente lo abrazó. Suga no dijo nada y se dejó hacer, escondió el rostro en el pecho del pelinegro, y la seguridad que aquellos brazos le brindaban permitió que todas las lágrimas que estaba conteniendo se liberaran. Daichi lo aferro con fuerza y solo dejó que se desahogue.
Suga no supo cuánto lloro o en qué momento terminaron acostados en la cama y mucho menos en qué momento se quedo dormido… pero si sabía que hacía mucho tiempo no se sentía tan seguro, como en ese momento, entre los brazos de Daichi. El perfume de aquel hombre invadía todos sus sentidos y en verdad le encantaba y no sabía porque pero los latidos de aquel corazón lo tranquilizaban más que cualquiera de los cesantes que había probado.
Estaba demasiado cómodo sobre aquel fornido cuerpo, podía sentir la penetrante mirada de Daichi sobre su cuerpo, una mano acariciando suavemente su espalda y la otra jugando con uno que otro mechón de su cabello. Quería quedarse así todo lo que fuera posible, mantener sus ojos cerrados y olvidar todo, pero ese deseo de ver aquellos ojos cafés que velaban su sueño se hacía más grande a cada segundo… y finalmente el deseo le ganó, abrió sus ojos y levantó la vista. Sus orbes color caramelo chocaron con aquellos color café llenos de ternura, y una sonrisa se dibujó en los labios del peligris. Sintió como Daichi dejó un tierno beso en su frente e inmediatamente sintió como sus mejillas comenzaron a arder.
—¿Te sientes mejor? —preguntó el pelinegro ampliando su sonrisa por aquel sonrojo, en verdad le encantaba provocar esas reacciones en el peligris. Suga solo asintió y luego de un momento Daichi agregó— ¿Quieres algo para comer o tomar? —Suga negó y volvió a sonreír.
—¿Que hora es?
—Son las tres menos diez —respondió el pelinegro mirando el reloj que había sobre la mesita de noche, a un lado del velador que iluminaba el lugar—… deberías volver a dor…
—¿Tengo que contarte… no? —interrumpió Suga, antes de soltar un suspiro algo resignado.
—Eso lo decides tú, cuando estés listo te escucharé… no tienes que contarme ahora sí no quieres.
Suga volvió a suspirar, se acomodo un poco más sobre el pecho de Daichi y luego de dibujar algunos círculos con los dedos, sobre la camisa del pelinegro, murmuró…
—Te contaré…
Si lo reconozco soy malvada y los acabo de dejar con la re vena, muajaja
Pero bueno es hasta donde llegue, veré si puedo llegar con el siguiente cap par ael cumple de Asahi, pero no prometo nada, considerando que es el primero, va a estar complicado.
Ok hasta ahora tenemos un poco de la historia de Lev, ahora habrá que ver cómo reacciona Akaashi ante esto.
En el próximo cap prometo centrarme en la historia de Suga.
Como siempre espero que les haya gustado, gracias por leer y comentar... Y por último...
¡¡¡¡¡Feliz cumple DAICHI!!!!!
