2006

Con la vista fija en el teléfono, leyó de nuevo el mensaje que su hermano le había enviado. Había quedado en que iba a pasar el fin de semana con él y su padre de manera que a la salida del ensayo del grupo esperaría por Yamato en el colegio para ir los dos hacia casa.

Levantó la vista buscándolo sin verlo por ninguna parte. Resopló, apoyándose en la pared distraído para quitarse el bajo del hombro y dejarlo apoyado en una de las gradas. Estaban cerca del polideportivo de la escuela y había dado por supuesto que su hermano había querido esperarlo allí para estar con Hikari hasta que Taichi terminara su entrenamiento y se fueran a casa.

Sin rastro alguno de su hermano, tomó asiento él también. Hacía un buen día y no había nadie, podía aprovechar para quedarse un rato a su aire sin que nadie lo molestase. Apoyó los brazos en la parte de atrás del asiento y aprovechó para cerrar los ojos nos segundos, relajándose. Algunas jornadas escolares se le hacían mucho más largas de lo que le gustaría, habiendo tenido clase y ensayo además de haber aprovechado un rato libre entre horas para pasar por la piscina. Estaba cansado y esperaba que Takeru no tardara demasiado en aparecer porque le entrarían ganas de dejarlo allí hasta que su padre saliera del trabajo y pudiera ir a buscarlo.

El sonido de un silbato reclamó su atención, haciendo que abriera un ojo mirando hacia los lados buscando su origen. No tardó en darse cuenta de que provenía de las canchas que había al otro lado. Arqueó una ceja ligeramente, centrando su atención en ellas intentando adivinar desde donde estaba sentado qué era lo que estaban haciendo a aquella hora de la tarde.

Arrugó el ceño automáticamente al fijarse bien. No necesitaba tener que perder demasiado tiempo en aquello para reconocer una silueta más que conocida. Ni siquiera necesitaba ver el característico color de cabello de Sora para reconocerla a distancia… Y, menos en aquellos momentos del día.

Aquellos momentos del día en lo que se la cruzaba en los malditos entrenamientos del maldito tenis.

Resopló de nuevo, girando automáticamente la cabeza hacia los laterales en busca de su hermano. Al no verlo por ninguna parte, sacó de nuevo su teléfono buscando su nombre en la lista de contactos y llamándolo.

- ¿Dónde estás? ¿Donde los vestuarios? ¿Y qué narices estás haciendo ahí? ¿No habíamos quedado donde las gradas? – hizo una pausa-. No, no pienso ir a buscarte, ven tú que para eso me dijiste… Me da igual que estés con Hikari esperando todavía por su hermano…

Resopló de nuevo, pinzándose el puente de la nariz con los dedos mientras que escuchaba a su hermano parlotear al otro lado del teléfono.

- Vale. Bien. No te muevas de ahí, ahora voy – gruñó antes de colgar.

Un día se iba a convertir en hijo único y se iba a quedar muy a gusto. Disfrutaría con ello, estaba completamente seguro de ello. Con resignación se puso en pie, volviendo a colgarse el bajo y a recoger sus cosas antes de empezar a deshacer el camino que había hecho. No era que le molestase ir a buscarlo a otro sitio, sino que los vestuarios estaban al lado de las canchas de tenis.

No debía de suponerle tanta complicación. Quizás y con un poco de suerte, cuando él pasara Sora no estuviera todavía allí. Había distintos grupos y turnos… Aceleró el paso para llegar a donde estaba su hermano lo antes posible.

- ¡Ey! – una voz reclamó su atención-. ¡Perdona!

Giró la cabeza, interrogante, mirando hacia el origen de la voz encontrándose a una de las alumnas de los primeros cursos.

- ¿Puedes pasarme la pelota? – preguntó.

Yamato bajó la vista, confuso, dándose cuenta de que a escasa distancia de él estaba lo que ella le pedía. Asintió rápidamente antes de agacharse para recogerla y acercarse a la valla para tirársela por encima.

- ¡Muchas gracias!

- De nada – contestó antes de ver como se alejaba corriendo.

Y ahí vino el problema. Que una risa mantuvo su vista fija en aquella dirección. No demasiado lejos de dónde aquella chica estaba jugando estaba el otro grupo. Y entre ellas, estaba Sora. completamente ajena a que estuviera siendo observada en aquel momento había terminado de entrenar ya y estaba haciendo los estiramientos antes de irse.

Odiaba ese uniforme. Al principio no había tenido gran problema con él cuando años atrás la había visto usarlo por primera vez, era algo relativamente nuevo y estaba seguro de que no tenía que ver con la ropa, sino con su propia cabeza y sus problemas mentales.

Problemas mentales relacionados con el largo o el ajustado del uniforme y que le costaba muchísimo disimular delante de ella y mirarla tan siquiera si no quería que su propia cabeza lo traicionase. Y seguramente aquello fuera lo que debería de hacer en aquellos momentos, apartar la vista de ella y dejar de mirarla cada vez que se movía porque iba a acabar pillándolo… Simplemente no era capaz.

- ¡Ah!

Una voz lo devolvió a la realidad. Mejor dicho, una voz y el chocar con alguien de frente que, al parecer, tampoco iba mirando por donde iba. Devolvió la vista hacia el frente y se encontró de pleno a…

- Mira por dónde vas, Taichi.

- Mira por dónde vas tú, zoquete…

Tardó unos segundos en darse cuenta de que si había chocado con él era también porque no iba mirando hacia delante. Y podía imaginarse hacia dónde iba mirando. Exactamente hacia el mismo punto que él. El silencio entre ambos fue bastante delatador.

- ¡Eh! ¿Dónde estabas? – la voz de Takeru llamó la atención de ambos.

- ¿Yo? ¿Dónde estaba yo? Buscándote para convertirme en hijo único. ¿Podemos irnos ya?

- Vaya humor… - puso los ojos en blanco-. Hikari está esperándote donde siempre – le dijo al castaño-. ¡Sora! – empezó a gritar para llamar la atención de la pelirroja.

- Yo voy a cambiarme que tenemos que pasar por la tienda antes de ir a casa – dijo Taichi antes de acelerar el paso despidiéndose de su amiga en la lejanía con un gesto sin esperar a que se acercara hacia ellos.

- ¿Qué haces? – gruñó Yamato a su hermano automáticamente según se quedaron solos.

- Saludar a Sora, ¿qué pasa? ¿No puedo? – sonrió de una forma bastante delatadora para su hermano.

No llegó a poder decir nada más ya que se dio cuenta de que ella se estaba acercando con la mejor de sus sonrisas hacia ellos aprovechando que ya había terminado el entrenamiento. Se quedó apoyada al otro lado de la vaya.

- ¿Qué hacéis aquí? – sonrió.

- Mi hermano vino a buscarme – disimulando el gesto que había tenido hasta entonces, se giró hacia ella-. ¿Has terminado ya de entrenar?

- Sí, por fin. Estoy cansada ya de toda la semana – lanzó una mirada hacia el mayor de los rubios viendo cómo tenía la vista fija en el otro lado de la cancha-. Y… creo que ahora será mejor que me vaya a cambiar.

- Taichi ha ido a hacer lo mismo, Hikari está esperando por él. Si quieres les digo que te unes…

Tardó en contestarle estando mirando todavía hacia Yamato el cual parecía muy interesado en lo que sucedía metros más allá. Resginada, se giró de nuevo hacia Takeru.

- Sí, anda… Que no me apetece volver sola. Y, además, Taichi me debe un helado de una apuesta del otro día… Os veo otro día, ¿vale? – sonriendo a modo de despedida no tardó en girarse y salir corriendo.

Esperó unos segundos antes de mirar hacia su hermano, el cual había dejado la vista fija aparentemente en otras dos compañeras de su clase. Conocía a una de ellas, la había visto rondando los ensayos de la banda.

- ¿Ahora te quedas embobado mirando para…? ¿Cómo se llamaba? ¿Hoshi?

- ¿Eh? ¿Quién? – tardó unos segundos en dejar de mirar hacia la nada.

- Nada, nada… Anda, vamos… Que todavía tienes que llevarme a casa de papá y si vas a conducir tú no sé cómo vamos a llegar vivos.

- Tú sí que no vas a llegar vivo a ninguna parte… ¡Camina delante de mí! ¡Venga!

- ¡Eh! ¿Qué haces? – adivinando las intenciones de su hermano de acabar por darle una colleja aceleró el paso.

Yamato despertó, confuso, mirando hacia los lados sin entender nada de lo que estaba pasando a su alrededor. Le costó ubicarse unos segundos, al menos hasta que se dio cuenta de que había tenido un sueño. Giró la cabeza, buscando a Sora con la mirada, pero no fue a ella a quien vio, sino que, a su lado, dos ojos igual de azules que los suyos lo estaban mirando fijamente.

Recordó que se había quedado dormido con la niña a su lado y sonrió.

- ¿Qué haces despierta tú a estas horas? – buscó su teléfono para ver la hora que era dándose cuenta de que faltaba poco para que sonara el despertador.

Se sentó en la cama, tomándose unos segundos para pensar en lo que había estado soñando, dándose cuenta de que no había sido un producto de su imaginación, sino que simplemente habían sido recuerdos de muchos años atrás. Aquello había sido totalmente real…

- Recuérdame dentro de unos años que si decides jugar tú también al tenis te quite esa idea de la cabeza, ¿de acuerdo? – habló a la niña como si fuera a entenderlo-. ¿Tienes hambre? Debería de ser tu hora de desayunar pero Sora no ha…

El sonido de la puerta abriéndose reclamó su atención, poniéndose en pie para acercarse hacia la entrada de la habitación y ver precisamente a le pelirroja entrando con gesto cansado.

- Ey… - saludó cuando lo vio acercarse a ella.

- ¿Qué tal? ¿Ya ha tenido a la niña?

- No… Parece ser que no… - se acercó a él, posando las manos en sus costados para poder así estirarse bien y saludarlo con un corto beso-. ¿Aiko?

- Te ha quitado el sitio en la cama… - confesó divertido-. Justo acabo de despertarme yo hace nada.

- Vale pues… No sé qué hacer. Creo que le daré el desayuno a Aiko y me daré una ducha para despejarme y… volveré.

- ¿Vas a volver?

- Claro que sí… De hecho, me siento todavía bastante culpable por haber estado a punto de colgarle el teléfono y que se las arreglara sola… - confesó-. Así que… Sí, volveré.

- Creo que sería una culpabilidad bastante aceptable – sonrió-. Aunque deberías de descansar antes de irte de nuevo.

- Luego cuando vuelva del hospital, ¿vale? ¿Me haces un favor? ¿Llamas al abuelo que te apetezca y le dices que si se puede quedar con la niña? Voy a buscarla para darle el desayuno…

Asintió dejándola ir y siguiéndola con la mirada mientras que subía las escaleras. Cuando iba a mitad de camino se dio cuenta de que su vista se había desviado hacia las piernas de ella, acabando por negar con la cabeza y reírse.

- Perfecto, seguimos en el mismo punto – murmuró por bajo para sí mismo antes de acercarse a la cocina para preparar el desayuno.

Sora llegó a la habitación, viendo que la niña no se había quedado sola, sino que dos cabezas más que conocidas asomaban por el otro lado de la cama, sacándole una sonrisa.

- Aiko… - llamó la atención de la pequeña, yendo a sentarse a su lado-. ¿Qué? ¿Has cuidado bien de tu padre?

Contestó a las palabras de la pelirroja con un ligero ruidito alargando los brazos hacia su madre dejando que la cogiera.

- Ey ey… Traquila, ahora va – le dijo cuando se dio cuenta de que se giraba hacia ella, buscando con su boca el cuerpo de ella para poder desayunar-. ¿Tienes hambre, eh? Un segundo…

Maniobró con la niña en brazos como pudo para poder apartar la ropa y dejarle libre acceso, riéndose por lo bajo nada más alzar la vista y ver como Gabumon salía rápidamente de la habitación. Al contrario que él, su compañera dio un salto, acercándose hasta ellas.

- ¿Mimi?

- Todavía nada… Vamos a tener que esperar algo más antes de que Aiko tenga una amiga de su edad… ¿qué tal la noche?

- No lo sé… Nos quedamos durmiendo abajo.

- ¿Quieres venir conmigo al hospital luego? ¿O te vas a quedar con Aiko y el abuelo que sea?

- ¿Palmon?

- Con Hiro en casa de sus abuelos… - la miró, acabando por reírse-. Vale, puedes quedarte tú también de niñera.


AnnaBolena04: es el gran descubrimietno del momento, que si el rubio resopla y se le mueve el flequillo Aiko se empieza a reír. Va a empezar a hacerlo con más frecuencia, aunque me da a mí que no será solo por la nenita sino porque anda estresado el pobre hombre.

Mimi acaba de sentenciarse con Yamato, aunque bueno, venga, cuando Sora le cuente exactamente cómo han sido las cosas y por qué la ha llamado a ella seguro que acaba cediendo y dejando de odiarla un poquito. Que eso no se le hace, por favor, que es un rubio necesitado y esa vez la cosa prometía. Sino mira qué cosas acaba recordando en sueños que hasta la nenita se acaba riendo de él... jajajaja

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: ya, ya lo sé. Lo hago porque me gusta responderos, no porque tenga la "obligación" de dejar respuesta a las review jajajaja Lo que pasas es que en ocasiones quiero actualizar y como ando justa de tiempo las review acaban haciendo que lo deje para otro momento. Ahora no, porque estoy terminando de escribirlas a horas indecentes de la noche claro.

¿Habéis salido volando vosotros por ahí? Porque aquí no hay quien salga a la calle con el viento helado que hay... Ni en enero había tanto frío, yo hoy de la que iba al trabajo iba haciendo la ruta del sol y ni aún así xD

Lo sé, cuando le dice a Sora que se vio sola es que también me estaba dando penita a mí también. Necesitábamos un salvavidas para que el rubio no se la cargada jajajaja Tenía que llamar a su mejor amiga como opción desesperada, el resto no había forma de que pudieran hacer algo. Era eso o que tuvieran que ir a por el nene y, al final, se iban a quedar sin tortugueo de todas formas los pobrecitos.

La niña sigue arraglando por el momento los problemas de su padre, incluso cuando su cabeza le traiciona y le hace recordar épocas de adolescente en las que no le gustaba para nada el uniforme de tenis de cierta pelirroja. Pobrecito, ya hasta en sueños sufre. Y hasta el sueños matrimonea con Taichi, como debe de ser jajaja.

Jou al final se especializará en los digimon porque son menos pesados que ellos, ya lo verás. Menos pesados y seguro que más agradecidos... Si es que pobrecito, que además venía de una guardia, debía de ser todo un zombie...

Lo intentaré vecina, lo intentaré, pero no prometo nada, que la semana anda atragantada. Al menos ya estamos a miércoles y eso le sube la moral a cualquiera. ¡Un bico enorme para ti y para las tartarugas!