Abrió la puerta de casa sin hacer demasiado ruido, queriendo pillar por sorpresa a Sora ya que por la mañana no había podido hablar con ella siquiera. Sabía que todavía no se había ido al estudio ya que tenía intención de aprovechar para descansar, de manera que había decidido aprovechar que tenía algo más de tiempo para ir hasta allí.

Miró hacia su alrededor, dándose cuenta de que no parecía estar en el salón o en la cocina, aprovechando así para quitarse la chaqueta y descalzarse pudiendo así entrar tranquilamente. No tardó en ver aparecer a la pelirroja saliendo del vestidor, frenando en seco al verlo y poniendo cara de susto.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – alargó la mano hacia atrás, cerrando la puerta tras ella.

- Me han soltado primero – sonrió-. ¿Qué escondes?

- Nada de tu interés – se aseguró de haber cerrado mejor-. Iba a ponerme a hacer la comida, como no contaba contigo no tengo gana hecho…

- No te preocupes, no tengo prisa. Puedo ayudarte si quieres – se acercó hacia donde ella estaba-. ¿La niña?

- Está durmiendo en su habitación. Puedes ir a despertarla si quieres, ya es casi su hora de comer también – se quedó donde estaba, todavía sin moverse, esperando mientras que se acercó a ella.

- Pues mira, aprovecho ahora y mientras que tú terminas de hacer lo que estuvieras haciendo la entretengo yo y cuando te pongas a darle de comer ya me encargo yo de ir haciendo algo para nosotros, ¿qué te parece?

- Como quieras – sonrió ligeramente antes de echar a andar en dirección hacia las escaleras-. Los digimon están con Aiko, yo bajo enseguida…

Dicho aquello subió rápidamente los escalones sin dejar que hubiera llegado hasta donde ella estaba. Frunció el ceño ligeramente confuso, pero contando que la había visto cerrar rápidamente la puerta del vestidor supuso que algo tenía por ahí que no quería que viera y prefirió dejarlo pasar y hacer lo que había dicho.

Dirigió sus pasos hacia la habitación de Aiko, encontrándose a los digimon asomados a la cuna de la niña, mirando hacia ella y supo fácilmente que se había despertado ya. Se acercó hacia ellos, dejando así que la niña lo viera, dándose cuenta como se quedaba a medio bostezo y fijaba los ojos en su padre, sorprendida.

- ¿Qué? Después de dos días aguantándome de seguido ya pensabas que te habías librado de mí, ¿eh?

- Se despertó hace nada – le dijo su compañero-. Aunque se han pasado las dos bastante parte de la mañana durmiendo.

- Y yo entrando antes al trabajo, debería de parecerte bonito – cogió finalmente a la pequeña.

Le parecía muy bien lo que acababa de escuchar. Para que Sora no lo hubiera escuchado levantarse tenía que haber estado profundamente dormida y lo prefería así. Había llegado bastante tarde y debía de estar cansada. Él prácticamente no era capaz de poner en orden sus recuerdos de cómo había terminado durmiendo en la habitación. Cuando llegase de noche pensaba intentar recuperar un poco las horas de sueño porque sino le iba a esperar una semana muy larga.

Salió con la pequeña de la habitación al cabo de un rato, dándose cuenta de que Sora había vuelto a bajar y que estaba revolviendo por los armarios de la cocina.

- Mira Aiko, vamos a saludar a tu madre – comentó antes de caminar hacia ella-. ¿Te falta algo?

- No – contestó mientras que se estiraba para llegar a una de las estanterías de arriba-. Nada, ¿estaba despierta?

Asintió, teniendo que fijarse en que había algo extraño en todo aquello. Posiblemente siguiera cansada del viaje, pero estaba notándola algo apagada aquel día. No quiso insistir por el momento, pasándole a la niña cuando se acercó a él.

- Haz lo que quieras para comer, cuando termine con ella te ayudo – le dijo sin mirarlo demasiado directamente antes de salir hacia el sofá para poder acomodarse.

- Vale… - confuso, la dejó irse, siguiéndola con la mirada-. ¿Te he dicho que me llamó mi madre esta mañana antes de entrar al trabajo?

- No, ¿ha pasado algo? – preguntó tomando asiento y empezando a acomodarse.

- Se ha llevado a mi padre a rastrar al hospital a que lo revisen, me dijo que me llamaría cuando supiera algo.

- ¿Ha empeorado?

- Parece ser – se encogió de hombros-. Pero no me ha vuelto a llamar así que supongo que estarán todos hasta arriba como siempre.

Asintió, sin contestarle más, centrándose en la niña. Intentaba actuar con normalidad, pero no había sido capaz de quitarse esas ideas de la cabeza en toda la mañana, haciendo que su humor hubiera acabado volviéndose más apagado y distante. Aprovechó para desabrocharse los botones de la blusa e intentar centrarse únicamente en la pequeña, no queriendo llamar demasiado la atención de él.

Yamato se acercó hacia la nevera, prefiriendo hacer lo que había dicho, buscando qué podía hacer para comer decidiéndose por algo sencillo y empezando a sacar las cosas, dejándolas encima de la encimera. Cuando terminó de sacarlo todo, cogió también el material de cocina que pudiera hacerle falta e se puso a hacer la comida, lanzando miradas de reojo hacia la pelirroja, sin gustarle ni un pelo la expresión que tenía en la cara.

- Sora – acabó por llamar su atención-. ¿Estás bien? ¿Te encuentras mal o algo?

- No, estoy perfectamente – contestó sin levantar la mirada de la pequeña.

- Ya… Creía que estábamos intentando dejar esa manía tuya de tragarte las cosas de lado… ¿Qué pasa?

Guardó silencio, no porque no quisiera contestarle ya que sabía que iba a seguir insistiendo, sino porque buscaba la mejor forma de ordenar sus palabras en cabeza. Por suerte para ella, aunque sí que se le quedó mirando, no dijo más, simplemente esperando a que fuera ella la siguiente en abrir la boca.

- ¿Estás cansando de que sigamos intentando acostarnos y no seamos capaces? – acabó por soltar de golpe.

Al escuchar las palabras de ella, a Yamato se le escapó el tomate que estaba cortando de entre las manos, apareciendo en la otra punta de la encimera al ser incapaz de cogerlo. No había esperado que las cosas salieran por ese frente aquel día. Hasta dónde el sabía no había motivo alguno para que ella pudiera estar dándole vueltas en la cabeza a aquello, ¿verdad?

- ¿Qué? – llegó a articular finalmente.

- Lo que has oído…

- Pero… ¿A qué viene eso ahora? No lo entiendo. ¿Has estado dándole vueltas en Kioto al tema otra vez?

- No, pero es que me ha parecido más que evidente después de lo de anoche – levantó por fin la vista hacia él.

- ¿Lo de anoche? – arqueó ambas cejas-. ¿El qué de anoche, Sora? O hablas más claro o me parece a mí que voy a ser incapaz de seguirte…

- Yamato, por favor… - puso los ojos en blanco, volviendo a bajar la cabeza hacia la niña-. Creo que sabes perfectamente a lo que me refiero.

- No, no lo sé – dejó finalmente de intentar centrarse en terminar de hacer la comida-. ¿Qué se supone que he dicho o hecho anoche? Porque hasta dónde yo recuerdo estaba durmiendo en el sofá y cuando llegaste me fui a dormir a la cama. Fin de mis recuerdos de la noche anterior…

- Ya, evidentemente que seguiste durmiendo cuando nos fuimos a la cama – su voz sonó algo más cortante en aquella ocasión.

Guardó silencio, confuso. ¿De qué le estaba hablando? ¿Podría ser que se hubiera quedado dormido cuando estaban intentando hacer algo? No recordaba nada de todo eso y estaba seguro que de haber empezado… Se le habría pasado el sueño automáticamente. Posiblemente, con las ganas que le tenía, se le habría pasado el sueño para todo lo que quedaba de noche y entonces sí que se iba a ir arrastrando aquella mañana por los rincones.

- ¿Me quedé dormido? ¿En serio?

- No, Yamato, no te quedaste dormido.

- Entonces… de verdad que te pido que me lo expliques porque no te estoy siguiendo y por el enfado que pareces tener me gustaría saber de qué se me acusa si no es mucha molestia.

La escuchó chasquear la lengua, volviendo a centrarse en la pequeña unos segundos, dándose cuenta de que ya había terminado de comer y que simplemente la estaba mirando. Casi que era mejor así. Se tomó ese tiempo para dejarla echada en el sofá y colocarse de nuevo la ropa, agradeciendo ver cómo los digimon se iban rápidamente a vigilarla cuando ella se levantó con intención de acercarse hacia el rubio.

- Anoche tú mismo me empezaste a rondar diciendo que si no te pensaba saludar en condiciones y cuando intenté aprovechar que por fin parecíamos tener algo de tiempo para nosotros me hiciste parar y quedarme quieta. ¿Refresca eso tus ideas o tengo que hacerte un esquema?

Alzó ambas cejas, sorprendido. ¿De qué hablaba? Intentó hacer memoria para poder recordar de qué narices le estaba hablando. Sabía que se había quedado dormido poco después de echarse en la cama, de manera que, si de verdad había dicho o hecho algo, lo habría hecho más dormido que despierto.

- ¿En serio?

- No me pongas esa cara de no saber de lo que te hablo.

- Es que no me acuerdo de lo que me hablas – puso los ojos en blanco-. Pero evidentemente me había quedado dormido ya en el sofá cuando llegaste, ¿qué te hace pensar que no me estaba cayendo de sueño cuando saliste del baño? Sora hoy madrugaba más de la cuenta…

- Ya, como si eso te importara mucho a ti cuando de estos temas se trata y más en la situación en la que estamos… - habían tenido otras ocasiones en las que sabían que ambos tenían que madrugar y que intimar les iba a suponer apenas tener tiempo para dormir y aún así les había dado igual-. Dime la verdad.

- ¿Qué verdad? Te estoy diciendo que si de verdad te eché el freno anoche sería porque estaba más dormido que despierto, Sora… - la miró, poniéndose serio-. ¿De verdad? ¿La única conclusión que has sido capaz de sacar es que me he cansado de intentarlo contigo? ¿Es eso lo que me estás diciendo?

No obtuvo respuesta, notando como automáticamente esquivaba su mirada y se quedaba mirando hacia la nada, como si no se atreviera a formular la respuesta a la pregunta que acababa de hacerle.

- ¿La mejor conclusión que has sido capaz de sacar es esa? ¿Qué te crees que cuando no quiero seguir es por gusto o qué? Lo hago por ti, porque sé que aunque por ti podríamos seguir te dolía las últimas veces que lo hemos intentado. ¿Cómo narices quieres que siga así? No me he acercado más de lo justo a ti por eso mismo… ¿Y ahora me sales con que si me he cansado de intentarlo? – hizo una pausa-. ¿Si fuera al revés ya te habrías cansado tú? ¿Es así como has llegado a la conclusión?

- Claro que no, pero es diferente.

- No, no lo es – incrédulo, continuó mirándola aunque ella no hiciera lo mismo-. Venga, ya… Piensa un poco más las cosas, por favor te lo pido que esto es ya lo último que me faltaba por escuchar. ¿Sabes qué? ¿Por qué no te vas a prepararte para ir luego al estudio y así te despejas la cabeza un poco mientras que yo termino aquí?

Fue en ese momento cuando finalmente llevó la vista hacia él, estudiándolo. Estaba enfadado, se lo notaba en el tono y en el gesto, pero ya que habían sido capaces de sacar el tema de forma tan directa, prefería llegar hasta el final para, al menos, dejar las cosas claras.

- No me has contestado todavía a lo que te he preguntado – le dijo.

- Sora, ¿qué te quieres que te diga? Claro que estoy harto de quedarme con las ganas. Es muy molesto y sabes que no estoy hablando de anímicamente. Pero eso no quiere decir que no quiera intentar… Es absurdo, ¿de verdad me lo estás diciendo en serio?

El sonido del teléfono de él hizo que diera un respingo. Pensó en dejarlo sonar dada la situación, pero luego recordó que estaba esperando la llamada de su madre, por lo que buscó el aparato. Cuando vio el nombre de Natsuko en la pantalla intentó relajar el tono antes de contestar.

- Dime – contestó, antes de hacerle un gesto a Sora con la mano para que no dijera más.

La pelirroja se quedó mirando hacia él, sin saber muy bien cómo interpretar lo que estaba pasando. Ni siquiera era capaz de entender cómo se sentía. No sabía si seguía disgustada, enfadada o simplemente agotada de toda aquella situación en la que estaban metidos desde hacía meses.

Lo único que la distrajo fue ver la cara que se le quedó de repente al rubio, haciéndola desconectar de su hilo de pensamientos y quedarse mirando hacia él con el ceño fruncido hasta que colgó el teléfono.

- ¿Qué pasa? – le preguntó.

- Tengo que irme – contestó girándose para lavarse las manos-. Lo han ingresado.

- ¿Qué? – sorprendida, se acercó hacia él-. ¿Por qué? ¿No se supone que lo que tenía era un resfriado provocado por el aire acondicionado?

- Es un cabezota, si hubiera ido al médico primero en eso se habría quedado – fue hacia la puerta, cogiendo su chaqueta y empezando a calzarse-. Ahora resulta que podría ser neumonía… Me voy al hospital.

- Yamato…

- Mira, déjalo. Lo que sea que vayas a decir ahora mismo, déjalo. Te veo luego, tú no vengas, mejor quédate con la niña hasta que sepamos exactamente lo que pasa…

Dicho aquello, sin tan siquiera volver a asomarse a ver a la pequeña salió de casa con paso rápido. Sin duda aquello era lo que le faltaba para rematar una mañana perfecta…


AnnaBolena04: pues nada, aquí, disfrutando de un día libre de las vacaciones de semana santa... Algunos están por ahí de viaje, otros están durmiendo todavía o de comidas familiares y yo aquí, amargándoles la existencia a la pooooobrecitos Ishida mientras que me río maléficamente en mi rincón.

Posiblemente las neuronas que quedaban con vida en la cabeza de Yamato han muerto en este capítulo todas a la vez, está demasiado confuso como para entender tan siquiera qué ha hecho o de qué se le puede estar acusando para haber llegado a la conclusión a la que ha llegado Sora. Si es que el pobre estaba tan en coma que no recuerda ni cuándo se quedó dormido la noche anterior.

Y, ya sabes de quién es culpa lo de Hiroaki. Que-lo-sepas, y que lo sepa todo el mundo. ¡La culpa fue de Anna! Jajajajajaja Vete echando tú a correr también venga, que aquí hay que responsabilizarse de las acciones jajaja

Hoy te mando un beso de tortuguita, peor desde lejos, que me veo con algo de sombrero...

IreneFl: ¡qué mala! Jajajajajaja Que la pobrecita Sora no lo hacía queriendo, que era todo una conspiración de su cuerpo y - ahora más evidente que nunca - su cabeza contra ella. Que ahora pueda entender mejor todavía lo que pudiera pasar por la cabeza de Yamato en esas situaciones con la paranoia que se ha montado ella sola... Pues no te voy a decir que no. Y no creo que vaya a ayudar a la situación, nop.

¡Un beso!

Guest Vecina: de procesión veo que me vas a tener a mí jajajaja En mi defensa diré que, los que ya me conocéis, se podía oler perfectamente a distancia la que estaba tramando poco a poco y que era solo cuestión de tiempo que la cosa explotase. Bien, aquí ha explotado, y, como siempre, todo de golpe, que ya sabes que sino no me quedo contenta.

¡Oye! No te metas con los probrecitos nenes... No me los compares con esos seres del mal. Ni de casualidad llegan a ese nivel, tú hazme caso. Tengo un armario en mi aula y estoy haciendo colección en la parte de arriba de cosas que les quito, el otro día estaban usando las grapadoras los unos contra los otros... Y te hablo de los de 11 años. Lo mío son seres del mal más profesionales, mi típica frase cuando los dejo solos para ir a fotocopiar es "no os matéis mientras que estoy fuera".

A Sora bastante "bien" la habían estado tratando las hormonas en esta temporada, que son casi más malas después del embarazo que durante y ayudan de maravilla a que se tome las cosas a la tremenda y ella se monte una buenas películas que ni lo de la marvel. Que posiblemente les pasa eso en otro momento y se pasa dos días riéndose de él por estar así de acabado por culpa de cuatro nenes, de los cuales uno no anda solo del todo y la otra es un bebé adorable y no hace más que dormir. Peeeeero, claro...

Y no me estudies mucho que no es sano, un poquito de descanso que sino se te va a saturar la neurona y verás tú. Te dejo venir a perseguirme si quieres y así te aires de tanto estudiar... Ay jajajajaja ¡Un bico grande grande pero desde lejos a ti también!