Mi hijo

Yaku

El castaño caminaba de un lugar a otro en el departamento. No había dormido casi nada en la noche y en un momento de la madrugada simplemente se levantó y comenzó a "ordenar" según él, para mantenerse ocupado. Movió cosas de lugar, revolvió y revisó papeles, cambio el orden de los libros de la biblioteca y cambio las fotos de cada portarretrato en el lugar y luego simplemente se dedicó a cocinar.

El olor a galletas despertó Iwaizumi. Ya sabía que Tooru no estaba en la cama, lo había sentido moverse toda la noche y cuando se levantó simplemente lo dejo y no dijo nada. Conocía bien a su pareja y sabía que cuando no podía dormir por algún problema que le comía la cabeza, lo mejor para ambos era que lo dejara calmarse, ya muchas veces habían discutido bastante feo en esas situaciones… y sabía que desde hacía días la mente de Tooru estaba ocupada pensando en la llegada de su hijo.

Hajime soltó un suspiro algo cansado, pues Tooru no era el único preocupado por la llegada del pequeño, él mismo no dejaba de preocuparse por la posibilidad de que no le agradará al pequeño Yaku. Salió de la cama, solo vestía un bóxer, y sin vestirse siquiera se encaminó hacia la sala y cocina, por el olor era evidente que su pareja estaba allí. En su camino notó que nuevamente algunas cosas habían cambiado de lugar y que las fotografías ya no eran las mismas. Se detuvo un momento en el pasillo al ver una de las fotos donde aparecían ambos en uniforme de secundaria, riendo… no recordaba esa foto, pero le encantó al instante, amaba cuando Tooru reía así, aunque probablemente jamás se lo diría.

Una sonrisa se dibujó en sus labios y siguió su camino hasta la cocina. Vio a Tooru, que usaba un pantalón holgado color negro y una vieja camiseta con un estampado de un extraterrestre, estaba muy concentrado poniendo malvaviscos en las galletas que seguramente recién había sacado del horno, y eso solo amplió su sonrisa.

—Haras que ambos engordemos si sigues así, todavía queda pastel que hiciste ayer —comentó como si nada mientras se apoyaba en una de las columnas a pocos pasos de la barra donde Oikawa estaba.

El castaño levantó la vista con una sonrisa en su rostro y respondió…

—Primero buen día, segundo sé que te encantan mis galletas y tercero siempre podemos hacer algo de ejercicio —lo último lo dijo con una mirada cargada de lujuria mientras se llevaba un malvavisco a la boca y chupaba de forma sugerente la punto de su dedo, provocando un pequeño escalofrío en el cuerpo del pelinegro, quien no dudó en acercarse.

—Buen día —murmuró ya casi sobre los labios del castaño, antes de besarlo y saborear al leve dulzor que el malvavisco había dejado en esos tentadores labios—, ¿Te parece bien provocarme ni bien me levanto? —agregó sujetándolo por la cintura y pegándolo a su cuerpo para que sintiera su creciente erección—, espero que estés listo para responsabilizarse de tus actos.

—Solo déjame… meter esto devuelta al horno —dijo Oikawa con algo de dificultad por la excitación, giró entre los brazos de Iwa para tomar la bandeja con galletas y meterla nuevamente al horno, el cual apagó antes de cerrarlo, inmediatamente sintió como esos brazos lo apretaban un poco más fuerte y comenzaban a desvestirlo. Sintió los labios del pelinegro sobre su hombro derecho y como lentamente se movían hacia su cuello—… no me marqués —exclamó, consiguiendo que su pareja dejara lo que estaba haciendo para mirarlo con el ceño fruncido—, tengo sesión de fotos pasado mañana —agregó en un tono algo inocencia, inflando los cachetes.

—¡¿En serio?! Has estado fuera más de un mes, hace dos días que tú cabeza esta en cualquier lado y no quise presionarte por eso y ahora me dices que tengo que contenerme —el tono y la expresión de Iwa eran cada vez más serios, demostrando que su buen humor acababa de cambiar.

—Lo siento amor, sabes que me —comenzó a decir Tooru pero Iwa lo calló con un repentino beso—… encanta —agregó en un segundo que sus labios de separaron, pero inmediatamente sintió los dientes de Iwa mordiendo su labio inferior mientras le daba una nalgada en el trasero—… salvaje… mierda —murmuro ya casi sin poder respirar, definitivamente ya estaba más que duró y su mente comenzaba a perderse por la excitación—… al diablo todo, no me importa —dijo mientras sentía como su cuerpo era acorralado contra una pared y su boca era tomada en un beso aún más demandante que los anteriores. Sintió otra nalgada más fuerte que la anterior y ya no pudo contener un gemido, entonces noto esa sonrisa maliciosa en el rostro de su pareja, había vuelto a perder, pero definitivamente no le molestaba ceder ante ese hombre al que amaba. Dibujo una sonrisa inocente en sus labios y murmuró—… Daddy te extrañe mucho, te necesito Daddy…

—Fuiste un bebé muy malo —murmuró Iwa entrando en ese juego que a ambos les gustaba tanto. Mordió el hombro de Tooru haciendo que este soltara otro gemido—, Daddy te tiene que castigar —agregó bajándole el pantalón y dándole otra nalgada, luego se alejó un poco, lo miró de pies a cabeza dejando algo desconcertado al castaño—… tienes 5 minutos para ponerte algo lindo para Daddy —Tooru abrió mucho los ojos e inmediatamente su sonrisa se amplió, termino de quitarse aquel pantalón holgado, el cual quedó tirado en la cocina, y se apresuró hacia la habitación—, ni un minuto más —concluyó el pelinegro mirando con deseo el trasero de su castaño que se perdía en la habitación.

Si les preguntaban como habían iniciado con aquello, era el día de hoy que ninguno de los dos sabía bien que responder. Nunca creyeron tener ese tipo de fetiches, pero como se dice, una cosa llevó a la otra, nalgadas, ropa interior femenina, esposas, collares, colas y quién sabe cuántas cosas más, aunque no lo llevaban como una forma de vida a ambos les encantaba jugar de aquella forma cada tanto.

—Keiji, ¿Ya sabes cuándo vuelve Boku? —preguntó Kuro antes de llevarse una cucharada de helado a la boca.

—¿Cuando no? Dime Kuro ¿Si no me hubieras conocido te hubieras casado con Bokuto? —indagó Kenma con un tono sin expresión antes de dibujar una sonrisa y mirar de reojo a su invitado, quien solo rió ante el comentario.

—Ustedes saben que Boku es el hermano que mis padres no me dieron, nada más, además todos sabemos que Kōtarō muere de amor por mi primo aquí presente —respondió el pelinegro de ojos dorados con una sonrisa ladina.

—Parece que el próximo fin de semana estarán aqui.

—Debe estar insoportable quejándose —comentó Kuro.

—En su última llamada no se quejó y es más se escuchaba feliz —las palabras de Akaashi sorprendieron a la pareja.

—¿Y ya sabes cuál era el asunto importante que debía tratar? —indagó Kenma antes de mirar hacia la sala donde Kei jugaba videojuegos.

—La verdad no volví a preguntar y ayer estuve bastante ocupado con el asunto de Oikawa, luego lo de Suga y lo de Yui.

—Crei que ya no tomarías casos de familiares —dijo Kuro mirando a su primo de reojo.

—No podia dejar a Hajime solo en eso, es preferible que yo me ocupe y que él solo acompañe a Tooru.

—¡¿Quien hubiera dicho que la diva aparecería con un hijo?! —exclamó Kenma mientras revisaba las notificaciones de su celular.

—Bueno es algo que le podría pasar a cualquiera —respondió Kuro quitándole el celular de las manos a su esposo— todos hemos tenido más de una relación antes de nuestra pareja actual y quien no se ha acostado con alguien en esos periodos de pausa o de "necesito pensar" de una relación —el pelinegro sintió la mirada fulminante de los dos donceles, tenía que hacer algo para dispersar esa tensión, e inmediatamente agregó—… a mí me pasó me dijeron necesito tiempo y a los dos días se estaba revolcando con otro tipo… luego te conocí a tí y fue lo mejor que me pasó en la vida —añadió sonriéndole a kenma—… y Boku, él siempre caía con esa mujer que solo lo usaba cuando no encontraba nada mejor, parecía una maldición y solo se libró de ella cuando te conoció a ti Keiji.

—¡¿Tenias necesidad de recordarme a esa… maldita?! Solo jugaba con él y cuando empezamos a salir empezó a interesarle de verdad, hasta intentó embriagarlo para llevárselo a la cama —dijo entre dientes Akaashi provocando la risa de Kuro.

—Fue tan gracioso, él tan borracho que apenas se mantenía en pie, ella lo arrastraba para sacarlo del boliche y todo lo que él hacía era llorar porque tú no estabas a su lado… si no fuera por Daichi hubiéramos.perdido a Boku esa noche…

—Me llamó llorando porque no estaba a su lado —murmuró Akaashi con una pequeña sonrisa en su rostro—… siempre que estamos separados y toma de más terminan llamándome y hablamos hasta que se duerme —agregó con una mirada algo triste.

—¿Lo extrañas? —preguntó Kenma sonriendo con ternura y el doncel solo pudo asentir—… son tal para cual.

La habitación era un completo desorden había cosas tiradas por doquier y algún que otro juguete sexual tirado por ahí, esposas, collar, sogas, vibradores de diversos tipos y tamaños. La cama estaba más deshecha que de costumbre y allí descansaba la pareja, intentando recuperar el aliento. Tooru usaba unas finas y delicadas medias rosadas que llegaban hasta la mitad del muslo, la tanga que hacía juego estaba tirada a un lado de la cama junto al casi transparente camisolin, el trasero del castaño estaba bastante rojo por las nalgadas y demás, y el resto de su cuerpo tenía chupetones y marcas de mordidas por todos lados, los muslos, la espalda, abdomen, pecho y sobre todo los hombros. Oikawa estaba acurrucado junto al desnudo cuerpo de Hajime con la cabeza descansando sobre el pecho de éste, sentía uno de los brazos del pelinegro sujetándolo por la cintura y la otra mano jugando con su cabello.

—Definitivamente tendré que suspender la sesión de fotos —murmuró el castaño con una pequeña risa mirando su hombro lleno de marcas.

—Tu iniciaste, no puedes quejarte… sabes que si me dices Daddy el juego inicia —comentó el pelinegro con una sonrisa ladina.

—No me quejo… me encanta —susurró Tooru antes de soltar un suspiro—… tendremos que dejarlo ya que Yaku este aquí —agregó haciendo un pequeño puchero que solo provocó risa en el pelinegro.

—Ahhh ya veremos qué hacer… ya que se acostumbre, siempre podemos dejarlo una noche con tus padres o con los míos.

Tooru se levantó un poco, algo sorprendido, y centró sus ojos en los de Hajime.

—¿Crees que lo querrán?

—Tooru, cada vez que los vemos nos preguntan "¿el nieto para cuándo?".

—Lo sé… pero —no pudo decir nada más, pues los labios de Hajime se apoderaron de su boca…

—Lo amaran… yo todavía no lo conozco y ya lo quiero, solo porque es tuyo —dijo con una expresión seria para expresarle que era verdad—… Ahora ¿te parece si acomodamos un poco, salimos a almorzar y compramos lo que nos falta para la habitación de Yaku?

Como respuesta el castaño sonrió y dejó un sonoro beso en la mejilla del pelinegro antes de levantarse.

El lunes Iwaizumi se retiró temprano de la oficina, sabía que aproximadamente a las cinco llevarían al pequeño Yaku Morisuke al departamento y no quería dejar solo a Tooru. El castaño nuevamente casi no durmió por la noche y esa mañana había sido un manojo de nervios, le preocupaba mucho la reacción del pequeño, y como era su costumbre cuando se encontraba así, no había hecho más que enloquecer a Hajime con llamadas y mensajes, por lo que esté decidió volver al departamento para el almuerzo y ya se quedó allí.

Cuando el timbre sonó Hajime atendió el portero y le permitió la entrada al edificio a la mujer y el niño. Volvió a la sala y se encontró solo, miró hacia la puerta y allí vio al castaño, dando pequeños saltitos en el lugar.

Unos minutos después sonó el timbre de la puerta e inmediatamente Hajime pudo escuchar la puerta abrirse y unos segundos después vio entrar en la sala a una mujer rubia de lentes con una barriga que delataba ya varios meses de embarazo, a un pequeño de cabello castaño claro y ojos color chocolate, con una expresión algo triste y tras ellos venía Tooru arrastrando una maleta no muy grande.

—Alex, él es Iwaizumi Hajime mi pareja —dijo Tooru señalando al pelinegro—, Iwa ella es Alexandra Yaku García…

—Un gustó —saludo el pelinegro extendiendo su mano hacia la mujer.

—Igualmente —dijo está aceptando el saludo y apretón de manos del hombre.

—Y él es Yaku Morisuke —agregó de castaño inclinándose y acariciando la cabeza del pequeño.

Iwa se agachó para quedar a la altura del niño y con una sonrisa saludó.

—Hola Morisuke —el niño lo miró algo extrañado—. Tenía muchas ganas de conocerte, soy Iwaizumi Hajime —agregó ampliando su sonrisa.

—¿Tu eres Iwa? —preguntó al niño mirando de reojo al castaño.

—Si, yo soy Iwa —respondió obteniendo una pequeña sonrisa del niño, la cual se borró al escuchar el timbre del celular de la mujer.

Los tres miraron a la rubia, quien sin demora respondió el mensaje y luego se centró nuevamente en Tooru.

—Me están esperando, me tengo que ir —dijo como si nada antes de inclinarse un poco casi a la altura del niño—, bueno, ya lo hablamos, te quedarás con tu papá, él va a cuidarte, pasaré a verte pronto —el niño hizo un pequeño puchero y sus ojitos comenzaron a nublarse—. Morisuke ya lo hablamos, los niños buenos no lloran —agregó en un murmullo antes de besar la frente del niño, luego volvió a incorporarse—. En la maleta hay ropa, una carpeta con todos los datos médicos que puedan necesitar y su peluche favorito, cualquier cosa me llaman —dijo antes de extenderle una tarjeta al castaño—, estaremos viviendo en esa dirección hasta que nazca el bebé, ahh y mi abogado se comunicará con el tuyo para arreglar todo el papeleo y que no haya problemas de rehacer cosas y demas… un gusto Iwaizumi —agregó lo último volteando a ver al pelinegro, quien en ese momento tomaba en brazos al pequeño castaño.

Sin más rodeos Alex se alejó hasta la puerta y se fue sin mirar atrás. El pequeño Yaku la vio irse y no pudo contener las lágrimas, lo había vuelto a dejar, se abrazó al cuello del pelinegro y escondió su rostro, inmediatamente sintió como Iwa acariciaba su espalda y como Tooru se sumaba al abrazo envolviendolo a él y al pelinegro.

—Bebé, todo estará bien, nosotros estamos contigo y te vamos a cuidar siempre —murmuró Tooru antes de dejar un beso en la coronilla del niño.

—Pero soy un niño malo —dijo entre sollozos el pequeño.

—¡¿Qué?! —exclamaron los dos adultos al mismo tiempo.

—Soy un niño malo, por eso mamá siempre de deja —respondió el niño restregando sus ojitos con sus manos.

—No, no, no… Tu no eres malo, mamá es la que está mal —dijo Tooru bastante molesto…

—Ella está ocupada con otras cosas —agregó Hajime lanzándole una mirada regañadora a Tooru—… y no puede estar contigo, por eso te trajo con nosotros… tu papá y yo te cuidaremos —concluyó mirando con dulzura al niño mientras quitaba las manitos de su rostro y secaba las lágrimas del pequeño.

El niño los miró con duda a ambos y luego les regaló una pequeña sonrisa temblorosa.

—¿Quieres conocer tu habitación? La preparamos especialmente para tí —dijo Tooru con una enorme sonrisa que en verdad llamó la atención del niño y sin esperar respuesta tomó al pequeño en brazos y se encaminó hacia la habitación.

Iwa se quedó en su lugar y solo los vio alejarse, sentía que algo se había roto en su interior al ver llorar a ese pequeño y desde ya sabía que haría lo que fuera para que ese niño fuera feliz. Tomó su teléfono y llamó a Akaashi, esos papeles debían ser perfectos… nadie alejaría a ese pequeño de ellos.

genial estan de suette nuevo cap, me entusiasme escrubienfo y bueno ya que lo tengo aqui se los dejo.

espero que les guste.

gracias por leer y comentar.