Gabumon se había acabado despertando al escuchar el llanto de Aiko. Cuando había salido al salón se había encontrado a Yamato con la mejor de sus caras de estrés mientras que intentaba calmar a la niña, volviendo a intentar que aceptara el biberón sin éxito.
- ¿Por qué lloras? ¿Tienes hambre? Tienes que tenerla… Ya sé que no soy ella, pero venga, tienes que comer… No me hagas llamarla, que sabes que viene hasta aquí si hace falta…
Normalmente no solía tardar tanto tiempo en calmarse. Tenía pillado más o menos el tranquillo para que cuando se despertaba llorando no tardara en volver a dormirse, pero, era la primera vez que la veía llorar de esa forma por la comida. Esperaba que no fuera que la intención de Aiko fuera que tuviera que ser su madre la que se lo diera porque iban a tener serios problemas entonces.
Se había quedado con sus abuelos más veces y hasta dónde él sabía no habían tenido problemas con esto… ¿Qué estaba haciendo mal? Alzó la vista al ver a su compañero aparecer en su campo de visión, quedándose mirando hacia la pequeña él también.
- ¿Quieres ver si contigo se calma? – le preguntó-. Llevo un rato queriendo darle de comer y nada… Ya se debe de haber hasta enfriado… - intentó de nuevo acunarla bien, intentando que se relajara, viendo como su carita estaba roja por llevar ya un rato así.
- Se la puedo calentar yo otra vez – se ofreció Biyomon acercándose de nuevo hasta ellos.
- ¿Será mejor esperar a que se tranquilice? – preguntó el rubio mirando hacia ella casi que dando las gracias porque estuvieran intentando colaborar.
- No – cortó Gabumon antes de dar unos pasos para coger él el biberón-. Yo sé lo que le pasa… Ese no es – señaló hacia el objeto.
- ¿Cómo que ese no es? – frunciendo el ceño, Yamato miró muy confuso a su compañero.
- No es el que a ella le gusta – negó con la cabeza antes de irse de la sala dejándolos con la palabra en la boca.
Volvió al cabo de unos minutos con otro biberón en sus patas, tendiéndoselo al rubio quien parecía seguir con la misma cara de no entender nada de lo que estaba pasando. ¿Cómo iba a ser que la niña fuera capaz de saber cuál estaba usando? Era demasiado pequeña como para que pudiera ser eso.
- Sora siempre le mete ese en la bolsa – explicó.
- Pero… - intentó hablar él, cada vez más perdido.
- Hazme caso. Ya verás como con ese come…
Debía de reconocer que no tenía ni la más remota idea de ese tema, ya que siempre se aseguraba ella de dejar las cosas preparadas cuando tenía que dejar a la pequeña con los padres de alguno de ellos. Dándole cuenta de que quizás el digimon tuviera razón, asintió antes de hacerle un gesto para que se sentara a su lado.
- Toma – poniéndose en pie él, posó a la niña sobre él como solía hacer muchas veces-. Cuidadla vosotros, yo voy a volver a calentarle la comida…
Volvió al cabo de un rato con el nuevo biberón, comprobando de nuevo la temperatura. La niña parecía haberse relajado algo más al estar echada sobre el digimon, sacándole así una sonrisa a su padre quien esperó a haberse sentado él antes de cogerla de nuevo.
- Vamos a ver si ahora tenemos suerte – murmuró por lo bajo-. Como querer quiera comer ahora al cambiarle el biberón vete pensando lo que quieres para cenar porque te hago lo que tú quieras… - le dijo a su compañero antes de intentarlo-. ¿Quieres comer ahora preciosa?
Volvió a acercarle con cuidado la comida, esperando, como había hecho la anterior vez que fuera ella la que mostrase interés, no queriendo forzarla. Fue entonces cuando poco a poco la niña pareció darse cuenta de lo que intentaba su padre, girándose ligeramente hacia él antes de buscar con su boca la tetina del biberón.
Incrédulo, se quedó mirando hacia ella fijamente.
- ¿En serio?
- Es hija tuya, tú verás lo especialita que va a poder llegar a ponerse – murmuró Gabumon antes de dar un salto y bajarse del sofá.
- ¿Dónde vas?
- A seguir durmiendo… Y no hagas a la niña llorar otra vez o te muerdo – sonó totalmente en serio, y tanto Yamato, como Biyomon se quedaron mirando hacia él mientras que desaparecía tras la puerta de la habitación.
Sora se quedó mirando hacia Haru con una ligera sonrisa en los labios. Habían llegado de nuevo a casa después de haber continuado aprovechando con las compras y ahora se habían quedado las dos sentadas un rato hablando tranquilamente y descansando.
- Yo no sé cómo podías estar tú tan sumamente tranquila…
- ¿Tranquila? ¿Yo? – le tendió la taza con el té que había preparado-. Yo estaba a punto de volverme loca con lo de San Francisco… Hasta tal punto que no tenía tiempo de ponerme nerviosa por mi propia boda…
Resopló, echándose hacia atrás en el sofá, quedándose con la mirada fija en la pared de en frente.
- Ya sé que te lo hemos dicho muchas veces, pero… Para haberte negado tanto a esto estás demasiado de los nervios… La noche antes de la boda, ¿qué vamos a hacer contigo?
- Oye, puedo darme a la bebida hasta que me duerma…
- Tentador… Pero la resaca no creo que fuera a ayudar mucho al día siguiente… Yo no me atrevía ni a comer nada. Tenía miedo a que me pasara lo de siempre cuando me pongo nerviosa. No me parecía muy buena idea tener que salir corriendo al baño a mitad de camino hacia el altar…
- No, no suena demasiado bien. Aunque oye, igual me puedo librar así de algún familiar petardo malpensado que piense que las nauseas son por otra cosa… - acabó por reírse.
- Sería un buen método – asintió entre risas ella también-. La verdad es que tengo estado mucho más nerviosa en otras ocasiones por culpa de Yamato que el día de la propia boda.
- Cuando se va al espacio no cuenta… No te digo – puso los ojos en blanco-. Así yo también…
- No me refería a eso…
Hizo una pequeña pausa, acercándose la taza por fin a los labios para poder soplarla, esperando unos segundos antes de poder dar un trago por fin.
- ¿Entonces? ¿Cuando le dijiste que estabas embarazada?
- Bueno… Tampoco te creas – sonrió ligeramente-. Ese día estaba más preocupada en que no acabara él desmayado también con la sorpresa… Y eso que en teoría estábamos buscándolo… No – negó con la cabeza-. ¿Te acuerdas cuando hace unos años tuvimos esa… discusión grande en Londres?
- Discusión… Desastre nuclear… Como quieras llamarlo, sí…
- Desastre nuclear… - volvió a reírse tras sus palabras-. Sí, esa vez… Imagínate cómo podía estar yo cuando fui a buscarlo para ser si éramos capaces de arreglar las cosas… Comparado con eso, la boda no fue nada de nada…
- Bueno… Voy a tener que darle la razón. Lo que me extraña es que fueras capaz de llenar allí sin acabar llegando a las carreras hacia el baño.
- Qué graciosa eres… - le tiró uno de los cojines que estaba usando como apoyo.
Yamato había conseguido que la niña terminase de comer finalmente, y, tras haberla cambiado había conseguido que se volviera a quedar dormida tranquilamente a su lado en el sofá. Fue entonces cuando se entretuvo en completar unos documentos del trabajo que se había traído para poder ir adelantando cosas y no tenerlo atrasado por haber pedido el día.
Un buen rato más tarde, cuando el teléfono reclamó su atención, sonrió al ver el nombre de Sora aparecer en la pantalla. Al menos no iba a tener que preocuparla con que la niña no estuviera comiendo.
- ¿No te fías de lo que pueda estar haciendo? – fue su saludo.
- Podría ser… Me tenéis los dos demasiado mal acostumbrada… Puede que simplemente os echara de menos.
- ¿A los dos por igual?
- Eso no pienso contestarlo sin un abogado presente… - se echó a reír-. ¿Qué tal todo?
- Bien, está durmiendo – miró hacia la puerta de la habitación, comprobando que estuviera todo bien por el momento-. Los digimon me han estado ayudando. Sobrevivimos por el momento. Ha comido bien… Supongo que iré a ver a mi hermano más tarde… ¿Y tú?
- Con una futura novia histérica…
- ¿Está muy nerviosa?
- Pues… Me deja bastante mal… Yo no lo estaba tanto, lo siento. A lo mejor es que al final me equivoqué de pareja y tenía que haberme quedado con el estadounidense… - empezó a reírse-. Me ha arrastrado de compras.
- Mejor no te digo nada sobre lo primero – se dejó caer hacia atrás más en el sillón, entretenido con al conversación-. ¿Ya te has comprado algo para la boda?
- Sí… Bajo amenaza y de las serias… Y creo que no te voy a dejar verlo hasta que llegue la fecha. Así que te aguantas, por no haber querido venir conmigo hasta aquí…
- La última vez casi me da un infarto por culpa de tu padre… Creo que no necesito más aventuras extrañas e Kioto.
- Eso fue culpa tuya…
- Eso podríamos tener que discutirlo largo y tendido. Creo que tendría algún que otro argumento en mi defensa – escuchó la risa de ella, entretenido-. ¿Has terminado ya todo el trabajo?
- No, tengo un par de reuniones en un rato. Pero para la hora de la cena yo creo que ya habré terminado… ¿Te aviso cuando esté en casa ya y…?
- ¿Qué? – cortó sus palabras-. ¿Quieres intentar chantajearme para que te enseñe a alguien por videollamada?
El silencio al otro lado de la línea era la respuesta que necesitaba, imaginándose exactamente que estaría sonriendo por sus palabras al haber acertado de pleno.
- Solo si me traes algo de mi agrado de Kioto.
- Eso se llama chantaje, Ishida…
- Del serio. Así que tú verás cómo te adaptas al chantaje, Ishida…
- ¿Sabes de qué me estuve acordando antes?
- ¿De qué?
- Pues… Hablando con Haru de histerismos acabé contándole lo sumamente nerviosa que estaba yo cuando te fui a buscar a Tanegashima después del aislamiento.
- ¿Qué le has contado exactamente? – arqueó una ceja.
- Nada… Que en comparación con el día de la boda ese día sí que estaba de los nervios… Lo que pasa es que me he estado acordado de otras cosas, por eso te he acabado llamando ahora…
- ¿Otras cosas?
- Sí… De la heladería…
Sonrió de forma automática. Sabía perfectamente a lo que ella se refería, tardando unos segundos en volver a hablar. Había sido una de las mejores ideas que había tenido en mucho tiempo y había sido muy importante para terminar de suavizar las cosas entre ellos dos del todo.
- Yo creo que el verano que viene podremos volver y llevar a cierta señorita que yo me sé con nosotros…
- No me opondría a ese plan… - escuchó como resoplaba de repente-. Tengo que ir a prepararme para la reunión. Dale un beso a la pequeña de mi parte, ¿quieres?
- ¿Y para mí nada? Claro, vendido por un bebé adorable…
- Sí, vete asumiéndolo… Contigo ya hablaré cuando te vea en persona mañana…
- No podría poner ninguna pega a eso tampoco. Avísame por la noche cuando quieras y ya te dejo ver a Aiko, ¿de acuerdo? Saluda a Haru de mi parte.
- Lo haré, tranquilo. Te llamo luego.
Dando por terminada la llamada, se estiró para dejarlo encima de la mesa, sonriendo ligeramente. El recuerdo de la heladería había aparecido rápidamente en su mente. Habían pasado un mes horroroso los dos, pero… Ahora que podía estudiar la situación en frío, sin duda tenía que haberlo pasado mucho peor ella. Él, al menos, era consciente de que estaba en el aislamiento reglamentario. Ella simplemente creía que no quería saber nada de ella y no que no dignaba a contestar sus llamadas tan siquiera…
Quizás por eso, cuando había vuelto para mudarse con él cuatro meses a Tanegashima, se había esforzado algo más en compensarle esa ausencia.
AnnaBolena04: Haru empieza a estar en esa época en la que llevarle la contraria se puede considerar una actividad de riesgo. Está demasiado nerviosa por todo en general por lo que como alguien le diga algo con lo que no está de acuerdo seguro que explota y toda drama de los gordos. La pobrecita va a acabar con tila en vena para poder llegar a la fecha bien.
Y el peluche llega a salvar la situación. Que Aiko lloraba porque el inútil de su padre no sabía qué biberón era el que había que utilizar jajajajajaja Menos mal que han dejado a los Digimon controlando porque sino Yamato acabaría en su rinconcito montando el drama porque ha estado dos veces en Marte, pero un bebé y él solos es una situación delicada de la que no sabe cómo salir vivo.
¡Besitos de tortuguita! Y sí, me voy a hacer el setita a la cama después de subir esto, prometido.
Guest Vecina: jajajaa era bastante evidente que tenía malas intenciones para el rubio. Pero tranquila, las tengo muuuucho peores - y no estoy hablando de las maldades malas de verdad - a lo largo de estos días jajajaja Ya verás cuando lo leas y entenderás de lo que te estoy hablando. Menos mal que Gabumon se pasa demasiado tiempo pendiente de esa niña como para saber lo que pasa exactamente y evitar que tenga que volver Sora de Kioto primero para darle de comer bien a la cosita y luego para ir a ver a su marido que está ingresado en el hospital.
Sora la pobre tiene miedo de enseñar más de la cuenta y que parezca no apropiado, déjala, pobrecita. Hablas con alguien que incluso cuando no va a trabajar siempre acaba poniéndose el pañuelo o algo al cuello ya casi que hasta por costumbre... Así que si ella además ha notado ese cambio y con lo "especialita" que ha estado con eso temas, es normal que proteste un poco. Otra cosa es que no le quieran dar una colleja y que luego la denuncien por asesinato por haberse cargado a Yamato. Pero eso son otros temas...
Pues si B/Piyomon ha salvado la primera parte de la aventura, ahora Gabumon ha librado de que el drama siguiera aumentando. Ahora a ver si Yamato confiesa el numerito que se ha montado él solo jajaja
Pobrecita, si es que debió de ser un buen leñazo jajaja El otro día se me mató una de las nenas pequeñas en la silla porque como lleva una mochila que pesa más que ella, tiró hacia atrás de la silla con ella sentada... En fin, vecina, bicos grandes que me voy a hacer el setita en la cama.
Beyond an Epic Night: si es que el pobre hombre ya no sabía ni dónde meterse porque estaba viendo que iba a tener que pedir socorro a Sora y sabe que ella es más que capaz de pegar media vuelta si le dice que la nena llora y que no quiere comer si no es con ella jajajaja Menos mal que parece haber sobrevivido a la situación. Si lo dejas es capaz de poner ese incidente por encima del problemita con la vuelta de Marte que tuvo la primera vez jajajaja
Verás, te hago una puntualización: a una novia histérica como Haru sí que no se la puede contradecir. Es malo para la salud de aquel que contradice jajajaja Así que al menos ha conseguido que Sora se compre de una vez algo bonito para la boda y que le miren mal un rato. Si la pobre mujer se queda viuda en el proceso seguro que con ese vestido no tarda demasiado en encontrar algún voluntario para sustituir al rubio.
¡Un beso grande que hoy ya me toca irme a la cama a mí a descansar!
