Yamato escuchó vibrar su teléfono y fue directo a por él. Había estado pendiente de él a sabiendas de que Sora había quedado en avisarlo cuando estuviera en casa para poder ver a la pequeña. Comprobó que fuera ella, contestándole antes de irse a por el ordenador y dejado encima del sofá.
Le llevó unos segundos conseguir que todo estuviera perfectamente colocado para poder quedarse sentado con las piernas cruzadas sobre el sofá, pudiendo dejar así a la niña justo entre ellas y que lo usara a él como apoyo. Fue entonces cuando alargó la mano hacia el teclado y envió la petición de videoconferencia.
No tardó en ver aparecer a Sora en la pantalla con la mejor de sus sonrisas al ver a la pequeña. Puso ver que por detrás de ella se asomaba Haru saludando con la mano.
- Aiko – llamó a la niña-. Hola preciosa…
- ¿Quién te habla? – le dijo a la pequeña al ver cómo parecía buscar el origen de la voz de su madre. Sonriendo, intentó moverla de tal forma que acabase mirando hacia la pantalla-. ¿Quién está ahí?
Pudo ver como la sonrisa en la cara de ella se hacía todavía más amplia al notar como la pequeña parecía darse cuenta de que, de alguna manera, estaba escuchando a su madre. En uno de los movimientos de sus bracitos acabó por cogerse a la mano de su padre, entreteniéndose así mientras que escuchaba las voces.
- ¿Qué tal todo? – preguntó a la pelirroja.
- Muy bien – giró la cabeza, atendiendo a Haru quien se despedía para irse a dormir y dejarlos hablar tranquilamente-. Cansada de todo el día. Mañana me voy a pasar el viaje en tren durmiendo…
- Me parece una buena ocupación. Nosotros hemos estados en casa de mi hermano pero hemos vuelto pronto para que la niña estuviera lista para cuando llamases. Ahora supongo que la echaré a dormir.
¿Qué vas a hacer tú?
- Me he traído algo de trabajo para adelantar. Quiero ir quitándomelo de delante…
- ¿En serio? ¿Te dejo un par de días de permiso y te llevas el trabajo a casa?
- Lo sé… Cada día soy más triste – se rio, escuchando de fondo uno de los ruiditos de Aiko bajando así la vista hacia ella unos segundos.
- ¿Qué tal está tu padre?
- Mal. Según me ha dicho mi madre hoy no se podía levantar de la cama. Entre la fiebre y que no tiene gana de comer nada está debilucho y no puede consigo mismo. Como no le baje pronto va a ir al hospital de cabeza.
- ¿Es alta?
- Bastante… No he ido a verlo todavía. Cuando vuelvas iré a hacerle una visita a ver si necesita algo o qué…
- Ya verás como al final no es nada…
- Eso espero, aunque a mi madre no le está gustando demasiado todo esto… No sé qué decirte, no es alguien que tienda a preocuparse sin motivo.
- ¿Quieres que cambie mi billete? Puedo buscar un vuelo y volver primero y así puedes ir a ver cómo están las cosas.
- ¿Qué? No, no… No te preocupes. Tú vuelve cuando tengas que volver, ¿de acuerdo? Aprovecha mañana para descansar y poder disfrutar tú del par de días de descanso que te vendrán mejor que a mí…
- No te creas… Os echo a los dos bastante en falta. No me importaría estar ahora ahí con vosotros… - dejó de hablar poco a poco, bajando la mirada en la pantalla, observando a la niña.
- ¿Qué pasa? – bajó la vista hacia Aiko, sin poder verle la cara desde esa posición.
- Se te ha quedado dormida… - sonrió de nuevo.
- Oh… Será mejor que me la lleve a su cuna ya. Espera aquí, vengo ahora mismo y seguimos hablando…
- No, vete tranquilo. Voy a aprovechar a prepararme para irme a la cama. Llámame cuando termines y hablamos, así no tienes que andar a las carreras. Yo también tengo trabajo pendiente, voy a tardar en irme a dormir…
- Perfecto. Te llamo en nada…
Dando por terminada la videoconferencia empezó a moverse muy lentamente para no despertar al bebé, acabando por poder ponerse en pie con ella en brazos y caminar hacia la habitación. Iba a dejarla en la cuna y cuando se fuera él a la cama ya se la llevaría con él.
Entró, dejando la luz apagada a su paso, tomándose su tiempo para tenerla algo más entre sus brazos, observando la expresión tranquila y completamente dormida de ella. Le gustaba observarla así, totalmente ajena a todo lo que la rodeaba. Sonrió sin darse cuenta de ello, acercándose a la cuna finalmente para echarla en ella, tapándola con cuidado y dejándole a su lado el peluche de la tortuga.
No habían vuelto a tener problemas con la comida, ahora que parecía saber cuál era el biberón que le gustaba a la niña. Al menos aquel día, había estado bastante tranquila, como solía ser más normal en ella y parecía que no habían tenido muchos problemas con la ausencia de Sora. Esperaba que continuaran así las cosas, ya que todavía tenían otro día por delante.
Sin querer despertarla, acabó por salir de la habitación con cuidado de no hacer ruido, despidiéndose de los digimon con un gesto. Volvió hacia el salón, aprovechando para recoger lo que había dejado tirado por encima de la mesa y buscar su teléfono antes de volver a acomodarse.
- A ver Haru… ¿se puede saber desde qué hora llevas despierta? – fue lo primero que dijo Sora nada más levantarse y salir de la habitación.
Se había encontrado a la chica sentada en la mesa del comedor, con un montón de papeles por todas partes y con cara de no haber dormido precisamente demasiado. Si había estado trabajando o no era algo que no podría decir con seguridad porque había casi más bolas de papel a su alrededor que hojas en la libreta.
- No podía dormir… Pero es que tampoco puedo hacer nada con mi vida…
- ¿En serio? – se acercó, acabando por sentarse a su lado-. ¿Tú estás segura de que estás bien? Empiezas a preocuparme…
No obtuvo por respuesta más que un encogimiento de hombros. La observó de forma más detenida, pensativa. Estaba demasiado nerviosa y acababa de decirle la verdad, estaba empezando a preocuparla de forma bastante seria. Tardó unos segundos en volver a abrir la boca, casi con miedo de la pregunta que iba a hacer pero considerándola necesaria.
- Haru… dime la verdad. ¿Tú estás bien con todo esto?
Levantó la vista de la libreta, enfocando a la pelirroja con gesto de no estar del todo segura de lo que le estaba preguntando. Al darse cuenta, sonrió ligeramente antes de volver a intentarlo.
- Con la boda, quiero decir… ¿Tú estás segura?
- ¿Por qué me preguntas eso?
- Porque estas histérica. Demasiado y de verdad que tengo miedo de que te acabe dado algo antes de la fecha… Y como renegabas tanto en su momento…
- No – negó con la cabeza-. No es eso… Claro que estoy segura de esto.
- ¿De verdad? Mira que conozco a Andrew desde hace mucho tiempo y estoy segura de que si necesitas algo más de tiempo lo entendería…
- No, no… Es… - empezó a juguetear nerviosamente con el rotulador con el que había estado haciendo garabatos-. Es… ¡No sé lo que es! ¿Vale? Estoy histérica, no duermo, se me hacen los días eternos, me tiemblan las manos… Pero sí que quiero hacerlo, no me malinterpretes, por favor… Claro que quiero…
Acabó por sonreír, conmoviéndose ante la situación en la que estaba su amiga. Alargó la mano para quitarle el rotulador antes de que acabara saliendo volando por ahí, dejándolo encima de la mesa.
- Entonces creo que viene siendo lo normal en estas situaciones. Pero… haz el favor de distraerte como sea… Quiero que llegues viva a la boda. Iba a quedar muy feo que dejaras al pobrecito Andrew plantado porque te haya dado un infarto. Es más… No te quiero en el estudio esta semana.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Porque no… Bastante jaleo tienes con los últimos preparativos y aguantando familiares y demás como para tener que preocuparte del trabajo. Me voy a hacer cargo yo por completo de todo estos días, avisada estás.
- Pero…
- Nada de peros, ¿entendido? Vete a vestirte, que tú y yo nos vamos a desayunar antes de atender la última reunión. Y no me obligues a tener que compincharme con él para que te deje por la mañana encerrada en casa para que no vengas al trabajo.
Enfocó a la pelirroja, acabando por dedicarle una ligera sonrisa y asentir. Lo de desayunar fuera le había sonado bastante bien. Distraerse con la comida siempre era una buena idea a la que ella no se iba a oponer.
- ¿Qué haces? No… No… Deja esto ahí… ¡Dai!
Yamato se pudo en pie, acercándose hacia su sobrino para acabar por cogerlo él en brazos. Se había ofrecido a quedarse con los hijos de su hermano aquel día para que Takeru pudiera ir a ver a su padre tranquilamente.
- Eres peor que tu padre y mira que eso ya es decir…
- ¿Por qué?
- Porque sí, porque no sabes estarte quieto…
- ¿Gabumon? – empezó a mirar hacia los lados desde su nueva posición, buscándolo.
- Escondido de ti. Vergüenza debería darte… Tenerlo aterrorizado.
- Yo quiero jugar con él… - hizo un ligero pucherito.
Sacándole así una risa al rubio, Yamato volvió hasta dónde había estado sentado antes, dejando a Dai al lado de Reiji, quien parecía estar distraído con los dibujos que estaban en la televisión. Aiko estaba en la habitación, durmiendo tranquilamente lejos de todo aquel jaleo, y lo prefería así porque capaces eran de hacer que se echara a llorar.
El sonido del timbre de la puerta reclamó su atención, viendo pasar a Dai a las carreras hacia ella de que él tan siquiera hubiera sido capaz de asimilar que estaban llamando.
- Este niño pretende acabar conmigo – murmuró por lo bajo antes de ir hacia la puerta, teniendo que reírse al ver al pequeño intentando dar saltos para llegar al pomo y poder abrir-. A ver… Quita – apartó con cuidado a su sobrino antes de ver quién llamaba-. El que me faltaba… Me ofrecí a quedarme de niñero… No te incluía a ti en el paquete…
- Para encima que vengo a hacerte de refuerzo… - Taichi se agachó para coger a Dai quien había vuelvo a asomarse nada más escuchar a su otro tío.
- Vienes de fuerzo, pero te traes a otro… - aprovechando que el niño estaba distraído con Taichi se acercó él hasta la silla de Daigo-. Anda – dándose cuenta de que con ellos llegaba también Agumon, sonrió-. Mira, tú le vas a venir de perlas a uno que yo me sé si eres capaz de encontrarlo. Creo que está en la habitación…
- ¿Sigue Gabumon escondido? ¿Qué le has hecho ya? – Taichi entró finalmente, llevando ahora a su sobrino en brazos.
- ¡Yo solo quiero jugar con él!
- Seguro… ¿Reiji?
- Tragando tele… Aún funciona esa treta con él…
- Dale unos meses que sea capaz de correr bien detrás de este trasto, verás lo bien que nos va… - posó al niño para poder acercarse hacia su hijo y bajarlo de la silla-. Venga, corre, pero ten cuidado y no rompas nada…
Observando como los dos se alejaban rápidamente a las carreras, ambos adultos se quedaron de pie, sin atreverse a dejar de vigilarlos a sabiendas de las que les gustaba liar en cuestión de segundos cuando nadie miraba.
- ¿Te ha dicho tu hermana que me los habían endosado a mí?
- Sí, básicamente. Así que he venido de refuerzo.
- Estamos en minoría, espero que seas consciente de ello. Y luego hay que llevarlos a casa…
- Algo se podrá hacer – asintió, todavía sin haber quitado la vista de encima de ellos-. ¿Aiko?
- Durmiendo… Y Gabumon o bien se ha escondido escaleras arriba esperando que aún no sepan subir bien las escaleras o está con Biyomon cuidando de que Aiko no se despierte.
- Me inclino más por lo segundo. No creo que estos terremotos vayan a ir a molestarte a la pequeña, así que se habrán escondido detrás de ella.
- Es bastante probable – echando a andar por fin, se acercó hasta dónde estaban ya los niños-. ¿Koemi?
- Me ha dicho que tiene derecho a un rato de paz y calma en casa. Luego me ha dejado al niño vestido y me ha invitado amablemente a ir a ventilarme – se encogió de hombros.
Aquel comentario consiguió que Yamato se echara a reír. Risa que duro el tiempo justo que el sonido de algo cayéndose llegó hasta sus oídos. Simplemente cerró los ojos unos segundos.
- ¿Qué habéis hecho ya?
AnnaBolena04: es que dejar a Yamato solo con esos dos digimon pensando en que al par de días va a mudarse Sora con él da pie a que le entren sus paranoias y se ponga a revolver la casa entera si hace falta. Todo para que seguramente ella no dijera nada, que ya la conocemos y seguramente considerase que no asunto suyo cómo estuvieran las cosas, que ella era la invitada ahí jajajaja Y además, por mucho que tuviera liado con los papeles y trastos, a ver quién es la lista que le protesta si la primera parada que te llevan a hacer es en una heladería. Yo creo que con eso se arreglan de golpe todas las quejas que alguien pudiera pensar tener sobre algo.
Ahora claro, también hay que ver si Yamato o Haru llegan vivos al día siguiente tan siquiera. Uno rodeados de nenes hiperactivos y preocupado por su padre y otra con sus histerias... A ver quién de los dos acaba a tilas directamente en vena para poder sobrevivir. Aunque yo creo que él lo tiene más fácil porque como acabará agotado y arrastrándose por los rincones es muy sencillo que caiga el coma el pobre hombre.
¡Besitos de tortuguita y a aprovechar las vacaciones tú que las tienes!
