Mi hiho
Labios tentadores.
Suga miró el reloj, sobre la mesita de noche y se apresuró hacia el armario, faltaban unos minutos para que Daichi llegara y él recién terminaba de ducharse.
Ese había sido un día agitado y después de hablarlo ambos decidieron que no cancelarían su cita, después de todo Akaashi estaba bien, ya habían arreglado donde dejar a los niños y Daichi había hecho una reserva en un restaurante. Lo que no estaba en los planes de Suga era que Noya lo entretuvieron tanto con aquel interrogator.
Cuando escucho el timbre soltó una maldición por lo bajo y se encaminó hacia la puerta, terminando de prenderse la camisa en el camino. Al abrir la puerta se encontró con un sonriente y elegante Daichi.
—Hola —murmuró el peligris antes de acercarse y dejar un corto beso en los labios de Daichi—, pasa un momento… terminó de vestirme y salimos —agregó señalando sus pies aún descalzos.
—No hay problema es temprano —respondió el pelinegro con una sonrisa antes de devolverle el corto beso al doncel.
Daichi siguió a Suga hasta la sala, lo vio subir las escaleras y cuando desapareció por el pasillo hacia su habitación, el pelinegro hizo lo de siempre y comenzó a inspeccionar cada imagen a su alrededor, podía decirse que era una manía, pero realmente le encantaba ver todas esas fotos donde el peligris aparecía sonriendo junto a Shoyo. Definitivamente ese doncel tenía algo que lo atraía demasiado, y la verdad no sabía de dónde sacaba la fuerza para no saltar sobre él y comerle la boca, cada vez que lo veía.
Luego de unos pocos minutos Suga volvió a bajar con una sonrisa en su rostro. Daichi lo vio humedecerse los labios y lo supo, estaba perdido, esos rosados labios eran demasiado tentadores.
—Listo, podemos irnos —dijo Suga sin quitar su sonrisa mientras Daichi se acercaba.
—En realidad falta una cosa —el doncel inclinó un poco la cabeza sin comprender bien a qué se refería y antes de poder decir cualquier cosa, sintió los labios de Daichi sobre los suyos y un instante después la humeda lengua pidiendo permiso, abrió un poco los labios e inmediatamente esa lengua invadió su boca y aquel beso se volvió demandante e intenso, sus lenguas danzaron entre sí, acariciándose en una danza que al parecer ninguno quería terminar, pero el aire hacia falta y antes de terminar el beso, Suga no pudo resistirse y mordió el labio inferior del pelinegro—… definitivamente nos faltaba un beso real —murmuró Daichi antes de volver a rozar esos labios en un corto beso—, ahora sí, vamos.
Suga sonrió algo sonrojado, tanteo sus bolsillos verificando que no olvidaba nada y salieron de la casa para subir al auto del pelinegro.
—¿Donde dejaste a Tobio?
—Con mis padres, generalmente en estas situaciones lo dejó con Keiji, pero no era una opción hoy… y cuando no me queda más remedio se lo dejo a Kuro, pero trato de evitarlo por su relación con Kei… ¿Y Shoyo?
—Con los Azumane… a diferencia de ti, no tengo muchas opciones, mi madre generalmente no está aquí y la otra persona con la que suele quedarse es Seijūrō, pero hace bastante que tampoco está aquí.
—Seijūrō… Shoyo lo nombró, ¿Es tu hermano?
—Hermanastro, es el hijo del esposos de mi madre, tenemos la misma edad y nos llevamos muy bien, nos conocimos a los 15, cuando nuestros padres comenzaron a salir.
—Ohh… ¿o sea que tú tampoco tienes hermanos sanguíneos?
—Tengo una media hermana… pero te agradecería que no preguntes —respondió Suga quitando su sonrisa y bajando un momento la mirada.
—Ok, no te preocupes… siempre es bueno saber dónde se puede pisar —comentó Daichi regalandole una sonrisa para animarlo—… No sé si a ti te paso algo, pero creo que los niños ya saben de lo nuestro…
—¿Por qué lo dices? —preguntó Suga agradeciendo internamente por el cambio de tema.
—Bueno, cuando me estaba cambiando Tobio me preguntó si saldría contigo...
"Tobio miraba a su padre sacar uno y otro traje de su armario, mirarlos una o dos veces y volver a guardarlos. El niño le dió un último y sonoro sorbo a su cajita de leche y luego preguntó.
—¿Papá a dónde irás?
Daichi miró al niño y se acercó a él quedándose con el último traje que había sacado.
—Tengo una cita importante… tú te quedarás con los abuelos y mañana iré por tí…
—¿Saldrás con Suga?
—¿Qué?... ¿Por qué preguntas eso? —indagó algo sorprendido el adulto.
—Solo sonríes así por Suga —esa respuesta sorprendió aún más a Daichi—… me gusta eso y me agrada Suga… ¿Él será mi mamá?
—¿QUÉ?... No… ¿Cómo? —se detuvo al ver a su pequeño mirándolo con la cabeza inclinada hacia un lado—… ¿Te gustaría… eso? —el pequeño solo asintió y Daichi le mostró una sonrisa enorme—… bueno ya veremos qué sucede, pero por ahora solo te pediré que no le digas nada a la abuela y el abuelo ¿Si? —y Tobio volvió a asentir."
—Bueno… Shoyo te manda saludos y dice que la próxima él también quiere venir —comentó el peligris acompañado de una pequeña risa, sacando a Daichi de sus recuerdos.
—Wow, no creí que fuéramos tan obvios.
—Bueno, no podemos ocultar que estamos felices y eso nuestros pequeños lo notan.
—¿Crees que ya debemos decirles que si estamos saliendo? —preguntó el pelinegro mientras detenía el auto en la entrada del lujoso restaurante de uno de los hoteles más importantes de la ciudad.
—Podemos hacernos tiempo para pensarlo luego —respondió Suga con una de sus encantadoras sonrisas.
Ambos bajaron y antes de entrar Daichi le entregó las llaves del vehículo al valet. Al entrar en el elegante lugar el recepcionista se acercó a ellos los saludó haciendo una leve reverencia y los guío hasta su mesa. Luego de ubicarse, un mesero les entregó el menú y cuando volvió a tomar sus órdenes, sirvió ambas copas con vino tinto.
—¿Supiste algo más de Akaashi? —preguntó Suga antes de tomar un sorbo de su copa de vino.
—Esta bien, lo llame para que Tobio pudiera hablar con él antes de dejarlo con mis padres… al parecer está en los tres meses de embarazo, ha tenido demasiado estrés… el médico le ordenó reposo, nada de tensiones, esfuerzos o disgustos… menos mal que Bokuto ya está aquí, conociendolo no lo dejará ni caminar hasta el baño.
—Debe ser horrible, recién ayer se enteró que está embarazado y hoy le pasa eso…
—Si… todos nos preocupamos y nos sentimos mal por él… no puedo ni imaginar cómo debió de sentirse.
—Todos ustedes lo quieren mucho.
—Ninguno tiene hermanos, nos criamos prácticamente juntos por pedido de nuestro abuelo, gracias a eso terminamos tratandonos como hermanos y Keiji es el más pequeño y el único doncel —agregó Daichi sonriendo mientras el mesero llegaba con sus órdenes.
—Es lindo tener una familia así, a mí me pasó con Seijūrō, en cuanto nuestros padres comenzaron a salir no tuvo problema en aceptarme, incluso antes de que decidieran casarse ya éramos como hermanos —comentó Suga antes de volver a tomar un sorbo de vino—… bueno, ¿Qué te parece si dejamos a nuestra familia de lado y hablamos de nosotros?
—Ok… ¿Te parece una pregunta cada uno? ¿O que prefieres? —propuso Daichi con una sonrisa.
—Ok, preguntas —respondió el peligris antes de hacer una mueca con sus labios y humedecerlos con su lengua—… empecemos con algo fácil ¿Cuál es tu comida favorita?
—Como prácticamente cualquier cosa, pero si tengo que decir este es mi plato favorito, ese sería shoyu ramen.
—Wow, es un plato bastante común, pensé que me dirías algo más elegante —dijo Suga sonriendo y dibujando comillas con sus dedos en elegante.
—Lamento decepcionarte —comentó Daichi entre risas—, no a todos nos gustan platos como el mapó doufu super picante —agregó ampliando su sonrisa.
—Oh… veo que has hecho la tarea… ¿de dónde sacaste ese dato?
—Digamos que cierto pajarito que conocemos no tiene problema en hablar de su mamá…
Ambos rieron ante esa respuesta y siguieron conversando de diferentes temas mientras disfrutaban de aquella deliciosa comida. Luego del postre se retiraron y una vez en el auto Daichi ya no lo resistió más y volvió a apoderarse de esos labios que no hacían más que tentarlo, Suga enredó sus dedos en el cabello del pelinegro y profundizó más aquel beso, lo deseaba, deseaba mucho a ese hombre. El peligris mordió el labio inferior de Daichi antes de terminar el beso y con la voz cargada de deseo murmuró…
—¿Tu casa o la mía?
—La mía está más cerca —respondió el pelinegro antes de dejar un corto beso en los labios del doncel, para luego encender el auto y encaminarse hacia su hogar.
Al llegar metió el auto en el garage y entraron en la casa. Una vez en la sala Suga humedecido sus labios e inspeccionó con la mirada el cuerpo del pelinegro que lentamente se acercaba a él.
Daichi centró sus ojos en esos labios que tanto le gustaban y cerró la poca distancia que había entre ellos. Notó la decisión en aquellos ojos color caramelo y sin dudarlo lo sujetó por la cintura y lo pegó a su cuerpo, llevó una de sus manos a la mejilla del doncel y lo acarició con mucho cuidado antes de apoderarse de esos labios que lo llamaban, tentandolo todo el tiempo. El beso inicio lento y tranquilo, con movimiento suaves, los labios encajaban perfectamente, ambos se abrieron al mismo tiempo, las lenguas invadieron la boca ajena y los suspiros se ahogaban en la boca del otro.
Los brazos de Suga rodeaban el cuello de Daichi, mientras sus cuerpos estaban completamente pegados, las manos del pelinegro se movían acariciando los costados del doncel y pronto ambos sintieron como la ropa comenzaba a molestar. La erección de Daichi se apretaba contra la pelvis de Suga y eso solo aumentó la excitación del peligris.
Terminaron el beso por falta de aire, sus ojos seguían conectados y antes de que el pelinegro pudiera decir cualquier cosa, Suga se lanzó nuevamente sobre sus labios, levantó una de sus piernas enganchandola al cuerpo de Daichi y este por reflejo llevó las manos al trasero del doncel y lo levantó con facilidad. Suga enredo sus piernas en la cadera del pelinegro y un gemido se escapó de su boca al sentir como sus miembros se rozaban. Daichi mordió el labio inferior del doncel y caminando hacia la habitación comenzó a repartir besos por el rostro y cuello de Suga, mientras este suspiraba y gemía por el torbellino de sensaciones que había en su interior. Notó que Daichi dejó de caminar y se sentó en el borde de la cama dejándolo sobre su regazo e inmediatamente sintió una mano colándose por debajo de su camisa. Una corriente eléctrica recorría el cuerpo de Suga por donde pasaban los dedos del pelinegro, estaba demasiado excitado y por ello su cuerpo estaba más sensible que nunca.
—Daichi —el nombre salió en un gemido de los labios de Suga y al pelinegro le pareció lo más hermoso que había escuchado jamás y una cosa era segura jamás se cansaría de escuchar eso.
Los botones de la camisa de Suga saltaron y rodaron por el piso, al igual que la tela un momento después. Las manos recorrieron el torso del doncel y bajaron hasta sus muslos, donde se entretuvieron un momento repartiendo caricias sobre el pantalón, las cuales terminaron sobre el erecto y aprisionado miembro del doncel. El gemido que soltó Suga hizo sonreír al pelinegro.
Suga hizo lo mismo que Daichi con su camisa, tiró de la prenda haciendo que los botones saltaran, se mordió el labio al ver ese marcado torso, dejó que sus manos pasearan sobre ese marcado abdomen y finalmente lo empujó para que se recostara, el pelinegro no opuso resistencia y simplemente se dispuso a disfrutar de las caricias que le brindaba Suga, de ese movimiento de vaivén que el doncel comenzaba a hacer y sobre todo de los dulces gemidos que escapaban de esos labios que ahora estaban bastante hinchados y rojizos por las mordidas que el mismo Suga les daba para evitar soltar tantos gemidos… y eso lo tentaba, lo tentaba demasiado. De repente Daichi sujeto al peligris y con mucha facilidad hizo que cambiaran de lugares antes de terminar de desvestirlo.
—Definitivamente ya soy adicto a tus labios —murmuró Daichi acercándose nuevamente a esa boca, para apoderarse de ella en un beso cada vez más demandante.
Las manos de Daichi volvieron a pasear por aquel delgado cuerpo y se entretuvo acariciando el palpitante y húmedo miembro del peligris con una mano, mientras con la otra mano se quitaba lo que le quedaba de ropa sin dejar de masturbar a Suga. Una vez desnudo comenzó a dibujar un camino de besos por el cuerpo del doncel, iniciando en el cuello, bajó por el pecho, se entretuvo un momento en los pezones y luego siguió bajando hasta la entrepierna del peligris. Suga a penas podía respirar, miró hacia donde estaba Daichi e inmediatamente sintió que sus mejillas comenzaban a arder luego de ver cómo el pelinegro engullía su miembro, los gemidos comenzaron a escapar de su boca, sentía que su miembro podía derretirse en aquella cálida y húmeda boca que succionaba y lamía sin piedad, haciendo que se perdiera cada vez más en ese mar de sensaciones. La respiración de Suga se detuvo por un momento al sentís los dedos de Daichi acariciando su entrada, pero volvió a relajarse al sentir esa lengua jugando con la cabeza de su miembro. Soltó un gemido entre placer y dolor al sentir un dedo entrando en él, pero Daichi parecía saber muy bien lo que hacía, sus movimientos eran precisos y generaban una verdadera ola de sensaciones en el cuerpo del doncel. Los gemidos comenzaron a inundar cada vez más la habitación, los dedos habían pasado a dos y luego a tres, ya no había nada de dolor todo lo que Suga podía sentir era placer pues los dedos de Daichi acariciaban una y otra vez su próstata, quería más y no necesitaba decir nada para que el pelinegro no notará pues su cuerpo había comenzado a moverse pidiendo más contacto.
Daichi dejo el miembro de Suga que no dejaba de chorrear líquido preseminal. Se acercó nuevamente a esa boca que lo enloquecía y luego de dejar un corto beso, se estiró hasta el cajón de su mesa de noche y del fondo de este sacó una caja de preservativos, mientras Suga movía sus caderas haciendo que sus miembros se rozaran excitandolo cada vez más, sin quitar sus ojos de las acciones del pelinegro. Suga atrajo nuevamente al pelinegro para besarlo y en ese momento le quitó la caja de la mano, terminó el beso y lanzándole una mirada lujuriosa sacó un preservativo, empujó gentilmente al pelinegro para que se recostara y en cuanto esté lo hizo, se acomodo sobre él, dándole una excelente vista de su trasero, acercó su boca al enorme y duro miembro de Daichi y lo lamió en toda su longitud, haciendo que el pelinegro soltara un suspiro y un ronco gemido, el doncel siguió repartiendo besos y lamidas por aquel miembro, comenzó a chupar la punta y lo soltó con un gemido al sentir la húmeda lengua en su entrada, ese hombre lo iba a enloquecer, así que apresuró sus acciones, abrió el preservativo y se ayudó con su boca para colocarlo en el miembro de Daichi, quien gimió al sentir gran parte de su miembro en esa cálida boca.
Suga se movió, miró con deseo al pelinegro, que se lo comía con la mirada, dejo algunos besos en aquel fornido pecho y comenzó a acercar su trasero al miembro de Daichi. Sintió las fuertes manos pasear delicadamente por sus muslos y comenzó a moverse haciendo que su trasero se rozara con aquel duro miembro. La respiración de ambos estaba agitada,era más que evidente que se deseaban y Suga decidió que no quería jugar más, quería esa cosa dentro suyo, por lo que sin demorar más se acomodó y comenzó a penetrarse, soltando gemidos de placer. Se sentía muy lleno y a punto de venirse, comenzó a moverse y le encantó que Daichi acompañará sus movimientos haciendo que las penetraciones sean profundas y den justo en ese punto que tanto le gustaba.
Daichi se movió para quedar sentado y poder apoderarse de la boca de Suga, el beso fue intenso y ahogaba los gemidos de ambos. El pelinegro llevo una de sus manos al miembro del doncel y en cuanto lo rozó, Suga se corrió manchando ambos cuerpos, soltó un fuerte gemido y se detuvo por un momento abrazado a los hombros del pelinegro, sintió las manos de Daichi en su espalda y de un momento a otro se encontró nuevamente recostado en la cama con el pelinegro empezando a moverse sobre él, todavía no se recuperaba de ese horgasmo y este hombre ya lo está excitando de nuevo, sus estocadas eran cada vez más rápidas y profundas y tocaban los lugares necesarios para hacerlo sentir en el cielo. El placer llegaba a Suga como olas que lo golpeaban y lo ahogaban lentamente, sus manos no encontraban de donde aferrarse, la espalda de Daichi, los brazos, las sábanas, el cabezal de la cama, nada era suficiente. Sus piernas se habían enredado a las caderas de Daichi y parecían no querer soltarlo. De su boca no salía nada más que gemidos y el nombre del pelinegro murmurando y gritado entre los besos y caricias.
Suga se abrazó a Daichi y mordió su hombro al sentirse golpeado por el segundo horgasmo, que hizo que se derramará nuevamente entre ambos cuerpos. Daichi lo besó y con algunas estocadas más también sintió el horgasmo y como se venía dentro de ese cálido cuerpo. Se dejó caer un momento sobre Suga y con un suspiro ambos conectaron sus miradas, estaban sudados, agitados y sus sonrisas delataban que estaban muy felices. Daichi salió del interior de Suga, se quitó el preservativo, soltó un suspiro y volvió a ubicarse sobre el cuerpo del doncel.
—Por todos los cielos… creo que no quiero estar con nadie más en mi vida —murmuró Daichi apoyándose sobre sus brazos para ver mejor al peligris y no aplastarlo.
—Es la primera vez que alguien me hace sentir así… o que me dejan tener el control —dijo Suga obteniendo una mirada curiosa del pelinegro.
—Eso no puede ser… con lo sexy que te ves arriba, tomando el control —agregó el pelinegro haciendo que Suga se sonrojara. Volvió a besar esos labios y mordió levemente el labio inferior del doncel antes de sonreír y murmurar— ¿Quieres volver a intentarlo?
El peligris sonrió al sentir la creciente erección del pelinegro rozando su muslo y sin dudarlo volvió a besar a Daichi mientras con una de sus manos atrapaba la erección del pelinegro y comenzaba a masturbarlo.
Espero que les guste, capitulo con lemon, me llevo un poco de tiempo, pero aqui esta.
Gracias por leer y seguir esta historia.
