- ¿Dónde te habías metido?
La voz de Sora hizo que diera un respingo. Se había despertado hacía rato por costumbre y al darse cuenta de que ella estaba completamente dormida no había querido molestarla. Al notar que era incapaz de volver a conciliar el sueño se había levantado y, ya que tenían acceso a una de las piscinas privadas gracias a la habitación en la que estaban, había decidido aprovechar el teimpo de la mejor forma que se le había ocurrido. Llevaba un rato apoyado en el borde, totalmente distraído con la vista en el exterior, dejando la cabeza sobre sus brazos.
- ¿Sigues viva? – fue su respuesta, tras girarse hacia ella.
- Más o menos… - sonrió, caminando hasta quedar más cerca de él, observándolo desde allí-. ¿A qué hora te has levantado?
- Pues… Hace ya un buen rato, no te quería molestar y no tenía sueño. Así que me vine para aquí – levantó la vista hacia ella-. ¿Quieres ir a desayunar?
- Hmmm… Puedo sobrevivir un rato más, creo que te voy a copiar la idea por el momento…
Cuando se había despertado y había notado su ausencia le había llevado unos minutos centrarse y pensar en dónde podría estar. Lo conocía más que de sobra como para saber que era más que probable que estuviera aprovechando la piscina. De hecho, no hacía falta conocerlo demasiado para ello tan siquiera. Se había puesto la ropa de baño y el albornoz por encima y había ido a buscarlo, acertando a la primera.
Dejó las cosas encima de las de él y se acercó, entrando poco a poco. Suponía que el agua estaría caliente, pero prefería asegurarse primero, ya que el ambiente no era demasiado cálido incluso dentro y acababa de salir de debajo de las sábanas. Cuando por fin estuvo adaptada, sonrió ligeramente, acercándose por fin hacia Yamato.
- ¿Cómo te las arreglaste para encontrar este sitio?
- Pura casualidad – le dijo llegando a su lado-. Creo que es la primera vez que vengo por esta zona, así que cuando me puse a investigar acabé buscando hasta por revistas… Y al final, apareció el lugar correcto. ¿Tienes alguna queja al respecto?
- No… Ninguna en absoluto – riéndose por lo bajo, alargó las manos hacia ella para poder acercársela-. Como mucho que hayas estado conspirando con mi suegra en mi contra…
- Tu suegra con tal de que le dejemos secuestrar a Aiko el tiempo que haga falta nos paga ella la escapada – divertida, dejándose arrastrar hacia él, rodeó su cuello con sus brazos-. Y tu padre la ayuda para mandarnos todavía más lejos.
- Sí, ya nos veo de vuelta en Grecia… - sonrió ligeramente de medio lado antes de acercarse para poder hablarle cerca del oído- Así a lo mejor podemos aprovechar y ver si encontramos cierto vestido… ¿Tú qué opinas?
- ¡Yamato! – protestó, soltándose de él para dar un manotazo al agua y poder salpicarlo así.
La respuesta que tuvo fue echarse a reír, sin soltarla todavía, divertido por ver cómo todavía después de tanto tiempo seguía poniéndose roja por la mención de aquel tema. Y no tenía muy claro el motivo de por qué le pasaba aquello ya que él tenía ese recuerdo como uno de los mejores de todo el viaje que había hecho. Divertido por ver cómo parecía querer revolverse para escaparse no la soltó.
- Tienes razón, mejor así, que luego lo usas en mi contra y pasa lo que pasa…
- ¿No será que lo tienes tú escondido como trofeo de guerra otra vez? Que ya me voy sabiendo tus manías…
- ¿Yo? ¿Y dónde voy a haberlo escondido? Vale que no es que tapara mucho, pero en el bolsillo del pantalón dudo que me fuera a entrar sin que te dieras cuenta.
- No lo sé, la próxima vez que tenga que hacerte la maleta a escondidas para algo ya buscaré mejor…
Intentó fingir cara de ofensa por sus palabras, sobre el tema de revolver entre sus cosas. Sabía que ella no solía acercarse, más allá de lo necesario, a su parte del armario. Tampoco es algo que le importara, era ropa sin más, si ella quería entretenerse en revolver, bienvenida sería mientras que se lo dejara tal y cómo estaba. Y eso simplemente era por el motivo de que ya bastante le costaba saber dónde lo dejaba colocado como para que fuera a cambiárselo de sitio.
- Recuérdame que busquemos una casa en la que tengamos el armario o lo que sea en la habitación, por favor – dijo de repente, dejando claro por dónde había ido el hilo de sus pensamientos.
- ¿Por qué? – empezó a reírse, divertida-. ¿Te has cansado ya de subir y bajar escaleras cada dos segundos mientras que te estás vistiendo?
- Por ejemplo – hizo una mueca, torciendo ligeramente el gesto-. Aunque creo que cuenta como parte del entrenamiento ya, míralo por el lado bueno… - mantuvo el gesto antes de acabar echándose a reír por lo bajo a juego con ella.
Aprovechándose de la situación, cerró mejor sus brazos en torno a ella para girarse y poder volver a quedar como había estado antes, solo que ahora ella estando entre el borde de la piscina y él. Aflojó su agarre sobre ella para dejarla girarse y que pudiera ver lo mismo que había estado observando desde allí. Tras quedarse unos segundos observándolo, confusa, decidió hacer lo que parecía indicarle, encontrándose con las vistas directas al lago a los pies del Monte Fuji. Sonrió automáticamente.
- ¿Echas de menos Tanegashima? – preguntó de repente.
- ¿A qué viene esa pregunta? – sorprendido, se quedó observándola desde la nueva posición de ambos.
- Aquello era totalmente diferente a la ciudad, especialmente al centro… - se encogió ligeramente de hombros, teniendo que relajar el gesto cuando sintió como posaba su barbilla sobre el de ella.
- ¿Tiene eso algo que ver con que estés empeñada en que nos vayamos al extrarradio?
- El principal motivo sigue siendo el que ya te he dicho – se limitó a contestar.
- Sí, me gustaba más el ambiente del Sur – respondió finalmente-. No creo que te esté contando nada nuevo – hizo una pequeña pausa-. Pero no todo va a tener que depender con que gruña o no por la calle cuando hay más gente de la cuenta. No solo ha sido por ti, hay demasiado en el Norte como para seguir ignorándolo. Empezando por mi padre y la pesadilla esa que tengo por hermano – sonrió ligeramente al haberlo llamado así-. Me compensa mucho más la situación de ahora que la que tenía antes.
Había vivido muy bien durante todos aquellos años lejos de la ciudad. Cuando se le había pasado el enfado y el malestar con todo y especialmente, consigo mismo, tras tener que irse, poco a poco los estudios habían ido absorbiendo todo su tiempo. Luego, el trabajo había hecho todo lo demás, y, no se podía decir que desde que se había mudado a Tanegashima hubiera estado demasiado en aquel planeta. Ese era el principal motivo por el que tampoco podía hacer grandes comparaciones. ¿Qué prefería la vida tranquila de allí? Sin duda alguna, pero todo lo que le importaba estaba en la otra punta del país y eso terminaba con la discusión con rapidez.
- Y mejor no hablamos de cierta señorita que ahora hace conmigo lo que le viene en gana – contentó, usando un tono más divertido.
- Sí, creo que ella tendría muchas cosas que decir al respecto – volvió a girarse para poder observarlo-. Sobre todo, porque no sé cómo nos habríamos arreglado para tener a esa señorita en otras condiciones.
- ¿Ves? ¿Cómo se me iba a ocurrir que podría estar mejor en el Sur? Aunque… También te digo que agradezco mucho tu ofrecimiento para mudarnos más allá del centro.
- ¿Te cuento una cosa? – sonrió, divertida antes de acercarse para poder hablar de forma confidencial, aprovechándose de que al estar en el agua llegaba perfectamente-. A mí tampoco me gusta el centro… Así que estamos en paz – dejó que viera cómo ampliaba su sonrisa.
Yamato arqueó una ceja, estudiándola, divertido. Cuando estaba a punto de buscar hacerle cosquillas al pincharla entre las costillas desechó la idea al notar cómo se acercaba hacia él más para poder dedicarle un beso, quedándose abrazada a él.
Cuando se quiso dar cuenta, había apoyado las manos en el borde de la piscina, arrinconándola así entre él y la pared, habiendo causado que lo que ella hubiera empezado de forma tranquila se le hubiera escapado a su control. La dejó escaparse para que pudiera recuperar el aliento, buscando su mirada. Lo que encontró le gustó, había echado de menos aquello durante los meses que habían tenido problemas. No era tonto, la conocía demasiado bien. Habían sido muchas las ocasiones en las que había sido plenamente consciente de que si estaba dejándolo y colaborando era porque pensaba que tenía que hacerlo. No iba a negar que, a pesar de eso, hubiera seguido igualmente hasta que no había quedado más remedio que echar el freno, también era humano.
- Una pena que estemos aquí – le dijo finalmente.
- ¿Por qué? – arqueó una ceja.
- Sabes perfectamente por qué.
Cuando había ido hasta la piscina no había contado con que ella pudiera seguirlo ni, mucho menos, con que las cosas pudieran acabar así, de manera que la única forma que tenían de seguir en aquellos momentos sería irse a la habitación. Frunció el ceño, dándose cuenta de que cuando había estado recogiendo las cosas de la maleta, no había visto que ella hubiera metido precisamente lo que les hacía falta.
- Sora, ¿metiste en la maleta todo lo que podría hacernos falta?
- Sí, ¿por qué? – ignorando las caras que iba poniendo él, se acercó de nuevo, dejando así pequeños besos en su cuello, incluso cuando notó como levantaba algo la cabeza para intentar escapársele ligeramente.
- ¿Cómo que por qué? ¿Has metido protección?
Intentó que no la viera sonreír, siguiendo con lo que estaba haciendo y aprovechar para cambiar los brazos de posición y abrazarlo por la cintura, acariciando sus costados en el proceso. Sabía que se estaba poniendo de los nervios él solo a medida que pasaban los segundos, pero, por el momento, no se había vuelto loca de remate.
- ¿Y qué? Da igual – le dijo por lo bajo cuando llegó hasta su oído de nuevo.
- No, no da igual… Es más, aunque tuviéramos, no es seguro en el agua y lo sabes – intentaba que su parte racional no se olvidara de aquello, al decirlo en alto, se lo estaba diciendo más para él que para ella.
- Tonterías – repitió, negando con la cabeza antes de empezar a mover sus manos por su espalda, de manera más amplia, recorriendo sus formas, buscando directamente provocarlo. Le estaba costado no echarse a reír a pesar de todo.
Sin entender qué estaba pasando, no pudo más que cerrar los ojos, dejándose, por unos segundos, disfrutar de las sensaciones que ella le producía simplemente con aquellos pequeños roces, intentando que su autocontrol siguiera haciendo el trabajo por él. Se conocía y con ella nunca podía estar demasiado seguro de poder estarse quietecito. Esperaba que no lo estuviera haciendo por reírse de él como aquella vez en Kioto, porque, tampoco iba a estar en la situación de poder desquitarse de forma inmediata.
- Sora… Para – murmuró con el tono ligeramente ronco.
- ¿Y si no quiero? – sonrió mordiéndose el labio ligeramente, dejando que en su noto se notase que estaba tanteándolo.
- Sabes que tienes que parar…
- ¿Y por qué? ¿Tú quieres que pare?
- Sora… - negó con la cabeza-. Seguir sería peligroso y lo sabes tan bien como yo… - ni siquiera podían ir a la habitación-. Sora – buscó coger sus manos para frenarla.
- Fíjate, todo un astronauta experimentado y soy capaz de aterrorizarlo yo solita – la cara de confusión de él la hizo echarse a reír-. No he traído nada, es verdad… Pero tampoco nos hace falta. ¿Recuerdas que tuve revisión a principios del mes pasado? Pues… Resulta que ya no nos hace falta que yo haya traído nada…
Confuso, la observó sin entender nada, centrándose en las caras que le estaba poniendo. No recordaba que le hubiera comentado nada de aquella revisión más allá de que estuviera todo correcto y bien.
- Me han cambiado las pastillas que tomaba antes, pero… Me han dado unas nuevas y, ya ha pasado el tiempo prudencial para que su efecto sea regular. Son seguras para Aiko también – aclaró antes de nada-, así que… Creo que es mejor así.
- ¿Qué? – su confusión aumentó.
Se echó a reír abiertamente entonces por la cara que se le había quedado. Cogiendo algo de impulso en el agua alcanzó a poder darle un beso en los labios y luego, escabullirse de dónde la había acorralado.
- Pero nada… Como parece que no estás interesado en la oferta, creo que me iré a por el desayuno…
- Ah no… - reaccionó al cabo de unos segundos, yendo tras ella para retenerla por el brazo-. Tú no te vas a ninguna parte… Y vas a explicarme exactamente eso…
- ¿El qué? Si no estabas interesado, ¿no? – divertida, volvió a echarle los brazos al cuello, riéndose-. Creo que mejor te lo explico luego.
La explicación podría dársela más tarde, mientras desayunaban, se le ocurrían cosas mejores que hacer en aquellos momentos.
AnnaBolena04: así haciendo tus deberes de buena secretaria recordándome que tengo que subir capi hoy porque parece que se me olvida. En realidad no lo iba a subir, que lo sepas, pero bueno, como ya llevo unos cuantos adelantados de estos días creo que me lo puedo permitir. Otra cosa es que la semana que viene con el cambio de horario del todo ande más zombie y me quede atrás, pero por el momento tiene remedio.
Esos dos necesitan tener de vez en cuando una luna de miel, sea de la duración que sea. Con la vida que tienen, no les viene mal escaparse de todo y poder estar ellos dos solos. Dentro de un tiempo tendrán que ver cómo hacen con su chiquitina, pero ahora que es un bebé demasiado pequeño para viajar y pasar frío puedes aprovechar y ponerse mimosos... Eso si la señora Ishida no pretende quedarse viuda provocándole un infarto a su marido. Pobrecito él jajajaja
¡Un besito de tortuguita!
IreneFl: puede que por ahí vayan las cosas y que estos dos en algún momento nos sorprendan contrarrestando el frío de fuera. Puede que se quede en este acercamiento en la piscina privada o que haya alguna cosita más por ahí escrita que esté a punto de salir a la luz. Eso ya se verá cofcofcof.
Por el momento podemos dedicarnos a envidiarlos porque están de vacaciones idílicas, que a mí se me viene una supertormenta mañana y me parece que me voy a tener que quedar en casa muerta del asco para empezar bien el verano... ¡Un beso!
Guest Vecina: jajajaajaja si es que ere sigual de gafe que yo. Pobrecita jajaja Menudo panorama de fin de semana de después de exámenes. Yo estoy en una de esas semanas en las que como llevas tanto tiempo aplazando cosas por no tener tiempo, ahora que ya lo tengo, ando estresada por tener tantas cosas qué hacer de repente y que son relativamente urgentes. Hoy, por lo menos, me he quitado de encima comprar algunos regalos de cumple, pero la semana que viene me veo corriendo de un lado para otro.
Dan, dan mucho asquete del bueno. Estos dos podrían provocarle un ataque de diabetes a cualquier que esté pendiente de lo que hacen o dejan de hacer. Pero bueno, al menos esta vez han hecho algo bastante común y se han escapado solo un fin de semana a un sitio tranquilo. Nada que ver con la sorpresita del año pasado de él con el viaje a París, lo cual podría haber acabado fácilmente con que ella se le tirase al cuello. Y al pobre ya no tiene que encandilarlo con nada, se encandila él solo, ya lo tienen asumido los dos. Si ya se lo dijo Haru hace tiempo, que ya podía hacer lo que le diera la gana con él, que no necesitaba molestarse en qué ponerse o no. Y ya viene él a decirle que él prefiere que de ponerse, no se ponga nada, que tampoco es problema jajaja
Bueno vecina, espero que no te hayas pasado demasiado tiempo cambiando cubos porque menudo panorama de noche Yo estoy escribiendo un poquito que me he pasado la tarde por ahí y ahora estoy cansada de tanto ir de un lado para otro. ¡Un bico enorme!
