Yamato se quedó apoyado en la barandilla de la habitación contemplando el paisaje que desde allí se podía observar. Fujikawaguchiko estaba situada al lado del Monte Fuji y del lago del que tomaba el nombre, dando así a la ciudad un entorno digno de postal, especialmente en aquella época del año en la que se podía observar la nieve cubrir todo. Se frotó los brazos antes de sonreír ligeramente para dar media vuelta y entrar de nuevo.
- ¿De verdad has metido ropa de invierno para los dos en esa maleta? – se quedó mirando hacia Sora cuando la vio sentada en el suelo al lado de sus cosas.
- Claro, ¿por quién me tomas? Aproveché que estabas fuera de casa y lo metí todo… Vamos a estar poco tiempo, no me hacía falta romperme la cabeza – empezó a abrir la cremallera con sumo cuidado-. Además, nada como decirle a dos seres que nosotros nos sabemos que se sienten encima para así poder cerrarla bien…
Se echó a reír automáticamente con lo último que dijo, yendo hacia ella para poder ayudarla a sacar las cosas, quedándose él también arrodillado en el suelo. Echó un vistazo hacia lo que ella iba sacando, fijándose en sus cosas y haciéndole un gesto para que se las fuera pasando para poder dejarlas apiladas encima de la cama.
- ¿Has estado revolviendo entre mis cosas? – aunque intentó sonar serio, sin poder evitar reírse fallando en su propósito.
- Básicamente – dándose cuenta de su gesto, tras observarlo unos segundos, empezó a sacar sus cosas también-. No te preocupes… Tampoco es que tuvieras nada escondido desde hace meses en alguno de los cajones…
Yamato la observó, confuso, tomándose unos segundos para pensar en el motivo de sus palabras o lo que podría estar diciéndole. Se puso en pie para poder ir a dejar su ropa en una de las mesas cerca del armario, deteniéndose a mitad de camino al caer finalmente en la cuenta.
- Eso… Te dije que ya veríamos si te lo devolvía.
- Ya, ya… Ahora ya veremos si sigue en su sitio o ahora vuelve a estar en su sitio – al igual que él, segundos antes, intentó no empezar a reírse, sin conseguirlo.
Aprovechó para sacar su pijama y poder dejarlo encima de la cama. El resto de sus cosas estaba todavía doblado. Al contrario que cuando habían hecho otros viajes, no se había traído con ella vestidos o ropa que pudiera usar para llamar su atención, sino que se había traído ropa de abrigo. Aquel fin de semana iba a ser diferente, al menos en su cabeza. Se iban solo un fin de semana y el hotel que ella había escogido estaba alejado hasta de la ciudad, pudiendo así centrarse en el paisaje y en las instalaciones del propio hotel.
- ¿Te has traído el pijama de orejitas?
- Claro – sonrió, divertida-. Por mucho que te me pegues por la noche en la cama va a ser la prenda más útil que me habré traído. Y no me mires con esa cara que estoy hablando de dormir…
- No te estaba mirando con ninguna cara, es más, estaba dejando las cosas en su sitio… - se giró hacia ella.
- Ya, ya, nos conocemos… - entretenida, volvió a centrarse en su ropa y en dejarla encima de la silla-. Creo que ya lo colocare luego. ¿Quieres ir a dar una vuelta y así conocemos el lugar?
- Me parece muy bien, ¿quieres ver los alrededores? – señaló con la cabeza hacia la ventana-. Antes he estado asomado y creo que merece la pena que pasemos frío con tal de poder verlo.
Observándolo, acabó por sonreír antes de volver a acercarse a la maleta para coger a bufanda que había traído también para él. Caminó hasta Yamato, estirándose para poder dejarle la prenda en torno al cuello, colocándosela bien.
- También había pensado en eso – dio un pequeño tironcito, haciendo que bajara así la cabeza y poder darle un beso-. La maleta no nos ha explotado en el coche de pura casualidad, que lo sepas. Menos mal que tenemos bien alimentados a los digimon…
- Pues no sé cómo la vamos a cerrar más tarde, porque tú no me vas a servir para eso – posó las manos en la cintura de ella, no dejándola escaparse.
- No pasa nada, para algo me tienes que servir. A ver si te crees que te he secuestrado para otra cosa. Ya te lo he dicho, por mucho que te empeñes en pegarte a mí como haces todas las noches, aquí dependo más del pijama calentito…
Se rio ligeramente con sus palabras. Era algo que no se molestaba tan siquiera en intentar negar. Era algo que hacía de forma totalmente inconsciente, pero era raro el día que se despertaba sin estar lo más cerca de ella posible, sin importar la época del año. Posiblemente fuera algo que hacía cuando se despertaba por la noche, sin saber lo que hacía o dejaba de hacer y, de forma automática, buscaba el cuerpo de su esposa. Despertarse de esa forma era algo que le gustaba, fuera por lo que fuera.
- Osea, que me secuestras y ni siquiera me encuentras utilidad para dormir mejor por la noche. ¿No tendrás pensado librarte de mí aquí que no nos conoce nadie, no?
- Podría ser – se puso de puntillas para poder darle de nuevo un beso-. ¿Vamos? Que sepas que el hotel me ayudó a escogerlo Taichi, así que seguro que con el tema de la comida no vamos a tener problema.
- Creo que a mí me compras mejor con el tema del spa… Con la comida… Yo ya sobrevivo con cualquier cosa. Créeme, vengo con la práctica hecha.
- Déjate de práctica, que luego me vuelves montando el drama porque te me has quedado más delgaducho… Que ni yo después de los tres primeros meses del embarazo antes de que se me empezara a notar…
Divertido, la dejó ir para poder empezar a ponerse de nuevo las capas de abrigo, esperando que ella estuviera lista también, entretenido al ver cómo se ponía también un gorrito mientras que volvía a su lado. Posiblemente la hubiera visto hacer aquello otras muchas veces, pero no pudo evitar recordar tiempos lejanos ya en los que era complicado verla sin ese accesorio.
- ¿Vamos? – le dijo cuando se colocó a su lado.
- Vamos – asintió, terminando de abrocharse el abrigo-. Si te apetece mañana podemos acercarnos a la ciudad por la mañana. Podemos aprovechar para coger algún regalo que nos falte…
- No te olvides de buscar cosas comestibles para los otros dos, que sino son capaces de no dejarnos entrar en casa – Yamato esperó a que ella saliera para cerrar la puerta.
- Es verdad…
Yamato se había quedado apoyado en una de las columnas del jardín mientras que observaba a Sora, la cual se había alejado unos pasos de él para poder ver algo mejor desde allí. Todavía estaba intentando terminar de asimilar que se las hubiera arreglado para llevarlo hasta allí. No esperaba por algo así, especialmente aquel año, con Aiko tan pequeña, pero no iba a decir que no le hiciera ilusión.
Les iba a venir muy bien estar unos días lejos de todo el mundo y de todo lo demás. Habían tenido un año muy complicado, a pesar de que una de las mejores cosas que le habían pasado en su vida hubieran ocurrido en él, podían permitirse un fin de semana en el que pensar egoístamente solo en ellos dos. Sobre todo Sora. Era increíble lo mucho que todo había cambiado en torno a ella en tan poco tiempo y, aunque parecía llevarlo bien, sabía que lo necesitaba mucho más que él.
- ¿Te he dicho que al elemento de mi hermano le van a publicar finalmente algo serio? – volvió a la realidad, enfocándola de nuevo.
- ¿Tu hermano estaba escribiendo algo?
- Eso parece… Y creo que la cosa es seria por fin, porque estaba bastante emocionado. No me ha querido decir de qué va la cosa, pero… Esta vez se lo publicará una editorial.
- ¿Y se puede saber por qué ese traidor en miniatura no ha dicho nada? – se colocó a su lado, cogiéndose a su brazo.
- Y no estoy demasiado seguro de que te lo pueda contar – se encogió de hombros-. Pero bueno, si se te escapa algo diré que me obligaste y me chantajeaste para que te lo contara. Todos sabemos que es bastante creíble…
- ¿El qué? ¿Qué yo te chantajee? – arqueó una ceja, mirando hacia él.
- No… Que no me aguante y te acabe contando las cosas con facilidad – bajó la vista hacia la pelirroja, sonriendo a su vez-. Espera a ver si nos dice algo él en la cena y luego ya nos arreglaremos…
- Bah… Se te da bien esconderme las cosas…
- ¿Ah si? No tenía constancia de ello – confuso, se quedó mirando para ella.
- Sí… Estuviste meses sin contarme que te trasladaban a Tokio. ¿Te parece poco? Es más, ¿no te da un poco de vergüenza? Con lo mal que lo pasé esos últimos días antes de que te fueras y tú ahí, calladito…
Al darse cuenta del tono de broma en las palabras de ella no dijo más, simplemente se empezó a reír ligeramente. No podía decir nada en su defensa, pero estaba muy contento por su propio autocontrol con aquel tema. Realmente, no se había creído capaz de conseguirlo.
- No te engañes, el día que llegué a casa y…
- ¿Y me arrinconaste amablemente y con dudosas intenciones contra la puerta?
- Sí, podemos llamarlo así – sonrió de medio lado, sin poder evitarlo-. Ese día era eso o confesar… Y ni siquiera estaba seguro de que fuera del todo oficial y podría haberla liado mucho.
- Un poquito, sí – se rio-. Pero bueno, tampoco me voy a quejar ahora por el método de distracción.
- Más que método de distracción yo creo que fue… No sé, no sabía ni cómo reaccionar. Llamé a mi padre luego para contárselo. Yo creo que fue lo que me terminó de reordenar las ideas – se quedó pensativo, acabando por echar a andar, distraídamente volviendo a hablar al cabo de unos segundos-. ¿Sabes qué fue lo que me dijo?
- Sorpréndeme, porque de tu padre me puedo esperar cualquier cosa a estas alturas… - y lo decía de forma totalmente en serio.
- Lo sé… Me dijo que cuando volviéramos a la ciudad él iba a ser una de las primeras paradas que hiciera. Nada más decirle lo del traslado me salió con eso.
- ¿Por qué? No lo entiendo…
- Porque cuando… Cuando nos enfadamos en abril fue a pasar unos días conmigo en Tanegashima y era tal el mal humor que tenía encima que le dije que se llevara el anillo a su casa que no quería ni verlo… Así que lo primero que se le ocurrió cuando le dije que volvía, fue que iba a querer darle uso cuanto antes…
Se quedó escuchando atenta sus palabras, notando un ligero golpecillo en la boca del estómago cuando el tema escabroso de aquel abril salió a la luz, intentando hacer como si nada, porque, sin duda, aquello ya era algo del pasado y prefería olvidarse por completo de ello. Centró el hilo de sus pensamientos en el resto de la información.
- Pobre… Aunque bueno, yo no estoy muy guapa para hablar tampoco. Nos tienen demasiado calados nuestros padres… Vamos a tener que aprender a disimular mejor.
- Ni disimulando, tú hazme caso. Yo con mi padre tengo las de perder del todo. Ya ni lo intento, ¿para qué?
La pelirroja se rio. Sabía que Yamato estaba totalmente en lo cierto. Lo mismo le pasaba a ella con su madre, quien había sido capaz de darse cuenta en septiembre de que algo pasaba sin que nadie dijera absolutamente nada. Tampoco había preguntado, por suerte, porque si llega a enterarse de la estupidez que había dicho, la colleja que no le había dado Taichi se la habría dado ella y todavía le estaría doliendo.
- Oye… - levantó la vista de nuevo hacia su marido-. ¿Quieres ir a buscar algo para merendar?
- Ya me parecía a mí que tardabas tú después de haber visto la máquina de chocolate en la recepción… - divertido, asintió.
- No sé de lo que me estás hablando…
AnnaBolena04: parece que por el momento el comandante Ishida no tiene mayor queja con la ubicación a la que ha sido secuestrado. Se lo han llevado a un sitio tranquilo, donde relajarse y con un paisaje que seguro que muchos envidiamos. Así da gusto que se rían un poco de ti por el camino y no te quieran decir a dónde te llevan después de meterse con tu sentido de la orientación.
Yo creo que les va a servir para sobrevivir a estar un par de días sin ver a Aiko. Que pueden sobrevivir a estar sin su cosita y dedicarse a pasar el fin de semana haciendo el empalagoso tranquilamente entre ellos, que ya sabemos que se les da bastante bien. Necesitaban unos días de total desconexión con el mundo, que han estado pasándolo un poco mal este año entre una cosa y otra.
¡Un besito de tortuguita!
Guest Vecina: yo te comprendo... He estado a veces a punto de rozar el límite legal para que no tuvieran que dar el aprobado general... Y tú ya casi que esperando que, por favor, se les pasara el tiempo así por lo menos no te suspendían porque les viniera el viento cruzado el día que se pusieron a corregir. Si es que era sentir el móvil para lo que fuera y morir del sufrimiento ya ante la posibilidad de que pudiera ser una nota. Así que ánimo vecina y tú ahora céntrate en el TFG, que, sea para lo que sea, ya más no se puede hacer que eso. Y que les zurzan.
Yamato dirá que es culpa suya por tonto, Sora dirá que es culpa suya porque claro si es que la mitad de veces que discutían era por ella, y Taichi dirá que eran retrasados los dos pero que le gustaba más discutir con Yamato que Sora le lanzaba una mala mirada y ya se daba por terminado el asunto jajajaja Al final va a ser el más listo el embajador. Verás tú...
A Yamato le daba más miedo encontrarse a Sora de frente que tener que volver a Marte. Eso saltaba a la vista y por eso salió corriendo. Ahora también sale corriendo, solo que detrás de ella, no vaya a ser que la pierda de vista más tiempo de lo permitido. AY jajajaja Haru la pobre estaba muy confusa porque había visto dos rubios muy rubios y estaban vigilándolas jajajaja
Espero que vayas a disfrutar mucho del fin de semana, vecina, que ya estamos oficialmente de veranito y eso hay que celebrarlo. ¡Un bico grande grande!
