Mi hijo.

No me interesa.

Los cuatro adultos se acomodaron en los sillones de la sala mientras Kei se alejaba hacia su habitación evadiendo aquel ambiente algo tenso, despues de todo cuando el almuerzo estuviera listo lo llamarian.

Las miradas saltaban de uno a otro y parecía que ninguno quería empezar a hablar.

―Ahh… que bueno es reunir a la familia ―murmuró Kuro, quien solo fue escuchado por Akiteru que estaba sentado a su lado. El pelinegro soltó un suspiro y dibujó una sonrisa en su rostro―… bueno, sé que ninguno se esperaba esto, pero en verdad pensé que era una buena posibilidad para que se conozcan…

―Yo… lo siento ―interrumpió de repente Akiteru―… por mi culpa su familia se arruinó… yo en verdad lo siento… no quería que nada de esto pasara, tampoco quiero nada de su familia, no me interesa la empresa, ni el dinero… ni siquiera quiero el apellido Kenma… mi madre y yo se lo dijimos muchas veces a Vicious

―No tienes que disculparte, tú no tienes ninguna culpa ―murmuró Julia centrando sus ojos en aquel joven rubio que, al igual que su hijo, no se parecía en nada a Vicious―… y déjame darte un consejo, acepta lo que él te ofrezca.

―La verdad... no me interesa trabajar en la empresa ―respondió Akiteru rascándose la nuca.

―Un momento ¿no tienes una licenciatura en administración? ―indagó Kuro mirando con curiosidad al rubio, quien simplemente asintió―… ¿y no quieres trabajar de eso?... no te entiendo.

―Vicious insistió y sí, se me da bien, pero me gusta más ayudar a las personas, mi madre era enfermera y ahora es pediatra, así que he pasado casi toda mi vida rodeado de profesionales de la salud que me han enseñado muchas cosas y de a poco me fui metiendo en la fisioterapia… aunque este último tiempo tuve que dejarlo un poco para ayudar a Vicious…

―Por todos los cielos, ¿te convenció de que lo ayudes? ―exclamó la mujer.

―Dime que no firmaste su acuerdo de trabajo ―dijo Kenma dándole una fugaz mirada a su hermano, quien se mostró algo sorprendido antes de asentir.

―Estas perdido amigo ―exclamó kuro antes de darle una palmada, algo fuerte en la espalda a su cuñado―… a Kozume casi lo atrapa con eso, es una trampa bastante intrincada, que si no estas bien metido en lo legal no lo notas, por suerte vengo de una familia de excelentes abogados ―agregó viendo la expresión incrédula del rubio.

―Desde entonces cualquier cosa que venga de él es revisada por Akaashi o Iwa, luego te pasare sus datos y le hablaré de ti.

―Akiteru, no sé qué pienses tú de tu padre, pero tienes que saber que no hace nada sin dobles intenciones, cada uno de sus actos son para ganar algo, nuestra boda lo fue y el nacimiento de Kozume también ―comentó Julia mirando con algo de culpa a su hijo―… no lo sé todo de él, pero sí sé que ambos amamos a otra persona y por una cosa u otra terminamos juntos, aprendimos a tolerarnos y querernos… pero como podrás imaginar este tipo de relación es muy, muy frágil… no sé qué habrá pensado él cuando tú apareciste… pero yo…

―Julia sé que para ti todo se complicó desde que te enteraste de mi existencia, porque yo pongo en peligro todo lo de le pertenece a tu hijo, pero ya te lo dije y es la verdad, a mi no me interesa el apellido, la empresa, las acciones, el dinero, nada… lo único que me interesa es mantener el contacto y poder tener un hermano.

―Mamá ¡¿en serio eso te preocupa?! ya sabemos que él no quiere nada y si no fuera así, sabes que a mi me da igual ―concluyó Kozume dándole una pequeña sonrisa a su madre y a su hermano antes de ponerse de pie, deseando que con eso se terminara ese tema―… amor llama a Kei y acomodense en la mesa que en un momento sirvo la comida.

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Akaashi se movió con cuidado y al abrir los ojos se sorprendió al encontrarse en su habitación, recordaba que habia acostado a Lev y que se quedó con él. Se sentó en la cama y en ese momento Bokuto entró en la habitación llevando una bandeja con el desayuno.

―Akaasheeee buen día amor ―saludó efusivamente el peligris antes de dejar un corto beso en los labios del doncel― ¿dormiste bien?

―Buen día ―saludó el pelinegro con una pequeña sonrisa antes de centrar sus ojos en la bandeja que su pareja acababa de dejar en su regazo y su sonrisa se amplió al ver una tartaleta de limón junto a una taza de té de jazmín―… Boku ¿cómo llegue aquí? ―indagó antes de darle una mordida a su tartaleta.

―Yo te traje amor, me desperte como a las dos y estaba solo en el sillón, revise aquí y no estabas y finalmente te encontré en la cama de Lev, ninguno de los dos se despertó cuando te levante ―dijo Bokuto sentándose a un lado de su pareja antes de agarrar un panecillo de la bandeja―, amor la cama de Lev es pequeña, si quieres dormir con él lo mejor es que lo traigas aquí ¿si?

―¿No te molesta que él duerma con nosotros? ―preguntó Akaashi apoyándose sobre el costado de su pareja―, sabes que Lev puede acostumbrarse…

―No, no me preocupa, porque tu no lo permitirías… me preocupa más que duermas incómodo en esa cama pequeña ―respondió el peligris con una sonrisa antes de acariciar el abultado vientre de su pareja―… lo que sí me preocupa es saber cuándo regresaremos a nuestra casa… la cocinera me echó de la cocina ―agregó inflando los cachetes, lo que provocó que el doncel riera.

―Boku ya te lo dije, la cocina no es tu lugar… pero sí me gustaría volver a casa… pero el abuelo no quiere arriesgarse, quiere que nos quedemos aquí hasta que el bebé nazca y tus padres también piensan que eso va a ser lo mejor…

Bokuto no dijo nada, solo soltó un suspiro algo cansado, quería quejarse, pero sabía que no solucionaría nada y finalmente si era por el bien de su amado Akaashi podía soportarlo.

―Hablando de otra cosa… tu abuela y mi madre dicen que nos preparemos porque esta tarde tenemos una degustación de pasteles y cosas para la boda.

―¿Qué? ―exclamó el pelinegro bastante sorprendido.

―Al parecer piensan que lo mejor va a ser que nos casemos antes de que el bebé nazca, así que ya empezaron con los preparativos ―respondió como si nada Bokuto antes de tomar un sorbo del té de Akaashi.

―Boku ¿no se supone que nosotros tenemos que decidir una fecha? ―dijo el pelinegro quitándole la taza a su pareja.

―Mientras esté a tu lado me da igual... cuando tu quieras ―comentó el peligris con una enorme sonrisa.

―Bueno… reconozco que tu esperaste mucho para que yo estuviera listo y creo que ellos también… podemos concederles esto ―murmuró con una sonrisa antes de centrar sus ojos en la entrada de la habitación, pues ya escuchaba los presurosos pasos de Lev, e inmediatamente vio al pequeño peligris entrar, completamente despeinado y con una enorme sonrisa en su rostro.

El niño corrió hacia la cama y Bokuto lo levantó para que pudiera saludarlos, luego de que Lev dejara un beso en la mejilla de ambos, lo sentó en medio de ellos y sin demora el pequeño devoró los pastelillos que quedaban en la bandeja.

―Definitivamente le va a encantar la actividad de esta tarde ―comentó Akaashi viendo con una sonrisa como el niño se tomaba el té que le quedaba en la taza, realmente ese pequeño se parecía demasiado a su Koutarou.

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El castaño abrió los ojos e inmediatamente los volvió a cerrar, maldiciendose por no haber cerrado las cortinas en la noche. Se tapó la cabeza con las sábanas y la manta e intentó volver a dormir, pero el sonido del timbre lo hizo gruñir, escuchó la puerta abrirse y recién entonces recordó que Aone se había quedado esa noche… y también recordó todo lo sucedido en la fiesta, sus palabras, el tacto de su madre, esos ojos idénticos a los suyos, aquel hombre, esa niña… y nuevamente sintió las lágrimas comenzando a acularse en sus ojos, inmediatamente se destapó, restregó sus ojos y con un profundo suspiró intentó despejar su mente.

―Hola Kenji ―la voz de Aone llamó su atención y al descubrir sus ojos lo vio acercándose.

El castaño quito las manos de su rostro y le regaló una pequeña sonrisa a su osito polar, que en ese momento se quitó el delantal de cocina, para quedar únicamente en bóxer y con la camisa a medio abotonar. El albino subió a la cama y se acomodo junto al castaño antes de besarlo. Kenji amplió su sonrisa, definitivamente su mente acababa de despejarse, los grises ojos de Aone se centraron en los orbes marrones del castaño mientras acariciaba su mejilla.

―¿Cómo te sientes hoy? ―murmuró Aone luego de un rato, al notar lo silencioso que estaba Kenji.

―Mejor ―susurró luego de dudar un poco, pegándose más al enorme cuerpo de su pareja quien inmediatamente lo abrazó―… gracias por quedarte conmigo… se que diras que no tengo que agradecer, pero quiero hacerlo, así que solo déjalo así ―Aone solo sonrió y dejo un beso en la frente del castaño―… amor… ¿quien tocó el timbre?

―El repartidor, ordene comida, ya van a ser las dos de la tarde ―respondió e inmediatamente escuchó la melodiosa risa de su osito pardo.

―Te pusiste el delantal para atender ―dijo entre risas el castaño separándose un poco de Aone―… te quedaba muy bien ―agregó antes de apoderarse de la boca del albino―, te amo, vamos a desayualmorzar ―exclamó con una enorme sonrisa saliendo de la cama y tirando de Aone para que tambien salga de la cama.

Aone salió de la cama y sin dificultad alguna levanto a Futakuchi y lo cargó sobre su hombro, para comenzar a caminar hacia la sala, escuchando las risas del castaño y sintiendo como este le apretujaba cada tanto el trasero. Le encantaba escucharlo reír. Ya en la sala lo dejó en el sillón y se acercó a la barra de la cocina para traer el paquete de comida china que había ordenado, para luego sentarse junto a Kenji y entre los dos sacaron las cosas del paquete y las fueron acomodando en la mesita de sala. Comenzaron a comer mientras hablaban de cualquier cosa, hasta que de repente el castaño se detuvo y luego de soltar un suspiro, preguntó…

―¿Tu abuelo se habrá enojado?

El albino dejó su vaso sobre la mesita y centró sus ojos en el castaño.

―Llamó hace algunas horas, en verdad fue lo que me despertó ―al escuchar eso Kenji inmediatamente miró algo preocupado a su osito polar―… estaba preocupado por ti, queria saber como estabas… y pedirme que vaya a visitarlo y que te lleve conmigo ―Aone se detuvo y ese momento de silencio se le hizo eterno al castaño―… al parecer tu madre quiere verte y charlar tranquilamente contigo, parece que se alteró bastante luego de nuestra "huida"… no corrió detras de ti porque su esposo e hija la detuvieron… y también parece que tuvo una discusión con tu padre… según mi abuelo todos están preocupados.

―Muy a tiempo se preocupan por mí ―soltó con sarcasmo el castaño―… cuando yo los necesite no estaban, ahora no los necesito y me importa muy poco lo que ellos quieran… no me interesa saber nada de mi madre o mi padre ―agregó desviando la mirada, entonces sintió la mano de Aone sobre la suya.

―Bueno es tu decisión, yo no voy a insistir en eso pero no puedo asegurar que ellos no insistan.

Kenji apretó la mano de Aone, sabía que él tenía razón y sabía que podía enfrentar a su padre en cualquier momento, pero no estaba seguro de tener la fuerza para enfrentar a su madre.

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Tobio bebía de su cajita de leche mientras veía por la ventanilla del auto como el cielo comenzaba a oscurecerse, su papá y Suga hablaban en los asientos de adelante, pero él no estaba prestando atención, le dolía un poco la garganta y estaba cansado, pues había pasado casi toda la tarde en el hospital. Todos se preocupaban por él y el doctor le dijo muchas veces que no gritara y que tratar de hablar lo menos posible hasta que la garganta deje de dolerle. Estar así era molesto, muy molesto, por lo que ya había decidido que jamás volvería a aceptar nada de su madre.

En algún punto del viaje el pequeño pelinegro se durmió, estaba tan cansado que ni siquiera notó cuando su padre lo bajó del vehículo pero se despertó al escuchar el grito de Shoyo.

―¡Mamasuga!

Tobio despertó y al mirar a su alrededor notó que estaban en la casa de Tadashi e inmediatamente vio al pequeño pelinaranja en brazos de Suga y un instante después Noya estaba frente a él sujetandole las mejillas.

―Tobio-chan ¿como estas? ¿ya te sientes bien? ―preguntó muy rápido el doncel inspeccionando con la mirada el rostro del niño que solo atino a asentir.

―El doctor dice que esta bien, todavia tiene la garganta algo irritada, así que tendremos que tener algo de cuidado por unos días en las comidas y le aconsejó que no hablara mucho hasta que ya no le duela ―respondió Daichi mirando con una pequeña sonrisa a su hijo que extrañamente no había alejado bruscamente al doncel.

―Que bueno que está bien, en verdad nos preocupamos cuando Suga nos dijo que estaba en el hospital ―comentó Asahi con una amable sonrisa antes de acariciar la cabeza del pequeño pelinegro.

―¿Tobio qué te pasó? ―preguntó el pequeño pelinaranja mirándolo con curiosidad, todavía en brazos de Suga.

―Pajarito, Tobio tuvo una reacción alérgica ―respondió Suga llamando la atención de Shoyo y Tadashi, quien ahora estaba en brazos de Noya―, pero lo llevamos al doctor y ya está bien.

―¿En verdad estas bien? ―indago el pelinaranja sin despegar los ojos del otro niño, quien solo asintió antes de volver a recostarse sobre el pecho de su padre y apoyar la cabeza sobre el hombro del mayor.

―Esta bien Shoyo, no te preocupes, solo tiene algo de sueño por los remedios que tomó ―respondió Daichi regalandole una sonrisa al pequeño pelinaranja que todavía lo miraba algo preocupado.

―Se quedan a cenar ¿verdad? ―se apresuró Noya centrándose más que nada en Suga, quien solo asintió antes de ser arrastrado por el otro doncel al interior de la casa.

―Daichi, si quieres puedes acostarlo en la cama de Dashi ―propuso Asahi haciéndole una seña al pelinegro para que lo siga.

―¿Chiky, quieres dormir un rato o prefieres jugar con Shoyo y Dashi? ―preguntó acariciando la espalda de su hijo, quien luego de un momento se incorporó un poco y murmuró...

―Jugar.

Daichi sonrió y bajó a Tobio para que se acercara a los otros niños que estaban jugando junto a unas de las ventanas que daban al patio. Las sonrisas de ambos niños se ampliaron al ver a Tobio acercarse a ellos, e inmediatamente Shoyo se acercó a él y prácticamente lo arrastró hasta el sitio donde habían tirado los juguetes del pecoso. Los tres se pusieron a jugar con unos ladrillos y figuras de animales y luego de un rato Shoyo preguntó…

―¿Qué te pasó Tobio?

―Mamá me dió canela y... enferme ―murmuró el pelinegro.

―¿No puedes comer canela? ―preguntó el pecoso y Tobio solo asintió.

―¿Por que te dio eso? ¿no sabe que no puedes comer eso? ―indagó Shoyo frunciendo el ceño, a lo que el pelinegro respondió levantando los hombros.

―¿Te duele algo? ―dijo el pecoso inspeccionando con la mirada al otro niño.

―Un poco la gaganta ―respondió Tobio sin levantar mucho la voz.

Shoyo y Tadashi se miraron un momento, sonrieron y luego Shoyo dejo un beso en la mejilla derecha del pelinegro para que un segundo después Tadashi hiciera lo mismo en la otra mejilla. Tobio se sorprendió por esa acción y pronto sintió como sus mejillas comenzaban a arder a medida que se tornaban rojas.

―Todo estará bien, te cuidaremos ―agregó Shoyo dibujando una enorme sonrisa en su rostro, que hizo que el sonrojo de Tobio se extendiera hasta las orejas.

Nuevo capitulo, espero que les guste.

Gracias por leer y seguir esta historia.