Mi hijo.
Cita
Futakuchi soltó un profundo suspiro antes de volver a ver la fachada de ese elegante restaurante, llevó una de sus manos a su corbata y la aflojó un poco, sentía que se ahogaba con ella. Miró por las enormes ventanas del lugar y volvió a suspirar al no ver a quien lo esperaba. "Quizás todavía no llega" pensó mientras miraba su reloj, pero inmediatamente descartó esa idea, estaba llegando quince minutos tarde y él sabía muy bien que Aone jamás llegaba tarde.
Pasó una de sus manos por su cabello volviendo a acomodar su fleco y finalmente entró en aquel restaurante, miró a su alrededor, pero seguía sin encontrar al albino.
—Buenas noches y bienvenido —saludó un empleado acercándose al castaño, quien dió un pequeño respingo antes de centrar sus ojos en el hombre que le hablaba—… ¿Tiene reservación…?
—Me están esperando —respondió inmediatamente, interrumpiendo al empleado—… el señor Aone…
—Oh, sí, por favor venga conmigo —dijo el hombre antes de comenzar a caminar hacia el sector de privados.
El empleado se detuvo ante una puerta corrediza, la cual abrió antes de hacerle una seña a Futakuchi para que entrara. Los ojos color chocolate recorrieron el tranquilo cubículo y finalmente se centraron en el albino que se puso de pie en cuanto lo vió. Kenji se mordió el labio inferior y finalmente entró, e ignorando la siempre imponente presencia del albino se acercó a la mesa y se sentó en el lugar frente a Takanobu.
—Señor Aone, en un momento traeremos lo que ordenó —dijo el empleado haciendo una pequeña reverencia antes de salir y cerrar la puerta corrediza.
—Lamento llegar tarde tuve una reunión con Iwaizumi que duró un poco más de lo que esperaba —murmuró sintiéndose culpable pues sabía que seguramente Aone había llegado antes del horario acordado.
—No te preocupes, el que debe disculparse soy yo, por pedirte una cita un martes, pero el jueves estoy viajando por negocios y como no sé bien cuándo volveré quería hablar contigo antes de irme —dijo Aone sirviendo vino en la copa del castaño y en la suya.
—Bueno… si no digo esto, me voy a sentir raro hasta que me vaya de aquí —murmuró algo apresurado el castaño antes de soltar un suspiro, miró un momento a Aone y antes de seguir hablando comenzó a bajar la mirada—… lamento no haberte creído, haber insistido tanto y… lo siento sé que tú no me mentirias y a pesar de todo —dijo en un tono más suave del que generalmente usaba, dudando bastante y se detuvo de repente al sentir la mano de Aone acariciando su mejilla y haciendo que levantara la mirada para centrar sus ojos en los suyos...
—Te extrañé muchísimo, sé que perdí mucho tiempo y que los sentimientos son la cosa más frágil que existe… pero en verdad no quería que nada te pasará, te amaba entonces y todavía te amo… quizás soy demasiado optimista al pensar que todavía sientes algo por mi… pero aunque sea me gustaría que pudiéramos volver a ser amigos —dijo Aone en un tono no muy convincente y se detuvo al escuchar un golpecito en la puerta, la cual se abrió y el mesero entró llevando una bandeja con algunas piezas de sushi y unos pequeños cuencos con salsa, los cuales dejó en la mesa.
—Señores, espero que les guste su entrada, en unos minutos le traeremos el plato principal —dijo el hombre con una sonrisa y luego de recibir un pequeño asentimiento por parte de Aone, se retiró volviendo a cerrar la puerta.
Futakuchi dibujo una pequeña sonrisa en su rostro luego de escuchar al albino, siempre le pareció lindo cuando estaba algo nervioso, y se sorprendió un poco pues todavía podía leerlo muy bien a pesar del tiempo que pasaron distanciados.
—¿Tendō no te contó lo que hemos hablado? —preguntó el castaño con una sonrisa de lado.
—Dijo que te explicó todo y que estabas dispuesto a tener una cita —murmuró Aone desviando un poco la mirada.
—Eso creí… si no, no hubieras dicho lo que dijiste —agregó el castaño antes de tomar una pieza de sushi y llevarla a su boca.
La expresión de Aone se volvió un poco más seria y tal vez algo triste. Futakuchi suspiró y tomó un trago de vino.
—Hace años que no nos vemos, cuéntame qué fue de ti —murmuró Kenji disfrutando de aquella mirada algo confundida que le dió el albino.
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Satori salió de aquel ascensor y caminó por ese tranquilo pasillo. Sacó de su bolsillo esa tarjeta elegantemente escrita y volvió a leerla "20:00 hs. Te estaré esperando" y debajo en un costado podía verse un corazón alto deforme junto a las iniciales "W. U."
Esa tarde al volver al departamento, luego de recoger a Taichi del preescolar, se encontró con un paquete dirigido a él, el cual contenía una caja de cerezas al ron bañadas en chocolate, sus favoritas, junto a una pequeña caja con esa escueta nota y una llave que colgaba de un llavero con un muñequito de peluche en forma de sapo, y con solo verlo Satori supo al instante a donde tenía que ir.
Se detuvo ante esa puerta que conocía tan bien. Miró el llavero que sujetaba con su mano derecha y no pudo evitar recordar…
"—¿Por qué insistes tanto por ese sapo? —preguntó Wakatoshi viendo como su pareja volvía a fracasar en su intento de sacar aquel llavero de esa máquina—… no es como que necesites un llavero, tienes muchos y no usas ninguno, tu llave cuelga de un cordón.
Tendō lo miró haciendo puchero, acababa de gastar su última ficha y el sapo a penas si se había acercado al agujero de salida.
—Ya deberías de saber que me gustan los sapos, me siento identificado con ellos —es castaño lo miró ladeando la cabeza y soltando un pesado suspiro Satori continuó—… soy común y corriente… y feo… y tú eres como el príncipe del cuento que escoge un sapo y lo besa para que se transforme… entiendes, yo soy un sapo… por eso quiero a ese… condenado muñeco —concluyó Satori mirando molesto el llavero mientras intentaba mover la máquina, pero fue detenido por su pareja, quien sujetó sus manos e hizo que lo mirara.
—Tu no eres un sapo feo —murmuró Wakatoshi antes de acercarse a besarlo—… y lo único que tienes en común con ese muñeco de sapo es que eres hermoso y tierno —Satori sintió sus mejillas arder y de inmediato supo que podían competir con su cabello—. Si tanto quieres ese sapo lo conseguiré para ti.
Finalmente luego de varios intentos Wakatoshi terminó pagandole al encargado de la tienda para que le vendiera el condenado llavero."
Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro al recordar ese momento, aquel sapo fue el primer regalo que Wakatoshi le dió como su novio. Metió la llave en la cerradura y está abrió con la misma facilidad que la primera vez.
Al entrar en el departamento la nostalgia y sorpresa invadieron al pelirrojo, hacía cinco años que se había ido de allí y todo seguía igual, ningún mueble había sido movido de lugar o cambiado, cada uno de sus dibujos seguían ocupando los lugares que Wakatoshi les había dado en su momento, siempre diciendo "es hermoso hay que ponerlo donde pueda verse." Rcorrió el lugar a detalle con la mirada y finalmente se detuvo en la pizarra que usaban para dejarse notas, donde todavía podía verse la lista de compras que él había escrito unos días antes de irse.
Un ruido desde la habitación llamó su atención y al mirar se encontró con un Wakatoshi saliendo del baño envuelto en una toalla. Su cabello estaba mojado y algunas gotas de agua recorrían aquel marcado y musculoso cuerpo. Satori suspiró sin notarlo mientras sus ojos recorrían cada centímetro de ese cuerpo, pero se detuvo al escuchar la suave risa del castaño.
—Ohhh… lo siento, como mandaste la llave… yo… debí golpear antes… pero —Satori sentía que sus mejillas quemaban y no pudo evitar ponerse nervioso, en verdad no esperaba verlo así.
—Esta bien, te mandé la llave para que entres cuando quieras… hola —murmuró Wakatoshi acercándose para sujetar a Tendō de la cintura y sin necesidad de hacer mucha fuerza, lo pegó a su cuerpo y se apoderó de esa boca, que tanto le gustaba.
El beso fue lento pero profundo, la lengua de Wakatoshi se adentro en la boca contraria y recorrió cada milímetro de esa calidad antes de Iniciar una danza con la lengua contraria. Satori sintió que las piernas le temblaban y sabía que si no fuera por el firme agarre del castaño ya estaría de culo en el piso. En cuanto el beso termino Satori intentó recuperar el aliento y apoyo la frente sobre el hombro izquierdo del castaño.
—¿Satori estás bien? —preguntó el castaño algo preocupado por la reacción de su amado pelirrojo.
—Dame un momento… Wakatoshi no puedes besarme de esa forma de repente —se quejó, aunque la risita que acompañó la queja, hizo que esta no sea muy creíble, luego se incorporó y mirándolo a los ojos con una expresión que intentaba ser molesta agregó—… ¿Tienes una idea cuánto hace que nadie me besa así?
—No puedes pedirme que no haga algo así cuando te veías tan adorable, sonrojado solo por verme desnudo —replicó el castaño antes de dejar un corto beso en esos rosados labios—… y más vale que nadie te haya besado así —agregó en un tono algo serio frunciendo el ceño.
Satori dibujó una sonrisa en su rostro, no se había dado cuenta cuánto extrañaba esas pequeñas demostraciones de celos de Wakatoshi. Se pegó más al cuerpo del castaño, lo abrazo por el cuello y acercó sus labios a la boca de Wakatoshi.
—Nadie más que tú me ha besado o tocado —murmuró antes de morder suavemente el labio inferior del castaño.
Satori sintió esas fuertes manos apretando su trasero y antes de que pudiera decir cualquier cosa estaba siendo besado nuevamente por Wakatoshi, quien sin ninguna dificultad lo levantó haciendo que el pelirrojo enredara las piernas en su cintura. Ese beso estaba cargado de deseo y pasión. Satori sentía que de un momento a otro se derretiría. Soltó un gemido al quedar atrapado entre el caliente cuerpo de Wakatoshi y la fría pared, la toalla que cubría a Ushijima se había caído y podía sentir perfectamente la dura erección rozando su entrepierna y su propia erección atrapada entre su ropa.
—¿En verdad hace tanto tiempo que tú no…? —murmuró Wakatoshi en la oreja de Satori antes de morderle el lóbulo y comenzar a bajar por el cuello dejando un camino de besos y mordidas.
—¡Cómo podría si Taichi era y es lo más importante para mi… ademas siempre los compaba contigo! ¿Quién podría ser mejor que tú? —susurró Satori con dificultad por la excitación, aferrándose con fuerza al cuerpo de Wakatoshi.
—Te deseo tanto —declaró el castaño comenzando a quitarle la remera al pelirrojo.
—También te deseo —murmuró Satori clavando sus uñas en la fornida espalda del castaño—… Wakatoshi hazme el amor —agregó e inmediatamente volvió a sentir los labios del castaño subiendo por su cuello y mandíbula hasta llegar a su boca.
Satori se perdió en ese beso tan dulce y lleno de deseo, al tal punto que no supo en qué momento habían llegado a la cama. La ropa del pelirrojo terminó en el suelo y pronto aquella habitación comenzó a llenarse de suspiros, jadeos y gemidos. Tendō no sabía en qué momento se había vuelto tan sensible, pues las manos y los labios de Wakatoshi lo hacían vibrar con cada rose, sentía que se desarmaba en jadeos y gemidos mientras el castaño lo masturbaba con una mano y con la otra preparaba su entrada moviendo los dedos en su interior.
—Waka… to… shi… ya —murmuró entre jadeos un muy excitado Satori, pero solo recibió una mirada seria pero cargada de deseo...
—Tranquilo… si hace tanto que no lo haces, sabes que tengo que prepararte bien… no quiero lastimarte —dijo el castaño antes de meter un tercer dedo en el interior de Tendō y comenzar a jugar con la lengua sobre el glande del pelirrojo, quien inmediatamente comenzó a bloquear como pez fuera del agua.
Aquello parecía una verdadera tortura, Satori sintió un temblor recorrer su cuerpo, un fuerte cosquilleo en su vientre y antes de que pudiera decir cualquier cosa se vino, soltando un fuerte gemido y manchando con su esencia su abdomen y un poco el rostro de Wakatoshi.
—¿Amor tan bien se sienten mis dedos en tu trasero? —preguntó con una sonrisa de lado antes de limpiar con su mano el semen que cayó en su mejilla, para luego probarlo de la forma más lasciva posible, haciendo que Satori se ponga aún más rojo de lo que ya estaba por la excitación.
—Ahhh… ya no… juegues conmigo —murmuró Satori atrayendo a Wakatoshi para besarlo.
Ese beso era lento y dulce, Satori quiso quejarse cuando el castaño quitó los dedos de su interior, pero aquellos labios no se lo permitieron, e inmediatamente sintió el duro miembro de Wakatoshi entrando lentamente en él. Sus gemidos morían en la boca del castaño y su respiración se agitó mucho más al sentirse completamente lleno por el miembro de Wakatoshi. Se mantuvieron un momento brindándose besos y caricias, mientras el pelirrojo se acostumbraba, pero en cuanto Satori comenzó a mover las caderas, Wakatoshi respondió comenzando a embestir aumentando de a poco la velocidad.
Los jadeos y gemidos se volvieron más fuertes que antes. Satori se retorcía de placer debajo del castaño, aferrándose a las sábanas mientras sus piernas se enredaban en la cintura de su pareja. Cuando el cuerpo del pelirrojo se estremeció, Wakatoshi supo que había tocado aquel punto dulce en su interior y entonces comenzó a arremeter más rápido y con más fuerza en aquel punto, haciendo que la voz de Satori se elevará repitiendo el nombre del castaño una y otra vez, cosa que realmente enloquecía a Wakatoshi.
Satori volvió a clavar sus uñas en la espalda del castaño y jadeando descontroladamente, en el oído de Wakatoshi, a causa del orgasmo, eyaculo entre los cuerpos de ambos, excitando aún más a Wakatoshi, quien luego de unas cuantas embestidas más, se corrió en el interior de Satori, para luego dejarse caer un momento sobre el agitado cuerpo del pelirrojo, el cual un momento después arrastró consigo, al girarse dejando al doncel sobre su pecho.
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—En verdad debo agradecerte, pediste todo lo que me gusta, hasta fondeu de chocolate —dijo Futakuchi con una enorme sonrisa, una sonrisa muy verdadera, de esas que hacía mucho no sentía—… ¿No sabía que sirvieran este postre aquí?
—No lo sirven… lo pedí especialmente para ti, siempre te gustó el chocolate, así que pensé que era un buen postre —respondió Aone con una pequeña sonrisa, en verdad le gusta ver a Kenji sonreír de verdad.
—Eres increíble —murmuró el castaño antes de soltar un suspiro—… Y cada vez que haces algo como esto no puedo dejar de preguntarme ¿Por qué?... ¿Por qué te gusto?
—Por qué simplemente eres maravilloso para mi… no lo sé, simplemente en un momento solo quería verte sonreír, era feliz a tu lado y solo quería lo mejor para ti… mi familia, del lado de mi padre, siempre fue un tema difícil y cuando él se empecinó contigo, solo podía pensar que si tus sonrisas eran para él yo simplemente moriría… y lo supe… supe que estaba completamente perdido… no puedo explicarlo y no puedo decir me gusta esto de ti, por que me gusta absolutamente todo de ti —dijo Takanobu sin despegar sus ojos de aquellos orbes color chocolate.
—¿Por qué siempre haces mal la propuesta? —exclamó Kenji antes de morderse el labio inferior y soltar un suspiro— ¿Por qué quieres que seamos amigos, cuándo podemos ser mucho más? —la expresión de Aone cambio y en su rostro apareció lo que parecía un esbozo de sonrisa—… sé que mi orgullo arruina las cosas a veces… pero hay algo peor que eso… en estos años he tenido varias relaciones… pero ninguna funcionó, porque todos me dejan, dicen que es evidente que busco algo que ello no tienen y uno de mis mejores amigos, Himuro, dice que inconscientemente te busco a tí en ellos… y sé que tiene razón porque sin importar lo que haga, no puedo dejar de amarte —agregó Futakuchi luego de ponerse de pie y comenzar a acercarse lentamente al albino.
Aone no le quitó los ojos de encima en ningún momento, mientras el castaño hablaba y se acercaba lentamente a él, hasta que finalmente se sentó sobre su regazo y sin demorar mucho más, acercó su rostro y lo besó. Aone lo sujetó con una mano por la cintura mientras llevaba la otra mano a la nuca del castaño para profundizar el beso.
—¿Quieres ser mío para siempre? —murmuró Takanobu al terminar el beso.
—Claro que sí… ¿Tú serás solo para mi? —susurró el castaño antes de dejar un corto beso en los labios de Aone.
—Por supuesto —fueron las últimas palabras de Aone antes de volver a apoderarse de esa boca que tanto había deseado. Era feliz, muy feliz y no dejaría que nadie le robara a su bello castaño, su lindo osito pardo.
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Satori se movió un poco sobre el pecho del castaño, los ojos comenzaban a pesarle y sabía que si se quedaba así un rato más caería dormido y en verdad no podía.
—Wakatoshi, pidamos comida, tengo hambre y sueño… ceno contigo y me voy.
—¡¿Te irás?!… quedate conmigo
—Amor ya quisiera, pero tenemos un niño que está siendo cuidado por su abuela Mirah y no quisiera dejarlo toda la noche… no creí que terminaríamos así —agregó el pelirrojo incorporándose un poco para centrar sus ojos en los de Wakatoshi.
—Se suponía que cenaríamos y hablaríamos de varias cosas —dijo el castaño acariciando el rojo cabello de Satori—… pero no me quejo.
—¿De qué querías hablar? —preguntó Satori volviendo a acomodarse sobre el pecho de su pareja.
—Mi madre comenzó a mover a sus abogados, así que tenemos que apresurar el reconocimiento de Taichi como mi hijo… y quisiera que te apresures con la elección de muebles y lo que haga falta para la casa, me gustaría que los tres nos mudamos cuanto antes…
—Wakatoshi, entiendo lo del asunto legal… ¿Pero no te parece que estás apresurando mucho las cosas? —indagó el pelirrojo sentándose en la cama.
—Satori, no me fío de mi madre, vivo preocupado pensando en que puede aparecerse y… por eso los quiero conmigo —respondió Wakatoshi con una expresión seria, también sentándose en la cama.
—Ahhh… amor no te preocupes, nosotros estaremos para ti siempre, aunque a esa mujer le moleste… pero necesito que seas paciente y me entiendas, luego de la muerte de mi madre, termine alejando a Taichi de todo lo que conocía para venir a vivir aquí, tuvo problemas en su nuevo colegio y antes de que se pudiera adaptar a nuestra casa ya nos estábamos mudando nuevamente con Aone… Taichi es un niño encantador que no se queja ni nada, pero sé que todas estas cosas lo afecta —dijo Satori acariciando la mejilla del castaño—, en verdad te entiendo, pero no debes preocuparte, Aone y Mirah no dejarán que nada nos pase y tú tampoco… ¿Me darás un poco de tiempo para explicarle bien y que podamos prepararnos? —Wakatoshi soltó un suspiro y acercándose a Satori asintió antes de volver a besarlo—. Te amo y sé que Taichi te va a adorar… ¿Sabes que? Podemos ir los tres a comprar las cosas para la casa ¿Te parece? —agregó Satori con una enorme sonrisa y como respuesta obtuvo un asentimiento y una pequeña sonrisa—… ahora… en verdad tengo hambre.
—En verdad, ya tengo la cena lista, solo hay que meterla al horno.
—¿Cocinaste para mi? —preguntó el pelirrojo dudando un poco, pues Wakatoshi nunca fue bueno cocinando.
—No, mi abuela cocino para ti —respondió Wakatoshi con una sonrisa .
Bien hasta aquí hoy, como siempre espero que les haya guatado.
saludos y nos leemos.
