Estaba seguro de que se había podido reflejar en su cara lo congelado que se quedó por sus palabras. Era incapaz de saber cuándo ella le estaba hablando en serio o cuando simplemente bromeaba. No era un secreto que sus capacidades neuronales se anulaban totalmente con Sora cerca. Lo más propio de ella sería que estuviera bromeando, pero a la vez había vuelto a levantar la vista hacia él y parecía estudiar sus reacciones como si esperara que fuera capaz de hacer algo.

No tuvo oportunidad de poder llegar a salir de dudas o de decidir si aprovechar la situación o no, ya que el teléfono de ella sonó y pudo ver como la pelirroja se alejaba como si nada hubiera pasado tras pasarle la prenda que aún había estado sujetando.

- ¿Andrew? No, tranquilo, no estaba ocupada… - le dio la espalda al rubio distraídamente-. ¿Te has olvidado el qué? ¿En serio? Pues… ven cuando quieras, ya sabes que no tengo problema. Sí, estaré por aquí hasta dentro de un rato, puedes pasar a buscarme.

Yamato frunció el ceño observándola mientras que hablaba, decidiendo que iba a ser mejor idea terminar de vestirse. Sin duda alguna, aquel estadounidense le caía cada vez peor, era la mejor conclusión a la que era capaz de llegar. Le daba igual lo que la propia Sora le hubiera dicho, estaba visto que las cosas parecían ser algo diferentes. Y ahora parecía que estaba usando una excusa para para pasarse por allí otra vez.

- Lo siento – le dijo una vez hubo colgado.

- No pasa nada. ¿Lo tienes todo ya?

- Sí, yo creo que con esto nos arreglamos más que de sobra. ¿Te fías de mí?

- ¿Para qué?

- ¿Para qué va a ser? – se rio, pareciendo como si nada fuera de lo normal hubiera pasado momentos antes-. No voy a tener tiempo de poner hacer más que la camisa a estas alturas, pero yo creo que para que puedas poner a prueba mis habilidades nos sirve, ¿no te parece?

Asintió. Se había olvidado por completo del motivo por el que en teoría se había quedado allí. No le hacía gracia lo que había escuchando momento antes. Quizás fuera confiarse demasiado, pero cuando una idea cruzó su mente, no pudo evitar decirla en voz alta.

- Es tarde ya, ¿te vas a quedar trabajando?

- Tengo cosas qué hacer – explicó-. Y ya me has oído…

- ¿Y no puedes hacerlas otro día? – sonrió-. Ya sabes que me pierdo con facilidad por la ciudad… Podrías acompañarme.

- Yamato… - bajó la vista hacia su reloj, dándose cuenta de la hora que era.

- Venga, si me acompañas puedo invitarte a tomar algo o… - Sora, quien estaba estudiando sus gestos, pudo ver cómo iba enrojeciendo ligeramente al hablar. Era curioso que hubiera sido capaz de mantenerle el juego apenas unos minutos y ahora con aquellas palabras se estuviera sonrojando-. O cenar incluso si quieres…

Automáticamente pensó en lo que acababa de decirle a Andrew. Se le habían olvidado las gafas en el estudio y sabía más que de sobra que las necesitaba para trabajar, no le gustaba la idea de dejarlo sin ellas por… sus propios caprichos. Sin embargo, una idea cruzó su mente y una sonrisa apareció en su cara. Haru sí que iba a estar allí algo más de tiempo, se lo había dicho antes y la conocía más que de sobra como para saber que no se iría hasta el final de la jornada laboral incluso aunque no tuviera nada qué hacer. Ella podría ayudarlo… Y así se cobraba lo que le había organizado antes de forma tan gratuita.

- No es justo – habló finalmente-. Si me vas a hacer chantaje a esta hora del día con comida sabes que pico con demasiada facilidad…

- Ah… se siente – sonrió él también a su vez al escucharla aceptar.

Sora llegó a casa un par de horas más tarde. Llegaba sola y había ido hasta allí también sola. Podría decirse que habían llegado a tal punto en el que era mejor despedirse en lugares donde ninguno pudiera hacer algo de lo que todavía no estuvieran seguros. Lo prefería así, llegados a aquel punto prefería actuar completamente sobre seguro. Tratándose de Yamato no sabía como interpretar nada. Habían sido muchas las veces que ella había creído que todo iba bien y que solo en cuestión de segundos se había esfumado todo por completo, de manera que en aquella ocasión quería ir sobre seguro.

Y eso lo decía ahora mientras que se acercaba tranquilamente hacia el sofá, viendo asomarse la cabeza de Biyomon desde el otro extremo. Sin embargo, hacía apenas unas horas que había dicho más de lo que quizás deberia para no estar del todo segura de lo que hacía como cuando había hecho el comentario sobre que él hubiera acabado despeinado sin motivos.

- ¿Haru? – le preguntó a la digimon.

- No ha llegado. Pensé que estaría contigo – revoloteando, acabó por sentarse encima de ella.

- No… Se quedó trabajando cuando yo me fui – comenzó a acariciar distraída sus alas.

- ¿Y tú de dónde vienes a estas horas si no estas con Haru?

- De cenar fuera…

- ¿Con quién? – levantó la cabeza observando a la pelirroja, dándose cuenta de cómo se delataba ella sola al enrojecer-. ¿¡Te has ido a cenar por ahí con Yamato!?

- Vino a pedirme ayuda para terminar de conseguir qué ponerse para la boda de Taichi…

- ¡Cuéntamelo!

Haru llegó no demasiado después a casa, sorprendiéndose al encontrar todavía la luz del salón encendida. Buscó con la mirada por la estancia hasta que vio aparecer unas alas en su campo visual acercándose hasta donde asomaban dándose cuenta de que Sora estaba totalmente concentrada en unos bocetos mientras que tenía una taza humeante en la mano.

- ¿Qué se supone que estás haciendo en casa?

- ¡Haru! – giró la cabeza hacia ella.

- No, no, contesta. Después de tu entretenimiento de esta tarde y lo entre risitas que te vi irte del estudio con ese rubio… así que repito, ¿qué se supone que estás haciendo en casa?

- Llegue hace rato – contestó-. ¿Y tú? ¿No vendrás del estudio, verdad?

Aquella pregunta hizo que se le subieran los colores automáticamente a la menor de ambas llamando así la atención de la pelirroja, quien acabó por dejar su cuaderno encima del sofá para girarse del todo a ella.

- ¿De dónde vienes? – intentó no sonreír de forma demasiado evidente empezando a adivinar por dónde podía salirle ella.

- De…

No pudo evitar la sonrisa que se formó en su cara divertida ante la expresión de Haru. No es que ella fuera la reina del disimulo, pero sin duda no sabía si ella se estaba delatando más por el color de su cara o la expresión de no saber dónde meterse que se le había quedado.

- ¿Del estudio decías? – terminó la frase por ella. Intentó mantenerse seria-. Menos mal… No me di cuenta y me fui primero. Ya sabes, después de terminar de ayudar a Yamato, sin duda de la forma más profesional posible no vaya a ser que alguno de los centímetros se me pasara por algo – recalcó aquellas palabras-, y resulta que se me olvidó decirle a Andrew que no iba a estar yo… ¡Qué despistada que soy!

Lentamente se puso en pie, recogiendo sus cosas y quedándose abrazada a los papeles mientras que dejaba su mirada fija en Haru, notando como lentamente se iba percatando de que las palabras de Sora no eran casuales, al igual que la encerrona que le había organizado.

- ¿Qué? Deja de mirarme así… Ya te dije que no estaba interesado – echó a andar en dirección hacia las escaleras, girándose al llegar al comienzo de éstas notando como Biyomon la seguía-. Al menos no en mí… Claro.

Sin esperar a escuchar la respuesta que pudiera darle subió con paso rápido los escalones para dejarla sola en salón. Estaba en su derecho… a fin de cuentas, había sido ella la que había empezado con el comentario malintencionado que le había hecho.

- Al menos yo lo he hecho por una buena causa – le dijo a Biyomon al notar que se quedaba mirándola sin entender nada.


Sora estaba riéndose mientras que caminaba acompañada de Yamato en dirección hacia casa de Hiroaki para poder recoger a Aiko. Cuando se habían quedado solos había empezado a confesar a qué se había debido la conversación que habían tenido, dándose cuenta de que él también se acordaba perfectamente.

- Si en el fondo era demasiado evidente…

- ¿Evidente? ¿En serio?

- Venga ya, ¿y así has llegado a trabajar en la JAXA? – se alejó de él cuando le vio con las intenciones de pincharla con un dedo por reírse de él-. ¿Qué te parecía raro? ¿Te extraña que conmigo fuera cercano y con ella no? ¿Tengo que recordarte cuando no eras capaz ni de mirarme a la cara directamente?

- Eso es diferente… Contigo se comportaba de forma más cercana de lo que es normal, venga, eso no me lo puedes negar.

- ¿Normal? ¿Dónde? ¿Aquí en Tokio o en Los Ángeles que es de dónde es él? ¿O en París que es dónde nos pasamos varios años? – sonrió divertida al darse cuenta de que sin duda ese debía de ser el detalle en el que no había caído nadie hasta aquel momento-. Solo es tímido y no sabía cómo manejar la diferencia de edades… Conmigo se comportaba como es normal para él hacerlo, Yamato.

Se quedó mirando para ella como si de repente algo se hubiera colocado de forma correcta en su cabeza. Visto de esa forma y con todos los datos que tenía ahora parecía ser todo perfectamente lógico y coherente como para ser capaz de pensar en cualquier otra versión.

- Sí, más o menos la cara que esperaba ver cuando te dieras cuenta, solo que esperaba que se te ocurriera a ti solito – riéndose de forma más evidente continuó su camino, esperando que la alcanzara.

Cuando llegaron al portal del edificio de Hiroaki se detuvieron, llamando al timbre. Seguramente sus abuelos se hubieran encargado de ella perfectamente, y aunque posiblemente no se despertara en el camino de vuelta a casa preferían no acostarla más tarde de la cuenta.

- ¿Papá? – preguntó Yamato cuando vio a su madre abrirle la puerta.

- Lo he echado a la otra punta de la casa para que no se acerque a la niña. Gabumon lo tiene amenazado con morderlo… - apartándose para dejarlos pasar, la mujer se encogió de hombros.

- ¿Y eso? – confusa, Sora se quedó mirando hacia su suegra.

- Ha empezado a estornudar hace un rato y a no encontrarse muy bien – explicó mientras que caminaba tras ellos-. La niña se ha portado de maravilla, no nos hemos ni enterado de que estaba.

Yamato sonrió a su madre antes de avanzar por el pasillo hacia la habitación de Hiroaki, llamando con los nudillos antes de asomarse y encontrárselo sentado en la cama mirando hacia la televisión con cara de resignación.

- ¿Te han puesto en cuarentena? – fue su saludo.

- Más o menos… - tosió.

- ¿Estás mal? – se acercó hacia él-. No tienes muy buena cara,

- Ya sabes que el aire acondicionado está puesto a tope en todas partes, así que ya tardaba en caer. Tranquilo, no le he pegado nada a la niña, al primer estornudo a tu madre le ha faltado poco para echarme de mi propia casa.

- Deberías de meterte en la cama… ¿has cenado ya?

- No tengo hambre – respondió girándose hacia él.

- Pues venga, métete en la cama. La última vez que me pegó un catarro Dai a mí se le pasó durmiendo y…

- Se te pasó porque tienes a cierta señorita en casa que te cuida más de lo que te mereces – se rio mientras que, a pesar de todo, cedía y empezaba a recoger las cosas para poder meterse en la cama, girándose para poder coger una de las mantas que tenía en el armario.

- Deja eso – acercándose a hacerlo él, Yamato cogió lo que su padre buscaba-. Venga. Mañana por la mañana antes de irme al trabajo vengo a ver cómo estás, ¿queda claro?

- Hijo…

- ¿Queda claro? – se cruzó de brazos.

- Si es que de tal palo tal astilla – protestó antes de ceder del todo y terminar por meterse en la cama-. Saluda a Sora de mi parte.

- Sí, sí… ¿Necesitas algo más?

- Creo que no tengo pañuelos, pero seguro que con el papel de cocina me arreglo…

- Voy a por ello, tú quieto ahí… De paso te traigo algo caliente para que te tomes antes de dormir.

Sin dejar que su padre dijera algo más salió de la habitación en dirección hacia la cocina.


AnnaBolena04: ¿alguien decía algo de olor a neuronas quemadas? Porque ahora ya sabemos el foco del olor jajajaja Yamato el pobre se nos ha quedado en modo muerte cerebral total y absoluta con lo que le acaban de decir. Que por favor, que necesita que alguien venga con una pizarrita y le haga un croquis, porque no sabe si la pelirroja le está lanzando una indirecta cochina o se está riendo de él. Al menos parece que ha sido capaz de recuperarse mentalmente gracias a la llamada de Andrew y espabilar o suficiente para poder ser capaz de invitarla a cenar. Que eso viniendo de él en esa situación es para tirar fuegos artificiales...

Y el modo adulto que es capaz de adoptar en el presente para ir a mandar a su padre a meterse en la cama para ver si se le pasa el catarro que ha pillado es un buen contraste con sus fusiones neuronales. A ver si el pobre Hiroaki se nos pone bueno, que sino no puede mimar a su nieta por miedo a contagiarla.

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: En defensa de Takeru diré que aunque ahora sigue dando por el culete, de aquella tenía sus 23-24 añitos, osea que era más nene y estaba más tocanarices de la cuenta jajaja. Lo de Mimi ya es cosa de su personalidad. Y lo de Sora y Yamato ya... bastante avanzados están con el juego de tonteo que se traen entre ellos en ese momento, no les pidas demasiado.

Y sí, totalmente de acuerdo. Probablemente la cosa estaba para ir, darse la vuelta, cerrar la puerta y asegurarse de que absolutamente todas las medidas estaban perfectamente tomadas con todo lujo de detalles. Pero tenían todavía la cosa algo complicada y era más entretenido no dar del todo el brazo a torcer. Yo no quiero saber lo que haría en la situación de ella, igual no acordarme ni de cómo se utiliza una cinta métrica, seamos sinceras jajaja No le pidas tanto a Yamato que, al menos, ha sido bastante capaz de hacer algo de provecho. Y yo me los quiero imaginar despidiéndose esa noche. Como poco a distancia y con la manita, por prevenir lo que pudiera pasar.

Y tanto que ha llegado de nuevo el invierno, vecina... Días de clima asqueroso y para encima mañana lunes... Qué feo todo. Ánimo con la semana que al menos las vacaciones están ahí - para quien las tenga que a mí me está dando que no las voy a tener, pero bueno - a la vuelta de la esquina. Un bico grande, y abrígame a las tartaguras que por muchos calores que te entren ellas nos van a coger frío.