Mi hijo

Te amo - AoFuta

Habían llegado a Sidney a media tarde. Fueron del aeropuerto al hotel y Aone no hizo más que dejar sus maletas en la habitación, acomodarse el traje e irse a una reunión. El albino había renegado un poco por eso, lo habían llamado cuando el avión aterrizó y le informaron que necesitaba mover una de las reuniones para esa tarde, más específicamente dentro de una hora, cosa que no le dió tiempo para nada.

Aone le dijo que trataría de volver lo antes posible y le informo que podía hacer lo que quisiera en el hotel y que si quería salir podía pedir ayuda en recepción y alguien lo guiaría, luego le dió un beso apasionado y delicioso que dejó al castaño con ganas de más.

La habitación, o mejor dicho penthouse, por que sí estaba en un puto penthouse, era enorme y estaba hermosamente decorada, una cómoda sala, cocina y dos habitaciones cada una con un baño, y todo con enormes ventanales que daban una hermosa vista de Sidney. Luego de recorrer el lugar el castaño centró sus ojos en su maleta qué seguía junto al sillón en la sala, miró hacia las dos habitaciones y no supo si dejarla en la misma habitación donde Aone había dejado su maleta o en la otra. Soltó varios suspiros y finalmente optó por dejarla en la otra habitación, después de todo hacía prácticamente nada que habían comenzado… lo que fuera que fuese su relación y pensó que no era buena idea presionar. Luego solo salió a recorrer el hotel.

Futakuchi volvió a entrar en aquella "habitación" y un suspiro escapó de sus labios al ver el amplio lugar y la hermosa vista. Jamás en su vida pensó que terminaría en uno de los lujosos hoteles Sheraton.

El cielo ya estaba completamente oscuro y las luces hacían aquel paisaje aún más hermoso. El reloj marcaba 20:23 y Aone todavía no volvía. La computadora del castaño estaba sobre la mesa ratona mostrando un archivo que él todavía no terminaba, o más bien no empezaba a leer, su mente estaba en cualquier lugar y no podía dejar de ver a cada instante hacia la puerta.

—¡¿Que rayos pasa conmigo?! —se dijo a sí mismo poniéndose de pie—, ya sabía que él venía por negocios —agregó antes de soltar un suspiro—… debo concentrarme en mis asuntos.

Volvió a leer el primer párrafo y finalmente soltó un suspiro cansado antes de ponerse de pie y dirigirse a su habitación.

Cuando Aone llegó encontró la computadora del castaño en la sala, dió un rápido vistazo al lugar y las habitaciones, deteniéndose en la del castaño al verlo salir del baño envuelto en una de las batas del hotel.

—Hola —murmuró algo sorprendido Futakuchi, no se esperaba encontrarse con el albino parado en su puerta—… pensé que ya te habías olvidado que estaba aquí —agregó, pero inmediatamente se arrepintió pues eso sonó más a queja de lo que esperaba.

—Lo siento, se suponía que esta reunión sería mañana —respondió Aone acercándose a su castaño—… pero viendo el lado positivo la reunión de mañana será durante el almuerzo y luego tendré el resto del día libre… y puedes acompañarme a esa reunión —agregó el albino acariciando la mejilla de Futakuchi antes de besarlo, con lo que parecía ser verdadero hambre.

El castaño no dijo nada y solo siguió el beso, haciéndolo más profundo, estaba perdido pues ya era un completo adicto a esos besos

—Lamento haberte hecho esperar —susurró Aone antes de volver a besarlo y morder con algo de fuerza el labio inferior del castaño, quien gimió y casi se derrite en ese instante.

—¿Quien dice que te esperé? —dijo Futakuchi intentando recomponerse, pero al centrarse en esos ojos grises sintió la excitación recorrer su cuerpo y centrarse en su miembro el cual comenzaba a despertar.

—¿Ya cenaste? —indagó el albino mirando de pies a cabeza al castaño.

—No… pero no porque te estuviera esperando, solo estuve algo ocupado y colgué —se apresuró a responder Kenji antes de ver al albino alejarse hacia la sala.

En cuanto Aone salió de la habitación se miró a su mismo y agradeció que la bata fuera lo suficientemente gruesa como para que no se notará lo excitado que estaba. Se apresuró a volver al baño para arreglar ese problemita y luego buscó algo de ropa en su maleta, se puso un boxer gris, el pantalón de un pijama azul y una antigua camiseta de cuando jugaba voley en la universidad.

Al salir de la habitación buscó a Aone con la mirada pero no lo encontró, se acercó a la otra habitación y pudo escuchar el agua corriendo, por lo que supuso que Takanobu se estaba duchando. Volvió el sillón de la sala y puso sus ojos en su computadora que mostraba lentamente fotos de él y sus amigos, y cuando estaba por activarla escuchó que alguien llamaba a la puerta, abrió y se encontró con un empleado del hotel que llevaba un carrito con varias bandejas cubiertas.

—Su pedido señor —dijo el hombre entrando a la habitación— ¿Desea que lo sirva?

—Gracias, pero no, déjalo en la barra de la cocina, nosotros nos encargamos —respondió de castaño obteniendo un asentimiento del empleado, quien inmediatamente se acercó a la barra y dejó todo allí, para luego retirarse llevándose el carrito consigo.

Futakuchi miró las bandejas y su estómago rugió recordandole que tenía hambre y en ese momento Aone salio de la habitación, con el cabello todavía húmedo, un pantalón de pijama y una camiseta negra.

—Pediste comida —murmuró el castaño con una sonrisa recibiendo sólo un asentimiento—… siempre estás en todos los detalles.

Comieron manteniendo una charla amena y luego terminaron en el sillón, con Futakuchi contándole a Aone sobre sus amigos y las fotos que mostraba su computadora.

—Himuro ha sido como un hermano para mi en este tiempo, nos llevamos muy bien y es como una mamá que se preocupa todo el tiempo por uno, y se hizo costumbre que si él no da el visto bueno no es aconsejable seguir con esa persona… más de una vez me ha salvado de algún idiota y gracias a él me libre de tu hermano cuando se volvió tan molesto —comentó el castaño mostrndole varias fotos donde aparecían él junto al otro doncel de cabello negro, en diferentes lugares, siempre con una enorme sonrisa los dos.

—¿Y que ha dicho él de mi? —dijo Aone rompiendo con su silencio que ya llevaba un buen rato.

—Dice que fui un tonto al no escucharte desde un principio —murmuró el castaño viendo la pequeña sonrisa que apareció en los labios del albino y luego agregó—… Ahh Himuro quiere conocerte personalmente así que insistirá para que cenemos o almorcemos con él...

—Cuando quiera… mientras no espere que yo cociné —respondió Aone en un tono serio antes de acercarse al castaño y dejar un corto beso en sus labios.

—Se nota que no lo conoces… Himuro es una persona agradable, pero también puede ser terrible cuando se lo propone… ¿En verdad estás dispuesto a enfrentarte a él? —dijo el castaño acercándose más al cuerpo del albino y acariciando su mejilla.

—Por ti… enfrentaré lo que sea…

Y el albino ya no pudo decir nada más pues Kenji se había apoderado de su boca en un beso hambriento y apasionado. Sus lengua danzaban en una batalla por el control, mientras Aone levantó aquel cuerpo con mucha facilidad y lo pegó al suyo. Futakuchi enredo sus piernas en la cintura de Aone y un gemido murió entre sus bocas al sentir el rose de ambas erecciones aún entre la ropa. Las manos de Aone apretaron el trasero de Futakuchi y en respuesta el castaño mordió el labio inferior del albino, antes de mostrarle una sonrisa maliciosa con una mirada cargada de lujuria que solo excitó más a Takanobu.

Aone arremetió contra la boca del castaño en un beso ardiente y sin control, Futakuchi intentaba seguirle el ritmo, pero las sensaciones lo golpeaban de una forma indescriptible, nunca se había sentido así con nadie, definitivamente ya era adicto a esos besos, no sabía que pasaba a su alrededor, solo sabía que no quería que Aone abandonará su boca.

Un instante después Futakuchi se encontró recostado sobre la cama siendo besado de esa forma increíble por Aone. Sintió esas fuertes manos paseando por su cuerpo y comenzando a desvestirlo, vio su ropa volar por el aire y no pudo evitar que sus mejillas comenzarán a tornarse rojas.

—No tienes una idea de cuánto te deseo… siempre has sido el único para mí —murmuró el albino dejando un camino de besos por la mandíbula y el cuello del castaño, quien gemía con cada uno de ellos por la increíble descarga eléctrica que producían sobre su piel.

Aone se deleitó un momento observando minuciosamente cada detalle del cuerpo de su castaño, la piel clara, sus músculos apenas marcados, los rosados pezones, el vientre plano, su miembro erecto que pedía atención y las piernas más sexis que jamás haya visto. El albino paso la lengua por sus labios sin despegar sus ojos de aquel cuerpo y Futakuchi inmediatamente supo que su rostro estaba completamente rojo, pues hasta las orejas le ardían, nunca pensó que lo excitaría tanto saberse tan deseado.

El albino volvió a repartir besos sobre el cuerpo del castaño, jugó un momento con los pezones de Kenji y se deleitó escuchando los gemidos de su osito pardo.

—¡Ahhh! Esto no es… justo —dijo el castaño con algo de dificultad, haciendo que el albino detenga un momento lo que estaba haciendo para mirarlo con algo de curiosidad—… ¿Por qué soy el… único desnudo?

Aone dibujo una pequeña sonrisa de lado en su rostro y sin decir nada se quitó la camiseta e inmediatamente Kenji se mordió el labio inferior al ver aquel torneado torso y sintió el incontenible deseo de tocar y morder esa clara piel. Un instante después el castaño estaba sentado en la cama, paseando sus manos por el cuerpo de Aone, acariciando los marcados músculos y terminando de desvestirlo.

Aone sujetó a Futakuchi por la cintura y lo pegó a su cuerpo, antes de acercarlo a su boca para volver a besarlo, haciendo que Kenji se arrodille sobre la cama para estar a la altura, sus miembros erecto comenzaron a rozarse y Aome apretó el trasero del castaño haciéndolo gemir. Era obvio que ambos estaban muy excitados.

El castaño comenzó a masturbar a Aone, mientras esté mordía y chupaba sus hombros dejando marcas en su piel. Kenji sujetó una de las manos del albino y la llevó hasta su boca para comenzar a chupar tres de sus dedos, en cuanto Aone los sintió suficientemente húmedos llevo esa mano hacia la entrada del doncel y luego de acariciar un momento el anillo de músculo, metió uno de sus dedos, obteniendo un gemido del castaño. Sin dejar de mover su dedo hizo que Kenji volviera a acostarse e introdujo el segundo dedo, lo que provocó que la respiración del castaño comenzara a alterarse. En cuanto Futakuchi comenzó a mover la cadera metió el tercer dedo y siguió simulando embestidas. Aone quería entrar en su castaño y hacerlo finalmente suyo, lo había deseado por tanto tiempo que ahora se le hacía difícil de creer que lo tenía gimiendo para él, su pene dolía de lo excitado que estaba, quería hundirse ya en él, pero sabía que debía prepararlo bien para no lastimarlo.

—Aone… más… quiero más… ya tómame —suplico el castaño con mucha dificultad y el albino no necesito más que eso.

Lo levantó un poco por la cintura, acomodo su miembro en la entrada del castaño y comenzó a penetrarlo lentamente. Kenji se tensó por un momento, al sentir al enorme intruso abriéndose paso, pero las caricias y los besos del albino hicieron que se relajara. Futakuchi soltó algunas lágrimas cuando el miembro de Aone estuvo por completo dentro de él, pero inmediatamente sintió las manos de Aone limpiando sus lágrimas antes de dejar un beso sobre sus labios.

—Te amo Futakuchi Kenji, y nada en el mundo va a cambiar eso —susurró Aone sobre los labios del castaño haciendo que este volviera a sonrojarse y lo besara olvidando el dolor.

En cuanto el castaño se acostumbro comenzó a mover lentamente las caderas, sin dejar de besar a Aone, quien respondió comenzando a moverse. Pronto Futakuchi se vio obligado a terminar el beso, le faltaba el aire y no podía dejar de gemir por todas las sensaciones que ese hombre le estaba provocando, era enorme y sin ninguna dificultad encontró ese punto en su interior que lo hacia estremecerse y gritar cada vez más alto, provocando que Aone incrementará la velocidad. El pene de Futakuchi goteaba líquido preseminal cuando Aone lo atrapó con una de sus manos para comenzar a masturbarlo.

Futakuchi estaba realmente perdido entre tantas sensaciones, su vista se había nublado, su respiración estaba completamente agitada, su cuerpo entero ardía y no podía dejar de jadear y gemir y antes de que pudiera decir cualquier cosa se vino en la mano de Aone, su espalda se arqueo por la fuerza del orgasmo y quedó casi inconsciente por un momento perdido en una nebulosa de placer, de la cual salió para volver a gemir con fuerza ante las últimas estocadas de Aone y con la poca fuerza que le quedaba enlazó sus piernas a la cintura del albino.

—Kenji —susurró Aone deteniendo su movimiento e intentando contenerse.

—Hazlo.

—¿Seguro? No estamos usando… y tú conoces los ries… —los labios de Futakuchi impidieron que Aone siguiera hablando e inmediatamente el castaño volvió a mover sus caderas provocandolo.

Aone dio varias estocadas más y finalmente se vino en el interior de su castaño.

—Te amo Takanobu… no sabes cuánto hace que esperaba que me hicieras tuyo —murmuró el castaño acariciando la mejilla de Aone sin despegar sus ojos de aquellos orbes grises que le decían que ese hombre sentía lo mismo, que lo amaba y que jamás lo iba a dejar solo.

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Morisuke miró a sus amigos y luego a la multitud de padres que esperaban para retirarlos. Shoyo, Tobio y Kei discutían, Taichi solo los miraba sentado a su lado y Lev seguía hablando en su mezcla de ruso y japonés, en verdad ese niño estaba feliz por tener un hermanito y Morisuke no podía dejar de pensar en que Lev no tenía idea de nada.

Poco a poco fueron retirando a todos y ya solo quedaban Lev y él. Un sonriente Bokuto se llevó a Lev y detrás de él Mori vio a Iwaizumi e inmediatamente una sonrisa apareció en su rostro, pues Hajime no solía ir por él.

En cuanto la señorita Kiyoko lo llamó el niño corrió hacia el pelinegro que lo recibió con una sonrisa e inmediatamente lo levantó en brazos para llevarlo hasta el auto.

—¿Hicieron algo interesante hoy? —preguntó el pelinegro antes de arrancar el vehículo.

—Habamos de trabajos… la senorita dijo que los papás van a venir a la escuela…

—Si la señorita Kiyoko mandó un comunicado para invitarnos a venir a hablar sobre nuestros empleos el viernes.

—¿Tú vendrás? —preguntó el pequeño inclinando la cabeza para ver al pelinegro, quien lo miró de reojo antes de volver a centrar la vista en el camino.

—Vere si puedo, pero seguro tu papá vendrá.

El pequeño esbozo una pequeña sonrisa y solo asintió. En el resto del camino Morisuke le contó cómo Kei se había peleado con los otros niños y se quejó de Lev que solo hablaba del bebé de Akaashi.

—Mori… Lev solo tuvo una abuela que lo cuido y ahora tiene una familia que está creciendo, es entendible que le guste la idea, está muy feliz con eso.

El niño solo lo miró pero no dijo nada, acababan de llegar. Iwa lo ayudó a bajar del auto y luego tomaron el ascensor.

Cuando entraron en el departamento Tooru los recibió con una sonrisa, al parecer también acababa de llegar, pues estaba de pie en la sala con las llaves todavía en la mano.

—Hola mi bebé —dijo el castaño agachándose para abrazar al pequeño. Mori le devolvió el abrazo con una sonrisa y dejó un beso en la mejilla del doncel, quien inmediatamente comenzó a llenarlo de besos, provocando la risa del pequeño.

En cuanto soltó al niño volvió a incorporarse y dejó un corto beso en los labios de Iwa.

—¿Cómo te fue hoy Tooru? —preguntó el pelinegro mientras los tres acercaban a la cocina para merendar.

—Muy bien —respondió el castaño y mirando de reojo al pequeño qué esperaba para que lo suban a una de las sillas altas junto a la barra, murmuró—… luego te cuento.

Durante la merienda los adultos hablaron sobre el trabajo de Iwa, que al parecer se estaba complicando por la ausencia de Akaashi y luego volvieron a hablar un poco sobre el evento de los empleos del colegio de Morisuke, al parecer estaba complicada la asistencia.

—Iwa-chan, Reo me va a matar si no hago este trabajo mientras todavía puedo —se quejó el castaño recibiendo una mirada seria del pelinegro, pero antes de que pudieran acotar algo el pequeño los interrumpió…

—El tío Tatsuya o el tío Taiga pueden ir… ellos siempre iban cuando mamá do podía…

Esas palabras fueron como un disparo directo al corazón de Tooru, quien inmediatamente sintió como sus ojos comenzaban a humedecerse.

—Mori… ¿Recuerdas lo que te dije? —pregunto Iwa acercándose al niño.

—Que siempe etaran para mí —murmuró él pequeño mirando los verdes ojos de Hajime.

—Bien, nosotros estaremos en tu escuela el viernes y no se diga más —agregó Iwaizumi mirando de reojo a su pareja, quien solo asentía sin parar, luego levantó al pequeño y lo abrazo muy fuerte— ¿Quieres jugar videojuegos conmigo? —el pequeño asintió y Hajime lo dejo en el piso antes de agregar—… Ve a escoger uno…

El niño corrió hacia la sala y entonces Tooru se acercó a Hajime.

—Me rompe el corazón… este niño me va a matar un día de estos —murmuró el castaño.

—Somos su familia, tenemos que hacer que lo note, sin importar qué hay que estar para él… llamaré a Reo para que haga magia y mueva esa sesión de fotos —dijo Iwa comenzando a caminar hacia la sala, pero se detuvo y volvió a mirar a su pareja—, tienes que esforzarte más para acercarte a él —agregó y sin más se acercó a Morisuke quien ya sostenía la caja de un videojuego.

nuevo cap, espero que les guste, originalmente iba a centrarme solo en el aofuta, pero ya ven que finalmente no pude.

quiero agradecer a todos los que han dejado review.. no lo hice antes porque, por alguna razón que desconozco fanfiction no me aviso de ellos, recien el el cap anterior me llego un comentario y cuando revise resulto que tenia muchos mas que no habia visto.

Gracias. nos leemos.