Mi hijo
Lo harías.
Kenma soltó un suspiro, tomó la mano de su esposo y caminó con él hasta la cama, donde se sentó en el borde y espero a que el pelinegro hiciera lo mismo. Kuro suspiró algo cansado y finalmente se sentó junto a su esposo.
—Mi padre… ¿Recuerdas que hace como un mes mamá se enojó con él y lo hecho de casa? —kuro asintió y simplemente esperó a que el doncel continuara—… bueno… tengo un medio hermano, dos años mayor…
—¡¿Qué?! —exclamó el pelinegro pero se contuvo de decir cualquier otra cosa.
—Hubo un problema en el banco y gracias a eso mamá descubrió que mi padre ha estado depositando dinero en una cuenta desde hace más de quince años… una cosa llevó a otra y finalmente descubrimos que mi padre tuvo un hijo con otra mujer cuando estaba comprometido con mi madre, al parecer se enteró de su existencia cuando yo tenía 8 y él 10… pero no dijo nada, simplemente decidió mantener a otra familia sin decirle a nadie.
—Wow, en verdad no esperaba eso, al menos no de tu padre con lo correcto que dice ser —murmuró Kuro tratando de contenerse, para no decir nada indebido—… no les molesta que tenga otro hijo…
—Nos molesta que lo haya ocultado por tanto tiempo —comentó el rubio bajando la mirada antes de hacer un momento de silencio—… ha estado llamando para ver si puedo convencer a mamá para que lo escuche.
—Amor —susurró el pelinegro acariciando la mejilla del doncel antes de hacer que lo mirara—… ¿Y tú cómo te sientes con esto? Si conozco a tu padre no te lo preguntó ni una vez y tu madre debe estar tan ensimismada en su dolor que tampoco lo hizo… y como siempre, tú quedas en medio intentando soportarlo todo —el rubio se mordió el labio inferior y luego escondió su rostro en el pecho de su esposo, quien inmediatamente lo envolvió con sus brazos.
—No lo sé —murmuró con la voz algo ahogada—… nos mintió, ocultó algo tan importante como un hijo… y ya no sé qué pensar de él… nuestra relación no era la mejor, pero ahora…
—Kozume… definitivamente esta es una de esas veces en las que tu padre se equivoca a lo grande, como suele hacer siempre… en verdad no sé que lo llevó a hacer algo así y creo que tu madre y tu tienen que escucharlo para… quizás entenderlo —dijo Kuro separando un poco a Kenma de su cuerpo para poder verlo a los ojos.
—¿Tu harías algo así? Ocultar un hijo por tanto tiempo —indagó el rubio con una mirada triste.
—No puedes comparar, tu padre y yo somos muy diferentes… y acéptalo, te amo demasiado como para tener hijos con alguien más —respondió el pelinegro dibujando una sonrisa en su rostro.
—Pero solo mira lo que le pasó a Oikawa…
—¿Si me pasara algo así, tú lo aceptarías?
—No lo sé —respondió Kenma antes de cubrirse la boca con una mano y sentir algunas lágrimas rodando por sus mejillas. En ese momento Kuro entendió que todo lo que estaba sucediendo en su entorno, en verdad había afectado a Kenma, llenandolo de miedos e inseguridades.
—Amor, no llores —murmuró Kuro secando las lágrimas de Kenma antes de volver a abrazarlo—… te aseguro que eso no va a pasar y si pasara, serías el primero en enterarte, jamás podría ocultarte algo así… sabes que te amo.
—También te amo —murmuró el rubio antes de besar esos labios que lo enloquecian.
—Amor… ¿Cómo se llama tu hermano? —preguntó Kuro al terminar el beso.
—Akiteru Tsukishima.
—Tendremos que conocerlo… ¿Lo invitamos a cenar?
—¿Te parece? ¿No crees que podría… odiarme?
—Amor, si te odia es un idiota que no merece ser tu hermano, por qué tu eres la persona más maravillosa de este mundo.
Kenma se puso algo rojo al escuchar la declaración de su esposo y sin decir nada se sentó a horcajadas sobre el regazo del pelinegro y volvió a besarlo, esta vez adentrando su lengua en esa boca y mordiendo el labio inferior del pelinegro antes de terminar el beso
—¿Te estabas portando raro porque creías que estaba embarazado? —preguntó el rubio mientras sentía como aquellas enormes manos comenzaban a recorrer sus caderas. Kuro solo asintió y soltando un tembloroso suspiro Kenma agregó—, ¿Quieres otro hijo?
—Claro que quiero —murmuró Kuro mientras sus manos comenzaban a masajear las nalgas del doncel, provocando que este comenzará a moverse, haciendo que ambos miembros se rocen y aumente la excitación—, contigo lo quiero todo… tengamos otro bebé —propuso con una preciosa sonrisa mientras sus manos se metían dentro del pantalón de su esposo.
Kenma gimió como respuesta y repitió el gemido al sentir los dedos de su esposo rozando su entrada mientras la boca del pelinegro atacaba su cuello y lentamente iba ascendiendo hasta llegar a la oreja, donde succionó y mordió el lóbulo, haciendo que Kenma gimiera aun más. El rubio alejó con sus manos a su esposo y rozando sus labios con los de Kuro murmuró...
—Tramposo, ¿Como me niego si haces eso? —una sonrisa se dibujó en los labios de Kuro y recibió con gusto el beso de su esposo, se tiró hacia atrás llevando consigo el pequeño cuerpo del doncel, quien sin dejar de besarlo se acomodo sobre la entrepierna del pelinegro, para que su trasero rozara aún más el erecto miembro de su esposo—, ¿Si sabes que es una decisión que no debe tomarse a la ligera?
—Te amo —murmuró Kuro quitándole la camiseta al doncel—, Kei ya no es tan pequeño —agregó repartiendo besos en el cuello del rubio—, estamos muy bien económicamente y estoy seguro de que puedes manejarte con tu trabajo como en el embarazo anterior…
—¿Y si lo tenemos ahora, nuestro bebé será amigo del niño de Bokuto y Akaashi? —indagó Kenma incorporándose para quitarse el pantalón y el bóxer… y de paso darle una vista más que tentadora a su esposo.
—No pensé en eso —susurró viendo cómo ese delicado cuerpo volvió a bajar para quedar sentado sobre él—, te juro que cuando encontré el test ayer, me emocioné y me encantó la id… —la voz de Kuro se cortó al sentir como Kenma se restregaba acomodando su trasero sobre su erección—, eso no es justo…
—No es justo que todavía uses esto —murmuró Kenma bajando un poco bóxer de su esposo, para liberar esa erección… y Kuro ya no lo resistió, sujetó al doncel de la cadera y con un rápido movimiento cambio de lugares, dejando al rubio atrapado entre el colchón y su cuerpo.
—Como te gusta jugar con fuego gatito…
Murmuró el pelinegro dejando un camino de besos por el torso del doncel hasta llegar a su miembro, el cual lamió en toda su longitud, robando un gemido del rubio, antes de meterse aquel erecto miembro en la boca. Sin dejar esa felación, llevó una de sus manos a la boca del doncel y este comenzó a chupar y lamer los dedos de su esposo, en cuanto Kuro los sintió suficientemente húmedos los llevó hasta la entrada de Kenma y comenzó a prepararlo. Los gemidos del rubio comenzaron a incrementarse, el pelinegro dejo el miembro de Kenma y lo miró con una sonrisa ladina.
—Gatito, más bajo, despertarás a nuestro pequeño —murmuró acercándose a la boca del rubio para besarlo.
Otro fuerte gemido de Kenma se ahogó en la boca del pelinegro, cuando esté lo penetró de una estocada y comenzó con su incesante vaivén, que rozaba y golpeaba una y otra vez ese punto dulce en su interior. Los gemidos del rubio casi no tenían control y eran ahogados en la boca de Kuro o sobre sus hombros en alguna que otra mordida.
Las piernas de Kenma rodeaban al pelinegro y sus manos se aferran a esa espalda dejando una marca tras otra. Se aferró con más fuerza y volvió a morder el hombro de su esposo, para acallar un fuerte gemido, al sentir que se corría. Kuro disfruto de esa mordida y con algunas estocadas más también se corrió, en el interior de su esposo.
Luego de un rato ambos se acomodaron entre las sábanas, Kenma se acurrucó junto a aquel cuerpo y con sus dedos comenzó a hacer dibujos sin forma sobre el pecho de su esposo, bordeando cada tanto las marcas que él había dejado sobre esa piel hacía unos momentos.
—Otro bebé —murmuró Kenma llamando la atención de su esposo que estaba a nada de caer dormido e inmediatamente centró sus ojos en el doncel que parecía distraído—… bien, podemos intentarlo… quiero una niña —Kuro río y acarició el cabello de su esposo.
—Tu quieres que yo enloquezca de los celos… te amo —dijo deleitándose con la suave risa del doncel.
Ennoshita miró el reloj, soltó un suspiro y volvió a mirar la mesa. Había preparado katsudon, la mesa seguía servida y la comida ya se había enfriado, pues ya llevaba casi dos horas esperando a su pareja. Desde hacía un buen rato sentía que el estómago le daba vueltas por lo que solo picoteo un poco de lo que se había servido en el plato.
Miró el plato de Tanaka y soltando un suspiro quitó el paquetito que había dejado allí, para darle la noticia que sería padre. Se puso de pie y caminó hasta la habitación, tomó la maleta que estaba en un rincón del armario, metió el paquetito y luego comenzó a guardar las pocas pertenencias que tenía.
"—Ryu, tengo que decirte algo —dijo el pelinegro cuando escuchó a su pareja salir del baño luego de ducharse.
—Chika, amor, lo siento en verdad, tengo que salir ya, Saeko me necesita —respondió un apresurado Tanaka mientras se vestía lo más rápido posible.
—Ryu siempre corres cuando es por ella… ¿Y por mi? —dijo el pelinegro en un tono casi inaudible, bajando la mirada.
—Lo siento, pero… prometo que estaré aquí para cenar a las ocho y seré todo tuyo, podrás decirme lo que quieras —dijo él de cabeza rapada sujetando las manos de su pareja.
—¿Lo prometes?
—Por supuesto, lo prometo, estaré aquí a las ocho en punto —concluyó antes de dejar un rápido beso en los labios del pelinegro y correr hacia la puerta—, nos vemos —dijo antes de desaparecer tras la puerta.
—Nos vemos… te amo —susurró él pelinegro sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas, las hormonas lo tenían mal y su pareja no ayudaba."
Ocupó su tarde preparando una cena deliciosa y la comida favorita de Tanaka, melonpan, para finalmente darle la noticia, pero ya eran más de las diez de la noche y ni rastro de su pareja.
Salió de la habitación cargando la maleta y volvió a mirar ese reloj que colgaba en la pared, faltaban quince minutos para las once. Sintió las lágrimas mojando sus mejillas. Tomó un melonpan de la fuente, llena de ellos, que había en la mesa y salió del departamento sin mirar atrás. Tomó el ascensor y comenzó a bajar, generalmente usaba la escalera pero no quería bajar tres pisos cargando esa maleta. Una vez en planta baja se acercó a los buzones y dejó su llave dentro de la casilla correspondiente a su departamento, luego salió del edificio, caminó hasta la esquina y tomó el primer taxi de aquella parada.
Miró su celular y volvió a sentir como sus ojos se inundaban al ver la fotografía de él y Tanaka que usaba como fondo de pantalla, ya eran más de las once de la noche y no tenía ni un mensaje o llamada de aquel hombre.
—Es en esta calle, ¿Cual es la casa? —la voz del taxista lo sacó de sus pensamientos y miró por la ventana.
—La que está llena de flores, la anteúltima de la manzana —respondió buscando su billetera mientras el auto se detenía ante la casa indicada.
Luego de pagar bajó del auto y aferrándose a su maleta se acercó a la puerta. La casa mostraba muy pocas luces encendidas, tocó el timbre con algo de duda y casi da un brinco cuando la puerta se abrió dejando ver a aquella dulce mujer que había conocido hacía al menos cuatro años.
—Chikara, cielo, ¡¿qué haces aquí a esta hora?!… ¿sucedió algo? —el pelinegro sintió que sus ojos volvían a humedecerse y asintió antes de murmurar…
—Hanna, lo hice… deje a tanaka… y ahora no tengo dond… —no pudo terminar la frase, sintió que un nudo se formaba en su garganta y solo se dejó abrazar por esa mujer que lo trataba como a un hijo.
—No digas eso, aquí tienes un hogar —interrumpió la mujer antes de dejar un beso en la mejilla del doncel—, vamos entra esta es tu casa, te lo he dicho muchas veces.
Una vez dentro de la casa la mujer lo guío hasta una habitación y lo ayudó a acomodarse.
—Esta era la habitación de mi sobrino Yū —comentó Hanna al notar que el doncel había centrado sus ojos en una fotografía de Noya y su esposo—, siempre me gustó, es grande y muy luminosa, perfecta para ti.
—Es más grande que la habitación que estaba usando con Ryu…
—Chikara… siéntate conmigo —agregó dando unos golpecitos en el borde de la cama a su lado, el pelinegro asintió y se sentó junto a la mujer—… ¿Quieres hablar de lo que sucedió?
—Me cansé… me cansé de ser lo último en su lista de prioridades… llevo días intentando decirle que va a ser padre y todavía no lo sabe… no quiero seguir así y mi hijo no va a mendigarle el poco tiempo que le queda cuando no trabaja y no sé ocupa de Saeko… y yo tampoco, ya no más.
La mirada de Ennoshita era triste pero decidida y Hanna no se pudo resistir a abrazarlo y consolarlo. Conoció a ese joven doncel gracias a Suga, buscaba trabajo y lo contrató como pastelero en su café, desde entonces a medida que lo conocía se encariñaba cada vez más con el muchacho.
—Aww mi cielo, sé lo difícil que es esto para ti y quiero que sepas que no estás solo, yo estoy aquí para ti y para este bebé.
—Gracias Hanna —respondió Ennoshita correspondiendo al abrazo de la mujer.
"Noya caminaba junto a su mejor amigo, Tanaka Ryuunosuke, por uno de los enormes pasillos de aquella costosa escuela, las puertas de los salones estaban cerradas y podía escuchar los murmullos a su alrededor, todos hablando sobre él, culpandolo de una cosa u otra.
—No les hagas caso, sabes cómo son estos pretenciosos —dijo el de cabeza rapada en un tono que delataba su molestia.
—No te preocupes ya me acostumbré a… ¡¡Auch!! —se quejó al ser golpeado en el hombro por su acompañante.
—No mientas… eres una persona maravillosa y este lugar está lleno de idiotas que no pueden ver eso… ¿Que harás cuando yo no esté?
—¿De qué hablas? Lo prometiste siempre estarás aquí.
Noya miró a tanaka, quien dibujó una sonrisa triste en su rostro y comenzó a desaparecer, el castaño intentó sujetarlo, pero su amigo desapareció entre sus dedos… y de repente se encontró ante una enorme puerta, la cual se abrió e inmediatamente se vio en medio de aquella oficina. El director y algunos profesores lo miraban de forma reprobatoria y delante de ellos podía ver claramente a sus padres.
Takano lo miraba completamente serio y Momoi apenas si lo miraba.
«De nuevo tu, eres una vergüenza para todos. ¿Porque tuve que tener un hijo como tu? No haces más que decepcionarnos. Eres incapaz de aprobar una materia, eres incapaz de hacer algo bien. Nunca harás nada de tu vida. Nadie te querrá jamás…» las voces se mezclaban y seguían diciendo cosas por el estilo, mientras Noya se sentía cada vez más pequeño y comenzaba a unirse en una profunda oscuridad."
—Yū, Yū… amor despierta —la voz de Asahi lo sacó de aquel sueño. La respiración del doncel estaba muy agitada y en cuanto vio los preocupados ojos de su esposo lo abrazó intentando esconderse en su cuerpo—, ¿Estás bien amor?
—Si… de nuevo ese sueño —dijo el doncel con la voz algo ahogada—, en verdad las palabras duelen más que cualquier otra cosa… ¿Crees que esto funcione?
—Yū, la única forma de saberlo es intentarlo —murmuró Asahi acariciando la espalda de su esposo—, haz nuevos recuerdos que superen esos malos momentos, ese debería ser tu objetivo en este viaje, además de ver que se puede hacer con la enfermedad de tu padre.
—¿Y si no consigo alejar estos temores que siempre me persiguen cuando estoy cerca de ellos? —preguntó Noya centrando sus ojos en los de su esposo.
—Amor, no temas, sabes que siempre estaremos a tu lado y tu padre en verdad lo está intentando… ¿Cuantas oportunidades crees que te queden?
Yū hizo un momento de silencio y luego respiró profundo para finalmente sonreír y dejar un corto beso en los labios de Asahi.
—Tienes razón, gracias por estar siempre amor, eres el mejor —murmuró antes de volver a apoderarse de esa boca, en un beso profundo y demandante.
—Yū tenemos dos niños en casa hoy —susurró Asahi y su esposo lo miró poniendo ojos de cachorro—, además tenemos que levantarnos temprano y terminar de preparar las cosas para el viaje… Durmamos ¿Sí?
—Ok —respondió el doncel soltando un suspiro—, pero me lo debes y me lo cobraré —agregó antes de darle otro beso a su esposo y volver a acurrucarse a su lado.
Espero que les haya gustado, como siempre gracias por leer y gracias a los que comentan.
Nos leemos.
