Haruhiko había acabado por llevarse a su nieta con él, quedándose sentado en el sofá con ella echada al lado, jugando con ella con uno de sus muñecos. Habían sido muchos los años que se había perdido de la vida de su hija y ahora que estaba de vuelta en Tokio, cada vez que lo dejaban con Aiko pretendía aprovechar todo lo que pudiera.

Siendo plenamente de las intenciones de Toshiko cuando le comentó que ellos dos se iban con la niña no había protestado de ninguna de las maneras. Era la excusa perfecta para poder pasar más tiempo con la pequeña. Y, al igual que su mujer, había sido capaz de darse cuenta de que las cosas parecían estar algo tensas entre Sora y Yamato desde hacía una temporada, por lo que dejarlos solos en la fiesta había sido buena idea. No quería saber más, su hija ya era mayorcita para dedicarse a montar el drama con esas cosas. Otro asunto diferente era lo divertido que podía resultar ver como su yerno perdía el poco color que tenía en la cara cada vez que le lanzaba alguna mirada sospechosa.

- Manda narices que tu padre se asuste de mí… -le dijo moviendo el juguete delante de los ojos de la pequeña.

- Creo que se asusta más de Toshiko – contestó Biyomon quien se había quedado sentada al lado de ellos, observándolos.

- Cualquiera se asusta más de Toshiko que de mí, eso no es ninguna novedad – contestó levantando la vista hacia ella-. ¿Dónde está Gabumon?

- Él no se asusta de Toshiko – contestó antes de volver a mirar hacia el bebé, la cual había empezado a hacer ruiditos para intentar llamar así la atención de su abuelo y que le dejara coger el juguete.

Volviendo a prestar total atención a la niña, sonrió. Posiblemente fuera el hecho de que era la primera nieta que le daba su única hija, pero aunque apenas tuviera unos meses de vida, aquella niña se lo había ganado por completo desde el primer momento en el que había posado la vista en ella. Dejó que cogiera finalmente el juguete, sonriéndole.

- Se te cae la baba… - la voz de Toshiko lo sacó de su ensimismamiento con la pequeña.

- Mira quién fue a hablar… ¿Hemos sabido algo de los desaparecidos?

- Sí, me acaba de llamar Sora. Viene Yamato a por la niña… - observó la cara que ponía él, acabando por mirarlo de forma significante-. No, deja al pobre en paz. Ya se aterroriza bastante él solo con… No quisiera saber exactamente con qué. Nuestra hija sonaba de buen humor y créeme, sea lo que sea lo que les estuviera pasando estos días atrás, parece que les ha pasado.

- Pero, ¿cómo puedes estar tan segura de que les pasaba algo?

- Porque esos dos cuando quieren son la cosa más pegajosa que pisa este planeta y el otro día cuando estaba en casa con ella y llegó él tu hija poco más y no se atrevía a mirarlo directamente.

- Pues era Yamato el que estaba enfadado con ella – Biyomon revoloteó llamando así la atención de la niña, distrayéndola-. Y según Sora tenía toda la razón para estarlo.

No esperando escuchar aquello, el matrimonio cruzó una mirada, confusos. Toshiko había notado a su hija algo cabizbaja el día que había estado con ella, pero no se había podido imaginar que la cosa fuera tan delicada. Cuando se dio cuenta de que su marido parecía querer aprovechar para que el ave sabía cosas para preguntar, negó con la cabeza.

- Bueno, que se arreglen entre ellos que no les va a venir bien discutir un poco. No se van a morir por salir de la burbuja de recién casados – comentó la mujer tomando asiento finalmente al lado del bebé-. Biyomon, tienes a tu amigo fuera comiendo porque me dijo que tenía hambre. Si quieres aprovechar he sacado para los dos, venía a avisarte.

- ¡Será traidor! ¡Se lo va a comer todo! – saliendo revoloteando de allí dejó solos a los abuelos con Aiko.

Toshiko sonrió a la pequeña, acercando su mano hacia ella para acariciar con sumo cuidado su redonda mejilla.

- Déjalos estar, no seas cotilla. A saber lo que les pasará… Y no creo que sea asunto nuestro.

- No iba a decir nada – alzó las manos en gesto de defensa-. En serio…

- Ya… Que nos conocemos a estas alturas – riéndose, prefirió centrarse únicamente en la pequeña viendo como su marido se unía a ella.

Yamato había dejado a Sora en casa. Cuando habían salido del estudio, habiendo aprovechado para comer allí tranquilamente sin que nadie más pudiera molestarlos, se les había hecho lo suficientemente tarde como para querer irse a casa. Habiendo notado a Sora especialmente cansada a esa hora del día, se ofreció a ser él quien fuera a buscar a la niña.

Había acompañado a la pelirroja hasta casa y la había dejado murmurando algo de que pensaba ponerse el pijama más cómodo que tuviera. Se había ido riéndose de ella antes de que le tirase uno de los cojines del sofá a la cabeza.

Estaba de especial buen humor, no solo porque hubieran sido capaces de poder terminar lo que tenían pendiente desde hacía tanto tiempo, sino porque realmente parecía que las cosas volvían a la normalidad. Se había dado cuenta de que la forma de comportarse de Sora en los últimos días había cambiado y sí que parecía mucho más tranquila. Hacía tiempo que no la pillaba mirándose en el espejo con mala cara por lo que estaba viendo. Sabía que había vuelvo poco a poco a ser ella misma, y que simplemente aquellos días atrás había estado apagada era por el problema que habían tenido entre ellos.

Quizás deberían de sentarse y hablar de forma más seria del tema, incluso comentarle que creía que el problema podía venir por parte de las hormonas, pero no estaba seguro de si sería una buena idea o si simplemente debería de dejarlo pasar ahora que estaba todo bien. Por el momento se quedaba con verla volver a ser ella y, parecía que por fin volvía a serlo.

Cuando llegó a casa de sus suegros llamó al timbre, tardando unos segundos en sentir unos pasos acercándose rápidamente y viendo como la puerta se abría dejando a la vista un cuerno dorado.

- No me lo digas, ¿me has echado de menos?

- No, Toshiko me ha dado de merendar hace un rato – dejando la puerta abierta, volvió a acercarse hacia la mesa y a subirse a la silla en la que había estado.

Puso los ojos en blanco, diciéndose a sí mismo que debería de estar acostumbrado a esas cosas antes de entrar y cerrar tras él.

- Yamato – la voz de su suegra reclamó su atención, saludándolo-. ¿Qué tal todo?

- Muy bien, gracias – sonrió acercándose hacia ella-. Sora está en casa, dijo que quería ir preparando la cena y demás… ¿Qué tal se ha portado la niña?

- Ah… Aiko es un amor. El problema lo tenemos con su abuelo que como siga babándose así con ella va a perder todo el respeto – señaló hacia la habitación con la cabeza-. ¿Quieres tomar algo?

- No, gracias… Aunque ya veo que otros dos que yo me sé sí que lo han estado haciendo. ¿Ha querido comer bien?

- Perfectamente, nunca me ha dado problemas para querer comer del biberón.

- Pues has tenido suerte, porque estos días solo con ella en casa sí que me los tiene dado a mí…

- Porque eres un inútil y le estabas dando el biberón que era – dijo Gabumon desde la mesa.

- Tú sigue, que hoy te quedas a dormir aquí…

- No se lo digas dos veces, que Toshiko lo tiene demasiado consentido y seguro que lo considera una mejora – apareciendo finalmente con el bebé en brazos, el profesor salió de la habitación-. Hola Yamato – saludó.

Automáticamente la niña se dio cuenta de que estaba allí el rubio buscándolo moviendo muy ligeramente su cabecita hacia los lados intentando dar con él a la vez que se revolvía entre los brazos de su abuelo.

- Primero tu madre y ahora tú… Si es que no sé qué te ven para venderme con tanta facilidad… - bromeó acercándose hacia él para que Aiko pudiera ver a su padre finalmente-. Mira, ahí lo tienes.

Yamato sonrió al ver cómo la pequeña quería buscando de todas las formas que podía y que empezaba a intentar llamar su atención para que fuera él quien se acercara acabando por alargar los manos para poder cogerla y dejarla frente a él teniendo cuidado.

- ¿Qué? ¿Me has echado de menos? – en vez de cogerla para simplemente mantenerla en sus brazos, la apoyó contra su hombro para que quedara haciendo contacto completo con él, dejando una mano en torno a ella y la otra tras su cabeza.

Toshiko sonrió abiertamente al ver la escena, dándose cuenta de que por mucho que su nieta se alegrase de verlo, la cara que se le había quedado a él era totalmente diferente a aquella con la que había llegado. Seguramente si se empeñaba podría sacarle alguna pega a su yerno, pero, sin duda, la forma en la que se comportaba con su familia no sería nunca jamás una de ellas. Se fijó en que en la cara de él acababa apareciendo una sonrisa y entonces pudo ver que las manitas de la niña se habían cerrado en torno al fino jersey que llevaba puesto.

- ¿Has sabido algo más de tu padre? – preguntó Haruhiko.

- Ahora mismo está enfermo, pero de las ganas que tiene de salir del hospital y de ver a la niña… De la neumonía está prácticamente recuperado. Espero que mañana que le den el alta…

- Esperemos… Cuando esté en casa y mejor ya nos pasaremos por allí un día a verlo.

- Sí, porque ahora mismo en el hospital está completamente insoportable. Posiblemente le entre un ataque de "celos" cuando se entere de que Aiko ha pasado la noche aquí. Lleva sin verla más de una semana… Casi dos.

- Algo de ventaja tendré que tener con él – acabó por responder el profesor.

- Deja de distraer a Yamato, ¿no ves que debe de tener gana de irse a casa? – intervino Toshiko-. Ignora a este pesado… Además, seguro que Sora se muere de ganas de ver a la pequeña y esta señorita no va a tardar demasiado en pedir comida.

Teniendo que darle la razón a su suegra asintió mientras que se reía. Lo cierto era que ella tenía toda la razón y que estaba seguro de que la pelirroja se moría de ganas por tener a la niña en casa a su lado. Pudo ver como su suegro desaparecía para volver segundos más tarde con el portabebé.

- Dile a Sora que tiene que pasarnos todas las fotos de ayer. Sobretodo las de esta señorita con su abuela, que de esas quiero poner una bien en grande en casa…

- Sí, ahora sigue intentando arreglarlo – dijo Toshiko antes de desaparecer riéndose por lo bajo para recoger todas las cosas de la pequeña.

- Cuando las tengamos todas ya le diré que os avise y podéis venir a verlas tranquilamente – asintió, aprovechando para colocar a la pequeña-. Nos vamos a casa, ¿si? – movió sus dedos sobre ella, haciéndole así cosquillas en el barriguita antes de terminar de abrochar las sujeciones-. ¿O te quieres quedar con los abuelos?

Dándose cuenta de que ya estaba casi todo listo para que él se pudiera ir, los digimon se acercaron también, colocándose no demasiado lejos de la niña, esperando para poder irse a casa. Cuando Toshiko volvió con todas las cosas de la pequeña, no quedó nada más pendiente.

- Muchas gracias por haceros cargo de ella – dijo Yamato finalmente.

- Vosotros dos podéis empezar a desaparecer todos los sábados que os venga en gana y dejarla con nosotros, que no tenemos problema con eso… - riéndose por lo bajo, la mujer se inclinó hacia la pequeña para darle un beso en la frente-. Saluda a Sora de mi parte.


AnnaBolena04: si es que están los dos de muy buen humor, es normal que se dediquen a picotearse el uno a la otra. Y normal que Yamato esté con la sonrisa Ishida de medio lado, que la pobrecita Sora parece estar cansadita y con motivo. Que la venganza que haya recibido por reírse de ella haya sido tener que ir él a por la nenita y a verle la cara a los suegros los cuales saben perfectamente lo que han estado haciendo... Pues allá él y sus paranoias jajaja

Haruhiko y Toshiko estaban demasiado ocupados babándose con Aiko desde el día anterior. Y el abuelo tiene que aceptar que hay otro chico en la vida en sus señoritas favoritas, que no puede hacer gran cosa para arreglarlo. Pero al menos mientras que sea el rubio ese tonto que tiene por yerno no va a hacer mucho problema. Puede sobrevivir a ello.

¡Un besito de tortuguita!

IreneFl: la parejita se tenía ganas ya, que ha sido mucho tiempo esperando... Medio año, ni más ni menos. Además, está claro que la peor tanda ha sido la del final en la que físicamente podían pero el Universo conspiraba en su contra. Menos mal que parece que van con las pilas cargadas y con ganas de recuperar el tiempo que han perdido sin motivo. Conociéndolos seguro que están a la altura de la situación sin duda alguna.

¡Un beso!

Guest Vecina: ¡bien! Ya ha pasado al menos. Ahora voy a decirte la tontería de turno: intenta no pensar en ello hasta que te llegue la nota. Jajajaja Menos mal que no nos conocimos en mi época estudiante porque esos días posteriores a un examen en los que me llegaba algún e-mail poco más e iba el móvil por la ventana del hiperinfarto que me había dado aunque fuera publicidad de la cutre. Así que intenta no pensar mucho en ello y disfruta de unos días de descanso, que te lo has ganado.

Ya están con esa forma de ser entre ellos tan suya, sí. Y los abuelos están más que encantados de hacerles de niñeros el tiempo que haga falta y luego poder reírse un poco del yerno ese que tienen, que para eso sirve bastante. Parece que las aguas llegan calmadas por fin.

Y, hemos vuelto también a la época en la que me preguntas cosas que justamente se explicarán en capítulos siguientes jajajajaja No, no ha quedado aparcado, ya lo verás, lo que pasa es que estaban más centrados en que no se les muriera la novia de la boda, ni Hiroaki en el hospital, ni ellos mismos de la frustración que arrastraban ya.

El teórico de maravilla, tuve alguna que otra aventura siniestra - acabé haciéndolo en papel jajajajajaja - pero nada, todo bien y ya llevo unas cuantas clases encima. La ruina que se viene llamando y tal... Pero bueno, te compro lo de la libertad. Aunque para tener liberta también habría que tener tiempo para disfrutarla - se va a llorar a su rincón mientras que sigue apuntando sus horarios para las semanas que vienen-. Al menos es un trámite que me voy quitando de en medio...

Voy a ver si termino de escribir la trastada que dejé ayer a medias, que hoy llevo desde las 8 de la mañana corriendo de un lado para otro y acabo de sentarme pacíficamente y en calma por primera vez en el día.. ¡Un bico enorme vecina! Y de verdad que espero que te hayas quitado el lastre de encima de una vez.