Mi hijo.

Emociones.

El ruido de la puerta llamó su atención y por un momento Tendo desvió la vista de su computadora y vio a Taichi y Wakatoshi acercarse completamente manchados con pasto y tierra, ambos habían estado jugando en el jardín, mientras el pelirrojo retocaba algunas ilustraciones, pues se acercaba la fecha de entrega.

―Mamá, mamá, ducha ―dijo un presuroso Taichi antes de comenzar a tironear la mano del pelirrojo.

―¿Qué? ―preguntó algo sorprendido el doncel, pues eran pocas las veces que su niño le pedía que lo duchara, no se resistía pero siempre era él quien tenía que recordarle que le tocaba ducharse.

―Satori, saldremos a cenar nuestro niño quiere sukiyaki ―dijo a modo de respuesta Wakatoshi y Satori no pudo reprimir una sonrisa al ver el rostro de su pareja manchado de tierra al igual que el de su niño.

―Entonces definitivamente ambos necesitan una ducha ―exclamó un alegre Satori antes de ponerse de pie y comenzar a caminar con su pequeño hacia el baño― ¿qué te parece si papá te ayuda hoy? ―Taichi y Wakatoshi se miraron un momento ante esa pregunta y el niño no supo qué responder al ver esa expresión más seria de lo normal en su padre.

―Satori…

―Ohh, vamos amor es fácil ―dijo el doncel interrumpiendo al castaño al notar esa expresión con algo de preocupación en su rostro―… haremos esto, esta vez yo te ayudo y la próxima lo haces tú solo.

Wakatoshi solo asintió ante esa propuesta, por el tono del pelirrojo supo que no le quedaba de otra. Una vez en el baño mientras Taichi comenzaba a desvestirse, Satori preparó la tina y le mostró a Wakatoshi cómo controlar el agua para que no estuviera demasiado caliente o fría, pues sabía que el castaño no tenía un término medio para ducharse. Luego de unos minutos ya con Taichi dentro del agua, Satori le enseñó al castaño como lavarle el cabello al niño y entre una cosa y otra los tres se pusieron a jugar y terminaron entre risas, todos dentro de la enorme tina, completamente empapados y tapados por espuma.

―Wakatoshi, mira lo que hiciste, no solo nos mojamos completamente sino que también inundamos en baño… tu abuela nos va a matar ―dijo el pelirrojo entre risas quitándose la remera completamente mojada, pues el castaño los metió en el agua, él incluido, vestido.

―No te preocupes por eso, no dirá nada ―respondió el castaño como si nada abrazando al pelirrojo, quien intentaba enjuagar a Taichi.

―Oye, no te acomodes, dijiste que iríamos a cenar sukiyaki… así que si quieren eso será mejor que nos apresuremos.

―Siiiiii, vamos mamá apúrate ―dijo un sonriente Taichi apresurándose a alejar la espuma con sus manos.

―Ya no puedes echarte atrás ―murmuró el pelirrojo con una sonrisa de lado para Wakatoshi…

―Eso jamás ―afirmó el castaño regulando el agua para abrir la regadera y que los tres pudieran enjuagarse.

Unos minutos después la pareja estaba vistiendo batas mientras ayudaban a Taichi a secarse, luego Satori lo llevó a su habitación para que se vistiera, escogieron la ropa y como el niño insistió en vestirse solo el pelirrojo volvió al cuarto que ahora compartía con Wakatoshi, caminó hasta el armario sin darle mucha atención al castaño que en ese momento se prendía la camisa. Vio la maleta que se negaba a desarmar y el espacio que Wakatoshi había dejado para que acomodara sus cosas.

―Wakatoshi ¿Cuanto tiempo estaremos aquí? ―preguntó mientras buscaba qué ponerse.

―Sabes que todavía la están buscando ―respondió el castaño antes de voltearse para ver al pelirrojo―… y ya te dijimos muchas veces que puedes sentirte como en tu casa…

―Ese no es el punto, ya sé que a tus abuelos les encanta que estemos aquí, a mi también me encanta ver a tu abuela así de feliz enseñándole cosas a Taichi… me recuerda a mamá ―lo último fue un susurró que Wakatoshi no llego a escuchar por la distancia―, pero no me gusta esta situación…

―No te gusta estar aquí pero sí con los Aone ―la voz de Wakatoshi sono triste y Satori inmediatamente se volteo para verlo, su expresión era seria como siempre, pero sus ojos estaban clavados en el piso.

―No… no, no ―se apresuró a decir el pelirrojo, sabía que Wakatoshi no le recriminaba nada pero era evidente que el tema le molestaba―… solo… es diferente… ellos han sido mi familia desde mi embarazo ―agregó acercándose al castaño, quien seguía inmóvil en su lugar, sin mirarlo―… Wakatoshi yo te amo muchísimo ―dijo acariciando la mejilla del castaño para que finalmente lo mirara, en cuanto esos ojos marrones se centraron en los suyos continuó―, pensé que cuando finalmente viviéramos juntos seria en nuestra casa y no molestando a tus abuelos ―susurró con una pequeña sonrisa antes de besar esos labios que tanto le gustaban.

―¿Entonces lo que quieres es que ya nos mudemos a nuestra casa? ―preguntó el castaño luego de terminado el beso.

―Me gustaría dejar de mudarme ―respondió con una risita el pelirrojo abrazando el cuello de su pareja.

―Por mi podemos irnos mañana a nuestra casa, sabes que ya está casi lista para que nos instalemos… pero…

―Si nos vamos mañana preocuparemos a tus abuelos ―agregó Satori obteniendo un asentimiento del castaño.

―Amor, saldremos a cenar y tendremos tres guardaespaldas con nosotros… ¿qué crees que harán si nos mudamos mañana?

―Ahh por todos los cielos, no quiero ni imaginarlo, tendremos tanta seguridad como aquí en nuestra casa ―se quejó Satori inflando un poco los cachetes.

―Creo que lo mejor será quedarnos un poco más aquí ―dijo Wakatoshi acariciando la mejilla del pelirrojo―… hasta que todo se calme un poco, en cuanto el abuelo sepa algo de Kagura todo mejorará ―agregó antes de dejar otro corto beso en los labios de Satori.

―Mamá, papá, ¿ya vamos? ―la voz de Taichi llamó la atención de la pareja, quienes al voltear encontraron al niño asomándose por la puerta.

―En un momento cielo, ¿por qué no invitas a los abuelos, quizás quieran ir con nosotros? ―respondió Satori e inmediatamente recibió un asentimiento del niño―… bien, esperaremos un poco más, mañana tendré que ir por algunas cosas que olvide ―agregó con una sonrisa antes de devolver el beso para luego alejarse nuevamente hacia el armario.

―Ok solo dile al chófer… ah por cierto ¿mi abuela te dijo algo?... creo que ya quiere empezar con los preparativos para la boda ―comentó el castaño comenzando a ponerse los zapatos.

―Wakatoshi, primero tenemos que poner una fecha para eso ―dijo Satori tomando un pantalón perfectamente doblado.

―Yo estoy dispuesto cuando tu quieras amor.

Satori no dijo nada pero no pudo evitar que una enorme sonrisa apareciera en su rostro, ama demasiado a ese hombre y todavía no sabe qué hizo para merecerlo.

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El doncel cerró el horno, centró sus ojos en la mesada y soltó un suspiro cansado al ver las cosas que todavía tenía que guardar, por alguna razón su ánimo estaba por el piso, pero si lo pensaba era obvio estaba más sensible por las hormonas y todo lo que había pasado no ayudaba. Su mente estaba tan perdida que al sentir unas manos en su cintura no pudo evitar sobresaltarse dando un pequeño brinco y dejando caer el cuenco que sostenía, el cual se partió en muchos pedazos al chocar contra el piso

―Ehh, cuidado, ¿estas bien gatito? ―murmuró Kuro muy cerca del oído de Kenma mientras que con cuidado lo levantaba para sentarlo sobre la mesada―, quédate aquí así no te lastimas ―agregó señalando los pies descalzos de su esposo para luego tomar la escoba que estaba en un rincón y comenzar a barrer los trozos de cerámica.

―Eres un tonto, me asustaste ―se quejó el rubio viendo como su esposo barría.

―Lo siento no pensé que estarías tan concentrado en guardar unos cuencos ―se disculpó el pelinegro con una sonrisa mientras levantaba los restos del cuenco en la palita para tirarlos en el cesto de la basura, luego dejó las cosas a un lado del cesto y volver a acercar a su esposo―… ¿en qué pensabas? ―indagó con una sonrisa y una mirada que generaron algo de desconfianza en Kenma.

―Nada ―dijo el rubio esquivando la mirada de Kuro―… solo me siento algo raro por todo lo que sucedió ―agregó volviendo a suspirar.

―Lo sé, eso fue duro para todos ―murmuró el pelinegro colocándose entre las piernas de su esposo y abrazándolo―… ¿seguro que es solo eso? ―Kenma solo asintió ante esa pregunta mientras la duda comenzaba a formarse en su cabeza "¿Ya lo sabe?" Kuro dejo un beso en la frente de su esposo antes de acomodarle un mechón de cabello detrás de la oreja―… ¿Sabes algo amor? ayer me pasó algo con Boku… bueno, sé que él tiene sus cosas pero…

―Estoy embarazado ―dijo Kenma interrumpiendo a su esposo, era inevitable, sobre todo si Bokuto ya lo sabía, era probable que ya se lo hubiera dicho, motivo por el cual decidió decirle antes de que el pelinegro le recriminara.

―… No creí que… ¡¿Qué?! ―preguntó algo sorprendido luego de que Kenma dijera esas palabras, lo que hizo que el rubio lo mirara algo confundido.

―¿Qué? ―replicó Kenma pensando "¿no iba a quejarse porque todavía no le había contado?"

―No, no… no te hagas… repite eso gatito ―suplicó el pelinegro apoyando su frente sobre la frente de Kenma, quien comenzaba a ponerse algo rojo por la intensa mirada de su esposo. El rubio soltó un suspiro.

―Estoy embarazado ―repitió dibujando una pequeña sonrisa que inmediatamente se contagió en Kuro, aunque la de este era mucho más amplia.

Inmediatamente Kenma sintió como era levantado por su esposo y como acto reflejo entrelazo sus piernas a la cintura del pelinegro, pues sabía que ahora venían unas cuantas vueltas. Kuro dio dos giros sobre sí mismo abrazando con fuerza a su esposo y ahí se detuvo, conocía el carácter de su gatito y si era como en su último embarazo mejor no molestarlo, así que para terminar esa celebración lo sujetó por el trasero y lo beso. El beso comenzó suave y tranquilo pero en un instante se volvió más demandante, pues para sorpresa de Kuro, Kenma le mordió el labio inferior y luego invadió su boca con la lengua la cual se movía recorriendo todo su interior como si buscara algo y él no pudo quedarse quieto por mucho más, su lengua atacó a la contraria y en cuestión de segundos volvía a tener el control de aquel beso, ahora profundo y apasionado.

―Te amo, te amo, te amo… ¿ya te dije cuanto te amo? ―dijo el pelinegro al terminar el beso, volviendo a dejar a su esposo sobre la mesada.

―Si, me lo dices todo el tiempo… te amo Kuroo Tetsuro ―respondió el rubio con una sonrisa acariciando el cabello de su esposo, quien sujetó esa mano para llevarla hasta su boca y dejar unos cuantos besos en ella.

―Un momento… ahora entiendo… ayer antes de irse Bokuto me felicitó ―dijo de repente el pelinegro volviendo a centrar sus ojos en aquellos orbes dorados que amaba…

―Un momento… no ibas a decirme que Bokuto te contó antes de que… ―murmuró Kenma pero no termino la frase al ver la sonrisa de su esposo.

―No… lo que te iba a decir es que Boku quiere que hagamos una coreografía para su boda… pero… ¿Bokuto se enteró antes que yo? ―Kenma bajó la mirada algo avergonzado ante esa pregunta.

―Entró cuando hablaba con Akaashi ―susurró todavía con la cabeza gacha.

―Amor, mírame… no es como que eso me moleste, creo que nada podría molestarme hoy con esta noticia ―dijo el pelinegro haciendo que Kenma volviera a mirarlo―… le diremos a Kei ¿ahora?

―Creo que mejor esperamos a que no haya riesgo… sabes cómo es esto ―respondió el rubio luego de dudar un momento y acariciar su vientre―… luego de los tres meses.

―Si, tienes razón ―acotó Kuro antes de volver a besar los labios de su esposo para luego bajar un poco y dejar una caricia y un beso en el vientre del rubio―… hola bebé, soy papá y estoy muy feliz de que estés entre nosotros, yo te cuidare hasta que nazcas y luego también.

Kenma dibujó una enorme sonrisa ante ese gesto de su esposo, recordando que cuando le dijo de su primer embarazo el pelinegro hizo algo muy parecido.

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Futakuchi se movía muy feliz en su cocina, en verdad había extrañado su departamento y sus cosas, preparó la vaporera y la dejó sobre el fuego, luego cubrió sus nikuman con un paño y se dispuso a esperar que el agua hirviera. Amontonó las cosas que había usado en el lavado y cuando estaba por ponerse a lavar todo eso escuchó la puerta de entrada abrirse y una sonrisa se dibujó en su rostro, ese tenía que ser Aone, después de todo era el único que tenía llave, volteó para saludarlo, pero las palabras se atoraron en su boca al ver que su osito polar no estaba solo.

―Hola amor ―saludó Aone acercándose―… estaba abajo y se niega a irse hasta no hablar contigo ―murmuró al notar que los ojos de Futakuchi estaban clavados en aquella niña.

―Ho… hola hermano ―saludó la niña de 13 años mirando al castaño mientras jugaba con sus dedos.

Futakuchi miró de pies a cabeza, a aquella niña de cabello rubio y ojos color miel que se parecía tanto a su madre, estaba en una especie de trance y salió de el al sentir la mano de Aone en su cintura, pestañeó dos veces y entonces encontró al albino a unos pocos centímetros de él.

―Kenji, tranquilo solo es una niña, habla con ella y luego la llevaremos a su casa ―susurró el albino cerca del oído de su pareja y al escuchar esa última frase el castaño clavó sus ojos en Aone algo sorprendido―… ¿o prefieres que llame a sus padres para que la vengan a buscar? no podemos subirla a un taxi sola a esta hora ―agregó sabiendo que esa idea no le gustaría a Kenji.

―Eee… estoy cocinando no ―intentó decir el castaño pero inmediatamente fue interrumpido por su pareja quien rápidamente dio un vistazo en la cocina…

―Yo termino ―dijo el albino acercándose a la mesada― ¿Gyoza o nikuman? ―preguntó levantando el paño que cubría aquellos bollos rellenos―… definitivamente yo termino, ve.

Futakuchi soltó un suspiro algo cansado reprimiendo las ganas de gritarle a su pareja que era un "traidor" y luego volvió a centrar sus ojos en la niña que seguía a unos pasos de la puerta esperando una respuesta con una sonrisa endeble en su rostro. Kenji se movió lentamente hacia la niña.

―Hola ―dijo en un tono algo seco antes de hacerle una seña para que lo siga hasta el sillón, se sentó y unos segundos después la niña se ubicó a su lado.

―¿Puedo llamarte Kenji?... tu puedes decirme Sophie ―dijo la niña en un tono algo presuroso, al parecer el castaño no era el único nervioso allí.

―Como quieras… ve al punto que quieres… pero ya te aclaro que si ella te mandó no me interesa…

―Mamá no me mandó, es más no sabe que estoy aquí, se supone que estoy en casa de una de mis nuevas compañeras… pero quería verte, saber como estas… todos nos quedamos preocupados la semana pasada ―dijo la niña en el mismo tono presuroso, por lo que Kenji dudo que fue por nervios.

―Estoy bien ―respondió el castaño y al ver que la niña esperaba más soltó un suspiro y agregó―… fui al medico, dijo que podían ser los nervios que intente relajarme un poco… me hizo estudios y tengo que volver mañana ―lo último fue casi un susurro pues comenzó a preguntarse "¿por qué le estaba contando todo eso?"

―Wow… entonces en eso te pareces a mamá, antes cuando se estresaba mucho comenzaba a actuar extraño y su presión se descontrola, en más de una ocasión terminaba desmayándose… con el tiempo mejoró, pero cada tanto tiene que medicarse, si no fuera por eso seguro ya le hubiera vuelto a pasar con todo lo que ha sucedido desde que llegamos ―Futakuchi frunció un poco el ceño, esa niña en verdad que hablaba mucho...

―Sophie ―la interrumpió en un tono que cualquier padre o madre usaría a modo de regaño.

―Ohh… lo siento, siempre me voy de tema… mi hermano suele regañarme todo el tiempo aun cuando no digo nada… sé que no me soporta ―dijo la niña inflando un poco los cachetes en la última frase―… no quería que pasa eso contigo también, pero parece que volví a arruinarlo ―agregó en un tono triste que hizo sentir mal a Kenji.

―Sophie, yo… no sabia que tenias otro hermano ―dijo el castaño luego de un momento de dudar―… lo siento no sé como afrontar esto.

―Ah… no, no, yo… yo… en verdad siempre me gustó la idea de tener un hermano mayor, pero el hijo de papá no me quiere por que papá se casó con mamá y luego llegue yo para dividir su herencia ―comentó la niña antes de soltar un suspiro y comenzar a jugar con su dedos―… mamá siempre me hablaba de ti, de lo lindo y bueno que eras y de lo mucho que quería que estuvieras con nosotros… pero por alguna razón que nunca dijo, no podía venir por ti ―luego de un momento de silencio volvió a centrar sus ojos en Kenji―… hace tres meses habló con papá y se puso muy feliz, dijo que por fin podría conocer a mi otro hermano, papá arregló todo para venir a Japón y te estaba buscando íbamos a verte esa semana después de la fiesta del señor Ryo, en verdad no esperábamos encontrarte allí o que pasara todo lo que pasó…

―Sophie… yo no sé cómo fue ella contigo, pero conmigo fue ―habló el castaño desviando la mirada, pero se detuvo un momento, tenía que cuidar lo que decía―… me quería y cuidaba de mi, pero siempre fue temeroso y sumisa, a penas cuidaba de sí misma y siempre había un aire de tristeza que la rodeaba… no tienes una idea lo que fue para mi cuando desapareció sin decir absolutamente nada, mi vida nunca fue bonita como la tuya pero desde ese momento fue peor ―Kenji se detuvo y al volver a ver a la niña notó una expresión triste en su rostro.

―Lo si… siento… yo no… no pensé que…

―No te preocupes ―susurró el castaño acariciando la mejilla de la niña que parecía a punto de llorar―… creo que tu conociste el mejor lado de nuestra madre… y eso es bueno…

―Pero tú también puedes conocer este lado de mamá ―se apresuró a decir Sophie sujetando la mano del castaño―, ella dijo que esperará lo que sea hasta que tu aceptes hablar con ella…

―Sophie, en verdad tu no sabes todo lo que pasé y eres muy pequeña para que te lo cuente… pero recordar todo eso me duele y eso hace que no quiera verla… además le prometí a Takanobu que no haría nada estresante hasta que volviera a ir al médico esta semana ―agregó dibujando una pequeña sonrisa antes de desviar su mirada hacia la cocina para ver al albino que ya estaba sacando los bollos rellenos de la vaporera―… ¿cenas con nosotros y luego te llevamos a casa? ―preguntó volviendo a mirar a la niña de ojos color miel la cual asintió efusivamente.

―Gracias, aunque no es necesario que me lleven puedo tomar un taxi…

―¡A esta hora ―exclamó mirando el reloj de pared que marcaba casi las nueve de la noche―, claro que no señorita! tu querías un hermano mayor, pues acostúmbrate esto es lo que hacen los hermanos ―agregó antes de ponerse de pie para ir a la cocina, dejando a la sonriente niña en el sillón.

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Daichi abrió la puerta y al entrar dejó la llave en el cuenco que Suga había dispuesto para eso, colgó su saco en el perchero y dejó su maletín en una silla que había junto a este, caminó hasta la sala y de ahí a la cocina donde encontró a Ennoshita cocinando con Tobio, los saludó a ambos, dejando un beso en la frente de su niño y luego volvió a dar una mirada que recorrió todo el lugar.

―Está en su habitación, dijo que estaba cansado ―comentó Ennoshita adivinando lo que el abogado iba a preguntar.

―¿Lleva mucho allí?

―Después de que te fuiste estuvo en rato más en su estudio, jugó un rato con Tobio y luego me pidió que me ocupe por que él estaba cansado ―respondió Chikara soltando un suspiro antes de dejar la bola de arroz que acababa de hacer junto a las demás para luego centrar sus ojos en Tobio que intentaba terminar de darle forma a otra bola de arroz.

―Lamento haberme demorado Chikara, deje dicho que nada de trabajo los domingos pero a veces es inevitable.

―No te preocupes se entiende, además Tobio se portó muy bien y es un excelente ayudante ―comentó el doncel obteniendo una sonrisa del niño―… Daichi por qué no llamas a Suga ya nos falta muy poco y terminamos.

Daichi solo asintió y sin decir nada más se encaminó hacia las escaleras. Una vez arriba, se detuvo ante la puerta de la habitación de Suga, dio un leve golpe y como no obtuvo respuesta luego de unos segundos simplemente entró. La habitación estaba en penumbras apenas iluminada por el velador en la mesita de noche, Suga estaba durmiendo en la cama, hecho una bolita abrazando un oso de peluche, pero lo que llamó la atención del pelinegro fue la caja que descansaba a un lado del doncel. Se acercó con cuidado de no hacer mucho ruido, le dio un vistazo a la caja, la cual estaba repleta de fotos y todas las que se veían en la superficie eran de Shoyo y no resistió la tentación de tomar una de ellas donde se veía a un bebé de cabello naranja durmiendo abrazado a su conejo de tela, e inmediatamente una sonrisa se dibujó en su rostro mientras acariciaba esa imagen y se sentaba en el borde de la cama.

―Es hermoso ―la voz medio adormilada de Suga llamó la atención del pelinegro―, desde que le hice ese conejo dormía siempre con el ―agregó el peligris comenzando a estirarse, aún sin soltar el peluche.

―Es un niño hermoso ―murmuró Daichi dejando la foto nuevamente en la caja antes de acariciar el cabello del doncel― ¿te sientes mejor? ya casi esta la cena, Chikara y Tobio están haciendo onigiris.

Suga solo soltó un quejido mientras intentaba esconder su rostro entre la almohada y el peluche.

―No tengo hambre ―la voz del doncel se escuchó algo ahogada.

―Amor… tienes que comer hoy apenas si comiste y estoy seguro que tampoco merendaste ―dijo el pelinegro volviendo a acariciar el cabello del peligris.

―Si merendé con Tobio ―replicó el doncel descubriendo un poco su rostro para ver a Daichi.

―¿Entonces tengo que mandar a Tobio para que cenes con nosotros? ―preguntó el pelinegro con una expresión algo seria antes de soltar un suspiro―… Suga sé que estás triste, pero tienes que ayudarnos a cuidarte… ¿qué le diremos a Shoyo si tu salud desmejora por estar triste? ―Suga dudó un momento ante esa pregunta, luego se sentó en la cama y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro.

―Tienes razón ¿qué clase de ejemplo es ese? después de todo no soy el único que extraña a mi pajarito ―murmuró antes de abrazar al pelinegro―… gracias Daichi ―agregó antes de dejar un corto beso en los labios del pelinegro―, te amo.

―También te amo ―respondió Daichi acariciando la mejilla del doncel, la tristeza todavía era evidente en sus ojos pero esa pequeña sonrisa era la más linda y firme que el doncel había mostrado en esos últimos dos días.

Bien, nuevo cap, donde intente retomar algunas de las cosas que estaban quedando sueltas.

Espero que les guste. Y como siempre gracias por estar ahí.

Nos leemos.