- ¡Yamato!

La voz de Sora hizo que el rubio que estaba sentado tranquilamente en el sofá revisando unos correos electrónicos diera un brinco. Lo primero que hizo fue comprobar si se escuchaba a la pequeña llorar, girando la cabeza hacia ella cuando se aseguró de que no pasaba nada con la niña.

- ¿Qué?

- ¿Me haces un favor?

Sin responder, se limitó a dejar la tableta encima de la mesa, levantándose y caminado hasta ella para terminar apoyándose en la mesa de la cocina y observarla desde allí, simplemente esperando a que le dijera lo que quería. Dándose cuenta de ello, sonrió.

- No me di cuenta antes y se me olvidó traer pañales para Aiko y se nos han acabado para mañana por la mañana, ¿te importa ir mientras que le doy la cena?

- ¿Se te han olvidado? Qué raro para ti – separándose de dónde se había apoyado se acercó hacia la pelirroja para darle un beso en la mejilla-. ¿Algo más?

- ¿Vas a ir ahora?

- Estoy vestido y no estoy haciendo nada con mi vida, así que… Así no se nos olvida – encogiéndose de hombros.

- Gracias – sonrió a modo de respuesta viendo como se alejaba hacia la puerta, cogiendo las llaves.

- Vuelvo en nada.

Se quedó mirando hacia él hasta que desapareció detrás de la puerta. En ese mismo momento su expresión fue cambiando, terminando por morderse el labio y girarse hacia los digimon que la estaban observando desde la puerta de la habitación de Aiko.

Se sentía un poco culpable por haberlo mandado irse de casa a sabiendas de que iba a bajar sin protestar al haberle pedido algo para la niña, pero era por algo del interés de él. No se quejaría, estaba segura. Sonrió de nuevo a los digimon.

- ¿Recordáis eso que os pedí que escondierais el otro día? Traedlo, por favor…

Yamato llegó a la tienda más cercana que estaba abierta. Iba sin prisa porque sabía que todavia quedaba algo de tiempo para la cena y podía tomárselo con calma. Le extrañaba que Sora no se hubiera acordado, pero con la vuelta al trabajo de ambos era más que posible que se les hubiera pasado. Llegando al pasillo donde estaban las cosas para bebés, se adentró en él, buscando lo que ella le había encargado.

No pudo evitar acordarse de las veces que meses atrás aquello se había repetido muchas veces, pero como una excusa para poder escaparte de las hormonas locas de la pobre Sora quien no podía hacer más que dejarse llevar por ellas. Aquello hizo que se riera él solo. Ahora le hacía gracia aunque en su momento le hubieran entrado ganas de ir a pedirle asilo a su padre a ver si al menos podía dormir con los nervios en paz.

Cogiendo los pañales salió de nuevo hacia el pasillo principal, dejando que su atención se viera captada por uno de los carteles que indicaba la dirección hacia la zona de los congelados. Posiblemente la idea le viniera por haberse acordado de aquellos momentos pasados o porque sabía que en casa el helado favorito de Sora siempre era bienvenido, pero se desvió para coger uno de los tarros.

Cuando volvió a entrar en casa, lo primero que le vino fue el olor de la cena, encontrando a la pelirroja exactamente dónde la había dejado. Sonrió, acercándose hacia ella tras dejar el encargo encima de la mesa. Se colocó tras ella, dejando un brazo en torno a su cintura antes de alargar el brazo y dejar que viera lo que traía con él.

- Mira lo que regalaban con los pañales…

Tuvo que reírse al ver como automáticamente la vista de Sora seguía el helado con atención, no esperándoselo.

- ¿Me has traído helado?

- No, lo regalaban con la compra… - volviendo a reírse, se acercó para darle un beso en la mejilla y luego separarse y poder meter el helado en el congelador para que no se estropeara-. Aunque me parece que no sé para qué lo guardo si no sé si pasará de esta noche…

- ¿Por quién me tomas? – sonriendo, pudo el fuego al mínimo y tapó la comida para poder girarse hacia él-. Tengo a Aiko en el sofá con los digimon... ¿Quieres ir a echarla tú?

- ¿Ya ha cenado?

- Claro que sí. Creo que ha heredado mi apetito…

- Pues esperemos que no se le olvide a ella también comer cuando se estrese…

Riéndose por la cara que le puso ella se acercó hasta dónde le había dicho que estaba la pequeña, viendo cómo asomaba tanto el cuerno como la pluma tan característicos de los compañeros digimon de ambos desde detrás.

- Si algún día nos quedamos Sora o yo sin trabajo siempre podemos ofreceros como niñeros y hacernos de oro… - comentó por lo bajo mirando hacia ellos antes de acercarse del todo hacia Aiko-. ¿Ya has cenado? Pues ahora vas a tener que irte a dormir que ya es tu hora…

Se inclinó para cogerla, dándose cuenta entonces de que al lado de la niña había algo más. Aiko simplemente miraba hacia él, como si quisiera entender lo que le decía, sin conseguirlo, limitándose entonces a escuchar el sonido de su voz.

- ¿Qué es eso? – preguntó a los digimon.

Sin llegar a coger a la niña los miró interrogante, notando como no respondían, buscó a Sora con la mirada, notando que se había acercado hasta donde estaban.

- ¿Sabes qué día es hoy?

- ¿Hoy?

- Hoy… Es el tercer domingo de junio…

- Ya… ¿y qué me quieres decir con eso?

- Pues que yo ya he llamado a mi padre bien temprano por la mañana y tú vas a quedar de muy mal hijo por no haber llamado al tuyo – divertida por la cara de confusión de él, esperó unos segundos para ver si caía en la cuenta, sin conseguirlo-. Hasta Aiko se ha acordado de que hoy es el día del padre…

La cara de confusión y sorpresa de él solo empeoró al escuchar las palabras de la pelirroja. Mantuvo la vista fija en ella unos segundos más hasta que fue capaz de asociar que el día del padre le afectaba más allá de no haber llamado a su padre…

- No se me olvidaron los pañales… - confesó finalmente acercándose hasta ellos para coger a la niña ella en brazos-. Venga, que Aiko te ha hecho un regalo y tienes que ver si te gusta… ¿A que sí, chiquitina?

Mirando hacia una y a hacia otra, confuso todavía, acabó por alargar la mano hacia el paquete que había encima del sofá. No se había dado cuenta de la fecha que tenían encima y era extraño porque era una de esas épocas del año en el que los comercios empezaban a hacer más promoción de la que cualquier quisiera ver. Pero, con todos los cambios que habían tenido en tan poco tiempo en lo último en que había pensadno era en aquello.

Centrándose por fin empezó a abrirlo, notando como se había puesto nervioso poco a poco hasta llegar al punto en el que le temblasen los dedos al hacerlo. Acabando por romper el papel sin muchos miramientos, descubrió que lo que había dentro era un marco. Un marco que tuvo que girar para poder ver lo que en él había.

Tres pequeñas láminas estaban colocadas en el interior del marco, separadas por el fondo. En la de la derecha del todo aparecía la huella de una de las manos de la pequeña y en el lado opuesto una de las huesas de sus pies dejando en el centro colocada la fecha y unas letras en las que se podía leer claramente un "Feliz día del padre, papá".

Tragó saliva. No hubiera esperando encontrarse con aquello tras la encerrona de mandarlo a comprar algo, ni siquiera se le había pasado por la mente. Dejó los ojos fijos en las diminutas huellas que aparecían en las láminas, notando que poco a poco se me iba nublando la vista, acabando por parpadear algunas veces para aliviar el picor que sentía.

- Oh… Mira Aiko, has conseguido que tu padre se nos eche a llorar, tienes que estar orgullosa de ello – sonriendo a más no poder se quedó observando la reacción de Yamato.

Llevándose la mano que tenía libre a los ojos para poder limpiárselos volvió a mirar hacia aquellas dos que estaban ahora más cerca suyo, sonriente.

- Pues sí, y vergüenza debería de darte que tengo mi fama y así no sé yo cómo la voy a mantener – le habló a la pequeña aunque sabía perfectamente que la responsable de todo aquello era Sora.

- ¿Te gusta? Nos ayudaron ellos dos y Haru el otro día en el estudio…

- ¿Tú qué crees? – volvió a pasarse la mano por la cara, intentando recuperar un poco la compostura.

- Toma, coge a la pequeña, luego puedes mirarlo con calma – acercándose hasta él le pudo dejar a Aiko en brazos, sujetado entonces el marco-. Voy a ir poniendo la cena en la mesa, tú vete a echarla…

Asintió finalmente, bajando la mirada hacia la niña son la misma sonrisa que había conseguido esbozar segundos atrás. Caminó con ella hacia la habitación, a sabiendas de que realmente era su hora de dormir y que por mucha ilusión que le hubiera hecho aquello, ella no tenía nada que ver más allá que haberse dejado usar. De todas formas le hacía la misma ilusión que si lo hubiera hecho ella.

- Un mes y ya me tienes así por las esquinas. Yo no sé qué va a ser de mí de ahora en adelante… - murmuró mientras que la acunaba mejor entre sus brazos, aprovechando para intentar que se durmiera. Sonrió aún más al darse cuenta de que grandes ojos del mismo color que los suyos estaban clavados en él-. Muchas gracias por el regalo, me ha gustado mucho…

La levantó algo más, acercándosela para poder dejar un beso en su frente. Aquella niña había conseguido robarle por completo el corazón desde el primer segundo que había sabido de su existencia, y solo podía ir a más a cada día que pasaba. En momentos así no podía evitar llegar a dar las gracias por haber sido capaz de despertar de su cabezonería y tozudez aunque hubiera sido de la peor de las formas.

Volviendo a colocarla mejor entre sus brazos, comenzó a acunarla de nuevo, esperando que el entrara el sueño, ya que no quería que Sora esperase demasiado para cenar. Notando como lentamente se le empezaban a cerrar los ojos y casi sin darse cuenta, comenzó a tararear aquella canción que tantas veces había usado su madre para dormir a su hermano pequeño y seguramente a él. Aquella misma que había usado con Dai años atrás cuando había sido capaz de decirle a Sora que no le importaría tener esa clase de futuro con ella… Y eso era exactamente lo que estaba ahora entre sus brazos. El futuro que quería con ella.

Sonrió al ver como, poco después, se había llegado a dormir, acunándola un poco más antes de acercarse hasta su cuna y poder echarla bajo la atenta mirada de los digimon a los cuales les hizo un gesto al llevarse el dedo a los labios para que no hicieran ruido. Despidiéndose de ellos con un gesto y con una última mirada a la pequeña salió de la habitación entrecerrando la puerta tras él.

Fue directo hacia Sora, la cual estaba terminando de dejar la comida encima de la mesa, girándola hacia él al posar las manos en su cintura.

- ¿Te parece bonito?

- ¿Te ha gustado? – dibujó una sonrisa traviesa en sus labios-. Y de verdad que deberías de llamar a tu padre antes de que se te olvide…

- Luego lo llamo, ya sabes que ese hombre no duerme… - entrelazó los dedos de sus propias manos para dejarlas en la espalda de ella y que no se pudiera escapar-. Gracias por la sorpresa.

- Yo no he sido, ha sido Aiko – sonrió, posando las manos en sus hombros-. No se me podía pasar la fecha. Es tu primer día del padre, ¿qué se siente?

No contestó de palabra, apretándola hacia él para poder dedicarle un beso. Sin duda había sido buena idea acordarse de comprar helado para Sora…

AnnaBolena04: era domingo, aunque me pasara el resto del día odiando al mundo al menos cuando os actualicé tenía un ratito libre para poder hacerlo. Como ahora, que me estoy dejando las review contestadas para cuando os suba estoy mientras que me he metido en la cama a morir en paz si es que me dejan.

Y hablando de muertos... Al pobre Yamato esta vez sí que le han dado varios males porque resulta que acaba de pasar el primer día del padre de su vida como padre y claro, no lo vio ni venir. Menos mal que el pobre ya había comprado helado y podía tener a la pelirroja contenta si es que a él se lo tenían que llevar a urgencias porque le hubiera dado un infarto. Ay el borde de Yamato dónde quedó... Jajajaja.

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: uy lagunas mentales las tengo y muy gordas jajajaja pero bueno, tengo una buena secretaria a la que preguntarle cuando me pierdo y tengo que ir a buscar algo. Otras veces tengo que ir a buscarlo entre los capítulos a ver si son cosas que he escrito o si quería escribirlas o si simplemente habían pasado en mi cabeza y así se habían quedado para siempre.

Hideki se apuntó a los puñales y ya le llueven hasta a él jajaja Que Yamato todavía se comportaba igual de tieso que todos los días con él hasta que empezó a lanzárselos él también jajajaja Y ahora pues tienen una relación sana de intercambio de puñales. Como debe de ser jajaja Y más si uno de ellos tiene una señora esposa que es fan de la del otro.

Es fácil saber si Aiko va a ser un amor de niña, no me gustan los niños y mucho menos los patada que se pasan por el día dando por el saco... Así que ahí tenemos a la niña con toda la pinta de ir a convertirse en una cosita adorable jajaja

Sora tiene que adaptarse a su nueva condición, los cambios que ha experimentado y todo lo demás. Es una transición que poco a poco tiene que superar hasta que se adapte a todo.. Y sí, tener a Yamato rondando seguro que ayuda, que menuda ayuda tiene ella en casa. Que sabe exactamente lo que tiene que decirle a Sora para que se calme o para que cambie de idea.

Ains vecina, he descbierto que no trabajo un par de días la semana que viene... Ahora solo me queda llegar con vida hasta ellos. A ver si tenemos suerte. ¡Bicos grandes!

Beyond and Epic Night: se lo pasan todos demasiado bien lanzándose puñales los unos a los otros. Es una bonita dinámica si todos entran al trapo jajaja Yo en el trabajo tengo que tener cuidado hasta con las ironías porque mi compañera es incapaz de pillarlas...

Si por química pre-embarazo nos referimos a la facilidad que tienen ambos para tirarse el uno al cuello del otro puede que pase cualquier día o bien que la cosa vaya a estar complicada con la nena en casa recién nacida cofcofcof.

Y me voy corriendo que entro ahora al trabajo y solo he abierto aquí a las carreras para poder actualizar antes de irme...

¡Un beso!