Mi hijo
Bienvenido.
En cuanto Kuro entró en su casa notó que la sala estaba desordenada, almohadones tirados por el lugar, tazas y restos de pastelillos en la mesita de sala, algunos juguetes esparcidos por el lugar, que formaban un rastro que lo guía hasta su amado Kozume, quien estaba agachado junto a Kei juntando bloques y dinosaurios.
—Hola, estoy en casa —saludó el pelinegro y Kenma casi dio un brinco al escucharlo—… ¿Qué tal su tarde? —agregó al notar bastante nervioso a su esposo.
—Bien… hace un rato se fueron todos —respondió el doncel con su acostumbrado tono tranquilo e inmediatamente desvió la mirada nuevamente hacia los juguetes—, no te esperaba tan temprano, dijiste que volverías tipo ocho…
—Terminé antes —dijo el pelinegro acercándose y agachándose junto a ellos—, ¿No hay un beso de bienvenida para papá? —y con esas palabras sujetó al pequeño Kei y le dio varios besos en la mejilla mientras el niño se resistía e intentaba escapar, entre risas soltó al pequeño y luego acercó su rostro al de su esposo y sujetándolo suavemente de la barbilla besó esos labios que adoraba— ¿Y como está mi primo, que le sucedía?
"Akaashi fue el último en entrar y luego de unos interminables minutos, salió del baño, miró a los tres donceles que esperaban y murmuró…
—Tuve un problema… necesito otro —la voz del pelinegro apenas se escuchó.
—Keiji ¿Estás bien? —preguntó Suga algo preocupado.
Akaashi asintió y soltó un suspiro con un leve temblor en los labios, antes de tomar el test que Tooru le ofrecía.
—Creo que mejor entramos contigo —dijo Oikawa y sin dudarlo empujó al pelinegro hacia el interior del baño y sujetó a los otros dos donceles para arrastrarlos con él al interior."
Kenma reaccionó al sentir los dedos de su esposo acariciando su mejilla.
—Akaashi está… bien… solo extraña a Bokuto —respondió pensando muy bien cada palabra, sabía muy bien que con su esposo tenía que ser demasiado cuidadoso si quería ocultarle algo.
—¿Seguro que era solo eso? —preguntó Kuro mirando con los ojos entrecerrados al doncel.
—Claro, si a eso le sumas la aparición de su padre en la oficina, es obvio que se iba a alterar un poco —dijo el rubio mientras comenzaba a caminar para terminar de juntar los juguetes tirados en el piso.
Kuro lo siguió un momento con la mirada, soltó un suspiro de resignación y se encaminó hacia el baño, sabía que si insistía corría el riesgo de que Kenma se molestara, cosa que ocurría con bastante facilidad en los últimos días.
Cuando Iwaizumi entró en el departamento se encontró con los dos donceles y el pequeño Yaku en la sala. Todos lo saludaron y siguieron con lo que estaban haciendo.
Akaashi estaba sentado en el sillón con el pequeño castaño sentado en su regazo, el pelinegro le leía un cuento, con su voz tranquila que decía "todo está bien", pero en cuanto vio esos ojos grises, Iwaizumi supo que algo seguía mal.
Oikawa guardó los papeles que estaba leyendo, en una carpeta y luego de dejarla sobre un estante donde había unos portarretratos y varios libros, se encaminó hacia la cocina.
Hajime llevó el portafolios a su estudio, pasó por su habitación y luego de cambiarse el traje por algo más cómodo, volvió a la sala, miró a Keiji que seguía leyéndole a Morisuke y simplemente siguió su camino hasta la cocina.
Tooru estaba pelando una papas y el pelinegro inmediatamente noto lo torpe de sus movimientos, con una sola papa casi se rebana los dedos dos veces. En cuanto el castaño tomó otra papa, Iwaizumi se acercó a él, lo rodeó por la espalda y llevó sus manos hasta las del doncel, para sujetarlas y detener sus acciones.
—¿Que te sucede? —murmuró el pelinegro muy cerca del oído de su pareja.
—Na… nada… ¿Quieres dejarme cocinar?
—Deja de temblar y te suelto —un escalofrío recorrió el cuerpo del castaño y Hajime lo notó, hizo que Tooru se girará para quedar frente a frente y demostrando su poca paciencia agregó—… ya, dime qué sucede…
—Hoy… hoy —soltó un suspiro y pensó un momento antes de seguir—… ¿Quieres un hijo?
—Ya me diste un hijo.. ¿Tooru qué… ? —no pudo seguir porque el castaño lo cayó poniendo dos de sus dedos sobre los labios del pelinegro.
—Hoy nos hicimos un test de embarazo y el mío dió raro, entonces antes de volver a casa pase por el médico y dijo que era un positivo dudoso —el castaño hablaba lo más rápido que podía mientras veía como la expresión de su pareja iba cambiando del enojo a la duda y sorpresa…
—¡¿Positivo dudoso?! —interrumpió Iwa, haciendo que Tooru se detenga y respire.
—Puede ser como no… recomienda que me haga otro test en… diez… días.
Iwaizumi no podía despegar sus verdes ojos de aquellos orbes chocolate, su expresión no decía nada. Oikawa respiraba algo agitado, estaba tan perdido en aquella mirada y pensando que diría su pareja, que simplemente no se dió cuenta que su mandíbula temblaba. Sintió las manos de Hajime acunando su rostro y aquellos labios sobre los suyos.
—Claro que quiero un hijo nuestro… nada me haría más feliz que otro hijo —murmuró Hajime haciendo que Tooru soltará un suspiro y se calmara un poco.
—Tendō ¿Estás seguro de esto?
—Claro que sí, dijiste que me ayudarías Suga… por favor solo hablaremos con él… no me gusta ver a Takanobu así —la última frase apenas se escuchó a través del teléfono. Suga soltó un suspiro y volvió a mirar a los niños que iban de un lugar a otro en aquel pasillo de supermercado, buscando las cosas que Daichi les señalaba.
—Ok te ayudo, pero que sea el lunes hoy estoy bastante ocupado un almuerzo, ubicar a los niños en la tarde y una cita en la noche…
—¡Ohh no te puedo creer! ¿Daichi finalmente te invito a salir? —Suga sintió que sus mejillas ardían y sus ojos se centraron en la amplia espalda de aquel pelinegro que llevaba el carrito y vigilaba a los niños.
—¡Tendō! Ya te dije que…
—Ah si, si, si… di lo que quieras pero es demasiado obvio que ese hombre babea por ti.
—¡Tendō!
—Ok luego te escribo para arreglar bien lo del lunes.. tengo que ir a comprar las cosas para la cena, el papá de Taichi vendrá a conocer a Mirah.
—Suerte con eso, estamos en contacto —con esas palabras el peligris terminó la llamada. Guardo el celular y apresuró el paso hacia el pelinegro y los niños que ya casi doblaban en la esquina del pasillo.
—Mamá helado, helado —dijo Shoyo acercándose a Suga y tironeando de su mano para guiarlo al siguiente pasillo.
—Ok pajarito ve y escoge uno —respondió el peligris señalando la heladera donde se exhiben los helados—, que no sea puro chocolate —agregó mientras el pequeño corría hacia la heladera.
—Tobio ¿También quieres llevar helado? —preguntó Daichi y el pequeño pelinegro sólo asintió—, ve.
La pareja tomó lo que necesitaba de la sección de congelados, sin dejar de vigilar a los dos niños que todavía no podían decidir qué helado tomar.
Suga noto que una mujer rubia, de unos cincuenta y tantos no dejaba de mirar a los dos pequeños, generalmente no le daba demasiada importancia a esas cosas, ya más de una vez alguna señora o anciana se le había acercado para decirle que tenía un niño hermoso y muy alegre… pero algo en la mirada de esta señora no le terminaba de agradar. Se acercó a los niños y se agachó junto a ellos, ignorando a aquella mujer.
—Ok, ¿Chocolate, fresas y americana? —ambos niños lo miraron y asintieron con una sonrisa.
El peligris abrió la heladera y le señaló a los niños que pote de helado agarrar, ambos tomaron un pote y comenzaron a caminar hacia Daichi que se acercaba con el carrito, mientras Suga daba un vistazo alrededor, para notar que aquella mujer acababa de desaparecer tras una góndola.
—Ya está todo ¿Nos vamos? —preguntó Daichi acercándose al doncel seguido por los dos niños.
—Claro —respondió con una sonrisa algo pícara—, tú haces la fila para pagar mientras nosotros vamos por algunos dulces —agregó extendiendo sus manos hacia los niños, quienes de inmediato las sujetaron y comenzaron a tironear al doncel hacia la zona de dulces.
—No compren demasiados —comentado del pelinegro antes de que se alejaran demasiado mientras caminaba hacia una de las cajas.
Noya estaba armando una maleta, ya había guardado unas cuantas prendas cuando Tadashi, abrazando a su conejo de tela, se acercó a él.
—Mamá ¿Nos vamos? —preguntó ladeando la cabeza.
—Si… nos iremos unos días de vacaciones con los abuelos —respondió Yū sentándose en el borde de la cama antes de levantar a su pequeño y sentarlo en su regazo—, estoy seguro que te va a gustar el lugar a donde vamos.
—¿Ya no estás enojado con el abuelo? —preguntó él pequeño acariciando la mejilla de su mamá, lo que sorprendió al castaño.
—No —dijo antes de soltar un suspiro—, ya no estoy enojado con él —el pequeño sonrió y eso alegró mucho al doncel— ¿Eso te alegra?
—Sí —dijo el pequeño pecoso asintiendo—… no me gusta verte triste mami —agregó abrazando al castaño, quien sin dudarlo correspondió al abrazo y beso la frente del pequeño.
—Ahh estrellita… lo siento si te preocupé… te amo mucho mi bebé —murmuró llenando de besos las pecosas mejillas de su niño.
—También te amo mamá —dijo el pequeño entre risas— ¿Mello puede ir conmigo? —agregó mirando a su conejo antes de abrazarlo más fuerte.
—Claro que vendrá… ahora ¿Quieres preparar tu mochila con algunos juguetes? —el pequeño amplió su sonrisa y asintió antes de bajarse del regazo de Noya y correr hacia su habitación, casi choca con Asahi en la puerta pero siguió sin detenerse.
—¿Amor cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó Yū viendo a su esposo con una sonrisa, antes de ponerse de pie.
—Un rato —murmuró el castaño más alto, acercándose a su esposo—… ¿Te dije que te amo? —agregó antes de apoderarse de esos labios.
—Cada día —susurró Yū al terminar el beso.
—Y nunca será suficiente… eres lo mejor de mi vida, me diste un hijo hermoso y me haces muy, muy feliz —declaró sin dejar de ver esos ojos que tanto amaba.
—¿Estás feliz porque acepte lo del viaje?
—Estoy feliz, porque sé que tú estás feliz y no intentas aparentar… ya lo dijo Dashi, ambos notamos cuando tú no estás bien.
—Amor gracias por acompañarme y apoyarme en todo —murmuró Yū acercándose más a su esposo—, Te amo —agregó jalando a su esposo para que se incline un poco y poder apoderarse de su boca.
—Yū, llamó Suga, traerá a Shoyo esta tarde, necesita que lo cuidemos, al parecer tiene una cita, como nos vamos mañana por la tarde le dije que no había problema —dijo Asahi luego del beso y noto como la sonrisa de su esposo se ampliaba con cada palabra que decía.
—¡¿Como que una cita?! ¿Con quién?
—No lo sé, puedes preguntarle cuando venga.
—Asahi ¿Como no preguntaste? Eso es importante…
Asahi dejo otro corto beso sobre los labios de su esposo y se alejó ignorandolo, sabía que no dejaría de hacer preguntas hasta obtener alguna respuesta.
Kenma bajo del auto, abrió la puerta de atrás para que Kei también baje e inmediatamente lo tomó de la mano y comenzó a caminar hacia el edificio dejando que Kuro cargue con las bolsas que habían traído. Su marido siempre lo cuidaba, pero desde que volvió ayer en la tarde parecía estar más sobreprotector que de costumbre, al punto en que ni siquiera lo dejo cargar a Kei hasta su cama, como solía hacer cada vez que el pequeño se dormía en el sillón de la sala jugando y esa mañana insistió con un desayuno nutritivo, estuvo detrás suyo toda la mañana y al momento de salir hacia la casa de Akaashi no lo dejo mi tocar las bolsas con lo que iban a llevar para la bienvenida de Bokuto.
—¿Escalera o ascensor? —preguntó el rubio al notar que el ascensor recién comenzaba a subir y tendrían que esperar un rato.
—Esperaremos, no subirán escaleras es muy peligroso —respondió el pelinegro dejando las bolsas en el piso.
—¡¿Tetsurō en verdad crees que no podemos subir las escaleras sin caernos?! —indagó algo incrédulo el doncel.
—Claro que no… solo que nunca son suficientes los cuidados para mi amada familia —respondió el pelinegro abrazando a su esposo por la espalda antes de dejar un beso en la mejilla del doncel.
Unos cuantos minutos después la familia Kuroo era recibida por Akaashi en su departamento.
Oikawa y Suga se encontraban en la cocina, Daichi y Hajime estaban acomodando la mesa y sillas, mientras Shoyo, Tobio y Yaku jugaban en la mesita de la sala.
—Ohh solo faltabamos nosotros —exclamó Kuro dando un vistazo general.
—¡¿Y como no tardar si cierta persona ha estado más molesto que de costumbre?! —dijo el rubio mirando de reojo a su esposo y sin esperar ninguna respuesta soltó la mano de Kei para que vaya a jugar y él se encaminó hacia la cocina.
—¿Que hiciste esta vez? —pregunto Keiji viendo cómo el rubio se unía a los otros dos donceles.
—Nada… ha estado así los últimos días cualquier cosa hace que se enoje…
—Claro —dijo Akaashi en un tono que decía "no te creo nada" mientras miraba de reojo a su primo, quien le devolvió la mirada escéptica.
—No creí que harías fiesta de bienvenida para Boku, pensé que querrías algo más íntimo solo ustedes dos —acotó Kuro cambiando el tema con una sonrisa pícara.
—No iba a hacer nada, pero todos comenzaron a insistir ayer y bueno… aquí estamos —respondió el doncel como si nada antes de sentir como una manito se sujetaba de sus dedos, al mirar se encontró con el pequeño castaño—… ¿Sucede algo Morisuke? —preguntó antes de agacharse y levantar al pequeño en brazos, quien inmediatamente lo abrazó.
—Hola pequeño, ¿Cómo te llamas? —preguntó el pelinegro sonriéndole al niño, quien lo miró con algo de desconfianza.
—Él es de la familia, está bien dile tu nombre —murmuró Akaashi sonriéndole al niño.
—Yaku Morisuke.
—Ohh eres el hijo de Oikawa —el pequeño asintió aunque no hubiera sido una pregunta—, yo soy Kuroo Tetsurō, primo de Iwaizumi.
El pequeño extendió su mano hacia Kuro y este lo saludó como si fuera un adulto. El niño sonrió y volvió a centrarse en Akaashi.
—¿Juegas con dosotros? —preguntó el pequeño castaño inflando los cachetes.
—Claro, vamos —respondió Akaashi encaminadose hacía la sala, sin bajar al niño.
Kuro se acercó a sus otros dos primos que habían terminado de acomodar la mesa y las sillas.
—¿Que le sucede? —dijo Kuro mirando a Keiji que ahora estaba sentado junto a los niños en el piso, con Yaku en su regazo—, nunca lo ví así…
—Lo sé, es algo extraño… pero se ve feliz con los niños —opinó Daichi sonriendo al ver a Tobio, también pegados a Keiji.
—Morisuke se lleva muy bien con él desde que lo conoció y estos últimos días que ha estado en casa, el niño se apegó mucho más a él —dijo Iwa también viendo hacia la sala…
—Bueno si ves el lado positivo, ya tienes con quien dejarlo cuando necesites tiempo a solas con Tooru —comentó Kuro entre risas.
La conversación se fue hacia otros temas y de un momento a otro todos se encontraron en la mesa, comiendo y tomando algo, mientras esperaban.
El timbre se escuchó en el lugar llamando la atención de todos y un instante después, antes de que Akaashi llegará siquiera a la puerta, está se abrió dejando ver a un sonriente Bokuto.
—Akaaaaaaasheeeeeee —gritó antes de atrapar al pelinegro entre sus brazos y darle un beso que casi lo dejó sin aire.
—Bienvenido Kōtarō —saludó el pelinegro y como Bokuto desvió la mirada hacia su derecha, Keiji hizo lo mismo y se encontró con un pequeño de cabello gris que lo miraba algo curioso agarrándose de la camisa de Kōtarō.
Akaashi retrocedió un paso y sintió como sus ojos se humedecieron.
"—Keiji en verdad no puedo creerlo, tu padre se ha estado portando bien, cumple su promesa y no ha inventado nada…
—Claro que si, lo intento hace dos días, como si fuera a creer en sus imágenes montadas —respondió el pelinegro bastante molesto ante las réplicas de Tamaki Iwaizumi, su madre…
—Cielo, sé que te cuesta creerlo, pero en verdad no miente, a mi también me dolió mucho cuando me enteré, pero Bokuto tiene un hijo en Rusia
—¡No puedo creerlo! Él sigue haciendo lo mismo y tú le crees… como siempre…
—Keiji, cielo tu sabes —no quiso escuchar más y simplemente cortó la llamada…"
Las palabras de su madre esa mañana, volvieron a su mente y comenzaron a repetirse una y otra vez… eso no podía ser, su padre no podía tener razón, el mentía para separarlos… no podía… sentía un murmullo a su alrededor pero las voces no terminaban de llegar a él, su visión estaba nublada y en su mente sólo negaba la posibilidad de que su padre tuviera razón… su respiración comenzó a agitarse y finalmente todo se oscureció...
hasta aquí hoy. ok hubo un poco de cada pareja y bueno ya en el sig cap de sabra que sucede con Akaashi, Bokuto y Lev...
espero que les haya gustado.
Gracias por leer.
