Cuando Yamato se había ofrecido a ir él a por la pequeña no había podido decirle que no, agradeciendo la idea de poder quedarse en casa y ponerse tranquilamente el pijama. Estaba muy cansada, eso no lo podía negar. El día de ayer había sido muy largo. Se había levantado temprano para poder dejarlo todo listo antes de ir a ayudar a Haru, luego con los nervios de una y los histerismos de otra había acabado llegando y a la ceremonia algo cansada. Era la primera vez que acudía a un evento de ese tipo desde hacía meses y lo había notado, especialmente cuando había tenido un cambio de planes al final y cuando había tocado la cama no había sido para dormir precisamente.

Sonrió ligeramente ante esa idea, dejando que algunos recuerdos de la noche pasada acudieran a su mente. Al final había pasado exactamente cómo y cuándo tenía que pasar, no porque ella forzara las cosas o sintiera que tenía la responsabilidad de hacer nada. Lo único que podía haber hecho para provocar la situación había sido la elección de vestuario por su parte, pero, ni siquiera había sido elección propia. No se podía decir lo mismo de Yamato, quien había acertado de forma bastante directa con lo que se había puesto. Seguramente lo habría hecho queriendo, a sabiendas de que a ella le gustaba cómo le quedaba ese color, pero, contando que ya había dado el caso por perdido y que más o menos el efecto era el mismo se pusiera lo que se pusiera no podía considerarlo tampoco como un intento de forzar las cosas.

La gran diferencia que sí que había notado había sido el humor de él desde que se lo había cruzado en la ceremonia. Posiblemente estuviera derivado de que a su padre le podrían dar el alta el lunes, pero… Aunque eso sin duda hubiera ayudado bastante durante la semana, no debería de haber sido suficiente para el cambio de actitud con ella tan radical. Y no estaba teniendo en cuenta cómo se había comportado con ella una vez que por fin hubieran conseguido no quedarse con las ganas ninguno de los dos, sino mucho antes. Desde que había buscado su mano cuando se habían sentado entre los invitados durante el enlace…

Ella no era consciente de haber hecho absolutamente nada para arreglar las cosas. Sabía que lo había hecho mal y que estaba en todo su derecho de estar enfadado con ella. se había disculpado y sin más, había dejado que él tuviera su espacio para poder reaccionar como quisiera. El día que la niña se les había echado a reír había suavizado mucho las cosas, pero aquello había sido un arreglo momentáneo. Por mucho que fuera capaces de sacarles una sonrisa en cuestión de segundos, no era el borrador mágico para todos sus problemas.

Quizás debería de haber con él de forma más detenida de todo aquello antes de que pudiera surgir algún tipo de malentendido.

Volvió a la realidad al escuchar el sonido del teléfono. Le costó ubicarse, teniendo que dar un par de vueltas en torno a sí misma antes de darse cuenta de dónde lo había dejado y salir corriendo a por él antes de que la llamada se cortara. Sonrió al ver el nombre en la pantalla descolgando automáticamente.

- Pero bueno, ¿tú no tienes nada mejor qué hacer que llamarme a mí?

- Traidora… Tú lo sabías – dijo la voz de Haru al otro lado del teléfono-. ¿A que sí?

- No sé de qué me estás hablando… - riéndose, decidió ir a sentarse en el sofá para estar más cómoda-. No te creas que soy tan traidora, se lo sonsaqué hace un par de días cuando me olió demasiado raro que os fuerais la propia noche de la fiesta. No me había dicho nada a mí tampoco… ¿Qué has hecho con él ya?

- Está en la ducha, hemos llegado hace un rato y como me aburro decidí llamarte ya que alguien desapareció misteriosamente y no pude despedirme de ella…

- ¿Te gustó la sorpresa? – llevó el tema a lo que realmente le interesaba.

- Casi me lo cargo… ¿Te parece normal callarse algo así? Y yo tragándome que estaba con sus padres y dándome pena porque lo tenían agobiado… ¡Si lo sabían hasta mis padres! En cuanto vuelva que sepas que vas a estar secuestrada para que vengas a verlo…

- Sí, ya lo había amenazado yo con eso a él, tranquila – se rio.

- Está todo patas arriba, pero… Sí, claro que me gustó. No me podría imaginar otro sitio mejor dónde pasar la noche…

- Mira qué vocecita me pone aquí la que no se quería casar de ninguna de las maneras cuando le preguntábamos no hace tanto tiempo…

- Sora, no empieces. ¿Y tú qué? ¿Algo que contar? Porque con la cara de perrito abandonado que llevas toda la semana la desaparición de anoche fue más que sospechosa…

- Ya te lo contaré todo bien a la vuelta, ¿de acuerdo? Pero está todo de nuevo perfectamente… - sonrió aunque no pudiera verla-. Tengo un montón de fotografías que pasarte, así que cuando tenga tiempo las paso al ordenador y te las mando por correo.

- ¿Y la cosita?

- ¿La cosita? Pues… Debe de estar al llegar. Ayer me la robaron mis padres para que Yamato y yo pudiéramos quedarnos más tiempo en la fiesta sin que ella se cansara. Así que he echado a su padre para que fuera a por ella que nosotros acabado de llegar a casa…

- ¿Acabáis de llegar a casa? ¡Sora! ¿Qué habéis estado haciendo vosotros dos exactamente hasta esta hora?

- Ja… Qué simpática ella – aunque no pudiera decir que estaba demasiado desencaminada-. Hemos estado en el estudio dejando bien colocado cierto vestido para que no se arrugase y bien a la vista.

- ¿Dónde lo has puesto?

- Ya lo verás cuando vuelvas… - escuchó cómo al otro lado de la línea se escuchaba la voz de Andrew finalmente de fondo -. Saluda al recién estrenado Sr. Haru de mi parte, y venga, vete con él que ya tendremos tiempo para cotillear cuando vuelvas, ¿de acuerdo?

Echándose a reír al escucharlo decir que la estaba escuchando por detrás, dio por terminada la llamada tras despedirse también de Haru. Prácticamente como si se hubieran puesto de acuerdo escuchó el sonido de la puerta de casa abriéndose, girando la cabeza de forma automática hacia allí viendo aparecer primero a los digimon y luego a Yamato. Se puso en pie automáticamente, yendo a buscarlo, pasando por al lado de los compañeros de ambos y saludándolos con una caricia antes de llegar por fin hasta él.

- Shhhh – la cortó antes de que pudiera decir nada-. Se me ha quedado dormida en el trayecto – habló bajando el tono, moviendo con cuidado el portabebés de tal forma que Sora pudiera cogerlo y llevarse a la pequeña con ella.

Amplió su sonrisa del todo, cogiéndola con sumo cuidado y dejándola encima de la mesa de la cocina quedando así mejor a su altura, observándola. Se notaba que había pasado todo el día con sus padres, los cuales seguramente habrían estado llenándola de mimos y atenciones. Ni siquiera estaba vestida con ropa de calle, sino que llevaba puesto el pijama que ella había metido en la bolsa. Había echado de menos a su pequeña.

Sintió las manos de Yamato posarse en su cintura, quedándose detrás de ella así y asomando la cabeza por encima de su hombro haciendo exactamente lo mismo que ella, observar a la pequeña. Se reclinó hacia atrás, usándolo a él como punto de apoyo disfrutando así del momento.

- Mira, por lo menos han dejado de comportarse como dos tontos – Biyomon paso de largo, yendo a sentarse en el sofá seguida de Gabumon.

El comentario del ave consiguió sacarle una risa a la pelirroja, haciendo que girase ligeramente la cabeza hacia ella para observarla de reojo.

- ¿Qué te han dicho mis padres? – acabó por preguntarle al rubio.

- Nada… Aunque tu padre me acusa de traición. Dice que primero tú y que luego la niña… Que no sabe cómo puede ser que lo vendáis por mí…

Se echó a reír a sabiendas de que efectivamente esa frase era muy de su padre y, conociendo cómo reaccionaba la pequeña cuando veía a Yamato aparecer, posiblemente hubiera pasado a ignorarlo por completo para reclamar a atención de quién le interesaba en ese momento. Como si el sonido de la risa de su madre hubiera llamado la atención del bebé, cuando volvieron a enfocarla pudieron ver como abría poco a poco los ojitos, bostezando hasta quedarse mirando hacia ella.

- Hola cielo – contenta de que se hubiera despertado para poder estar mejor con ella, alargó por fin sus manos hacia ella, soltándola para poder cogerla en cuello automáticamente.

Yamato se apartó, dejándole así espacio para poder maniobrar bien, observándolas encantado con lo que veía. Sabía que ella se moría de ganas por estar con la pequeña, de manera que ahora era su turno. Aprovechó el momento para empezar a recoger sus cosas, sacándolas también de la bolsa e ir colocándolo todo en su sitio, escuchando de fondo como Sora hablaba con la pequeña.

- ¿Tienes hambre? – al cabo de un rato, la pelirroja se quedó mirando hacia el reloj viendo que era aproximadamente la hora de la cena de Aiko-. Seguro que sí, con lo bien que sueles comer tú…

- Ah, es verdad, tú madre dice que no tuvo problemas con ella para que comiera. Que todo muy bien.

- Siempre come muy bien con mi madre – asintió antes de caminar con el bebé hacia el sofá-. Creo que del único del que decidió reírse fuiste tú…

- Me lo creo… Totalmente además – empezó a reírse antes de ir tras ellas, observándolas.

Sora se giró hacia él, riéndose al notar como Gabumon al escuchar que estaban hablando de que era la hora de la cena de la niña desaparecía.

- No tiene remedio… - entretenida, se quedó pensativa observando al rubio antes de acercarse a él y cogerlo con la mano libre que le quedaba, llevándoselo así con ella hacia el sofá.

- ¿Qué?

- Hace mucho que no estás con nosotras cuando le doy de comer…

Sonrió automáticamente, asintiendo a lo que le había dicho. Había un motivo por el que en esas ocasiones prefería dejarles su espacio y no pensaba reconocerlo en voz alta porque ya tenía una edad para dejar en evidencia que sus hormonas llevaban demasiado alteradas una temporada. No le apetecía que Sora acabara dándole una colleja por admitir que si no se acercaba en esos momentos era porque la idea de poder tener vistas hacia dónde no debía llegado a cierto punto de frustración no era la mejor del mundo.

No la dejó sentarse cuando vio que iba a hacerlo, haciéndolo él primero para que pudiera usarlo luego como apoyo como muchas veces les gustaba sentarse sin más, no haciendo más que eso para dejar que fuera ella la que se acomodara y pudiera revolverse bien para colocar la niña y la ropa.

- Verás el drama que voy a arrastrar cuando sea invierno y darle de comer me implique tener que salir de debajo del pijama… - se rio ligeramente acercándose de nuevo a la pequeña esperando que fuera ella quien la buscara.

Quedándose algo tensa al principio, con las habituales molestias, esperó hasta unos instantes más tarde, aprovechando entonces para quedarse del todo apoyada en Yamato, bajando la mirada hacia la pequeña que se había quedado mirando hacia sus padres.

- ¿Sabes qué me dijo mi padre el otro día cuando fui a verlo al hospital? – comentó él finalmente esperando a notar que había atraído la atención de ella-. Pues resulta que cuando yo tenía más o menos la edad de Aiko a mi madre se le metían ideas sin sentido en la cabeza fomentadas principalmente por las hormonas después del embarazo…

Parpadeó, sorprendida, no esperando escuchar ese tema de repente. Giró el cuello para observarlo así de forma más directa.

- Le he estado dando vueltas… ¿Podrá ser eso lo que te ha estado pasando? Me entretuve ayer por la mañana en darle vueltas…

- Pues… no lo sé. Algo me dijo Taichi el otro día que vino conmigo hasta casa y… le conté lo sumamente estúpida que había sido. No estaba yo demasiado como para hacerle caso y razonar con él, pero… Algo dijo de que esos temas podían ser igual de malos que durante el embarazo…

No le sorprendió escuchar el nombre del mejor amigo de ambos saliendo en la conversación, debería de haber supuesto que él acabaría dándose cuenta. Había estado pendiente de ambos esos días aunque aparentemente lo único que les pasaba estaba relacionado con Hiroaki.

- Debería de haberlo supuesto… No sueles tener por afición montarte paranoias tú sola si no es por algo de este tipo… El de las paranoias soy yo.

- Mira, fuera lo que fuera… Prefiero dejarlo en el olvido. La cosa es que ya se me ha pasado y… Ya está, y que siento habértelo dicho y haberte hecho daño.

- Sora – negó con la cabeza-. No lo decía para que te disculparas de nuevo. Al contrario, debería de haberme dado cuenta de que algo así podría estar pasando.

- Da igual, ¿vale? – sonrió al ver cómo se inclinaba hacia ella ligeramente, dejando así un beso en la punta de su nariz.

Aprovechando para acurrucarse mejor entre sus brazos, volvió a centrar su atención en la pequeña de ambos, la cual parecía haber echado de menos que fuera su madre directamente a que le diera de comer, ya que mientras que lo hacía, parecía sonreírle de vez en cuando posando su diminuta manita sobre ella.


AnnaBolena04: es más que probable que la nenita empezara a llamar la atención de sus abuelos con ruiditos. Y ahí estarían los dos, muriéndose ellos solos porque la cosita hace cosas de niña pequeña y claro, es demasiado adorable. Especialmente el abuelo, que claro, ese pobre hombre se perdió muchos años de la vida de su niña, y ahora que tiene una nieta tiene que compensar lo de babarse encima.

Y parece que por fin han sacado a la luz el tema de las hormonas y lo han puesto en común. Sin duda a Hiroaki deberían de llevarle algo de comida rica a modo de compensación cuando lo saquen los hospital, que el pobre hombre se lo ha ganado ya, que sutilmente ha dejado caer la pieza clave para que todo encajar en la cabeza de Yamato.

¡Un besito de tortuguita!

IreneFl: no es que yo ya esté haciendo maldades de nuevo en la parte en la que estoy escribiendo. Paaaara nada cofcofcof En mi defensa diré que llevo escrito demasiado azúcar y mis neuronas necesitaban algo de acidez para poder sobrevivir al día a día. Así que me he puesto a hacer trastadas, pero, tranquila, todavía nos queda bastante de estos dos en modo adorable. Y a la nenita también, ella siempre tiene adorabilidad para repartir para todos. Ya veremos cuando aprenda a andar y esté por ahí correteando qué tal se porta.

¡Un beso!

Beyond an Epic Night: Yamato se queja porque se aburre. Tiene un amor de suegros. Son sutiles y no se meten en donde no se les llama, pero a la vez saben cuando les viene bien algo de ayuda. El máximo problema que va a tener con ellos va a ser el día que tenga que ir a mediar con los suyos, porque estén los cuatro abuelos peleándose a ver por quién se queda a cuidar de su nieta.

Exacto, les viene bien pisar de vez en cuando el mundo real. Que sí, con el embarazo se llevaron un buen susto, pero estaban demasiado sumergidos en azúcar, y eso no es sano para las arterias, no jajaja Que además luego cuando se hacen las paces las cosas sabe mucho mejor, sino solo hay que ir viéndolos interactuar, que parece que están mucho más cómodos.

¡Un beso enooorme!

Guest Vecina: lo sé jajajaja lo leí y me hizo gracia, porque en la historia de la señorita de arriba (Beyond) la nena se llama Haru jajajaja Queda todo en familia.

¿Quieres saber lo que me pasó en el examen? Jajajaja verás, que te cuento. 8 de la mañana, yo zombie porque la noche anterior me dio una de mis bonitas psicosis pre-exámenes - Anna gritándome para que me fuera a la cama porque eran horas indecentes ya -, voy a Tráfico a hacer el examen. Me dan todos los males porque me estaba acordando de cuando hacía exámenes en la facultad y, al final, entro. ¿No ves que ahora se hacen en pantalla táctil? ¿A quién te imaginas que se le volvió loco y tras ver la primera pregunta le salía que ya había terminado el examen? 9 de la mañana, yo mirando para el techo, las supervisoras volviéndose locas intentando arreglarlo. 9:30... Me bajan un examen en papel jajajajaja Luego ya hice el examen en 5 minutos y me fui a mi casa. Todos los exámenes de ese día fueron con retraso gracias a mí jajajaja Pero bueno, aprobé, como si querían que lo hiciera en piedra. Y sí, especialmente con lo cab******* que están últimamente, es mejor ir con calma y sobre seguro. No me corre prisa y, por ahora, a mi profesor no le ha dado un patatús, es un progreso.

Meterse con Yamato es un hobbie de los Takenouchi. No porque se lo merezca, sino porque como saben que se emparanoia él solo es muy divertido ver las caras que pone él solito por su simple existencia. Pero tienen que dejarlo vivo para crearnos una imagen mental como la de los Ishida sentados en plan adorable, hablando, por fin de temas importantes, dándole la cena a Aiko.

Gabumon no tiene filtro, y como siempre lo hace desde su burbuja de adorabilidad, es maravilloso. Lanza los mejores puñales jajajajaja

Nos vamos a subir los niveles de azúcar bastante en el siguiente capítulo... Te voy avisando ya cofcofcof Y mañana me han dejado en paz - por ahora - pero el domingo lo tengo ocupado de clases todo el día... AINS. Descansa tú por mí vecina, que te lo has ganado. ¡Un bico enorme!