La pelirroja había conseguido calmarse tranquila y solo entonces había conseguido echar a Taichi para su casa. Parecía no fiarse de ella sobre si de verdad se había calmado o si simplemente quería que la dejara sola.

En cierto modo sí que tenía ganas de estar sola, pero porque necesitaba terminar de pensar en lo que había pasado a lo largo de aquel día. Y, después de haber explotado cómo lo había hecho, notaba todo el peso de dos días acumulado encima de ella. La noche anterior no había podido dormir y ahora notaba hasta cómo se le empezaba a nublar la vista de lo agotada que estaba.

Se acercó hacia la habitación de la pequeña para echar un vistazo y comprobar que siguiera dormida. O al menos esa fue su intención inicial ya que después de quedarse unos segundos observándola acabó por cogerla en brazos para llevarla con ella a su cama. Aquella noche que iban a pasar solas prefería tenerla con ella por si se despertaba o algo y no la sentía.

Acabó por dejarla en la cama, en el lado en el que solía dormir Yamato, quedándose pensativa y decidiendo que ya que la niña no iba a poder verlo hasta la mañana siguiente quizás le hiciera bien tener algo suyo cerca. Se acercó hacia el armario donde guardaba el pijama y, tras coger la camiseta, la colocó al lado de la pequeña, prácticamente para que pudiera usarla como apoyo si se despertaba más tarde.

Con sumo cuidado de no hacer más ruido de la cuenta entró en el baño dejando la luz apagada a sus espaldas, aprovechando para lavarse los dientes y la cara antes de volver a salir. Ni siquiera se molestó en cepillarse el cabello, simplemente volvió a la cama metiéndose por el lado contrario a la pequeña, dándose cuenta cómo una de sus manitas se había cerrado sobre la prenda que ella había dejado junto a ella.

Sonrió ligeramente ante el gesto de ella, no pudiendo evitar el pensamiento de que quizás fuera algo que Yamato querría ver y no pudo evitar que la duda se apoderase de ella. Lo que habría hecho en cualquier otra situación sería sacarle una fotografía a la pequeña y luego enviársela a él automáticamente. El problema era que, tal y como habían terminado las cosas aquella mañana con ellos no se atrevía. Casi que prefería dejarla su espacio al rubio a sabiendas de que estaría enfadado y, desgraciadamente, lo estaría con todo el derecho del mundo.

Sin embargo, era Aiko y sabía que le gustaría verla.

Alargó la mano para coger el teléfono de la mesita, comprobando que no tuviera ningún mensaje nuevo más allá del que Taichi le había mandado minutos antes avisando de que ya estaba en casa junto con la amenaza de que más le valía a ella haberse metido en la cama ya. Sonrió muy ligeramente al leerlo, volviendo a mirar hacia la niña de nuevo antes de enfocarla y sacar la fotografía después de haber desactivado el flash.


Yamato estaba observando a su padre quien había vuelto a quedarse dormido. Sin duda, debía de estar verdaderamente agotado ya que nunca lo había visto dormir tantas horas seguidas como desde que se había puesto enfermo. Cualquier volvieran a casa pensaba tenerlo mucho más vigilado para asegurarse de que se recuperaba totalmente.

Desvió los ojos de él, retrocediendo hasta la ventana de la habitación quedándose así con la vista perdida en las luces de la ciudad. Al menos no estaban en una zona tan céntrica como en las otras ocasiones y el bullicio de las calles de Tokio no impedía que lo que le llegara a través de la ventana fuera una sensación de calma.

Había vuelto a estar dándole vueltas a lo que había pasado por la mañana con Sora y seguía sin saber demasiado bien cómo tomárselo. Sabía que todas esas paranoias no las pensaba realmente… O al menos eso quería creer, porque en ese caso la decepción sería porque ella en realidad no parecía conocerlo tanto como él pensaba. De verdad que esperaba que fuera todo derivado de las inseguridades con las que había estado cargando durante estos últimos meses y todos los problemas que habían tenido.

Sin embargo, no podía evitar sentir el resquemor con todo aquello. Y no tenía ni la más remota idea de cómo iba a reaccionar cuando al tuviera de nuevo delante. Se había quedado tan sorprendido horas antes que no había sabido casi ni qué decirle. Y la llamada de Natsuko con la noticia sobre Hiroaki no había ayudado. No estaba seguro de si necesitaba decirle cuatro verdades él directamente antes de que ella pudiera decir nada o dejarla sacar todo lo que tenía dentro de esa cabeza y luego ver lo que podía hacer con ello.

Resopló. Aquella noche se anunciaba larga. Dudaba que su cabeza fuera a darle tregua con lo que tenía encima. Al menos todo el mundo había estado tan centrado con lo de su padre que nadie se había dado cuenta de que pudiera pasarle algo más. Al menos a él, claro. Era plenamente consciente de que Taichi le había dicho que iría a buscarla cuando salió del hospital. Y estaba seguro de que ya estaría enterado de lo que realmente estaba pasando porque si de verdad Sora había conseguido engañarlo a él sería para pasar a los libros de historia. No tenía ganas de andar escuchando a nadie más meterse en todo aquello… Tenía casi tan pocas de ello como de lo contrario. Necesitaba también dejar salir aquello por alguna parte. Sin embargo, algo le decía que la persona indicado para hacerlo era la propia pelirroja.

Ese asunto tenían que arreglarlo entre ellos dos. Era a ella a la que tenía que decirle lo que pensaba y lo que le había parecido. No podía buscar desahogarse con alguien más porque, a fin de cuentas, ¿de qué serviría? No quería llegar con las cosas tan digeridas que ya casi dieran igual. No, quería arreglar las cosas de forma directa y comprobar que de verdad era todo una confusión tras otra y que ella realmente no pensaba aquello.

La vibración de su teléfono reclamó su atención, sacándolo y viendo que acababa de recibir un mensaje precisamente de Sora. Se lo pensó bastante antes de desbloquear la pantalla para poder leerlo, pero tampoco quería ponerla más nerviosa de lo que ya la había visto no leyendo sus mensajes.

Le cambió la cara automáticamente al ver lo que era. Nada más ver a la niña el hilo de pensamientos que estaba en su cabeza se esfumó. Estaba completamente dormida ajena a todo lo que pasaba a su alrededor. Le llevó unos segundos llegar a ver bien qué era lo que tenía con ella a causa de la oscuridad. Pudo llegar a reconocer su propio pijama y al ver la manita de Aiko cerrada en torno a ella acabó por sonreír.

Las palabras que acompañaban la imagen simplemente ponían "Alguien te echa de menos". Volvió a mirar hacia la fotografía, dándose cuenta de que estaba en su cama en vez de en la cuna y que dormía tranquilamente. No pudo evitar fijarse en que, a pesar de haberle mandado la imagen hacía prácticamente nada, Sora parecía no seguir en línea.

Levantó la vista hacia su padre, comprobando que estuviera completamente dormido de nuevo antes de resoplar. No sabía si debía de contestarle o no. Si no lo hacía seguramente la preocuparía, pero en caso de hacerlo tampoco sabía muy bien lo que debería de decirle. Volvió a mirar la imagen de la pequeña y optó por la mejor de las soluciones, llevar la conversación a terreno neutral.

"¿Qué tal se ha portado?"

Se quedó pensativo de nuevo, dejando el teléfono encima de la mesa a su lado. Si ella le contestaba ya vería lo que hacía, pero no volvía a salir en línea por el momento. Por la hora que era, quizás se hubiera quedado dormida.

Debía de haber sido un día complicado también para Sora. Si había llegado a esa conclusión la noche anterior, estaba seguro de que había pasado una noche de perros. Debería de decir que se lo tenía más que merecido por paranoica, pero no era su forma de ser. No al menos con ella. En el fondo le daba pena todo aquello, sabía las ideas que había estado rondando la cabeza de ella desde que habían empezado los problemas. Pero, ¿qué iba a hacer? Él se había hartado de decirle muchísimas veces que no era su culpa, que era una decisión que él había tomado y que no la culpaba por nada. Pero esas cosas eran demasiado Sora como para que pudiera evitarlo.

Sabía lo que había y que quizás debería de haber buscado reaccionar de otra forma, pero… Estaba en su derecho de tomárselo a malas. No era como cuando intentaban algo y al final él, debido a la frustración, reaccionaba de forma brusca o malhumorada. En esas ocasiones sabía que era mejor manejar la situación de forma más relajada y llevar las cosas por otro camino. Estaba vez estaba en su completo derecho de estar enfadado con ella. Directamente había puesto en duda cosas que nunca debería de haberlo hecho.

Resopló.


Cuando llegó a casa por la mañana abrió la puerta con sumo cuidado para no despertar a nadie. Se había ido del hospital cuando las enfermeras lo habían echado para poder atender tranquilamente a los enfermos. Por el momento parecía que su padre estaba estable, por lo que había cedido con facilidad y se había ido a casa.

Las luces estaban apagadas y la casa estaba completamente en silencio. Dio por supuesto que no se habrían despertado todavía. Dejó sus cosas en la entrada y con aire cansado, se quedó pensando en si subir a la habitación o no, no queriendo molestar a nadie, pero estaba lo suficientemente cansado como para querer ponerse el pijama de una vez y dormir un rato.

Dormir podía hacerlo en el sofá tranquilamente pero tenía todas sus cosas arriba. Resignándose, subió los escalones entrando en la habitación con sumo cuidado, comprobando que tal y como había esperado, Sora estaba completamente dormida con el teléfono no demasiado lejos de su cara. Estuvo a punto de reírse al imaginarse cómo había acabado ahí ya que ni siquiera había llegado a contestarle. Alargó la mano con cuidado y, tras darse cuenta de que se le había apagado a lo largo de la noche, lo dejó encima de la mesita.

Fue entonces cuando miró hacia el otro lado, comprobando que la pequeña estaba observándolo. Esa vez sí que dejó ir la sonrisa, olvidándose del cansancio y de todo lo demás, caminando hacia ella para que no empezara a hacer ruido. En vez de cogerla en brazos, se arrodilló en el suelo, quedando así a su altura, viendo que seguía apoyada en su camiseta tal cual había salido en la fotografía.

- ¿No te parece que eso te va a quedar demasiado grande? – susurró.

Llevó su mano encima de ella, moviendo así sus dedos para hacerle unas ligeras cosquillas en la barriga como tenía costumbre. Acabó por cogerla en brazos para poder salir de la habitación y no tener que ser cuidadoso para no despertar a Sora.


Abrió los ojos al sentir ruidos que venían de la planta de abajo. Confusa, sin saber qué hora era, miró hacia los lados, sin llegar tan siquiera a echar de menos a Aiko al estar completamente desorientada. Tardó unos segundos en ubicarse y alargar la mano para poder mirar la hora en su teléfono, dándose cuenta de que estaba apagado y que el despertador no había sonado.

Dio un brinco, quedándose sentada unos segundos antes de acercarse hacia su joyero en busca de algún reloj donde poder mirar la hora. Respiró tranquila al ver que, a pesar de todo, era temprano y que ni siquiera debería de haber sonado su alarma. El ruido de la cocina volvió a reclamar su atención, notando entonces que la niña no estaba en la habitación. Eso seguramente significaría que ya no estaban ellas dos solas con los digimon en casa.

Salió de la habitación, asomándose desde allí comprobando que su teoría cierta y que lo que la había despertado era Yamato, quien finalmente había conseguido ponerse el pijama y tenía a la niña en el sofá, atenta desde allí a sus movimientos. Bajó los escalones con calma, haciéndose notar finalmente con un carraspeo.

- ¿Cómo está tu padre? – daba igual que hubieran discutido, era la pregunta que debía hacer.

El rubio, quien no la había sentido acercarse, dio un respingo, girándose hacia ella con la sorpresa en la cara. Se tomó unos segundos antes de relajar el gesto.

- Estable. Le han controlado la fiebre ya – explicó.

- Me alegro.

Aprovechó para estudiarla con la mirada uno segundos, demasiado cansado para querer sacar cualquier tema entre ellos.

- ¿Vas a echarte a dormir?

- No. Tengo que ir a trabajar.

- ¿Qué?

Se encogió de hombros a modo de respuesta, apagando entonces el fuego. Se había desvelado cuando había bajando con la niña y no había conseguido dormid nada. Cuando se había acercado la hora se había puesto a hacerse el desayuno. En aquella ocasión había sido imposible poder coger unos días, de manera que era lo que le tocaba.

Sora se quedó observándolo sin saber qué decirle. Repentinamente se notaba mucho más cohibida de lo que había estado con él años, sin atreverse a abrir la boca prácticamente. La conversación que había tenido la noche anterior con Taichi la había hecho ver las cosas de otra forma y no sabía por dónde abordar el tema. Se mordió el labio pensativa, desviando la mirada hacia la pequeña.

- Oye – reclamó así su atención al cabo de unos segundos-. Yamato… Escucha…

- No – la cortó, negando con la cabeza-. Ahora solo quiero desayunar y darme una ducha. No tengo tiempo ni… ganas de nada más, ¿de acuerdo?

Sorprendida, terminó por asentir en silencio.


IreneFl: tampoco es que esos dos estén cortados por un patrón muy diferente, solo que Taichi tiene menos filtro jajajaja Así que le es sencillo saber lo que pasa por la cabeza del rubio. Yo creo que si le llega a dar la tan merecida colleja vendría hasta Toshiko a aplaudir - y a darle otra ella a Sora -. Que a ver qué tontería va a ser esta. Al menos parece que se le han reagrupado las neuronas y que es consciente de la que ha liado ella sola.

Ahora a ver cómo se las arregla para suavizar las cosas que parece que cierto rubio tampoco está demasiado por la labor en estos momentos de ponerse a arreglar nada. ¡Un beso!

AnnaBolena04: ¿qué decías de pobre rubio? Porque yo creo que vamos empeorando, que ahora sí que se ha quedado él solo con sus pensamientos. Por suerte, una foto de la nenita siempre lo arregla todo y ha servido para domar un poco esos pensamientos tan poco amables con todo en general. Vamos a tenerle un poquito de piedad a la pobrecita pelirroja, que al menos es plenamente consciente ya de lo que ha pasado, de lo que ha ocasionado y de que no sabe ni cómo salir de semejante lío por el momento. Al menos ha explotado con alguien y ha acabado volviendo a su versión con neuronas a la que nos tiene acostumbrados. Eso es todo un buen paso. Nos vale con que la colleja haya sido la madre de todos los sentimientos de culpa.

Pero menos mal que tienen una nenita que al menos consigue hacer que al rubio se le pasen los males rápidamente y se olvide de esos pensamientos feos que estaba teniendo. Mientras que con eso valga para calmar un poco los ánimos... Ahora bien, no creo que él haya pasado demasiada buena noche en el hospital al final. A ver si sigue vivo de aquí al final de la jornada laboral.

¡Un besito de tortuguita!

Ace Cornell: contando que el nene de Mimi he puesto que se llama Hiro, pues cada vez que le acortas el nombre al pobre Hiroaki me quedo un rato pensando que de qué narices hablas. Que lo sepas.

Una buena colleja o un librazo/carpetazo a tiempo siempre vienen bien y no se consideran violencia, tú hazme caso, que te hablo con experiencia en la materia. Que ya he dicho antes que si alguien viene a darle el collejón que se merecía, si es que no se lo da ella, acabaría viniendo la propia Toshiko a aplaudir por la hazaña, que se la tendría más que merecida por montarse semejante paranoia ella sola.

A ver, que Hiroaki estuviera mal no fue la sorpresa del mes, lleva mal muchos capítulos. Otra cosa es que alguien lo haya llevado de la oreja al médico de una vez y por eso lo hayan dejado ahí. Como mucho lo que habría podido pasar es que él hubiera acabado saltando por las tonterías que tenía que escuchar, pero yo creo que estarían más o menos en la misma situación y habrían salido las mismas cosas a la luz. Ya se verá cofcofcof

Un beso!