Mi hijo

Los terushima

Tooru estaba untando una tostada con mermelada, cuando Hajime se sentó frente a él, le entregó la tostada a Morisuke y sujetando su taza centró sus ojos en el pelinegro que en ese momento fruncía el ceño. Hacía unos minutos que se habían sentado a desayunar pero Hajime se demoró pues acababa de recibir una llamada y ahora volvía con esa expresión de miedo.

―Iwa… ¿sucedió algo? ―preguntó el castaño antes de tomar un sorbo de su té con leche.

Iwa suavizó un poco su mirada, dudó un momento pero no dijo nada, simplemente centró sus verdes ojos en Morisuke quien se lamia los dedos que había manchado con mermelada.

―¿Tooru tu puedes ir por Mori al preescolar? ―preguntó volviendo a centrar sus ojos en su pareja, quien lo miró algo extrañado, pues habían quedado en que Tooru llevaría todos los días al niño y Hajime lo recogería a la salida, ya que era lo más práctico por los horarios de trabajo de ambos.

―Claro, puedo pedirle a Reo que acorte la sesión de hoy ―respondió el castaño luego de dudar un momento―, pero ten por seguro que va a querer negociar con algo, probablemente insista con esa sesión de fotos cuando se note más el embarazo ―comentó con algo de malicia, sabiendo que al pelinegro no le había gustado nada esa idea cuando el representante se las comento.

Hajime soltó el aire lo más lento que pudo y finalmente habló…

―Eso esta en ti, pero más te vale que llegues a tiempo, tengo que acompañar a Suga y no es conveniente llevar conmigo a Mori ―las últimas palabras fueron su susurro, pero los dos castaños centraron sus ojos en él.

―¡¿Acompañar a Suga?! ¿Por qué? ―indago ahora algo preocupado el castaño―… ¿Qué sucede Hajime? ―el pelinegro miró de reojo a Morisuke, era obvio que el niño los estaba escuchando, aunque pareciera, nuevamente, concentrado en su desayuno, Tooru siguió la mirada de Hajime y soltó un suspiro algo cansado, no obtendría respuesta hasta que estuvieran solos―… Mori, cielo, ¿quieres otra tostada?

―Sí ―respondió el niño con una pequeña sonrisa, antes de mirar a Hajime―… Papá ¿da mamá de Shoyo ta ben?

―Si, esta bien, solo tenemos que hacer algunas cosas cuando salgan del preescolar ―respondió Hajime intentando dibujar una sonrisa para no preocupar al pequeño―… nada de qué preocuparse, tu solo diviertete con los niños hoy ¿si?

El niño solo asintió como respuesta y luego terminó de comer la tostada que tenía en las manos, mientras Tooru le dejaba otra tostada con mermelada a un lado de la taza.

Finalmente terminaron de desayunar hablando del trabajo de Oikawa, quien estaba bastante contento de que volvería a trabajar con su amigo Kise.

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La mente de Suga seguía algo perdida, la preocupación no se alejaba de él desde que Iwaizumi lo llamó para pedirle que fuera a la oficina, pues tendrán una reunión con los Terushima. Esa mañana después de llevar a Shoyo al preescolar, recibió la llamada de Iwaizumi y podría decir que su mañana se arruino desde ese momento. Llamó a Daichi y este inmediatamente se ofreció a pasar por él esa tarde para acompañarlo a la oficina de Hajime.

El vehículo se detuvo ante aquel enorme edificio y Suga soltó un suspiro, se sentía un poco más tranquilo gracias a la presencia de Daichi, pero el miedo persistía.

―Suga, todo estará bien, no te preocupes ―dijo Daichi al ver la expresión preocupada del doncel―… vamos…

―Ahhh, no quisiera molestarte más, tienes que ir a trabajar ―murmuró Suga.

―No te preocupes por eso, puedo acompañarte, moví mis reuniones de hoy... además tengo que hablar de algo con Iwa.

El peligris le dio una pequeña y endeble sonrisa a Daichi antes de bajar del vehículo. Daichi sujetó la mano de Suga y lo guió hasta el edificio. Los nervios volvieron a crecer en cuanto entraron en el ascensor y pronto Suga comenzó a sentir aquel característico nudo en el estómago.

―¡¿Suga?! ―la voz de Daichi llamó su atención y de repente notó aquellos ojos cafés frente a él, al parecer su mente se había perdido por completo por un momento―… ¿Estás bien? ―preguntó algo preocupado Daichi al notar que finalmente el peligris lo escuchaba. Suga dio un rápido vistazo a su alrededor y notó que estaban en el pasillo cerca de los baños, al parecer Daichi lo sacó del ascensor y lo alejó de las curiosas miradas de las secretarías. Volvió a centrar sus ojos en Daichi y sin decir nada lo abrazó e inmediatamente sintió como el pelinegro lo envolvió entre sus brazos.

―Daichi… tengo miedo… se quieren llevar a mi bebé ―murmuró con mucha dificultad.

―Lo sé amor y no dejaremos que eso pase, lo haremos todo para que no suceda ―dijo Daichi antes de alejarse un poco para mirar al doncel a los ojos―… hoy no vienen a llevárselo y tu tienes que mostrarles lo fuerte que eres, para que sepan que no les va a ser fácil ―agregó con decisión acariciando la mejilla de Suga.

El peligris dibujó una pequeña sonrisa luego de analizar las palabras de Daichi, definitivamente tenía razón, tenía que demostrarle a su hermana que no se la iba a dejar fácil.

Unos minutos después la pareja entraba en la oficina de Iwaizumi, quien los recibió con su expresión seria y luego de saludarlos procedió a explicarles lo que les esperaba.

―Bien, Suga… más o menos en media hora deberían estar aquí los Terushima y su abogado, quieren ver si es posible llegar a un acuerdo o si vamos directo a juicio ―la expresión de Suga cambió completamente al escuchar esas palabras, pero no dijo nada pues inmediatamente Hajime le hizo una seña con la mano para que lo dejara terminar―… ni te molestes, ya sé que no existe posibilidad de acuerdo, pero de todas formas escucharemos lo que tengan para decir… y hay algo más que quieren hoy ―Hajime hizo una pausa y el doncel apretó la mano de Daichi al imaginar lo que venía―… quieren conocer a Shoyo…

―Suga, ya sabíamos que esto iba a pasar en algún momento ―comentó Daichi llamando la atención del peligris.

―Miralo de esta forma, es mejor que te piden permiso, tu puedes estar presente y preparado para la situación… sería peor que se aparezcan de repente ante Shoyo ―agregó Hajime, consiguiendo que Suga se replantee la situación.

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La tensión se palpaba en aquella sala de juntas. De un lado de la enorme mesa estaban Daichi, Suga, Iwa y Makki, y del otro lado Saeko, Yuuji Terushima, Kaana Terushima y sus abogados Irihata y Oiwake.

Suga sujetaba la mano de Daichi por debajo de la mesa, mientras mirada a quien fuera que hablara en ese momento, intentando evitar a Saeko, no quería verla y mucho menos hablar con ella, porque conociéndose sabía que eso podía terminar muy mal. Por su parte Saeko mantenía la vista sobre la mesa y cada tanto miraba de reojo al doncel, sintiéndose extraña al verlo así, pues Suga jamás la había ignorado como lo estaba haciendo en ese momento.

―Aceptar el acuerdo es lo mejor que pueden hacer, saben que si vamos a juicio no tendrán oportunidad ―dijo Oiwake entregandole una pequeña carpeta de cartón a Hajime, donde estaba detallado el acuerdo que proponian.

Iwaizumi le dió una rápida leída a esos papeles y soltando un suspiro se la pasó a Suga y daichi, quienes hicieron lo mismo.

―Mi cliente no gana nada con este acuerdo, según esos papeles tendría que entregar a Shoyo y se puede considerar afortunado si sus clientes le permiten verlo una vez al mes ―dijo Hajime con una expresión cada vez más seria.

―Ya te he visto usar eso… ¡¿cuántos niños no han vuelto a ver a su padre o madre por una cláusula así?! ―exclamó Makki sin despegar sus ojos de su tío Oiwake.

―El señor Sugawara puede considerarse afortunado de que no lo demandemos por apropiarse de un menor ―dijo Irihata mirando con expresión calmada a los dos jóvenes abogados frente a él.

―¡¿Pero qué…?! ―exclamó Suga, pero se detuvo al sentir que Daichi apretaba fuertemente su mano, e inmediatamente centró sus ojos en su pareja.

―Pueden guardarse su acuerdo ―dijo Daichi arrojandole la carpeta con los papeles a los Terushima―… y comenzar a prepararse para el juicio, creo que les hará falta teniendo en cuenta los antecedentes de sus clientes ―agregó centrando sus ojos en los dos abogados, quienes miraron de reojo a la joven rubia que parecía ausente.

―Bien, señores, por nuestra parte no tenemos nada más que decir ―añadió Hajime dispuesto a dar por terminada aquella reunión y comenzar a prepararse para un juicio y quizás alguna demanda.

―¿Qué hay del otro pedido que nuestros clientes hicieron? ―preguntó Irihata mirando al doncel que en ese momento miraba su reloj.

―¿Suga? ―dijo Hajime mirando al peligris.

―Llegaremos tarde, tenemos que…

―¿Permitirás que conozcan hoy a Shoyo? ―agregó Iwa viendo como el doncel se levantaba algo apresurado.

Suga miró a Saeko y a Yuuji, y luego de dudar un momento, soltó un suspiro y respondió.

―Después de esa propuesta no debería… pero… tengo que recoger a Shoyo, los esperaremos en un café que está cerca del preescolar ―respondió, mientras apuraba a Daichi para que se ponga de pie, luego centró sus ojos en Iwa―… tu sabes cual es, ¿puedes indicarles bien? se nos hace tarde ―agregó el doncel y en cuanto Hajime asintió hizo un pequeño movimiento de cabeza a modo de despedida y se apresuró a salir de aquella sala, seguido por Daichi.

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Tadashi se despidió de Shoyo y Tobio, mientras se acercaba a su padre. Los dos niños miraron a su alrededor y ya solo quedaban ellos y otros cuatro niños, cuyos padres esperaban afuera. Shoyo soltó un suspiro que llamó la atención del pequeño pelinegro, quien lo miró con curiosidad, pues el pelinaranja no se veía feliz como siempre.

Los niños estaban siendo retirados por sus padres y Shoyo se veía preocupado porque sin importar cuanto buscará no veía a su mamá y eso era muy, muy raro, su mamá siempre estaba esperando por él… la única vez que su mamá no apareció fue… los ojitos del pelinaranja comenzaron a empañarse en cuanto recordó ese día en que su mamá no apareció y la maestra llamó al tío Asahi… aquella imagen que no había llegado a ver bien apareció en su mente, Suga tirado en el piso, era todo lo que había visto pues Asahi le había tapado los ojos antes de que pudiera acercarse más, pero si recordaba bien cuando subieron a su mamá a la ambulancia y la espera en el hospital… y antes de darse cuenta sus mejillas eran surcadas por las lágrimas, sintió las manos limpiando sus mejillas y podía escuchar voces preocupadas a su alrededor, pero las lágrimas nublaban su vista, apenas podía ver el azul de esos ojos frente a él y no podía alejar esos recuerdos de su mente, lo que hizo que esas lágrimas sean acompañadas por gemidos y balbuceos llamando a su mamá.

De repente sintió que alguien lo levantaba, pero seguía sin ver nada. Esas manos lo envolvieron en un abrazo, pegandolo a aquel cálido cuerpo. Sintió una caricia en su cabello, aquel dulce aroma y escuchó ese arrullo que siempre calmaba su corazón. Lentamente ese agujero que había comenzado a formarse en su interior cuando esos recuerdos lo invadieron, comenzó a cerrarse y lentamente el llanto disminuyó y pudo volver a centrar sus sentidos.

―Ya… ya mi pajarito ―la voz de su mamá ahora sonaba clara y pudo ver esos ojos color caramelo mirándolo con preocupación― ¿Estás bien bebé?

Shoyo solo asintió e hipando un poco se abrazó con fuerza al cuello de su mamá, feliz de que estuviera allí, de que estuviera bien.

―En verdad no sé qué sucedió, estaba bien esperando con los demás y de repente comenzó a llorar y no podíamos calmarlo ―dijo una de las maestras.

―Shoyo ¿qué pasó? ―preguntó Suga volviendo a acariciar el revuelto cabello del niño.

―Mamá no estaba… tenía miedo… que… ―murmuró el niño tan bajito que Suga solo lo escuchó porque lo tenía pegado a su cuello, bastante cerca del oído… y en un instante comprendió todo, era evidente después de lo que ambos habían vivido hace unos cuantos meses atrás.

―Estoy bien bebé, perdona por preocuparte, se me hizo tarde en una reunión y había tráfico de camino aquí ―se disculpó el peligris ganándose una mirada de reojo del pequeño―… ¿me perdonas?

Shoyo no dudó ni un momento, dibujó una enorme sonrisa en sus labios y dejó un sonoro beso en la mejilla del doncel, quien un momento después estaba llenando de besos el rostro del niño que en ese momento no podía dejar de reir.

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Los ojitos de Shoyo inspeccionaron a detalle a esas personas que estaban frente a él. El hombre tenía el cabello rubio, ojos marrones y mostraba una enorme sonrisa, la mujer más joven tenía el cabello rubio y corto, y sus ojos eran de color caramelo, pero un poco más oscuros que los de Suga, y la otra mujer se notaba que era mayor, tal vez tenía la misma edad que la abuela Kaede o Hanna, su cabello era blanco y sus ojos negros. Shoyo no sabía bien qué pensar de esas personas, pero una cosa era segura no le gustaba las expresiones serias de las dos mujeres.

MamaSuga y Daichi los llevaron como siempre al café y mientras tomaban su merienda llegó Iwaizumi acompañado de esas personas, quienes centraron sus ojos en el pequeño pelinaranja.

―Shoyo, ¿recuerdas que te dije que tienes una mamá y un papá? ―preguntó el peligris y el niño solo asintió sin voltear a verlo―... ellos son Terushima Yuuji, su esposa Saeko y Kanna Terushima ―dijo Suga llamando la atención del pequeño que miraba con algo de desconfianza a esas personas―… ellos son…

―Soy tu papá ―dijo Terushima interrumpiendo a Suga―, ella es tu mamá Saeko y tu abuela Kanna ―agregó señalando a cada una de las mencionadas, al notar que volvía a tener la atención del niño.

―Hola ―saludaron las dos mujeres y Yuuji al unísono.

Shoyo los miró un momento, luego a Suga y otra vez a ese grupo de extraños y de repente sus ojos comenzaron a nublarse y antes de que alguien pudiera decir cualquier cosa las lágrimas rodaban sin control por sus mejillas. Vió las caras sorprendidas de todos y simplemente estiró sus brazos hacia Suga, quien inmediatamente lo levantó y lo envolvió en un abrazo.

―No qui… eroo… n… nooo quiii… eeroo ―comenzó a lloriquear Shoyo intentando esconder su rostro en el cuello de Suga.

―Shoyo… pajarito… solo quieren conocerte ―murmuró el doncel intentando calmar al niño.

―No quiero ir... no quiero ir ―agregó el pequeño abrazandose con más fuerza a su mamá.

―No te llevaran a ningun lado…

―Shoyo, Sugawara estará aquí contigo… solo queremos charlar y conocerte un poco ―dijo Terushima ganándose una mirada de reojo del niño.

―Shoyo, está bien, todos estaremos aquí ―agregó Daichi acariciando la mano del niño que se aferraba con todas sus fuerzas a Suga.

Los ojitos de Shoyo se notaban bastante rojos, luego de mirar a Daich se despegó un poco de Suga y centró sus orbes color caramelos en ese rostro que le mostraba una pequeña sonrisa, torció un poco los labios en señal de duda y luego de ver a Tobio e Iwaizumi que miraban ceñudos a los presentes, volvió a mirar a esas personas que decían ser su familia.

―Shoyo… sé que puede ser raro para ti, que no nos conoces, pero nosotros solo queremos lo mejor para ti ―dijo Terushima ampliando su sonrisa, pero el pequeño pelinaranja no dejaba de verlo con desconfianza.

―Eres muy lindo, te pareces mucho a tu padre, y me dicen que tienes la misma sonrisa ―comentó la mujer de cabello platinado mientras estiraba su mano para acariciar la mejilla del niño, quien simplemente se alejó para evitar el contacto, consiguiendo que la mujer frunciera un poco el ceño.

―Madre creo que nos va a tomar algo de tiempo el contacto, apenas nos conoce ―dijo Yuuji, pues conocía el carácter de su madre―… ¿sabes algo? en verdad me sentí muy, muy feliz cuando supe de ti…

Terushima en verdad se veía feliz hablando con Shoyo, al pequeño le gustó la sonrisa de ese hombre y casi como un acto reflejo centró sus ojos en esa mujer rubia que decía ser su madre, la cual no se veía muy feliz que digamos, pero en ese momento intentó dibujar una sonrisa para el pequeño.

―Hola bebé, fue mucho tiempo sin verte… te extrañe ―exclamó la mujer con usa sonrisa que parecía dolerle demasiado.

―Pero... nunca… viniste a verme ―comentó el pequeño todavía con esa expresión seria, consiguiendo que la sonrisa de la rubia desapareciera por completo.

―Shoyo… mamá no estaba bien de salud, por eso no venia a verte, pero ahora ya esta mucho mejor y quiere recuperar el tiempo que perdió, conocerte y cuidarte, igual que yo ―dijo Terushima volviendo a llamar la atención del niño.

―¡No quiero otra mamá! Quiero ir a casa ―exclamó de repente el pequeño pelinaranja girándose un poco para ver primero a Suga y luego a Daichi que tenía sobre su regazo a Tobio, quien seguía mirando con el ceño fruncido a esas personas, por lo visto a él tampoco le agradaban.

―Bien creo que por hoy es suficiente… ¿tal vez podamos continuar con esto otro día? ―dijo Terushima centrando sus ojos en Suga.

―Querías conocerlo y ya está ―respondió Suga poniéndose de pie sin soltar a Shoyo, quien inmediatamente se abrazó al cuerpo del doncel con sus brazos y piernas.

―Para lo que quieras que tu abogado se ponga en contacto conmigo ―agregó Iwaizumi poniendose de pie y extendiendo su mano para despedirse de Terushima, mientras Daichi dejaba el dinero que cubría la cuenta y propina sobre la mesa, para inmediatamente salir de aquel café juntó a Suga.

―Daichi, creo que es mejor que hoy nos lleves a casa ―murmuró Suga al notar que el pelinegro había tomado el camino a su propia casa.

―No, creo que lo mejor es que hoy se queden con nosotros ―respondió el pelinegro antes de hacerle una seña con la cabeza al peligris para que mirara hacia atrás. Suga se giró para ver a los niños y se encontró a Shoyo durmiendo con la cabeza apoyada sobre la pierna de Tobio, mientras el pequeño pelinegro jugaba distraídamente con el desordenado cabello del pelinaranja―… hoy lloró mucho, esta agotado.

―Me rompe el corazón verlo llorar ―susurró Suga antes de soltar un suspiro―… gracias por acompañarnos hoy Daichi.

―Tu lo dijiste, esas cosas no se agradecen.

Suga no replicó, en verdad ese día había sido agotador y no solo para Shoyo. En cuanto llegaron a casa de Daichi el pelinegro bajó a Shoyo, pero bastó con que lo dejara sobre la cama para que el pequeño se despertara, por lo que simplemente ambos volvieron a la sala donde estaban Suga y Tobio.

―... hoy nos quedaremos en casa de Daichi ―escucharon a Suga que en ese momento hablaba con Ennoshita―… la verdad fue más de lo que esperaba, pero estamos bien, no te preocupes Chikara, nos vemos mañana, si no nos vemos por la mañana a la tarde pasamos por el café… descansa, cualquier cosa me llamas, buenas noches…

―Mamá yo quiero hablar con el tío ―interrumpió Shoyo acercándose a Suga y este sin dudar le pasó el teléfono―. Hola tío Chika…

―¿Como estas pajarito? mamasuga me dijo que dormias ―la voz de Ennoshita sonó realmente alegre en ese momento.

―Mamá está conmigo, estoy bien… ¿cómo está el bebé tío?

―Esta bien, hoy estaba algo inquieto pero ya está más tranquilo, ahora que sabemos que estas bien, buenas noches Shoyo.

―Buenas noches tío y bebé ―se despidió el pequeño antes de devolverle el teléfono a Suga.

El pequeño pelinaranja dio un vistazo a su alrededor y luego se acercó a Tobio, quien acababa de sentarse en la alfombra y encender el televisor, miró el perro de peluche que estaba sobre el sillón a espaldas del pelinegro, lo tomó y abrazandolo se sentó junto a Tobio.

Los azules ojos de tobio se centraron un momento en Shoyo y luego en su papá y Suga, quienes en unos instantes desaparecieron de su campo de visión, cuando se movieron hacia la cocina, entonces volvió a centrar sus ojos en Shoyo, quien todavia se veia algo triste.

―Papá dijo que no diga nada ―murmuró el pelinegro ganándose la completa atención del otro niño―… pero… no me agradaron esas personas.

―A mi tampoco ―susurró Shoyo abrazando más fuerte aquel perrito de peluche―… no quiero a esa mamá.

―Oye… papá y tío Iwa te ayudarán ―dijo Tobio acariciando la mejilla del otro niño que ya se veía a punto de llorar nuevamente―… no llores Shoyo, no te alejaran de MamaSuga ni de nosotros ―agregó Tobio antes de abrazar al pelinaranja que ya estaba comenzando a hipar.

Esa noche los cuatro durmieron en la cama de Daichi. Suga tarareó una canción hasta que los dos niños se durmieron.

―Va a ser más difícil de lo que imaginé ―murmuró Suga mirando a Daichi, quien acababa de acostarse del otro lado de la cama dejando a los dos niños en medio.

―Tu, solo sonrie y haz feliz a Shoyo, dejanos lo demás a Iwa y a mi… mañana llamaré al tío Washijo para que nos asesore.

―Tengo entendido que Washijo no va a volver por nada ―comentó Suga dibujando una pequeña sonrisa.

―Haré un trato con él… y si ese trato no lo convence, le dire a Akaashi ―Daichi sonrió al ver la mirada algo confundida del doncel―… sabes que Keiji es el consentido de la familia y nuestro huraño tío no es la excepción ―Suga no pudo evitar reír ante ese comentario―… todo estará bien, tu solo sonrie ―agregó el pelinegro antes de acariciar la mejilla del peligris.

Pobrecito, aquí hice llorar mucho a mi solecito hermoso.

Como me ha gustado bastante este gorro quedo un poco más largo.

Espero que las haya gustado, gracias por leer y seguir esta historia.