Mi hijo
Abuelos.
Ese estaba siendo el mejor día que Wakatoshi había tenido en mucho tiempo. Luego de ver las casas fueron a un centro comercial a almorzar y después simplemente se quedaron allí recorriendo un poco el lugar antes de centrarse en el sector de juegos, donde pasaron varias horas pasando de un juego a otro siendo arrastrados por Taichi.
—Es increíble ¿Dónde guarda tanta energía? —comentó el castaño caminando junto a Tendō, sin dejar de ver a Taichi que corría hacia una mesa de la heladería.
—Ahh si lo supiera… creo que se parece a ti en eso —dijo el pelirrojo con una sonrisa—… se parece a ti en muchas cosas —murmuró, pensando en todas las veces que eso le había dolido hasta la alma. Miró al castaño que ahora ayudaba a Taichi a sentarse y una sonrisa apareció en sus labios, todavía amaba a ese hombre con cada fibra de su ser y era feliz, muy feliz de que siga siendo el mismo y con las mismas ideas de hace cinco años.
"Satori salió del baño, rebuscó en el armario y se puso una camiseta del antiguo equipo se su pareja, le quedaba un poco larga y algo suelta por todos lados, lo cual era de esperarse ya que Wakatoshi era apenas más alto y bastante más fornido que él. Se puso un bóxer y salió de la habitación. Dió un rápido vistazo en el pequeño lugar y al notar que su pareja todavía no había regresado se tiró en el sillón y cuando estaba a punto de encender el televisor, escuchó las llaves en la puerta y un instante después la vio abrirse para darle paso a ese fornido castaño que cargaba algunas bolsas y dos cajas de pizza. Satori lo ayudó y unos minutos después ambos se encontraban comiendo, sentados en el sillón, mientras veían un partido de vóley extranjero.
—¿Por qué te gusta tanto esa camiseta? —preguntó repentinamente el castaño mientras tironeaba un poco de la prenda.
—Mmmm no lo sé… es tuya y es cómoda…
—Es como cualquier otra camiseta, pero tú tienes una fijación por ella… que no logro entender —acotó el castaño y Satori no pudo evitar reír ante ese comentario y sin decir nada dejo un corto beso en los labios del confundido Wakatoshi.
—Te amo tanto… ¿Te conté que Semisemi está embarazado? —preguntó para cambiar el tema.
—¡Semi Eita!... ¿De quién? —indagó el castaño luego de dudar un rato.
—No me dijo demasiado, está con un humor de los mil demonios… creo que es de Jin —respondió Satori sentándose sobre el regazo del castaño…
—No sabía que Semi estaba con Soekawa —comentó Ushijima sujetando a su pareja por la cintura.
—En verdad no salían oficialmente, según Semi, pero a pesar de todo sé que lo amaba y sufrió mucho su pérdida —murmuró el pelirrojo recostandose sobre el pecho del castaño—… debe ser horrible…
—Amor, así es la vida… nadie podía saber que Soekawa moriría en ese accidente… y si Semi lo amaba ¿No crees que es algo bueno que espere un hijo de él? Al menos tendrá algo de ambos, fruto del cariño que se tenían.
—Creo que Semi no lo está viendo así, por ahora… creo que está preocupado por cómo decírselo a los padres de Jin, lo del bebé ya lo aceptó, mamá y yo hablamos mucho con él…
—¿Tu mamá?
—Si, tenía que ir a buscar algo a casa y él estaba muy nervioso y negando el resultado del primer test así que se hizo otro en casa, mamá lo vio por accidente y pensó que era mío… así que primero tuve que bajarla de la nube de "un nieto" y…
—¿Tu mamá quiere un nieto? —interrumpió Wakatoshi sorprendiendo un poco al pelirrojo.
—Wakatoshi eso es algo que toda madre quiere cuando su hijo está en pareja por mucho tiempo —comentó entre risas Satori.
—¿Tú quieres un hijo? —preguntó el castaño sorprendiendo al pelirrojo, quien dejó de reír en ese instante.
—¿Tú quieres? —dijo con la voz algo temblorosa, separándose un poco del castaño y manteniéndose atento a cada expresión de este.
—Satori yo quiero vivir contigo, tener una casa y una enorme familia —respondió el castaño como si nada antes de dibujar una sonrisa en su rostro—… solo contigo… ¿Tú qué quieres? —agregó acariciando delicadamente la mejilla del pelirrojo.
—Yo, quiero una casa con un enorme jardín para que nuestros hijos jueguen en el, quiero estar a tu lado siempre y quiero ser el único que vea esa hermosa sonrisa que tienes —respondió el pelirrojo con una sonrisa antes de besar con pasión a aquel castaño al que tanto amaba."
—Satori… Satori —la voz de Wakatoshi lo trajo a la realidad y vio a Taichi comiendo alegre un helado de vainilla con chispas de chocolate y a Wakatoshi dejando un helado frente a él antes de sentarse a su lado—… chocolate con chispas y cerezas, según Taichi… ¿Todo bien? Parecías algo… perdido.
—Gracias… si, todo bien, sólo pensaba en que… ya casi tenemos todo lo que queríamos.
—Si, ya solo necesitamos algo de tiempo para arreglar todo y poder vivir juntos como una familia —comentó el castaño antes de cambiar su expresión por una un poco más seria—… Satori… hable con Daichi y dice que necesitaremos una prueba de ADN para todo lo legal —el pelirrojo centró sus ojos en su helado y se mantuvo en silencio—… tú sabes que mi familia rebosa de empresas y acciones… y cada testamento o contrato tiene cláusulas locas y extrañas y… si queremos que nuestra hijo tenga todo lo que le pertenece… es necesario.
—Tu sabes que no estamos contigo por eso —murmuró Tendō llevándose una cucharada de helado a la boca, todavía sin levantar la mirada.
—Lo sé —Satori levantó la vista y centró sus rojos ojos en aquel castaño que lo miraba con amor—… yo no necesito un papel que me diga que él es nuestro… pero quiero que mi madre pague todo lo que nos hizo.
—Ok —respondió a regañadientes el pelirrojo, no lo admitiría en ese momento pero él también quería que esa mujer sufriera como los hizo sufrir a ellos—… organizalo en la semana y lo hacemos.
Wakatoshi sonrió y sin demora se acercó a Satori y lo besó.
—¡¿Wakatoshi?! —la voz de mujer llamó la atención de la pareja que inmediatamente se separó para encontrarse con una pareja frente a ellos, ambos rondando los sesenta o setenta años, una mujer de cabello castaño ya bastante poblado de canas, de ojos color café que los miraba con una enorme sonrisa en su rostro y el hombre de cabello cano y ojos rojos que lo miraba algo sorprendido.
—Abuela, abuelo, hola —saludó Wakatoshi como si nada.
—Hola cielo, ¿Cómo estás?... ¿Nos vas a presentar? —dijo la mujer lanzándole una mirada pícara al pelirrojo.
—Claro, ellos son Satori y Taichi Tendō —dijo señalando a los mencionados—, Satori, ellos son mis abuelos maternos Rei Asami y Mitsuru Ushijima —agregó señalando primero a la mujer luego al hombre.
—Ohhh… ¿Él es ése Satori? —preguntó algo sorprendida la mujer, a lo que el castaño solo asintió.
—¿Podemos? —preguntó Mitsuru señalando la silla que quedaba libre en la mesa.
—Por supuesto —respondió Satori con una sonrisa.
Rei se sentó mientras Mitsuru acercaba otra silla.
—Tu madre está molesta, la estás evitando a ella y a los Riko —comentó Rei sin despegar sus ojos de Taichi, quien comía helado sin prestarle mucha atención a los presentes.
—Debo felicitarte hijo, he de admitir que lo soñé, pero jamás creí que harías algo así para romper los sueños de tu madre.
—Mitsuru —dijo la mujer, pero su esposo no la dejó terminar.
—Quisiera que fuera la hija que yo crié pero —dijo el hombre negando con la cabeza, antes de centrar sus ojos en el doncel—… Tendō ¿Que me cuentas de ti? Wakatoshi nos contó un poco sobre ti, te ha extrañado mucho.
—Yo también lo extrañé mucho —comentó Satori mirando de reojo al castaño…
—Maman me donne une cerise? (Mamá me das una cereza) —preguntó Taichi interrumpiendo a Satori, quien con una sonrisa tomó una cereza que decoraba su helado y la dejó en la copa de su pequeño.
—Oh mon dieu parlez-vous français! Si petit ... quel âge avez-vous? (Oh mi Dios, hablas francés! Tan pequeño… cuántos años tienes?) —dijo Rei en un excelente francés, consiguiendo una enorme sonrisa de Taichi, quien inmediatamente le mostró cuatro dedos y respondió en francés, ignorando al resto.
—Ya la perdimos —comentó Mitsuru con una sonrisa—, a mi esposa le encanta el francés y los niños…
—Así que con un niño que habla francés está en el cielo —agregó Satori entre risas.
—Así es… hace tiempo que esperamos el bisnieto… pero no sé qué espera este muchacho, Wakatoshi no quiero morirme sin tener un bisnieto.
—Papa qui est bis… bis… bisetto? —preguntó Taichi mirando a Wakatoshi.
—Cielo —murmuró Rei sacudiendo el brazo de su esposo sin quitar sus ojos del pequeño y su nieto.
—¿Bisnieto?... Bueno… tú eres un bisnieto, ellos son mis abuelos, tú eres mi hijo… eso te convierte en su bisnieto —trató de explicar Wakatoshi, pero el pequeño lo seguía mirando con duda, el castaño pensó como explicarlo mejor y un carraspeó llamó su atención.
—¿Wakatoshi? —murmuró Mitsuru.
—Bueno… Taichi es su bisnieto —respondió como si nada el castaño—… Satori se fue por culpa de mamá y en ese momento no sabía que estaba embarazado…
—¡Sorpresa! —dijo algo nervioso Satori
—Ahh lo sabía, se parece mucho a ti cielo, tiene tus ojos.. ahhh no lo puedo creer tengo un bisnieto hermoso —exclamó una muy alegre Rei abrazando y besando la mejilla del pequeño pelirrojo.
—Definitivamente tienes… tienen mucho que contarnos —dijo Mitsuru mirando a la pareja—… no puedo creerlo, en verdad tiene tus ojos —agregó abrazando a su esposa, quien parecía no querer soltar a Taichi.
Tooru terminaba de guardar los platos y cosas que usaron para la cena cuando Hajime apareció en la cocina con una expresión seria.
—¿Todo bien Iwa… Mori ya se durmió? —preguntó el castaño evitando la mirada de su pareja.
—Prácticamente se durmió antes de que lo dejara en su cama… ahora puedo saber ¿Por qué Kise se quedará aquí está noche?
—Ahhh eso, no quería decirte nada frente a él, me costó tranquilizarlo… al parecer hay alguien que lo está acosando, parece que es algo peligroso, está con miedo y tiene pánico de estar solo o con personas que no conoce —Iwa lo miró algo extrañado pero no dijo nada y lo dejó continuar—… se puso mal al contarme todo y bueno le ofrecí pasar la noche aquí para que no se sienta tan solo…
—¿Ya fue a la policía? —indagó el pelinegro después de soltar un suspiro.
—Si, pero todo sigue igual al parecer no tienen pistas suficientes para encontrarlo, ya ha tenido varios guardaespaldas pero al parecer no fueron buenas experiencias —agregó el castaño cerrando el cajón donde guardaban los cubiertos, para luego centrar sus ojos en su pareja y acercarse a él—… amor tú tienes muchos contactos, ¿no conoces a alguien que lo pueda ayudar a solucionar esto? —susurró acariciando la mejilla de Hajime con ternura, mientras inflada un poco los cachetes.
—Bueno… podría decirle a Aomine, puede ser algo insoportable en ocasiones pero es el mejor en su trabajo —respondió algo dudoso el pelinegro.
—Bueno la idea es que ocupe el lugar del actual guardaespaldas, que a Kise no le agrada, y que investigue para atrapar al acosador.
—Si le hacemos una buena oferta seguro que acepta
—¿Seguro que es la mejor opción? Kise es mi mejor amigo y no quisiera que le pase nada.
—Lo sé, por eso te sugiero a Daiki, puede ser un engreído al que no le gusta que lo manden, pero es el mejor en su trabajo.
—Lo sacaron del servicio amor…
—Eso no es cierto, él renunció antes de que lo hicieran, y ya te dije cual es su problema, él no cree que deba hacer lo que le dice cualquiera que él piense que es inferior a él, aún cuando ese alguien tiene un rango mucho mayor… habrá que ver cómo le cae Kise… mañana le organizo una reunión para que se conozcan y ellos decidan —concluyó Iwaizumi antes de dejar un corto beso en los labios de su pareja.
La suite era grande y hermosa, y las habitaciones tenían una vista realmente sorprendente. Noya y Asahi recorrieron su habitación y luego de un momento ambos terminaron recostados en aquella enorme cama.
—Creo que a Dashi le va a encantar Hawái —comentó Asahi mirando con ternura a su esposo.
—Si… la última vez que estuve aquí tenía diez años, uno de los socios de papá se casaba aquí, pasamos cinco días, la fiesta fueron tres y mamá decidió quedarse dos días a descansar, creo que fue una de las pocas veces que pasamos algo de tiempo como familia —murmuró Noya sin despegar sus ojos de su esposo—, creo que es una buena ocasión para que le enseñemos a nadar a nuestro bebé.
—¿Crees que se podrá? sabes que Dashi le tiene algo de miedo al agua.
—Amor a veces nuestro bebé es tan miedoso como tú —dijo entre risas el doncel—, adoro que se parezca tanto a ti —agregó antes de acercarse para besar a su esposo—. Oye… ¿Fue impresión mía o Mutsumi me estuvo tirando palos durante todo el vuelo? —preguntó comenzando a desprender la camisa de Asahi.
—¿Mi madre tirándote palos?... ¿De qué, por qué, para qué? —murmuró el más alto colando sus manos bajo la ropa de su esposo, quien no tardó nada en soltar un leve jadeo.
—Creo que quiere otro nieto —respondió el doncel colocándose a horcajadas sobre su esposo.
—¿Seguro? —indagó algo sorprendido Asahi antes de hacer una pausa y acariciar la mejilla de Yū—… ¿Y tú qué quieres?
—Creo que sí quiero otro bebé… pero no sé si este sea el mejor momento, con todo lo que está pasando —respondió Noya dudando un poco— ¿Tú qué quieres?
—Yo quiero que Tadashi y tú sean felices —dijo acariciando el plano vientre de su esposo—… además tú tienes que ser el primero en decidir algo así, es tu cuerpo… sabes que te diré que si, porque te amo y por qué podemos mantener dos, tres o los hijos que tú quieras —Noya sonrió ante esa respuesta y volvió a besar a su esposo.
—¡¿Sabes cuántas personas darían lo que sea por tener un hombre como tú?!
—Pues que sigan buscando porque yo soy todo tuyo —murmuró Asahi volviendo a acariciar, sugestivamente, el cuerpo del doncel.
—Espero que estés listo para demostrar eso —agregó Noya acomodando su trasero sobre el miembro de su esposo y empezando a moverse.
—Menos mal que mis padres se quedaron con Dashi —susurró Asahi soltando algunos gemidos mientras apretaba el trasero de su esposo.
—Wow, esto es un caos… parece ir bien —comentó Suga mirando a su alrededor en aquel local que pronto sería la nueva cafetería de Hanna.
—Si, todavía están terminando de instalar todas las cosas en la cocina, con suerte terminarán mañana y ya luego podremos comenzar a acomodar todo aquí adelante —dijo Ennoshita cargando una caja con manteles para dejarla en el mostrador.
—Recuerda que no tienes que esforzarte demasiado.
—Lo sé, lo sé, ¡¿Cómo olvidarlo si Hanna se lo ha pasado llamando y mandando mensajes, para recordarmelo todo el día?! —comentó el pelinegro sentándose junto a Shoyo que dibujaba en una mesa.
—No te preocupes, será solo los primeros días, cuando Noya estaba embarazado y se mudó con Asahi, también hacía lo mismo, luego se calmó un poco —dijo el peligris con una sonrisa—… ¿En verdad no te molesta cuidar a Shoyo?
—Ya te dije que no te preocupes, es lo menos que puedo hacer después de que me diste un lugar donde estar… estaremos aquí un rato más, hasta que los chicos se vayan y luego nos iremos a casa a preparar la cena —respondió antes de centrar sus ojos en el pequeño pelinaranja—… ¿Me vas a ayudar a cocinar Shoyo?
—Siiiii —dijo el pequeño con una enorme sonrisa— ¿Haremos pastel de chocolate? —agregó mirando suplicante al pelinegro.
—Cuidado con él Ennoshita, no le des todos los gustos —advirtió Suga mirando serio al pequeño—, ¿que dijimos pájarito?
—Debo portarme bien con el tío Ennoshita, hay que cuidarlo porque lleva un bebé —dijo el pelinaranja, repitiendo lo que Suga ya le había repetido varias veces, luego miró a Ennoshita y preguntó— ¿Tío dónde está tu bebé? —Suga y Ennoshita rieron.
—Mi bebé está aquí —respondió el pelinegro acariciando su vientre, e inmediatamente Shoyo se acercó y también lo tocó—, pero todavía es pequeñito y no se nota.
Mientras Ennoshita hablaba con Shoyo el celular de Suga sonó, este revisó el mensaje, tomó su morral y se preparó para salir.
—Bien, Tendō me está esperando —dijo el peligris sacando algunas cosas del bolsillo del morral—, esta es tu llave y te dejo algo de dinero por si tiene que comprar algo para cocinar, no recuerdo si hacía falta algo, supongo que estaré de vuelta en una o dos horas.
—Esta bien, ve no te preocupes por nada —respondió el pelinegro tomando las cosas que Suga le daba.
El peligris se despidió del doncel y de su pequeño con un abrazo y un sonoro beso en la mejilla y luego partió hacia la dirección que el pelirrojo acababa de mandarle. Unos cuantos minutos después se encontró con Tendō en un edificio de oficinas. Subieron al ascensor e inmediatamente el pelirrojo apretó el botón del octavo piso.
—¿Tendō estás seguro de que estará?
—Si, hice todo un trabajo de investigación y esta mañana llame para hacer una cita, así que prácticamente nos espera a nosotros —respondió el pelirrojo con una enorme sonrisa.
En ese piso los recibió una mujer de unos cuarenta y tantos años, quien les dijo que el señor Futakuchi los esperaba en su oficina, e inmediatamente se levantó y los guió hasta la oficina, le tercera a la derecha. La mujer golpeó y entró cuando escuchó el leve "pase."
—El señor Sugawara está aquí —dijo la mujer antes se salir y darles el paso.
El castaño los miró con una sonrisa, pero su expresión cambió al notar al pelirrojo.
—Hola Futakuchi Kenji, el es Sugawara Koushi y yo soy Tendō Satori —saludó el pelirrojo.
—Hola —respondió el castaño dibujando una sonrisa falsa en su rostro, mientras señalaba los dos asientos frente a su escritorio—… ¿En qué puedo ayudarlos?
—En verdad nosotros vinimos para ayudar a dos personas —murmuró Suga.
—Queremos ayudar a Takanobu y a ti para que puedan estar juntos y ser felices —agregó Satori.
—¿Pero que…?
—Solo escúchanos y luego decides qué hacer —dijo Suga interrumpiendo al castaño y luego con una mirada le indicó a Satori que comenzará.
—Se que crees que Aone está casado conmigo y que es el padre de Taichi… y debo decirte que eso no es así, solo somos muy buenos amigos, prácticamente hermanos, y eso es así porque yo siempre he amado al padre de mi hijo, con quién estoy volviendo en este momento y por qué Aone… te ama a ti, siempre ha sido así…
—Te ama desde hace mucho tiempo y es muy fácil saber cuándo piensa en ti, por que sus ojos se iluminan y no puede dejar de suspirar… jamás quiso decirme quién era la persona a la que amaba, creo que siempre pensó que si se lo decía a alguien su hermano se enteraría y lo arruinaría —agregó Suga.
—Por favor dale una oportunidad… tu sabes que es una persona maravillosa —concluyó el pelirrojo juntando sus manos en forma de súplica.
—Aclarame algo ¿Si no es el padre de tu hijo… porque lleva su apellido? —preguntó el castaño luego de un momento de silencio donde Suga y Satori no le quitaron los ojos de encima.
—Bueno, esa es una historia un poco larga… si prometes darle una oportunidad a Takanobu, te la cuento —propuso Tendō.
—Considerando que esto no es una negociación solo diré que lo pensaré.
—Bueno con eso me alcanza —dijo el pelirrojo luego de dudar un momento y mientras se acomodaba en su lugar comenzó a contarle su historia.
Daichi caminó hasta la puerta secándose las manos con una toalla, mientras el timbre volvía a sonar por cuarta vez, y al abrir la puerta se encontró con un Bokuto un tanto ansioso.
—Bokuto, hola… lamento la demora estaba bañando a Tobio, pasa.
—Hola Daichi, será solo un momento, se me hace tarde para ir al aeropuerto, pero tenía que hacer esto ahora…
—¿Aeropuerto?
—Le pedí a mis padres que vengan a ayudarme con todo lo que está pasando y Keiji está en casa con Murasakibara y Lev y… a lo que venía —respondió bastante apresurado y finalmente sacó una revista del bolsillo interno de su chaqueta y se la extendió a Daichi.
El pelinegro tomó la revista y miró algo confundido al peligris, Bokuto solía tener sus arranques algo extraños y en ese momento Daichi se preguntaba porque le estaba dando una revista en ruso, pero al voltearla y ver la contratapa todo quedó más que claro.
La expresión de Daichi inmediatamente cambió a una de sorpresa antes de dar paso a la de enojo.
—¡¿Cómo pudo?! La voy a matar —murmuró entre dientes el pelinegro sin quitar sus ojos de aquella publicidad que mostraba a su ex, a Tobio y a una niña que curiosamente era idéntica a Tobio, promocionando una línea de ropa.
—Daichi sé que esto te molesta y tienes razón pero por favor te pido que no se lo digas a Keiji… se va a molestar conmigo por no decirle cuando se entere pero no es un buen momento para tensiones y demás, lo sabes —pidió el peligris con una expresión seria.
—No te preocupes, sabes que por Hajime y por mí no se va a enterar.
—Cualquier cosa me avisas, me tengo que ir saludame a Tobio —dijo Bokuto antes de empezar a retroceder.
—Gracias, suerte, cuida a Keiji —se despidió Daichi antes de cerrar la puerta.
Volvió a mirar la imagen y nuevamente sintió la furia crecer en su interior, dejó la revista en su escritorio. Respiró profundo para tranquilizarse y volvió al baño con Tobio, para encontrar a su pequeño jugando con unos barquitos y su pulpo esponja.
Al fin nuvo capitulo, aqui vuelvo a mensionar yn poco de casi todos. me tarde un poco mas porque he estado algo complicada.
Espero que les haya gustado. Gracias por leer. Besos
