Mi hijo.

Visitando a la abuela.

Era domingo por la mañana y Semi y Kenjiro se encontraban en el auto de Reon yendo hacia una de las clínicas más caras que había.

―No sé si Sora tiene un don o solo me tiene vigilado, pero siempre que quiere que la visitemos coincide con mi día libre ―murmuró Semi mirando a Kenjiro que estaba a nada de quedarse dormido en el asiento trasero, era lógico, por lo general el niño no se levantaba tan temprano los fines de semana.

―Puede decirse que es un don, siempre fue así, aparecía o llamaba en el momento indicado ―comentó Reon mirando de reojo al doncel.

―¿Cómo está?... hace mucho que no la vemos…

―Si lo sé, cuando está muy mal no quiere que nadie la vea… hace un mes me permitió verla dos segundos y me echó diciendo que no volviera hasta que me llamara porque no me iban a dejar pasar y así fue, a la siguiente las enfermeras no me dejaron pasar ―dijo el pelinegro dibujando una sonrisa en su rostro y al mirar de reojo a Semi noto una pequeña sonrisa en él―… está mejor, no tan bien como ella quisiera pero creo que quiso verlos porque los extraña… ha estado soñando con Jin.

―No es la única ―murmuró Semi luego de un momento de silencio y de soltar algunos suspiros, un momento después volteó hacia la ventanilla y centró sus ojos en el cielo.

Unos minutos despues Semi despertó a Kenjiro y entraron en aquella elegante clínica. La recepcionista los recibió con una sonrisa que se amplió demasiado para Reon, quien respondió al saludo como si nada antes de apoyar su mano en la espalda baja de Semi para guiarlo hasta el ascensor, e inmediatamente el doncel sintió la mirada cargada de odio de aquella mujer.

―No hagas eso ―se quejó Semi una vez que las puertas del ascensor se cerraron.

Reon solo amplió su sonrisa y quitó su mano muy lentamente, aprovechando para acariciar parte de la espalda del doncel quien le lanzó una mirada asesina que el pelinegro ignoro. Kenjiro los miró algo confundido, pero no dijo nada, después de todo era normal que su madre y su tío se comportan así, sobre todo su mamá que era una persona bastante arisca y difícilmente dejaba que alguien se le acercara, pero así como sabia eso, tambien sabia que habia cosas que afectan mucho a su mamá y en esas ocasiones su tío era su único aliado para proteger a su mamá. El niño soltó un suspiro y se acercó a su tío extendiendo los brazos para que éste lo levante, cosa que el mayor hizo sin dudar. Bajaron del ascensor en el sexto piso y caminaron hacia una de las últimas habitaciones por el pasillo de la derecha.

La habitación era bastante amplia con una cama, un armario adosado a la pared, mesa de noche, mesa móvil, dos sillas, un sillón individual y otro de tres cuerpos y un televisor que en ese momento estaba apagado. Las enormes ventanas daban una linda vista de la ciudad y la luz del sol hacia que Sora se viera bastante bien, una mujer de unos cincuenta y tantos, su cabello cobrizo, alguna vez como el de Kenjiro, ahora estaba cada vez más corto y poblado de canas, en cuanto esos grises ojos se posaron en ellos les regaló una sonrisa amable, pero tanto la sonrisa como esa mirada delataban el cansancio de aquella mujer.

―¡Abuela! ―la voz del niño resonó en la habitación y en cuanto Reon lo dejó en el piso el pequeño corrió a los brazos de su abuela que estaba sentada en aquel sillón individual cerca de la ventana. La mujer abrazó al niño y haciendo algo de fuerza lo levantó para sentarlo en su regazo.

―Hola hermoso mio ―saludó la mujer antes de dejar varios besos en la mejilla del niño, luego centró sus ojos en Semi quien se había acercado a ellos―… hola Semi.

―Hola Sora, me alegra saber que está mejor, ya extrañabamos visitarla ―saludó el doncel con una sonrisa.

―Yo también los extrañaba ―respondió la mujer antes de volver a centrar sus ojos en el niño que la miraba con una sonrisa y un brillo de curiosidad en sus ojos―… ¿cómo has estado mi cielo? ¿qué tal la nueva escuela, te gusta? ―el niño dudó un momento y luego asintió.

―Aprendo muchas cosas… es lindo ―murmuró el niño.

―Es una buena escuela… aunque tiene sus cosas… a tu papá le gustaba…

―Si, pero siempre terminaba en conflicto con algún que otro compañero ―acotó Reon ganando la mirada de todos sobre él.

―Jin era un defensor de débiles ―agregó Sora un una sonrisa nostálgica en su rostro―… siempre tenía la excusa de que maltrataban a alguien, por eso terminaba en dirección ―una suave risa escapó de los labios de la mujer.

―¿Papá defendía a los demás? ―indagó el niño.

―A todo el mundo ―dijo Reon.

―No podía ver que maltrataran o lastimaran a alguien ―murmuró Semi dibujando una pequeña sonrisa en su rostro al recordar cómo conoció a Jin.

"Era el nuevo becado en aquel lujoso colegio. Su madre siempre había querido lo mejor para él, pero la vida había sido cruel con ella, o al menos eso se repetía la mujer. No conocía a su padre, pero lo odiaba con todo su ser, sabía que su madre lo veía cada tanto y eso no le gustaba, pues la mujer volvía llena de moretones luego de verlo, tenían poco dinero, pero la mujer se esforzaba muchísimo por él, estaba empecinada en enviarlo a escuelas refinadas, quería que su hijo se codeara con la élite y aunque a él la élite le daba igual se esforzaba por ella, después de todo eran solo ellos dos, no tenían más familia.

Semi se había esforzado muchísimo para tener una oportunidad en ese colegio y finalmente sus buenas notas y su habilidad en el voley le consiguieron esa deseada beca.

Estaba acostumbrado a los "bullys de alta sociedad" por llamarlos de alguna manera, niños ricos que pensaban que eran mejores que cualquiera y que por el simple hecho de ser un becado tenían el derecho de hacer con él lo que desearan… estaban equivocados y a Semi le encantaba hacerles notar eso. Él se ganaba su fama en cada colegio a los pocos días de ingresar y con eso bastaba para que lo dejaran en paz, aunque también bastaba para que no hiciera ningún amigo, pero eso le daba igual pues cada día volvía con su madre, aunque ahora sería diferente pues estaria toda la semana en ese colegio, además no podía arriesgarse, este era un lugar más estricto que los anteriores donde estuvo y en verdad no quería decepcionar a su madre.

A diferencia de los otros lugares aquí sí tenía algo parecido a un amigo, Satori Tendo, otro becado con quien compartía habitación, un pelirrojo bastante molesto que se empecinaba en pegarse a él e intentar ser su amigo, lo que sumado a todo lo demás lo estaba sacando de quicio. Los primeros días intentó tomar las cosas con calma, no darle importancia a esos bullys, con suerte se calmarian pronto, pero parecía que eso no iba a suceder y sus pertenencias tampoco iban a soportar mucho más.

Ese día el humor de Semi era terrible, tomó su bandeja con el desayuno y buscó con la mirada la mesa más oscura y alejada de aquel enorme comedor, luego se encaminó hacia uno de los rincones del salon, pero detuvo su paso al ver a ese molesto grupo moviéndose para interceptarlo, cerró los ojos, soltó un suspiro y dibujó una sonrisa algo macabra en su rostro antes de volver a abrir los ojos… pero en ese momento no se encontraban ante él esos cuatro idiotas que lo habían estado molestando, en su lugar había un joven un poco más alto que Semi, de cabello castaño, ojos grises y con una enorme sonrisa en su rostro, cosa que desconcertó al peligris.

―Hola soy Jin, tu eres Semi Eita, nuevo miembro del equipo de voley ¿verdad? ―el peligris solo asintió, estaba algo confundido, ese era el quinto día que llevaba allí y era la primera vez que alguien le hablaba como si fuera un igual, además de Satori―, ven, sé que el equipo no empieza a entrenar hasta la próxima semana pero creí que sería mejor que ya se fueran conociendo ―agregó sujetando el hombro del doncel y comenzando a guiarlo a una de las mesas más ocupadas del lugar donde destacaba un alegre Satori junto a un castaño alto de expresión algo aburrida. Semi volvió a mirar hacia atrás y vio a esos cuatro murmurando entre ellos sin despegar sus ojos de la espalda de Jin, lo que hizo que se preocupara un poco―… no te preocupes, si vuelven a molestarte solo dimelo… tienes una beca no es bueno que te metas en problemas con ellos aquí.

―¿Es impresión mia o tu no estabas aquí antes?

―Buen ojo, estaba de viaje llegué ayer por la tarde he inmediatamente escuche los comentarios sobre ti… no te harán nada mientras esté aquí, tenlo por seguro."

―¿Mamá a ti te gustaba eso de papá?

―Si, lo único que no me agradaba era que fuera tan insistente ―dijo Semi con una pequeña sonrisa en el rostro.

―¿Cómo yo? ―preguntó el niño con una sonrisa picara.

―Igual… te pareces mucho a él y… igual que con él me es dificil decirte que no ―respondió sin despegar sus ojos de la hermosa sonrisa de su hijo.

―Tu sonrisa es idéntica a la de tu papá ―agregó Sora acariciando el cabello del pequeño que seguía sentado en su regazo.

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Tadashi sujetó la mano de su mamá mientras caminaban hacia el ascensor.

―Mamá ¿hasta cuando estará aquí el abuelo? ―preguntó el niño mirando con curiosidad a su alrededor.

―No lo sé Dashi, tiene que hacer un tratamiento así que estará aquí por un tiempo ―dijo Noya deteniéndose frente al ascensor y agachándose para estar a la altura de su niño―… pero tu no tienes que preocuparte por eso ¿si? ―agregó tocando la punta de la nariz del niño con uno de sus dedos haciendo que el pequeño soltara una risita.

Un instante después Noya se reincorporo para apretar el botón que llamaba el ascensor y en ese momento se encontró con un hombre alto de tez algo oscura y cabello negro que se le adelantó a apretar el botón. El doncel sonrió y al bajar la mirada noto que aquel hombre iba en compañía de un niño, el cual se le hizo familiar.

―Hola Kenjiro ―escuchó decir a Tadashi y entonces lo recordó, ese era el niño que Chikara había estado cuidando los últimos días, el hijo de Semi, el otro pastelero de tía Hanna.

―Hola Tadashi ―saludó el otro niño.

Los adultos volvieron a mirarse y sonrieron antes de presentarse.

―Hola, soy Nishinoya Yuu, él es Tadashi, mi hijo…

―Hola un placer, yo soy Reon Ohira… tío de Kenjiro ―dijo el pelinegro antes de que la puerta del ascensor se abriera ante ellos―, ¿también bajan? ―Noya solo asintió y los cuatro se metieron en el ascensor, el doncel apreto el boton del piso donde estaba la cafetería y al notar eso Reon sólo permaneció en su lugar―… parece que vamos al mismo lugar.

―Aja… sabes, hace poco que conozco a Semi, trabaja en el café de mi tía… espero que no te moleste pero… ¿eres familiar de Semi o del padre de Kenjiro?

―Del padre de Kenjiro ―respondió el pelinegro y se detuvo al escuchar las voces de los pequeños…

―Mi abuela también está aquí… pero ella lleva mucho tiempo aquí y casi nunca quiere que la veamos ―dijo Kenjiro inflando un poquito sus cachetes.

―Ohhh mi abuelo tambien, hace mucho que no lo veo ―acotó el pequeño pecoso empatizando con el otro niño al que parecía sucederle lo mismo que a él.

―Dashi, cielo y Kenjiro ―dijo Noya agachándose y mirando primero a un niño y luego al otro―… sus abuelos están enfermos, por eso están aquí y hay días en los que se sienten bien y otros en los que no, por eso a veces no quieren que los veamos… cuando ustedes se enferman ¿no quieren que las personas estén molestando, no? ―ambos niños con sus ojos centrados en Noya asintieron y el doncel sonrió―… ¿ustedes saben que les hace bien a las personas que no se sienten del todo bien?

―¡Una sonrisa enorme! ―respondió Tadashi antes de mostrar una enorme sonrisa que dejaba ver todos sus dientes.

―¡Así es mi cielo! a ver tu sonrisa Kenjiro ―dijo Noya, Kenjiro dudo un momento y luego le mostró la sonrisa más grande que pudo―… hermosa, seguro que a tu abuela le encantara esa sonrisa ―agregó revolviendo un poco el lacio cabello del niño, para luego ponerse de pie, justo en el momento que las puertas del ascensor se abrían.

Los cuatro caminaron hacia la cafetería y mientras los adultos esperaban en la fila a que los atendieran los dos niños se acercaron al mostrador para ver los postres y pasteles que se exhibian.

―Es su abuela paterna la que está aquí ―dijo el pelinegro al notar que el doncel no resistiría más la pregunta.

―Ohh… me parecía raro que Semi no hubiera mencionado nada si se trataba de su madre… después de todo ya le habíamos comentado que mi padre estaba aquí… pero también tengo que reconocer que Semi es bastante reservado, es más hace poco conocimos a Kenjiro y terminó en contacto con nosotros y nuestros niños porque Ennoshita lo estaba cuidando, por que su niñera los abandonó…

Noya siguió hablando un momento más, antes de que lo atendieran pero Reon dejó de escuchar al darse cuenta que nuevamente Semi tenía un problema y no recurrió a él o Sora para que lo ayudarán ¿por qué le costaba tanto confiar? por un momento frunció el ceño, pero inmediatamente cambió su expresión al notar que Nishinoya volvia a mirarlo, ahora cargando un soporte con tres vasos y una caja que seguramente contenía alguna cosa dulce. El doncel y el pequeño pecoso se despidieron, pues tenían que pasar a ver algo antes de volver y siguieron su camino, aunque no sin antes prometerle a Kenjiro que se volverían a juntar para jugar.

Kenjiro y Reon escogieron algunos pastelillos y cuando les entregaron todo se encaminaron para volver.

―Es bueno saber que ya tienes amigos… aunque tengo curiosidad de si ya tienes alguno en el preescolar ―comentó Reon llamando la atención del niño quien lo miró un momento y luego desvió la mirada para dar una tímida y casi imperceptible negativa con la cabeza―… Kenjiro ¿quieres que hable con tu mamá sobre eso?

―¡No! ―se apresuró a exclamar el niño―… lo prometiste.

―Lo sé… pero no tienes que ir a ese preescolar si no te gusta, si hablamos con tu mamá… podemos buscarte otro lugar ―sugirió el pelinegro intentando dibujar una sonrisa en su rostro.

―Mamá y la abuela quieren que vaya ahí, es donde iba papá ―murmuró el niño mientras entraban en el ascensor.

―Eso no importa, todos queremos que seas feliz, y si es en otro lugar todos lo aceptaran ―agregó Reon pero el niño lo miró todavía dudando―… sabes que cuentas conmigo, cualquier cosa solo llamame, ¿si? ¿todavía tienes mi número? ―el niño asintió recordando la tarjeta que tenia guardada con la información de su tío―… bien, vamos a olvidarnos de esto y sonreir para su mamá y tu abuela ―propuso ya algo cansado, ese niño era igual de difícil que su madre.

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Reon se había llevado a Kenjiro a buscar té y pastelillos, o al menos esa fue la excusa para dejar a Semi y Sora a solas.

―¿Cómo has estado Sora? ―preguntó Semi en cuanto Reon y Kenjiro dejaron la habitación.

―Igual que la última vez… no hay mejora y hoy estoy bien pero hay días en los no puedo ni siquiera dejar la cama… y ni hablar de los días de quimioterapia ―respondió la mujer acomodándose la ruana sobre sus hombros―… sé lo que dije, pero en verdad los extrañaba… solo mira ―agregó antes de señalar su mesita de noche sobre la cual había varios portarretratos―, hice que Reon imprima y enmarque una de las últimas fotos que me mandaste Kenjiro… a todos les encanta y en verdad se parece tanto a mi Jin ―la última frase fue un murmullo y sus ojos parecieron nublarse por un momento.

―Ya te lo dije solo tienes que decirlo y lo traeré cuando quieras.

―No quiero que me vea mal, ningún niño tiene que recordar a su abuela en su peor momento ―respondió la mujer antes de soltar un suspiro y centrar sus ojos en el doncel―… pero eso ya te lo he dicho y no te pedí que vengas por eso… quiero que Kenjiro y tu sean muy felices…

―Sora, nosotros…

―Todavía recuerdo muy claro el día que Jin me habló de ti ―dijo Sora interrumpiendo al doncel―… sus ojos y su sonrisa brillaban como nunca y lo supe al instante mi hijo estaba enamorado de un doncel, para disgusto de su padre… dijo que tenías los ojos más bonitos que jamás había visto y que nada se igualaba a tu sonrisa, una sonrisa que según él mismo muestras muy poco, quería pasar su vida contigo, hacerte feliz y darte todo aunque tu renegaras y tuviera que insistir hasta el cansancio…

―Sora no sé a qué vas con esto, pero Kenjiro y yo somos felices y si vas a volver a insistir con darme más dinero, otra casa y otro trabajo, te voy a volver a decir que no… me gusta mi trabajo, mi pequeño departamento y si mi niño es feliz yo también ―dijo el peligris intentando dibujar unas sonrisa en su rostro, siempre le dolía hablar de Jin…

―¿Sabes algo?… Jin no quería que conocieras a Reon, al menos no hasta que fueras completamente suyo, sus palabras ―agregó la mujer dibujando una sonrisa―… por alguna razón que escapaba a ellos y a cualquiera siempre les gustaba la misma persona, creo que tenia miedo que le pasara lo mismo contigo… y cuánta razón tenía no fuiste la excepción…

―Sora ―intentó quejarse el doncel por el camino que estaba tomando la mujer…

―Sé lo que él siente por ti y es de verdad, dudo que encuentres a alguien que te quiera más a ti y a Kenjiro… ¿por que no lo aceptas, que es lo que te hace rechazarlo cada vez? ―preguntó la mujer sin despegar sus ojos del doncel que ahora le esquivaba la mirada algo nervioso.

―Su familia ―habló Semi luego de un momento de silencio―… se negó a aceptar que Kenjiro es hijo de Jin y después de pelear mucho tiempo conmigo y de decirme todas esas cosas horribles su marido parece interesado en mi hijo al punto de querer quitarmelo… y yo tengo que creer que Reon simplemente se enamoró de mi…

―Semi, tú sabes lo que sucedió entre mi marido y yo por todo eso… ¿confias en mi? ―preguntó la mujer luego de dudar un momento y vio la duda en el peligris antes de asentir―… quiero lo mejor para ustedes y te aseguro que si no conociera a Reon nunca hubiera dejado que se acercara a ti, él jamás haría algo para mi ex, nunca lo quiso demasiado y creo que por eso siempre se llevo tan bien con Jin… no es que Jin odiara a su padre, pero él siempre tuvo actitudes que ni a mi, ni a Jin nos gustaban.

―¿Dices que simplemente ignore lo evidente? ―indago el peligris frunciendo el ceño.

―No, digo que abras los ojos y veas lo que tienes delante de ti… estoy segura de que él te dijo algo y ya deberías saber que es una víbora rastrera en la que no puedes confiar… pero si puedes confiar en Reon… cuando él habla de ti tiene ese mismo brillo en los ojos que Jin… y si para ti eso no es amor, entonces dime ¿qué es? ―Semi se mordió el labio inferior ante esa pregunta, todavía recordaba muy bien las palabras del padre de Jin, ese hombre quería amoldar a Kenjiro a su imagen, quería que fuera todo lo que Jin no fue y lo necesitaba dentro de su familia para eso… y Reon era su mejor carta, por eso intentó alejarse de todos ellos y sólo mantuvo contacto con Sora, pero Reon era igual de insistente que Jin―… Reon es toda la familia que me queda, he cuidado de él desde que sus padres murieron y lo haré hasta el último de mis días, quiero para él lo mismo que quería para mi hijo… y también quiero eso para ti… piensalo, no perderas nada dándole una oportunidad ―concluyó Sora con una sonrisa y un segundo después la puerta se abrió dándole paso a Reon, quien llevaba un soporte de cartón con cuatro vasos y Kenjiro que traía una caja con pastelillos.

―Llegamos, perdón por la demora, alguien se encontró con un amigo ―dijo el pelinegro con una sonrisa y los ojos de Semi inmediatamente se centraron en su pequeño.

―¿Si? ¿Con quién se encontraron cielo?

―Con Tadashi y su mamá ―respondió el niño como si nada antes de sentarse en el sillón junto a Semi.

―Un doncel muy simpático, al parecer también están visitando a alguien aquí ―agregó Reon ofreciéndole un vaso de té al doncel.

Bien para celebrar el día del amigo, he aquí un nuevo capitulo, espero que les guste, ya estamos profundizando un poco en la historia de Semi.

Como siempre gracias por esperar y leer ... y sobre todo a los que comentan.

Nos leemos.