Mi hijo
Golpe.
Iwaizumi vio a Suga caminando en la sala e inmediatamente se centró en Daichi quien todavía hablaba por teléfono cerca de la entrada.
―Suga me estas mareando ¿quieres sentarte e intentar calmarte? ―se quejó el pelinegro de ojos verdes antes de mirar a Tooru y Ennoshita, quienes estaban en la cocina, en busca de ayuda.
―Iwa, ya te dije que…
―Nada, no me pongas excusas, ya te dije que en un principio esto nos favorece…
―Pero eso no hace que deje de preocuparme, conozco a Shoyo y sé que muchas veces los otros niños lo intimidan, en el colegio anterior tenía amigos porque eran los niños del vecindario y aquí… bueno si no se hubieran enredado en una pelea por la atención de Tadashi probablemente…
―Él hubiera hecho amigos igual ―lo interrumpió Chikara acercándose al sillón.
―Es un niño muy alegre y simpático, es difícil que los otros niños lo ignoren ―agregó Oikawa antes de morder una manzana y sentarse junto a su pareja―, tu pajarito es una bola de alegría, te aseguro que donde sea que este hará amigos.
―Pero tu no lo has visto estando triste y por lo que Kenjiro dijo ese es el caso ―se quejo el peligris deteniéndose a unos pasos de la pared y centrando sus ojos en una fotografía donde aparecían el pequeño pelinaranja recostado en el pasto junto a él.
―Bien tenemos una reunión mañana ―dijo Daichi volviendo a la sala y llamando la atención de todos―… y tío Washijo dice que nos mantengamos como habíamos acordado, no nos acerquemos a él a menos que ellos lo permitan.
―Lo mismo que nosotros dijimos ―agregó Iwaizumi.
―Al parecer ellos solos se están hundiendo ―comentó Daichi antes de centrarse en el peligris que en ese momento miraba el piso como si fuera lo más interesante del mundo―… Suga, sé que para ti es muy dificil, pero tambien sabes que es lo mejor, si levantan quejas en tu contra eso complicaría mucho las cosas ―dijo acercándose al doncel y haciendo que levantara el rostro para verlo―, seguiremos insistiendo con sus abogados y mañana veremos que podemos conseguir con el juez.
Suga solo asintió como respuesta y se dejó guiar por el pelinegro hasta uno de los sillones.
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Habían pasado tres días y la situación seguía igual, no habían conseguido nada con aquel juez y Suga tenía que seguir manteniendo la distancia pues nadie quería arriesgarse, sabían que los abogados de los Terushima usarían cualquier cosa para favorecer a sus clientes. El martes por la tarde Daichi se llevó al peligris a su casa con la intención de que este se instalara allí, no quería que Suga pasara tanto tiempo solo y tampoco queria que Chikara se preocupara tanto, era evidente que para aquel doncel embarazado toda aquella situación estaba siendo agotadora. Suga intentó quejarse en un principio pero no pudo replicar cuando Daichi le hizo notar que estaba haciendo que Chikara trabajara y se preocupara demasiado, el doncel lo acompañaba en casi todo su tiempo libre, lo llamaba por las mañanas e insistia hasta que se levantaba, preparaba el desayuno y pasaba mucho tiempo al pendiente de él, por lo que sin replicar Suga aceptó quedarse en casa de Daichi y llamó a Hanna para que ella se mudara por un tiempo a su casa para que acompañara a Chikara.
Ennoshita dudo de si eso estaba bien en un principio, no le parecía bien quedarse en casa de Suga si él no estaba allí, pero la insistencia del peligris y Hanna lo hicieron aceptar. De todas formas sus días esa semana fueron más complicados de lo que esperaba y por una cosa u otra llegaba tarde a buscar a Kenjiro y todavia no habia podido ver a Shoyo, que era lo que deseaba desde que Kenjiro le dijo que iba a su colegio.
Ese viernes Chikara habló con Hanna y se retiró del café un rato después del almuerzo, su bebé estaba inquieto y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro de solo pensar que ese día si vería a ese pajarito que tanto extrañaba. Caminó con calma por aquellas calles y llegó al colegio hora y media antes del horario de salida de los pequeños, se sentó en una banca de aquel parque frente al edificio y se dispuso a esperar, tomó su celular, buscó el borrador que le había pasado Suga y comenzó a leer.
Luego de una hora leyendo vio un elegante auto negro detenerse frente al colegio, del cual bajó un hombre de unos sesenta años vestido muy elegante y seguido por un grupo de al menos seis hombres también vestidos de traje, sabía que ese era un colegio muy elegante y exclusivo por lo que pensó que debía ser normal que aparecieran personas así todo el tiempo, no le dió mucha importancia y guardando su celular en el bolsillo de su chaqueta comenzó a cruzar la calle, quería acomodarse en una de las bancas que había cerca de la entrada del colegio, pues cuando los tutores y niñeras se acumularan allí seria imposible conseguir un lugar y en esos días sus pies en verdad le pedían que no estuviera mucho tiempo parado. Estaba a punto de sentarse cuando unos gritos llamaron su atención…
―Señor ya se lo dije no puede llevárselo ―clamaba la voz de una mujer.
―No importa quién sea, usted no está autorizado ―otra voz de mujer.
―Es mi nieto ―resonó la voz de hombre y en ese momento la puerta se abrió y Chikara pudo ver al elegante hombre siendo rodeado por su séquito mientras arrastraba a Kenjiro y dos maestras y la directora intentaban detenerlo.
―¡Ya llamamos a la policía! ―exclamó la directora pero fue ignorada completamente por el hombre.
Chikara no lo pensó ni un momento, al ver la apertura que había delante del hombre para que avanzara mientras los otros intentaban detener a las mujeres, se acercó, chocó levemente con él y al notar que este se desestabilizó un poco sujetó la mano con la que el hombre arrastraba a Kenjiro haciendo que se detenga, al notar a Chikara el niño inmediatamente se abrazó a una de las piernas del doncel con todas sus fuerzas e inmediatamente sintió la mano del doncel aferrandolo también mientras su otra mano seguía sujetando la muñeca del hombre, apretando todo lo que podía para que soltara al niño. El hombre le lanzó una mirada de miedo e inmediatamente vociferó…
―¿Quien rayos eres tu? quitenmelo de encima.
Chikara le sostuvo la mirada y al sentir que alguien lo sujetaba del hombro, soltó la muñeca del hombre y se aferró a Kenjiro con ambas manos, sintió un fuerte tirón en su brazo pero no soltó al niño que había comenzado a llorar.
―¡NO! ―se escuchó el fuerte grito de las mujeres al unísono antes de que uno de esos hombres intentara golpear al doncel, Chikara cerró los ojos al ver el puño acercándose a él, sintió un terrible dolor en su mandíbula y mejilla e inmediatamente el sabor metálico de la sangre invadiendo su boca, inclinó su cuerpo hacia un costado y por algún milagro no terminó desparramado en el piso. Estaba algo confundido, pero no soltó a Kenjiro, espero un momento inclinándose hacia adelante todavía con los ojos cerrados y se le hizo raro no sentir nada más, solo escuchaba todo el griterío de los presentes y el llanto de Kenjiro que entre hipidos lo nombraba a él y llamaba a su mamá.
Al abrir los ojos Chikara se sorprendió al ver el caos de personas que había alrededor, la directora regañaba a aquel elegante hombre mientras un grupo de profesores, seguramente de la primaria que habían llegado por el griterío, y otras personas, que seguramente habían llegado para esperar la salida de los niños, tenían medio acorralados al resto de los hombres y el que le había pegado estaba siendo sometido en el suelo por un hombre que tenía toda la pinta de ser profesor de educación física.
La maestra de Kenjiro se acercó inmediatamente a él y apoyó un pañuelo sobre su labio para limpiar la sangre del pequeño corte que acababan de hacerle con el golpe, la mujer le preguntó varias veces si estaba bien y como se sentía, mientras entre medio de eso intentaba calmar a Kenjiro, finalmente guió a Chikara y Kenjiro hasta la enfermería.
―Kenjiro, todo está bien, no dejare que te lleven a ningún lado y mamá ya viene ―dijo Chikara sentado en una silla y estirando sus brazos para abrazar al niño y sentarlo en su regazo.
―¿Te… te la… lastimaron? ―murmuró el niño tocando con mucho cuidado la mejilla y el labio lastimado del doncel antes de abrazarse a su cuello y comenzar a llorar nuevamente―… es… es mi… mi culpa…
―No mi cielo, tu no tienes la culpa de eso ―dijo el pelinegro acariciando la espalda del pequeño intentando calmarlo.
―Pe… pero…
―Pero nada ―exclamó el doncel separando un poco al niño para ver su rostro―, no quiero que vuelvas a decir algo así, tu no tienes la culpa ¡¿entendido?! ―el pequeño no dejaba de hipar y Chikara insistió― ¿entendido? ―esta vez Kenjiro asintió y al ver la sonrisa en el rostro de Chikara, él también dibujó una pequeña mueca en su rostro, que intentaba ser una sonrisa, antes de volver a abrazarse al cuello del doncel.
Unos cuantos minutos después la directora entró en la enfermería y se encontró a Kenjiro todavía abrazado al doncel, el cual estaba sosteniendo una bolsa con hielo sobre su rostro, donde había recibido el golpe.
―Ennoshita ¿estas bien? ―preguntó la mujer con una expresión preocupada en su rostro.
―Si no se preocupe, fue solo un leve corte por el golpe, la enfermera me tomó la presión por las dudas y dice que está bien.
―Me alegra oír eso ―exclamó la mujer un poco aliviada antes de acariciar la cabeza del niño, quien la miró con algo de desconfianza―, ¿Kenjiro, como te sientes, te duele algo? ―el pequeño apenas movió la cabeza para negar―… bueno, ya llamamos a tus tutores imagino que estarán aquí pronto… por cierto Ennoshita la policía quiere tomarte declaración…
―Ok, ¿aquí está bien o tengo que ir a otro lado?
―Bien les diré que pasen, ¿Kenjiro vienes conmigo? ―preguntó extendiendo su mano hacia el niño, quien inmediatamente escondió su rostro en el pecho de Chikara mientras volvía a aferrarse con fuerza al doncel―… creo que eso es un no.
La mujer le regaló una sonrisa al doncel y salió de la enfermería para permitirle el paso a un oficial de policía, quien luego de presentarse comenzó a hacer preguntas sobre lo sucedido. Unos minutos después, cuando el policía estaba por salir, apareció un presuroso Semi seguido de otro hombre de tez un poco más oscura.
―Kenjiro, Chikara ―exclamo el peligris acercándose con paso presuroso para abrazarlos a ambos―… Chikara ¿qué pasó? ―se apresuró a preguntar luego de terminar el abrazo y ver más detenidamente el rostro del otro doncel.
―Oh… nada, solo fue un pequeño golpe entre el caos ―dijo el pelinegro restándole importancia a la situación pues sabía del carácter del peligris y no quería que se metiera en problemas por su culpa.
―¡¿Nada?! ¡¿Chikara ya te viste en un espejo?!... yo lo mato, ¡¿ como se atreve ese… ese…?!
―Semi, calmate, lo importante es que ambos están bien ―dijo Reon interrumpiendo la ira del peligris.
―¡¿Bien?! ¿a ti eso te parece estar bien? ―se quejó señalando la mejilla algo hinchada del pelinegro―, eso será un enorme moretón para mañana.
―Si, y podemos dar gracias de que solo sea eso, podría ser peor… y lo sabes ―replicó Reon antes de soltar un suspiro―… ¿nos vamos? pasaremos por un hospital para que revisen a Kenjiro y a tu amigo, por las dudas.
―No hace falta…
―Nada de eso, Reon tiene razón ―dijo Semi interrumpiendo a Chikara antes de tenderle su mano para ayudarlo a levantarse.
―Bien, veré que dice la policía y nos vamos ―comentó Reon alejándose hacia la puerta mientras Kenjiro se bajaba del regazo de Chikara para que este pudiera ponerse de pie.
El niño no soltó la mano de Chikara en todo el camino hasta la salida del preescolar, el silencio en los pasillos indicaba que todos los niños ya se habían retirado. Vieron al policía que había interrogado a Ennoshita hablando con Reon y se detuvieron para esperarlo, en cuanto el pelinegro volvió a unirse a ellos salieron de la institución.
Afuera se encontraron con otros dos policías, aquel hombre elegante que intentó llevarse a Kenjiro y su séquito, al cual se había unido otro hombre que al parecer estaba regañando a todo el grupo. Los grises ojos del hombre se centraron en ellos e ignorando a los demás comenzó a acercarse a ellos. Kenjiro apretó más fuerte la mano de Chikara y este desvió su atención un momento hacia el niño, en ese momento se escuchó un golpe y varios gritos que clamaban "señor," "¿se encuentra bien?" "¿como te atreves?."
―¡¿Como se atreve a hacer esto después de todo lo que dijo?! ¡¿como se atreve a hacer que golpeen a un embarazado?! ―la voz de Semi estaba cargada de odio y cuando Chikara volvió a mirar se encontró a aquel hombre elegante tirado en el piso cubriéndose el ojo derecho, a sus hombres intentando levantarlo y a Reon y los dos policías interponiéndose entre Semi y los demás.
―Esto te costara caro ―bramó el hombre.
―Cuida tus palabras tío… y piensa a quien le saldrá más caro, intento de secuestro y agresión a un doncel embarazado, esto no se ve bien para ti… ya te lo dijimos una vez ¡ALÉJATE DE ELLOS! ―exclamó Reon con una expresión realmente seria―, abogado espero que se prepare para lo que viene ―agregó centrándose en el hombre que los había estado regañando, antes de voltearse y tomar del brazo a semi para luego arrastrarlo hasta donde estaban Chikara y Kenjiro, levantó al niño con su brazo libre y le hizo una seña al pelinegro con la cabeza para que lo siga hasta el auto.
Luego de una revisión completa en el hospital todos terminaron en casa de Suga haciendole compañia a Chikara, pues Semi se negaba a dejarlo solo hasta que llegara Hanna y por lo visto Kenjiro tampoco quería dejarlo, después de unos cuantos minutos el niño se había dormido acurrucado a un lado de Chikara en el sillón.
―Está agotado y muy preocupado por ti ―comentó el peligris viendo como su pequeño sujetaba la remera de Chikara.
―Hoy se asustó mucho… y no fue el único ―murmuró el pelinegro antes de suspirar y centrar sus ojos en Semi―, ¿quien era ese hombre?
―Ese es Shishio Lee, el padre de Jin y abuelo de Kenjiro ―respondió soltando un suspiro y centrando sus ojos en el piso―… él no creía que mi hijo fuera de Jin, tiene un problema con los donceles no le agradan para nada, él quería que su único hijo se casara con una mujer y no le gustó nada saber que un doncel llevaba a su… "nuevo heredero."
―¡¿Nuevo heredero?! ―exclamó el pelinegro.
―Si… así fue como él lo llamó, al parecer no era su nieto… y eso fue lo más agradable que me dijo… simplemente no puedo… no quiero repetir todas las barbaridades que me dijo y la forma horrible que tenía de referirse a Kenjiro… luego de tres pruebas a ADN aceptó que era su "heredero" y entonces decidió que lo mejor era quitarmelo por la vía legal para poder "moldearlo" ―Semi volvió a mirar a su pequeño y nuevamente suspiró―… como respuesta a eso Sora se separó de él y decidió apoyarme en todo, puso a Reon y varios abogados a mi servisio, el juicio no duró nada, él dijo que no se conformaría con eso pero legalmente no tiene nada que hacer… hacía mucho que no aparecia y nunca pensé que podría aparecer así ―la última frase fue un murmullo e inmediatamente los marrones ojos del doncel se centraron en la ventana que daba a la calle, pero al notar que Reon salía del estudio, donde había estado hablando por teléfono, se centró en él y simplemente esperó a que hablara.
―Bien Iwaizumi se ocupará de todo, pedirá una orden de restricción y preparara un pedido de indemnización para Ennoshita ―dijo Reon sentándose junto a Semi.
―¿Pedido de indemnización? ―exclamaron ambos donceles al unísono.
―Si, es básicamente una amenaza de demanda, sería como intentar por las buenas y de ultima se llega a la demanda, de todas formas conociendo al abogado de mi tío se va a estar comunicando contigo antes de recibir cualquier cosa, no aceptes nada de él, si se comunica me llamas a mi o directamente a Iwaizumi, me dijo que te conoce ―respondió el moreno centrando sus grises ojos en Chikara.
―En realidad no hace fal… ―intentó decir el embarazado pero fue interrumpido por Semi…
―Claro que si hace falta, él se lo buscó… mira que hacer que te golpearan…
―Semi tiene razón, estas bien, pero todo pudo haber terminado muy mal… tu no te preocupes, yo me encargare de todo, al fin y al cabo eso te pasó por proteger a Kenjiro, nada será suficiente para agradecerte ―agregó Reon antes de ponerse de pie y hacer una reverencia ante el pelinegro―, gracias, muchas gracias.
Las mejillas de Ennoshita comenzaron a colorearse por la acción de aquel hombre y se tornaron completamente rojas al ver que Semi hacía lo mismo que Reon y también comenzaba a agradecerle.
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Terushima bufó mientras caminaba de un lugar a otro, su semana había sido agotadora y ese día había sido más agitado y estresante de lo que esperaba, tenía varias reuniones ese día que se suponían simples, pero por alguna razón todo se complicó y ahora tenía que encontrar otro nuevo grupo de inversores y por algún motivo que desconocía eso estaba siendo mucho más difícil que otras veces, pues la mayoría lo rechazaba casi sin escuchar su propuesta.
A principio de la semana los empresarios que invertirian en su nuevo proyecto comenzaron a retractarse poniendo diferentes excusas. Que uno o dos se retiraran del proyecto podia decirse que era normal, pero todos, eso ya era raro y que el nuevo grupo que le había respondido con un tal vez, también terminaran rechazandolo era mucho más raro aún.
―¡Yuji no puedo creer que no puedas hacer algo tan simple! ¿Acaso no aprendiste nada? tendré que ocuparme yo, como siempre.
―Madre ya te dije, todo estaba bien… no comprendo qué rayos sucedió para que todos cambiaran de opinión tan de repente.
―No es obvio seguro fallaste en algo, ya te dije muchas veces que tienes que tener todo en orden y claro, muchos empresarios hacen investigaciones a fondo antes de arriesgar su dinero.
―No sé que piensas madre pero tu sabes bien que todo está en orden y que tomamos todas las precauciones posibles ―se quejó el rubio antes de dejarse caer en el sillón de su estudio ante la seria mirada de su madre―… llevamos meses en este proyecto, si no podemos reemplazar a todos los inversores que perdimos nos costará una fortuna, sin contar todos los trámites y el papeleo lo cual también implica importantes pérdidas…
―¡Yuji, por favor no es posible que no haya nadie que quiera invertir es un buen proyecto! ―exclamó Kanna poniéndose de pie de repente y comenzando a caminar de un lugar a otro― yo los llamaré y me van a dar una explicación.
―Bien intentalo, no perdemos nada con eso ―respondió ya sin ganas de discutir con su madre y finalmente soltó un lento suspiro antes de ponerse de pie y salir de aquella habitación.
Ya eran más de las once de la noche y sabía que la mayoría de las personas de la casa estaban durmiendo, subió las escaleras y se dirigió a la habitación de Shoyo. Ese día apenas si había visto al niño en el desayuno y unos momentos cuando volvió del trabajo, en verdad esa semana había sido muy ajetreada y no había podido pasar tanto tiempo como quería con el pequeño.
La habitación del niño estaba tenuemente iluminada por una lámpara, todo parecía estar bastante ordenado y Shoyo dormía hecho una bolita en un rincón de la cama abrazando ese conejo de tela que no dejaba en ningún momento.
Se acercó a la cama, se sentó en el piso y apoyó los brazos y la cabeza en el borde de la cama para ver a su pequeño dormir.
―Lo siento, en verdad quería pasar tiempo contigo y conocerte mejor, pero las cosas se complicaron bastante en el trabajo ―murmuró lo más bajito que pudo para no despertarlo―… pero no tienes que preocuparte, ya lo arreglaremos… tu abuela no va a dejar las cosas así ―agregó con una pequeña risita antes de estirar su mano para acariciar el desordenado cabello del niño.
―Mami… ―esa palabra fue un murmullo que se escapó entre sueños de los labios del pequeño y Yuji solo bajó su mirada, sabía que el niño no se refería a Saeko.
Al salir de la habitación del pequeño su ánimo volvía a ser terrible. Caminó por aquellos pasillos en penumbras y un delicioso aroma lo guió hasta la cocina, allí las luces estaban encendidas y luego de dar un rápido vistazo encontró la figura de aquel doncel agachado observando la ventana del horno. Se acercó intentando no hacer ruido y cuando estuvo a unos pocos pasos habló…
―Eso huele delicioso ¿qué es?
Furihata dió un pequeño brinco del susto e inmediatamente centró sus ojos color chocolate en aquel rubio que lo miraba recargado sobre la mesada con los brazos cruzados a la altura del pecho.
―Se… señor Terushima, buenas noches ―murmuró algo nervioso el castaño―… disculpe, yo… yo no… no esperaba encontrarme…
―Con nadie a esta hora ―añadió el rubio terminando la frase del doncel, quien solo asintió―, no te preocupes por los demás siéntete como en tu casa y si alguien tiene alguna queja que hable conmigo… ahora… en serio ¿qué estás haciendo? huele muy bien.
―Gracias ―respondió Kouki con una pequeña sonrisa―, preparo unos flanes con brownie para Shoyo… quería ofrecerle algo diferente para la merienda mañana, porque siempre pide lo mismo y apenas si come lo que le preparamos ―agregó hablando cada vez más bajo―… es difícil para un niño adaptarse a un cambio tan grande.
―Sé que es difícil, pero ya se adaptara, es lo mejor para él, lo mejor para todo niño es estar con sus padres…
―¡Si usted dice! ―exclamó el castaño antes de volver a agacharse para ver qué tal iban sus flanes.
―La especialista de mi abogado fue la primera que lo dijo, así que espero que así sea… ¿les falta mucho?
―No, ya casi están.
―Bien, no te desveles demasiado y espero poder probar uno mañana ―agregó el rubio comenzando a alejarse mientras su mente seguía dándole vueltas a todo lo que le estaba pasando.
Finalmente nuevo cap, espero que les guste.
Gracias por leer.
