Mi hijo

Recuerdo: obsesión y dolor

Suga pasó todo el domingo al lado de su pequeño, jugando con él y dándole cariño, luego por la tarde llegaron Akashi y Bokuto, y mientras Kōtarō jugaba con Shoyo afuera, Suga y el abogado hablaron sobre lo sucedido y que debía hacer. Akashi insistió en denunciarlo, pero Suga decidió que terminaría con él y lo denunciaría de ser absolutamente necesario, en verdad no quería exponer a su pequeño. Shoyo se durmió en brazos de Akashi. Luego de que la pareja se fuera, Suga se hizo lugar en la cama de Shoyo, el pequeño se removió un poco y finalmente se acurrucó abrazando el cuerpo de Suga.

El lunes por la mañan Shoyo volvía a sonreír como siempre. Suga le dio varios besos antes de dejarlo en el preescolar. Al salir de allí se dirigió al edificio donde trabajaba Sadayuki. Él era el vicedirector ejecutivo, de la empresa de la familia, así que lo más probable era que estuviera ocupado por lo que aquello sería rápido. El peligris estuvo evitando sus llamadas y mensajes desde que vio las marcas en el cuerpo de Shoyo.

Se presentó en la recepción y lo hicieron subir hasta el último piso. Al salir del ascensor caminó por el pasillo hasta el escritorio donde se encontró con una secretaria que le mostró una tenue sonrisa.

—Buenos días, señor Sugawara —el peligris asintió con una pequeña sonrisa—, el señor Mizoguchi lo está esperando, solo tiene unos minutos antes de una importante reunión.

—No necesito mucho tiempo, gracias —respondió el peligris antes de abrir la puerta de la oficina.

Sadayuki levantó la mirada y una sonrisa se dibujó en sus labios al ver a Suga, pero está desapareció tan rápido como apareció, al notar la expresión seria del doncel que parecía no querer acercarse, pues se quedó de pie a dos pasos de la puerta.

—Buen día Suga… no te esperaba… ¿Sucede algo? —preguntó sin rodeos luego de desviar su mirada un momento hacia el reloj.

—Buen dia… voy a ser rápido y claro con esto —soltó un suspiro y continuó—… lo nuestro no puede ser y aquí se termina, no me llames, no me escribas y no te acerques a mí o a Shoyo.

La sorpresa se notaba en el rostro del rubio, quien inmediatamente se puso de pie y comenzó a acercarse lentamente.

—¿Qué? Un momento, no entiendo ¿Que sucedió?

—Tu sabes bien lo que sucedió —afirmó Suga abriendo la puerta y saliendo de la oficina.

—Suga, espera, no puedes… hablemos —dijo con algo de desesperación el rubio, pero el doncel solo le lanzó una mirada sería y caminó lo más aprisa que pudo hasta el ascensor.

En el pasillo se encontraban unos cuantos ejecutivos, que se dirigían a la sala de juntas y eso fue lo que evitó que Sadayuki lo siguiera en ese momento.

Ese día Suga tuvo que apagar su celular y desconectar su teléfono, pues las llamadas eran incesantes. Recogió a Shoyo en el preescolar casi una hora antes del horario de salida y en el mismo taxi que tomó para ir a recogerlo, fueron hasta la casa de los Azumane. Sabía que no había nadie a esa hora, Asahi estaba trabajando y Noya ya había salido para recoger a Tadashi, pero Suga tenía una copia de la llave y sabía bien que sus amigos no se molestarían si esperaban allí.

Para Suga era más que evidente que Sadayuki seguiría insistiendo y muy probablemente iría a su casa en un horario seguro y eso era después de recoger a Shoyo y en la noche.

—Mamasuga… Dashi todavía no llegó —dijo Shoyo inflando los cachetes luego de haber recorrido casi toda la casa en busca el pecoso.

—Lo sé pajarito, te lo dije, llegará en un rato —el niño bajo lo mirada y Suga soltó un suspiro—… ¿Qué te parece si hacemos unas galletas para cuando llegué?

—Siiiiiii —gritó el pelinaranja corriendo hacia la cocina—… ¿Con chocolate?

Suga soltó una carcajada, definitivamente ese era el motivo por el que Shoyo era el centro de su mundo. Desde la primera vez que lo tuvo en brazos logró sacarle una sonrisa y hacerlo olvidar del mundo, y los seguía consiguiendo sin tener que esforzarse.

Cuando los Azumane llegaron a casa todo el lugar olía a galletas y encontraron a Shoyo y Suga jugando al vóley en el jardín. Luego de un grito y un salto para detener un remate de Shoyo, Noya se unió a ellos y arrastró a Tadashi con él.

Luego de jugar un rato y merendar, Suga les contó a sus amigos lo sucedido y estos luego de despotricar contra el rubio insistieron para que se quedarán allí esa noche, cosa que el peligris acepto luego de hablar por teléfono con su vecina, quien le contó que Sadayuki lo había estado buscando.

Así comenzo su calvario. Sadayuki no dejaba de insistir y él solo seguía ignorandolo todo lo que podía. Akaashi intervino hablando con los abogados del rubio y gracias a eso el rubio se detuvo bastante aunque seguía escribiendo mensajes y llamando, siempre pidiendo verle para poder hablar y aclarar todo.

—Sigue mi consejo Suga, no lo veas —la voz de Akaashi sonaba cansada por el teléfono.

—Akaashi, solo quiero que me deje en paz, que deje de insistir... hace una semana que sigue igual, no puedo seguir incomodando a Asahi y Noya, aunque ellos insistan en que no les molesta acompañarme —Suga miró a Shoyo que acababa de dormirse en el sillón y suspiró…

—Podemos pedir una orden de restricción, con las fotos de los moretones de Shoyo sería muy fácil…

—Keiji eso no va a pasar, no voy a exponer a Shoyo ante nadie —interrumpió el peligris—… además ya te hable sobre mi madre…

—Lo sé, lo sé… pero sabes que eso sería más fácil que solo esperar a que desista.

—Gracias por preocuparte Akaashi… cualquier cosa te llamo, buenas noches, saludos a Bokuto.

—Buenas noches, por favor hazme caso, Bokuto también te manda saludos.

Suga sintió un escalofrío recorrer su espalda y miró a su alrededor. Hacía varios días que se sentía así y lo único que lo tranquilizaba era abrazar a su pequeño. Volvió a asegurarse de que todo en la casa estuviera bien cerrado, luego levantó a Shoyo del sillón y se dirigió a su habitación, esa sería otra noche que compartiría su cama con su bebé.

Pasaron dos semanas y Mizoguchi Sadayuki no se daba por vencido, por lo que finalmente Suga accedió a verlo. Era simple se verían, respondería las preguntas del rubio y luego cada uno seguiría con su vida.

Suga se estaba terminando de acomodar para ir a la reunión con Sadayuki, en el café que está a unas cuadras del preescolar de Shoyo, había decidido reunirse una hora antes del horario de salida del niño, para asegurarse de que aquello no durará más de lo deseado. El timbre llamó su atención y al abrir la puerta se encontró con Sadayuki.

—Hola… ¿Qué haces aquí? Quedamos que nos veríamos a las cuatro en el café y falta más de media hora para eso.

—Lo sé, pero no podía esperar y la verdad preferiría algo más tranquilo que ese café —respondió acercandose más a Suga, quien luego de dudar un momento se movió para dejarlo entrar.

El rubio se sentó en el sillón y Suga se ubicó en el sillón frente a él. El ambiente se volvió algo tenso y parecía que ninguno de los dos quería comenzar a hablar.

—Bien —murmuró Sadayuki antes de soltar un suspiro—… ya hace más de dos semanas que terminaste conmigo y todavía me pregunto ¿Por qué? —su tono era serio y algo intimidante, por lo que aquella situación no le estaba agradando al peligris.

—¡¿En serio no se te ocurre por qué?!

—No… hasta donde sé pasamos un buen fin de semana… reconozco que de la empresa fueron más molestos que de costumbre, pero —se detuvo al notar la mirada de incredulidad del peligris…

—Cuando iniciamos la relación yo te dejé bien claro que Shoyo era, es y será lo más importante para mí —el rubio asintió, Suga soltó un suspiro y continuó—… ¡¿Como pudiste amenazarlo y maltratarlo de esa manera?! —ahora el de expresión incrédula y quizás algo molesta era Sadayuki—… ¡¿En verdad pensaste que no iba a notar los moretones o el cambio de actitud en mi hijo?! —Suga iba subiendo el volumen con cada palabra.

—Suga, yo no le dije ni hice nada a Shoyo… en verdad no puedes creer eso, jamás le haría algo a tu hijo, sé cuánto lo adoras…

—Creo en lo que ven mis ojos.

—Por favor si tenía alguna marca pudo habersela hecho jugando, Shoyo es un niño muy inquieto pudo haberse golpeado o algo y olvidó decírtelo… y si te dijo algo de mi puede ser solo por celos, yo le pregunté si le gustaría tener un hermanito y creo que no le gustó demasiado la idea…

—No puedo creerlo —dijo Suga poniéndose de pie y comenzando a caminar de un lugar a otro—… ¡¿Que tan idiota crees que soy?! en verdad quieres hacerme creer eso… ese fin de semana estuve todo el tiempo junto a Shoyo solo lo perdí de vista cuando me metí a ducharme y jamás podría creer que Shoyo está celoso por la idea de un hermanito, cuando él me lo ha pedido ya varias veces…

—Suga —dijo el rubio ya bastante impaciente, intentando acercarse al peligris quien solo seguía caminando por la sala intentando alejarse…

—Suga nada… ¿Por qué insistes tanto conmigo? Primero para que salgamos y luego para que tengamos un hijo, aún cuando es muy evidente que no te amo… acepte salir contigo y esperaba sentir algo más que simpatía y este tenue cariño, que no es mucho más grande de lo que siento por algún amigo… no entiendo qué pretendes lograr con est…

Suga no pudo terminar lo que estaba diciendo pues un golpe en la mandíbula se lo impidió. Entre el golpe y la impresión el peligris terminó en el piso y al volver a mirar a Sadayuki se encontró con una expresión que no podía descifrar, sombría y algo terrorífica.

—Tu quien rayos te crees —vociferó el rubio y antes de que Suga pudiera levantarse le dió una patada en el estómago que hizo que el peligris se retorciera de dolor—, ¿Sabes cuántas mujeres y donceles se mueren por estar conmigo?... Pero tú no, tenías que hacerlo difícil —agregó golpeando una y otra vez al doncel.

Suga apenas podía moverse, con el peso de Sadayuki sobre él y los incesantes golpes. Todo el cuerpo le dolía, sentía la sangre corriendo en diversas partes de su cuerpo y a penas podía entender lo que decía el rubio.

—Solo tenías que aceptarme y tener un hijo conmigo… un heredero que uniera las dos empresas… pero no… crees que esto se acaba cuando tú quieres, claro que no —volvió a vociferar, estallando nuevamente en ira y volviendo a atacar incesantemente.

Despertó escuchando aquel incesante pitido, pero los párpados le pesaban demasiado, todo el cuerpo le dolia. Abrió lentamente los ojos para encontrarse en una habitación completamente blanca, recorrió el lugar con la mirada y se detuvo en la silla a su izquierda, donde estaba sentado Asahi, con la preocupación marcada en su rostro y con Shoyo dormido entre sus brazos, con unas evidentes marcas de lágrimas surcando sus mejillas.

—Hace un rato se durmió, ha llorado desde que te encontramos… no quería estar con nadie, mordió a una enfermera, golpeó a Yū… gritó, lloró y pataleo para que no se lo llevarán y aceptó quedarse conmigo porque le prometí que nos quedaríamos aquí —murmuró Asahi inspeccionando con la mirada el rostro magullado del doncel.

—¿Qué pasó? —la pregunta apenas se escuchó y fue acompañada por un quejido de dolor.

—Me llamaron del preescolar porque no habías llegado, por suerte ya estábamos volviendo del colegio de Tadashi, los dejé en casa y fui por Shoyo… seguía intentando comunicarme contigo… jamás me imaginé algo así, solo pensé que tú celular se había apagado y te perdiste escribiendo… firme el acta, me disculpé por ti, Shoyo lloraba y quería ir a casa, de haber sabido no lo hubiera llevado —Asahi se veía dolido, al parecer en verdad lamentaba lo que sucedió y Suga le regaló una pequeña sonrisa que decía "no te preocupes no es tu culpa"—… En cuanto abrí la puerta Shoyo corrió al interior, lo atrape cerca de los sillones, porque se detuvo a unos metros de ti, estabas en el piso inconsciente, muy golpeado y sangrando… deje a Shoyo llorando en la apuesta de tu estudio y me acerqué a ti para revisarte el pulso, era muy débil y seguías sangrando, llamé a una ambulancia he hice todo lo posible para detener el sangrado —los ojos de Suga inspeccionaron las manos y las mangas de Asahi y todavía había rastros de sangre en ellas—… intente que Noya se lo llevará, pero no hubo caso, no se quería mover de aquí hasta saber que estás bien, estuvo preguntando cuando despertarias —agregó volviendo a mirar al pequeño pelinaranja que dormía sentado en su regazo—… tu abogado está esperando afuera con un policía que quiere tomar tu declaración… ¿Quieres que entren ahora?

Suga se miró a su mismo, estaba cubierto de moretones y más de una venda. Intentó moverse y el dolor recorrió su cuerpo.

—No te muevas, tienes dos costillas rotas —dijo el castaño sujetando bien a Shoyo y poniéndose de pie. El dolor surcó el rostro de Suga pero de todas formas se movió un poco hacia un lado.

—Acuestalo conmigo —Asahi dudó un momento y finalmente acomodo al pequeño a un lado de Suga—… gracias Asahi… ¿Noya está aquí?

—No, lo envié a casa con Tadashi, hace rato, ya son casi las doce de la noche.

—¿Puedes pedirle a Akaashi que entre? —el castaño asintió y sin decir nada más salió de la habitación.

ok. hasta aquí este cap. espero que les haya gustado, y bueno ya saben que le suceduo. a nuestro querido Suga.

como siempre gracias por leer y comentar