Mi hijo.

Shoyo en un nuevo hogar.

Terushima tocó el timbre de aquella casa, no era tan grande como la suya, pero se notaba que era acogedora y que tenía un ambiente realmente familiar, el jardín delantero decorado con algunas flores no era prolijo, elegante ni simétrico, pero se veía realmente bien al igual que las coloridas macetas con flores que adornaban las enormes ventanas, al mirar con más detenimiento una de las macetas pudo notar que aquellos dibujos habían sido hechos por un niño y una sonrisa se dibujó en su rostro al imaginar a Shoyo pintando esas macetas, al pensar que su hijo había tenido todo eso con lo que él soñó de niño. Recordaba ver a otros niños jugando y haciendo cosas con sus padres o madres y él deseaba eso, pero todo lo que tenía era un grupo de empleados y un desfile de niñeras que cuidaban de él y le decían qué hacer, sus padres siempre estaban ocupados y era muy poco el tiempo que destinaban para él. Soltó un suspiro y se dijo a sí mismo "mi hijo no sufrirá lo que yo, haré que sea feliz."

El sonido de la puerta al abrirse hizo que el rubio volviera a la realidad y ante él se encontró a Daichi con una expresión completamente seria, pero inmediatamente sus ojos se centraron en el pequeño pelinaranja que abrazaba su conejo de tela, casi escondiendo la cabeza en el.

―Daichi ―dijo a modo de saludo apenas moviendo la cabeza obteniendo el mismo movimiento del pelinegro―, hola Shoyo ―agregó consiguiendo que el niño lo mire por un momento―… ¿ya estas listo? ―el niño solo asintió antes de mirar a Daichi.

―Todo estará bien ―murmuró el pelinegro antes de acariciar el revuelto cabello del pequeño para luego centrarse en Terushima―… sus cosas y en esta carpeta están los datos médicos y otros detalles que necesitas saber… ya se despidió y cualquier…

―Cualquier cosas mi abogado se comunicará, gracias ―interrumpió el rubio tomando la carpeta y la valija con las cosas del niño―… bien… vamos Shoyo que nos esperan en casa ―agregó extendiendo su mano libre para sujetar la manito del pequeño, Shoyo miró un momento hacia adentro y Yuji hizo lo mismo, entonces notó a Suga a lo lejos, no podía distinguir su expresión pero podía jurar que era de verdadera tristeza.

―Cuidaras a mamá ―dijo el niño mirando serio a Daichi antes de extender su manito con el meñique extendido, inmediatamente el pelinegro se agachó y entrelazo su meñique con el de Shoyo.

―Lo prometo ―murmuró Daichi antes de recibir un corto abrazo del niño.

… … …

Terushima intentó hablar con Shoyo durante el viaje pero no pudo sacarle más que un sí o no al pequeño pelinaranja que no dejaba de abrazar a su conejo. Al llegar a aquella enorme casa, por no decir mansión, el rubio ayudó al pequeño a bajar del auto y al entrar a la casa fueron recibidos por una empleada que solo le dijo a Yuji que lo esperaban en la sala, el rubio asintió y siguió caminando sabiendo que Shoyo lo seguía. En la sala encontraron a Saeko y Kanna, sentadas cada una en un sillón individual, Terushima se detuvo frente a ellas y le hizo una seña al pequeño pelinaranja para que se acerque, cosa que Shoyo hizo sin muchas ganas y casi sin levantar la vista con su conejo todavía pegado a su barbilla.

―Shoyo, bienvenido a tu nuevo hogar ―dijo el rubio esperando que las dos mujeres lo acompañaran en esa bienvenida, pero al verlas dedujo por sus expresiones que habían vuelto a discutir y al parecer ahora ambas estaban ofendidas y con pocas ganas de mostrarse amigables con el pequeño―… bien… aquí vivimos nosotros, tu tío Ryuunosuke y unos cuantos empleados, en un momento te mostrare tu habitación y el resto de la casa…

―Antes de eso, creo que debemos dejar claras algunas cosas ―dijo Kanna interrumpiendo a su hijo y centrando sus ojos en el pequeño pelinaranja, quien solo la miró de reojo sin decir nada―, Shoyo puedes hacer lo que gustes, los empleados se ocuparan de lo que puedas necesitar pero por favor no rompas nada ―las últimas palabras sonaron a amenaza y la mirada de ese mujer le confirmaba al niño que algo malo sucedería―, ten cuidado, no entres a mi habitación y para ti soy Kanna, nada de abuela o algun sobrenombre extraño ¿entendido? ―Shoyo asintió, no sabía qué esperaba esa mujer pero él no pensaba decirle abuela por nada.

―Madre, es solo un niño, déjalo ser ―se quejó Yuji antes de agacharse para estar a la altura de Shoyo y acariciar la cabeza del niño―, no le hagas caso, la abuela está de mal humor, pero tiene razón en algo cualquier cosa que quieras solo dilo y lo tendrás ―el niño apenas movió la cabeza y Yuji soltó un suspiro algo cansado, al parecer Shoyo no iba a hablarle por el momento―… Saeko ¿nos acompañas? ―indagó mirando a su esposa quien no parecía muy dispuesta pero en cuanto el rubio frunció el ceño, asintió, se puso de pie y se acercó para extenderle su mano a Shoyo, quien solo la miró.

Yuji tomó la mano de Saeko y sin preguntar ni nada agarró la mano de Shoyo y comenzó a caminar para hacer un recorrido por toda la casa, mientras les hablaba sobre cada lugar donde pasaban. Shoyo no prestaba mucha atención a lo que Yuji y Saeko decían pero si miraba todo, aquel lugar era enorme y parecía que nunca iban a terminar de recorrerlo. Finalmente llegaron a la habitación que destinada para el niño, la cual estaba al final de un pasillo, cerca de la habitación de sus padres. El lugar era grande, el piso completamente cubierto por una alfombra verde, las paredes mostraban un paisaje de campo con un cielo celeste con algunas nubes, sobre la cama había varios almohadones y unos cuantos peluches, los muebles blancos encajaban muy bien en el lugar y por donde mirara había juguetes o cosas que podía usar para entretenerse.

―Esta es tu habitación, compramos todo lo que pensamos que podrías llegar a necesitar o querer ―dijo Yuji acompañando al niño hasta una biblioteca con libros de cuento, juguetes y diferentes elementos para dibujar y pintar.

―Tambien te compramos ropa y un nuevo uniforme ―agregó Saeko con una sonrisa, la misma que había mantenido desde que comenzaron el recorrido.

―¿Uniforme? ―preguntó el pelinaranja mirando un momento a la pareja.

―Si, para tu nuevo preescolar ―dijo como si nada la rubia.

―¡¿Nuevo?!

―Sí ―respondió Terushima volviendo a agacharse para quedar a la altura del niño―, es un colegio muy exclusivo, ya veras que te gustara…

―Pero… mis amigos ―murmuró Shoyo inflando los cachetes.

―Harás nuevos amigos, ya veras que sera divertido ―agregó el rubio intentando acariciar la mejilla del niño, pero este retrocedió un paso y escondió el rostro en Keko, su conejo de tela.

―Yuji, creo que es mejor dejar este tema… ¿por qué no vamos bajando? ya debe estar el almuerzo ―intervino Saeko, no sabía nada de niños pero recordaba vagamente que cuando Suga hacia esó si ella o quien fuera insistía, el niño terminaba llorando.

Saeko toma la mano del pequeño y comenzó a guiarlo hacia el comedor. Shoyo solo se dejó guiar, no le gustaban esas personas, no quería estar allí, pero tendría que soportarlo hasta que le permitieran volver con su verdadera mamá.

… … … …

Los adultos en aquella mesa intentaron que aquel almuerzo fue ameno y agradable, haciendo todo lo posible por llamar la atención del niño, sobre todo querían que se relajara y entrara en confianza, pero al parecer eso iba a llevar algo de tiempo, pues el pequeño pelinaranja apenas si picoteo algunas verduras y un pedacito de pescado, lo vieran como lo vieran eso no era suficiente ni para satisfacer a un gato.

―¿Puedo… ir a mi habitación? ―preguntó el niño luego de un rato de haber dejado de comer.

―Los niños que se levantan de la mesa no comen postre ―dijo Kanna en un tono que intentaba ser amistoso.

―La abuela tiene razón… hay helado de chocolate, solo tienes que comer un poquito más mientras terminamos ―dijo Terushima con una sonrisa, intentando negociar pues le preocupaba lo poco que el niño había comido.

―¿Puedo ir a mi habitación? ―insistió Shoyo mientras negaba con la cabeza.

―Yuji déjalo ir ―dijo Saeko y luego de soltar un suspiro Terushima asintió para que Shoyo se fuera, inmediatamente el niño bajó de la silla, tomó su conejo que había dejado en el piso junto a su silla y se alejó hacia las escaleras para ir a su habitación, entonces Terushima volvió a mirar a su esposa―… seguramente se atasco de pastel o galletas con Suga antes de venir ―agregó la rubia antes de soltar un suspiro.

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Ese estaba siendo el día más largo o horrible que Suga había vivido hasta el momento. Despedirse de su pequeño fue como si le arrancaran el corazón. Se sentía terriblemente triste y solo queria acostarse, perderse entre sus sábanas y que al despertar todo haya sido un terrible sueño. Sus amigos habían pasado el día acompañándolo e intentando animarlo.

En un momento Suga se puso de pie y se alejó un poco de la sala donde los demás intentaban decidir qué pedir para cenar, se acercó a la sala que hacía de biblioteca y estudio, y vio a los niños jugando, Tadashi, Lev y Taichi estaban construyendo una ciudad con bloques ya habían acomodado los autos en las que serían las calles y Morisuke estaba listo para comenzar a atacar la ciudad con su peluche de godzilla, mientras Kei escogía entre otros peluches cual usaría para atacar a godzilla, una pequeña sonrisa quiso aparecer en el rostro de Suga, pero apenas si se levantaron las comisuras de sus labios y entonces notó algo…

―Dashi ―dijo en un tono muy suave llamando la atención del niño, quien inmediatamente dejo lo que hacía y lo miró―… ¿dónde está Tobio?

―Discutió con Kei y dijo que iría contigo ―respondió el pequeño pecoso.

―Ok, gracias ire a buscarlo ―concluyó el peligris para no preocupar al pequeño.

Dio un rápido vistazo a la sala por si el pequeño estaba con su padre, pero no lo encontró entre el grupo de adultos que al parecer acababa de decidir y por las expresiones de satisfacción de los donceles embarazados, estos habían ganado, por lo que seguramente tendrán un menú bastante variado. Suga notó que Daichi lo miraba, entonces le hizo una seña para indicarle que subiría un momento, el pelinegro asintió y le regaló una pequeña sonrisa. Subió las escaleras y caminó lentamente por el pasillo dando una mirada en cada una de las habitaciones, finalmente se detuvo ante la puerta de la habitación de Shoyo, que por alguna razón estaba cerrada, lo que le resultó extraño pues su pequeño siempre dejaba esa puerta abierta. Abrió la puerta con cuidado y un escalofrío atravesó su cuerpo al recordar que su pequeño ya no estaría allí, pero inmediatamente sus ojos encontraron a Tobio acostado en la cama, abrazando uno de los peluches de Shoyo, sus ojos se humedecieron ante esa imagen, él no era el único que extrañaría a su pajarito. Sin hacer ruido se acercó y se inclinó para poder ver bien al niño cuyo rostro estaba medio escondido entre la almohada y la cabeza de aquel oso de peluche. Los ojitos azules se centraron en el peligris y un pequeño quejido se escapó del pequeño, inmediatamente Suga se acostó a su lado y lo abrazó dejando atrapado al oso entre ambos cuerpos.

―Tu tambien lo extrañas ―dijo Suga, no era una pregunta pues con solo ver los ojitos de Tobio era más que evidente que eso era verdad, el niño asintió y Suga le acarició la espalda―… no debes preocuparte por él, seguro está bien… además recuerda que tu podrás verlo todos los días en el preescolar, con esa sonrisa deslumbrante que sólo él tiene.

―Pero no estaba sonriendo mucho esta semana ―murmuró Tobio acomodando su cabeza para ver mejor a Suga.

―Lo sé, pero te aseguro que va a sonreír cuando vuelva a verlos ―agregó el peligris dibujando una pequeña sonrisa en su rostro. Tobio extendió una de sus manitos y acarició la mejilla de Suga.

―Volverá con nosotros… papá lo prometió…

―Lo sé ―murmuró Suga antes de dejar un beso en la frente del niño―… ¿serás ni pequeño hasta que él vuelva… y despues tambien? ―agregó con la voz algo temblorosa y una sonrisa volvió a aparecer en cuanto un Tobio completamente sonrojado asintió efusivamente.

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Cuando Ryuunosuke llegó a la casa de los Terushima esa tarde, no alcanzó a decir nada y fue arrastrado por su hermana hasta la biblioteca. Saeko cerró la puerta, soltó un suspiro y comenzó a caminar de un lugar a otro mientras comenzaba a hablar.

―Esto no fue buena idea… ese niño me recuerda a Suga de pequeño, con la diferencia de que casi no sonríe… y me recuerda mucho a mi padre…

―Crei que habia quedado clara mi posición respecto a esto ―murmuró el rapado mirando con desgano a su hermana que no se quedaba quieta.

―¿Por qué estás del lado de Suga en esto? eres mi hermano tienes que estar de mi lado… más después de todo lo que Suga me dijo…

―Saeko ¡¿qué esperabas?! que sonriera y que te diga "si hermana que necesitas..." ¿si entiendes que acabas de quitarle lo que más quiere?

―¡Ryu!... tu sabes que si fuera por mi se lo dejo… no me llevo bien con él, es evidente que no me quiere, evita verme, hablarme, no quiere que lo toque… Yuji y su madre son los que lo quieren… y si él es feliz con eso yo… también…

―Uhh… si se nota ―exclamó el rapado rodando los ojos―… Saeko si las cosas están así, no entiendo qué quieres de mí, no puedo solucionarlo…

―Necesito que me ayudes, tal vez tu puedas acercarte más fácilmente a él… seguramente Suga y Ennoshita te hablaron de él… no sé qué hacer y casi no ha comido en todo el día, solo está en su habitación y casi no nos deja acercarnos.

Ryu se rasco la nuca pensando un momento, por que rayos su hermana pensaba que él podía acercarse al niño. Chikara seguro sabría que hacer seguramente le cocinaría algo delicioso que alegraría al niño, pero él… y al pensar en eso una idea llegó a él.

… … … …

Shoyo miraba por su ventana como aquel enorme jardín comenzaba a iluminarse mientras el cielo se oscurecía cada vez más. Apretó un poco más a Keko antes de volver a mirar esa enorme habitación repleta de cosas, cosas que él no quería. Un golpe en la puerta llamó su atención, él nunca cerraba la puerta pero aquí sí lo hizo para que dejaran de molestarlo, miró hacia la puerta y la vio abrirse dando paso a un hombre de tez algo oscura y con el cabello rapado, que se le hizo bastante familiar. Shoyo no se movió de su lugar, permaneció sentado en el piso junto a esa enorme ventana. El hombre sonrió, se acercó y se sentó a su lado.

―Hola… ¿Shoyo verdad? ―el niño asintió y miró de reojo a aquel hombre―… yo soy Ryu, tu tío… también vivo aquí… acabo de llegar y me dijeron que estabas aquí así que vine a conocerte y a traerte algo que espero te guste ―agregó antes de mostrarle al niño una caja roja con detalles en negro que tenía un logo que el pequeño conocía muy bien y en cuanto la abrió noto un brillo en los ojos del niño al ver aquellas galletas de chocolate con malvaviscos.

―Son de la abuela Hanna, las que hace el tío Chika ―exclamó Shoyo tomando una galleta en cada mano para darle una mordida a una y un instante después a la otra.

―Supuse que te iban a gustar, a mi tambien me gustan… aunque prefiero el melonpan ―comentó el rapado antes de tomar una galleta de la caja.

―Tu… eres el de la foto del tío Chika ―dijo Shoyo abriendo muy grande sus ojos para inspeccionar muy bien a aquel hombre al que había visto muchas veces entre las fotos del celular de su tío Chikara.

―Si… sabes, le prometí a Chika que te cuidaría… ¿seremos amigos? ―agregó el rapado extendiendo su mano hacia el niño. Shoyo dudó un momento y luego de empujar lo que quedaba de galleta en su boca aceptó el saludo de mano del rapado.

―¿Podemos llamar al tío Chika? ―preguntó el pequeño pelinaranja luego de dudar un momento y tomar otra galleta.

―Podemos intentar, pero tiene que prometer que no le dirás a nadie ―inmediatamente el niño sostuvo una de las galletas con su boca y extendió su meñique para hacer la promesa, Ryu lo imitó y luego de enlazar los meñiques y hacer unos movimientos agregó―… aunque no sé si el tío Chika va a contestar, esta enojado conmigo…

―¿Por qué?

―Por que soy un tonto.

Shoyo lo miró algo confundido ante esa respuesta, por alguna razón los adultos se decían tontos muy seguido, pero finalmente ignoró eso y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, no conocía bien a ese hombre pero si su tío Chikara tenía tantas fotos de él no podía ser malo.

Ryu tomó su celular y llamó al primer contacto que tenía entre favoritos, activo el altavoz y extendió su mano para el celular quedara entre él y Shoyo, permitiendo que el niño viera esa foto de Chikara cocinando en aquella pequeña cocina con una una sonrisa en su rostro. El tono sonó varias veces y luego los envió a la casilla de correo. El pequeño pelinaranja infló los cachetes algo decepcionado y Ryu soltó un suave suspiro antes de volver a llamar.

―Lo siento… sigue molesto no me va a atender ―dijo el rapado luego de que quinta llamada también terminará en el correo de voz―… ¿no recordarás el número de Suga? ―preguntó finalmente al ver la expresión triste del pequeño quien volvió a inflar los cachetes y negó―… bueno podemos dejarle un mensaje ¿si? ―agregó luego de dudar un momento.

Shoyo asintió terminando de comer la galleta que tenía en la mano e inmediatamente Ryu volvió a llamar, esperaron los tonos y el mensaje de la casilla de correo y luego el mayor habló…

―Hola Chika tengo alguien aquí que quiere decirte algo ―dijo antes de hacerle una seña al niño para que hable…

―Hola tío… dile a mamá que estoy bien… y que los extraño… y que le mando muchos, muchos besitos, tambien a ti y al bebé… los quiero mucho, mucho, muchisisisimo ―el pequeño pelinaranja sintió las lágrimas acumulandose en sus ojos e inmediatament se cubrio la boca para no soltar ningún sollozo…

―Volveremos a llamar… ahh y podrias pasarme el numero de Suga… no te preocupes por Shoyo, yo lo cuido… lo siento, buenas noches, te amo ―Ryu dudo mucho para terminar esa llamada al parecer no sabía bien qué decir y no quería volver a meter la pata.

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El lugar era pequeño, cocina comedor, una pequeña sala, dos habitaciones y un baño, pero era todo lo que esa pequeña familia necesitaba. El timbre sonó varias veces en aquel departamento y Semi dejó de cortar aquellas papas, secó sus manos y se dirigió hacia la puerta, todo bajo la atenta mirada de Kenjiro, quien estaba revolviendo la leche para que se disolviera el polvo que su mamá había agregado, para hacer un postre.

Semi se acercó a la mirilla de la puerta y soltó un suspiro al ver a aquel pelinegro de ojos grises y tez algo oscura allí, dudo un momento si abrir o no, pero como el timbre siguió sonando terminó abriendo.

―Hola Semi ―saludó con una sonrisa.

―Reon ―dijo entre dientes el peligris con una mirada seria que pareció no afectar al otro.

―¡¿No me invitas a pasar?! ―exclamó acercándose al cuerpo del doncel y empujándolo un poco para meterse al departamento.

―No deberías estar aquí…

―Tío Reon ―el grito del niño resonó en la pequeña cocina y unos instantes después el pequeño castaño ya estaba entre los brazos del pelinegro.

―Hola Kenjiro, te extrañe mucho, ¿cómo has estado? ―preguntó Reon levantando al niño y dirigiéndose hacia el sillón de esa pequeña sala, ignorando el ceño fruncido de Semi.

―Bien ―respondió no muy seguro el niño―, también te extrañe, hace mucho que no venias.

―Lo sé y lo siento, he estado ocupado, volví hace poco… ahh eso es para ti ―agregó señalando la bolsa de cartón que había dejado en el piso cuando abrazó al pequeño.

Semi tomó la bolsa y se acercó para entregarsela a su niño que en ese momento era dejado en el sillón por Reon.

―Ya te dije que no tienes que traer nada ―murmuró Semi mientras Kenjiro se sentaba en el sillón y comenzaba a revisar el contenido de la bolsa―, también te dije que avises cuando vas a venir ―agregó antes de comenzar a caminar hacia la cocina para seguir preparando la cena.

―Lo siento, andaba cerca y no me pude resistir… en verdad lo extrañe a él y a ti ―dijo el pelinegro acercándose al doncel que volvía a cortar papas―… además vine por otro motivo ―agregó consiguiendo que Semi centrara sus ojos en él―… tía Sora quiere verlos…

Nuevo cap. me demoré un poco, pero aquí esta y Shoyo ya esta con los Terushima, ahora habrá que esperar a ver que sucede.

Como siempre gracias a todos por leer y sobre todo a los que comentan y esperan con ansias cada cap.

Saludos, nos leemos.