Sora se levantó de la cama finalmente para poder atender a la niña. Sabía que tenía que cambiarla y prepararla para empezar el día, pero si no hubiera sido por eso se hubiera pasado el día en la cama sin querer saber nada del mundo.

Cuando se había ido al baño la noche anterior después de las palabras de Yamato nada la había hecho sospechar que a la vuelta se fuera a encontrar con aquella negativa. Cuando la había acercado a él para pedirle aquel saludo en condiciones, como él lo había llamado, automáticamente había pensado en que quizás aquella noche tuvieran la oportunidad de dejar de dar vueltas finalmente.

Parecía que se había equivocado y, que sin duda, eran otras las ideas de Yamato. Era la primera que algo así pasaba y que le hubiera dicho que pretendía dormir no había sido de ayuda. Sabía a lo que refería… Ya les había pasado una temporada atrás cuando habían empezado exactamente igual que aquella noche y cuando ella no había podido continuar Yamato había pasado muy mala noche. No solo no había podido pegar ojo, sino que realmente había estado molesto e incómodo por volver a tener que quedarse con las ganas. Aquel día ella se había sentido terriblemente culpable, al igual que otras muchas veces, pero por más que lo intentaba, por más que insistiera, le dolía. Estaba segura de que iba a ser algo que pasaría solo durante los primeros momentos, pero Yamato siempre se daba cuenta y se detenía.

Sabía que debía de agradecérselo a pesar de todo, pero no era así como quería que fueran las cosas. Y efectivamente, estaba segura de que para evitarse otra noche como aquella era por lo que la había detenido… Simplemente, por no volver a quedarse con las ganas como siempre les pasaba, había preferido no hacer nada.

No había querido intentarlo tan siquiera.

Tragó saliva intentando ordenar sus propios pensamientos. Tenía que atender a la pequeña y no podía pasar más tiempo dándole vueltas a aquello o iba a acabar de nuevo disgustada. El cansancio del viaje y de no haber pegado ojo en toda la noche se notaba en ella, pero prefería no pensar en ello tampoco.

- Venga, Aiko… Vamos a cambiarnos que ya va siendo hora – le dijo cogiéndola en brazos con ella para poder ir hasta su habitación donde tenías todas sus cosas-. ¿Qué te vamos a poner hoy? Tienes más ropa que yo… ¿te parece bonito?

Intentar concentrarse en la pequeña iba a ser la mejor de las ideas sin duda, con ella siempre se evadía y aunque no podía ni entenderla ni contestarle, una de sus sonrisas o los simples ruiditos que hacía conseguían hacerla olvidarse de todo lo demás.


Natsuko estaba con el ceño fruncido mientras que sujetaba el teléfono en la mano. Sus ojos estaban posados en Hiroaki quien estaba sentado a su lado con la cabeza echada hacia atrás y apoyada en la pared.

- ¿Cómo vas? – le preguntó-. Es que no sé por qué te has empeñado en venir tú mismo hasta aquí… - protestó la mujer.

- Me duele mucho la cabeza. Ahora no, ¿quieres? – acabó por decirle, sin abrir los ojos todavía.

- ¿Quieres agua? – esperó a verlo asentir antes de ponerse en pie-. Vengo ahora mismo que la máquina está aquí al lado.

La mujer avanzó unos pasos por el pasillo, aprovechando ese momento para buscar el número del mayor de sus hijos en el teléfono, dándole al botón de llamada nada más encontrarlo.

- ¿Te he despertado? – fue lo primero que dijo nada más sentir cómo descolgaba.

- No, hoy entraba primero, estoy llegando al trabajo. ¿Pasa algo?

- He obligado a tu padre a venir al médico otra vez.

- ¿Ha empeorado?

- Anoche tuvo bastante fiebre y no me gusta nada esa tos que tiene. Ha venido protestando todo el camino pero yo me quedo más tranquila así. Seguramente tengamos para toda la mañana, hay bastante gente y entre que lo atienden y no…

- ¿Quieres que me pase por ahí?

- No, no. Ya te llamo yo cuando sepa algo. No te preocupes.

Colgando el teléfono, lo guardó en su bolsillo antes de marcar en la máquina la tecla para poder sacar la botella de agua volviendo a acercarse hacia Hiroaki con paso tranquilo, tendiéndosela.

- Toma… He llamado a Yamato.

- Te dije que no hacía falta…

- Hace falta. Eres su padre, te he traído a rastras al hospital para que te echen un vistazo. Fin de la discusión… Y bebe, que te va a venir bien.

Chasqueando la lengua ante la idea de tener que moverse, aunque fuera para coger el agua, alargó la mano y cogió la botella, necesitando que fuera Natsuko quien se la abriera para poder dar un buen trago.

- A ver si no tardan mucho en llamarte porque creo que te está volviendo a subir la fiebre…

No tardó demasiado en terminarse el agua, notando como le calmaba algo la garganta. Había protestado lo que había querido y más porque no necesitaba ir a ningún hospital… O más no tenía gana de ir. Le dolía todo el cuerpo y estaba lo suficientemente cansado como para que salir de la cama fuera una idea que no quería ni escuchar. Sin embargo, cuando Natsuko había insistido no le había quedado más remedio que ceder y así habían acabado allí. Notó la mano fresca de ella posarse en su frente, no tardando en ver como fruncía el ceño de nuevo.

- Sí que te está subiendo…


El rubio guardó el teléfono en su bolsillo sin tener demasiada buena cara. Había estado pendiente de su padre desde que había empezado a encontrarse peor. Por suerte, su madre se había ofrecido a cuidarlo mientras que estaba de cama, por lo que no había tenido que volverse loco para poder echarle un ojo con la niña también.

Le parecía muy bien que Natsuko se las hubiera arreglado para llevarlo de la oreja al médico. Sabía que habría protestado bastante pero al menos a ella le había hecho caso y todos se quedarían más tranquilos si le echaban un nuevo vistazo. Parecía que le había dado más fuerte de lo que todos habían esperado…

- ¿Problemas otra vez? – la voz de Mai lo hizo despertar de sus pensamientos.

- Sí… Pero no de los que tú crees – echando a caminar hacia ella, aceleró el paso-. Es mi padre, acaba de llevarlo mi madre de la oreja al médico.

- ¿Le pasa algo?

- Catarro yo creo… Pero ha empeorado y nos quedamos más tranquilos así – marcó la tecla el ascensor, apoyándose en la pared.

- Entonces seguro que no es nada… ¿Nada más?

- ¿Cómo que si nada más? ¿Te parece poco?

- Con la cara que me traes…

- Traigo cara de haber tenido un día movidito ayer haciendo de niñero de mis sobrinos y el hijo de un amigo… ¿Taichi? ¿Te acuerdas de él de la boda?

- Sí… - sonrió de una forma que no gustó demasiado a Yamato antes de verla coger su bolsa y salir del ascensor.

- No huyas ahora no…

- Bueno, ya era hora de que pudiera compartir anécdotas con tus amigos, ¿no? Ya que no me los presentabas cuando estábamos todavía en Tokio… Pues una tiene que buscarse sus formas…

- Mira, casi que mejor huye porque no quiero saber nada más de ese tema, no tengo ganas de tener pesadillas.

Mai empezó a reírse, entretenida al ver las caras que iba poniendo él. Sin duda eran dos fuentes de información de la vida de Yamato demasiado peligrosas como para poder hablar entre ellos sin que durase el pitido de oídos un par de semanas.

- ¿Ya ha vuelto Sora? – le preguntó al final.

- Anoche a las tantas, sí. La dejé durmiendo cuando me fui, no quise despertarla.

- ¿Todo bien en Kioto?

- Pues… supongo. Parecía de buen humor cuando llegó… - se revolvió el pelo de forma distraída.

- ¿Parecía?

- Anoche estaba en coma cuando ella apareció. Me quedé dormido con Aiko encima, no sé ni cómo conseguir arrastrarme hacia la cama…

- ¿No acabas de decirme que estuviste de niñero toda la tarde?

- Pues por eso… Esos tres niños juntos son el mal personificado. Tú hazme caso, llegué a casa que no me tenía en pie.

- ¿Cuánto tiempo tienen?

- Entre el año y los tres… El mayor tiene martirizado al pobre Gabumon. Ya desde que se conocen…

- Pues muy mal, porque con ese ser adorable no se puede meter nadie. Aunque bueno… con lo que los tengo visto dentro de poco va a tener quien lo defienda, a ver quién le toca al peluche a cierta niña dentro de un par de meses.

- Creo que es el plan que tiene: usar a Aiko para que lo defienda de esos seres terroríficos.

- Si aprende a poner tu cara de malas pulgas seguro que lo acaba consiguiendo…

- ¿Mi cara de malas pulgas? Tu espera que no herede la mirada de su madre de cuando está enfadada por algo. Eso sí que es más problemático y va a hacer que dejen a Gabumon en para lo que les queda.

- Así que con eso es con lo que te tiene tan bien domesticado…

El rubio se quedó mirando hacia ella, negando con la cabeza unos segundos y, sin poder evitarlo, echándose a reír a la vez que la piloto mientras que se perdían por el pasillo de camino a la zona de entrenamiento para poder empezar finalmente con la mañana.


Sora había decidido mantenerse ocupada para no seguir dándole vueltas en la cabeza a lo ocurrido. Había abierto la maleta y la había dejado encima de la cama, sacando poco a poco sus cosas. Colgó en una percha el vestido que había comprado para la boda de Haru por insistencia y órdenes de la propia novia. Lo observó unos segundos antes de decidir que era mejor continuar con la maleta.

Debería de tener más ganas de esa boda… Lo primero de todo por quiénes eran los novios y la ilusión que le hacía verlos por fin llegar a aquel punto, y lo segundo porque hacía demasiado tiempo que no iba a ningún evento. Sin embargo, aquella mañana lo único que tenía en la cabeza era que anoche Yamato le había dicho que se estuviera quieta.

Quieta…

- Deja de darle vueltas – se dijo a sí misma, entrando al baño para arrastrar con ella la cesta de la ropa sucia.

Empezó a tirar en ella toda la ropa que había usado esos dos días, evitándose así dar más paseos. Necesitaba distraerse, centrarse en lo que hacía y no darle más vuelvas a lo otro. Pero era totalmente incapaz de hacerlo. Estaba demasiado preocupada por la situación que tenían encima durante los últimos meses.

No era cosa de unos días, no, hablaban de meses. Meses de situaciones incómodas, enfados y malestares por parte de ambos que eran totalmente culpa de ella y que había terminado en que Yamato ni siquiera había querido intentarlo de nuevo. Cerró los puños con fuerza encima de la camisa que tenía entre sus dedos.

Siempre le estaban diciendo que no eran más que paranoias suyas pero había podido ver por fin la prueba. No eran tonterías, las cosas estaban así por su culpa y ahora tenía lo que se merecía. Podría comparar la situación de la noche anterior con otras muchas veces entre ellos antes del embarazo y eran como la noche y el día. Y ni siquiera podía intentar echarle la culpa a él porque si no insistía era por ella.

Resopló.

Estaba llegando al punto en el que sabía que se tomaba las cosas a la tremenda, pero no podía hacer nada por evitarlo. Estaba demasiado cansada de aquello y si ella lo estaba no quería saber lo que pasaba por la cabeza de Yamato. Miedo le daba preguntarle le forma directa como bien había hecho meses atrás durante el periodo de abstinencia impuesto por su condición médica tras el susto que les había dado Aiko. No se atrevía a formular la pregunta y hacerla en voz alta… Aunque quizás fuera a ser la mejor solución.

Quizás debería de armarse de valor y hablarlo de forma directa con él para evitar estar dándole vueltas sin parar durante todo el día. Quizás…


AnnaBolena04: seamos sinceros, si me hubiera puesto en plan caritativo con ellos y los hubiera dejado intentarlo,no sé yo qué tal le hubiera ido al rubio en esta situación, porque de verdad que parece que lo han dejado muy, muy muy en coma esos nenes. Que parece ser que son un poquito trastos y el pobre todavía se anda arrastrando por el mundo a la mañana siguiente sin tener ni la más remota idea de lo que se le viene encima al pobrecillo jajajaja

Y por otro lado pues tenemos a cierta pelirroja que, sin duda, es mejor que encuentre un entretenimiento rápido o esa cabecita suya echará más que humo en cualquier momento. Por no hablar ya de que parece que Hiroaki está un poco más pachucho de lo que apuntaba todo. Todos sabemos que iba a acabar llevándoselo Natsuko de la oreja porque sino seguiría en casa tranquilamente como si nada... A ver qué le dicen...

¡Besitos de tortuguita!

IreneFI: ¡Hola! Gracias por pasarte por aquí a dejarme una review. Me alegro de que te han gustado el resto de las historias. Esta parte no va tan definida ni encaminada como las tres anteriores, ya que le estoy usando como modo de transición entre unas y otras para poder ir haciendo algunas cosillas que me parecían importantes en el día a día de estos dos, así que ni siquiera yo sé hasta dónde y cómo voy a llegar xD

Muchas gracias de nuevo y, ¡un beso!

Guest Vecina: los monstruitos del mal van... Llenándome la clase. Yo de verdad que no los entiendo... No vienen durante el curso y me llenan la clase en vacaciones... Además, solo a mí, que el resto de mis compañeros si tienen a uno en toda la tarde pueden dar gracias. La cosa es no dejarme cogerme vacaciones a mí.

¿Tú crees que tengo yo pinta de ir a ser tan buena y tan caritativa? Creo que ya nos conocemos más que de sobra como para que empieces a olerte la que estoy liando poquito a poquito... Y que solo va a ser cuestión de tiempo que explote por varios frentes. Lo sabes tú, lo sé yo y lo saben las tartarugas jajaja No me molesto ya ni en ocultarlo, creo que tras este capítulo se me empiece a ver un poquito el plumero de la que se viene...

Normal, si es que seguro que estaban para foto, ahí los dos durmiendo en coma total y si los dejas hasta en la misma postura por eso de ser dos clones perfectos de la genética. Así seguro que da gusto llegar a casa y encontrarse eso. La pena es que a la pobre pelirroja le duró poco el modo fangirl.

Oficialmente me he quedado de vacaciones, así que espero que estés haciendo exactamente lo mismo que yo, vecina y te toques las narices a dos manos todo lo que puedas, que ya sé que los exámenes están cerca, pero hay que descansar un poquito. ¡Un bico grande!

PD: el siguiente capi es EL capi. Avisada quedas...