Yamato tenía el ceño fruncido con cara de extrema concentración. Todavía no se le daba demasiado bien la tarea que tenía entre manos y quería hacerlo bien para que luego no tuviera que ir Sora detrás de él para arreglarlo.

- Sí, tú sigue mirándome así. ¿No te da vergüenza reírte de tu padre?

La niña estaba echada encima de su cambiador observándolo sin quitarle la vista de encima. Cuando había llegado del trabajo se había ofrecido a bañar a la pequeña habiéndolo tomado ya como costumbre y ahora estaba terminando de vestirla. Todavía tenía sus problemas a la hora de colocarle bien el pañal, preocupándose especialmente de que no le molestara.

No estaba demasiado en su elemento pero dado que sus horas en casa se habían visto reducidas cuando se le habían acabado los días de permiso quería aprovechar todo lo que pudiera con ella. Llegando a la hora a la que llegaba prácticamente solo tenía aquel rato antes de que Aiko se durmiera y le gustaba aprovecharlo con ella.

- Yo creo que ya está – murmuró por lo bajo, observándola-. ¿Qué te parece? ¿Te molesta?

Observando las caras de la niña, la cual simplemente se limitó a estirar uno de sus bracitos como si quisiera coger algo que hubiera tras él, no pudo más que sonreírse. Giró la cabeza para ver que habían entrado en la habitación los digimon.

- ¿Ya está la cena? – preguntó viéndolos asentir-. Voy.

La parte fácil era la que venía ahora, volviendo a alargar las manos hacia Aiko para poder levantarla y poder empezar a ponerle el pijama. Sin poder evitar quedarse mirando hacia ella al verla ya cambiada, mirándolo con sus ojos abiertos de par en par.

- ¿Y esas orejitas? – dándose cuenta del detalle, no pudo evitar reírse, reconociendo el estilo de pijama que solía usar Sora.

La levantó para poder acercársela y así poder mirarla más de cerca, inclinando la cabeza para darle un beso de la mejilla notando como posaba una de sus pequeñas manitas en su cara, dejándola ahí antes de seguir mirándolo con los ojos muy abiertos.

Hacía mucho tiempo que había dejado atrás cualquier resto de la fachada de seriedad que siempre había tenido pero desde que habían tenido a la niña, aquello se había desaparecido por completo.

- Venga, vamos a ir a buscar a tu madre antes de que venga a llamarnos de todo porque tiene hambre y nosotros la esperemos haciendo de esperar – con la niña en brazos salió de la habitación-. ¿Te la dejo aquí y voy en un momento a recoger las cosas?

- Pues… como quieras, sino podemos hacerlo luego – girándose hacia él, Sora se quedó mirando hacia ellos con una ligera sonrisa-.¿Te ha bañado papá? – acercándose a la pequeña cuando se la tendió la cogió para ir a dejarla encima del sofá, viendo como los digimon se iba detrás de ellas.

- ¿Vais a quedaros de niñeros?

- Estos dos ya han cenado hace un rato porque decían que tenían hambre… Eso y que se alguno que yo me sé se sigue muriendo de la vergüenza cuando Aiko tiene que comer y sale corriendo que da gusto – riéndose posó a la pequeña notando como subía el rubor a la cara de Gabumon.

- Me lo creo – observándolos esperó a que Sora volviera hasta él para detenerla, posando las manos en su cintura-. ¿Todo bien hoy?

- Sí… Ha estado mi madre por aquí vigilando un rato que estemos todos de una pieza. ¿Y tú? ¿Qué tal la vuelta al trabajo?

- ¿Dices el irme a hacer de niñero? Prefiero quedarme en casa con vosotras dos, pero creo que Hideki es capaz de venir a sacarme de aquí a rastras con tal de no tener que aguantar él solo a todo el mundo.

- Pobre Hideki – aprovechando que seguía su lado, posó sus manos en sus brazos para apoyarse y así poder darle un beso a modo de saludo, como que aún no había podido hacer.

Acercándola algo más a él al notar su gesto, sonrió cuando se separó de ella, dejándola ir a sentarse, siguiéndola con la mirada y luego haciendo lo mismo que ella. Se acostumbraba demasiado rápido a pasar el día entero rondándola y cuando no podía hacerlo lo notaba rápido, aunque el último mes la atención de ambos hubiera estado más que centrada en la gran mimada de la casa.

- Mañana he quedado con Haru en casa.

- ¿Mañana tengo uno de los enemigos en casa?

- Sí – curvando los labios en una sonrisa prácticamente traviesa se quedó mirando hacia él-. Ya va siendo hora de que le enseñe algo…

- ¿Has terminado el nuevo diseño?

- Sí, desde que me dijo que la boda sería en septiembre le he hecho unos arreglos más al vestido para que sea más apropiado para la fecha.

- Vamos que mañana tendremos drama de la vecina por los gritos una frecuencia más alta de la propia de los humanos en casa -empezó a reírse, alargando la mano para poder empezar a echar la comida.

- Más o menos – sonrió divertida por las palabras de él-. Gracias – le dijo cuando le tendió el plato-. No creo que te la cruces, le he dicho que venga temprano porque tiene que irse fuera de la ciudad unos días.

- ¿Trabajo?

- Sí…

Quedándose distraída, centró toda su atención en la comida, haciendo algo de tiempo mientras que le daba vueltas en la cabeza a lo que había estado pensando toda la tarde. Prefiriendo simplemente dejarlo pasar, comenzó a cenar, tomándose su tiempo.

- Echas de menos ir al estudio, ¿verdad? – preguntó a sabiendas de que era exactamente lo que pasaba por su cabeza.

- No me malinterpretes, quiero estar con Aiko todo el tiempo que pueda pero…

- Sora, ese estudio es el resultado de muchos años de trabajo y llevas sin poder pisar por él meses. ¿Cómo te voy a poder malinterpretar?

- Ya, pero se supone que tengo que quedarme con la niña y…

- ¿Se supone? ¿Quién lo supone? – la miró unos segundos-. Eso son tonterías de viejas, Sora. Y te lo digo yo que dentro de lo que cabe siempre he estado bastante a favor de las costumbres de este país, pero… Venga ya. Que no estamos hace dos siglos. ¿Tú te encuentras bien ya?

- Sí, la cicatriz casi no me molesta ya…

- ¿Y entonces? Eres la jefa, si quieres empezar poco a poco a coger la rutina, ¿quién te lo va a impedir? Incluso llevándote a Aiko contigo si quieres…

Arrugó ligeramente el gesto todavía con la vista fija en la comida, tomándose unos segundos antes de devolver la mirada haca Yamato observándolo unos segundos en silencio, terminando por esbozar una ligera sonrisa al sentir como sus dedos se posaban sobre los de ella.

- Voy a esperar a la revisión que tengo la semana que viene en el hospital y en función de lo que me diga la doctora me lo pensaré…

- ¿Es la semana que viene ya?

- Sí – asintió girándose su mano unos segundos para devolverle una ligera caricia antes de retirlarla y poder empezar a cenar-. Si todo está bien ya podría empezar a hacer vida normal del todo.

- Pues entonces más a mi favor todavía – asintió dejándola retirar la mano-. Si tú te encuentras bien y ella te da luz verde, creo que deberías de dejar de pensar en lo que cualquiera pueda decir o dejar de decir…

Sonrió ligeramente sin poder evitarlo antes de empezar a cenar más seriamente. Normalmente ella solía ser la primera que no tenía problema en mandar a la gente que se metía en dónde no le llamaban o que era demasiado cerrada de mente a paseo, pero en ocasiones, con los temas que realmente le importaban no podía evitar caer en aquellas cosas.

Y debería de haber supuesto lo que Yamato le diría, a sabiendas de que aquello ya había pasado más veces sobre muchos temas. Siempre acababan en el mismo punto y era con él diciéndole que buscara con lo que estuviera cómoda y que mandara a los demás a paseo que para algo tenía un fénix en casa.

- Mai me ha dicho que si este fin de semana que viene no tenemos planes podemos acercarnos hasta su casa con la niña y así dejamos que ella y Nyoko se conozcan. Lo peor es que lo decía como si tan siquiera una de las dos se fuera a enterar de lo que está pasando a su alrededor…

- Eh, quién sabe… Eso o a lo mejor quiere que le lleves otro avión de peluche porque el otro lo tiene destrozado ya – sonriendo ante la idea asintió-. Podemos ir si te apetece, no me vendrá mal cambiar un poco de aires.

- Pues ya se lo diré mañana para que deje de perseguirme por todos los pasillos diciéndome que si ya te lo he dicho.

Agradeciendo el cambio de tema, la pelirroja empezó a reírse, entretenida mientras que continuaba cenando. Con el paso de los días por fin había podido empezar a comer con total normalidad y disfrutaba con aquellas cosas, aunque no fuera más que una cena sencilla porque con la niña no había tenido tiempo para más.

Cruzándose de brazos, Yamato se quedó apoyado en la puerta del baño observando como Sora terminaba de acostar a la pequeña. A pesar de que la habitación de la niña estuviera aparte, habían decidido que durmiera en la habitación con ellos al principio para no tener que andar dando vueltas por casa hasta que ella estuviera bien del todo.

Le gustaba verla hacer ellas cosas, de alguna manera la situación quedaba completamente natural. Sora, en pijama, totalmente relajada, con su niña en brazos y completamente ajena a cualquier cosa que no fuera Aiko hablando con ella hasta posarla en su cuna, colocando las sábanas por encima de ella antes de quedarse unos segundos observándola completamente centrada en su pequeña.

Acercándose hasta ella, posó las manos en su cintura, teniendo cuidado con no bajar demasiado, pudiendo así abrazarla desde atrás y dejar la cabeza en su hombro para quedarse él también mirando hacia el bebé que empezaba a dejar que sus ojos se cerraran a pesar de haberse quedado observando también a sus padres.

- Se porta demasiado bien – dejando su peso apoyado sobre Yamato, Sora se acomodó entre sus brazos-. Creo que no la he sentido llorar nada más que cuando tiene hambre o quiere que la cambie.

- Eso es bueno… No tiene pinta de que nos vayamos a quedar sin amigos.

- ¿Quedar sin amigos? – girando el cuello hacia él, lo observó curiosa.

- Sí, claro. Es la amenaza de todos, que como a Aiko se le ocurra parecerse a mí también en carácter se van todos de la ciudad.

Arqueando las cejas empezó a reírse por la tontería con la que le había salido Yamato de repente, girándose de nuevo para poder observar a la pequeña quedar completamente dormida por fin, revolviéndose para que aflojara su agarre en torno a ella y poder girarse.

- ¿Estás cansado? – le preguntó.

- Un poco, la verdad, tengo que volver a coger el ritmo. ¿por qué? – volviendo a acomodar sus manos en torno a ella.

- ¿Salimos un rato a la terraza? – viendo como asentía automáticamente a sus palabras sonrió girándose unos segundos hacia los digimon que los vigilaban desde la puerta-. ¿Le echáis un ojo a Aiko mientras?

Sabía que la pregunta no era necesaria, pero esperó a verlos asentir antes de buscar una de las manos de Yamato para arrastrarlo con ella. También se acostumbraba demasiado rápido a tenerlo pendiente de ella cada poco y ahora que pasaban menos tiempo juntos de nuevo, prefería aprovechar aquellos momentos en los que todavía no tenía sueño.