Mi hijo.

Papá.

Taichi corría por aquel enorme departamento buscando a su mamá. Se detuvo ante la puerta del estudio y luego de dudar un momento dio unos golpes y finalmente la abrió. Inmediatamente vio a su tío Aone que estaba tras su escritorio viendo algo en su computadora. El albino miró hacia la puerta y vio al niño que ahora miraba hacia el otro lado de la habitación, donde habían ubicado la mesa de trabajo y las cosas de Satori.

El niño hizo un pequeño puchero al ver que su mamá no estaba y luego se acercó al albino, que lo miraba algo enternecido, en verdad ese niño lo podía. En cuanto estuvo a su lado, Aone lo levantó y lo sentó en el escritorio.

—Mamá fue a hacer unas compras en un rato vuelve ¿Qué sucede?

—En casa conte eto que me dió la abula Lina —dijo el pequeño mostrándole a Takanobu un álbum no muy grande con dibujos en las tapas, seguramente hechos por Taichi y Lina—… abula dijo que papá ta aquí —agregó abriendo el álbum y empezando a pasar las fotografías hasta detenerse en una donde podía verse a Satori y Wakatoshi—, l'oncle… ¿Él e mi papá?

—Ma petite rousse —murmuró el albino luego de dudar un momento—… eso deberías preguntarselo a tu mama… ¿Te gustaría que él fuera tu papá?

El pequeño levantó los hombros y movió sus labios primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda en señal de duda.

—Je ne sais pas ... j'aime ça… maman a l'air heureux avec lui (no sé… me agrada… mamá se ve feliz con él) —respondió Taichi centrando sus ojos en la sonrisa que su madre mostraba en aquella fotografía.

—Si se ve feliz… deberías hablar con tu mamá… ¿vamos a la cocina con la abuela Mirah a esperar a que llegue?

El pequeño pelirrojo asintió y estiró sus brazos para que Aone lo levante, cosa que el albino hizo sin dudar o protestar e inmediatamente se encaminó hacia la cocina con el pequeño en brazos.

Cuando Tendō llegó al departamento encontró a Taichi, Mirah y Takanobu en la cocina terminando de preparar unos coloridos macarons, mientras los dos adultos rellenaban y unían las galletas, Taichi terminaba de comerse un macaron, el pelirrojo frunció el ceño al ver eso y sin despegar sus ojos del niño, dejó las cosas sobre la barra y se acercó más.

—¿Cuantos macarons te comiste? —preguntó algo serio.

Taichi le mostró su mano derecha completamente abierta y luego de dudar un momento comenzó a cerrar algunos dedos hasta dejar solo dos levantados.

—Tai lo diré solo una vez, tú no comes la cena, no habrá postre para ti en un mes —dijo el pelirrojo con una sonrisa maliciosa inclinándose hacia su pequeño, que solo se mordió el labio inferior—… Takanobu quedamos en que no lo dejarías comer tantos dulces —agregó mirando serio al albino.

—Satori… no seas así con ellos, yo decidí hacer macarons sabiendo que a Tai le encantan.

—Mirah, deja de apañarlo, los últimos días casi no ha comido porque se llena con dulces.

—Satori, es mi único nieto déjame mimarlo, ya cuando Takanobu tenga sus hijos también los malcriare a ellos —dijo la mujer entre risas.

—Al ritmo que va Takanobu creo que va a tardar bastante en darte nietos —comentó el pelirrojo suavizando su mirada antes de volver a ver al albino.

—No me vean así —se quejó el grandote esquivando la mirada del doncel y su madre—, Tai ¿Quieres entrenar un rato conmigo? —el pequeño asintió y sin más se bajó de la silla donde estaba parado y comenzó a correr hacia la habitación que su tío usaba para entrenar, siendo seguido de cerca por el albino.

—Aone —se quejó Satori por ser ignorado, miró el reloj y agregó—, cuarenta minutos y a la ducha.

—Bien, empezamos a cocinar mientras me cuentas qué sabes —murmuró Mirah mientras terminaba de rellenar los últimos macarons.

—¿Qué sé de qué?

—Algo le sucede a Takanobu y tú sabes que es…

—¿Mamá juegas conmigo? —preguntó Kei ofreciéndole uno de los controles al doncel que acababa de dejar su celular sobre la mesa.

—Lo siento cielo, no puedo, dile a papá ¿Si? —dijo Kenma intentando dibujar una sonrisa en su rostro, el pequeño lo miró algo confundido y finalmente asintió, entonces el doncel se dirigió a su habitación, quería ducharse porque en verdad necesitaba relajarse.

Kei se asomó en el estudio de su padre y lo observó hasta que el pelinegro dejó de teclear en su computadora y centró sus dorados ojos en él.

—Kei… ¿Sucede algo?

El pequeño se acercó y Kuro se preocupó un poco al verlo tan serio.

—Algo le pasa a mamá… se enojó con el abuelo y… ¿Está triste? —dijo dudando bastante al hablar, en verdad le preocupaba ver así a su mamá.

—Ohhh… debe estar preocupado por lo que le pasó al tío Akaashi —comenzó a decir el pelinegro mientras revolvía el cabello del niño, pero se detuvo repentinamente—… ¿Se enojó con el abuelo?

—Si… luego que volvimos el abuelo llamó… mamá parecía molesto y discutieron y le cortó y… y luego llamó a la abuela —respondió el pequeño rubio aferrándose al control de su videojuego.

—Bien, no te preocupes yo hablaré con mamá y luego jugaremos ¿Si? —aseguró el pelinegro con su típica sonrisa.

El pequeño asintió y sin más Kuro se encaminó hacia la habitación que compartía con el doncel, y al entrar inmediatamente supo que su pareja se estaba duchando, podía escuchar el agua correr en el baño de la habitación y eso solo le confirmo que lo que dijo su pequeño era verdad, al parecer Kenma quería relajarse. Soltó un suspiro y volvió sobre sus pasos para encontrarse a su pequeño parado en medio de la sala mirandolo.

—Mamá se está duchando, mejor dejamos que se relaje un poco —dijo antes de levantar al niño en brazos— ¿Te parece si vamos a comprar algo para cenar y un rico pie de manzana para animar a mami?

El niño se abrazó al cuello de su padre y luego de mirar preocupado hacia la puerta de la habitación de sus padres, asintió.

Kuro caminó hasta la cocina sin bajar a su pequeño, dejó un mensaje en la pizarra pegada a un lado de la heladera y sin más revisó sus bolsillos para asegurarse de llevar la billetera y el celular, tomó las llaves del auto y salió de la casa.

—Mamá… mamá —insistió Taichi sentado en su cama viendo a Satori que le buscaba ropa en el armario.

—Tai ya voy… a ver ¿Camisa azul o Totoro? —preguntó el pelirrojo mostrándole al pequeño una remera gris con un estampado de dicho personaje y una camisa lisa.

—Totoro —respondió el niño con una sonrisa poniéndose de pie sobre la cama y estirando los brazos para que el doncel le ponga la remera.

—No sé porque me molestó en preguntar —comentó entre risas mientras le ponía la remera al niño—… ¿recuerdas lo que te dije? —indagó peinando con los dedos al pequeño que inmediatamente asintió.

—Debo potame bien, no modestad cuando los mayores haban y comed todo o no más postes —dijo el niño intentando que el doncel dejara de peinarlo.

—Ya está Tai… déjate el cabello como lo acomode —dijo entre risas Satori.

—Maman —Tendō miró al pequeño sin quitar su sonrisa—… Wa… Wako… Wakit…

—¿Wakatoshi? —indagó intentando ayudar a su pequeño, quien inmediatamente asintió.

—Est-il mon père? (Él es mi papá?) —la expresión de Satori mostró algo de sorpresa al escuchar esa pregunta.

—Tai —murmuró el doncel con algo de dificultad y se quedó helado pensando cómo encarar esa pregunta y justo en ese momento escuchó el sonido del timbre, inmediatamente miró hacia la puerta de la habitación y finalmente volvió a centrar sus ojos en su niño—… bueno, estaba esperando que Wakatoshi llegará, porque él y yo queremos hablar contigo de eso… ¿Quieres que sea ahora? —dijo volviendo a dibujar una sonrisa en su rostro.

Taichi asintió dudando un poco, entonces Tendō tomó en brazos al niño y se encaminó hacia la sala. Inmediatamente al salir al pasillo pudo escuchar a Mirah interrogando al castaño y al llegar a la sala vio a Wakatoshi sentado en uno de los sillones frente a Mirah y Takanobu.

Los tres centraron sus ojos en el pelirrojo y el pequeño, que se acercaba a ellos y Satori sonrió ampliamente al ver aquella fugaz sonrisa en el castaño que ahora no despegaba sus ojos de ellos.

—Bienvenido —murmuró Tendō antes de dejar un beso en la mejilla de Wakatoshi

—Gracias —respondió el castaño.

—Mirah, quedamos en que no habría interrogatorio —comentó el pelirrojo mirando de reojo a la mujer mientras se sentaba en el sillón junto a Wakatoshi, dejó a Taichi en medio de ambos y luego se giró mirando directamente al castaño, subió los pies al sillón y acomodo las piernas para quedar en una pose muy parecida a la del loto, tomó nuevamente a Taichi y lo sentó entre sus piernas—… tenemos que hablar Wakatoshi, Tai me hizo una pregunta y merece una respuesta.

—Madre vamos a terminar de acomodar las cosas para la cena —dijo Takanobu poniéndose de pie y arrastrando consigo a Mirah hacia la cocina.

Ushijima los vio alejarse y finalmente se acomodó en el sillón para ver directamente a su familia… su familia, en verdad le encantaba como sonaba eso y fue evidente por la sonrisa que se dibujó en su rostro antes de asentir.

—Bebé, sí… Wakatoshi es tu papá —murmuró el pelirrojo mirando al pequeño—, él está aquí porque quiere conocerte…

—Estoy aquí —interrumpió el castaño acercándose un poco más y estirando su mano para acariciar el dorso de la mano de Satori que descansaba sobre su rodilla—, porque quiero estar con ambos, quiero recuperar el tiempo y que seamos una familia…

—Tai… tú siempre me preguntabas por tu papá… ¿Recuerdas lo que yo te decía?

—Papá nos ama… pedo ta dejos y muy… occupé et ne peut pas venir (ocupado y no puede venir) —respondió el pequeño mirando con algo de duda al castaño.

—Perdoname bebé, pero te mentí —murmuró el pelirrojo mientras sus ojos se nublaban—… papá no sabía de ti y eso es sólo mi culpa… nosotros nos amamos y fuimos muy felices —agregó antes de sujetar la mano de Wakatoshi que todavía acariciaba sus dedos—, pero yo me fui y luego llegaste tú para hacerme feliz otra vez.

El niño miró algo preocupado a su mamá , no le gustaba verlo así de triste, y se sorprendió al ver la enorme mano de Wakatoshi acariciando con mucho cuidado la mejilla de Tendō.

—Satori, no hagas eso… no te culpes, lo hiciste para protegerme a mí y a nuestro hijo… además no mentiste, porque te amo y a Taichi también, y nada en el mundo va a cambiar eso —dijo el castaño antes de acercarse y dejar un corto beso en los labios del doncel, quien inmediatamente sonrió. Luego se centró en el pequeño que ahora lo miraba curioso—. Taichi ¿Me dejas ser tu papá? Prometo que me esforzaré mucho, estaré siempre para ustedes y cuidare de ti y de tu mamá hasta el último de mis días…

El pequeño volvió a dudar, miró a su madre y le gustó mucho la sonrisa que mostraba en ese momento, no conocía a ese hombre, pero parecía que hacía feliz a su mamá y él recordaba muy bien que su abuela Lina sonreía siempre que le hablaba de su papá, además de que solo decía cosas buenas de él. Centró sus ojitos en aquellos orbes marrones tan parecidos a los suyos y finalmente asintió repetidas veces antes de estirar sus brazos para que el hombre lo levantará y en cuanto el castaño lo levantó y abrazó, el niño dejó un suave beso en la mejilla de Wakatoshi.

Luego de una larga estadía en la bañera Kenma salió del agua con los dedos completamente arrugados, generalmente tomarse su tiempo le ayudaba a despejar su mente, pero hoy no estaba teniendo el resultado deseado, no pudo quitarse de la cabeza toda la situación con sus padres y cuando eso se alejaba un poco recordaba lo sucedido con Akaashi ese día y eso tampoco ayudaba a relajarlo. Se secó con toda la parsimonia posible y al salir del baño envuelto en su bata solo atinó a tirarse un momento en la cama, cerró los ojos y escuchó los ruidos lejanos en la cocina.

—¿Kuro que están haciendo? —murmuró antes de ponerse nuevamente de pie y encaminarse hacia el armario—… más le vale que no haya estropeado nada porque hoy duerme en el patio —agregó tomando un pijama, que consistía en un pantalón holgado y una vieja camiseta de deportes de su marido, se vistió y salió de la habitación.

Al llegar al comedor encontró a Kei y Kuro terminando de poner los platos y la comida en la mesa. Los inspeccionó con la mirada de pies a cabeza, a ambos y luego ojeo un poco la cocina, e increíblemente tanto su familia como su hogar estaban tal cual como los había dejado antes de meterse al baño.

—Fuimos a comprar comida —dijo el pelinegro, adivinando los pensamientos de su precioso rubio, no era que él no supiera cocinar, porque lo hacía y muy bien, pero las veces que intento cocinar con Kei terminaron en remodelación de la cocina—… lo prometimos no volverá a suceder lo del último día de las madres —aseguro mirando al pequeño rubio quien solo asintió.

Kenma sonrió y ubicándose en su lugar les hizo una seña para que ambos se sentarán. Cenaron el pollo con papas y vegetales, charlando de cualquier cosa y riendo de a ratos por las tonterías que decía el pelinegro. El postre fue recibido por una enorme sonrisa del doncel.

—Ok, cena y pie de manzana con helado… ¿Que sucede?

—Nada, ¡¿por qué debería sucede algo, a caso no podemos hacer algo lindo por la persona que más queremos?! —dijo el pelinegro simulando indignación.

—Bien, bien, gracias a los dos —respondió el rubio, sin ganas de extender la exagerada actuación de su esposo e ignorando al pelinegro dejo un sonoro beso en la mejilla de su pequeño, antes de volver a centrarse en su porción de pie de manzana.

—Ehhh y mi beso —se quejó el pelinegro y Kenma simplemente siguió comiendo mientras escuchaba la suave risa de su niño por la actitud de su revoltoso padre.

Luego de comer y hacer que Kuro se quejara, el rubio llevó a Kei a su habitación, lo metió en la cama y se acostó a su lado, para leerle el siguiente capítulo del libro que habían empezado esa semana. Cuando terminó de leer, habló un ratito con Kei de la historia y luego lo arropó, le entregó su dinosaurio favorito y con un beso en la frente le dió las buenas noches.

Al entrar en su habitación Kenma encontró a Kuro saliendo del baño, con el cabello todavía húmedo y usando solo un bóxer negro.

Kuro inspeccionó al doncel con la mirada y se acercó a él con un paso tranquilo, una vez delante de él solo estiró su brazo y cerró la puerta antes de centrar sus dorados ojos en aquellos orbes ámbar y acariciar la mejilla de su amado doncel.

—¿Qué sucede?... ¿Por qué no me lo dices de una vez?

—Kuro, no creo que…

—No crees ¿Qué?... Acaso piensas que me va a molestar… ¿Que, todavía no me conoces amor? Sabes que te amo a ti y a Kei… y obviamente amaré a este bebé —dijo el pelinegro con una sonrisa y Kenma solo lo miró algo confundido.

—¿Qué?

—Ya lo sé… reconozco que tal vez debí notarlo antes por lo raro que estabas, pero… ayer encontré el test en —dijo el pelinegro pero se detuvo al ver la expresión seria de su esposo.

—No estoy embarazado… ese test era de Akaashi —dijo Kenma en un tono tranquilo y pausado, pero se detuvo y suavizó su expresión al notar cómo cambiaba la expresión de Kuro—… ¿Amor… estás bien? —preguntó finalmente acercándose y acariciando la mejilla del pelinegro.

—Entonces no… ¿No?... Si no es eso… ¿Qué te pasa?

hasta aqui otro capítulo. esperoque les haya gustado.

Gracias por seguir esta historia.

Nos leemos