- La próxima vez que dejes a papá con la niña podrías avisarme… - fue el saludo con el que Takeru recibió a su hermano nada más abrirle la puerta.
Yamato arqueó ambas cejas, sorprendido, no contando con encontrárselo, acaban por decidir que lo mejor iba a ser pasar de largo y dejar que fuera a saludar a Sora. Si Takeru estaba en casa de su padre seguramente estuvieran sus sobrinos, de manera que fue directo a ver dónde los encontraba.
- Eso, tú ni me hables, ya total… - protestó antes de acercarse a saludar a su cuñada-. ¿Venís del hospital?
- Sí… Justo de allí acabamos de salir – asintió, sonriéndole-. ¿Vas a ir por allí?
- Mañana. Llamé a Koushiro y me dijo que no era buen día que Mimi quería descansar. Así que mañana nos pasaremos por allí cuando tengamos un rato… Con lo que no contaba yo era con venir a darle la lata a papá y encontrarme una sorpresa…
- Ya ves… Koushiro no estaba en Tokio cuando Mimi se puso de parto… ¿A que no adivinas quién lleva desde anoche con ella? – encogiéndose de hombros avanzó a su lado por el pasillo, no tardando en ver cómo Dai llegaba hacia ella correteando por el pasillo-. ¡Hola!
Se agachó rápidamente para poder dejarlo alcanzarla, no contando con que lo que el niño hiciera fuera ir a cogerla de la mano para empezar a tirar de ella hacia el salón. Dejándose guiar por él dejó de lado a Takeru, centrándose en el niño.
- ¿Qué? ¿Dónde me llevas?
- El abuelo que no lo deja andar rondando a Aiko y quiere hacerte chantaje a ti para que lo dejes – escuchó como su cuñado decía de fondo.
- El abuelo no se fía de los terremotos que tiene por nietos, muchas gracias – apareciendo finalmente con Aiko en brazos Hiroaki se acercó a su nuera.
- ¿Te han dejado solo con cuatro niños pequeños? – lo saludó, dándose cuenta de que la niña reaccionaba rápidamente al escuchar la voz de su madre cerca, buscándola con los ojos.
- Y el peor el mayor de todos ellos aparte del que te has traído tú ahora contigo – asintió a lo que ella decía antes de dejarla coger a la niña, observando como Aiko empezaba a mover sus brazos, haciendo ruidos llamando así la atención de la mujer.
Sonrió a la pequeña, acercándose a ella para darle un beso en la frente, saludándola antes de acabar por agacharse y quedar así al alcance de Dai que estaba agarrado a su rodilla intentando ver desde allí.
- Mira, yo te la enseño, pero ten cuidado que es muy pequeñita todavía…
- Pobre Gabumon, si es que le causáis un trauma cada vez que se queda al alcance de esos dos – apareciendo de nuevo en el salón, Yamato llegó con Gabumon cogido, prácticamente como si se hubiera lanzado a los brazos de su compañero pidiendo ayuda nada más verlo-. Ya veréis cuando sea mayor Aiko y os riña por molestarle al niñero…
- ¿Qué le habéis hecho al pobre? – riéndose, levantó la vista hacia Dai, quien estaba ahora mirando curioso a su prima pequeña.
- Queríamos jugar con él – dijo el niño mirando hacia su tía-. ¿Por qué no hace nada?
- Porque es muy pequeña y no tan revoltosa como tú – en vez de contestar Sora, tras posar a Gabumon al lado de Hiroaki, Yamato se agachó a coger a Dai-. ¿Qué? ¿Qué te parece?
- Reiji hace más ruido – cogiéndose a su tío contestó sin quitar la vista de encima de la niña.
Provocando la risa de los adultos presentes, el niño se quedó mirándolos ahora con el ceño fruncido sin entender por qué se reían ya que era totalmente cierto lo que acababa de decir.
- Igual que vuestro padre, Dai – le dijo Yamato al niño-. Siempre es al que mejor se la ha dado montar escándalo y dar la lata. Y a tu tío ni os cuento… Puedes decirle de mi parte que te lo he contado.
- ¿En serio? ¿Ahora vas a usar a niño en vuestras peleas matrimoniales?
- Claro, ahora que lo tengo comprado como su tío favorito puedo usarlo para estas cosas – posándolo finalmente en el suelo para que fuera a revolver por allí, miró en redondo en busca de su otro sobrino-. ¿Reiji?
- Se ha quedado dormido hace rato, así que lo dejé encima de la cama para que no le molestara el ruido… Y no os por echaros, pero mira la cara que trae Sora – Hiroaki señaló hacia la pelirroja-. ¿Estás bien? ¿Queréis quedaros a cenar?
- Oh, no – negó rápidamente con la cabeza-. No te preocupes por mí, estoy perfectamente. Nada que no dormir un rato del tirón no arregle – explicó, poniéndose en pie con cuidado al tener a la niña en brazos, notando rápidamente la mano de Yamato ayudándola.
- Gracias papá, pero teníamos pensado coger algo de cena de camino a casa y que así se pueda echar a dormir pronto.
- ¿Os llevo? – dijo Takeru rápidamente-. Nosotros ya nos vamos o Hikari va a tirarnos algo a la cabeza por tardones y, además, se nos hace tarde.
Girando la cabeza hacia la pelirroja con gesto interrogante, Yamato espero a que fuera ella que contestase, viéndola negar con la cabeza.
- Tranquilo, Takeru. De verdad que necesito que me dé el aire. Además, así pensamos por el camino dónde cogemos la cena…
- ¿No la conoces ya? – riéndose por lo bajo, el mayor de los dos hermanos se quedó mirando hacia el otro-. Pues entonces nosotros nos vamos ya, voy a coger las cosas de la niña.
- Si es que… Señor y señora cabezotas – farfulló por lo bajo mientras que Yamato se alejaba, yendo hacia Sora para poder observar a su sobrina unos segundos-. Está preciosa. Es como la versión adorable y no petarda de mi hermano.
- Es verdad, aunque contigo seguro que papá y mamá intentaron lo mismo y al salirles tú se dieron cuenta de que todavía eras peor que yo – escucharon a Yamato desde el otro extremo de la habitación, cogiendo todas las cosas de la niña-
- Voy a tener que darle la razón a tu hermano, Takeru…
- Papá, tú estás de su parte… - puso los ojos en blanco, escuchando como Sora se reía y la niña parecía querer hacer lo mismo que su madre-. Lo dicho… A ver cuándo la traéis a casa un día.
- Cuando quieras, Takeru, ya lo sabes – asintió, dejando a su marido coger al bebé para dejarlo en su cochecito-. Sino ya sabes que puedes venir hasta le estudio cuando quieras como tienes hecho muchas veces a vigilarme, solo que ahora tenemos a Aiko allí como distracción.
- Me parece bien…
Sora acabó por asentir y girarse entonces hacia su suegro, dedicándole una sonrisa de agradecimiento antes de abrir la boca para empezar a hablar.
- Ni se te ocurra darme las gracias. La pena es que no me traigáis con más frecuencia a la niña para que me entretenga con ella.
- Papá, es demasiado pequeña para andar separándola de su madre tanto tiempo – protestó el rubio entretenido en revolverle el pelo a Dai.
- Pues vais tomando nota para cuando haya crecido más. En la emisora me deben demasiados días y puedo utilizarlos perfectamente…
- ¿Cuidando de la niña de paseo con su abuela? – mirando de reojo hacia Takeru, Yamato lanzó el comentario de la forma más inocente que pudo antes de sonreír y mirar hacia Sora-. ¿Vamos?
Escuchándose de fondo únicamente a Dai reírse por la cara que se le había quedado a su padre, Sora se limitó a asentir antes de pasar por el lado de Takeru y darle un par de pinchazos en el brazo.
- Ya lo sabes – giró para acercarse también hacia Dai y darle un sonoro beso en la mejilla-. Vigila que tu padre no monte ningún drama cuando nos vayamos, ¿eh?
Sora se había quedado sentada en el sofá con Aiko en sus brazos mientras que la niña tomaba su cena, distraída mirando hacia ella. De fondo Yamato estaba entretenido con el ordenador. Al final habían decidido pedir la cena y él había quedado en encargarse de ello mientras tanto, escogiendo lo que Sora le había dicho que quería y pensando qué le apetecía a él.
- ¿Qué tal anoche vosotros dos solos? – la voz de ella lo distrajo.
- Perfectamente – contestó desde la mesa levantando la vista hacia ella-. Tuve entretenimiento, alguien tenía ganas de jugar.
- ¿No te dejó dormir?
- Sí, sí, tranquila. Si tardé yo más en dormirme yo solo que ella – terminó de pedir la cena, bajando la tapa y acercándose-. Luego me desperté y estaba ya despierta, creo que debía de tener hambre, pero justo llegaste tú.
- ¿Así que te has portado así de bien? – bajó la vista hacia la niña, dándose cuenta de que ya no estaba comiendo, sino que mirándola fijamente-. ¿No quieres más?
Esperó unos segundos más antes de colocarse bien la ropa, poniéndose en pie para ir hacia el rubio y tenderle a la pequeña.
- ¿Quieres echarla tú?
- ¿Cuándo no? – sonrió, asintiendo para cogerla-. Tú vete a ponerte el pijama de una vez…
Bajó al cabo de un rato habiéndose tomado con calma el cambiarse. Estaba más cansada de lo que pensaba admitir, pero… tal y como habían dejado las cosas la noche anterior antes de que ella tuviera que salir corriendo, no le parecía demasiado buena idea irse a la cama. Se giró cuando sintió la puerta de la habitación de Aiko cerrarse, viendo como el rubio se acercaba hacia ella.
- Se ha quedado dormida nada más posarla en la cuna… Seguro que esos dos terremotos de sus primos la han estresado – dijo mientras que caminaba.
- Pobrecitos – sonrió, quedándose apoyada en la mesa de espaldas, esperándolo-. ¿Qué has pedido para ti?
- ¿Tú qué crees?
- ¿Lo de siempre también? – se rio, levantando la vista hacia él cuando se quedó frente a ella.
- Tienes cara de estar agotada, Sora – posando una mano en su cintura, con la otra le retiró un mechón de cabello tras una oreja.
- Puedo sobrevivir – asintió-. Y… creo que tú y yo tenemos algo pendiente todavía – posó las manos en el pecho de él, subiéndolas lentamente hasta dejarlas en sus hombros-. ¿No te lo parece?
Arqueó una ceja observándola sin decir nada. Evidentemente que sabía a lo que refería, pero quizás no fuera el mejor de los momentos, no después del día que había tenido ella. A pesar de todo, no podía evitar que su cabeza quisiera darle la razón a ella y seguirle la corriente cuando notó como tiraba de él para acercárselo.
- Sora – dijo con un hilo de voz, haciendo acopio de fuerza de voluntad-. Estás agotada… Yo te prometo que puedo esperar.
- Pero… - confusa, protestó
- No, nada de peros… Además, la cena tiene que estar al llegar y… ¿Has comido algo en toda la tarde? Claro que no, si nos conoceremos ya…
- Podemos cenar y luego retomar las cosas donde las dejamos – insistió, cerrando sus brazos tras su cuello de tal forma que se quedó pegada a él.
Sabía por lo que lo estaba haciendo… Sabía que lo hacía por él, no porque en aquel momento pudiera apetecerle algo más que meterse en la cama y no precisamente para lo que insinuaba. Apreciaba sus intenciones pero, realmente, como acababa de decirle, después de tanto tiempo esperando, prefería que las cosas fueran de otra forma. Se inclinó lo suficiente para poder dedicarle un beso, mucho más suave de lo que cabría esperar con el tema que estaban tratando, dejando su frente apoyada sobre la de ella cuando se separó.
- Lo primero vamos a cenar y luego ya veremos, ¿de acuerdo?
Sin saber muy bien cómo tomárselo prefirió asentir y no insistir con el tema en ese momento. Contaba con que tal y cómo los había interrumpido Mimi estaría esperando poder quedarse solo con ella para poder continuar, lo que no esperaba era aquello.
- Vete a sentarte tranquilamente, ya termino de dejarlo todo listo para cuando llegue la cena.
Acabó por hacerle caso optó por irse directa al sofá, agradeciendo la comodidad de los cojines como apoyo, notando todo el cansancio del día hacer mella en ella sin que pudiera evitarlo. Cuando Yamato volvió a acercarse a ella para decirle que ya estaba todo preparado y que la cena estaba lista no pudo más que sonreír al ver cómo se había quedado dormida abrazada a uno de los cojines.
Casi con pena por tener que despertarla, habiéndose cuenta de lo callada que se había quedado prácticamente desde que se había sentado, se limitó a esbozar una ligera sonrisa antes de inclinase hacia ella y hablarle suavemente para no asustarla.
- Yo que tú me iría despertado porque he pedido postre y como no des señales de vida me lo voy a comer yo solo…
