Toshiko se estaba riendo mientras que su marido se sentaba a su lado, observando curioso a su esposa sin saber muy bien lo que pasaba.

- Vamos a tener compañía hoy – le dijo girando la cabeza hacia Haruhiko unos segundos.

- ¿Compañía?

- Sí, creo que ya es hora que esos dos se tomen una noche libre…

- ¿Te ha dicho Sora que nos quedemos con Aiko hoy? – arqueando una ceja ante la noticia buscó a su hija con la mirada encontrándola no demasiado lejos de dónde ellos estaban con Yamato y la niña.

- No, pero como tengo ojos en la cara he visto cómo estaban esos dos y la convencí para que preparase cosas de más para la pequeña… Les hacía falta estar solos de una vez, Haruhiko.

- Hmmm… no quiero más detalles de eso. Pero me parece bien la idea de secuestrarles a la niña – sonrió-. ¿Voy yo a cogerla? Seguro que consigo que Yamato se quede más blanco de lo que ya es…

La mujer empezó a reírse, fijándose en que finalmente Sora se acercaba de nuevo hacia ellos con la niña con una ligera sonrisa en el rostro.

- ¿Qué tal la fiesta? – preguntó el profesor mirando hacia ella.

- Muy bien – asintió a sus propia palabras.

- Sí. Parece que os lo estáis pasando bien – comentó con el aire más inocente que pudo, quedándose mirando hacia ella.

- Nosotros ya nos vamos – dijo Toshiko colocándose al lado de su marido-. Y Aiko se viene con nosotros.

- ¿Cómo que…? – confusa se quedó mirando hacia su madre-. ¿Por qué?

- Hija… si te tengo que dar explicaciones es que eres menos lista de lo que yo creo. Haz el favor de disfrutar de la noche y de la fiesta que llevas unos meses malos… La niña se viene con nosotros, has preparado cosas más que de sobra para que no te necesite hasta mañana tranquilamente.

- Pero…

- Nada de peros. Fin de la discusión, ¿queda claro? Nosotros tres nos vamos con los digimon y vosotros dos aprovecháis de una vez que ya os va tocando.

- Hazle caso a tu madre, hija – le dijo Haruhiko acercándose hacia ella para coger a Aiko.

Posando a la pequeña en brazos de su abuelo, aprovechó para despedirse de su madre también con un beso en la mejilla, aún confusa, también antes de inclinarse hacia Aiko.

- Si llora dejadla echada sobre Gabumon ya veréis como se le pasa en segundos… - miró hacia ella distraída unos segundos y luego levantó la vista hacia su padre lo justo para verlo despedirse con la mano libre y la mejor de sus sonrisas irónicas de Yamato a modo de despedida-. ¡Papá!

- ¿Qué? ¿No puedo decirle adiós a mi yerno? Venga, fuera…

Negando con la cabeza giró sobre sus propios pasos finalmente prefiriendo ignorar a sus padres quienes parecían más que encantados con la idea de perderlos de vista y poder aprovechar lo que quedaba de fin de semana con Aiko.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó el rubio cuando llegó a su lado.

- Que se van y se llevan a la niña con ellos…

- ¿Se llevan a…? – miró hacia sus suegros sin entender gran cosa.

- Creo que somos más evidentes de lo que pesamos… Pero ellos se van y… Yo creo que nosotros podríamos hacer lo mismo. No creo que nos vaya a echar nadie de menos – sonrió ligeramente.

- No, yo tampoco lo creo – sonrió a juego con ella, haciéndole un gesto para perderse entre el resto de la gente por fin.

Yamato caminó al lado de Sora sin mediar palabra, caminando hacia el ascensor. Sora tenía con ella la llave de la habitación, ya que había llegado antes que él para poder ayudar a Haru a cambiarse. Era otro de los motivos por los que habían tenido que volver a la fiesta.

Ahora simplemente intentaba mantener la calma. Necesitaba que aquella vez todo saliera perfectamente o sino iba a terminar volviéndose loco. Llevaba demasiado tiempo echando de menos a la pelirroja en muchos aspectos. Había notado como se había ido recuperando poco a poco y ahora parecía que solo les quedaba ser capaces de superar la última barrera.

Tocó el botón de la planta en la que tenían la habitación esperando que finalmente la puerta del ascensor para mirarla de forma más directa. No dijo nada, simplemente alargó las manos y la giró de tal manera que quedó atrapada entre él y la pared.

Al contrario que cuando habían estado fuera de la fiesta, no tuvo tanta delicadeza a la hora de comportarse, llevando el beso a mayores directamente desde el principio, separándose solo de ella cuando la ausencia de aire fue más que notoria, haciéndolo mordiendo su labio con suavidad.

No la dejó reaccionar o responder a sus acciones, volviendo a buscar besarla con intensidad. No pensaba dejar que aquella vez nada pudiera meterse entre ellos y, tenía que reconocer que le estaban entrando las prisas. Había pasado demasiado tiempo esperando y necesitaba urgentemente poner solución al problema.

Las manos de Yamato se posaron rápidamente en el cuerpo de Sora, sin tantas delicadezas, recorriendo su figura con firmeza bajando hacia su cadera.

- ¡Yamato! – entre risas, protestó cuando sentía que la levantaba lo justo para poder apoyarla en la barandilla del espejo del ascensor.

- ¿Qué? ¿Molesto? – entretenido por su queja, sonrió antes de dejar un beso en su cuello.

Riéndose por su pregunta, estiró las manos para darle un tirón de la chaqueta y poder pegárselo de nuevo alcanzando así sus labios. Volvió a mover las manos por su cuerpo, viajado por el vestido de ella hasta colarse por dentro de la falda del mismo. Clavó la mirada en ella mientras que subía por sus piernas, acariciándolas hasta llegar a la altura de su cadera buscando así su ropa interior tirando suavemente de ella. Al alzar ella la cadera, tras adivinar sus intenciones, para permitirle quitársela la deslizó de forma lenta y tentadora hasta poder sacarla por los tobillos.

- Esto ya veremos si te lo devuelvo… - manteniendo la misma sonrisa de antes guardó la prenda en el bolsillo de su pantalón.

- ¿Vas a poner condiciones para que pueda recuperarlo? – enrojeciendo por la situación, sin poder evitarlo, aprovechó para alejárselo lo justo para colar una mano entre ambos empezando a tantearlo por encima de la ropa con suaves caricias.

Dejándola hacer, apoyó las manos a ambos lados de la chica, cerrando los ojos al sentirla empezar a jugar con la hebilla del cinturón siguiendo por el cierre del pantalón continuando con sus caricias.

El sonido del ascensor indicando que habían llegado a su destino hizo que se separasen, solo para sonreírse de forma cómplice y salir con paso rápido, aprovechando el camino Sora para buscar la llave para tenerla lista ya. Al igual que él, tenía demasiada prisa por poder terminar bien las cosas de una vez por todas.

Sin poder evitar que le temblase la mano por el nerviosismo, acercó la tarjeta hacia la puerta para poder abrirla finalmente, necesitando un segundo intento al no ser capaz de acertar en un principio. Escuchó la suave risa de él, girándose lo justo para verlo apoyado en el marco de la puerta atento a sus movimientos. Cuando el sonido de la puerta abriéndose reclamó la atención de ambos fue la pelirroja la primera en entrar.

La sonrisa volvió a dibujarse en su rostro cuando escuchó cómo Yamato cerraba tras él, necesitando tan solo unos segundos para sentir sus manos en su cintura para girarla y pegarla a él sin tan siquiera molestarse en encender las luces. Una mano se quedó en su espalda y la otra subió hasta su cuello, dejándola así sujeta mientras que la hacía retroceder para llegar hasta la cama. Intentó bajar la cremallera del vestido como pudo, sin conseguirlo demasiado, pensando que ya tendría tiempo más tarde.

La sintió revolverse, sin querer romper el beso, buscando con sus manos quitarle la chaqueta, con rapidez, empezando poco a después a pelearse con la corbata del traje que se había puesto en aquella ocasión, sin ser capaz de atinar a hacerlo debido a los nervios y a las prisas. Se separó ligeramente de ella cuando la falta de aire no le dejó más remedio, retirando sus manos de donde las había tenido para darle un ligero empujón y que cayera finalmente en la cama.

No perdió tiempo, quedándose apoyada sobre sus propios codos a la espera de que fuera junto a ella, dándose cuenta de que aprovechaba para librarse de la prenda con la que ella se había estado peleando antes, dejándola caer. Una vez que lo consiguió se acercó a ella, sin que le diera tiempo a hacer gran cosa, notando como se acababa sentando para quedar frente a él, yendo directa a librarse de los botones de la camisa sin conseguir hacerlo del todo al decidir que le corría más prisa bajar sus manos hacia el cierre del pantalón.

Le dejó espacio a Sora para que pudiera continuar con lo que estaba haciendo, aprovechando únicamente el momento para tirar de nuevo de la cremallera del vestido consiguiendo esa vez bajarla del todo. Apartó las manos para dejarla terminar de conseguir librarse de las molestas prendas, sin llegar a quitarlas porque eso implicaría perder tiempo, limitándose a dar un tirón de ellas hacia abajo.

Yamato llevó las manos al rostro de ella, sujetándola así unos segundos antes de besarla, descargando así en parte el ansia del momento mientras que poco a poco volvía a descender por su cuerpo sus manos, acariciándola hasta llegar a la falda del vestido, la cual apartó todo lo que la propia tela le permitió.

Se quedó mirándola así unos instantes, intentando centrarse y pensar con claridad. Recordaba perfectamente la situación en la que estaban y que tenían que tener cuidado con esos temas, que no podía dejarse llevarse sin más como hacía antes. Le hizo un gesto a la pelirroja ante su mirada interrogante, apartándose lo justo para poder alcanzar su chaqueta, buscando en su bolsillo la cartera. Semanas antes, cuando habían tenido aquella conversación, había tenido la que en aquellos momentos consideraba la mejor de las ideas de su vida, ya que no estaba demasiado seguro de ser capaz de echar el freno ahora.

Sacó finalmente lo que necesitaba de ella, viendo cómo el gesto de ella cambiaba, comprendiendo lo que pasaba y dejándole hacer sin prisas. Fue entonces cuando por fin volvió a hacer presión con su cuerpo sobre el de ella para que quedase tumbada, siendo solo consciente de que se había colocado en la posición correcta cuando sintió sus piernas enredarse con las suyas.

Separándose de sus labios, clavó su mirada en el rostro de su esposa. De todas las veces que lo habían intentado, solo la última vez había llegado a volver a reconocer el deseo en sus ojos, sabiendo entonces que todo iba perfectamente. No esperó más, ni siquiera dejándola intentar librarse de los últimos botones que quedaban sin soltar de su camisa, apartándola para quedarse entonces sujeto por uno de sus brazos, bajando el otro lo suficiente para acariciar la parte exterior de su pierna, hasta llegar a la altura de la cadera, momento en el que cambió de dirección hacia la cara interna, comprobando así que podía continuar, aprovechando el movimiento para acariciar de forma estudiada aquellas zonas más sensibles, escuchando como de los labios de ella salía un suspiro.

Sonrió antes de, finalmente, tomar posición, entrando en ella y quedándose quieto durante unos segundos, mientras que ambos cuerpos se adaptaban al contacto que durante tantos meses no habían podido llegar a sentir. Mantuvo los ojos cerrados mientras tanto, solo volviendo a abrirlos cuando por fin comenzó a moverse.

Limitándose a establecer un ritmo y no dejarse llevar únicamente por las ganas acumuladas durante todos aquellos meses y, especialmente, comprobar que de verdad todo fuera bien, tardó en relajarse unos segundos hasta que escuchó el primer sonido salir de los labios de la pelirroja. Sonrió ligeramente inclinando así su cabeza para dejar pequeños besos por su cuello, dándose cuenta de que gracias al movimiento de ambos el vestido había comenzado por fin a moverse al haber bajado él la cremallera. Con cuidado, dejó su peso algo más apoyado sobre ella, lo justo para poder deslizar uno de los tirantes por el brazo de ella, quien al darse cuenta se revolvió lo justo para hacer lo mismo por el otro. No se molestó en llegar a sacar los brazos de él, aprovechando esos segundos así sí para dar un tirón librándose así de los botones que antes no había podido terminar de soltar.

Enredó sus manos en el cabello de él, atrayéndolo así hacia ella, disfrutando del contacto de ambos, indicándole así que podía pegarse todo lo que quisiera, que no le hacía daño. Había pasado el tiempo prudencial más que de sobra como para tener que preocuparse por la cicatriz. Teniéndolo cerca pudo alcanzar así sus labios, no aguantando demasiado al necesitar aire debido a la situación, cerrando los ojos y quedándose abrazada a él.

- Yamato… - susurró su nombre a su oído, segundos antes de dejar la cabeza hacia atrás llevando las manos a sus costados y dejándolo tomar el control del todo.

Llevaba demasiado tiempo tan siquiera sin hacer vida normal y no quería que el cansancio en ella pudiera estropear el momento, por lo que simplemente dejó que fuera él quien continuara notando como poco a poco iba perdiendo el control sobre sus propias sensaciones, cerrando con fuerza sus manos sobre la piel de él por debajo de la camisa.

Él se dio cuenta de lo que pasaba, sin llegar a sonreír de esa forma suya tan característica porque le faltaba el aliento, únicamente limitándose a observarla. Si bien era cierto que había muchos motivos por los que estaba completamente enamorado de Sora, aquel siempre había sido un factor importante entre ellos y lo había echado demasiado de menos. En general la había echado demasiado de menos en muchos aspectos, y esperaba que finalmente fueran capaces de llegar a ese punto consiguiera dejar de lado sus inseguridades y miedos sin sentido.

Dejó los ojos fijos en ella mientras que todavía pudo continuar hasta que no fue capaz, perdiendo entonces la sujeción de sus brazos y dejándose caer encima de ella con suavidad. No tardó en sentir como los dedos de ella comenzaban a jugar con su cabello mientras que todavia intentaba recuperar el aliento ella también.

Cuando pudo hacerlo se incorporó ligeramente, encontrándose con los ojos canela de Sora y la mejor de sus sonrisas acompañando el sonrojo provocado por la situación. Sonriéndole a su vez, reclamó un beso mucho más lento y relajado que todos los anteriores.

- Qué raro… - acabó por murmurar Sora por lo bajo tras separarse.

- ¿Raro? – confuso, se quedó mirando hacia ella.

- Sí, raro… Con la mala suerte que tenemos últimamente solo faltaba que hubiera saltado la alarma de incendios – se echó a reír ante sus propias palabras.

- Aprende a apagarse sola por la cuenta que le traía… - intentó utilizar su tono más gruñón, pero no lo consiguió, contagiándose de la risa de ella.

Se dejó caer hacia uno de los laterales, quitando así su peso de encima de Sora, dejando la vista fija en el techo unos segundos, intentando recuperar del todo el ritmo normal de su respiración sin llegar a conseguirlo antes sentir como la mano de ella se posaba en su torso, acariciándolo con suavidad.

- Gracias por tenerme paciencia – le dijo por lo bajo haciendo que girase la cabeza hacia ella.

- ¿Yo a ti? ¿Tenerte paciencia yo a ti? – arqueó una ceja.

- Sí, tú a mí – sonrió, continuando trazando las formas del cuerpo de él con sus dedos.

Se quedó mirándola, pensativo. Sabía la respuesta que darle, pero también sabía lo que le iba a decir ella, de manera que prefirió simplemente limitarse a relajar de nuevo el gesto y observarla en silencio unos segundos.

- Podemos decir que estamos en paz en el tema de tenerle paciencia el uno al otro.

Confusa, se quedó pensado en sus palabras antes de tener que acabar volviendo a reírse acabando por incorporarse ante la atenta mirada de Yamato quien parecía no entender bien lo que pasaba.

- ¿Dónde vas? – le preguntó, sin intención de moverse de dónde estaba todavía.

- ¿Yo? – divertida, se giró hacia él-. Todavía es pronto… Y yo hace cinco meses que como no fuera gracias a mi imaginación poco más podía hacer…

Terminó de quitarse el vestido, sin importarle que quedara tirado en el suelo, volviendo a acercarse a Yamato, siendo ella ahora la que buscó quedarse con la posición de ventaja, inclinándose únicamente para volver a darle un beso.

- Tengo intención de aprovechar bien la noche si no te importa…


AnnaBolena04: oye, que la cosa no va de intentar ser más zombie que yo, que de verdad que no es una cosa bonita que copiar, que mañana es lunes y hay que sobrevivir a la semana. Yo no quiero ni pensar en ello todavía porque me voy a poner de malas pulgas que ni los vídeos de Husky bebés que he acabado viendo por buscar una cosa me van a servir.

Y... ¡puf! Por fin lo han conseguido. Los señores Ishida han conseguido POR FIN llevar las cosas a buen puerto y poder desquitarse. Se nota que han ido con prisas y con ganas contenidas, ya que sabemos que ellos dos no suelen ser de irse tan directos, pero está claro que tienen toda la excusa del mundo porque son muuuuuuuuuuuuchos meses y muuuuuuuuuuuuuchos intentos fallidos.

Toshiko, encantadora, como siempre, secuestrándoles a la nenita y llevándose al suegro de la oreja para que no dé la lata y no aterrorice él solo al yerno que en estos momentos se le necesita para otra cosa de la cual él no quiere saber nada de nada de la renada jajajajaja

¡Un besito de tortuguita enoooorme! Y abanícame a las tortugas que... cuando digo que los Ishida vuelven a estar en activo... Por algo será cofcofcof

Guest Vecina: sí, lo peor que me "pasó" fue que como ando con catarro y para encima vivo con sinusitis, pues ese día no fue el mejor del año más allá del susto por el humo y eso. Si es que yo no entiendo cómo la gente puede ser tan retrasada de ponerse a hacer trabajos con fuego/humo - dicen que fue un apicultos - en un día con alerta por posibles incendios. Tienen que hacerlo queriendo, es que no hay otra.

Y sí, no te digo yo que no me venga como secuela laboral, porque nunca me han entusiasmado, pero ahora mucho menos. Aunque quiero crees que de tener yo alguno de esos seres no sería tan... ser del mal como lo que veo a diario, que el principal problema son los padres y lo hiperconsentidos e ignorados que los tienen. Pero como ya nos tiramos de los pelos por semana en el trabajo por la estupidez parental, no te aburro con el royo vecina jajajaja Vamos a quedarnos en que si igual me viene ese rubio a buscar a su nena peque a la salida de clase igual sí que tengo que ir a buscar el abanico.

Y hablando de abanicos, je... Mira, del calor infernal nos estamos librando porque hace muchísimo viento, pero en cuanto para es que está para sacar al ropa de verano. Yo ayer que fui a comer fuera de casa y que me tuve que meter una buena caminata al mediodía para llegar a tiempo llegué asada cual pollo. A ver mañana que el camino al trabajo es cuesta arriba y cuando entro a las 4 es para morir.

Y... ¿quién ha dicho calor? ¿Quién ha hablado de madres observadoras? Ahí tenemos tanto lo uno como lo otro. Y así... como dato extra, estuve tentada de poner que de verdad les saltaba la alarma de indencios y luego, en medio del capítulo, poner que era broma jajajaja Pero le tengo aprecio a mi vida, así que ya sabes de dónde viene el comentario de él al final. ¡Por fin han conseguido salir de la sequía! Ya iba siendo hora de que alguien - cofcofcof - dejara de hacerles la puñeta, que se lo han más que ganado. Y con la aprobación de la suegra ni más ni menos jajajaja

¡Un bico enorme vecina y ánimo mañana! Abanícame a las tartarugas o pónmelas al aire, que como os sople tanto como aquí os va a servir.