Mi hijo
Almuerzo en familia.
Noya se removió en la cama y abrió los ojos al notar que estaba solo. Miró a su alrededor mientras bostezaba y se estiraba un poco. El reloj marcaba las ocho y cuarto, Asahi no estaba en la habitación y entonces escuchó el agua corriendo en el baño de la misma.
Salió de la cama haciendo todo lo posible para no hacer ruido y siguiendo con ese esfuerzo entró al baño. El lugar estaba siendo inundado lentamente por el vapor y una sonrisa ladina se dibujó en los labios de Noya al ver la silueta de su esposo en la ducha a través de la mampara. Se quitó la ropa interior y la camiseta que usaba para dormir, con cuidado abrió la mampara y entró en la ducha. Asahi terminaba de lavar su cabello y al estar con los ojos cerrados no notó la intrusión de su esposo.
Noya se mordió el labio inferior y sin demora llevó sus manos a la marcada espalda de su esposo, quien dió un pequeño respingo, pero se dejó hacer. Las manos del doncel recorrieron la espalda y luego de pasearse un poco por los abdominales de Asahi comenzaron a bajar hacia el semi erecto miembro de su esposo, el cual comenzó a acariciar mientras dejaba besos y mordidas en esa espalda que tanto le gustaba.
—Yū —exclamó Asahi ya excitado por las caricias de su esposo, quién acababa de rodearlo y ahora estaba frente a él—… amor, no…
Las palabras se quedaron en la garganta del hombre al sentir como su miembro era besado e inmediatamente engullido por la linda y caliente boca de su esposo. Noya comenzó con un vaivén metiendo y sacando el miembro en su boca mientras con una de sus manos masturbaba lo que no entraba en su boca y con la otra jugaba con los testículos de su hombre.
Asahi apenas podía respirar, estaba realmente excitado, no podía negar que su esposo sabía dónde tocarlo o como satisfacerlo y ahora necesitaba más. Sujetó al doncel de la cabeza y lo alejó de su miembro para inmediatamente apoderarse de su boca en un beso apasionado y hambriento, muy hambriento. Mordió el labio inferior de Noya mientras lo levantaba sin ningún problema. Sintió las piernas de su esposo rodeando su cintura y sin demora llevó sus dedos a la entrada del doncel. El agua recorrería ambos cuerpos y Yū no podía dejar de jadear mientras Asahi lo preparaba con sus dedos.
—Amor, ya está bien… te quiere dentro —dijo el doncel con mucha dificultad y Asahi simplemente obedeció.
Lo penetró tratando de ser cuidadoso y cuando su erecto pene entró por completo en Noya, apoyó la espalda de este, contra la azulejada pared y comenzó a embestir aquel pequeño cuerpo sin dejar de besarlo y morderlo. Los gemidos y jadeos retumbaban en el baño, cada vez más alto y solo se detuvieron después de que los golpeara el orgasmo. Se quedaron en esa opción mientras intentaban recuperar la respiración.
—Hacia mucho que no lo hacíamos así —murmuró el doncel con algo de dificultad pero mostrando una hermosa sonrisa.
—Hacia mucho que no te metias mientras me duchaba —agregó Asahi antes de volver a besar esos labios ahora algo hinchados por toda la actividad.
Entre besos, caricias y risas terminaron de ducharse y envueltos cada uno en una bata volvieron a la habitación y comenzaron a buscar que ponerse.
—¿Debemos vestir muy formal? —preguntó Asahi mirando sin ganas uno de sus trajes.
—No quiero ir —murmuró el doncel, ganándose toda la atención de su esposo, quien rápidamente se giró y centró sus ojos en él.
—Yū, sé que no te gusta la idea, y sabes que a mí tampoco me agrada —comentó acercándose a la cama y arrodillándose frente a su esposo, quien estaba asentado en el borde la la misma—… pero creo que a pesar de todo debemos hacerlo… recuerda que tu tía Hanna nos rogó que vayamos… amor, puede que en verdad sea importante —agregó acariciando la mejilla de Noya. El doncel cerró los ojos y soltó un pesado suspiro.
—Nada realmente formal, simple… yo levantó a Dashi tu preparas el desayuno —murmuró dibujando una pequeña sonrisa en su rostro, lo que hizo sonreír a Asahi, quien no dudo en volver a besarlo.
Al mediodía llegaron al edificio de departamentos donde estaban viviendo los padres de Noya. El recepcionista les dió la bienvenida y luego de informar de su llegada, les permitió pasar. El viaje en ascensor hasta el décimo piso se le hizo eterno a Yū, quien no dejaba de jugar con sus dedos mientras veía como Tadashi, en brazos de Asahi, jugaba con su libro de pegatinas, del cual había despegado varias estrellas y las había pegado en sus mejillas y ahora pegaba algunas en la mejilla de Asahi. Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios del doncel, pero en cuanto las puertas del ascensor se abrieron, desapareció.
Asahi tomó la mano de Yū, con su mano libre y lo guío por aquel pasillo hasta la puerta correspondiente, y sin demora tocó el timbre, un momento después eran recibidos por una sonriente Momoi, quien los saludó con un beso en la mejilla a cada uno.
Adentro se encontraron a Takano, en la sala, charlando animadamente con Hanna, Takuya y Mutsumi.
Takuya Azumane un fornido y alto pelirrojo, ya con algunos mechones blancos, de ojos marrones, algo rojizos. Mutsumi Hachiouji un doncel apenas más bajo que su esposo, de cabello castaño y algo regordete, que siempre sonreía, lo que hacía que sus ojos marrones, idénticos a los de su hijo, se vieran pequeños.
Todos los presentes centraron su atención en los recién llegados.
—Mumi, abuelo Mumi —gritó Tadashi extendiendo sus manos hacia Mutsumi, con una enorme sonrisa en su rostro.
—Tadashi, mi cielo —dijo Mutsumi apresurandose a tomar en brazos a su nieto y darle unos cuantos besos en las mejillas.
—Padres ¿Qué… ?
—Yo los invite a almorzar —dijo Takano interrumpiendo a Asahi.
—¿Y desde cuándo tú te llevas bien con mis suegros? —indagó Yū frunciendo un poco el ceño.
—Hace unos días se comunicaron con nosotros, hemos hablado mucho y está todo bien —respondio Mutsumi mientras su esposo sujetaba y saludaba a Tadashi.
Los saludos fueron rápidos y siguieron con una charla amena y familiar. Noya no podía creer lo que veía y escuchaba. Sus suegros eran geniales, lo aceptaron y lo quisieron como a otro hijo desde el primer momento y se alegraron muchísimo cuando Asahi y él comenzaron su relación, intentaron ayudarlo con sus padres muchas veces, pero estos siempre los rechazaron, por eso se le hacía difícil creer lo que estaba sucediendo en ese momento. El doncel solo se mantuvo en silencio, observando todo lo que sucedía a su alrededor, manteniéndose a la derecha de Asahi, pero a diferencia de su esposo, en ese momento, él no podía dibujar una sonrisa en su rostro. Apretó un poco el agarre de su mano con la de su esposo e inmediatamente sintió como este hacía lo mismo, miró un momento a Asahi, quien le sonrió con dulzura y luego centró sus ojos en Tadashi que jugaba sentado en el piso frente al enorme ventanal y entonces noto a su madre quien llevaba una gran caja repleta de juguetes para el pequeño.
Yū sabía que su humor no era el mejor, todavía tenía muchas dudas de estar allí y lo único que podía hacer era contenerse para no mandar a sus padres a freír churros e irse de allí. No podía dejar de pensar en cómo había sido su vida al lado de ellos y todo lo que intentaron para separarlo de Asahi. Estaba seguro que se traían algo entre manos, pero no le quedaba otra que esperar y tal vez reconocer que si se estaban esforzando por acercarse.
—Bueno vamos a almorzar —dijo Momoi luego de un rato, guiando a todos hacia la mesa del comedor.
—¿Tú cocinaste? —preguntó Noya algo incrédulo mientras se sentaba entre su esposo y su pequeño.
—¡Que poca fe tienes en tu madre! —dijo Hanna entre risas, provocando risa en Mutsumi y una mirada sería de Momoi.
—Aunque te cueste creerlo, si, de yo cociné… Mutsumi y Hanna me ayudaron… me dijeron que te gusta la pasta con salsa boloñesa —Noya la miró frunciendo un poco el ceño, todavía sin poder creer lo que su madre decía, esa mujer difícilmente podía prender un mechero de la cocina—… en verdad yo lo hice… a excepción de los fideos que los amaso Mutsumi, el resto lo hice yo —agregó la mujer ante la mirada de su hijo luego volvió a la cocina para traer una norma fuente con la comida.
Aquella pasta se veía y olía muy bien. Mientras todos comían la conversación volvió a irse hacia cualquier tema y Yū solo permanecía en silencio y respondía con algún monosílabo si le preguntaban algo y mantenía su atención más que nada en Tadashi quien empujaba con su mano los fideos, que su papá ya había cortado, hacia la cuchara. La carita del pequeño ya estaba bastante manchada con salsa y eso le recordaba a él mismo.
—Se parece mucho a ti —dijo Takano llamando la atención de todos los presentes incluso de su hijo, quién había estado bastante ausente desde que llegó. Los ojos de Yū se centraron en su padre y este continuó—… cada vez que comíamos algo con salsa te enchastradas todo y tu madre se pasaba la mitad del tiempo intentando limpiarte las manos y la cara.
—Ahhh hasta tus siete casi ocho años, las comidas eran un calvario —agregó Momoi antes de soltar un suspiro cansado.
—Jamás pensaron que era una forma de llamarles la atención, a penas si notaban mi presencia durante el día —dijo Noya en un tono serio, antes de centrar su atención en su plato.
—¡¿Mamá?! —la voz de Tadashi llamó la atención de Noya.
—Tadashi cielo ¿No comes más? —preguntó Hanna, el pequeño la miró y negó con la cabeza—, bien, entonces ven vamos a limpiarte un poco ¿Si? —y sin esperar respuesta lo tomó en brazos y se lo llevó hacia el baño.
—¿Yū estás bien? —pregunto un preocupado Asahi al notar que su esposo no se movía.
—Nos vamos, esto no es buena idea —murmuró el doncel poniéndose de pie antes de volver a centrar sus ojos en su padre—… aprecio que lo intentes, pero no estoy listo y no sé si…
—Me estoy muriendo Yū —dijo Takano interrumpiendo las palabras de su hijo y sorprendiendo a Noya y Asahi.
Yū se quedó helado, las ideas no terminaban de ordenarse en su cabeza y todo lo que pudo hacer fue mirar a su madre y luego nuevamente a su padre, en busca de una mentira, de una muy mala broma. Abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo porque en ese momento apareció Hanna con Tadashi, la mujer dió un rápido vistazo a los presentes y sin perder tiempo se detuvo en Noya, soltó un suspiro y miró a Mutsumi.
—¿Abu Mumi vamos a comprar helado? —dijo Tadashi con una enorme sonrisa.
—¿Vienes con nosotros? —preguntó Hanna con una sonrisa y luego murmuró—… así pueden hablar tranquilos.
Mutsumi asintió y tomó a Tadashi en brazos para salir tan rápido como le fue posible seguido por Hanna, quien dijo antes de salir…
—Les aviso cuando estemos volviendo.
Inmediatamente la puerta se cerró tras Hanna y el silencio inundó el lugar.
—Lo siento Yū, no se suponía que te lo dijera hoy… solo quería pasar un momento ameno en familia… quería que tuvieras el recuerdo de una familia que te quiere —dijo Takano dibujando una pequeña sonrisa en sus labios…
—Sabemos que nunca fuimos los mejores padres, pero en verdad te amamos —agregó Momoi sujetando la mano de su esposo.
—¿Cómo… qué tienes? —preguntó con bastante dificultad el doncel.
—Cáncer…
—Pero seguro se puede tratar…
—No en este nivel, está muy avanzado y no es un solo tipo de cáncer —respondió Takano antes de soltar un suspiro.
—Yū, tu padre está tomando un cóctel de medicamentos para soportar el dolor y se niega rotundamente a realizar tratamientos más invasivos —comentó Momoi con algo de tristeza.
—¡¿Qué… cómo?! No es posible, tú no eres así —dijo Noya levantando la voz y señalando a su padre, mientras lo miraba con el ceño fruncido—… tú no eres de los que se dan por vencidos ante nada y ahora me vas a decir que no vas a intentar nada para —agregó acercándose a su padre, mientras las lágrimas comenzaban a nublar sus ojos…
—Hijo —dijo Takano poniéndose de pie y abrazando a Yū—… solo, no quiero pasar mis días pasando de un hospital a otro… quiero estar contigo, con mi familia, disculparme y recuperar algo de todo lo que me perdí por ser el grandísimo idiota que siempre he sido —agregó separando un poco a Yū de su pecho para acariciar su mejilla y limpiar las lágrimas que brotaban de esos ojos cafés—… realmente quiero pasar el tiempo que me quede junto a ti y darte toda la atención que no te di y te mereces —las lágrimas nublaron los ojos de Takano y rodaron al sentir como su hijo volvía a esconder su rostro en su pecho y lo abrazaba con fuerza—… ¿Me dejas intentarlo?
—Con una condición —murmuró Yū con algo de dificultad luego de un momento de silencio. Hizo otra pausa, se separó un poco y centrando sus ojos en los de su padre agregó—… promete que te tratarlas y harás todo lo posible por seguir con vida, porque si quieres ser un buen padre, tienes que estar dispuesto a serlo por mucho tiempo.
Una sonrisa se dibujó en todos los presentes, aunque Yū se mantuvo serio hasta que se padre asintió con una sonrisa en su rostro que se ensanchaba lentamente.
Daichi y Suga prepararon el desayuno para todos mientras los padres del pelinegro les hacían una pregunta tras otra. Suga respondía sin problemas con una sonrisa, pero Daichi les lanzó más de una mirada sería, conocía a su padre y a su madre y para él era evidente que eso era un interrogatorio para saber si Suga era el indicado para él.
—MamaSuga me ayudas —dijo Tobio extendiéndole al doncel la cajita de leche en la que todavía no había podido meter l pajilla. Sango y Miroku miraron sorprendidos al niño y a Suga.
—Claro Chiky —respondió Suga y tomando una tijera cortó la punta de la pajilla que estaba toda aplastada y con la misma tijera perforó el orificio donde debía entrar la pajilla y antes de devolverle la cajita al niño notó las miradas de los padres de Daichi u solo pido lanzarle a una mirada interrogante.
—Todos le dicen mamáSuga —dijo Daichi devuelta con una mirada seria hacia sus padres.
—Ohhh —exclamó Suga comprendiendo el porque de la mirada de la pareja—… un amigo comenzó a decirme así en secundaria porque yo siempre estaba cuidando de todos los del equipo y bueno, así siguió y hoy hasta su hijo me dice así.
La pareja solo sonrió ante la respuesta y ya no se dijo nada más sobre ese tema y mientras desayunaban la charla se volvió cordial y divertida, ya no parecía un interrogatorio.
—Daichi, tienes que invitar a Suga y Shoyo para que los acompañen al cumpleaños de tu abuelo —dijo Sango obteniendo una mirada algo confundida del pelinegro—… Daichi Sawamura dime que no olvidaste que en dos semanas es el cumpleaños de tu abuelo, sabes que hace meses que con tus tías estamos organizando todo.
—Si, si claro, lo tengo agendado desde que iniciaron.con los preparativos.
—Mejor así —dijo Sango con una mirada sería antes de solicitar reír y centrarse en el peligris—, Suga en verdad espero que acompañen a Daichi a la fiesta.
—Si Daichi así lo quiere, no tendría ningún problema —respondió el doncel mirando de reojo al pelinegro.
—Me encantaría que nos acompañaran —murmuró Daichi con una sonrisa que provocó un leve sonrojo en el doncel que solo asintió y eso amplió la sonrisa de Sango, algo le decía que ese doncel era lo que su hijo necesitaba.
bien, nuevo cap, espero que les guste.
Reconozco que me tome mi tiempo con este, es que he estado cumpliendo con un amigo, viendo un anime con el que él jodia mucho.Este cap. me tomó un poco más escribirlo, porque en si no sabía bien cómo encarar todo, pero finalmente me gustó cómo quedó y espero que a ustedes también.Un pequeño y corto lemon al principio, para regalarles lgo de amor.Ya dentro de poco aparecerá ushijima, que muchos lo están pidiendo, pero antes conocerán al pequeño Yaku y Lev... Y veremos qué dice Akaashi ante esta situación.Gracias por leer y espero en verdad les haya gustado.