Koemi llegó a casa, dándose cuenta de que ya había llegado su marido, sonriendo al verlo sentado distraído en la mesa del comedor con algunos papeles encima de la mesa. Aprovechando que parecía no haberse dado cuenta de que acababa de llegar, cogió al niño y lo dejó en el suelo para que pudiera ir corriendo a buscar a su padre. Pudo ver como Daigo echaba a correr hasta él, subiéndosele casi que de un salto a las rodillas.

Taichi había escuchado los pasos correteando hacia él, haciéndose el tonto, esperando a que llegase y lo alcanzase, cogiéndolo con los brazos para ayudarlo a que quedarse sentado sobre él, entretenido al ver cómo no le servía con eso y acababa de pie sobre él para poder dejar sus bracitos en torno a su cuello.

- ¿De dónde sales tú?

- ¡Parque!

- ¿Te han llevado al parque? Oye, a mí nunca me lleva al parque…

- Eso es porque seguro que él se lo gana más – se asomó por encima de ellos, observándolos así-. Nos ha acompañado casi hasta aquí Yamato. Este elemento se fue corriendo a por él nada más que lo vio en medio de la calle.

- ¿Yamato? ¿Y no ha subido?

- No, quería irse a casa, no me puedo imaginar a qué, pero nos ha acompañado desde el parque – explicó, posando las cosas en la mesa-. Algo decía que de que tenía cosas mejores que hacer que aguantarte un rato.

- Ya hablaré con él más tarde y le diré cuatro cosas – se puso en pie con el niño, pudiendo así posarlo en el suelo y que fuera con Agumon quien había estado sentado en el sofá hasta entonces.

- ¿Ya has terminado con tus cosas qué hacer que no son asunto nuestro? – sonrió divertida cuando se volvió a girar hacia ella.

- Eso sigue sin ser asunto tuyo tampoco – sonriendo a juego con ella se acercó para poder saludarla con un beso, quedándose a escasa distancia de ella-. ¿Qué tal la tarde? ¿La ha liado mucho?

- No… No – negó con la cabeza-. Ha estado jugando por ahí después de merendar. Se ha portado muy bien. Además, ha estado enseñando orgulloso su bufanda de dinosaurios a todos los niños con los que se cruzaba.

Se rio suavemente. Esa bufanda había sido un regalo de su madre, nada más verla había decidido que era perfecta para el niño y desde que había empezado el frío no se la había vuelto a quitar, luciéndola orgulloso a todas horas. No todos podían permitirse crecer con una especie de dinosaurio en casa.

- ¿Por qué no vas a ponerle el pijama y yo mientras me pongo a hacer la cena?

- ¿No necesitas que te ayude?

- No, puedo sobrevivir yo sola… - señaló con la cabeza hacia la nevera-. Tenemos todavía de la hora de comer – confesó finalmente antes de levantar la cabeza para poder darle un rápido beso y así separarse de él-. Oye, ¿entonces al final en Navidad vamos a cenar con tu hermana y los demás?

- Sí… Hasta dónde yo sé sí – asintió dejándola ir-. La verdad es que creo que nunca hemos tenido oportunidad de estar todos juntos… Me parece una idea genial.

- Pues entonces ya tienes algo más con lo que entretenerte si es que no lo has hecho ya. Vamos a tener que ir a mirar más regalos para tenerlos todos ese día – se quedó mirándolo, viendo como iba a terminar de coger al niño poniendo una sonrisa bastante delatadora en la cara-. ¿Ya has comprado algo?

- Te he dicho antes que no es asunto tuyo… Pero bueno, puede que haya visto algo que me haya gustado para cierta señorita rubia. Tengo que enseñártelo, pero yo creo que te va a gustar… Cambio al niño y vuelvo – le dijo acabando por desaparecer con él.

Siguió a su marido con la mirada, acabando por sonreír por sus últimas palabras. Realmente no le extrañaba ni lo más mínimo aquello que acababa de escuchar. Cuando lo perdió de vista, se giró para hacer lo que le había dicho, sacando las cosas de la nevera para poder empezar a preparar la cena.

No iba a negar que, al principio, cuando había conocido a Taichi, sí que se había llegado a preocupar por la cercanía que tenía con Sora. Era evidente que eran muy cercanos y al no conocerlos lo suficiente, era demasiado sencillo malinterpretar la relación que tenían. Por suerte, le había durado demasiado poco y con el tiempo ella misma le había cogido también bastante cariño a la pelirroja.

El tema con Yamato había sido mucho más complicado. Muchísimo más complicado.


2015


Taichi estaba sentado en el salón mientras que tenía la mirada fija en un sobre que tenía entre sus manos. Llevaba un buen rato en silencio y parecía estar dándole vueltas a algo bastante importante. Koemi se había quedado observándolo desde unos pasos por detrás, confusa. Le había dicho que iba a ir poniendo las direcciones en los sobres de las invitaciones, de manera que no entendía qué era lo que podía tenerlo tan sumamente perdido.

- ¿Qué te pasa? – preguntó acercándose hasta él finalmente-. Llevas un rato muy callado…

No respondió inmediatamente, dando señales de haberla escuchado al encogerse de hombros, limitándose a levantarla vista hacia ella, siguiéndola hasta que acabó por colocarse a su lado. Le tendió el sobre, dejando que fuera ella quien lo leyera.

- ¿Yamato Ishida? – leyó en voz alta.

Le sonaba el nombre. Había escuchado hablar de él en múltiples ocasiones a todos los relacionados con Taichi, no tanto a él como a Sora, pero era capaz de asociar aquel nombre con alguna de las cosas que le habían contado.

- ¿Qué te pasa con él? – posó la invitación encima de la mesa, más confusa aún-. ¿No sabes si enviársela?

Se tomó su tiempo para contestar. Había tenido sus motivos para dudar si tan siquiera añadirlo a la lista. Había un motivo que lo había hecho dudar de más, a sabiendas de que iba a ser un tema delicado para Sora. No se había atrevido a preguntarle de forma directa sin saber cómo se lo iba a tomar. Sabía que la situación iba a ser complicada se pusiera como se pusiera. Porque si resultaba que se enteraba que no lo invitaba por ella, era bastante capaz de enfadarse con él también.

Ahora no estaba pensando en su amiga, eran otros motivos los que lo habían dejado ido, perdido entre sus propios pensamientos.

- Pasa que… Debería de ser la invitación que le tendría que dar a mi padrino de boda – acabó por decir.

Esas palabras provocaron que algo hiciera clic en la cabeza de ella. Levantó la vista hacia Taichi de nuevo, observándolo y entendiendo todo de golpe. La duda y la expresión en la cara de su prometido. No dijo nada, permaneciendo en silencio ella también unos segundos más, intentando pensar por dónde abordar el tema a sabiendas de lo delicado que era.

- Hace años que no he sabido nada de él – volvió a hablar-. Y no es que los últimos tiempos estuviéramos demasiado a buenas pero…

- ¿Lo echas de menos? – sonrió, ligeramente, posando su mano sobre las que él había dejado entrazadas sobre sus rodillas-. Nunca me has hablado demasiado de él.

- ¿Después de la lata que te debe de haber dado el pesado de Takeru de verdad necesitas que yo te cuente algo más?

- Pues… los cotilleos que tu intento de cuñadito ande pregoneando por ahí no me interesa tanto como tu versión de los hechos – sonrió ligeramente al ver que giraba su mano para poder enlazar así sus dedos con los suyos.

El comentario de ella consiguió sacarle una risa de Taichi. Oficialmente no tenía demasiada idea de lo que le podria haber contado Takeru a Koemi, pero sabía que no se había quedado demasiado corto. Posiblemente habría ido cacareando unas cuantas cosas, especialmente las relacionadas con Sora. Eso lo sabía por Hikari, que ya había ido él corriendo a irse de la lengua con cosas que no debía.

- Creo que prefiero contártelas en otro momento – buscó la mirada de ella-. ¿Te importa?

- Claro que no – sonrió-. Pero… No sé lo que os puede haber pasado… Si simplemente es que habéis perdido el contacto yo creo que deberías de mandársela.

- ¿Hm?

- Sí… Si fue alguien tan importante para ti y solo os ha pasado que el tiempo se ha metido en medio… ¿Por qué no? Yo creo que vendrá…

- Koemi – negó ligeramente con la cabeza-. Han pasado… ¿seis? ¿Siete? Años en los que no he sabido nada de él. Bueno, miento, salvo por la prensa hace una temporada. Y no me vengas con que soy un exquisito por quejarme porque no me llama desde Marte.

- ¿Seguro? Porque igual ha encontrado una buena compañía de comunicaciones que le cubre desde allí… - bromeó, agradeciendo su comentario, volviendo la situación algo más suave-. ¿Sabes tan siquiera si va a estar en este planeta por esa fecha?

- Pues… yo creo que sí. Lo he buscado – admitió-. Debería de estar de vuelta antes de la boda.

- Pues envíasela, hazme caso.

- No lo sé…

- Sí que lo sabes – se acercó para darle un beso en la mejilla, aprovechando que lo había pillado desprevenido para coger así la invitación ella.

Tardó en darse cuenta a causa de la distracción, acabando por dejar los ojos puestos en el sobre. Tras una levanta pausa, alargó la mano.

- Dámela, voy a enviarla… Que no se diga que yo no he sido el que lo ha intentado. Así le seguimos dejando la fama de borde intratable a él.

Koemi sonrió. Sabía que lo estaba diciendo completamente en serio. Necesitaba saber algo más de todo aquello y de boca del propio Taichi, quizás así le acabara sirviendo a él para desahogarse. Acabó por dejar su cabeza sobre su hombro, mirando el resto de la lista de nombres que tenían encima de la mesa.


Yamato entró en la sala en dónde tenía su taquilla. Había hecho la parada en la base para terminar de recogerlo todo antes de irse al aeropuerto. Tenía ganas de irse a Tokio y dejar todo aquello en el olvido. Tenía ganas de ver a su familia, especialmente, tenía ganas de ver a su padre. Era lo único que lo que pensaba.

Cuando abrió la taquilla se encontró allí con sus pertenencias y algunos papeles que se habían ido acumulando a lo largo de los meses que había estado fuera. Fue un sobre el que llamó rápidamente su atención, saliéndose de lo común entre todos los demás de la JAXA. El sobre era ligeramente más grande y estaba decorado por fuera. Alargó la mano para cogerlo, girándolo para ver quién era el remitente, abriendo los ojos de par en par al leer el nombre de Taichi justo al lado de otro que no era capaz de reconocer.

- ¿Qué? – susurró.

Estaba demasiado confuso. Metió el dedo bajo la solapa, abriéndolo para encontrarse con lo que parecía una invitación. ¿Se casaba? ¿Taichi se casaba? Era lógico, todos los demás habrían seguido con su vida. Quizás alguno tuviera ya su familia… Leyó el contenido de la invitación, comprobando que todavía estaba a tiempo de poder ir a la ceremonia. No estaba seguro de llegar a atreverse a hacer acto de presencia. ¿Y si las cosas iban mal? ¿Y si después de haber desaparecido tanto tiempo no quería volver a saber de él? Existía una infinidad de cosas que podían, y, que estaba seguro que iban a salir mal.

¿Por qué iba a ser aquello diferente? Él mismo se lo había buscado.

- ¿Qué es eso? – le preguntó la voz de Gabumon, colocándose a su lado.

- Toma – le tendió la invitación para que pudiera leerla.

- ¿Se casa? ¿A quién ha engañado?


AnnaBolena04: normal, es que claro hay que cumplir con el cotilleo. Que más de alguna tendría curiosidad por ver quién era la responsable de las caras de atolondrado que se le quedaban a veces al rubio ese. Y otros tendrían curiosidad en conocer a la madre de la niña después de que Mai se pasara corriendo por los pasillos como una loca gritando y enseñando la foto. Es algo natural ya, sí, sí...

Llevaba una temporada con ganas de poder sacar algo más de esta parte y ahora he aprovechado. Aunque son detallitos y no voy a dedicarme a ahondar más, está bien que quede constancia de la otra gran crisis matrimonial. Que a Taichi debió de salirle mucho humo de la cabeza pensando si invitaba o no al rubio o no, que claro, que tenía que estar pero tal y como andaba el patio... Pobrecita Koemi que todavía pensaba que se casaba solo con uno...

¡Un besote grande grande!

Natesgo: Yamato el pobre cuando se quiera dar cuenta estará fuera de Tokio con cara de error neuronal porque, hasta dónde él sabía, se lo llevaban a casa de sus suegros para ir a dejar a Aiko. Pobrecito, si es que lo maltratan... Una vida muy dura la suya, sí. Menos mal que lo llevan a un sitio tranquilito donde no se va a quemar entero por solo salir a la calle. Aunque bueno, capaz es de quemarse con el reflejo del sol en la nieve... Es mejor no ponerlo a prueba.

En vez de acariciando al gato pero la puedes imaginar acariciando a Biyomon, que le queda más a mano e incluso puede usarla en contra de quién haga falta, que ella se deja para dar picotazos a quien venga a dar la lata. Si es que eso le pasa por andar guardando trofeos de guerra. Que no le hace falta a esas alturas de su vida ya, que en el fondo es tontería.

¡Un besito de tortuguita!

Guest Vecina: veciiina, ¿qué tal te ha ido? Espero que muy bien y que ahora solo te centres en descansar un poquito y reponer pilas que buena falta nos hace a las dos ya. Aquí tenemos lo de compensación de créditos, pero tiene que conseguir sangre de unicornio, entre otras cosas, para que te concedan. Había más requisitos que cumplir que asignaturas en toda la carrera, pero bueno, yo al final me las arreglé para sacarlo yo y no tener que recurrir a eso. Tú por el momento piensa en el verano y en descansar.

Si ayer teníamos a los Ishida haciendo el adorable ahora les toca a los Yagami y de paso, aprovecho para explicar un poco de la crisis neuronal que tuvo que tener nuestro embajador favorito a la hora de enviarle la invitación a Yamato. Sería interesante ver cómo le echó humo la cabeza cuando quiso pedirle que fuera su padrino, pero eso para otra ocasión que se pueda.

No hace falta que sean vecinos para que esos dos se acaben criando juntos, no es una necesidad, no jajajaja Además, con la diferencia de edad que tienen como mucho irían a la misma escuela o ni eso, porque tendrían un par de cursos de diferencia. Fuera del cole ya se verán todo lo suficiente, que ya sabemos todos que los padres no viven los unos sin los otros y que los nenes van a pasar muchas tardes juntos. Y si de los abuelos depende, también.

Bueno vecina, yo voy a ver si descanso un poquito que hoy estoy más cansada de lo normal y mañana tengo un horario feo. Salgo dos horas más tarde de lo normal... ¡Un bico enorme y espero que te haya salido genial el examen!